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“Hijos del agobio” de Triana en Ozono

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Revolviendo papeles y cajones me encontré con un Ozono de la segunda etapa de la revista. Hojeando el ejemplar descubro que escribí una reseña del “Hijos de agobio” de Triana. La sorpresa fue doble. Porque no recordaba haberla escrito ni que hubiese colaborado con la revista en ese segundo ciclo. De hecho un mes después entré en CBS (en Epic concretamente). Tenía 21 años (cumplidos en febrero) y ya era mayor de edad (entonces la mayoría estaba en los 21). Ya me habían declarado “no apto” para el servicio militar.

Respecto a la crítica me llama la atención, para bien, que se le dedicase una pagina entera a este magnífico segundo disco de Triana. Y no me gusta como la termino. Acaba un poco bruscamente. Quizás la frase final fuese un párrafo aparte y por problemas de espacio se incorporase al penúltimo. No sé, el caso es que no me convence. Tenía que haber rematado mejor la faena.

Estuve presente en toda la grabación de “Hijos del agobio” y siempre me apunto el mérito de “Sr. Troncoso“, con esa guitarra eléctrica final de Antonio García de Diego a sugerencia mía.

La portada de la revista es muy buena. Un orgullo y todo un honor haber sido parte del equipo fundacional de la misma.

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Llevo fatal lo de no tener fútbol

Fútbol

Sé que es una frivolidad pero llevo fatal lo de no tener fútbol. Entiendo que se perciba, en estos duros momentos que nos ha tocado vivir, como falta de solidaridad y empatía por mi parte. En nuestro caso, España, no habíamos vivido una tragedia parecida, en número de fallecidos, desde la guerra civil y la posguerra. Entiéndanme bien: para mi el fútbol es el eje sobre el que gira mi agenda. Sean partidos en directo o televisados. Siempre ha sido así. Sin partidos estoy perdido, desorientado.

Desde pequeño mi padre me llevaba a partidos. Planeábamos viajes alrededor de ellos. Y de mayor mi agenda profesional ha estado siempre supeditada al calendario futbolero. Nunca he organizado eventos, o acudido a ellos, si coincidían con partidos importantes o que me interesasen. Cuando CBS me ofreció ir a trabajar a Nueva York, a la central, solo puse una condición: tener un mes libre para asistir al Mundial de España 1982. Era consciente de las condiciones laborales en EUU en las que solo había dos semanas de vacaciones, tres si eras vicepresidente o llevabas 10 años en la empresa (no cumplía ninguna de las dos condiciones).

Ahora el pilar sobre el que se sustentaban mis actividades ha volado. Me cuesta organizarme. Estoy desordenado (y eso que tampoco tengo mucho que hacer). En consecuencia me encuentro que me falta tiempo. Todo un contrasentido estando ocioso…

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Miles Davis en Milán (1964)

En estos días de confinamiento y para hacerles pasar el trago les traigo un concierto de Miles Davis, un genio de la música. Digo de la música y digo bien, porque sus aportaciones van más allá del jazz en sus variadas encarnaciones. Es del 11 de octubre de 1964 en el Teatro del Arte de Milán (hoy parte del complejo Triennale di Milano).

La formación que acompaña a Miles Davis es legendaria: es la del llamado Segundo gran quinteto que duró de 1964 hasta 1968 (el Primer gran quinteto contaba con John Coltrane). Y me doy cuenta ahora que en mis 14 años y medio en CBS/Sony conocí a todos los integrantes. A Ron Carter, el único no asociado con CBS o Sony, me lo presentó Herbie Hancock una nochevieja, en la que nos invitó a una all star jam en el Blue Note neoyorquino. Además Carter era un asiduo de los clubes de jazz de NY y tocaba frecuentemente en el Bradley’s, bien como parte del cartel o como última parada antes de regresar a casa después de una actuación.

