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España-Argentina en cuartos de la nueva Davis

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España conoció ayer al equipo al que se enfrentará hoy en cuartos de final de la nueva Copa Davis: Argentina. Nuestro historial frente a ellos es demasiado bueno. Con el antiguo formato les hemos ganado las cuatro veces que nos hemos cruzado. La última fue en 2011 en la final, disputada en La Cartuja. La anterior también fue en una final de la Davis, solo que esa vez se jugó en su terreno (Mar de Plata).

Los expertos señalan que esta parte del cuadro es la más amable, camino de la final. Por lo que vaticinan que el vencedor de esta tarde prácticamente tienen asegurado el pase a la final. Mucho suponer, teniendo una semifinal en medio. Cierto que nosotros tenemos a Nadal.

Los cambios al torneo implementados por Piqué y su equipo me parecen muy acertados. Este nuevo formato de competición aporta la dimensión de un autentico Campeonato del Mundo de Tenis. Es la primera edición por lo que habrá que pulir detalles de cara al futuro. El primero, el de los horarios. Hay unanimidad al respecto. El primer encuentro de España (frente a Rusia) terminó a las 01:50 de la madrugada. Ese partido de dobles fue el que dio el triunfo a España (2-1). He leído que hubo otra eliminatoria cuyo partido de dobles finalizó sobre las cuatro de la madrugada.

El otro aspecto a mejorar es el de las camisetas. No puede ser que los dos equipos coincidan en el color. No sucede en ningún deporte. Aquí abunda el rojo. España ha coincidido con el rojo de sus dos rivales de grupo, Rusia y Croacia. También he visto que Australia y Colombia coincidieron en el amarillo. No parece tan complicado de solucionar. Y me extraña no haber visto ningún comentario al respecto.

La armada española, con Nadal, es favorita. Como lo es la Serbia de Djokovic. Se avecina un excitante largo fin de semana de gran tenis.

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Sudáfrica segundo finalista del Mundial de Rugby

Damian de AllendeLa segunda semifinal, Gales-Sudáfrica, era como una final mundial anticipada. Porque Gales llegaba como campeona del VI Naciones y Sudáfrica como vencedora del Rugby Championship (Argentina, Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica). Se enfrentaban los campeones de los hemisferios norte y sur.

El encuentro se presentaba como un duelo eminentemente físico. La primera mitad confirmó el pronostico (un par de jugadores galeses fueron los más perjudicados tras sendos placajes). Como también verificamos el duelo entre los mejores pateadores del Mundial de Japón 2019: Biggar y Pollard. El 6-9 para Sudáfrica al descanso fue la mejor prueba. Ninguno de los dos fallaron en sus intentos (dos y tres respectivamente).

La segundos 40 minutos arrancaron con Biggar empatando a nueve. Para el primer ensayo tuvimos que esperar al 56 de juego. El capones de ascendencia española Damian de Allende encontró el hueco entre tres dragones y se coló (en la foto que encabeza este post). Sería el único ensayo de los sudafricanos. Pollard anotó los dos puntos extra. 9-16 para los Springboks. 10 minutos después Gales pidió una melé, conscientes de su poderío y dominio en esta faceta. Acertaron: una apertura a la banda contraria permitió a Josh Adams lograr el único ensayo galés. Biggar transformó los dos puntos adicionales. 16-16. Quedaba un cuarto de hora y empezaba a oler a prórroga.

Los últimos 10 minutos tuvo dos fases. En la primera dominó el Dragón. A ocho minutos del final Gales intentó un drop. Un minuto después una patada sudafricana pone el rugby en campo galés. Los Springboks intentan un drop y acto seguido Pollard dispone de un golpe de castigo. Anota. 16-19. Sudáfrica se había sacudido el dominio galés con tres puntos. Quedaban poco más de cuatro minutos.

Otra patada sudafricana (De Klerk) lleva el juego al campo galés. El reloj corría. Y Gales no conseguía salir de su línea de 22. Un avant del Dragón a dos minutos del final parecía decidir la semifinal para los Springboks. De Klerk era el encargado de introducir el rugby en la melé. El golpe de castigo contra Gales sentenciaba el encuentro. Gales tenía que jugársela en la melé y les salió mal. No lograron el drop que perseguían para empatar y su intento se saldó con un golpe de castigo en contra. Pollard ni se molestó en intentar marcar tres puntos más. Gales perdía su primer partido del torneo (Sudafrica había perdido en su debut contra Nueva Zelanda).

