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45 años del asesinato de Víctor Jara

VJ Triunfo 1VJ T2Tal día como hoy, hace 45 años, asesinaban a Víctor Jara en Santiago. en el entonces llamado Estadio Chile y hoy en día denominado Estadio Víctor Jara.

Hace 10 años Antonio Gómez rememoraba en un post del 11 de septiembre el golpe de estado chileno. En esa entrada recogía la entrevista que Gonzalo García Pelayo le hizo en Londres a Joan Jara, la viuda. La publicó Triunfo y fue la primera vez que en España tuvimos noticias directas y fiables de lo acontecido con el cantautor chileno.

Normalmente hubiese reblogueado el texto de Antonio pero, al querer centrarlo en Jara y querer dejar constancia de la entrevista con las imágenes (los enlaces de Triunfo no suelen funcionar), he optado por esta formula: reproducir las fotos del semanario dándolas la importancia que se merecen (y enlazar a lo de Antonio, para aquellos que puedan estar interesados en su artículo original –sobre el golpe pinochetista).

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50 años del mayo francés y otros eventos de 1968

Triunfo

Como era de prever la industria editorial y mediatica aprovecha que se cumplen 50 años del mayo francés y otros eventos que sucedieron en ese confuso 1968. En su día se reflejaron en la España franquista tanto en la única televisión que había y en el NO-DO (con los tintes que asumo ya supondrán) como en diarios sensacionalistas tipo Pueblo (dirigido por Emilio Romero) o los que existían en la época. Por supuesto los medios mundiales se hicieron eco de todos los acontecimientos que salpicaron un año especialmente violento a nivel planetario. Todo el mundo estaba al tanto. Salvo el sociólogo francés Bourdieu, residente en París, ciudad protagonista del mes de mayo, pero que no escribió al respecto Tampoco lo hizo sobre la cultura rock y la revolución que supuso en los 60. En fin…

En España, como era de esperar, la entrada de tanques soviéticos en Praga tuvo especial relevancia. Si el mayo francés sirvió al régimen para advertirnos de los peligros de los que nos salvaguardaban, empezando por la subversión estudiantil, lo de la invasión militar de las fuerzas del Pacto de Varsovia (salvo Rumania), comandadas por la URSS, servía de prueba fehaciente de las maldades del comunismo.

En El Mundano se ha tratado varias veces el año 1968. Y dada su actualidad a raíz del 50 aniversario quisiera rescatar algunas entradas al respecto (dos de ellas, la referida a “Street Fighting Man” y la referida a lo sucedido en nuestro país, escrita por Antonio Gómez, las incorporé (editadas y revisadas) a mi libro del año pasado “Bikinis, Fútbol y Rock & Roll“).

El editor José Luis Ibañez Salas me pidió que escribiese algo sobre los Rolling Stones para la revista Anatomía de la Historia. Elegí “Street Fighting Man” y titulé Street Fighting Man o la respuesta de los chicos malos al Revolution de los Beatles. Se publicó el 28 de mayo de 2014 (con videos). Al día siguiente formó parte de la serie Un siglo de canciones: la 138.

Antonio Gómez colaboró en El Mundano con dos magníficos posts referidos al año 1968. El primero que escribió fue ¿Existió un Mayo Español en 1968? y el segundo Raimon en Económicas: hoy se cumplen 40 años. Luego cuando abrió su blog Memoria músico-festiva de un jubilado tocapelotas los recordó aquí.

Ea les dejo con deberes. ¡Feliz y provechosa lectura!

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75 años de la muerte de Antonio Machado

Hoy se cumplen 75 años de la muerte de Antonio Machado. Hace exactamente 5 años Antonio Gómez escribió un post -un clásico de este Blog- con motivo del 70 aniversario de su fallecimiento. Homenajeaba a los republicanos españoles del exilio. Y rescataba una obra compuesta por él (letra) junto a Antonio Resines (música): “¿Cuándo llegaremos a Sevilla? / Cantata del exilio” (Gong 1978). La portada era de El Cubri.

