Archivo mensual: marzo 2018

Cafés y librerías en Buenos Aires 1: los cafés

Tortolitos

A lo largo de la semana estas foto crónicas de un maravilloso viaje a Buenos Aires (mi primera vez) de la mano de La Mundana, buena conocedora de la ciudad y sus secretos, han ido apareciendo aspectos que me llamaron la atención. Hoy, ya de vuelta en Madrid, me centro en otros dos asuntos fundamentales: los cafés y librerías de BBAA (las curiosidades de las calles porteñas quedan para el capitulo final de esta serie).

 

La foto de los tortolitos en el Tortoni del encabezado nos introducía en el apartado de los cafés, empezando por el Café Tortoni. Un clásico entre los clásicos, fundado en 1885. Durante la mañana y al mediodía hay colas para entrar. Su céntrica ubicación (Avenida de Mayo 825) y su “museo” a base de fotos y recuerdos de los ilustres que abarrotaron el local a lo largo de su existencia, son puntos fuertes a su favor. La elegancia y belleza del sitio hacen el resto. Nosotros estuvimos tomando unas copas (y café) después de cenar. A pesar del show de tango, que presentan cada noche, estaba flojo de público (y muy agradable para nosotros). Veníamos de cenar de otro clásico de la Avenida de Mayo (a dos cuadras), el London City de 1954, situado en los bajos de un edificio de 1895 (repetimos visita la noche que estuvimos cenando con Víctor Tapia tras el 6-1 a Argentina). En las fotos verán que aparece una figura de Julio Cortazar (venía a escribir a este céntrico lugar y lo mencionó en su primera novela “Los premios“). Es costumbre de los cafés tener efigies a tamaño natural de los famosos que frecuentaban los locales (en el Tortoni están Gardel, Borges y Alfonsina Storni).

 

Una de las iniciativas públicas que más me han impresionado ha sido la de mantener los cafés. Algo que miro con enorme envidia porque en Madrid se los han cargado todos (de los clásicos solo nos queda el Gijón). Los llamados cafés notables se han mantenido contra viento y marea frente a la especulación inmobiliaria. Y han servido de ejemplo para la apertura y mantenimiento de otros establecimientos similares. Son 92 los locales elegidos por la Comisión de Protección y Promoción de los Cafés, Bares, Billares y Confiterías Notables

Paulín

Pero no todos son cafés notables. Encontramos algunos como el Café Paulín, que han montado una cadena especializada en sandwiches (buenísimos), muy solicitados al mediodía por la gente que trabaja en las oficinas de los alrededores de donde suelen ubicarse. El original (1998) de la calle Sarmiento nos pillaba muy cerca del hotel y se caracteriza por no disponer de mesas. Solo hay una larga barra en forma de ovalo rodeada de taburetes fijados al suelo. En cambio, las sucursales de la cadena responden al perfil de las cafeterías normales. La definición que hacen en el blog La guerrilla culinaria del  Paulín es perfecta: “Toda urbe, metrópoli, gran ciudad, o conglomerado de oficinas llenas de gente insatisfecha por sus trabajos obligados por el capitalismo tiene, al menos, un lugar para comer rápido, rico, abundante, barato y característico de la ciudad.” Asumo que esta descripción será del agrado de mi amigo Víctor Lenore.

 

El Petit Colón es una parada recomendable antes o después de la visita obligada al monumental Teatro Colón. Su emplazamiento en la bellísima plaza Lavalle y su exquisita decoración, al estilo del teatro, le hacen parecer más antiguo de lo que en realidad es. Este café notable es de la década de los 70. Aparte de turistas, visitantes y público del teatro, durante la jornada matutina el Petit Colón se llena de abogados, jueces y fiscales del cercano Palacio de Tribunales. Es otro de los cafés notables.

 

La presencia española está presente en varios de los cafés notables como La Giralda de la calle Corrientes, La Coruña de calle Bolivar, el Bar Aragón de la Avenida Alberdi, Bar Oviedo de Avenida Lisandro de la Torre, Iberia de la Avenida de Mayo o El Gato Negro de Corrientes, hoy llamado en honor a su fundador, Don Victoriano, pero conocido por todo el mundo bajo su denominación de siempre, El Gato Negro. El español Victoriano López Robredo inauguró el local en su actual ubicación en 1928. Un año antes, a unos pocos metros, había abierto una tienda, La Martinica, también dedicada a las especias, cafés y tés (que cerró al producirse la mudanza). Los primeros empleados de ambos comercios fueron todos españoles. El Gato Negro evolucionó de almacén a café y hoy en día ademas de las mesas de la entrada tiene un restaurante en la segunda planta, donde también apuestan por eventos culturales relacionados con la literatura, el jazz y el tango. Estuvimos dos veces, la primera para comprar unas especias para la carne (La Mundana es fiel cliente desde hace años y es su tienda favorita de condimentos) y la segunda para picar algo tras el teatro.

