Archivo mensual: noviembre 2008

Tercer parte médico y/o de guerra (por Quintín Cabrera)

30 de noviembre de 2008

qc3

Agradezco el aluvión

de correos recibidos.

Veo que me han entendido

y me da satisfacción

comprobar que hay un montón

de amigos por todo el mundo

animándome. Profundos

sentimientos me invadieron.

Mucho más fuerza me dieron

y por eso no me hundo.

 

Las pruebas preliminares

ya se acaban, compañeros,

estoy listo (eso espero)

a navegar por los mares

del bisturí,  si los zares

del quirófano se fían

de escáners, ecografías

ensayos, experimentos,

tomografías y cientos

de estudios, radiologías.

 

En pinchazos estoy ducho

(así  lo exige el programa)

y en electrocardiogramas

y en contrastes, porque mucho

me estudian en un cuartucho (*)

Me han hecho citologías,

miran venas y otras vías.

De los tejidos, biopsia.

¡Esperemos que la autopsia,

tarde un poco todavía!

 

Me he convertido en experto

en pasillos de hospital

y en plantones, menos mal,

de que soy un tipo abierto

y no me ofusco. Acierto

a llevar literatura

así se hace menos dura

la espera y la expectación.

Hermanos: resignación

ya tengo más que los curas.

 

Treinta tubitos llenaron

con sangre de este oriental (**)

¡Ay, amigos, menos mal

que vi que los separaron!

pues con lo que me sacaron

seguro que hacen morcillas.

Y me tiemblan las rodillas

con las espirometrías,

Me cuesta mucho, ¡a fe mía!

soplar por esas boquillas.

 

¡Por fin estoy bien de algo!

La doctora me decía

que la densitometría

evidenciaba que salgo

bien parado, como un galgo

corriendo tras de su presa,

que mis huesos, ¡oh sorpresa!

están sanos (de momento)

y no son impedimento

para operarme en su mesa.

 

Eso sí: sigo cantando

¡que a burro nadie me gana!

La causa republicana

estuvimos celebrando

porque el mes de abril es cuando

me llaman para cantar

de muchos sitios y estar

denunciando a los Borbones.

Me da más satisfacciones

que peces tiene la mar.

 

También he grabado un disco.

como siempre, con amigos.

A pesar de todo, sigo

componiendo, aunque arisco.

Si bien uno ya está bizco

de observar tanto dolor

siempre lo mueve el amor

por los suyos, por la lucha

y su canto desembucha

de su pecho, lo mejor.

 

Además, juntos cantamos

con mi admirado Luís Barros

y destapamos el tarro

de esencias. Los dos estamos

convencidos que a los amos

del capital duro y cruel

se les pone mal la piel

si  cantamos solidarios

sones revolucionarios

con  la Cuba de Fidel

 

Así, con medio pulmón,

yo aquí sigo, dando guerra,

que el que a la vida se aferra

siempre tiene la ilusión

que con determinación,

con mucho amor y alegría

pasa el mal trago. Y el día

que me den el alta haremos

fiesta. Te invitaremos.

Y a toda la cofradía.

 

No ocupo más la atención.

Por hoy me despido. pero

el próximo parte, espero,

no sea el de defunción.

Y si pasan por Luzón

(tiene buena carretera)

no olviden que los espera,

con fibrosis pulmonar,

muy jodido, a su pesar,

su amigo Quintín Cabrera.

 

 

(*) Lo de “cuartucho” no está escrito para rimar. Es real. Me atienden en un despachito de tres metros por dos que un día, cuando las horas de esplendor de Puerta de Hierro, guardaban las escobas. Tengo que consignar la buena voluntad de todo el personal del Hospital que, pese a las pésimas condiciones en las que trabajan (pacientes en camillas y sillas de ruedas atorando pasillos, miles de personas deambulando, falta de espacio, zozobra ante un futuro incierto de privatizaciones e inseguridad y un largo etcétera), siempre atienden eficientemente, con una sonrisa, dando ánimos…

 

(**) Oriental es el gentilicio de los nacidos en la República Oriental del  Uruguay.