Nuestro Gómez favorito tuvo la brillante idea de rescatar una de las canciones de ese álbum, la dedicada a la desaparición del poeta, para hacer un video que acompañase a su artículo. Lourdes Guerra se encargó del montaje.

Entrada relacionada:

70 años de la muerte de Antonio Machado. Homenaje a los republicanos españoles exiliados (por Antonio Gómez)

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Una buena nueva: Antonio Gómez estrena blog

Con la llegada de la primavera nos llega una buena nueva: Antonio Gómez estrena blog. Amigo desde mi adolescencia, pluma afilada, ha colaborado y animado El Mundano con sus escritos, ideas y propuestas. En este enlace podrán seguir su andadura mundana. Su última entrada fue dedicada a Labordeta a raíz de su fallecimiento. Corrían los últimos días del verano del 2010. Ahora nuestro otoñal y entrañable Antonio nos deleitará con sus historias, anécdotas y aventuras. Con la canción popular como trasfondo.

Será un lujo poder seguirle. Añoraba sus textos. Memoria músico-festiva de un jubilado tocapelotas es el nombre de su Blog. Que será el nuestro también. No se lo pierdan.

caricatura-tenaLa caricatura es de Carlos Tena

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Adiós amigo Labordeta

19 de septiembre de 2010

Vamos
a echar nuevas raíces
por campos y veredas,
para poder andar

tiempos
que traigan en su entraña
esa gran utopía
que es la fraternidad.

Somos
igual que nuestra tierra
suaves como la arcilla
duros del roquedal.

Hemos
atravesado el tiempo
dejando en los secanos
nuestra lucha total.

(“Somos” de J.A. Labordeta)

No por esperada es menos dolorosa la noticia de la desaparición de José Antonio Labordeta. Un gran hombre, querido por tantos. Por casi todo el mundo, lo cual ya tiene mucho mérito. No es frecuente encontrar tanta unanimidad. Y no pretendo rememorar recuerdos, los que me han venido a la cabeza desde que me enteré esta mañana. Tan sólo comentar que cuando la actual deriva de nuestros políticos se empezó a vislumbrar -y hoy es una desafortunada realidad- solía decir que pensaba empadronarme en Aragón, para poder votarle.

Hace un par de noviembres el amigo Antonio Gómez sugirió hacer algo alrededor del 20-N. Y contactó con “el abuelo” para pedirle unas impresiones respecto a tan señalada fecha. Y para nuestra sorpresa esa misma tarde nos mandó un post. Lo reproduzco a continuación (pinchando en el enlace podrán leer el resto de los testimonios recogidos por Antonio):

Noviembre es siempre el mes más triste del año y por esa razón un dictador sanguinario tenía que dejar este “valle de lágrimas” ese mes, pero lo abandonó dejándonos a todos un extenso acojono que, durante días y noches, nos obligaba a permanecer al lado de la radio para comprobar si la lucecita del Pardo desaparecía.

En esos días yo andaba, todavía, yendo por España a cantar; sobre todo por Barcelona y para llegar hasta allí, tomaba el tren y cuando parábamos en Lérida, en Reus, en Tarragona o en cualquier otra estación del recorrido, salía a la plataforma del vagón y, abriendo las puerta, casi no viajaba nadie, contemplaba el andén, también casi vacío, auscultando los rostros y las miradas. Ninguna señal del difunto.

Cuando al fin entregó su “alma” a Dios -tras de aquel estrafalario pandemónium que montaron la viuda, el yerno y lo más reaccionario del País- y Arias salió, con su lacrimogenia, a dar la noticia, cogí a mi familia, y aprovechando los “días de luto y fiesta escolar”, me fui al Pirineo aragonés, a escasos kilómetros de Francia, porque lo que podía pasar, conociendo las fieras que iban a defender sus privilegios, podía producir alguna noche de cristales rotos.

Todo lo que habíamos pensado se quedó desinflado porque la izquierda carecía de fuerza y los reaccionarios se lo habían montado muy bien. Años después resulta que todavía se están intentando resaltar los crímenes contra la humanidad que aquel régimen dejó en este País.

