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Adíos a José José, el príncipe de la canción

Ayer conocimos la noticia del fallecimiento de José José. el príncipe de la canción. No por esperada es menos dolorosa. Una vida de éxito profesional que escondía aspectos más oscuros. Aunque la vida del ídolo (la de los ídolos en general) y sus problemas fuesen de sobra conocidos.

La vida artistica de José José es la de los cantantes de toda la vida. Interpretes de grandes facultades vocales siempre a la caza de repertorio. Comienzan haciendo versiones, en su caso de éxitos contemporáneos, españoles e italianos, o de clásicos de la música popular romantica. Hasta lograr la confianza de autores consagrados y logran codearse con ellos para que les compongan. José José cantó a los mejores.

Siempre recordaré uno de mis primeros viajes profesionales a México. CBS había fichado a Emmanuel y se organizó una presentación en México para las compañías de los países de habla hispana. Congeniamos. Y trabé amistad y confianza con su representante Angelo Medina, puertorriqueño. Nos unía nuestra pasión por el baloncesto. Años después me presentó a Piculín Ortiz, exNBA y compatriota suyo, quien acababa de fichar por el Real Madrid (Angelo se había convertido en manager de Chayanne y Ricky Martín, ambos de CBS/Sony). Cenamos en la antigua La Trucha, al lado de la madrileña Plaza de Santa Ana. Pero volvamos a México y a una noche inolvidable en Plaza Garibaldi.

Tras los actos oficiales de la presentación me empeñé en ir a la Plaza Garibaldi. A los compañeros de la compañía mexicana no les hacía demasiada gracia la propuesta. A los argentinos tampoco. A Emmanuel le chocó mi interés y apreció las razones que expuse (para entendernos: podría ser el equivalente a nuestros tablaos con unas características especiales como es que en cada bar/taberna contratas a los mariachis para que te canten). A la expedición se apuntaron los colegas peruanos, colombianos y venezolanos. Emmanuel y Angelo se encargaron de movilizarnos y les vi haciendo llamadas.

Cuando llegamos a la plaza, nos dirigieron directamente a una de las muchas terrazas. Era la del local al que previamente habían avisado. A los mariachis se les notaba entre expectantes y emocionados. Lo achaqué a la presencia de Emmanuel, el ídolo mexicano del momento. En el transcurso de la siguiente media hora entendí lo que les pasaba: fueron apareciendo José José, Juan Gabriel y Juan Luis Guerra (quien poco después le produciría un disco a Emmanuel). Para que la gente del rock lo entienda, es como si de repente surgen Joe Cocker, Bob Dylan y Bob Marley (por lo del Caribe anglo).

No hay palabras para describir la admiración que estas estrellas mostraban ante la voz de José José. Constantemente le pedían que cantase esta o aquella. Canciones propias o ajenas a su repertorio habitual.

Se corrió la voz y la gente se fue agolpando a nuestro alrededor.  En silencio respetuoso. Que solo rompían para aplaudir o reír algunas de las anécdotas que contaban los artistas. Fue, como supondrán, una noche mágica. Entre tequila, canciones e ilustres de la música popular. Y un privilegio para mí haberle escuchado en directo. La primera y última vez. ¡Gracias José José! Y por supuesto, gracias a Emmanuel y Angelo que lo hicieron posible.

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Joan Baez en España

JB TVE

Joan Baez se ha despedido de los escenarios con una gira que finalizó con varias fechas en España. La última de las cuales fue en Madrid: el pasado 28 de julio en el incomparable marco del Teatro Real. Cuando la conocí en los 70 me contó que había vivido en España, por el trabajo de su padre en la UNESCO.

Joan Baez (Nueva York, 1941) de padre mexicano y madre escocesa, ambos de ascendencia religiosa por parte de sus padres (los abuelos de Joan: el paterno dejó el catolicismo y México para mudarse a EEUU y convertirse en un pastor metodista mientras el materno era sacerdote anglicano).