Miles Davis: trompeta

Wayne Shorter: saxo tenor

Herbie Hancock: piano

Ron Carter: contrabajo

Tony Williams: batería

 

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Pésimo artículo en Icon sobre música italiana

Fontana

Leo pasmado un pésimo artículo en Icon (revista supuestamente cool que regalan un sábado al mes con El País), firmado por Eduardo Bravo. Versa sobre el devenir de varias estrellas de la gloriosa música pop italiana. Hay olvidos clamorosos como los de la gran Mina, Lucio Dalla, Claudio Baglioni, Milva, Franco Battiato, Iva Zanicchi, Jimmy Fontana (su “El mundo” de 1965 compitió en España con el “Help” de The Beatles por ser la canción del año; la italiana perdió el n.º 1 a manos de los de Liverpool para reconquistarlo de nuevo un par de semanas después), etc. (Puedo entender la ausencia del gran Lucio Battisti por su fallecimiento en 1998). Pero además hay algunos fallos imperdonables. El primero de ellos es no mencionar el gran doble álbum de Adriano Celentano con Mina “Tutte Le Migliori” del 2017. Esto solo puede significar que el texto está poco trabajado y que Bravo no ha hecho los deberes (de haberlos hecho habría superado su desconocimiento del disco al repasar en su texto la actualidad de Celentano).

Con todo lo peor es asumir un flagrante error ajeno: un artículo de Diego Manrique del 2017. Casi tres años después Eduardo Bravo reivindica la metedura de pata y la hace suya. Bravo escribe en sus dos primeros párrafos:

“Hubo una época en que los artistas italianos causaban furor en España. En nuestro país se hincharon a vender discos, aparecieron en la televisión, las radios y las revistas, actuaron en las ciudades más importantes, en los pueblos más recónditos y, un buen día, nada más se supo de ellos.

La razón para esta ausencia, la daba Diego A. Manrique en un artículo para EL PAÍS en el que explicaba: “La eliminación de la música italiana en España coincidió con la implantación de multinacionales del disco estadounidenses como CBS o Warner, que potenciaban el producto que llegaba desde su casa matriz”.”

Primer error: antes de la implantación en España de CBS (1970) y Warner (entonces WEA, a principios de los 80) existió RCA, la primera multi estadounidense en España y durante un par de décadas la única. La saco a colación porque la RCA italiana fue la gran casa de la música italiana desde los años 50. Y la repercusión de su catalogo en España fue notorio. El ejemplo a seguir por todos. No solo luego por CBS y Warner, también por otras multis como EMI o Philips/Polygram así como los más destacados sellos nacionales (Zafiro, Hispavox, etc.).

En el caso de las estadounidenses, puedo hablar por experiencia propia de CBS (en sus dos sellos, tanto CBS como Epic): desde 1978 hasta 1981 y de 1986 a 1992 ocupé distintas posiciones en las que me encargaba de las grabaciones en español de los artistas italianos. Y es totalmente falso lo que afirma Manrique y corrobora Bravo.

Por no entrar en un conflicto de credibilidad y de mis palabras contra las de ellos, me limitaré a señalar los artistas seleccionados por Bravo. E identificar a las compañías españolas cuando estas sean propiedad de matrices estadounidenses. Es decir RCA, CBS y Warner (las cito por orden cronológico de establecimiento en nuestro país):

Domenico Modugno RCA desde 1970

Nicola di Bari RCA

Ricchi e Poveri un par de éxitos con RCA y luego varios con CBS en 1981 (incluido el mayor). Todos eran originalmente de independientes italianas.

Umberto Tozzi Epic (CBS). En Italia era de una importante compañía local.

Nek Warner

Jovanotti

Sandro Giacobbe CBS

Pino D’Angio su “¡Qué idea!” fue RCA en España

Al Bano y Romina Power tienen algunas producciones en Epic (su mejor época) provenientes de una discográfica italiana y desde mediados de los 80 hasta finales de los 90 en Warner.

Raffaella Carra RCA y luego CBS, primero desde una independiente italiana y luego fichada por CBS Italia.

Gianna Nannini

Patty Pravo RCA

Gigliola Cinquetti  CBS entre 1972 y 1977 (independiente en Italia).

Matia Bazar

Renato Carosone

Gianni Bella CBS (independiente en Italia).

Laura Pausini Warner (primero independiente en Italia, DRO aquí, y luego Warner Italia).

