Archivo mensual: noviembre 2013

En el último trago

El último trago

Asier Aranegui, enólogo de profesión, se encontraba en una encrucijada vital. Sentado en la terraza de una de las cantinas de la Plaza Garibaldi, en México DF, se enfrentaba a la más sencilla de las decisiones que debía tomar ese día: tequila o vino. Pendientes quedaban las más trascendentales, relacionadas con su bodega y el futuro con su pareja.

“Donde fueres, haz lo que vieres” pensó Asier.

-Tequila por favor.

-Ahorita mismo se lo traigo señor.

Le sirvieron el primer trago y dejaron la botella en la mesa. Inmediatamente supo que se había equivocado. Por deformación profesional no había tenido el valor de pedir un tinto. Reflexionó, visto lo visto, sobre si tendría el arrojo necesario para afrontar las dos situaciones que le atormentaban.

Provenía de una dinastía de bodegueros y pertenecía a las nuevas generaciones que habían estudiado. Completó su formación en Burdeos tras conseguir su grado en Enología por la Universidad de La Rioja. Su anhelo era modernizar el negocio familiar. Dejar huella con un “vino de autor”, personalizado no solo a su gusto, también al que marcaban las nuevas tendencias.

La familia se opuso a sus planes. Pero le autorizaron a montar su propio negocio, alejado de los viñedos propios. A cambio de una pequeña ayuda económica su padre y su tía tomaron participaciones en el proyecto. Sin esa aportación no podría haber comenzado. Aunque el dinero no era suficiente sí le proveyó del ánimo necesario para lanzarse a la aventura.

Buscando zonas donde establecerse conoció a Rosalía. Sus padres regentaban el hostal donde se encontraba la casa de comidas en la que había parado a almorzar. También tenían una gasolinera en las afueras del pueblo. Enseguida congeniaron.

-¿Qué le trae por aquí señor…?

-Aranegui, pero llámame Asier por favor. Ando buscando terrenos para montar mi propio negocio?

-¿Y qué negocio es ese Asier?

-Soy enólogo y quiero producir mi propio vino señorita…

-Rosalía

Vino Rosalía, me gusta como suena.

En esas estaban cuando el padre de Rosalía, atento a la conversación, interrumpió con unos chupitos de orujo.

 -Son caseros, de elaboración propia. ¿Puedo sentarme?

-Por supuesto, está usted en su casa.

-Muchas gracias. No he podido evitar escuchar que anda buscando tierras. No muy lejos de aquí hay una área vinícola estupenda.

-Sí, precisamente hacia ahí me dirijo. Me interesan mucho las variedades de uvas que trabajan.

-Conozco gente en algunos pueblos que poseen terrenos que podrían estar interesados en vender.

Rosalía visiblemente molesta les dejó a solas y fue a la cocina, donde le contó a su madre sobre el apuesto joven que acababa de conocer. Su madre vislumbró que su marido había interrumpido a consciencia y pasó al ataque.

-Seguro que al señor le vendría bien tener compañía en su búsqueda. Alguien que conozca los caminos y a los lugareños. Como desafortunadamente por aquí, en el hostal, no hay mucho trabajo igual tu y Rosalía podríais acompañarle. Salís por la mañana, volvéis a la noche y el señor se aloja aquí. 

A Asier le pareció una idea sensacional. Al marido le pilló de sorpresa pero ante la posibilidad de tener un huésped tuvo que acceder, no sin antes sugerir, con la boca pequeña, que su hija se quedase haciendo compañía a madre.

Así fue como surgió el amor entre ellos, y quien se convertiría en su suegro le ayudó a establecer su propio negocio.

Asier Aranegui apuraba la botella de tequila rodeado de mariachis. Estos entonaban las canciones clásicas del gran José Alfredo Jiménez, mientras él sopesaba las decisiones a tomar.

Su vino Rosalía –tinto y blanco- había tenido muy buena acogida. Se apoyó en la distribución del negocio familiar. Necesitaba dar un salto adelante. El futuro pasaba invariablemente por la expansión internacional. Se fijó tres objetivos: Europa, Japón y América del Norte. Estaba en México, procedente de California.

Esa misma mañana, desayunando en su hotel, había conocido a un cubano estadounidense de Miami. Era uno de los principales distribuidores norteamericanos. Pensó que su suerte estaba echada: conocía a personas que serían importantes en su vida de forma casual y en establecimientos hosteleros.