 

PARTES ANTERIORES:

 

El primer parte

 

Segundo parte

con-qc

Anuncios

1 comentario

Archivado bajo Cultura, Música, Poesía, relatos y otras hierbas

Conmigo que no cuenten (Efe Eme)

29 de noviembre de 2008

cabecera20el20mundano2029-11-08-a

Suelen achacarnos a los de Madrid nuestra tendencia a mirarnos el ombligo. Lo cual en muchas ocasiones es cierto. Especialmente desde los medios de comunicación, que difunden problemas locales a escala nacional. Como así ha sucedido estos días con los cierres de varios locales de ocio nocturnos, sobre los que pesaban decenas de denuncias. Con el agravante de un caso concreto –Moma- que además está involucrado en el “caso guateque”, la macro corruptela del ayuntamiento de la ciudad.

 

La clausura de estas cuatro salas, But, Moma, Macumba y La Riviera –especialmente esta última- ha hecho correr ríos de tinta. Desde el blog de Andrés Calamaro hasta el de Rubén Caravaca, que publicó la nota de prensa (¿llena de medias verdades?) de la sala. Es decir de un artista a un manager. La unanimidad parece completa. Y la solidaridad con La Riviera también. Pero conmigo que no cuenten.

 

Julio Ruiz, de “Disco Grande” de Radio 3, le ha dedicado dos entradas en su blog alojado en la Web del ente público de RTVE. “Quiero ir a conciertos” titulaba ambos artículos, donde pormenorizaba la situación –local- de las actuaciones en directo en la capital. Análisis ecuánimes y pormenizados, como es habitual en él.

 

Diego A. Manrique en su columna en la edición nacional de El País del lunes escribía “Ciudad mutilada” donde añadía el componente político (PP) del asunto. Y también recordaba algunas enseñanzas de cuando fue “empresario de la noche madrileña”.

 

Conviene no olvidar –frase que repito demasiado últimamente- que el problema (local) de las salas de conciertos de tamaño medio en Madrid viene de largo. Podríamos decir que es hasta endémico. Si en su día desaparecieron algunas, fueron sustituidas por otras. Algo que ya está sucediendo con recintos que funcionan desde hace unos años y que no existían la década pasada. Echarle imaginación a la hora de buscar alternativas tampoco vendría mal. No es mi negocio así que no me atrevo a hacer sugerencias, que pueden resultar ridículas o utópicas. Pero si hay que reconocer que la situación ha mejorado muchísimo con innumerables locales, bares, etc. de aforo reducido, que son excelentes escaparates para los nuevos. ¿Por qué no puede pasar lo mismo con recintos de capacidades comprendidas entre 1.500 y 3.000 personas?

 

Manrique comentaba en su artículo sobre las corruptelas (que todos imaginamos que existen) que rodean al ocio nocturno. Fuentes consultadas por mí (que permanecerán en un prudente anonimato) añadían nueva luz. Parece que hay una coincidencia en desplazar actuaciones al extrarradio. Hacía locales manejados y controlados por los constructores y empresarios afines a las obras faraónicas que han invadido la ciudad. Y el cierre de Macumbas, Rivieras, etc. favorece este proceso de traslación.

 

Corrupciones aparte, de lo que nadie habla es de las innumerables irregularidades. Todas relacionadas con temas de seguridad y sanidad. Desde meter más gente de la autorizada hasta el ya “clásico” garrafón.

 

Que no cuenten conmigo para que apoye sitios que te ponen en situaciones de riesgo manifiesto. Y que además cobran un dineral por cada copa y cada entrada. En nuestro Madrid la frase “si vas a La Riviera pide cerveza” es un dogma. Extensible a la mayoría de lugares… ¿Cómo permitimos el envenenamiento masivo? ¿Por qué nos parece tan normal? Y a precios desorbitados… Por no mencionar las deficiencias acústicas y de visibilidad.

 

Que cuenten conmigo para averiguar porque se ha hecho la vista gorda durante tanto tiempo. Por qué se han permitido abusos y a cambio de qué. ¿Ha tenido que ocurrir una desgracia -el asesinato de un joven- para que nuestras autoridades se hayan quitado la venda de los ojos? Porque la situación de los porteros y seguratas de discotecas y clubes lleva así desde hace tiempo. En Barcelona ya lo solucionaron hace unos años. Pero parece que como no son de Madrid, no nos hemos enterado. ¿O no nos ha interesado?

 

¡Que pronto hemos olvidado lo de Alcalá 20!