Eros Ramazzotti

Adriano Celentano

Es decir de un total de un total de 19 artistas mencionados en Icon 13 están vinculados a las multinacionales estadounidenses afincadas en España. ¡Toma teoría la de Manrique! Les recuerdo su afirmación: “La eliminación de la música italiana en España coincidió con la implantación de multinacionales del disco estadounidenses como CBS o Warner, que potenciaban el producto que llegaba desde su casa matriz”. Además hay un matiz, muy importante, que refuta aún más, si acaso fuese posible, la peregrina teoría de Manrique. Los más perspicaces habrán observado que he hecho algunas anotaciones respecto al origen de las producciones de los artistas seleccionados por Bravo. Me refiero a que varios eran fichados desde compañías independientes italianas (traduzco: 10 del total de los 19 y 7 de los 13 artistas vinculados a multis estadounidenses en España eran de productoras locales italianas). Esto quiere decir que especialmente CBS, y también Warner en menor medida, no solo trabajaban (trabajábamos) producto de las compañías hermanas es que también buscaban (buscábamos) éxitos provenientes del granado mundo de las potentes disqueras independientes italianas. Así que eso de eliminar la música  italiana nasti de plasti!!!

 

 

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Adíos a José José, el príncipe de la canción

Ayer conocimos la noticia del fallecimiento de José José. el príncipe de la canción. No por esperada es menos dolorosa. Una vida de éxito profesional que escondía aspectos más oscuros. Aunque la vida del ídolo (la de los ídolos en general) y sus problemas fuesen de sobra conocidos.

La vida artistica de José José es la de los cantantes de toda la vida. Interpretes de grandes facultades vocales siempre a la caza de repertorio. Comienzan haciendo versiones, en su caso de éxitos contemporáneos, españoles e italianos, o de clásicos de la música popular romantica. Hasta lograr la confianza de autores consagrados y logran codearse con ellos para que les compongan. José José cantó a los mejores.

Siempre recordaré uno de mis primeros viajes profesionales a México. CBS había fichado a Emmanuel y se organizó una presentación en México para las compañías de los países de habla hispana. Congeniamos. Y trabé amistad y confianza con su representante Angelo Medina, puertorriqueño. Nos unía nuestra pasión por el baloncesto. Años después me presentó a Piculín Ortiz, exNBA y compatriota suyo, quien acababa de fichar por el Real Madrid (Angelo se había convertido en manager de Chayanne y Ricky Martín, ambos de CBS/Sony). Cenamos en la antigua La Trucha, al lado de la madrileña Plaza de Santa Ana. Pero volvamos a México y a una noche inolvidable en Plaza Garibaldi.

Tras los actos oficiales de la presentación me empeñé en ir a la Plaza Garibaldi. A los compañeros de la compañía mexicana no les hacía demasiada gracia la propuesta. A los argentinos tampoco. A Emmanuel le chocó mi interés y apreció las razones que expuse (para entendernos: podría ser el equivalente a nuestros tablaos con unas características especiales como es que en cada bar/taberna contratas a los mariachis para que te canten). A la expedición se apuntaron los colegas peruanos, colombianos y venezolanos. Emmanuel y Angelo se encargaron de movilizarnos y les vi haciendo llamadas.

Cuando llegamos a la plaza, nos dirigieron directamente a una de las muchas terrazas. Era la del local al que previamente habían avisado. A los mariachis se les notaba entre expectantes y emocionados. Lo achaqué a la presencia de Emmanuel, el ídolo mexicano del momento. En el transcurso de la siguiente media hora entendí lo que les pasaba: fueron apareciendo José José, Juan Gabriel y Juan Luis Guerra (quien poco después le produciría un disco a Emmanuel). Para que la gente del rock lo entienda, es como si de repente surgen Joe Cocker, Bob Dylan y Bob Marley (por lo del Caribe anglo).

No hay palabras para describir la admiración que estas estrellas mostraban ante la voz de José José. Constantemente le pedían que cantase esta o aquella. Canciones propias o ajenas a su repertorio habitual.

Se corrió la voz y la gente se fue agolpando a nuestro alrededor.  En silencio respetuoso. Que solo rompían para aplaudir o reír algunas de las anécdotas que contaban los artistas. Fue, como supondrán, una noche mágica. Entre tequila, canciones e ilustres de la música popular. Y un privilegio para mí haberle escuchado en directo. La primera y última vez. ¡Gracias José José! Y por supuesto, gracias a Emmanuel y Angelo que lo hicieron posible.

