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Joan Baez en España

JB TVE

Joan Baez se ha despedido de los escenarios con una gira que finalizó con varias fechas en España. La última de las cuales fue en Madrid: el pasado 28 de julio en el incomparable marco del Teatro Real. Cuando la conocí en los 70 me contó que había vivido en España, por el trabajo de su padre en la UNESCO.

Joan Baez (Nueva York, 1941) de padre mexicano y madre escocesa, ambos de ascendencia religiosa por parte de sus padres (los abuelos de Joan: el paterno dejó el catolicismo y México para mudarse a EEUU y convertirse en un pastor metodista mientras el materno era sacerdote anglicano).

La primera vez que visitó profesionalmente España –hasta donde yo sé– fue para promocionar su excelente álbum “Diamonds & Rust“. El LP fue un éxito en su época (1975) y marcaba un giro en la carrera de Joan Baez: era el disco que incluía más composiciones propias. Conocida como interprete, sus grabaciones aportaban otro color a canciones de autores conocidos o desconocidos (que ella ayudaba a popularizar). En este sentido “Diamonds & Rust” es su composición propia más lograda. Dos años después de editarse, Judas Priest hicieron una versión en su álbum “Sin After Sin” (1977). Ritchie Blackmore también la grabó –en los 90- junto a su compañera Candice Night. En su momento se rumoreó que Baez había compuesto esta canción basada en una llamada intempestiva de su ex, Bob Dylan. Y que era una especie de ajuste de cuentas sobre la relación que habían mantenido diez años antes. Años después el rumor quedó confirmado cuando lo dejó caer en un par de entrevistas y en  su autobiografía.

Antonio San José escribió aquí,  en noviembre de 2008, sobre su entrevista a Joan Baez en Madrid. Una anécdota deliciosa. Les recomiendo su lectura (y si se animan les sugiero que también lean los comentarios al post).

Por mi parte la conocí (como entrevistador también) en ese mismo viaje promocional y guardé muy buena impresión de ella.

Este álbum, “Diamonds & Rust“, era el siguiente al “Gracias a la vida” (1974), su disco en español, en el que recogía su herencia hispana y parte de sus inquietudes políticas. La edición en España pasó desapercibida. Me contaron que hubo problemas con la censura (aún vivía el dictador). Cuando entré en Epic (CBS), como jefe de producto de A&M Records en junio de 1977, los jefes de A&M me contaron del interés que Joan Baez tenía por recuperar esta grabación. Los problemas de la distribuidora anterior (Ariola) ya deberían haber pasado a la historia por el cambio político que se estaba produciendo en España (muerte de Franco, elecciones generales, etc.). Por mi experiencia en medios y la serie Gong era consciente del potencial comercial de “Gracias a la vida“. Me pareció muy acertada la sugerencia y pedí la colaboración de la artista. Estaba en Los Ángeles en una convención de A&M donde la gente de CBS Europa éramos los protagonistas (por el contrato de distribución recién firmado). Coordinaron una llamada telefónica y la expuse mi planteamiento: insistí que para la naciente democracia española su presencia en España con este álbum podría ser un espaldarazo. Ella estaba por la labor (la sugerencia de rescatar el disco fue suya) y no puso ninguna pega. Se comprometió a hacer televisión. Con lo que eso implicaba (tanto los artistas cool norteamericanos como los concienciados no hacían teles en esos días).

Al volver a Madrid el director de Epic se entusiasmó con la idea y enseguida sugirió hacer el programa de José María IñigoEsta noche fiesta” (se realizaba en el Florida Park del parque de El Retiro). Él sabía que Iñigo, con quien mantenía excelentes relaciones, admiraba a Joan Baez. Dado el carácter comercial, o como quieran llamarlo, del programa pedí una diferenciación. Otro marco escénico. Un telón negro de fondo. Y que la actuación fuese en directo, guitarra y voz (esto fue una petición de la artista). A Baez le pareció muy oportuno este cambio de look del programa para sus dos canciones. Iñigo, entusiasmado, aceptó nuestras pretensiones. Iba a ser la primera vez que Joan Baez actuaría en TV en España.