El año 1976 fue de una represión brutal y de los más duros de los últimos años. Se defendían con gato tripa arriba mientras el joven Monarca aceptaba los Principios del Movimiento: ¡Como para fiarte de él!

Como dijo Vázquez Montalbán llegó envuelto en sangre y se fue igual y nos dejó un País destrozado que, treinta años después no levanta, todavía, la cabeza de la dignidad.”

También será posible
que esa hermosa mañana
ni tú, ni yo, ni el otro
la lleguemos a ver,
pero habrá que empujarla
para que pueda ser.
Que sea como un viento
que arranque los matojos
surgiendo la verdad
y limpie los caminos
de siglos de destrozos
contra la LIBERTAD.

(“Canto a la libertad” de J. A. Labordeta)

 

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Homenaje a Labordeta

20-N: Tristezas novembrinas (por Labordeta)

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Un siglo de canciones 75: “Una Canción (Pueblo De España Ponte A Cantar)” (por Gustavo Sierra)

1 de julio de 2010

La palabra hecha canto,

el grito estrangulado.

Vengan todos a verlo:

¡el pueblo está gritando!

A. Gómez

Corrían los años 50. Habían pasado ya 11 años desde el final de la guerra civil española y sólo apenas 5 desde la derrota de los fascismos beligerantes: a cambio, se instauró la Guerra Fría, una especie de “pásate un pelo y te meto” que ambos mandos mantenían como si fueran chulos de discoteca sin demasiado valor.

Por un motivo que era, a la vez, tanto ideológico como estético, varios intelectuales extranjeros posaron, entre la década de los 50 y la de los 60, su mirada sobre las manifestaciones artísticas, populares y cultas, de aquello que se dio en llamar cultura de la resistencia de la población y la intelectualidad española: Alan Lomax recorrió de norte a sur España recogiendo diversas manifestaciones folklóricas, yendo más allá del nacional-folklorismo y de los pseudo-gitanos para turistas; Ian Gibson también vendría para estudiar la figura, su arte y su vida, del gran Federico García Lorca (al que aún seguimos buscando), con la excusa –no sé si inventada- de un abuelo ultra-católico (es cierto que un pequeño, pero significativo número de católicos irlandeses vino en ayuda de la “perseguida iglesia española”) que vino a luchar con Franco. Y no menos importante fue la labor de dos periodistas italianos.

Sergio Liberovici y Michele Straniero eran dos periodistas influenciados por las tesis acerca del arte y la sociedad del gran Antonio Gramsci (otra víctima del fascismo por el mero hecho de usar el coco y de dar con la raíz del problema). Ambos estaban intensamente interesados por esa especie de folklore oculto que la población oprimida de un país elabora y vinieron a España con el permiso de su editorial, la Casa Einaudi, en el año 61. La situación no era demasiado buena para estos experimentos, y, casi como si fueran agentes de Moscú, los dos periodistas tuvieron que mantenerse en la más pura clandestinidad para evitar problemas, incluso dejar de verse con ciertos contactos que de repente se habían hecho del partido único.

El libro, editado en 1963, acompañado por tres discos (de los que no tengo noticia, a menos que uno de ellos sea el de Chicho Sánchez Ferlosio). se convirtió en una pequeña joya para todo interesado en folklore social, y, ni qué decir, en un importante documento antifranquista, hasta el extremo que el ministro de Información y Turismo (un tal Fraga, no sé si os suena) hizo una declaración pública contra este “libelo”. La editorial Einaudi tuvo que defenderse, no sólo de las embestidas del ministro de turno, sino además de los ataques de grupos neofascistas a sus oficinas y librerías.