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Joan Baez en España

JB TVE

Joan Baez se ha despedido de los escenarios con una gira que finalizó con varias fechas en España. La última de las cuales fue en Madrid: el pasado 28 de julio en el incomparable marco del Teatro Real. Cuando la conocí en los 70 me contó que había vivido en España, por el trabajo de su padre en la UNESCO.

Joan Baez (Nueva York, 1941) de padre mexicano y madre escocesa, ambos de ascendencia religiosa por parte de sus padres (los abuelos de Joan: el paterno dejó el catolicismo y México para mudarse a EEUU y convertirse en un pastor metodista mientras el materno era sacerdote anglicano).

La primera vez que visitó profesionalmente España –hasta donde yo sé– fue para promocionar su excelente álbum “Diamonds & Rust“. El LP fue un éxito en su época (1975) y marcaba un giro en la carrera de Joan Baez: era el disco que incluía más composiciones propias. Conocida como interprete, sus grabaciones aportaban otro color a canciones de autores conocidos o desconocidos (que ella ayudaba a popularizar). En este sentido “Diamonds & Rust” es su composición propia más lograda. Dos años después de editarse, Judas Priest hicieron una versión en su álbum “Sin After Sin” (1977). Ritchie Blackmore también la grabó –en los 90- junto a su compañera Candice Night. En su momento se rumoreó que Baez había compuesto esta canción basada en una llamada intempestiva de su ex, Bob Dylan. Y que era una especie de ajuste de cuentas sobre la relación que habían mantenido diez años antes. Años después el rumor quedó confirmado cuando lo dejó caer en un par de entrevistas y en  su autobiografía.

Antonio San José escribió aquí,  en noviembre de 2008, sobre su entrevista a Joan Baez en Madrid. Una anécdota deliciosa. Les recomiendo su lectura (y si se animan les sugiero que también lean los comentarios al post).

Por mi parte la conocí (como entrevistador también) en ese mismo viaje promocional y guardé muy buena impresión de ella.

Este álbum, “Diamonds & Rust“, era el siguiente al “Gracias a la vida” (1974), su disco en español, en el que recogía su herencia hispana y parte de sus inquietudes políticas. La edición en España pasó desapercibida. Me contaron que hubo problemas con la censura (aún vivía el dictador). Cuando entré en Epic (CBS), como jefe de producto de A&M Records en junio de 1977, los jefes de A&M me contaron del interés que Joan Baez tenía por recuperar esta grabación. Los problemas de la distribuidora anterior (Ariola) ya deberían haber pasado a la historia por el cambio político que se estaba produciendo en España (muerte de Franco, elecciones generales, etc.). Por mi experiencia en medios y la serie Gong era consciente del potencial comercial de “Gracias a la vida“. Me pareció muy acertada la sugerencia y pedí la colaboración de la artista. Estaba en Los Ángeles en una convención de A&M donde la gente de CBS Europa éramos los protagonistas (por el contrato de distribución recién firmado). Coordinaron una llamada telefónica y la expuse mi planteamiento: insistí que para la naciente democracia española su presencia en España con este álbum podría ser un espaldarazo. Ella estaba por la labor (la sugerencia de rescatar el disco fue suya) y no puso ninguna pega. Se comprometió a hacer televisión. Con lo que eso implicaba (tanto los artistas cool norteamericanos como los concienciados no hacían teles en esos días).

Al volver a Madrid el director de Epic se entusiasmó con la idea y enseguida sugirió hacer el programa de José María IñigoEsta noche fiesta” (se realizaba en el Florida Park del parque de El Retiro). Él sabía que Iñigo, con quien mantenía excelentes relaciones, admiraba a Joan Baez. Dado el carácter comercial, o como quieran llamarlo, del programa pedí una diferenciación. Otro marco escénico. Un telón negro de fondo. Y que la actuación fuese en directo, guitarra y voz (esto fue una petición de la artista). A Baez le pareció muy oportuno este cambio de look del programa para sus dos canciones. Iñigo, entusiasmado, aceptó nuestras pretensiones. Iba a ser la primera vez que Joan Baez actuaría en TV en España.