Cuando llegó a Madrid, para hacer promoción de “Gracias a la vida” y la aparición en TVE, me encontré a una Baez espléndida, encantada y feliz. En nuestra primera conversación telefónica ya la había recordado que nos conocíamos. Esta vez pasamos más tiempos juntos. Su curiosidad por todo lo que estaba sucediendo en España era tan grande como su conocimiento del país y su cultura. Años después, en los 80, descubriría hablando con John Hammond lo importante que la Guerra Civil española había sido para la izquierda estadounidense, sobre todo la neoyorquina (parte de estas conversaciones están reflejadas en mi dos últimos libros: “Bikinis, Fútbol y Rock & Roll” y “Rock ‘n’ Roll: el ritmo que cambió el mundo“).

Las canciones a interpretar en el programa de Iñigo las habíamos acordado en una ultima llamada telefónica, antes de llegar a España.

En nuestras charlas la legalización del PC, la vuelta de exiliados y las primeras elecciones generales, celebradas hacía unos meses, fueron los temas más comentados. Sugerí que un comentario suyo al respecto sería muy apropiado. Y un golpe de moral  para todos quienes ansiábamos la consolidación democrática (y estábamos temerosos de los ruidos de sables). Me aseguró que contase con ello. Entendió perfectamente que era una oportunidad que no podía desaprovecharse (solo había dos canales de TV entonces).

Había notado su admiración por La Pasionaria. Su alocución (dedicándola un tema) no me sorprendió tanto como a Iñigo (quien palideció a pesar de la legalización del PC y la condición de diputada de la histórica dirigente comunista). Elegir cantar “No nos moverán” era un clara declaración de intenciones (por el paralelismo con el “No pasarán”).

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Florentino borra el pasado del Madrid

Bikinis Hugh Thomas

Hoy Héctor García Barnés coge el toro por los cuernos y escribe en El Confidencial sobre la manipulación en la historia del club. Florentino Pérez ha borrado el pasado del Real Madrid. En la Web y en el Libro Oficial del Centenario del club se saltan dos presidencias, las de Vallejo y Ortega, desnaturalizando nuestro pasado. Y como digo al final del artículo “…dos presidentes que lo mantuvieron vivo durante un periodo extremadamente difícil, como fue la Guerra Civil…”

Párrafo final

Héctor G. Barnés hace también referencia a la progresiva desaparición de la franja morada del escudo (las asociaciones de jugadores veteranos del club la mantienen, hasta donde yo sé).

Ni que decir tiene que verme (con “Bikinis, Fútbol y Rock & Roll“) mentado en el mismo párrafo que Hugh Thomas me ha hinchado a nivel estratosférico. Ahí está, un modesto hispanista alternativo al lado de un maestro hispanista… El fragmento es el de la imagen que encabeza este post.

Les recomiendo encarecidamente el artículo en El Confidencial: está muy documentado, muy bien escrito y aporta luz. El enlace en el primer párrafo o aquí.

Ortega Pasionaria Cordon PressLa Pasionaria con Antonio Ortega (foto de Cordon Press copiada de El Confidencial)

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Contra la impunidad

15 de junio de 2010

Pedro Almodóvar, Maribel Verdú, Hugo Silva, María Galiana, Juan Diego Botto, Almudena Grandes, José Manuel Seda, Pilar Bardem, Juan José Millás, Carmen Machi, Miguel Ríos, Juan Diego, Paco León, Aitana Sánchez-Gijón y Javier Bardem bajo la dirección de Azucena Hernández.

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Puerto de Alicante, la última esperanza: 29 de marzo/1 de abril de 1939 (por Antonio Gómez)

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Puerto de Alicante, la última esperanza: 29 de marzo/1 de abril de 1939 (por Antonio Gómez)

1 de abril de 2009

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“Hoy, desarmado y cautivo el ejercito rojo, nuestras tropas victoriosas han alcanzado sus últimos objetivos. La guerra ha terminado”. Burgos, 1º de Abril de 1939.

Tras la ocupación de Catalunya por las tropas facciosas en febrero de 1939 y el golpe interno de Casado el 5 de marzo la suerte de la República estaba echada. La consiguiente caída de Madrid el 28 de marzo y de las ciudades que aún quedaban en manos del Gobierno legal (Ciudad Real, Jaén, Cuenca o Albacete), numerosos huidos fueron accediendo en masa a Alicante, en cuyo puerto, el único todavía en poder de La República, esperaban poder encontrar barcos en los que, aún a costa del exilio, pudieran escapar de la represión que sin duda se avecinaba.