El 16-19 final impide a Gales alcanzar su primera final de Mundial. La bicampeona mundial Sudáfrica llega a su tercera final. Les espera Inglaterra, en lo que será la repetición de la final de 2007.

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Inglaterra primer finalista del Mundial de Rugby

Inglaterra, en un partido impresionante, se impuso 19-7 a Nueva Zelanda. El XV de la Rosa comenzó ganando desde el principio: desafió la impactante haka de los All Blacks con una formación que asemejaba la punta de una lanza o flecha. En la batalla psicológica este fue el primer ensayo inglés.

Haka copia

De la ventaja psicológica pasamos inmediatamente a la del marcador: el primer ensayo (y su correspondiente transformación) sucedió al minuto y medio de partido.

El 10-0 al descanso presagiaba una segunda parte apasionante. En el recuerdo el anterior enfrentamiento: 15-0 para los ingleses en un encuentro que acabaron perdiendo por un punto (15-16). El arranque del segundo tiempo fue similar al primero: ensayo inglés. Con una salvedad, porque fue anulado. Los All Blacks respiraron. Pero haber acabado los primeros 40 minutos sin anotar era un peso tremendo (además de infrecuente). En la mencionada remontada sí habían anotado en la primera mitad…

Los cambios introducidos por el técnico neozelandés mejoraron a su selección, pero no fueron suficientes. Eddie Jones, primer seleccionador no inglés de Inglaterra (es australiano: subcampeón mundial con Australia en 2003 –perdió ante Inglaterra– y ganador con Inglaterra del VI Naciones en 2016), con su brillante planteamiento no estaba dispuesto a desaprovechar la ventaja adquirida. Sus jugadores tampoco.

Ganar al mejor equipo de la década (bicampeón mundial y n.º 1 semana tras semana en los rankings) es una hazaña. Estadísticamente ya tocaba. No podía ser que Inglaterra perdiese tantos partidos consecutivos contra Nueva Zelanda. Tocaba ganar uno de siete. Y ha sido hoy, en la semifinal del Mundial que se celebra en Japón.

Nueva Zelanda se queda sin la oportunidad de poder ganar un tercer Mundial consecutivo, mientras Inglaterra alcanza su cuarta final (ganaron en 2003 a Australia en Australia). Para Kieran Read, capitán de los All Blacks (acabó sangrando con la ceja partida) y Steve Hansen, el seleccionador desde 2011, ha sido el adiós a la selección dominadora del rugby mundial (hasta hoy).

Mañana la otra semifinal: un apasionante Gales-Sudáfrica. ¿Tendremos final británica?

 

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Aviso a España: sin rebote no hay paraiso

KIM KYUNG-HOON REUTERS AS

Aviso a España: sin rebote no hay paraiso. Y este no es otro que el triunfo en la final del Mundial de Baloncesto China 2019, que la selección disputará el próximo domingo (ante Argentina o Francia).

España se impuso 95-88 en la semifinal ante Australia, después de dos prórrogas. El encuentro no pudo ser más emocionante. La segunda prórroga fue una exhibición de los de Scariolo: arrasaron (15-8) y sentenciaron. Pero el partido dejó algunas dudas y despejó otras (como el acierto de Marc Gasol ante la canasta rival).

Por fin nos beneficiamos del poderio anotador de Gasol. Hasta este partido no había encestado 20 puntos o más. Ante Australia cerró con 33 puntos (ocho de los ocho tiros libres, dos decisivos al final de la primera prórroga que nos aseguró disputar la segunda, y tres triples, uno en la 2ª prórroga, de nueve intentos). Su poder de intimidación no se tradujo en el capítulo de rebotes. Solo capturó seis (cinco en defensa). Ricky Rubio le superó con siete (todos defensivos). Víctor Claver y Rudy Fernández lograron cinco cada uno. Estas cifras contrastan con las de Kay (11, siete en ataque), Ingles (10) o Bogut (9).

Insisto en el aspecto de los rebotes: España logró 37 (30 defensivos) y Australia 51 (35 defensivos y 16 en ataque). Estos números ante un rival experimentado como el que vamos a vernos la cara en la final (sea Argentina o Francia) será un handicap importante. Australia cayó por la competitividad española, nuestro gen baloncestístico. En esto, tanto argentinos como franceses nos igualan. Y no veo a sus mejores jugadores con el brazo encogido en momentos decisivos. Como le sucedió a Mills (32 puntos) en el segundo tiro libre al final del último cuarto, en el mal pase que se fue fuera mediada la primera prórroga o en la bandeja que erró en la segunda. Son tres errores puntuales graves de un jugador impresionante (no cuento los intentos de triples o tiros de dos que no anotó, porque eso forma parte de la normalidad).