Pero algo le inquietaba de Camilo Cifuentes, que así se llamaba el miamense. Algunos de sus comentarios sonaban a amenazas veladas. Se confirmaron cuando, tras concertar una cita formal para esa misma tarde, le soltó a modo de despedida que con él o contra él. Durante la reunión fue más allá.

-Mire Don Asier, con todo el respeto, solo yo le puedo garantizar el éxito de su operación. Somos los mejores distribuyendo productos de calidad. También económicos. Lo digo por ampliar el acuerdo a la producción familiar. En volumen la bodega de su ilustre familia tendrá mejor cabida. Y estará presente en los escaparates de las principales licorerías del país. Será el gancho para introducir su marca, de calidad superior no lo dudo, pero de precio más elevado. Necesitamos estimular al cliente con ofertas mas asequibles para que adquieran su Rosalía. Y lo recomienden.

La reunión transcurría por estos derroteros hasta que Cifuentes se envalentonó y abiertamente le amenazó con hacerle la vida imposible si no pactaban. El futuro americano de su vino se tornaba incierto y al capo solo le interesaban los caldos de su familia, sobre los que no tenía ninguna autoridad.

-No tengo ningún poder para tomar una decisión sobre algo que no sea mi propio negocio.

-Vamos Don Asier, usted es un Aranegui, hijo y sobrino de los dueños. Socios además de su empresa. ¿No le interesa el futuro de su hijo o hija? ¿Será niño o niña?

-¿Cómo sabe usted que mi mujer está embarazada?

-Sé muchas cosas Don Asier. Soy un hombre de negocios, necesito estar bien informado, controlar el mercado, a los competidores, estar al día. También sé que no será su primer hijo.

Asier Aranegui palideció. Su secreto mejor guardado corría peligro de ser desvelado. Su romance con Carmen, una gaditana residente en Madrid, trajo al mundo a un pequeño Asier. En unas semanas cumpliría su primer año. Le llamaron Asier a pesar de la oposición de la madre. Carmen accedió ante su insistencia. Tanto él como su esposa Rosalía ya habían desistido en sus intentos de tener descendencia después de media docena de embarazos frustrados. Ahora repentinamente a la séptima iba la vencida. Por primera vez se pasaba de los tres meses de gestación. No sabía como afrontar esta situación. Como encarar su doble paternidad. La reunión con Camilo Cifuentes tampoco ayudó. Estaba alarmado, todo podía desmoronarse a su alrededor.

Cuando apuraba el último trago y se disponía a pedir más tequila le entró un mensaje en el móvil: “Hola amor. Es niño. Quiero que se llame como tu. Espero que te parezca bien. Te quiero mucho. Soy muy feliz. R”

Era el segundo gran susto del día, pero no sería el último. De repente una bronca entre quienes jugaban una partida de naipes, en la mesa de al lado, degeneró en un tiroteo. Una bala perdida encontró su sien.

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Concierto Homenaje al Maestro Reverendo

Anjel Muñoz

El pasado 1 de diciembre (2012) se celebró en la Galileo Galilei el Concierto Homenaje al fallecido Maestro Reverendo. Participaron entre otros Rosendo, Los Enemigos, El Gran Wyoming, Julián Hernández, Javier Krahe, Moncho Alpuente, Pepín Tré. Ahora se edita un doble CD y DVD con lo ahí acontecido. Les dejo un resumen.

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El “High Hopes” de Springsteen me deja frio

HH

Llevo un par de días escuchando “High Hopes” de Bruce Springsteen: intento que me guste pero no lo consigo. Me deja frío. No me aporta nada. A pesar de contar con la colaboración de Tom Morello.

Tampoco entiendo porqué Springsteen recurre a una versión de un tema poco conocido para presentar su nuevo álbum. “High Hopes” –Grandes Esperanzas– es una composición de Tim Scott McConnell para su grupo The Havalinas (de los que se separó para emprender una carrera en solitario a ninguna parte, hasta ahora que el Boss le graba). Quienes han trabajado conmigo saben que tenía prohibido grabar covers de canciones desconocidas (“con la cantidad de hits que hay por qué grabar fracasos” era mi argumento).