La primera vez que visitó profesionalmente España –hasta donde yo sé– fue para promocionar su excelente álbum “Diamonds & Rust“. El LP fue un éxito en su época (1975) y marcaba un giro en la carrera de Joan Baez: era el disco que incluía más composiciones propias. Conocida como interprete, sus grabaciones aportaban otro color a canciones de autores conocidos o desconocidos (que ella ayudaba a popularizar). En este sentido “Diamonds & Rust” es su composición propia más lograda. Dos años después de editarse, Judas Priest hicieron una versión en su álbum “Sin After Sin” (1977). Ritchie Blackmore también la grabó –en los 90- junto a su compañera Candice Night. En su momento se rumoreó que Baez había compuesto esta canción basada en una llamada intempestiva de su ex, Bob Dylan. Y que era una especie de ajuste de cuentas sobre la relación que habían mantenido diez años antes. Años después el rumor quedó confirmado cuando lo dejó caer en un par de entrevistas y en  su autobiografía.

Antonio San José escribió aquí,  en noviembre de 2008, sobre su entrevista a Joan Baez en Madrid. Una anécdota deliciosa. Les recomiendo su lectura (y si se animan les sugiero que también lean los comentarios al post).

Por mi parte la conocí (como entrevistador también) en ese mismo viaje promocional y guardé muy buena impresión de ella.

Este álbum, “Diamonds & Rust“, era el siguiente al “Gracias a la vida” (1974), su disco en español, en el que recogía su herencia hispana y parte de sus inquietudes políticas. La edición en España pasó desapercibida. Me contaron que hubo problemas con la censura (aún vivía el dictador). Cuando entré en Epic (CBS), como jefe de producto de A&M Records en junio de 1977, los jefes de A&M me contaron del interés que Joan Baez tenía por recuperar esta grabación. Los problemas de la distribuidora anterior (Ariola) ya deberían haber pasado a la historia por el cambio político que se estaba produciendo en España (muerte de Franco, elecciones generales, etc.). Por mi experiencia en medios y la serie Gong era consciente del potencial comercial de “Gracias a la vida“. Me pareció muy acertada la sugerencia y pedí la colaboración de la artista. Estaba en Los Ángeles en una convención de A&M donde la gente de CBS Europa éramos los protagonistas (por el contrato de distribución recién firmado). Coordinaron una llamada telefónica y la expuse mi planteamiento: insistí que para la naciente democracia española su presencia en España con este álbum podría ser un espaldarazo. Ella estaba por la labor (la sugerencia de rescatar el disco fue suya) y no puso ninguna pega. Se comprometió a hacer televisión. Con lo que eso implicaba (tanto los artistas cool norteamericanos como los concienciados no hacían teles en esos días).

Al volver a Madrid el director de Epic se entusiasmó con la idea y enseguida sugirió hacer el programa de José María IñigoEsta noche fiesta” (se realizaba en el Florida Park del parque de El Retiro). Él sabía que Iñigo, con quien mantenía excelentes relaciones, admiraba a Joan Baez. Dado el carácter comercial, o como quieran llamarlo, del programa pedí una diferenciación. Otro marco escénico. Un telón negro de fondo. Y que la actuación fuese en directo, guitarra y voz (esto fue una petición de la artista). A Baez le pareció muy oportuno este cambio de look del programa para sus dos canciones. Iñigo, entusiasmado, aceptó nuestras pretensiones. Iba a ser la primera vez que Joan Baez actuaría en TV en España.

Cuando llegó a Madrid, para hacer promoción de “Gracias a la vida” y la aparición en TVE, me encontré a una Baez espléndida, encantada y feliz. En nuestra primera conversación telefónica ya la había recordado que nos conocíamos. Esta vez pasamos más tiempos juntos. Su curiosidad por todo lo que estaba sucediendo en España era tan grande como su conocimiento del país y su cultura. Años después, en los 80, descubriría hablando con John Hammond lo importante que la Guerra Civil española había sido para la izquierda estadounidense, sobre todo la neoyorquina (parte de estas conversaciones están reflejadas en mi dos últimos libros: “Bikinis, Fútbol y Rock & Roll” y “Rock ‘n’ Roll: el ritmo que cambió el mundo“).

Las canciones a interpretar en el programa de Iñigo las habíamos acordado en una ultima llamada telefónica, antes de llegar a España.