 

Publicado en Efe Eme

10 comentarios

Archivado bajo Cultura, Música, Medios, Política

Cuando salí del Paraíso y 3 (por Javier García-Pelayo)

28 de noviembre de 2008

Si usted lo vio, no es privado

abanico_551

Cuando el leopardo venía yo lo encaraba de frente, y mi guardia (que fue creciendo), por los lados y detrás. Él, que al principio venía a mi, al verse rodeado y apaleado trataba de atender a los flancos y en algún descuido yo le daba un tremendo golpe diciendo NO, y normalmente lo matábamos aunque algunas veces salía huyendo y se iba, pero eso también se celebraba, muerto o huido el leopardo, bailábamos y saltábamos y yo gritaba NO, NO, NO, y los demás decían “gloria al que dijo NO“, y mi guardia decía: nosotros decimos NO porque nos ha enseñado él, “gloria al que dijo NO“.
 
Con la piel de los leopardos me hice vestimentas con las que me cubría mis partes y la cabeza, me gustaba mucho porque se me distinguía de los demás y porque cuando empujaba a las hembras mis partes cubiertas crecían sin ser vistas, hasta que las sacaba para penetrarlas y eso así hecho era causa de sorpresa y me distinguía más aún. Tiempo después permití a mi guardia que se cubrieran sus partes y así podrían jugar a sorprendes a las hembras ellos también, pero la cabeza no, la cabeza solo me la cubría yo, porque si quiero partírsela no quiero que la tengan protegida y porque aprendí que para ser el jefe y comer y oler primero hay que blandir rama y decir muchas veces NO, NO, NO, NO.
 
El día que aprendí a decir NO perdí la inocencia, la perdimos todos, siempre había sabido lo que nos gustaba, lo que queríamos, habíamos sentido ganas de vivir, de estar con hembras, de comer, es decir, sabíamos y practicábamos lo que era el amor, pero que yo sepa, fui el primero en sentirlo como tal, en sentirme enamorado, en definitiva, creo que fui el primero en saber lo que es el amor pero también fui el primero en conocer su otra cara, la del miedo a perder aquello que se ama. El miedo a perder ese sentimiento fue el que me llevó al odio y a la violencia con voluntad de matar, es decir, de pronto tuve la memoria del gusto, entendí que quería conservarlo y tuve la voluntad de hacerlo, y a partir de ahí, manejando la memoria, el entendimiento y la voluntad, me erigí en jefe al cual se le tiene miedo y él tiene miedo a dejar de serlo.
 
Eso cambió nuestro grupo, perdimos la espontaneidad, ahora ya planeábamos lo que íbamos a hacer y cómo, y entre mi guardia y yo, a base de decir NO y blandir armas, conseguimos que los demás hicieran lo que nosotros queríamos.

 

Eso hizo a nuestro grupo poderoso, porque aunque matamos a algunos, los demás vivían seguros, y marcábamos nuestro territorio de comida y agua y no dejábamos a los demás grupos hacerlo allí donde era nuestro, también atacamos pronto a los otros grupos y sometiéndolos les imponíamos nuestras órdenes y trabajaban y buscaban comida para nosotros. Al ser más y tener más hembras fuimos cada vez más y ya éramos el grupo animal más fuerte de nuestra zona y decidimos bajar de los árboles e instalarnos en un promontorio desde donde se veía bien nuestro territorio con su río de agua que también era nuestra.
 
Un día de tormenta cayó un rayo y un árbol caído ardió, pero no corrimos, yo no, les dije que aquello que pasaba en el árbol teníamos que guardarlo para nosotros porque quitaba el frío y nos daría luz por la noche, y que como los demás animales no habían aprendido a decir NO pues cuando veían ese color y calor del rayo con el árbol, corrían. Si nosotros tuviésemos eso en nuestra cueva del promontorio estaríamos calentitos, protegidos de los otros y con luz, así que con mucho miedo conseguimos llevarnos ramas encendidas y juntándolas conseguimos fuego permanente en nuestra cueva y aquello cambió otra vez nuestras  vidas, ya no teníamos frío, la noche no era oscura, y además, a los que no obedecían, después de tranquearlos los echábamos al fuego y se desaparecían y aquello era nuevo y causaba mucho respeto.
 