El último que logró zarpar fue el Stanbrook, que salió del puerto el 28 de marzo con 2.638 pasajeros. En el muelle quedaron alrededor de 40.000 personas, soldados, cargos de La República, sindicalistas y militantes políticos, pero también numerosos ancianos, mujeres y niños que aún confiaban en la llegada de la nave salvadora. En su lugar, el día 30 vieron desfilar ante ellos a las tropas fascistas italianas mandadas por el general Gamboa que terminaron con todas sus esperanzas.

Es una historia que conozco bien. Mi padre estuvo allí y era aficionado a hablar de su vida. “¿Esto te lo he contado ya?”, preguntaba retórico en sus últimos años cuando se disponía a endilgarte por centésima vez cualquier aventura pasada. “Sí, padre, varias veces”. Se quedaba pensativo, soltaba un “bueno…” y seguía impertérrito con lo que andaba contando. Una de las veces le puse delante un magnetofón. Lo que sigue es la transcripción de sus vivencias. Mi mejor herencia familiar.

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Los barcos llegaron después de comer. Al principio creíamos que eran franceses y que nos llevarían a Orán, pero me asomé a la orilla del muelle y vi que venían de Valencia. No jodas, decían algunos compañeros cuando les expliqué que eran fachas. Pero a la hora o así vimos que pasaban desfilando por delante de nosotros cantando una canción italiana.

Desembarcaron, se hicieron cargo del puerto de Alicante y nos obligaron a formar a todo el mundo. Nos pusieron en fila y un soldado nacional me pidió el maletín que había llevado durante toda la guerra; le contesté que si ellos eran también ladrones y me lo quedé. Todavía lo conservo. Desde allí nos llevaron al Campo de los Almendros, que le llamaban, cerca de la ciudad. Estuvimos en él dos o tres noches y luego nos trasladaron a la plaza de toros. Lo primero que vimos al entrar en ella fue al cura. Se me cayó el alma a los pies.

Un sargento con gafas, alto y delgado, que estaba acompañado por cuatro o cinco franquistas, se encargaba de hacer la selección. A mi me mandó al patio de caballos, que es donde parece ser que metían a los que creían que habían sido mandos del ejército republicano. Aunque no dije a nadie que había sido comisario, se debieron oler algo, porque era un poco mayor que los demás, ya tenía treinta años, y además vestía un traje de cuero y llevaba el maletín.

fotogomenzmarin1En aquel patio de caballos debíamos ser unos trescientos. Lo primero que hicieron fue registrarnos, y vi que a los compañeros de delante les quitaban todas las cosas de valor que pudiera llevar. Como no quería darles ese gusto, tiré al suelo el reloj y la pluma que llevaba desde el principio de la guerra y los pisoteé. En el maletín guardaba una manta, que nos serviría después para taparnos durante las noches. Los primeros días no nos dieron nada de comer. Lesmes, un compañero que había estado conmigo en tanques, consiguió pasar al patio de caballos – él estaba con los soldados, en otro patio – y me preguntó que cómo andábamos de comida. Nada de nada, le contesté, y entonces él me pidió que estuviese preparado, que me iban a traer algo para comer. Se marchó y al poco rato volvió con un trozo de jamón envuelto en un trapo, que quitaron a unos que les habían llevado un buen paquete de su pueblo, que estaba cerca. A Lesmes le seguí tratando cuando salí de la cárcel, en un bar que tenía cerca del Rastro; por cierto, que fue uno de los testigos que luego me permitió cobrar la pensión que me dieron muerto Franco por haber sido comisario durante la guerra.

 

Aquel jamón nos vino muy bien y nos permitió comer durante unos días; a mí y a los dos compañeros con los que lo compartí, porque no podía repartirlo entre todos los que estábamos allí, ya que no hubiéramos tocado a nada. Eran un anarquista valenciano, Eliseo Martínez, y un capitán socialista extremeño, del que no me acuerdo el nombre. Nos hicimos con una lata y por las noches, escondidos debajo de la manta, cortábamos un trozo con el filo y nos lo comíamos.