En nuestras charlas la legalización del PC, la vuelta de exiliados y las primeras elecciones generales, celebradas hacía unos meses, fueron los temas más comentados. Sugerí que un comentario suyo al respecto sería muy apropiado. Y un golpe de moral  para todos quienes ansiábamos la consolidación democrática (y estábamos temerosos de los ruidos de sables). Me aseguró que contase con ello. Entendió perfectamente que era una oportunidad que no podía desaprovecharse (solo había dos canales de TV entonces).

Había notado su admiración por La Pasionaria. Su alocución (dedicándola un tema) no me sorprendió tanto como a Iñigo (quien palideció a pesar de la legalización del PC y la condición de diputada de la histórica dirigente comunista). Elegir cantar “No nos moverán” era un clara declaración de intenciones (por el paralelismo con el “No pasarán”).

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Elliot Roberts (1943-2019)

Trasher's Wheat 1985

Ayer me enteré del fallecimiento de Elliot Roberts, un gigante de la industria musical estadounidense. Sucedió el día 21 de junio. Tenía 76 años, cumplidos el pasado mes de febrero.

Nacido y criado en el Bronx neoyorkino acortó su apellido judío (Rabinowitz) y tras abandonar los estudios universitarios (dejó dos carreras) quiso ser actor. Empezó a trabajar en el departamento de envíos de la William Morris Agency de Nueva York. Ahí conoció a David Geffen, otro gigante. Aunque debería decir que Geffen es el gigante de la industria cultural de Estados Unidos. Esta relación devino en amistad y compartieron negocios y aventuras empresariales (Geffen-Roberts Company y Asylum Records en 1971).

Fueron Geffen y Roberts quienes convencieron a Bob Dylan para que abandonase su discográfica de siempre (Columbia Records/CBS) para unirse a la discográfica Asylum y a su oficina de representación (Geffen-Roberts Co.). Editó dos álbumes con ellos: “Planet Waves” y “Before The Flood“, un doble en directo con The Band. Posteriormente Dylan volvería a su casa de siempre.

En 1973 Geffen, Roberts, Elmer Valentine (dueño del Whisky a Go-Go) y Lou Adler abrieron el club The Roxy en el Sunset Strip de West Hollywood. Neil Young inauguró el local.

Roberts y Geffen dejaron de ser socios por culpa de terceros. Un joven agente, Irving Azoff, que trabajaba en la Geffen-Roberts Co. fue el causante principal del cisma: The Eagles cambiaron de pareja de baile, abandonaron a Geffen-Roberts y se fueron con Azoff, quien montaba su propia oficina. Geffen y Roberts, ambos impulsivos y apasionados, chocaron en su forma de afrontar la situación. Geffen fue frío y cerebral y Roberts diríamos que más hippy. El primero tomó una actitud profesional y siguió trabajando con Azoff (convenció a Warner Bros. para que le financiase un sello, Giant Records) y los Eagles (en Asylum y luego en Geffen Records, donde también tuvo a Don Henley), mientras que Roberts roto el amor fraternal juró odio eterno al traidor y al grupo. Y formó Lookout Management. Las malas lenguas dicen que la movida de Geffen con Azoff fue para quitárselo de en medio de MCA (donde presidía la cia.) y poder vender Geffen Records a los nuevos dueños de MCA.

El primer descubrimiento de Roberts fue la canadiense Joni Mitchell. La vio actuando en un club del Greenwich Village de Nueva York (Cafe Au Go Go) en 1966. Se mudaron juntos a Los Ángeles, a Laurel Canyon (centro artístico y bohemio). Les acompañaba el entonces novio de Mitchell, David Crosby. Al poco se les unió David Geffen. Ya situados en la costa oeste Joni Mitchell le habló de un compatriota suyo, Neil Young, que estaba en un grupo (Buffalo Springfield). Curiosamente fue Young quien provocó que la banda prescindiese de los servicios de Roberts. Cuando ellos se separaron, a los 18 meses de formarse, Neil Young llamó a Elliot Roberts para que fuese su manager. Quería empezar su carrera en solitario. Ha sido representante suyo hasta la fecha de su muerte. Son más de cincuenta años. Y “aguantar” a Neil Young no es fácil… Jimmy McDonough, autor de la biografía de Young, escribía al respecto de la relación Young/Roberts que “Ha habido otros equipos infames en el rock and roll –Dylan y Albert Grossman, Ray Charles y Joe Adams, Bruce Springsteen y Jon Landau– y, por supuesto Elvis y el Coronel Tom Parker. Elliot Roberts definitivamente vive en este salón de la infamia y es el único ser humano capaz de guiar la carrera de Neil Young.”