En su estancia por todo el país, Liberovici y Straniero recopilaron canciones tan prohibidas y subversivas como la Canción de Bourg Madame,Los Hijos De Don León”, “Els Contrabandistas”, etc., la mayoría de ellas transformaciones de temas populares, tanto tradicionales como temas de moda (como “O Cangaceiro” o “Se Va El Caimán”)… Pero el libro contenía una pequeña trampa: una trampa afortunada que muchos seguimos agradeciendo. No todo eran canciones populares, propiamente dichas, sino que mezcladas con éstas se encontraban también textos a la usanza tradicional cuyos padres, en el anonimato, eran poetas que despuntaban o que ya lo habían hecho, como José Hierro y Jesús López Pacheco. Entre éstas estaban una historia versificada de un cura vasco que tiene la oportunidad de cargarse al caudillo mediante una hostia envenenada, y otra, “una canción” cuyo texto era tan sencillo como ardiente a la vez: “Una Canción” o “Pueblo De España Ponte A Cantar” era un canto de alabanza a la clase obrera del gran López Pacheco.

Pasó algo así como una década. A finales de los 60, el movimiento de la canción de autor, que despegó inmediatamente desde Cataluña a principios de los 60, no sólo estaba despuntando como música popular “seria” (sobre todo con el bombazo Raimon y los más inventivos de los Setze Jutges), sino que estaba en uno de sus momentos más álgidos (hasta el punto de la aparición de canciones reaccionarias protesta). Por toda España –y fuera- aparecían colectivos, agrupaciones y personajes individuales, y prácticamente todos ellos tenían como libro de cabecera este libro, también llamado Cancionero de Einaudi (algunos llegan a interpretar las canciones originales de las que éstas habían tomado la forma). Uno de estos grupos fue aquel que tenía su centro en Madrid, Canción del Pueblo (Nota Bene: la inclusión de este enlace no es ni por vanidad ni por autobombo, sino porque Adolfo Celdrán lo incluye en su página, cosa que me llena de orgullo y satisfacción borbónico), en cuyas filas estaban, entre otros, nuestro amigo Antonio Gómez (en calidad de ideólogo y de poseedor de gran material discográfico), la volcánica Elisa Serna, el beatnik hispano que era Hilario Camacho, y Adolfo Celdrán, que es de quien vamos a hablar.

Las nuevas y jóvenes discográficas interesadas en el fenómeno de canción de autor, permitieron a estos cantantes salir un poco del circuito de recitales en parroquias, colegios mayores y otros recintos pequeños y seguros, para encerrarse en un estudio y grabar un primer EP. Adolfo lo hace en Movieplay/ Fonomusic en 1969 con tres canciones (“General”, un fragmento del poema “Catón de guerra alemán” de Bertolt Brecht; “Bella Ciao”, el canto de batalla de los partigiani italianos; y “Cajitas”, la versión de la famosa canción de la estadounidense Mavina ReynoldsLittle Boxes”) que es prohibido casi de inmediato (serán incluidas en la reedición del LP en 2004). Y en 1971, Adolfo graba Silencio, su primer LP, producido por Carlos Guitart y con los arreglos y dirección orquestal del gran tanguero (¿o es tanguista?) Carlos Montero: textos de Brecht, de Carlos Álvarez, León Felipe, Nicolás Guillén, suyos (“A La Voz De Un Pueblo”, v. g.)… y López Pacheco. La portada es de Juan Genovés.

Para ese año, probablemente, había desaparecido ya bastante el peligro, pues en los créditos ya figura Jesús López Pacheco como autor de la letra y de la música al estilo castellano, pero no así la carga subversiva de la canción. Una primera versión fue rechazada debido a los versos:

Todas las manos/ se van a alzar,/ un solo puño/ las unirá…

La primera versión, aparecida en el LP resulta castrada, sin que por ello pierda su significado esencial. La versión íntegra será grabada en un LP del año 77 que, bajo el nombre “Denegado“, reunía aquellas canciones que la gobernación civil le había prohibido, ya fuera su grabación, su radiodifusión o su interpretación, ya su castración, como en este caso:

Pueblo De España Ponte A Cantar
(Una Canción)

Una canción,
una canción,
llena las calles
de la ciudad.

Canta el martillo,
canta el motor,
ya canta el brazo
trabajador.

Las herramientas
tienen cantar.
Lo canta el hombre
al trabajar.