Un día se corrió la voz de que nos querían sacar a todos, meternos en un barco y tirarnos al mar, pero no lo hicieron. A los pocos días nos trasladaron a la cárcel de Alicante, que es donde fusilaron a José Antonio, y allí nos tuvieron un mes entero dándonos de comer un chusco para cinco o seis y dos sardinas en lata. Eso para todo el día. Un par de días antes de trasladarnos al fuerte de San Fernando nos pusieron lentejas, que hacía un montón de tiempo que no catábamos, y a todos les entraron unas diarreas tremendas, que hasta se lo hacían allí, en medio de la nave. A mi no me hicieron daño, aunque después estuve cerca de quince días sin hacer de vientre. Por esas fechas un oficial viejo me quitó la manta en una formación.

En aquella cárcel estuvimos bastante tiempo. El militar que mandaba era un teniente coronel del Tercio, Pimentel creo que se llamaba. El día que le relevaron del mando nos echó un discurso: Cuando me hice cargo de vosotros creí que me hacía cargo del detritus de España y ahora me voy convencido de que aquí dejo lo mejor de España, nos dijo.

A los legionarios les relevó el regimiento de infantería de San Quintín, que nos trataron todavía peor y nos daban una comida aún más mala y escasa. Como no teníamos duchas ni nada nos llenamos de miseria. Dormíamos vestidos, porque a la intemperie no podíamos desnudarnos. Al ver que había tanta miseria trajeron una cisterna con una ducha y pudimos lavarnos un poco, pero sólo eso y con un frío del demonio.

gomezyamigosfoto2Después de San Juan del año 39 nos trasladaron al castillo de Santa Bárbara, en el mismo Alicante, donde estábamos en tiendas de campaña y la familia podía ir a vernos. Escribí entonces a mi madre, que me mandó un mono, una camisa y un pantalón de pana, y con eso ya pude cambiarme de ropa. A mi no iba a visitarme nadie, porque mi madre estaba en Madrid y mis hermanas y hermanos no podían, pero a Eliseo Martínez, que era valenciano, le visitaba su mujer. El 23 de diciembre comunicó con nosotros y nos dijo que al día siguiente nos iba a traer un buen paquete, para que al menos la nochebuena comiéramos bien. Pero el 24 al amanecer nos levantaron y nos llevaron a la estación, nos metieron en un vagón de ganado y nos tuvieron todo el día sin desayunar, sin comer y sin cenar. Allí todos hacíamos nuestras cosas en el vagón, por lo que aquello era un asco.

 

A las tres de la madrugada el tren empezó a moverse. Cuando se paró miramos por las rendijas y estábamos en la estación de Elche. Allí nos encerraron en una naves grandes, que lo único bueno que tenían era que el suelo era blando. Unos moros pusieron un puesto de dátiles y con cinco duros que me habían mandado de casa compré unos cuantos y nos los comimos entre los tres que andábamos siempre juntos. Es lo único que entró por nuestra boca aquel día tan señalado. Hasta que Eliseo no escribió a su mujer no supo su familia lo que nos había pasado, porque cuando ella llegó a comunicar con el paquete le dijeron que no sabían donde nos habían enviado y que se volviera por donde había venido. Hay que ver que hijos de la gran chingada son, pensé en aquella ocasión, basta que sea nochebuena para que nos jodan más todavía. Desde entonces no me ha gustado nunca celebrar esa fiesta.

Antonio Gómez Marín

(1909/2002)

 

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Miguel Núñez: la muerte es una fiera cruel que nos devora (por Antonio Gómez)

17 de noviembre de 2008

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El pasado miércoles falleció en Barcelona Miguel Núñez, un luchador incansable y un buen hombre. Nacido en 1920 fue militante comunista, fundador del PSUC (Partido Socialista Unificado de Catalunya), diputado del PCE en el primer parlamento democrático y dedicó los últimos años de su vida a dirigir una ONG de solidaridad con Sudamérica. Pasó, en diversos periodos, un total de 17 años en la cárcel. Son los datos escuetos de su biografía, pero de su vida quizás pueda ilustrar mejor el relato de algunas de las cosas que vivió.