Con Joni MItchell rompió en 1985. La foto de Trasher’s Wheat en la que vemos a Young, Mitchell y Roberts es de ese 1985.

Roberts también fue manager (con o sin David Geffen) entre otros de Crosby, Stills & Nash, Crosby, Stills, Nash & Young (“el pegamento que nos mantenía unidos” ha declarado Graham Nash), Jackson Browne, America, Devo, Talking Heads, The Cars, Tom Petty, Tracy Chapman (su último descubrimiento de relieve) además de los ya mencionados anteriormente.

Cuando llevé el marketing internacional de Geffen Records en NY tuve el inmenso honor de conocer a Elliot Roberts. (David Geffen tenía un contrato de distribución con Warner Bros. para EEUU y Canadá y otro con CBS para el resto del mundo; Warner eran socios de Geffen Records). Me tocó trabajar con él en tres proyectos: Neil Young (dos álbumes), Joni Mitchell y el debut en solitario de Ric Ocasek, el líder de The Cars.

Con Ocasek no hubo nada que hacer. Aparte de trabajar para que se editase en los principales mercados del mundo. El álbum era flojo. No funcionó en EEUU, ni en ventas ni tuvo el apoyo de la crítica musical. No había ninguna historia que contar. En cambio con Joni Mitchell fue otra cosa. Dada la vertiente pintora de la cantautora, y que la portada del álbum “Wild Things Run Fast” era obra suya, Roberts y Mitchell tuvieron la idea de organizar presentaciones del disco en galerías de arte (en conjunción con sus pinturas). En Estados Unidos solo consiguieron hacerlo en Los Ángeles. Por mi parte coordiné con las compañías de  Inglaterra, Italia, Australia y Japón para hacerlo en Londres, Milán, Sydney y Tokyo. Salí bien parado del asunto aunque ella echó de menos no haber estado en París. Aún recuerdo la mirada de Elliot Roberts a Joni Mitchell: la calló. Y rápidamente paso a agradecer lo que CBS Records International había logrado.

Lo mejor de nuestra relación sucedió en San Francisco, en el rancho de Neil Young (una hora al norte de la ciudad). Young debutaba en Geffen Records con un disco difícil “Trans“. Influenciado por Kraftwerk se alejaba drásticamente de lo que sus seguidores podían esperar. El trasfondo del disco eran los ejercicios vocales que practicaba con su hijo Ben, quien sufría parálisis cerebral infantil. (Pero eso no lo sabíamos entonces). Young había accedido a recibir periodistas musicales y críticos en su rancho, para pasar el día con él, hablar del disco, etc. Las delegaciones australianas y japonesas habían llegado directamente y ya estaban en el rancho cuando llegué desde NY con los ingleses, Antoine de Caunes y su equipo de TV de Francia, la corresponsal italiana de la RAI, un par de medios alemanes y uno holandés. Nos recibió Elliot Roberts en el aeropuerto de LA. El trayecto fue todo un muestrario de Roberts. Todo lo que me habían contado era cierto: despierto, buena persona, bromista, rápido, inteligente, encantador, etc. Recuerdo vívidamente dos temas: la historia de porque Neil Young y él se habían comprado esos terrenos. La idea era que, según estudios geológicos que hablan sufragado, cuando los movimientos de la Falla de San Andrés fuesen perceptibles, sus propiedades se convertirían islas del Pacífico. Cuándo le pregunté cuando ocurriría eso, me contestó entre risas que en unos miles de años. Y se encendió un porro (que ya llevaba liado). El segundo asunto fue cuando nos llevó por unas carreteras rurales, con pequeñas subidas que tomaba a gran velocidad (como si fuesen dunas) y el todo terreno literalmente volaba hasta caer sobre sobre suelo firme de nuevo. El vehículo que nos seguía, con el resto de la expedición, le pitaba (asumo que pidiéndole prudencia).