Cuando llegó a Madrid, para hacer promoción de “Gracias a la vida” y la aparición en TVE, me encontré a una Baez espléndida, encantada y feliz. En nuestra primera conversación telefónica ya la había recordado que nos conocíamos. Esta vez pasamos más tiempos juntos. Su curiosidad por todo lo que estaba sucediendo en España era tan grande como su conocimiento del país y su cultura. Años después, en los 80, descubriría hablando con John Hammond lo importante que la Guerra Civil española había sido para la izquierda estadounidense, sobre todo la neoyorquina (parte de estas conversaciones están reflejadas en mi dos últimos libros: “Bikinis, Fútbol y Rock & Roll” y “Rock ‘n’ Roll: el ritmo que cambió el mundo“).

Las canciones a interpretar en el programa de Iñigo las habíamos acordado en una ultima llamada telefónica, antes de llegar a España.

En nuestras charlas la legalización del PC, la vuelta de exiliados y las primeras elecciones generales, celebradas hacía unos meses, fueron los temas más comentados. Sugerí que un comentario suyo al respecto sería muy apropiado. Y un golpe de moral  para todos quienes ansiábamos la consolidación democrática (y estábamos temerosos de los ruidos de sables). Me aseguró que contase con ello. Entendió perfectamente que era una oportunidad que no podía desaprovecharse (solo había dos canales de TV entonces).

Había notado su admiración por La Pasionaria. Su alocución (dedicándola un tema) no me sorprendió tanto como a Iñigo (quien palideció a pesar de la legalización del PC y la condición de diputada de la histórica dirigente comunista). Elegir cantar “No nos moverán” era un clara declaración de intenciones (por el paralelismo con el “No pasarán”).

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Elliot Roberts (1943-2019)

Trasher's Wheat 1985

Ayer me enteré del fallecimiento de Elliot Roberts, un gigante de la industria musical estadounidense. Sucedió el día 21 de junio. Tenía 76 años, cumplidos el pasado mes de febrero.

Nacido y criado en el Bronx neoyorkino acortó su apellido judío (Rabinowitz) y tras abandonar los estudios universitarios (dejó dos carreras) quiso ser actor. Empezó a trabajar en el departamento de envíos de la William Morris Agency de Nueva York. Ahí conoció a David Geffen, otro gigante. Aunque debería decir que Geffen es el gigante de la industria cultural de Estados Unidos. Esta relación devino en amistad y compartieron negocios y aventuras empresariales (Geffen-Roberts Company y Asylum Records en 1971).

Fueron Geffen y Roberts quienes convencieron a Bob Dylan para que abandonase su discográfica de siempre (Columbia Records/CBS) para unirse a la discográfica Asylum y a su oficina de representación (Geffen-Roberts Co.). Editó dos álbumes con ellos: “Planet Waves” y “Before The Flood“, un doble en directo con The Band. Posteriormente Dylan volvería a su casa de siempre.

En 1973 Geffen, Roberts, Elmer Valentine (dueño del Whisky a Go-Go) y Lou Adler abrieron el club The Roxy en el Sunset Strip de West Hollywood. Neil Young inauguró el local.

Roberts y Geffen dejaron de ser socios por culpa de terceros. Un joven agente, Irving Azoff, que trabajaba en la Geffen-Roberts Co. fue el causante principal del cisma: The Eagles cambiaron de pareja de baile, abandonaron a Geffen-Roberts y se fueron con Azoff, quien montaba su propia oficina. Geffen y Roberts, ambos impulsivos y apasionados, chocaron en su forma de afrontar la situación. Geffen fue frío y cerebral y Roberts diríamos que más hippy. El primero tomó una actitud profesional y siguió trabajando con Azoff (convenció a Warner Bros. para que le financiase un sello, Giant Records) y los Eagles (en Asylum y luego en Geffen Records, donde también tuvo a Don Henley), mientras que Roberts roto el amor fraternal juró odio eterno al traidor y al grupo. Y formó Lookout Management. Las malas lenguas dicen que la movida de Geffen con Azoff fue para quitárselo de en medio de MCA (donde presidía la cia.) y poder vender Geffen Records a los nuevos dueños de MCA.