Si el concepto del álbum High Hopes es rescatar obras descartadas de otras grabaciones, canciones que ha tocado en directo -como “High Hopes“- pero que nunca grabó en estudio, entiendo perfectamente la estrategia comercial de editar el disco el 14 de enero. Marketing perfecto: se garantizan un nº 1 mundial aprovechando el momento bajo de mercado en esas fechas combinado con el tirón del artista. Y toman prepedidos desde ahora mismo, usando “High Hopes” como primer gancho. Como he vivido y practicado estas estrategias sé que en este caso responde a percepciones poco optimistas: el conjunto general es flojo o no tienen grandes expectativas respecto a su potencial. Su esperanza radica en que el nº 1 de entrada genere una bola de nieve y devuelva a BS a las grandes cifras de ventas (cosa que dudo dadas las circunstancias: cada vez se vende menos).

Les dejo con el video. Juzguen ustedes mismos y me lo cuentan. Gracias.

P.D.: Ha vuelto a grabar “The Ghost Of Tom Joad” e incluye una versión de “Dream Baby Dream” de Suicide.

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Puro Montecristo (por Ana Davies Rodríguez)

lector tabaquería

Si a un chocolate le añades unas hebras de azafrán se tiñe del color de la arcilla roja.

Así era la piel de Natividad González, la negra octogenaria del municipio de Guayabo, en Pinar del Río, que nos recibió en su casa hace ahora tres años.

La mata de mango bizcochuelo, aunque endémica de Santiago de Cuba, vive a la puerta de su casa. Ahora debe estar cargándose de frutos, arropando la madera de las paredes y el  tejado de hojalata. Sombreando a través de la ventana, la pequeña sala ocupada ya quizá, por alguien que no es ella.

Nati nos acogió con la calidez también endémica de su tierra. Era la torcedora de tabaco más antigua  de la región de Vuelta Abajo.

 -Al menos que yo sepa. Porque ya todas las que trabajaron conmigo, se fueron del aire. Yo aún quedo. No sé por cuánto tiempo.

La casa de Nati tiene un pequeño cuarto de dormir y una sala. Se mezclan, desordenados, comida, cacharros de cocina, ropa vieja y muebles parcheados, aunque de buena madera. La “comadrita” donde se mece Nati hace juego con las dos butacas en las que nos sentamos Jorge y yo.

 –No, fotos no. De eso no hablaron ustedes.

Jorge es joven. Este es su primer trabajo como fotógrafo para la revista. Ha puesto esa cara que ponen los jóvenes cuando suponen que conocen alguna respuesta. Me habla entre dientes, bajito.

Creerá que le robamos el espíritu

Nati coloca sus manos, (huesos cubiertos de una piel de elefante viejo) sobre las piernas.

Ver, no veo muy bien. Andar, apenas doy unos pocos pasos. Pero con ayuda, puedo llegarme hasta el Policlínico. Soy una vieja imperfecta, pero aún no me quitaron ni la buena memoria, ni el buen oído.

Jorge se remueve en su butaca y se engancha la tela del pantalón en un saliente de la madera. Cuando va a responder, aún no sabe qué, Nati continúa.

Yo no soy una negra boba. El espíritu nadie te lo puede robar, lo más, te lo machucan, pero yo no voy a salir en ninguna fotografía sin estar peinada y arreglada. Y ustedes no me dieron tiempo.

Está bien, doña Natividad- le digo– podemos volver dentro de dos o tres días. Cuando usted nos diga, para hacerle las fotos. Hoy nada más hablaremos. ¿De acuerdo?

– Está bien, mi hijo. Pero ese “Doña Natividadno me gusta. A mí, desde que tengo oídos, todo el mundo me dice Nati.

Conecto la grabadora. Ella detiene por un momento el vaivén de la “comadrita”

Aquí registraré toda la información para el artículo que le dedicaremos en la revista. Puede decir lo que quiera, Nati.

La cuestión no es lo que yo quiera decir, sino lo que ustedes quieran saber.

Todo.- se adelanta Jorge.

-Su vida, su trabajo-explico yo– los cambios que hubo…

Eso es mucho hablar. Y se me va a secar la boca. Aquí, en Cuba, se habla mejor con un traguito de aguardiente. O de lo que haya…

Señala la vitrina de cristal donde se agolpan vasos desparejados y figuritas de porcelana, sobre un hule de flores malvas y amarillas que cubre sus estantes.

Coja la botella, hágame el favor –le dice a Jorge– y tres vasos. Porque no está por venir nadie más ¿No?