        

En el verano de 1987 mantuve una larga conversación ante un magnetofón con Tomasa Cuevas (fallecida el 25 de abril de 2007), su compañera y camarada de toda la vida, madre de sus hijos, para un libro sobre veteranos militantes, acabado pero inédito. Ella me contó una historia que creo que es oportuna en este momento. En 1947 ambos estaban clandestinos en Barcelona, Miguel como uno de los responsables políticos del PSUC y Tomasa como su enlace con la guerrilla. Tras una importante caída que provocó numerosos detenciones, debieron esconderse. Contaba Tomasa:

 

“Yo estaba embarazada y tenía un barrigón enorme, más barrigón que tiempo de embarazo. Intentaron sacarme de España para llevarme a parir al Hospital Varsovia (1), que estaba en Toulouse, pero aunque llegué hasta la frontera decidí al final quedarme en España. Volví a Barcelona y me escondieron con Miguel en una casa en construcción, con un taller abajo y un piso arriba sin terminar. No había servicios, el piso tenía mosaico y el suelo era de tierra, en la que yo hacía pipí durante el día. Miguel y yo dormíamos en un sofá, él en la parte de la pared y yo en la de afuera, con la barriga encima de un cajón para no caerme.

        

Había una terraza a la que subíamos sin poder ponernos en pie, porque se nos podía ver desde las terrazas de enfrente, y allí hacíamos nuestras necesidades en papeles, que envolvíamos y tirábamos a la calle por la noche. En algunas ocasiones por la mañana oíamos decir a las mujeres que pasaban al mercado: no sé que pasa en esta calle, que hace una temporadita que no hay más que papeles con mierda por los suelos.

        

Estuvimos así dos meses. Cuando los detenidos pasaron de jefatura a la cárcel dijeron que a Miguel no le diera ni el aire, porque le buscaban, y también que yo podía parir a casa de Lis, que para mí sigue siendo como una madre, que era la estafeta particular de Pedro Valverde y no había aparecido para nada en los interrogatorios. Por lo que sabían era una casa segura. Allí parí, ayudada por un ginecólogo, que había pasado de la CNT al partido y también estaba clandestino. Clandestino él y clandestinos Miguel y yo. Así tuve a nuestra hija. En la calle Urgell 72 nació Estrella”.

 

 

(1) El Hospital Varsovia, dirigido por el doctor catalán, y comunista, Josep Bonifaci, fue durante la ocupación alemana lugar de asilo para los resistentes heridos o enfermos, a los que se prestaba atención médica, labor que continuó con los antifranquistas españoles tras la guerra.

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Sentada, a la derecha, Tomasa Cuevas en la cárcel de Amorebieta (1942)

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Los desaparecidos del franquismo: España, pionera de la iniquidad (por Antonio Gómez)

3 de septiembre de 2008

 

Fosa de Piedrafita de Babia (León) • Foto: Eloy Alonso

El juez Garzón ha dictado una providencia en la que se pide a diversos organismos gubernamentales, municipales, religiosos y privados faciliten cuanta información tengan sobre los desaparecidos de la represión franquista. No voy a entrar a explicar el tema, ni a dar cifras, números o argumentos sobre la justeza de la medida. Ni siquiera voy a polemizar con quienes se niegan a devolver sus muertos a los hijos o nietos que hasta ahora no saben en que cuneta cayeron. Sólo apuntar que, contra los que piensan que identificar a esos muertos y devolverlos a los suyos es “abrir viejas heridas”, personalmente considero que se trata de todo lo contrario, de cerrar definitivamente las cicatrices de una guerra cruel y una dictadura criminal que, por desgracia, todavía siguen abiertas en la España actual, como bien demuestra la reacción escandalizada de ciertos políticos y medios a ese simple intento de restablecer la justicia a quienes no tuvieron ocasión de reclamarla en su muerte.

 

La noticia, sin embargo, me ha llevado a un par de reflexiones que quedaría dejar aquí brevemente. Desde 1492 en pocas cosas puede presumir España de haber sido los primeros. Sin embargo, tenemos el triste honor de haber sido pioneros en dos de los más ignominiosos procedimientos criminales del siglo XX y de la  historia en general.