El primer descubrimiento de Roberts fue la canadiense Joni Mitchell. La vio actuando en un club del Greenwich Village de Nueva York (Cafe Au Go Go) en 1966. Se mudaron juntos a Los Ángeles, a Laurel Canyon (centro artístico y bohemio). Les acompañaba el entonces novio de Mitchell, David Crosby. Al poco se les unió David Geffen. Ya situados en la costa oeste Joni Mitchell le habló de un compatriota suyo, Neil Young, que estaba en un grupo (Buffalo Springfield). Curiosamente fue Young quien provocó que la banda prescindiese de los servicios de Roberts. Cuando ellos se separaron, a los 18 meses de formarse, Neil Young llamó a Elliot Roberts para que fuese su manager. Quería empezar su carrera en solitario. Ha sido representante suyo hasta la fecha de su muerte. Son más de cincuenta años. Y “aguantar” a Neil Young no es fácil… Jimmy McDonough, autor de la biografía de Young, escribía al respecto de la relación Young/Roberts que “Ha habido otros equipos infames en el rock and roll –Dylan y Albert Grossman, Ray Charles y Joe Adams, Bruce Springsteen y Jon Landau– y, por supuesto Elvis y el Coronel Tom Parker. Elliot Roberts definitivamente vive en este salón de la infamia y es el único ser humano capaz de guiar la carrera de Neil Young.”

Con Joni MItchell rompió en 1985. La foto de Trasher’s Wheat en la que vemos a Young, Mitchell y Roberts es de ese 1985.

Roberts también fue manager (con o sin David Geffen) entre otros de Crosby, Stills & Nash, Crosby, Stills, Nash & Young (“el pegamento que nos mantenía unidos” ha declarado Graham Nash), Jackson Browne, America, Devo, Talking Heads, The Cars, Tom Petty, Tracy Chapman (su último descubrimiento de relieve) además de los ya mencionados anteriormente.

Cuando llevé el marketing internacional de Geffen Records en NY tuve el inmenso honor de conocer a Elliot Roberts. (David Geffen tenía un contrato de distribución con Warner Bros. para EEUU y Canadá y otro con CBS para el resto del mundo; Warner eran socios de Geffen Records). Me tocó trabajar con él en tres proyectos: Neil Young (dos álbumes), Joni Mitchell y el debut en solitario de Ric Ocasek, el líder de The Cars.

Con Ocasek no hubo nada que hacer. Aparte de trabajar para que se editase en los principales mercados del mundo. El álbum era flojo. No funcionó en EEUU, ni en ventas ni tuvo el apoyo de la crítica musical. No había ninguna historia que contar. En cambio con Joni Mitchell fue otra cosa. Dada la vertiente pintora de la cantautora, y que la portada del álbum “Wild Things Run Fast” era obra suya, Roberts y Mitchell tuvieron la idea de organizar presentaciones del disco en galerías de arte (en conjunción con sus pinturas). En Estados Unidos solo consiguieron hacerlo en Los Ángeles. Por mi parte coordiné con las compañías de  Inglaterra, Italia, Australia y Japón para hacerlo en Londres, Milán, Sydney y Tokyo. Salí bien parado del asunto aunque ella echó de menos no haber estado en París. Aún recuerdo la mirada de Elliot Roberts a Joni Mitchell: la calló. Y rápidamente paso a agradecer lo que CBS Records International había logrado.