Todo vino junto, por primera vez maté voluntariamente a un enemigo y seguí matando a todo el que se oponía, cambiamos de vivir en los árboles a irnos a cuevas en promontorios, y la vida se hizo más sensible al continuo miedo. Perdimos la inocencia y consideramos la muerte individual como algo con lo que se amenaza y se domina, y el miedo sustituyó a la inconsciencia, la planificación para satisfacer pequeños intereses personales sustituyó al movimiento husmeante del grupo en busca de recursos, la jerarquización desató los recelos y las envidias, y en fin, la vida, a fuerza de ser más segura y confortable para algunos, se hizo más esclavizada y servil para otros, pero así fué y no de otro modo.
 
Quién sabe, si yo hubiera aprendido a decir NO de otra manera, quizás hubiese sido todo distinto, pero lo hice bajo la presión del miedo a perder el amor recién encontrado, si me hubiese dado tiempo a desarrollar ese primer amor, quizás también habría aprendido a decir que NO, pero seguramente lo hubiera hecho bajo la presión del amor puro y no se habría desarrollado el germen corrupto y negativo que tiene el NO. Quizás si hubiese sido dicho para elegir entre dos placeres hubiese sido para desarrollar más amor y el grupo se habría desarrollado sin bajar a tierra, sin ocultarse en cuervas y quizás la inocente y bulliciosa vida arbórea hubiese sido, aunque no menos violenta, si menos mal intencionada.
 
De todas formas, en la búsqueda de alimentos, en la vigilancia, muchas veces por seguridad y siempre por diversión, cuando podíamos, volvíamos a los árboles.

 

CAPITULOS ANTERIORES

 

Cuando salí del Paraíso 2

 

Cuando salí del Paraíso 1

 

gorila-con-tronco

Foto de Javier Díaz

7 comentarios

Archivado bajo Cultura, General, Poesía, relatos y otras hierbas

Homenaje a Labordeta

27 de noviembre

angel-de-castro

No soy muy amigo de publicar dos posts el mismo día, pero la ocasión lo merece (y además la actualidad futbolera es efímera): ayer se celebró en Zaragoza un homenaje a El Abuelo, Don José Antonio Labordeta (quien hace tan solo una semana mandó su primera colaboración para El Mundano).

 

Me he enterado leyendo El Periódico, que desplazó desde Barcelona a su critico Jordi Bianciotto (colaborador habitual también de RockDeLux). Y confieso mi estupor y sorpresa al no haber leído nada ni en El País ni en Público. En fin…

 

El punto de partida fue la presentación de un libro, “José Antonio Labordeta: creación, compromiso y memoria”, y la reedición de su primer disco, “Cantar y callar”.

 

Miguel Ríos, Ana Belén, Víctor Manuel, Rosana, Carmen París, Pilar Bardem, Joaquín Carbonell, Eduardo Paz de La Bullonera, Luis Pastor, Lourdes Guerra, Ruper Ordorika y Marina Rossell ofrecieron canciones y poemas desde el escenario del Teatro Principal. Presentó Olga Viza.

 

No es amigo de homenajes ni fastos, pero Labordeta no pudo evitar anoche que sus amigos del mundo de la cultura y la política consumaran su gran conspiración: una noche de poemas, canciones y dedicatorias emotivas brindada a su salud” comenzaba Bianciotto su crónica del espectáculo que duró casi dos horas.

 

Quisiera terminar con las palabras de agradecimiento de Miguel Ríos –que comparto- porque en los años 70 hiciera ver a los rockeros “que era posible mover las caderas y las neuronas al mismo tiempo“.

 

La foto es de Ángel de Castro

9 comentarios

Archivado bajo Cultura, Libros, Música, Medios, Política, Recomendaciones

Pleno ibérico en la Champions (por Julio R. Llorente y Adrian Vogel)

27 de noviembre

afp-marca

En una jornada sin precedentes –al menos conocidos por mí- los cuatro equipos españoles se han clasificado para la siguiente ronda de la Champions. Si el pleno para octavos de final es meritorio en si mismo, lo es más aun si tenemos en cuenta que se ha producido en la penúltima jornada.

 

Esta mañana le preguntaba a Julio Ruiz (Julio R. Llorente en El Mundano, cuando escribe de su Atleti) si iba a asistir al partido, por organizar las crónicas. Y me decía “Que va. Mi hijo y yo estamos “castigados” por la UEFA como abonados del Atleti a perdernos un partido. Recuerdo que en MARCA estaba en la redacción cuando aquel Madrid-Nápoles a puerta cerrada…

 

Rápidamente aproveché para contarle que yo estaba en el Bernabéu ese día. A pie de campo, más concretamente. Y de hecho abrí el estadio. Porque venía con el trío arbitral. Y aprendí que lo de llegar antes no era una manía sólo de mi padre. Era algo bastante digamos que “rumano”. Habíamos llegado una hora antes de la prevista (algo parecido me pasó en el Mundial del 82 en Alicante, cuando el Argentina-Hungría, y ahora que lo pienso igual todo era por Maradona).