En mi opinión el problema en los rebotes proviene de la soledad de Marc Gasol. Las tres personales de Juancho Hernangómez (gran torneo el suyo) en la primera mitad pesaron lo suyo. Gasol, por tanto, solo obtuvo ayuda de los bajitos (Ricky y Rudy) y de Claver (otro baluarte de esta selección).

España, como aventuró el seleccionador serbio, llega a la final pletórica. La segunda prórroga es la mejor prueba. Y la trayectoria de Scariolo también. Será nuestra segunda final de un Mundial.

 

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Elliot Roberts (1943-2019)

Trasher's Wheat 1985

Ayer me enteré del fallecimiento de Elliot Roberts, un gigante de la industria musical estadounidense. Sucedió el día 21 de junio. Tenía 76 años, cumplidos el pasado mes de febrero.

Nacido y criado en el Bronx neoyorkino acortó su apellido judío (Rabinowitz) y tras abandonar los estudios universitarios (dejó dos carreras) quiso ser actor. Empezó a trabajar en el departamento de envíos de la William Morris Agency de Nueva York. Ahí conoció a David Geffen, otro gigante. Aunque debería decir que Geffen es el gigante de la industria cultural de Estados Unidos. Esta relación devino en amistad y compartieron negocios y aventuras empresariales (Geffen-Roberts Company y Asylum Records en 1971).

Fueron Geffen y Roberts quienes convencieron a Bob Dylan para que abandonase su discográfica de siempre (Columbia Records/CBS) para unirse a la discográfica Asylum y a su oficina de representación (Geffen-Roberts Co.). Editó dos álbumes con ellos: “Planet Waves” y “Before The Flood“, un doble en directo con The Band. Posteriormente Dylan volvería a su casa de siempre.

En 1973 Geffen, Roberts, Elmer Valentine (dueño del Whisky a Go-Go) y Lou Adler abrieron el club The Roxy en el Sunset Strip de West Hollywood. Neil Young inauguró el local.

Roberts y Geffen dejaron de ser socios por culpa de terceros. Un joven agente, Irving Azoff, que trabajaba en la Geffen-Roberts Co. fue el causante principal del cisma: The Eagles cambiaron de pareja de baile, abandonaron a Geffen-Roberts y se fueron con Azoff, quien montaba su propia oficina. Geffen y Roberts, ambos impulsivos y apasionados, chocaron en su forma de afrontar la situación. Geffen fue frío y cerebral y Roberts diríamos que más hippy. El primero tomó una actitud profesional y siguió trabajando con Azoff (convenció a Warner Bros. para que le financiase un sello, Giant Records) y los Eagles (en Asylum y luego en Geffen Records, donde también tuvo a Don Henley), mientras que Roberts roto el amor fraternal juró odio eterno al traidor y al grupo. Y formó Lookout Management. Las malas lenguas dicen que la movida de Geffen con Azoff fue para quitárselo de en medio de MCA (donde presidía la cia.) y poder vender Geffen Records a los nuevos dueños de MCA.

El primer descubrimiento de Roberts fue la canadiense Joni Mitchell. La vio actuando en un club del Greenwich Village de Nueva York (Cafe Au Go Go) en 1966. Se mudaron juntos a Los Ángeles, a Laurel Canyon (centro artístico y bohemio). Les acompañaba el entonces novio de Mitchell, David Crosby. Al poco se les unió David Geffen. Ya situados en la costa oeste Joni Mitchell le habló de un compatriota suyo, Neil Young, que estaba en un grupo (Buffalo Springfield). Curiosamente fue Young quien provocó que la banda prescindiese de los servicios de Roberts. Cuando ellos se separaron, a los 18 meses de formarse, Neil Young llamó a Elliot Roberts para que fuese su manager. Quería empezar su carrera en solitario. Ha sido representante suyo hasta la fecha de su muerte. Son más de cincuenta años. Y “aguantar” a Neil Young no es fácil… Jimmy McDonough, autor de la biografía de Young, escribía al respecto de la relación Young/Roberts que “Ha habido otros equipos infames en el rock and roll –Dylan y Albert Grossman, Ray Charles y Joe Adams, Bruce Springsteen y Jon Landau– y, por supuesto Elvis y el Coronel Tom Parker. Elliot Roberts definitivamente vive en este salón de la infamia y es el único ser humano capaz de guiar la carrera de Neil Young.”