Al llegar a la casa de Neil Young, nos esperaba con su familia, músicos, amigos y los australianos y japoneses que habían llegado antes. El salón era lo que te esperabas. Rústico, lleno de guitarras, amplis, una enorme chimenea, muebles de madera, telas en las paredes, alfombras cubriendo todo el suelo. Y una peste a marihuana que ya te embriagaba. Improvisamos una pequeña rueda de prensa mientras preparaban la cena. Tras la parte profesional del asunto nos relajamos, comimos, bebimos y Young nos tocó un par de temas con sus amigos músicos. Tuve ocasión de charlar con él. Le felicité por el riesgo que asumía con “Trans“. No es fácil que un artista de renombre de un cambio estilístico tan acusado y se lance al barro de esta manera. Estaba especialmente interesado en la opinión de los alemanes (por lo de Kraftwerk). A Roberts (y a Young) le gustó lo que dije. Y creo que fue ahí cuando me gané la confianza del manager. Respecto a mi comentario sobre asumir riesgos soltó irónicamente que David (Geffen) no compartía mi punto de vista. Años después Geffen demandó a Young por no entregar obras acorde a su estatus, por los que la compañía le pagaba un millón de dólares de adelanto.

Lo último que supe de Roberts fue la semana pasada. Unas declaraciones suyas respecto al incendio que afectó a muchos de las cintas originales propiedad de Universal (y los sellos que ha ido absorbiendo o creando). Decía: “Es un crimen que hayan desaparecido los masters originales de Billie Holiday o Buddy Holly o de todos esos artistas de los 40 0 50. Cuando la industria discográfica empezó a declinar hace unos 15 años, la gente (por los ejecutivos) fue reticente a hacer copias porque costaba dinero. Cuesta de 2.500$ a 3.000$ convertir un original analógico a una copia digital de audio en alta resolución. No quisieron gastarse el dinero… Es trágico.”

 

 

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Aretha Franklin en el Apollo de Nueva York

Apollo 1971

Nueva York fue una ciudad clave en la carrera profesional de Aretha Franklin. Ahí llegó desde Detroit y con 18 años John Hammond la fichó para Columbia Records (CBS). Luego pasó a Atlantic Records, la discográfica neoyorquina por excelencia, bajo el manto de Jerry Wexler (y por supuesto de Ahmet Ertegun, uno de los tres cofundadores de la compañía). En el teatro Apollo de Harlem actuó una docena de veces. La primera como telonera de los teloneros. La última del cartel y por tanto la primera en salir al escenario. El 4 de junio de 1971 regresaba al Apollo como gran figura y el teatro en su marquesina anunciaba que “She’s home Aretha Franklin” (Aretha Franklin está en casa). Las fotos en blanco y negro corresponden a esta fecha.

Apollo 1971 colas

El Apollo rindió ayer su homenaje a la desaparecida reina, no solo del soul, porque era, es y será la reina de la música popular. La gente se agolpó en las afueras del teatro donde bailaron y cantaron sus canciones y depositaron flores sobre la placa con su nombre.

 

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Eterno Michael Jackson

Inv fiesta Thriller NYEn los siete últimos días el eterno Michael Jackson ha reaparecido en mi vida en dos ocasiones. Primero fue en el muro del Facebook de Susan Blond, en su día vicepresidenta de prensa y publicidad de Epic Records en EEUU y anteriormente integrante de la factoría Warhol. Fue gracias a ella que contactamos con Andy Warhol para la portada del que sería el último álbum de Miguel Bosé para CBS.

Entre las muchas “heroicidades” de Blond (como llevar a Truman Capote a un concierto de Ted Nugent) destaca una sobre todas: la fiesta para celebrar el histórico éxito del “Thriller” de Michael Jackson. Se celebró en el Museo de Ciencias Naturales de Nueva York (en Central Park West con la 79, a siete manzanas del Dakota, en la mejor zona del Upper West Side ).

La entrada al recinto impresionaba: te recibía un imponente esqueleto de dinosaurio, la luz era tenue y el “Thriller” sonando a todo volumen creaba la sensación de una discoteca surrealista (posteriormente el museo fue el escenario de las películas “Una noche en el museo” con Ben Stiller).

El guante de la foto es la invitación. Que perdí: asumo que debí dejármelo en uno de los bolsillos del smoking que alquilé (la fiesta era de gala, black tie). Los nombres que convocaban eran los de Walter Yetnikoff, el todopoderoso presidente de CBS (orquestó la venta a Sony); Don Dempsey, presidente de Epic Records y Allen Davis, presidente de CBS Records International (mi división).