Él abre la puerta atascada de la vitrina y encuentra una botella de vidrio verde. Escoge tres vasos de distintos tamaños, con marcas publicitarias variadas: Habana Club, Hatuey, Saoco…Y Nati, con un gesto, ordena que los coloque en la pequeña mesa que rodea la lámpara de pie. A su alcance. Sirve, a partes iguales, y nos ofrece los vasos. Jorge se acerca el aguardiente a la boca y da un pequeño respingo. Pestañea con rapidez. Yo mantengo el tipo como puedo…

Nati lo paladea, mientras recorre con la mano, su muslo flaco.

Yo tenía 14 años cuando empecé a trabajar. Eran otros tiempos. Los pobres y los negros, que eran más o menos lo mismo, teníamos que hacerlo así. No íbamos a la escuela. Eso vino después.

Por aquel entonces, las mujeres sólo podían ser despalilladoras o anilladoras, pero la elaboración de verdad del tabaco, era cosa de hombres. Ahora, si ustedes se llegan a cualquier fábrica verán, sobre todo, mujeres. Algunas, hasta dirigen esas fábricas… Y esto ha sido porque nos enseñaron a mirar más allá de las hojas del tabaco. No sé si me explico…

Algunos piensan que eso empezó cuando la colonia, cuando Cuba era de ustedes. Y… bueno, a decir verdad, puede ser que todo empezara por ahí, por esas lecturas que  se hacían para entretener a los obreros…Yo creo que los dueños de las fábricas estaban claros: El tiempo que los obreros habían dedicado siempre al chisme y al brete, lo empleaban  en escuchar lo que se leía. Eso hizo que los tabacos se hicieran mejor, con más cuidado…pero también, esas mismas lecturas fueron las que les enseñaron que había algo más que tabaco… Es verdad que al principio, aquellas historias hastiaban hasta las piedras. Hablaban de España, de sus reyes, de sus hijos, y de todo lo que conseguían en el mundo.

Pero….la letra es la letra, y aunque sea fea, entra. Muchos hombres empezaron a pedir otro tipo de lecturas, Se organizaron para exigirlo. Los patrones no eran todos iguales. Algunos tenían ideas que no casaban con las de los otros. Les hablo de mucho tiempo atrás, yo todavía no había nacido…

Eso está muy bien, Nati, pero nos gustaría que nos contara más de su experiencia personal,  de su vida…

¿Mi vida?

Si. Nuestro reportaje hablará de gente de su edad, que ha sufrido cambios sociales, políticos…Gente que ahora-… rodeo con la vista el cuarto y me encojo de hombros.

Ya…ya sé… mi vida. Déjeme decirle algo. Mi vida tuvo un antes y un después.

– ¿Por la revolución?

Bueno, por algo que ella me trajo. Gracias  a la revolución llegué a ser torcedora, y eso me cambió.

¿Por qué? ¿Era un trabajo mejor pagado? ¿más cómodo?

No sé qué decirle. Yo era joven, y el trabajo duro no me asustaba. El dinero, siempre es bueno. Un poco más es mejor que un poco menos. Pero no. No fue eso. Fue que gracias a que yo comenzaba en el oficio de torcedora, pude escuchar de la boca del negro Jesús Leal, la historia del Conde de Montecristo. Y eso fue el principio de algo que se me metió dentro y que todavía no me ha abandonado ¿Ustedes  conocen esa historia?

Si. Claro- Decimos los dos al unísono.

Esa es la historia más bella que hay. Además, Leal era un artista. Sabía fingir la voz de mujer, imitar el sonido de una puerta al cerrarse, o el de un aguacero… A cada capítulo que él leía se le premiaba con el sonido de las hojas de las chavetas, golpeando las mesas. Ah, disculpen, ustedes no conocen…Cuando una lectura no gustaba, o el lector no lo hacía bien, los obreros golpeábamos con el canto de los cuchillos. Si gustaba, se hacía con la hoja… Aquel negro, como les digo, se ganó más golpes de hoja que ningún otro.

Nati ha cerrado los ojos. Por la ventana se cuela un sonido de muchachos que ya salieron de la escuela. Rodean la casa espiando a los intrusos que pintan la novedad en su rutina. Son ruidosos y llevan el uniforme granate de la escuela elemental.