 

Desde hace tiempo los historiadores han coincidido en que los bombardeos de ciudades como Guernica o Málaga durante la Guerra Civil Española fueron el antecedente de los arrasamientos masivos de ciudades desmilitarizadas, en las que únicamente vivían civiles inocentes. Un método que luego sería utilizado por los nazis contra Londres o Coventry, y, curiosamente, por los aliados contra Dresde y otras ciudades alemanas, y que posteriormente se convertiría en moneda corriente en las guerras modernas.

        

Menos comentado –y aquí llega la relación con Garzón y la memoria histórica—es que los españoles tengamos el dudoso mérito de haber inventado también la figura del desaparecido, la más cruel o innoble manera de represión política que puede existir. Ni siquiera los nazis con su operación “Noche y niebla”, que hizo desaparecer a cientos de miles de personas (judíos, sí, fundamentalmente, pero también gitanos, homosexuales, comunistas, deficientes psíquicos y enemigos políticos en general), llegaron a tanto, pues en su minuciosidad germana dejaron exacta relación de sus asesinatos, aún poniendo “neumonía” como causa del fallecimiento de quien había muerto en la cámara de gas.

 

Cuando se difundió el concepto de desaparecido, a raíz de las actividades represivas de las dictaduras chilena, argentina o uruguaya, ya en los años 70, en España hacía casi 40 años que se había utilizado el método. Y a día de hoy, debemos constatar no sin cabreo que no sólo inventamos a los desaparecidos, sino que aún hay quienes se esfuerzan en ignorarlo, pretendiendo que a quienes hicieron desaparecer sigan perdidos por cunetas y montes, alimentando el dolor de sus familias que, con su recuperación, quieren cerrar un capítulo tan dramático de la  historia de España.

Naturalmente, de quienes desaparecieron se conservan testimonios de sus familiares que pueden contar cómo eran o cómo vivieron, pero no cómo murieron. Otros muertos de la represión franquista, que fueron juzgados, aún por aquellos tribunales de principios de la dictadura, condenados y ejecutados, si pudieron dejar testimonio de sus últimos días y de cómo enfrentaron la muerte. Como complemento al tema, traigo aquí dos textos escritos por sendos condenados a muerte dirigidos a sus familias. El primero es la carta a su madre de un condenado que fue fusilado el mismo día en que la escribió. El segundo es un testamento, las cosas que deja un hombre después de una vida de trabajo y lucha por la justicia y cómo pide que se distribuyan entre sus familiares y seres queridos. Creo que no hacen falta comentarios, al menos de momento. En estos textos queda clara la personalidad de sus autores, sus principios, sus sentimientos, sus ideas, similares a las de tantos que todavía permanecen en las cunetas y que no tuvieron el consuelo de dejar a sus familias unas letras con las que pudieran sobrellevar con menos dolor su desaparición.

 

1:

 

Penal de Ocaña, 27 diciembre 1947.

 

Madre Querida: cuando esta carta reciba, su pequeño “Chirri”, como cariñosamente me llamaba, habrá dejando de existir.

        

¡Pobre mía! Yo qué daría mi vida mil veces, esto es lo peor de todo, el dolor que la causo.

        

Toda mi vida está llena de veneración por Vd., muchas veces silenciosa. Los grandes amores no suelen ser muy locuaces. Lejos de Vd., en el frente primero o en la emigración después, ni un momento se alejó de mi pensamiento. Aún recuerdo que en la finca de Santa Clara (Cuba), donde trabajé dos años de campesino, todas las tardes al caer el sol y terminar el trabajo, me gustaba sentarme al pie de un árbol pensando en mi patria y en Vd.

        

Siempre he desea poseer sus admirables cualidades. Antes de cada acción en mi vida, siempre he pensado procurando que fueran todas de tal género que de ninguna hubiera de avergonzarse Vd.

        

Y qué decir de lo que significado para mí, durante la estancia en la cárcel y hasta el último instante de mi vida. Cómo me confortó su valor y entereza. Cuánto la admiro madre querida. Vd sí que es una auténtica heroína anónima y silenciosa, con el heroísmo inigualable de las madres.

        

Que yo sea valiente y permanezca tranquilo y orgulloso de mis actos hasta el último instante de mi vida, ningún mérito tiene. Poseo las bases inconmovibles de mis ideas políticas, férrea e inquebrantable seguridad en su victoria, que me da el orgullo de haberla servido con mi sangre.