Tan solo puedo añadir que esta fue la mejor fiesta de mi vida y mira que he asistido a unas cuantas… Es obvio resaltar que el enjambre de estrellas (y seguratas) que acudieron fue descomunal.

La semana continuó con las desafortunadas declaraciones de Quincy Jones a Vulture. Venian precedidas de unas en el mismo tono en GQ. Como comenté en las redes sociales el veterano maestro está muy lenguaraz en su tercera edad. Y desvela asuntos íntimos que afectan a terceros (Marlon Brando y Richard Pryor) y emite opiniones digamos que discutibles sobre varios artistas (desde Beatles hasta Taylor Swift). Este afán de notoriedad viene acompañado de amargura y resentimiento. Víctor Lenore refleja mi sentir respecto a QJ hoy lunes en El Confidencial. Adjunto como imagen esta parte del articulo (en el enlace pueden leerlo completo), que es el párrafo final.

MJ Confi

Sobre las preguntas de Lenore, son difíciles de contestar. En la música popular las coincidencias e influencias están a la orden del día. Las canciones son puzzles de muchas obras anteriores. A veces, evidentemente, hay mala voluntad. Y otras son errores involuntarios. En cualquier caso los campeones en estos asuntos son Led Zeppelin.

Termino con una anécdota que creo es bastante ilustrativa. Recuerdo a Juan Pardo contándome como se entusiasmó con una composición nueva. Convocó rápidamente a todo el mundo para presentarla: discográfica, editorial, representante, algunos de los músicos con los que quería grabar inmediatamente. Estaba convencido de tener un hit mundial. Todos en su casa. Atentos y expectantes. La interpretó al piano. Silencio ensordecedor. Hasta que una voz se atrevió a señalar: “Es “My Way“.”

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Va por ti Simone

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Va por ti Simone Bosé. Aun no me he recuperado del shock que me produjo tu repentino fallecimiento el pasado 31 de diciembre. Anoche viendo el This is it de Michael Jackson en la 2 volvieron a florecer muchos recuerdos… los que fueron y también los que pudieron ser (como ese sello flamenco…).

Nos conocimos en los 80 en CBS (luego Sony). Enseguida nos hicimos amigos. Eramos una buena pandilla y disfrutamos nuestro trabajo, que adorábamos, y de la entonces pujante noche madrileña. Volvimos a coincidir en Polygram (hoy Universal).

Cubrimos juntos la gira de Bad en España. Las fotos son de entonces, de la actuación de Madrid. Recordando anécdotas tan solo me arrepiento de haberte frenado en Marbella cuando te fuiste a por el impresentable de Mariñas.

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¡Va por ti Simone!

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La primera actuación de Bruce Springsteen en España

La gran Patricia Godes es la comisaria de la exposición Live Music Experience, que refleja cuatro décadas, 40 años de música en vivo en nuestro país.

Live Music Experience propone un recorrido por los entresijos de los escenarios, a través del cual, el visitante se convierte en el verdadero protagonista y estrella del concierto.

Los más de 1.200 metros cuadrados de la sala de exhibiciones de AlhóndigaBilbao se convierten en el backstage desde el que se puede acceder a su vez a cuatro espacios temáticos: La década de los 70, los 80, los 90, los 00, y un quinto centrado en el panorama local.

La muestra parte de la memorabilia del promotor musical Gay Mercader. Sobre su colección de guitarras, entradas y otros objetos dignos de la vitrina del melómano más fetichista, se configura el resto de la muestra.

Patricia me contactó para que escribiese una nota para el catalogo. Tenía que ser sobre alguno de los conciertos organizados por Gay & Co., y obviamente uno al que hubiese asistido. Me propuso el primero de los Rolling Stones en la (plaza de toros) Monumental de Barcelona. Estaba de viaje y cuando la contesté esa misma noche ya estaba adjudicado. Me mandó una lista de sugerencias y observé que faltaba la primera actuación de Bruce Springsteen en España. Me apropié del tema (también me interesé por el primero de Frank Zappa y sus Mothers of Invention en Badalona). A continuación pueden leer mi aportación para el catalogo de la exposición que se inaugura hoy.