La envidia y la maldad humanas que creo yo, han existido en todas las épocas, encerró a aquel pobre hombre, Edmundo Dantés en una prisión de la que parece que no se  podía escapar. Pero él lo hizo. No se rindió nunca, y aunque castigó a los que le habían traicionado, haciendo justicia, también, al final encontró el perdón y el olvido. Todos deberíamos aprender de él. ¿no les parece?… Pero no saben lo mejor: Yo no conocí el verdadero final de esa historia hasta varios años después. Porque en la lectura del Conde de Montecristo ocurrió algo que se ha hecho su lugar en el recuerdo de varias generaciones…

Aquella mañana, Leal llevaba un pullover blanco. Lo veo como si lo tuviera delante   con los espejuelos que usaba, sobre la punta de la nariz. Siempre los llevaba así. Con el tiempo supimos que no los necesitaba, pero le gustaba el aire de hombre con estudios que le daban…

Las aventuras de Dantés estaban de lo más interesante. Había confesado  ya a  su antigua novia quién era él, en verdad. De repente se hizo un silencio. Leal agarró el vaso de agua y se demoró en el trago. Las lecturas eran largas, y estos momentos de descanso eran habituales. Pero yo alcé la vista justo en el momento en que aquel negro había llegado al final de las hojas y había virado para atrás. Las páginas finales, un buen montón, faltaban, y el pobre hombre se tomó su rato apurando el agua mientras decidía qué hacer. … Hizo lo único que podía hacer: Inventar a partir de ahí ,como Dios le dio a entender.

Si alguno se dio cuenta no  lo sé, porque Leal siguió la historia a su manera:    La mujer, al enterarse de que su antiguo amor había vuelto para encontrarla casada con otro enloqueció, y en un arrebato repentino se lo echó, sin saber lo que hacía. Si…: Asesinó a Edmundo Dantés. No sé cómo a Leal se le ocurrió aquel disparate. Nosotros queríamos que las historias acabaran bonito. Finales amargos ya hay muchos en la vida… Pero  el hombre quería acabar cuanto antes y salió por ahí.

Ésta fue la única vez que a Leal le sonaron los filos de las chavetas. No era por él, sino por aquel escritor que no sabía hacer finales felices. Se oyeron palabras fuertes, que yo no voy a repetir aquí… Había tal descontento entre los obreros que él no tuvo más remedio que rectificar. Dijo que se habían quedado las dos últimas páginas pegadas, y para no contradecir ya lo que él mismo había inventado, resucitó a Dantés de entre los muertos. Así, tal cual. Describió tan bien cómo su alma se rebelaba contra el infortunio de la muerte, que nos pareció más bello que todo lo anterior que habíamos escuchado. Dantés estaba vivo otra vez por un milagro y renunciaba a todo deseo de venganza. No anduvo tan descaminado Leal. La fábula resultó la misma. Al acabar se oyó como una gran tormenta, o como un galopar de caballos: Los primeros cuchillos golpearon las mesas con sus hojas planas, suave, pero luego se les unieron los otros y se hicieron cada vez más fuertes. Al final, temblaron las paredes de la barraca.

El negro Leal se secó el sudor con un pañuelo que sacó del bolsillo del pantalón y se ajustó los espejuelos, que eran de graduación y debían molestarle la vista. Se escondió tras ellos. Yo creo que fue en ese momento cuando yo me di cuenta de que era un sato mentiroso.

Me he dejado arrastrar de tal modo por la historia de Nati que me parece estar viendo a Jesús Leal remendando el final de esa novela eterna. La que estudié en el colegio, a saltos. Nunca reconocí ante nadie que no llegué a leerla. No  me hubiera costado cogerla de cualquier biblioteca. Pero nunca lo hice. Con el rabillo del ojo miro a Jorge. Me gustaría leer su pensamiento. Sé la incomodidad que le produce tener que estudiar a una persona, por sus palabras y no a través del ojo fijo de su cámara. Pero parece interesado.

Yo traía unas directrices distintas para esta entrevista. Preguntas sobre la situación actual, el deterioro de las instituciones y la incapacidad del Estado para hacer frente a las necesidades mínimas de la población. Todas se agolpan en mi libreta, que ni siquiera he extraído del bolsillo. Temo que se rompa el hilo que teje los recuerdos de Nati, llenos siempre, como en casi todas las personas de su edad, de una lealtad incuestionable a la revolución. Pero en algún momento tendremos que aterrizar en este presente durísimo,  que ni el propio Jesús Leal podría  convertir en feliz

– Así que el conde de Montecristo  fue su gran maestro.