 

Así que tras localizar al empleado madridista que tenía las llaves, nos abrieron el estadio y pasé con el árbitro, Rainea, y sus dos jueces de línea. La primera parte la vi –bastante mal e incomodo- de pie, entre los dos banquillos. En el descanso pedí permiso para subir a la grada. Como era el traductor de Rainea y de sus dos asistentes, me pidió que no me fuese muy lejos, que me necesitaría al finalizar el encuentro. Mi sorpresa fue enorme al encontrarme en la tribuna encima de los vestuarios (donde ahora está el palco) a Julián Ruiz y a Rafa Revert.

 

El caso es que se me ha estropeado el ordenador y estoy de prestado. Había quedado con Julio en hacer un post a medias sobre el éxito de los nuestros. Pero a estas horas no me ha llegado su texto. O se ha olvidado o se ha perdido en el ciberespacio (es terrible la dependencia que podemos llegar a tener de las maquinas). Si acaso me llega o aparece, editaré y actualizaré este post con lo suyo. De momento dejo este enlace referido a los que se congregaron en la calle, fuera del estadio. Imagino que serían los del Frente Atlético (los de la grada vacía de la foto, también de Marca).

 

Como decía al principio estamos ante todo un hito: los cuatro clubes españoles clasificados para octavos de final, sobrándoles la última jornada. Y en el caso del Barça con brillantez y autoridad, porque además lo hacen como primeros de grupo. Lo cual implica una ventaja indudable para el cruce: el partido de vuelta se juega en casa. Algo que los blancos –desafortunadamente- conocemos bien, porque los últimos años no hemos pasado de octavos por jugar la vuelta fuera.

 

El Atlético de Madrid y el Villareal todavía pueden ser primeros. Se lo juegan en la última jornada. El handicap es que ambos juegan fuera. Mejor lo tienen los rojiblancos porque el Liverpool también lo hace. No así “los del submarino amarillo” que verán como el Manchester United disputa su ultimo encuentro en casa.

 

Las opciones del Madrid son mínimas (slim to none que dicen en USA). Ganar al Zenith en el Bernabéu no es suficiente. Dependemos además de la improbable derrota de la Juve ¡en Turín contra el Bate!

Estuve castigado este miércoles (por Julio R. Llorente)

 

-“Julio, ¿fuiste ayer al fútbol?“.

-“No, no pude, estaba castigado“.

 

Si, si, castigados, yo, mi hijo (con lo bien que se pasan esas jornadas paterno-filiales en rojiblanco en el Calderón) y… unas cuantas decenas de miles más a los que el corazón les late de la misma forma. La UEFA fue reduciendo la condena del mochuelo con el que nos cargaron (el lío allá en lo alto del fondo Norte entre policía y supporters visitantes violentos el día en que nos medimos a las huestes galas) hasta llegar a esto: dejarnos -a la afición- sin ver a nuestro equipo. Y lo de menos es la parte proporcional del abono de 100 euretes satisfecho a principio de temporada, aparte del abono normal.

 

Primer anfiteatro. Fondo Sur. Sector 350. Fila 3. Asientos 1 y 3. Vacíos. Sin ocupantes. Cuando la cámara de Canal + se paseaba por la porteria de la derecha y el plano era un poco general reconocía “mi” sitio que ayer noche era sentado en la mesa de comentarista de Radio Nacional junto a Chema Abad, el Mono Burgos, Natalia y demás compañeros de la redacción deportiva de mi emisora.

 

Cuando empezó la Champions de este año, el jefe de ese área (ya sabéis que lo mío es el “Disco Grande” en Radio 3) me preguntó que si contaba conmigo para los partidos de mi Atleti. Y yo le dije que sí, que claro, pero que en los de fuera de casa, porque los de local… yo voy al lugar de los hechos. No sabía yo que iba a ver el Calderón por la tele (ni me acuerdo cuanto hacía que no iba a mi estadio -si hasta fui al choque copero con el Orihuela!!!- y en esta ocasión me pusieron falta “involuntaria”).

