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El club de jazz Fat Cat

Fat Cat

Nacho Gallego, mi boss en la Universidad Carlos III (codirector del MIMES, Máster en Industria Musical y Estudios Sonoros), me recomendó echar un vistazo al club de jazz Fat Cat. En su día me aconsejó ir al CAFF (Club Atlético Fernández Fierro) de Buenos Aires, hogar de la sensacional Orquesta Típica Fernandez Fierro, y acertó de pleno. Así que el cabezazo en el Fat Cat era obligado.

Nueva York y los clubes de jazz son prácticamente sinónimos. Este Fat Cat presentaba una singularidad: es además un salón de juegos. Mesas de billar (considerada una de las mejores salas de Manhattan), ping pong, ajedrez, damas, scrabble, shuffleboard y futbolines. Respecto a estos últimos, a los que denominan foosball, son trece los jugadores por cada equipo, en vez de los once habituales.

Foosball

Asumo que, tanto el nombre como el número de piezas, es un tema de patentes. Han reforzado la portería con ¡tres porteros! Delante tenemos dos defensas, cinco centrocampistas y tres delanteros.

En la partida de futbolín, jugada por madre e hijo, ganó La Mundana por diferencia de goles. Perdió por la mínima la primera y arrasó 7-2 en la segunda. Aunque quien realmente salió perdiendo fui yo porque pagué las consumiciones.

AA

Para todos los juegos, así como para música, dibujo, electrónica, carpintería, etc. tienen una escuela. (Cuando visitamos el Fat Cat estaban dando una clase de ping pong). Además de las clases organizan competiciones en las distintas especialidades de juegos y también exposiciones de arte.

Fat Cat entrada bar

La música que suena es jazz, principalmente be bop (también escuchamos el “Lucille” de Little Richard). Y cada noche hay actuaciones en vivo. A partir de las 22:00 es el turno de las jam sessions. Acuden músicos de jazz de la ciudad o que están de paso. Fat Cat es al jazz lo que la vecina cancha de la calle 4 con Seventh Avenue South es al baloncesto. (En su día ahí vi a Kareem Abdul Jabbar, Walter Berry y Michael Jordan, los tres nativos de NY). El escenario se encuentra a la derecha, nada más pasar la barra. Hay unos bancos, como de iglesia, para quien quiera sentarse. Una vez a la semana hay una noche dedicada a los baterías de jazz.

Fat Cat escenario

Mitch Borden es el responsable del Fat Cat. Este exsubmarinista de la Armada estadounidense, exenfermero, exprofesor y violinista se dio a conocer en el mundo del jazz con su anterior local, el Smalls. Lo abrió en 1994 y fue una ventana de oportunidad para todos los músicos que empezaban. Cerró en 2003 y Borden lo reabrió como club de jazz en 2006 con dos músicos como socios (entre medias el local se había convertido en un bar brasileño). Entre el cierre y reapertura de Smalls se lanzó a la aventura del Fat Cat. Y desde 2014 también regenta Mezzrow, local que sigue la estela del inolvidable y desaparecido Bradley’s (estaba en University Place, una manzana al sur de Washington Square, donde Ron Carter tocaba casi todas las noches y Betty Carter cantaba al menos una vez por semana, durante el tiempo que estuvimos viviendo en NY). En el enlace encontraran un enlace al programa de Jazz entre Amigos del gran Juan Claudio Cifuentes Cifu, rodado en Bradley’s.

Fat Cat está en el corazón del West Village. En Christopher Street casi esquina a la Séptima Avenida. Ideal para pasarse a tomar una copa, escuchar buen jazz y echarse unas partidas, después de cenar en el Village o de dar un paseo por el barrio, visita obligada cuando vas a Manhattan.

 

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La iglesia de San Francisco Xavier de Nueva York

Empieza a ser una tradición familiar celebrar la Nochebuena en Nueva York en un japonés, con nuestra amiga Lisa Kramer. Al acabar la cena surgió la inevitable pregunta del ¿qué hacemos? Lisa se excusó diciendo que iba a misa, a la iglesia de su barrio. Pregunté si cantaban. “Claro” me contestó. La Mundana y yo respondimos al unísono “¡Vamos!”. Nuestro hijo se excusó. Así que, en este sorprendente giro de acontecimientos, una judía, una agnóstica y un ateo nos encaminamos a la iglesia de San Francisco Xavier.