– No, los maestros fueron otros. Muchachos, casi niños, que llegaban con su manta y su lámpara de luz brillante. Muchos obreros tenían pena de dejarse enseñar por ellos. Yo no. Aprendí a leer de corrido en poco tiempo, y el primer libro que consulté en la biblioteca pública fue El Conde de Montecristo, para conocer la verdad de aquel hombre, si se murió o no. Si cortó cabezas o encontró la paz. Yo creo que hizo un poco de todo. ¿No es verdad?

Aquellos fueron buenos años para Cuba, ¿No, Nati?

Oh, sí… Parecía que podíamos con todo. A lo mejor era verdad.

¿Cuánto cobra de salario de jubilación, Nati?-

Ha sido un ligero parpadeo en sus ojos que me indica que se ha roto el puente que espontáneamente nos había tendido. Me maldigo por mi impaciencia. Ha cogido su vaso que aún conserva unas gotas de aguardiente y se lo  ha llevado a los labios. Se demora tanto en acabar que no puedo dejar de pensar que como Leal, sabe que hemos llegado al final y nos faltan algunas páginas.

Bueno… unos 230 pesos

¿Y eso es suficiente?

Uno siempre resuelve. Esto es Cuba. Siempre se resuelve…Nati cambia de posición, se ajusta el pelo tras las orejas, pasa las manos una y otra vez por los brazos de su mecedora… Óiganme  ¿no dijeron de volver otro día a  retratarme?

¿Está cansada?

Ya tú ves, mi hijo, los años no perdonan…Pero a mí me gusta mucho conversar… Si ustedes quieren, continuamos mañana … o pasado mañana…

Nati se levanta de la comadrita, y hurga entre las páginas de un periódico Granma pasado de fecha. Extrae de él un papel blanco arrugado. Aparta el envoltorio y nos muestra una caja de madera alargada.

¿Ustedes son fumadores de tabaco?

Más bien, no. –Dice Jorge.

Yo trato, por educación, de contrarrestar su indiferencia

Pero esto es… Montecristo número 2…  ¿Puedo?

 Nati asiente complacida. Abro la pequeña caja y acaricio un habano largo, con envoltura suave. Acerco la nariz y me viene a la memoria las cenas de Navidad o Año Nuevo de mi niñez, cuando mi padre y  mi abuelo se permitían disfrutar del único puro que fumaban en el año. Eran más pequeños que éste. Venían en cajas de madera que yo luego aprovechaba para coleccionar lo que nosotros llamábamos vitolas. Mi prima Valen me las robaba para colocárselas en los dedos, como anillos.

Nati parece haber seguido el hilo de mis recuerdos.

Está bien. Si no son fumadores, alguien en su familia fumará un buen tabaco.

No hay uno igual a éste. Ninguno que tenga un capote como éste. Eso es lo más importante en la calidad de un tabaco, y luego, vean, la capa que tiene. Es  perfecta. Este mismo, no les exagero, en la “choping” cuesta más de 200 dólar. Todavía tengo amigos en la fábrica. Ya se lo dije.  Aquí en Cuba, siempre se resuelve.

Jorge insiste en que él no fuma, en que no conoce a nadie que fume puros, y que además, no lleva dinero encima.

Me siento avergonzado de Jorge y su falta de sensibilidad. Echo mano al bolsillo del pantalón.

A mi padre le gustan mucho los puros, al menos le gustaban. Pensaba comprarle uno de éstos en el hotel.

Jorge me mira con las cejas arrugadas. Es el colmo de la falta de tacto.

Prefiero decirle que le compré un puro a la torcedora más antigua de Pinar del Río. Es un valor añadido. ¿Cuánto cuesta entonces, 200?

Bueno, cuesta más… pero no importa. Así está bien…200 fulas…

Reímos, y pongo en la mano de Nati 200 dólares convertibles.

Ahora solo falta que fijemos la charla del próximo día. Nos falta mucho por hablar, Nati… Y tenemos que hacer todas las fotos que hoy no hemos hecho.

Jorge asiente una y otra vez con la cabeza.

Ustedes no me van a conocer, peinada y arreglada. Miren, yo mejor les voy a dar un número de teléfono. Es de la casa de Caridad. Vive a  una cuadra de aquí. Ella es la que me peina siempre y me atiende en lo que puede. Les dirá cual es el mejor momento para que ustedes se dejen caer por acá.

Arranca una porción de papel de la esquina del Granma y pide un lapicero. Jorge se adelanta y  ofrece a Nati un “Bic” de cristal de tinta negra.