 

La Biela, en un extremo del parque enfrente del cementerio de La Recoleta, era frecuentado por los pilotos de carrera argentinos en la década de los 50. Su ubicación en un barrio pudiente marca el ambiente del local, frecuentado por la gente con posibles del barrio. Aunque no siempre fue así. En 1850 en este mismo emplazamiento (cuando el barrio casi no existía y estaba fuera de los limites de la ciudad) un español abrió un café con terraza llamado La Veredita. Apenas había unas barracas, una iglesia y el cementerio de los monjes Recoletos (agustinos). Mudó el nombre a Aeroclub, por la cercanía a la Asociación Civil de Pilotos Argentinos. Al cambiar en los 50 la clase de pilotos que frecuentaban el local (llegaron los de las carreras de coches) adoptó su actual nombre. A la entrada lo primero que nos encontramos son las figuras de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Su terraza, con buen tiempo, es muy agradable. Y llaman poderosamente la atención el par de cabinas telefónicas londinenses en esta esquina del parque (la influencia inglesa se aprecia aquí, en el reseñado London City y en el The Brighton, una antigua sastrería inglesa del microcentro reconvertida a café, coctelería y restaurante). Las paredes de La Biela (orientadas al mundo automovilístico) tienen una particularidad: las fotos detrás de la barra fueron tomadas por Bioy Casares (en principio eran para ilustrar un libro de Borges).

 

En este repaso termino con el más bonito (en dura competencia con el Tortoni y la Confitería Ideal, actualmente en reformas, que además posee una academia de tango) y, desde luego, el más cursi: Las Violetas en Almagro, en la esquina de Medrano y Rivadavia.

Las VioletasOrganizan actuaciones (habrán observado que los cafés montan veladas culturales). Para el viernes que viene dentro de su Ciclo Cultural tienen anunciada una actuación de flamenco.

Flamenco

También dispone de una sensacional pastelería. Sus facturas (bollos) son consideradas las mejores de una ciudad especialmente golosa en lo referido al mundo de lo dulce.

 

Las Violetas data de 1884 y se reformó en 1920, de ahí ese marcado aire modernista que tiene. Las vidrieras son del mismo autor que las del Tortoni. En 2001 se restauró y reabrió sus puertas. El pasado mes de octubre fue votado como el mejor café notable de la ciudad (encuesta organizada por el ayuntamiento).

 

De inicio el Café Tortoni y Las Violetas para terminar. Mañana a por las librerías!!!

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Tango en La Viruta y en el CAFF

El tango no se clausura

Obvio que el tango esté muy presente en Buenos Aires. Pudimos comprobarlo in situ el domingo pasado en la calle, en San Telmo. Y también en días posteriores en la milonga La Viruta y en el Club Atlético Fernández Fierro (CAFF), un taller reconvertido en sala de actuaciones.

En La Viruta palpamos el enorme tirón popular del tango. Un arraigo de verdad. El nombre del local hace referencia a un viejo dicho porteño para señalar el objetivo que no era otro que ir a bailar: “vamos a sacarle viruta”, referido a la madera de las pistas de baile. Situado en la zona armenia de Palermo (les recomiendo que cenen antes en el Viejo Agump, al lado del club: por 20€ nos pusimos las botas y no pudimos terminar todas las delicias que nos ofrecieron), La Viruta es un salón de baile, donde se va a bailar tango y a aprender a bailarlo. Se juntan gente de todas las edades y condición. Gente guapa y fea, delgada y gorda, con dinero y sin el. Lo importante es bailar bien y lo hacen “que da pavor” como “Popotitos“.

Lo más surrealista del caso es que el animador tras tres o cuatro tangos, para dar lugar al cambio de parejas o tomar algo, usa ¡a Bon Jovi! para las transiciones. “Livin’ On A Prayer” más concretamente. Cuando tocó el turno de cuatro temas cubanos para bailar salsa Bon Jovi fue nuevamente el repertorio elegido para dar principio y fin al segmento. Y lo mismo sucedió con los cuatro rocanroles que pusieron.

Lo que si queda claro es que a La Viruta se va a bailar (más lo que surja). Y aparte del dj hay una orquesta de tangos (a partir de la una). Cierran a las seis de la madrugada.

CAFF

La otra cara de la moneda del tango la encontramos en el barrio de Almagro. Ahí la Orquesta Típica Fernández Fierro ha montado el CAFF, un club social y cultural (no muy lejos de donde debutó Carlos Gardel). Desde su escenario y desde sus inicios como formación (2001) le están dando una vuelta de tuerca al tango. Del toque popular de La Viruta pasamos a la vanguardia de Fernández Fierro.

Fernández Fierro no son los únicos que actúan en su local: es un escaparate para parte de la escena alternativa de la ciudad.