 

Chapeau por los que animaron “de oídas” desde las esquinas del estadio. Cantaron los goles gracias al eco de las voces de los protagonistas y… por lo que se servía por la radio (que se sepa, no hubo un aparato de televisión a la vista).

 

Total, que han pasado cinco jornadas de nuestro grupo y por diferencia de goles no hemos dejado de ser primeros. Ni un árbitro ni el otro ni Platini (¿qué le hemos hecho a este señor?) ni el TAS… ni nada. Pero soy pesimista. Porque está claro que en octavos van a ir por nosotros. Que a alguien le claven cuatro o cinco puñales y no se muera y se mantenga en pie es una osadía. Hay que rematarle.

 

Del partido, poca cosa. O lo de siempre. Aún con silencio y sin apoyo desde el graderío, el Atleti, que es mejor equipo de largo que este PSV de ahora, se puso 2-0 y se echó a dormir. No se despertó con el 2-1 y anduvo coqueteando con el riesgo. Al final, tres puntos más. Ahora, en dos semanas, a Marsella, a portarse, dentro de los cauces deportivos y reglamentarios, como unos jabatos, a sellar ese liderato… ganando.

 

Ah! Se me olvidaba. Cuenta alguna crónica que a Gerrard ayer, durante el Liverpool-Olympique, le dieron un mecherazo que venía desde el sector visitante. Espero la decisión de la UEFA. Seguro que cierran la fábrica de la marca del encendedor. 

 

2 comentarios

Archivado bajo Deportes, Fútbol

La balada del Metro (por Antonio Gómez)

26 de noviembre de 2008

dibujo-pedro

La cartera leía en el metro un libro de urbanidad y buenas costumbres. El libro era nuevo, pero, como los antiguos, explicaba la forma correcta de redactar una carta, la manera adecuada de saludar a un superior jerárquico o el orden conveniente de situar a los comensales en una cena de gala. La chica era joven, pero, como las viejas, soña­ba con que alguna vez sentaría en el comedor del chalet que compartiría con su marido, que para entonces ya sería director general de Correos, a un presidente de gobierno, un escritor de moda y un bailarín mariquita que arrebataría con sus chistes subidos de tono a las señoras de los otros invitados.

        

Tras haberle dado una ojeada a la mujer, el hombre que viajaba a su lado miró el libro por encima del hombro de la cartera y sintió un irreprimible deseo de asaltarla allí mismo. Pero se contuvo, porque era bien educado y más bien timorato y no quería destruir con un gesto inoportu­no el sabio principio que cuando era niño le había inculcado su padre, melancólico y misógino desde que su santa esposa le abandonara por un vendedor de biblias evan­gelistas, dejándole padre y madre de un niño de tres años: “hijo mío, a las mujeres ni tocarlas, que dan calambre“.

        

Al verla, pero sobre todo al olerla, porque la cartera olía a rosas, a mares abiertos y a cumbres pirenaicas, el hombre pensó en lo que podrían hacer juntos si se atreviera a dirigirle la palabra. Detrás de la muralla del libro de urbanidad que la mujer leía presintió el viajero turbulentas insatisfacciones de pasiones ocultas, oscuros sueños de lujurias desorbitadas, tiernas ausencias de cari­ños compartidos. Y pensó, deslumbrado por la carnalidad de los muslos enfundados en negra seda que dejaba entrever la replegada falda del uniforme azul, que el destino le había elegido para abrir a aquella mujer los caminos de la imaginación y desbrozarle las selvas del éxtasis supremo.

        

Ella ni se dio cuenta. O aparentó no darse cuenta, porque por el rabillo del ojo, por encima de la fórmula ideal para doblar con corrección las servilletas en los banquetes de alcurnia, vislumbró en la cara enjuta y barbada del vecino de asiento un ramalazo de animalidad necesaria que nunca antes había entrevisto en hombre alguno. Pero también se contuvo. Observó el mojado dobladillo de los pantalones del viajero, el barro que bordeaba sus manchados zapatos y se sumergió de nuevo en la lectura para ahuyentar de su espíritu la reprobable tentación.

        

Entonces el vagón se vació de viajeros. Salieron todos: el mendigo que tocaba el acordeón, el coro de quin­ceañeras que volvía del colegio de monjas, el ofici­nista de cara demacrada que leía las páginas deportivas del ABC, las señoras de compras con los brazos cargados de bolsas del Corte Inglés y hasta el heroinómano que dor­mitaba en un rincón aletargado por el último pincha­zo.