Ella apunta un número de teléfono de cinco cifras 

Cuando sorteamos el tronco del árbol con sus frutos a punto, Nati me llama desde la puerta. Lleva en las manos un libro delgado, casi un folleto de pastas grises y hojas de color amarillo, como la piel del mango

– Acépteme esto. No es una historia grande, como El Conde de Montecristo, – ríe y se asoman los huecos de sus dientes- pero cuando lo lea, seguro que me comprenderá mejor.

Nati nos despide, agitando la mano. Cuando nos separan ocho, diez metros, Jorge se vuelve y dispara una foto. En contra de lo que yo esperaba, ella ha sonreído. Me cabreo con Jorge. Días después  le agradeceré que haya obtenido la única foto con la que contamos para el reportaje  de Natividad González.

Por mucho que al día siguiente insistimos en el teléfono que Nati nos facilitó, no pudimos comunicar con la tal Caridad ni con nadie que se le pareciera. Viajamos de nuevo, a los pocos días a Guayabo, pero la puerta y las ventanas de la casa de Natividad estaban cerradas.  Preguntamos a los vecinos. Nadie sabía a ciencia cierta dónde podía estar.

Ella tiene un hijo en Santiago, seguro que se fue para allá.

La mata de mango se erguía, liberada de su peso… El olor de la fruta aún estaba en el aire.

Los últimos días en La Habana precipitaron el tiempo de nuestro viaje de vuelta. No tuvimos tiempo de callejear ni buscar pequeños recuerdos para traernos. Me alegré al menos, de contar con un pequeño tesoro para obsequiar a mi padre.

Cuando lo extrajo de su caja, emocionado, lo olió. Hizo un gesto muy sutil que me hizo imaginar lo que vendría después. Lo encendió con parsimonia, como había hecho siempre.

¿Y cuánto dices que has pagado por esto?

Cogió con las uñas una  pequeña astilla que sobresalía por la punta encendida. Nos miramos y nos echamos a reír.

Mi padre abandonó el falso Montecristo en el cenicero, para que se extinguiera junto al  aire viciado de Madrid, que se hacía fuerte en el calor de las casas.

A los tres meses se publicó mi artículo sobre la torcedora más antigua de la fábrica Francisco Donatién, de Pinar del Río. Nati era portada de la revista.

Recordé que  aún no me había enfrentado al pequeño libro que me regaló. Y me obligué a ello. El papel de mala calidad y sus caracteres imperfectos guardaban historias de Onelio Jorge Cardoso, el cuentero mayor de Cuba.

Abrí el  libro y me encontré con el primero de sus relatos : Caballo de coral. Aspiré el olor mohoso de sus páginas y me sumergí en la lectura. Nati se asomaba entre las letras como la vi por última vez, sonriendo, apoyada en el marco de su puerta abierta, burlándose en secreto de los dos gallegos que no sabían distinguir un puro Montecristo de una burda imitación.

Montecristo puros

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Guardiola como Mou: a la caza del topo

Guardiola-busca-topo

Guardiola como Mourinho está a la caza del topo. Esto no sucedía en Barcelona o al menos no nos enterábamos: estaba parapetado tras una guardia mediática que le protegía y alertaba. En la muy independiente y conservadora Baviera no parece ocurrir lo mismo. Según Sky, San Pep está muy enfadado y busca a quien filtra las alineaciones y sistemas al diario Bild.

El rotativo alemán asegura que “el filosofo” afirmó: “Me da igual quién sea el topo, lo voy a echar. Van a rodar cabezas. No va a volver a jugar conmigo”. Por su parte Rummenigge dijo: “No vamos a instaurar una NSA para buscar por el mundo al topo, pero le recomiendo que pare o tendremos problemas.”

En la Wiki podemos leer respecto al status de los topos en Alemania:

[…] están protegidos pero pueden ser cazados con permiso. Para controlarlos se emplean trampas, bombas de humo o venenos como carburo de calcio o estricnina. Lo más habitual es inundar con agua la madriguera o llenarla de humo, aunque medidas más humanitarias buscan capturar al topo vivo para trasladarlo a otro lugar. […]

De paso conviene recordar que los topos pertenecen a la familia de los Tálpidos y son subterráneos. Los desmanes en cambio son Tálpidos acuáticos…

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Según Forbes los ingresos de Michael Jackson superan a los de Madonna

Inmortal

La revista Forbes ha elaborado la lista de los músicos mejor pagados de 2013. Computan el periodo comprendido entre el 1 de junio de 2012 y el 1 de junio de 2013. Elaboran varias listas: una de artistas activos y dos de difuntos (una es más amplia porque abarca otros campos). Michael Jackson con 160 millones de dólares encabeza la de dead musicians y la de dead celebrities (Elvis Presley, Bob Marley, Charles Schulz, el creador de Charlie Brown y Snoopy, Albert Einstein, Elizabeth Taylor y John Lennon figuran entre los 10 primeros).