Todas las manos
se van a alzar,
un solo puño
las unirá.

¡Pueblo de España
ponte a cantar!
¡Pueblo que canta
no morirá!

Pueblo que canta
no morirá.

Entradas anteriores en:

Un siglo de canciones (todos los posts)

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Contra la impunidad

15 de junio de 2010

Pedro Almodóvar, Maribel Verdú, Hugo Silva, María Galiana, Juan Diego Botto, Almudena Grandes, José Manuel Seda, Pilar Bardem, Juan José Millás, Carmen Machi, Miguel Ríos, Juan Diego, Paco León, Aitana Sánchez-Gijón y Javier Bardem bajo la dirección de Azucena Hernández.

Entradas relacionadas:

Los desaparecidos del franquismo: España, pionera de la iniquidad (por Antonio Gómez)

Puerto de Alicante, la última esperanza: 29 de marzo/1 de abril de 1939 (por Antonio Gómez)

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Cristino de Vera

12 de marzo de 2010

Antonio Gómez me avisó que Espacio Canarias daba un pase del documental “Al Silencio”, de Miguel Morales, sobre la figura del genial pintor Cristino de Vera.

Fue ayer y aparte de Antonio, un servidor y unos prometedores artistas canarios, acudió Juan Cruz.

 

También pude conversar con Miguel Morales, quien nos desveló algunos detalles sobre el rodaje.

 

Después de la proyección Cristino cogió carrerilla y se lanzó con un brillante monologo: cubrió todos los aspectos y constantes que mueven su vida y obra. Estaba cómodo, a gusto y se mostró locuaz y tan ingenioso como siempre. Las anécdotas fueron impagables, como la de que “de pequeño quería ser marino mercante” para narrar a continuación como dos hechos cambiaron el rumbo de su vocación. Les dejo con un pequeño fragmento de su alocución (y confío en que el sonido de la calidad necesaria).

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Los 20 posts más vistos de El Mundano en 2009

30 de diciembre de 2009

Del 1 al 20:

Ni CR7, ni Valdano ni Wenger (El Mundano Deportivo para SFS)

La noche que Michael Jackson rompió todos los esquemas 

Un siglo de canciones 6 : “La Vie En Rose” (par Christophe Magny) 

6 Naciones desde París: Previa del Francia-Inglaterra (par Christophe) 

De Santería, Farándula y Crimen (by John)

Sobre el autor, Adrian Vogel 

El Real Madrid prepara “una pequeña” estrategia de cara al partido contra el Barça 

Las Costumbres Españolas 3: Las Procesiones 

Agravios comparativos (Efe Eme)

El Top 10 de Escándalos Sexuales en USA 

La lista de los 10 mejores y peores países para ser mujer 

El rey del pollo frito (Efe Eme) 

Radio Popular FM en 1972 o la 99.5 como un viaje iniciático (por Antonio Gómez y Adrian Vogel)

Frank Zappa 1940-1993 

El Mundano Olímpico 2: sólo van 9 medallas 

Las Costumbres Españolas 4: Orinar en la calle 

Un siglo de canciones 2: “Gracias a la vida” de Violeta Parra (por Antonio Gómez)

Último parte medico y/o de guerra de Quintín Cabrera (parte sin décima) 

Un siglo de canciones (todos los posts) 

Agravios comparativos 2 (Efe Eme)

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Agravio personal de Berlusconi (por Antonio Gómez)

16 de junio de 2009

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No  hay día que me levante y no tropiece en la prensa con alguna noticia bufa protagonizada por Il Cavaliere. Perdón, rectifico: serían ridículos y bufonescos sus baños de portada de Interviú, sus gestos achulados y sus aficiones canoras si no resultara dramática esa perversión democrática que él representa como nadie: la privatización de la vida política de un país. Al fin, se ha hecho realidad la viejo aspiración de Vito Andolini Corleone: el poder absoluto, por más que elegido en las urnas, en manos de un Lex Lutor con brillantina en unos tiempos en que los supermanes de turno solo sirven para anunciar desodorantes.