Lo mejor de nuestra relación sucedió en San Francisco, en el rancho de Neil Young (una hora al norte de la ciudad). Young debutaba en Geffen Records con un disco difícil “Trans“. Influenciado por Kraftwerk se alejaba drásticamente de lo que sus seguidores podían esperar. El trasfondo del disco eran los ejercicios vocales que practicaba con su hijo Ben, quien sufría parálisis cerebral infantil. (Pero eso no lo sabíamos entonces). Young había accedido a recibir periodistas musicales y críticos en su rancho, para pasar el día con él, hablar del disco, etc. Las delegaciones australianas y japonesas habían llegado directamente y ya estaban en el rancho cuando llegué desde NY con los ingleses, Antoine de Caunes y su equipo de TV de Francia, la corresponsal italiana de la RAI, un par de medios alemanes y uno holandés. Nos recibió Elliot Roberts en el aeropuerto de LA. El trayecto fue todo un muestrario de Roberts. Todo lo que me habían contado era cierto: despierto, buena persona, bromista, rápido, inteligente, encantador, etc. Recuerdo vívidamente dos temas: la historia de porque Neil Young y él se habían comprado esos terrenos. La idea era que, según estudios geológicos que hablan sufragado, cuando los movimientos de la Falla de San Andrés fuesen perceptibles, sus propiedades se convertirían islas del Pacífico. Cuándo le pregunté cuando ocurriría eso, me contestó entre risas que en unos miles de años. Y se encendió un porro (que ya llevaba liado). El segundo asunto fue cuando nos llevó por unas carreteras rurales, con pequeñas subidas que tomaba a gran velocidad (como si fuesen dunas) y el todo terreno literalmente volaba hasta caer sobre sobre suelo firme de nuevo. El vehículo que nos seguía, con el resto de la expedición, le pitaba (asumo que pidiéndole prudencia).

Al llegar a la casa de Neil Young, nos esperaba con su familia, músicos, amigos y los australianos y japoneses que habían llegado antes. El salón era lo que te esperabas. Rústico, lleno de guitarras, amplis, una enorme chimenea, muebles de madera, telas en las paredes, alfombras cubriendo todo el suelo. Y una peste a marihuana que ya te embriagaba. Improvisamos una pequeña rueda de prensa mientras preparaban la cena. Tras la parte profesional del asunto nos relajamos, comimos, bebimos y Young nos tocó un par de temas con sus amigos músicos. Tuve ocasión de charlar con él. Le felicité por el riesgo que asumía con “Trans“. No es fácil que un artista de renombre de un cambio estilístico tan acusado y se lance al barro de esta manera. Estaba especialmente interesado en la opinión de los alemanes (por lo de Kraftwerk). A Roberts (y a Young) le gustó lo que dije. Y creo que fue ahí cuando me gané la confianza del manager. Respecto a mi comentario sobre asumir riesgos soltó irónicamente que David (Geffen) no compartía mi punto de vista. Años después Geffen demandó a Young por no entregar obras acorde a su estatus, por los que la compañía le pagaba un millón de dólares de adelanto.

Lo último que supe de Roberts fue la semana pasada. Unas declaraciones suyas respecto al incendio que afectó a muchos de las cintas originales propiedad de Universal (y los sellos que ha ido absorbiendo o creando). Decía: “Es un crimen que hayan desaparecido los masters originales de Billie Holiday o Buddy Holly o de todos esos artistas de los 40 0 50. Cuando la industria discográfica empezó a declinar hace unos 15 años, la gente (por los ejecutivos) fue reticente a hacer copias porque costaba dinero. Cuesta de 2.500$ a 3.000$ convertir un original analógico a una copia digital de audio en alta resolución. No quisieron gastarse el dinero… Es trágico.”

 

 

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Aretha Franklin en el Apollo de Nueva York

Apollo 1971

Nueva York fue una ciudad clave en la carrera profesional de Aretha Franklin. Ahí llegó desde Detroit y con 18 años John Hammond la fichó para Columbia Records (CBS). Luego pasó a Atlantic Records, la discográfica neoyorquina por excelencia, bajo el manto de Jerry Wexler (y por supuesto de Ahmet Ertegun, uno de los tres cofundadores de la compañía). En el teatro Apollo de Harlem actuó una docena de veces. La primera como telonera de los teloneros. La última del cartel y por tanto la primera en salir al escenario. El 4 de junio de 1971 regresaba al Apollo como gran figura y el teatro en su marquesina anunciaba que “She’s home Aretha Franklin” (Aretha Franklin está en casa). Las fotos en blanco y negro corresponden a esta fecha.

Apollo 1971 colas

El Apollo rindió ayer su homenaje a la desaparecida reina, no solo del soul, porque era, es y será la reina de la música popular. La gente se agolpó en las afueras del teatro donde bailaron y cantaron sus canciones y depositaron flores sobre la placa con su nombre.