Dos espectáculos del Cirque du Soleil basados en Jackson más los negocios editoriales, royalties y licencias conforman el grueso de los 160 millones. Curiosamente esta cifra del Rey del Pop supera los 125 millones de Madonna, quien lidera la lista de los vivos (en el primer enlace). En segunda posición encontramos a Lady Gaga con 80 millones.  El podio lo completa en tercer lugar Bon Jovi (79 mill.). A continuación Toby Keith (65), Coldplay (64), Justin Bieber (58), Taylor Swift (55), Elton John (54), Beyoncé (53) y Kenny Chesney (53).

Es interesante ver como 2 mujeres ocupan las dos primeras posiciones (4 en el Top 10).

Madonna

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Sensacional Blue Jasmine de Woody Allen

BJ

Aprovechando la oferta de entradas a 3,50€ de los cines Yelmo ayer fuimos a ver Blue Jasmine de Woody Allen. Somos adictos a su cine y cuando vivíamos en Manhattan no nos perdíamos ninguno de sus estrenos. Como los buenos fans acudíamos a su cine de referencia, The Paris, situado en la calle 58 en la acera de enfrente a uno de los laterales del hotel Plaza.

Es encomiable que a su edad Allen siga rodando una película año. Quizás tanta producción provoque irregularidades en su trayectoria. Algunas de sus cintas más floja son recientes y corresponden al periplo que ha emprendido por ciudades y países. Con diferencia la española es la peor (a pesar de una estupenda Penelope Cruz, quien por otra parte siempre está bien).

No suelo seguir a Carlos Boyero, son demasiados patinazos y su opinión nunca me ha interesado. Sea de cine, música o fútbol. Bueno, para ser sincero le hago caso a la inversa: si dice que algo es malo seguro que me va a gustar y viceversa. Me ha pasado ya demasiadas veces (por ejemplo la reciente edad de oro del cine de animación le dejó con las vergüenzas al aire). Así que cuando leí en su critica que Blue Jasmine era mala inmediatamente le dije a La Mundana que teníamos que verla.

Esta vez la localización es en San Francisco con flashbacks a la vida de la protagonista como socialite -por matrimonio- de Nueva York. Magníficamente interpretada por Cate Blanchett -no sería de extrañar que se llevase el Oscar– te mete en el personaje de alguien con quien nunca simpatizarías. Salvo que admires a Ana Botella o a Carmen Lomana. Sus momentos de esplendor y su posterior caída resultan de lo más creíble. El reparto está a la altura: Alec Baldwin hace de Alec Baldwin (igual no sabe hacer otra cosa) en su papel de marido (estafador) de Jasmine (cambió su nombre original de Jeanette a Jasmine para darse más lustre); Sally Hawkins es la hermana de Jasmine (ambas fueron adoptadas) y es el contrapunto perfecto al pijerío; Louis C.K. aparece y desaparece pero deja huella como amante ocasional de la hermana; el irreverente Andrew Dice Clay, de lo mejor del film, es víctima de la estafa del marido de Jasmine y es el ex de su hermana; Bobby Cannavale, otro actor que se ha dado a conocer desde la pequeña pantalla en series como Boardwalk Empire o Modern Family, encarna a la pareja actual de la hermana y sufre la aparición de Jasmine, quien trastoca los planes de la pareja.

Los enredos y complicaciones se suceden. Que la narración de los hechos presentes se desarrolle en San Francisco y el drama pasado en Nueva York ayuda, y mucho, a perfilar los personajes y la historia. Se oponen dos mundos contrapuestos, dos estilos de vida diferentes, encarnados por ambas hermanas y sus respectivas parejas.

Decía Boyero “me carga la estética y el lenguaje que emplea Allen para describir esos mundos”. A nosotros nos sucedió todo lo contrario y les recomiendo esta nueva película de Woody Allen. Rebosa talento, frescura e ingenio.

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