Con Joni MItchell rompió en 1985. La foto de Trasher’s Wheat en la que vemos a Young, Mitchell y Roberts es de ese 1985.

Roberts también fue manager (con o sin David Geffen) entre otros de Crosby, Stills & Nash, Crosby, Stills, Nash & Young (“el pegamento que nos mantenía unidos” ha declarado Graham Nash), Jackson Browne, America, Devo, Talking Heads, The Cars, Tom Petty, Tracy Chapman (su último descubrimiento de relieve) además de los ya mencionados anteriormente.

Cuando llevé el marketing internacional de Geffen Records en NY tuve el inmenso honor de conocer a Elliot Roberts. (David Geffen tenía un contrato de distribución con Warner Bros. para EEUU y Canadá y otro con CBS para el resto del mundo; Warner eran socios de Geffen Records). Me tocó trabajar con él en tres proyectos: Neil Young (dos álbumes), Joni Mitchell y el debut en solitario de Ric Ocasek, el líder de The Cars.

Con Ocasek no hubo nada que hacer. Aparte de trabajar para que se editase en los principales mercados del mundo. El álbum era flojo. No funcionó en EEUU, ni en ventas ni tuvo el apoyo de la crítica musical. No había ninguna historia que contar. En cambio con Joni Mitchell fue otra cosa. Dada la vertiente pintora de la cantautora, y que la portada del álbum “Wild Things Run Fast” era obra suya, Roberts y Mitchell tuvieron la idea de organizar presentaciones del disco en galerías de arte (en conjunción con sus pinturas). En Estados Unidos solo consiguieron hacerlo en Los Ángeles. Por mi parte coordiné con las compañías de  Inglaterra, Italia, Australia y Japón para hacerlo en Londres, Milán, Sydney y Tokyo. Salí bien parado del asunto aunque ella echó de menos no haber estado en París. Aún recuerdo la mirada de Elliot Roberts a Joni Mitchell: la calló. Y rápidamente paso a agradecer lo que CBS Records International había logrado.

Lo mejor de nuestra relación sucedió en San Francisco, en el rancho de Neil Young (una hora al norte de la ciudad). Young debutaba en Geffen Records con un disco difícil “Trans“. Influenciado por Kraftwerk se alejaba drásticamente de lo que sus seguidores podían esperar. El trasfondo del disco eran los ejercicios vocales que practicaba con su hijo Ben, quien sufría parálisis cerebral infantil. (Pero eso no lo sabíamos entonces). Young había accedido a recibir periodistas musicales y críticos en su rancho, para pasar el día con él, hablar del disco, etc. Las delegaciones australianas y japonesas habían llegado directamente y ya estaban en el rancho cuando llegué desde NY con los ingleses, Antoine de Caunes y su equipo de TV de Francia, la corresponsal italiana de la RAI, un par de medios alemanes y uno holandés. Nos recibió Elliot Roberts en el aeropuerto de LA. El trayecto fue todo un muestrario de Roberts. Todo lo que me habían contado era cierto: despierto, buena persona, bromista, rápido, inteligente, encantador, etc. Recuerdo vívidamente dos temas: la historia de porque Neil Young y él se habían comprado esos terrenos. La idea era que, según estudios geológicos que hablan sufragado, cuando los movimientos de la Falla de San Andrés fuesen perceptibles, sus propiedades se convertirían islas del Pacífico. Cuándo le pregunté cuando ocurriría eso, me contestó entre risas que en unos miles de años. Y se encendió un porro (que ya llevaba liado). El segundo asunto fue cuando nos llevó por unas carreteras rurales, con pequeñas subidas que tomaba a gran velocidad (como si fuesen dunas) y el todo terreno literalmente volaba hasta caer sobre sobre suelo firme de nuevo. El vehículo que nos seguía, con el resto de la expedición, le pitaba (asumo que pidiéndole prudencia).

Al llegar a la casa de Neil Young, nos esperaba con su familia, músicos, amigos y los australianos y japoneses que habían llegado antes. El salón era lo que te esperabas. Rústico, lleno de guitarras, amplis, una enorme chimenea, muebles de madera, telas en las paredes, alfombras cubriendo todo el suelo. Y una peste a marihuana que ya te embriagaba. Improvisamos una pequeña rueda de prensa mientras preparaban la cena. Tras la parte profesional del asunto nos relajamos, comimos, bebimos y Young nos tocó un par de temas con sus amigos músicos. Tuve ocasión de charlar con él. Le felicité por el riesgo que asumía con “Trans“. No es fácil que un artista de renombre de un cambio estilístico tan acusado y se lance al barro de esta manera. Estaba especialmente interesado en la opinión de los alemanes (por lo de Kraftwerk). A Roberts (y a Young) le gustó lo que dije. Y creo que fue ahí cuando me gané la confianza del manager. Respecto a mi comentario sobre asumir riesgos soltó irónicamente que David (Geffen) no compartía mi punto de vista. Años después Geffen demandó a Young por no entregar obras acorde a su estatus, por los que la compañía le pagaba un millón de dólares de adelanto.