La primera actuación de Bruce Springsteen en España

Tuve la fortuna de haber asistido al mítico concierto de Bruce Springsteen & the E Street Band en el Hammersmith Odeon de Londres. Era la primera vez que actuaban en Europa. El Boss venía a presentar su tercer LP Born To Run. Corría el año de 1975. Un par de días antes de la muerte del dictador (Franco). Me había invitado la CBS, su discográfica (por aquel entonces trabajaba en medios de comunicación). Así que años más tarde, incorporado a las filas de CBS como responsable de su producto internacional en España, parecía lógico que echase el resto para intentar su venida a nuestro país.

Ante el descomunal The River y la posibilidad de una gira europea de apoyo, me puse manos a la obra. Con dos objetivos claros: convencer a la cia. para que apoyasen mi plan (precisaba musculo financiero), y encontrar un promotor que se arriesgase en la aventura. En realidad era una cadena: una cosa llevaba a la otra, pero era indispensable que estuviesen coordinadas.

Pensar en Gay Mercader era obvio. Le avalaba su prestigio, ganado a base de su buen hacer, y un gran equipo que respaldaba su liderazgo. Y nos conocíamos de hacía años. Ganada la confianza de la discográfica tenía que convencer a Gay para que moviese sus hilos. Mientras yo hacía lo propio con las más altas instancias de mis empleadores.

No fue fácil. El siempre espinoso asunto económico fue el menor de los problemas (cubriríamos las perdidas). La complicación residía en la fecha y el encaje del itinerario (en aquella época España todavía no estaba plenamente encajada en el mapa de las giras europeas). Y las posibles alternativas siempre giraban alrededor del temido parón de las vacaciones de Semana Santa.

Finalmente las posibilidades se centraron en la ciudad de Barcelona el martes 21 de Abril de 1981 (justo después del Lunes de Pascua, festivo en la Ciudad Condal, y por tanto una fecha difícil). Si la memoria no me falla se cambió el local inicial a uno mayor: el Palacio Municipal de Deportes de Montjuich.

En el aeropuerto al presentarme le recordé a Springsteen lo de Londres (después de la actuación del Hammersmith le había entrevistado; yo tenía tan solo 19 años). Decía que se acordaba. Me pareció que estaba siendo educado. Nos fuimos al hotel y una vez ahí le organizamos una excursión por la Barcelona de Gaudí. También vinieron Landau, Marsh, Carr y algunos más que no recuerdo.

John Landau fue el motor de la carrera de Bruce Springsteen. Primero desde las páginas del Rolling Stone y después como productor y manager (que sigue siendo). Suya es la frase “He visto el futuro del Rock & Roll y se llama Bruce Springsteen”. Dave Marsh era crítico del Rolling Stone y su esposa Barbara Carr, mano derecha de Landau, llevaba el booking de las giras.

Acabo de sentir lo mismo que cuando vi por primera vez a Elvis en el Ed Sullivan Show” comentó el Boss ante la Sagrada Familia. Entendí perfectamente lo que quería decir. Y más viniendo de un rockero de los auténticos… El Parque Güell fue otro cuelgue… El concierto del 21 de abril también fue memorable. Como casi tres décadas después recordaba Marsh en su libro cuando dice que el mejor concierto que ha visto en su vida fue ese de Barcelona. Y además recuerda el recibimiento de la gente que les esperaba de madrugada en el hotel, después de llegar de una pequeña fiesta que les habíamos preparado.

Desde los primeros acordes de “Factory”, la canción que abrió el show, el delirio se apoderó de quienes casi llenábamos el recinto deportivo. Siguió con “Prove It All Night”… hasta las 26 que completaron el set list. Alternó temas de Born To Run (3), Darkness On The Edge Of Town (6), y The River (11) con una de cada uno de sus dos primero discos (“Rosalita” fue el cierre antes de los 3 bises, iniciados con “Born To Run” más dos covers) y varias versiones (2 de John Fogerty, una de la Creedence; el popurrí de Detroit; y una de Woody GuthrieThis Land Is Our Land”).

Aquella actuación de Abril del 81 fue sin ningún género de dudas el inicio de un largo romance de Bruce Springsteen con Barcelona.

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