 

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Eterno Michael Jackson

Inv fiesta Thriller NYEn los siete últimos días el eterno Michael Jackson ha reaparecido en mi vida en dos ocasiones. Primero fue en el muro del Facebook de Susan Blond, en su día vicepresidenta de prensa y publicidad de Epic Records en EEUU y anteriormente integrante de la factoría Warhol. Fue gracias a ella que contactamos con Andy Warhol para la portada del que sería el último álbum de Miguel Bosé para CBS.

Entre las muchas “heroicidades” de Blond (como llevar a Truman Capote a un concierto de Ted Nugent) destaca una sobre todas: la fiesta para celebrar el histórico éxito del “Thriller” de Michael Jackson. Se celebró en el Museo de Ciencias Naturales de Nueva York (en Central Park West con la 79, a siete manzanas del Dakota, en la mejor zona del Upper West Side ).

La entrada al recinto impresionaba: te recibía un imponente esqueleto de dinosaurio, la luz era tenue y el “Thriller” sonando a todo volumen creaba la sensación de una discoteca surrealista (posteriormente el museo fue el escenario de las películas “Una noche en el museo” con Ben Stiller).

El guante de la foto es la invitación. Que perdí: asumo que debí dejármelo en uno de los bolsillos del smoking que alquilé (la fiesta era de gala, black tie). Los nombres que convocaban eran los de Walter Yetnikoff, el todopoderoso presidente de CBS (orquestó la venta a Sony); Don Dempsey, presidente de Epic Records y Allen Davis, presidente de CBS Records International (mi división).

Tan solo puedo añadir que esta fue la mejor fiesta de mi vida y mira que he asistido a unas cuantas… Es obvio resaltar que el enjambre de estrellas (y seguratas) que acudieron fue descomunal.

La semana continuó con las desafortunadas declaraciones de Quincy Jones a Vulture. Venian precedidas de unas en el mismo tono en GQ. Como comenté en las redes sociales el veterano maestro está muy lenguaraz en su tercera edad. Y desvela asuntos íntimos que afectan a terceros (Marlon Brando y Richard Pryor) y emite opiniones digamos que discutibles sobre varios artistas (desde Beatles hasta Taylor Swift). Este afán de notoriedad viene acompañado de amargura y resentimiento. Víctor Lenore refleja mi sentir respecto a QJ hoy lunes en El Confidencial. Adjunto como imagen esta parte del articulo (en el enlace pueden leerlo completo), que es el párrafo final.

MJ Confi

Sobre las preguntas de Lenore, son difíciles de contestar. En la música popular las coincidencias e influencias están a la orden del día. Las canciones son puzzles de muchas obras anteriores. A veces, evidentemente, hay mala voluntad. Y otras son errores involuntarios. En cualquier caso los campeones en estos asuntos son Led Zeppelin.

Termino con una anécdota que creo es bastante ilustrativa. Recuerdo a Juan Pardo contándome como se entusiasmó con una composición nueva. Convocó rápidamente a todo el mundo para presentarla: discográfica, editorial, representante, algunos de los músicos con los que quería grabar inmediatamente. Estaba convencido de tener un hit mundial. Todos en su casa. Atentos y expectantes. La interpretó al piano. Silencio ensordecedor. Hasta que una voz se atrevió a señalar: “Es “My Way“.”

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Va por ti Simone

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Va por ti Simone Bosé. Aun no me he recuperado del shock que me produjo tu repentino fallecimiento el pasado 31 de diciembre. Anoche viendo el This is it de Michael Jackson en la 2 volvieron a florecer muchos recuerdos… los que fueron y también los que pudieron ser (como ese sello flamenco…).

Nos conocimos en los 80 en CBS (luego Sony). Enseguida nos hicimos amigos. Eramos una buena pandilla y disfrutamos nuestro trabajo, que adorábamos, y de la entonces pujante noche madrileña. Volvimos a coincidir en Polygram (hoy Universal).

Cubrimos juntos la gira de Bad en España. Las fotos son de entonces, de la actuación de Madrid. Recordando anécdotas tan solo me arrepiento de haberte frenado en Marbella cuando te fuiste a por el impresentable de Mariñas.

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¡Va por ti Simone!

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