Lo último que supe de Roberts fue la semana pasada. Unas declaraciones suyas respecto al incendio que afectó a muchos de las cintas originales propiedad de Universal (y los sellos que ha ido absorbiendo o creando). Decía: “Es un crimen que hayan desaparecido los masters originales de Billie Holiday o Buddy Holly o de todos esos artistas de los 40 0 50. Cuando la industria discográfica empezó a declinar hace unos 15 años, la gente (por los ejecutivos) fue reticente a hacer copias porque costaba dinero. Cuesta de 2.500$ a 3.000$ convertir un original analógico a una copia digital de audio en alta resolución. No quisieron gastarse el dinero… Es trágico.”

 

 

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No pudo ser: Nadal perdió en Australia

nd telegraphEl despertador sonó. Me pareció raro para ser domingo, no jugando el Real Madrid a las 12:00. Con “Lola” de los Kinks sonando en mi cabeza (no sé por qué) recordé la causa: la final del Open de Australia, el primer Grand Slam de la temporada.

El primer set fue para olvidar: Rafa Nadal solo ganó un punto al resto. En el segundo todo se derrumbó cuando perdió su servicio y Djokovic se adelantó 3-2. Estaba siendo un paseo. El n.º 1 del mundo se estaba imponiendo en todas las facetas del juego. Imponía su ritmo y dominaba el centro de la pista. Con dos sets en contra ganar esta final parecía una misión imposible para Nadal. Aunque con él nunca se sabe.

El tercer set arrancó con dificultades para Nadal en su servicio. Pero las supo superar y se puso 1-0. Quienes confiamos en Rafa y en su capacidad de reacción, volvimos a tener fe. La claridad con la que el serbio ganó su primer servicio (juego en blanco) nos devolvió a la realidad. El hundimiento pareció inevitable cuando Nadal perdió su segundo servicio. Y se confirmó cuando Djokovic le ganó el último que supuso el definitivo 6-3. (Nadal pudo haber roto el servicio del serbio en el sexto juego con 30-40 a su favor).

Ganarle tres sets seguidos a Rafa Nadal no es fácil. Ahí radica el gran mérito del campeón. Nadal llegaba a la final del Open de Australia, en Melbourne, sin haber perdido un set. El 6-3, 6-2 y 6-3 habla de un triunfo rotundo. La final pareció un juego de niños para Djokovic, a quien solo cabe felicitar por su victoria. Probablemente se encuentre en uno de los momentos cumbres de su carrera. Es su decimoquinto Grand Slam (frente a los 17 de Nadal) y su séptimo titulo en Australia.

 

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Vance Joy en Madrid

Vance Joy showcase

Hace 15 días daba cuenta aquí de la edición del segundo álbum de Vance JoyNation Of Two“. Ayer, a la hora de comer, el australiano actuaba en la sala Equis a lo valiente: solo con sus guitarras o un ukelele.

Digo que a lo valiente porque “Nation Of Two” es un álbum de muy buenas canciones donde destacan los arreglos y la producción que visten los temas a la perfección. Poder comprobar la grandeza de sus composiciones al desnudo supuso un privilegio. También confirmamos que es un gran cantante, de amplio registro. Su alcance en los agudos me maravilló. Y así se lo expresé en los breves minutos en los que tuve la oportunidad de charlar con él (además de alto y guapo me dio la sensación de ser una persona encantadora).

Las fotos nos las hizo Lucía de Warner (¡mil gracias!).

Las cinco canciones que Vance Joy nos interpretó fueron un excelente aperitivo para lo que van a ser sus primeras fechas en España (el 25 de octubre en la Joy de Madrid es la única confirmada de momento).

Quisiera resaltar (de nuevo) la magnifica impresión que me causó, primero, el CD “Nation Of Two” y luego, el showcase de ayer. Australia ha sido cuna de grandes artistas en muchos estilos y todo indica que Vance Joy es la nueva sensación surgida de down under.

Desde Madrid se desplaza hoy al Reino Unido, donde sus tres conciertos ya han colgado el cartel de “no hay entradas”.

 

 

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