The Church of St. Francis Xavier, en la calle 16 entre la Quinta y la Sexta Avenida, es un edificio neobarroco de finales del XIX. Es la segunda edificación. La primera ubicación, en la misma manzana, estaba a escasos metros de la actual.

El coro, los músicos y el órgano sencillamente magníficos. Y el repertorio se podría calificar de ecuménico porque incluía obras de luteranos como Bach.

La labor de esta congregación jesuita está enfocado al barrio. Y se notaba en los ahí reunidos y en sus tareas sociales. En la foto del encabezado pueden observar algunos de los grupos de fieles que participan. El lema para la recaudación de fondo de estas Navidades ha sido “Justicia y Caridad“.

PD.: Espero que sepan agradecer que no me haya extendido sobre la figura del santo, el misionero navarro que ayudó a San Ignacio de Loyola fundar la Compañía de Jesús.

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Fra Angelico en el Prado

Fra Angelico MdPTeníamos pendiente ver la exposición Fra Angelico y los inicios del Renacimiento en Florencia del Museo del Prado. Se agotaba el tiempo (termina a mediados de este mes). Y sobre todo queríamos admirar la restauración de esa obra maestra que es “La Anunciación“. Tampoco habíamos visto la de Velázquez, Rembrandt, Vermeer. Miradas afines. Así que ayer por fin fuimos al Prado. Seguimos el consejo horario que Aurora Ciriza y Cristino de Vera le dieron a La Mundana. Acierto pleno. Sin aglomeraciones y con tiempo para disfrutar de las obras. Y comentarlas.

Desde el 9 de mayo que leí un espléndido artículo de Ángeles García en El País, donde detallaba todo el proceso de restauración de “La Anunciación“, he estado con ganas de ir a admirarla. Por unas causas u otras el momento se ha ido postergando. Y como dice el refrán “nunca es tarde si la dicha es buena”.

En su texto Ángeles García escribía “Como en una novela policíaca, el más mínimo detalle puede ser el desencadenante de la solución al problema. En el arte, rigen las mismas reglas. Hace poco más de un año que una de las tablas más imponentes realizadas por Fra Angelico, La Anunciación (hacia mediados de la década de 1420), fue trasladada al prestigioso taller de restauración del Museo del Prado. Considerada una de las joyas indiscutibles de la colección, ingresó en la pinacoteca en 1861 procedente del Monasterio de las Descalzas Reales. No sufría daños importantes, salvo la inevitable capa de polución que aporta el paso del tiempo y repintes inadecuados que habían suprimido la luz mística original y los deslumbrantes lapislázuli, rojos y verdes de los elementos originales que ahora han retornado a la tabla tal cual los pintó su autor.” A continuación contaba que la polución era mayor de la pensada inicialmente. Pero lo que más nos impactó fue lo referido a la partícula de oro que devolvió la luz al retablo: ” Y, de repente, apareció el hallazgo que daría las claves sobre la extraña composición de las alas del arcángel Gabriel: una partícula de oro perdida en la espalda como único resto de las alas doradas originales.”.

Viendo la tabla dos detalles nos llamaron poderosamente la atención: el suelo de mármol del pórtico, pintado muy siglo XX, y el jardín del Edén en otro hito adelantado a su tiempo. Respecto a esto último bromeé sobre Adán y Eva como el mito fundacional del heteropatriarcado judeocristiano. Al no lograr el efecto deseado tuve que repetir la gracieta varias veces hasta lograr la irritación buscada.

Samuel Sánchez El País

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Majanicho

Majanicho es un antiguo (y pequeño) pueblo de pescadores de Fuerteventura. Es la localidad más al norte de la isla. Más o menos está a medio camino entre Corralejo y El Cotillo.

Dos características distinguen a Majanicho: la ausencia de comercios y las mesas de pescadores donde limpiaban el pescado. Como estuvimos en un día que nos pilló la marea baja (en la foto La Mundana se sujeta el pelo porque el viento soplaba fuerte) incluyo una foto que no es nuestra. En ella se aprecia como rodeados de agua realizaban su tarea.

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Fuerteventura

Necesitaba vacaciones de las vacaciones y más días de mar. La Mundana rauda y certera organizó un viaje a Fuerteventura.