Pero dejemos a un lado este tema, aunque dé para libros, porque no es de sus lujosas fiestas de lolitas encandiladas por el oro de la grifería o de los cantos napolitanos del bufón-Consejero Delegado-Presidente de lo que quiero hablar. Ni siquiera de temas de más calado como la perversión de la  justicia o el dominio de los medios de comunicación, que son palabras mayores. No, lo que me ha llamado la atención ha sido un aspecto poco destacado de la negativa de la editorial italiana habitual de José Saramago a publicar su último libro, en el que, por aquello de no faltar a la verdad, se tacha de “delincuente” a Silvio Berlusconi, presidente del consejo de administración de Italia S.L. y, además, propietario, lo sé ahora, de la empresa editora en cuestión.

Hasta aquí nada fuera de lo normal, si lo “normal” es seguir las normas del sistema y adecuarse a sus exigencias. El jefe es el jefe,  y el currito, por muy premio Nobel que sea, o toca a rebato las excelencias del que le paga o se va a la calle. Tonterías las mínimas, por mucho que el Saramago sea un caso excepcional de relación patrón-obrero que se ha saldado con el escritor llevándose su libro a otro editor. Sin embargo, ha habido en esta notica un dato, un nombre, que al leerlo me ha lanzado a un imposible viaje en el tiempo y me ha helado la sangre. Lo he sentido como un verdadero agravio personal de Berlusconi, y por el clamó venganza a los dioses de la razón electoral italiana. La editorial que ha censurado a Saramago lleva el histórico y respetabilísimo nombre de Einaudi. ¿Os dais cuenta? EINAUDI.

Para llegar al momento en que tuve mi primer contacto con ese nombre hay que montarse en la vieja máquina de H.G. y retrotraerse hasta 1966 o 1967, más o menos. La fecha exacta da igual. Imaginaos la escena: Es sábado, por ejemplo, y un grupo de jóvenes que pertenecen al Club de Amigos de la Unesco de Madrid (su sede aún podéis vitarla en Tirso de Molina 8, merece la pena) realizamos una excursión a La Pedriza y viajamos en un viejo autocar alquilado. Podían andar por allí Jorge, Yenia, José María, Lola, Mariano, Gregorio, Julio, El Yeti, Consuelo, Mariano… Entre ellos hay algunos militantes de las juventudes comunistas (yo me podía haber afiliado ya o lo haría en poco tiempo). La mayoría somos chavales y chavalas de entre los 17 años, los que yo tengo, y los 20. Seguramente vamos al nacimiento del Manzanares a disfrutar de una excursión, intentar ligar y, objetivo programado, escuchar entre las piedras en un tocadiscos de pilas, que nadie sino nosotros podrá oír en la soledad del monte, el discurso de Fidel Castro en la II Declaración de la Habana, que no era moco de pavo, porque el comandante, cuando mandaba parar, a parar todo el mundo, pero cuando hablaba, no paraba.

En algún momento del viaje, quizás al pasar por el cuartel de El Goloso, o en Colmenar Viejo, a la altura de una granja de patos que había, alguien, probablemente el cantor del grupo, que a veces era yo, pese a mi reconocida oreja de estropajo, empezó a entonar una canción:

“Ya se fue el verano,

ya llegó el invierno,

dentro de muy poco

caerá el gobierno.”

El coro se añadía fácil, porque era un tema popular conocido: “Que tururú  rurú/ que la culpa la tienes tú”. Y ya seguían cuatro o cinco voces:

“todos los ministros

fueron al entierro

Y Francisco Franco

Delante de ellos…”

La cosa ya estaba lanzada. ¿Qué pensaría el conductor del autobús, alquilado y sin ninguna relación con los viajeros? ¿Igual podía delatarnos? En esos momentos nadie se hacía esa pregunta.

“Curas, militares,

Monjas y accionistas,

Los del Opus Dei

Y también los falangistas…”

Incluso nadie se cortaba con aquella barbaridad que alguien debió escribir en un momento de odio intenso o tremenda borrachera.