Lo admirable es su entereza, apoyada en el amor de madre, en el deseo de ayudarme y hacer menos dura esta hora para mi y ver la valentía con que Vd. Lo soporta.

        

Dura ha de ser su pena. Desgraciadamente, no es Vd. Una excepción, la historia de nuestra Patria está tinta de la sangre de los mejores hijos, asesinados y anegadas por decenas de millares que como Vd. Lloran la muerte de sus hijos.

        

Yo, madre, sírvale de consuelo, muero tranquilo y orgulloso, con la satisfacción de haber cumplido y haber sido hasta el último suspiro digno militante de mi partido y esforzado hijo de mi Patria.

        

Tengo la seguridad de que nuestro sacrificio, como el de cientos de miles que me precedieron, contribuirá a acelerar la llegada de días de prosperidad y felicidad para nuestro Pueblo.

        

Puesto en el trance de elegir en Gobernación la libertad, a cambio de mi traición, o la muerte digna, no vacilé. Prefiero que llore la muerte de un valiente que la vergüenza de tener un hijo despreciado por traidor y por cobarde.

        

No se amilane, le quedan tres buenos  hijos que la ayudarán a soportar esta prueba.  Y no aguante el llanto como suele hacer. Llore, madre querida, con el espíritu de aquella madre del romance popular de nuestra guerra:

 

“Yo no lloro al  hijo muerto

Solo lloro mi destino

Porque para dar al pueblo

Ya no me quedan más hijos…”

 

Adiós, madre querida. Un millón de besos.

 

Agustín Zoroa

Fusilado el 17.12.1947

 

2:

 

Mi testamento:

 

Yo, Luis Campos Osaba, natural de Madrid, de 34 años de edad, casado, hijo de Manuel Campos Monte-negro y María Osaba Estibalez, condenado a la pena capital el día 22-2-1949 por un Consejo de Guerra incoado por actividades políticas contra el régimen franquista, y en régimen de aislamiento en la celda nº 41 de la Prisión Provincial de Sevilla, declaro y es mi última voluntad:

 

Primero.- Que se hagan llegar a su destino las cartas que en mis últimos momentos dirigiré a mis queridos padres, hermanos y sobrinos.

 

Segundo.- Que aunque las leyes hoy vigentes en España no reconozcan la validez de mi casamiento con mi esposa, Carmela Gómez Ruiz, mantengo con todas mis energías que estamos casados conforme a las leyes republicanas y que por tanto nos consideramos como legítimos marido y mujer. Pido le sean entregadas a mi esposa Carmela Gómez Ruiz mi diario de condenado a muerte y la carta que en mis últimos momentos le escribiré

 

Tercero.- Pido que como recuerdo póstumo se haga llegar a manos de mis familiares que nombro los objetos siguientes:

 

A mis queridos padres: mi cartera del Colegio Oficial de Practicantes de Madrid con su contenido íntegro. Mi cuaderno de apuntes de inglés escrito por mi esposa Carmela. Mi cuchara.

 

A mis queridos hermanos Manola, Carmen, Pepe y Alfonso: mi peine, mi cepillo de dientes, mi billetera, mi mechero.

 

A mis sobrinos Conchita, José María y Juan Luis: mi monedero, mis gemelos y mi petaca de cuero.

 

A mi querida esposa: mi reloj, todas las fotografías del álbum, alianza de plata, libros, colchón, manta y almohada, anclita de plata, etc, etc.

 

El resto de los objetos y cosas no enumeradas las lego a mi esposa para que de ellas haga el uso que estime más oportuno.

 

Esta es mi última voluntad que por escrito expreso en la celda nº 41 de la Prisión Provincial de Sevilla a uno de marzo de mil novecientos cuarenta y nueve. Ruego al Sr. Director de la Prisión que de las órdenes oportunas para su cumplimiento.

 

Domicilio de mis padres, hermanos y sobrinos: Calle Fernández de los Ríos nº 68, Madrid.

 

Domicilio de mi esposa: Compas de la Victoria nº 14, Málaga, en la actualidad departamento de mujeres de la Prisión Provincial de Sevilla.