Ella ya había estado, con El Mundanito, cuando mi hermana trabajaba en un hotel de la isla. Y asegura que los tres habíamos estado en el Riu enfrente del que nos alojamos ahora. Es decir, sería su tercera vez y mi segunda. Pero no, porque no recuerdo haber estado nunca en Fuerteventura. Estoy seguro aunque hayan pasado casi 20 años. Es imposible no acordarse de las espectaculares playas y dunas de Corralejo. O las vistas de la cercana Isla de Lobos y de Lanzarote asomando por detrás (es justo lo que vemos desde nuestra habitación).

Llegados a unas edades estas discrepancias en los recuerdos se convierten en tópico de conversación. Y de chanzas. Las puyas sobre los fallos de nuestras respectivas memorias son motivo de risas. ¡Qué nos quiten lo reído!

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Los primeros 50 años de la imprenta

Printing RevolutionLa Mundana hizo un curso en la Carlos IIIDel Manuscrito a las pantallas: Una historia de la Cultura escrita dirigido por el gran Enrique Villalba (yerno de otro grande, el productor musical José Luis de Carlos, dicho sea de paso). La entrada para  la visita del Palacio Ducale, que nos quedó pendiente del año pasado (Montero Glez insistió mucho en que fuéramos, para ver las salas de los tribunales donde juzgaron y condenaron a Casanova así como las mazmorras donde le encerraron), tenía varios extras como bonus. Uno era la visita al Museo Correr, enfrente de la Basílica de San Marcos, al otro lado de la plaza. Y entre las actividades disponibles a La Mundana se iluminó la cara viendo que había una exposición sobre los primeros 50 años de la imprenta de tipos móviles (la de Gutenberg).

Viendo la exposición el recuerdo del curso de Villalba y el de mi editor, Jesús Espino, presidió el recorrido. En el caso Villalba ya ha quedado claro el motivo y en el de Jesús, era por su profesión de editor y su amor por Venecia.

Descubrimos recorriendo las salas de la muestra que en ese medio siglo (1450-1500) Venecia se convirtió en el primer centro mundial de impresión y distribución de libros.

Hice esta foto de un libro de autentica tapa dura:

Tapa dura

El resto de fotos son de La Mundana:

El video es muy interesante (está en inglés): define muy bien el objetivo de la investigación realizada sobre el impacto cultural y económico que supuso la aparición de la imprenta.

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La 6ª de Mahler en el Auditorio Nacional

ONE DAAyer dejé grabando el Barça-Valencia y nos fuimos al Auditorio Nacional a escuchar la 6ª Sinfonía de Gustav Mahler. Al frente de la Orquesta Nacional de España estaba su director titular David Afkham. Siempre que tengo ocasión comento que esta formación es mi banda de tributo española favorita. Tengo entendido que la Orquesta Sinfónica de Tenerife también tiene un nivelazo (por los directores que ha tenido desde mediados de los 80 más la contratación de músicos de primer nivel de Europa del Este).

Esta sexta sinfonia de Mahler, una obra maestra, era la favorita de Alban Berg (la consideraba la mejor sexta de la historia). Es una composición mítica, conocida popularmente por La trágica. El apelativo no es del autor. Se la denomino así por la concatenación de desgracias que sucedieron al año de su estreno (y que el final del cuarto movimiento parece presagiar). Compuesta entre 1903 y 1904 Mahler no editó la partitura hasta 1906, cuando estrenó la sinfonía en un concierto en Essen que el mismo dirigió. Por contra, las circunstancias vitales que rodean a la composición no pudieron ser más favorables: se había casado con Alma en 1902 y su hija Anna nació mientras estaba centrado en su composición.

El director Wilhelm Furtwängler, otro nombre mítico, la consideraba la primera obra nihilista de la historia de la música. Otro mito de la dirección, su amigo Bruno Walter, nunca se atrevió con esta sinfonía. Los músicos de la Orquesta Nacional de España reflejaban en sus rostros la concentración por la complejidad de la partitura y por la alta carga emocional de la misma.

Dividida en cuatro movimientos, el primero arranca con un tema como si fuese una marcha. Este tema será constante a lo largo del movimiento. Como si fuese un estribillo (siempre me quedé con ganas de haber grabado una versión heavy a base de tres o cuatro guitarras eléctricas). Y volverá a aparecer, con variantes, en el tercer y cuarto movimiento. Este último es de una intensidad magistral. De larga duración -ayer fueron 35 minutos- es un torbellino sonoro de emociones. Sencillamente sobrecogedor.

La ovación al finalizar el concierto fue atronadora. La Mundana y un servidor nos desgañitamos con nuestros “¡bravos!”

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