        

Todos salieron. Sólo el hombre y la mujer quedaron frente a frente, o mejor aún, codo contra codo.

        

Ninguno de los dos se atrevió a moverse, aunque la cartera sintió un temblor en el brazo del hombre y este pudo observar con la mirada gacha cómo las piernas de la mujer se apretaban contra el carrito de la correspon­dencia aparcado a su diestra.

        

Fue un momento inol­vidable para ambos. No suce­dió nada, pero pudo haber sucedido. Hombre y mujer lo supieron en el mismo momento en que un rayo de atrac­ción mutua les atravesó candente y violento.

        

Nada había en ellos que les hiciera compatibles, ni su aspecto ni sus vidas, pero allí, en aquel momento único en que confluían la soledad del vagón, la oscuridad del túnel y el monótono repiqueteo de las ruedas sobre las junturas de los raíles, los dos se dieron cuenta de que todo era posible, de que nada les estaba vedado: romper las convenciones, abrir la puerta del fondo y tirar el libro de urbanidad para que el tren rodante lo redujera a pulpa imposible de reciclar, olvidarse del padre misógino y su filosofía de la vida, comprar un helado y comérselo boca a boca entre los dos, tenderse en el suelo del vagón y acariciarse hasta conocer monte a monte y valle a valle sus respectivas geografías. Vivir, en fin, la aventura de su vida.

        

El metro llegó a la estación de Pueblo Nuevo. Se abrieron las puertas. Entró un titiritero portugués que en su media lengua les pidió una limosna para socorrer a sus cuatro hijos huérfanos de madre y a una suegra anciana con los que vivía debajo de un puente.  Todos los sueños se rompieron de golpe contra el cartel de antes de entrar dejen salir. El hombre retiró el codo para hurgar en el bolsillo y socorrer al mendigo trans­terrado. La mujer se sumergió en la fórmula que la ayu­daría a escribir una carta al director de una multinacional discográfica para solicitarle un puesto de secretaria en la empresa. No se miraron más.

boceto-pedro

Dibujo y boceto de Pedro Arjona (del colectivo El Cubri)

12 comentarios

Archivado bajo Poesía, relatos y otras hierbas

En el nombre del padre

25 de noviembre de 2008

tontxu-en-el-nombre-del-padre

En el nombre del padre” es el nuevo CD de Tontxu, el cantautor bilbaíno afincado en Madrid. Tras tres años de silencio discográfico vuelve con 12 canciones de amor y desamor.

 

No, no, no quiero canciones prudentes de amor

Prefiero tu voz, que me lleva al sur

con ese acento

(“Canciones prudentes de amor”)

 

Me habían hablado muy bien de este disco. Y tuve la suerte de encontrarme con Tontxu, de los Ipiña de toda la vida, el dia que quedé con Víctor Alfaro. Estaba grabando una entrevista e interpretó varias canciones en directo (las podéis escuchar pinchando aquí y ademas os encontrareis también con Amancio Prada).

 

Jamás te robaré una madrugada

No quiero nada más de ti que vayas

y que vuelvas. Que quieras.

 

Que no seré el ladrón de tus mañanas

No quiero nada más de ti que duermas

y a mi lado despiertes. Si quieres.

(“Te amaré mejor”)

 

Tengo entendido que lo ha pasado fatal (infinidad de problemas personales de todo tipo) y me da la impresión que las vivencias de estos tres años las ha “vomitado” en este álbum. Con rabia. Y con ternura. Con desilusión. Y con esperanza. Cerrando algunas puertas. Y abriendo otras.

 

No voy a caer en el tópico del “es su disco más maduro”, porque esto mismo lo podremos decir del siguiente. Como también se pudo decir del anterior. Lo que si me atrevo a decir es que probablemente sea su mejor disco. Con temazos como los ya destacados “Te amaré mejor” y “Canciones prudentes de amor” más “Dejar de quererte” o “Doble moral”. Y me pregunto dada la situación actual de la radio musical: ¿Dónde tiene cabida un cancionón como “Te amaré mejor”? Sin duda una de las mejores del año (por no decir la mejor).

 

En resumidas cuentas “En el nombre del padre” es muy recomendable, especialmente para los que aprecien la canción de autor.

6 comentarios

Archivado bajo Cultura, Música, Recomendaciones