 

P.D. Olvidé mencionar entre mis herederos de re-cuerdos a mis queridos hermanos políticos Manolo y María, Paquita y Ramón, Juanito y Rafita, Victoria y Juan. Al buen entendimiento de mi esposa Carmela Gómez Ruiz dejo este cuidado.

 

Luis Campos Osaba

Fusilado en marzo de 1949 

 

ACTUALIZACIÓN:

 

Otro magnifico artículo de Enrique Meneses en su blog:

 

Caídos por Dios y por España

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Cruzada por la Memoria (por Rodri)

23 de julio de 2008

Jamás me atrevería a disputar a Antonio Gómez el honroso título de “Abuelo Cebolleta”. No sé si en un duelo por razones cronológicas ganaría él o lo haría yo (naturalmente, vence el más joven). Pero estoy completamente de acuerdo con él en esa “CRUZADA” (lo he escrito con alevosía) por la MEMORIA y no por la NOSTALGIA.

 

La nostalgia viene a ser como una tristeza originada por el recuerdo. Los de mi generación, los de nuestra generación: nací el año en que se creó el D.N.I., en 1944, en el hermoso y radiante mes de abril. Y el día siete que coincidió ese año en Viernes Santo. Los de esta generación, sí miramos hacia atrás pero es muy lógico, hemos visto tantas cosas.

 

Por circunstancias familiares, pasaba de lunes a sábado en mi casa, con mi madre, en la Glorieta de Bilbao y sábados por la noche y domingos en casa de mis padrinos, mis tíos Emilio y Chelo en Embajadores, 14, enfrente del Pavón.

 

He crecido cambiando tebeos y novelas en “Dora” en la calle Malasaña y alquilando los domingos por la mañana los”tebeos americanos” que no podíamos comprar: toda la saga de los  man”, es decir, Superman, Aquaman, Batman, o “El Arquero Verde”, que no sé porque coj… ¡narices no llevaba lo del man!  Esos tebeos de lujo se  alquilaban en la caseta de “Pepe, el Cojo”, frente al Cine Odeón y se leían sentados en los escalones de accesos al cine. Los centímetros cuadrados donde estaba situada esa “casetilla” eran mínimos pero tenía el inmenso atractivo de que a partir de las doce la calle Encomienda, en ese tramo, se llenaba de los deliciosos olores de las gambas a la plancha que hacían en “Cayetano”, a escasos metros del salón de lectura.

 

Escuchábamos en la radio de siete a siete y media, de lunes a viernes, en Radio Madrid, dos series radiofónicas que iban seguidas: “Dos hombres buenos” y “Diego Valor”. De quince minutos, cada una.

 

Y veíamos en esos cajones bajos de los antiguos armarios de luna las fotos que allí se guardaban.

Una de esas fotos estuvo escondida muchos años, muchos. No era cuestión de exhibirla. Era la foto de la boda de mis tíos, los de Embajadores. El hecho un pincel, casi de señorito, y mostrando una insignia en el ojal de la solapa izquierda de su chaqueta. Le gustaba aviarse así. Y pasear con mi tía, cada vez que bajaba del frente de la sierra, desde la Glorieta Bilbao hasta Tirso de Molina. Mil veces he escuchado que en ese trayecto le podían parar unas quince veces para pedirle los “papeles”. Y él, comisario político de una Compañía de Ametralladoras, se los enseñaba y, al mismo tiempo, les pedía que se subieran con él al frente. ¡Cuántas veces le he oído decir que “primero ganar la guerra, luego, hacer la revolución”!

 

Al final tuvo razón.

 

¡Que va a ser nostalgia! Es memoria, Antonio. Memoria del pasado. Tu, abuelo Cebolleta. Yo, un Cesar Guzmán que no sabe donde entregar su alfiler de oro. (*)

 

(*) Para los jóvenes o desconocedores de “Dos hombres buenos” sonará a chino. Cesar Guzmán, era español, Joao Silveira era portugués. Guzmán iba buscando a los asesinos de su esposa y les entregaba, antes de matarles, un alfiler de oro que había encontrado junto al cadáver de su mujer. Nunca pude tragarme el “Ulises” de Joyce y me devoraba todo lo de José Mallorquí. ¡Que cosas!

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