“Más de veinte duros

cuesta la ternera,

y que el animal

un hijo de Franco fuera…”

Y todo el autobús corea a voz en grito: “que tururú-rurú, que la culpa la tienes tú”·. O tomando la musiquilla de “Los mozos de Monleón” cantan: “En la plaza de mi pueblo / dijo el jornalero al amo/ nuestro hijo nacerá/ con el puño bien cerrado”, o con la de “Dime dónde vas morena” gritan: “voy a la cárcel de Burgos/ a ver a los comunistas/ que los ha metido presos/ este gobierno fascista”. Eran canciones que alguien había oído y se las había enseñado a los demás, quizás el último ejemplo de transmisión boca-oído de la historia de la música popular española. Nadie conocía al autor, pero luego supe que tenían su historia.

A principios de los años sesenta, Michele L. Straniero y Sergio Liberovici, musicólogos italianos que ya habían creado y producido ese espectáculo seminal de la música italiana que se presentó en el festival de Spoletto y se plasmó en un disco histórico de desnuda belleza titulado Bella Ciao”, viajaron a España con la intención de recopilar las nuevas canciones antifranquistas que estaban surgiendo al hilo de la creciente protesta obrera y universitaria. Algunas encontraron, pero no eran suficientes para llenar un libro, y en contacto con algunos jóvenes poetas de la época (Blas de Otero, José Hierro, Celso Emilio Ferreiro o Celaya, entre otros) decidieron crear las que faltaban. Alguna de ellas, como la que decía “Pueblo de España ponte a cantar/ pueblo que canta no morirá”, sería grabada años después por Adolfo Celdrán ya firmada por el nombre de su autor, el poeta Jesús López Pacheco.

(Interludio musical: escuchad esta versión del “Tururúrurú” que hicieron en su momento Quilapayún. Os puedo jurar que nosotros desafinábamos más, pero a entusiasmo no nos ganaban):

Pensaréis que me he perdido, pero no es así. Sólo he dado un pequeño paseo por un camino vecinal para que veáis una bonita perspectiva y vuelvo a la carretera. Aquellas canciones habían sido publicada en 1963 en Italia bajo el nombre de “Canti de la nuova resistenza spagnola”, al que Fraga Iribarne, a la sazón ministro franquista del ramo, bautizó, en la contrapropaganda que se vieron obligados a hacer ante la extensión de las canciones por toda España, pese a su clandestinidad, como “Libelo de Einaudi”. Porque era precisamente EINAUDI el nombre de la editorial que las había sacado a la luz.

Luego, con el tiempo, supe que aquella editorial, creada en 1933 por Giulio Einaudi –quien hubo de sufrir cárcel y exilio por su antifascismo (¿recordáis esa extraordinaria película que es Una jornada particular”, de Ettore Escola, con la Loren y el Mastroniani en estado de gracia?)–, era la que me permitía leer, porque los habían editado originalmente, los libros de Italo Calvino (que trabajó como empleado de la editorial entre 1947 y 1981), Cesare Pavese, Primo Levi, Elio Vitorini, Dario Fo y buena parte de la mejor literatura italiana de la postguerra y todos los años posteriores. Hasta ahora.

Einaudi fue una editorial de referencia de la izquierda italiana y mundial, una editorial independiente y crítica, foco de disidencias, de heterodoxias y de libertades. Tras una importante crisis en los años 70 y 80 fue a parar a Mondadori, posteriormente parte del imperio berlusconiano.

Yo ahora, al pensar en esa trayectoria, siento que Berlusconi me ha hecho una ofensa personal, un agravio que me afecta en lo más íntimo: ha pervertido mi memoria, la ha traicionado. Y eso no se lo perdono. Si las empresas críticas son compradas por el poder, que a su vez es comprado por un emperador privado ¿De verdad se puede llamar a eso democracia?

(Si queréis reíros un rato, ver y escuchar este burdo y soez vídeo musical. Pero no olvidéis que el cantor no es bufón, es el germen de un dictador)

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