La decoración de este antiguo taller mecánico, es tan sencilla como sofisticada. Me encanta el mural del ring de boxeo y la cara pintada que encontramos a la salida. Del techo cuelgan sillas y una bola de discoteca. Las otra paredes del local están adornadas por cuadros y pinturas.

Yuri Venturín, el contrabajista (con arco) es el director de la Fernández Fierro. La alineación que nosotros vimos era la de un equipo de fútbol: tres bandeonistas, una sección de cuerda de seis músicos (contrabajo, cello y y cuatro violines, uno de ellos era una música), un pianista, Santiago Bottiroli, con el que charlamos brevemente tras la actuación (le aconsejé que pidiese que le subiesen el volumen porque a veces se pierde entre la tralla del resto de la banda) y una cantante, Julieta Laso, cuyo registro en momentos me recordó a la gran Edith Piaf.

Funcionan como una cooperativa (tienen el club, autoeditan sus grabaciones, disponen de su radio, etc.). Y sus directos, al menos el que vimos el miércoles pasado, son una pasada. La influencia estética del rock esta presente y la realza un juego de luces tan sencillo como eficaz (volvemos a lo de la efectividad de lo sencillo). Las luces dimensionan la sonoridad de la orquesta. Aportan dramatismo a la carga sonora, a veces violenta y apocalíptica, podríamos decir que wagneriana, y otras veces sutil y evocadora.

Para mi y La Mundana han sido todo un descubrimiento a pesar de los años que Fernández Fierro llevan en funcionamiento.

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Huellas españolas en Buenos Aires

La huella española en Buenos Aires se resume en una librería y una iglesia jesuita, la de San Ignacio de Loyola. Dos símbolos, emplazados uno enfrente del otro: la primera librería de la ciudad y la iglesia más antigua.

El domingo pasado camino de SanTelmo pasamos por delante. Y atraídos por el coro y el sonido del órgano entramos a la iglesia (la librería estaba cerrada). Llegamos al final de la misa del Domingo de Ramos.

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Banca española en Buenos Aires

Ademas del Galicia lo más destacado es la presencia del BBVA y del Santander, que adquirieron al Francés y al Río. Y mantuvieron sus nombres de cara a la clientela. También patrocinan obras teatrales y conciertos.

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El fútbol argentino al diván

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El set, 6-1, que le ha metido España a Argentina manda a la albiceleste al diván. Es obvio que han tocado fondo. Del que pueden salir porque además no les queda otra. Pero les deja muy tocados al descubrir todas sus carencias. La principal es que no son un equipo, son una banda. La de Messi.

España, por su parte, dio una lección de fútbol (otra). Pero no debemos caer en euforias artificiales. Los tres goles de Isco, la inspiración de Iniesta y Asensio más la solidez defensiva decantaron el encuentro. Que debió terminar 7-1 o 7-2 por un gol mal anulado a Sergio Ramos y un penalti con 6-1 que no le señalaron.

Escuchar a los comentaristas del canal argentino, T y C Sports, me congracia con el periodismo deportivo. Al menos con el argentino. Rendidos ante nuestro fútbol y nuestros jugadores. Y muy preocupados con lo suyo!!!

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Teatro en Buenos Aires

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Buenos Aires es una de las capitales mundiales del teatro. Y viniendo de España produce una enorme satisfacción encontrarse con repertorio español.

Los vecinos de arriba” de Cesc Gay (la primera y única obra de teatro del cineasta catalán) ya está en su segunda y triunfal temporada. Con el gran Diego Peretti al frente del reparto. Y se anuncia el desembarco de “Delicadas” del excelente autor navarro Alfredo Sanzol (el favorito de La Mundana). El montaje será el de la compañía original catalana T de teatre, originalmente formada por cinco actrices.

También se anuncia repertorio sobre textos de Lorca y representaciones de verbenas y zarzuelas.

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Nosotros aparte de ver “Los vecinos de arriba” acudimos a entregarnos ante otro grande de la escena, Julio Chavez. A quién daba buena réplica un capo de la tele y el teatro como Adrián Suar. Una delicia. Chavez, al igual que Peretti, te hace reír y llorar. En el caso de “Un rato con él” Chavez es además coautor del texto. Y lo borda.

Buenos Aires es teatro!!!

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Domingo en San Telmo

A1CEF6E5-8B03-47C5-BF4B-167515CD14E5La combinación de parrilla y tango es imbatible. Un choripan es un tentempié perfecto para pasear por los puestos del mercadillo y mercado de San Telmo. Y de acompañamiento un trío de tangos en directo.

También encontramos una exposición fotográfica del primer rock argentino (ojo: rock, no rock & roll).

El tango en la calle estaba presente en dos de las esquinas de la plaza Dorrego, en el corazón del barrio de San Telmo..

Vistas de la plaza desde los balcones del excelente restaurante Amicci mei de la calle Defensa.

Y para finalizar unas fotos en el interior del mercado.

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