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Adíos a José José, el príncipe de la canción

Ayer conocimos la noticia del fallecimiento de José José. el príncipe de la canción. No por esperada es menos dolorosa. Una vida de éxito profesional que escondía aspectos más oscuros. Aunque la vida del ídolo (la de los ídolos en general) y sus problemas fuesen de sobra conocidos.

La vida artistica de José José es la de los cantantes de toda la vida. Interpretes de grandes facultades vocales siempre a la caza de repertorio. Comienzan haciendo versiones, en su caso de éxitos contemporáneos, españoles e italianos, o de clásicos de la música popular romantica. Hasta lograr la confianza de autores consagrados y logran codearse con ellos para que les compongan. José José cantó a los mejores.

Siempre recordaré uno de mis primeros viajes profesionales a México. CBS había fichado a Emmanuel y se organizó una presentación en México para las compañías de los países de habla hispana. Congeniamos. Y trabé amistad y confianza con su representante Angelo Medina, puertorriqueño. Nos unía nuestra pasión por el baloncesto. Años después me presentó a Piculín Ortiz, exNBA y compatriota suyo, quien acababa de fichar por el Real Madrid (Angelo se había convertido en manager de Chayanne y Ricky Martín, ambos de CBS/Sony). Cenamos en la antigua La Trucha, al lado de la madrileña Plaza de Santa Ana. Pero volvamos a México y a una noche inolvidable en Plaza Garibaldi.

Tras los actos oficiales de la presentación me empeñé en ir a la Plaza Garibaldi. A los compañeros de la compañía mexicana no les hacía demasiada gracia la propuesta. A los argentinos tampoco. A Emmanuel le chocó mi interés y apreció las razones que expuse (para entendernos: podría ser el equivalente a nuestros tablaos con unas características especiales como es que en cada bar/taberna contratas a los mariachis para que te canten). A la expedición se apuntaron los colegas peruanos, colombianos y venezolanos. Emmanuel y Angelo se encargaron de movilizarnos y les vi haciendo llamadas.

Cuando llegamos a la plaza, nos dirigieron directamente a una de las muchas terrazas. Era la del local al que previamente habían avisado. A los mariachis se les notaba entre expectantes y emocionados. Lo achaqué a la presencia de Emmanuel, el ídolo mexicano del momento. En el transcurso de la siguiente media hora entendí lo que les pasaba: fueron apareciendo José José, Juan Gabriel y Juan Luis Guerra (quien poco después le produciría un disco a Emmanuel). Para que la gente del rock lo entienda, es como si de repente surgen Joe Cocker, Bob Dylan y Bob Marley (por lo del Caribe anglo).

No hay palabras para describir la admiración que estas estrellas mostraban ante la voz de José José. Constantemente le pedían que cantase esta o aquella. Canciones propias o ajenas a su repertorio habitual.

Se corrió la voz y la gente se fue agolpando a nuestro alrededor.  En silencio respetuoso. Que solo rompían para aplaudir o reír algunas de las anécdotas que contaban los artistas. Fue, como supondrán, una noche mágica. Entre tequila, canciones e ilustres de la música popular. Y un privilegio para mí haberle escuchado en directo. La primera y última vez. ¡Gracias José José! Y por supuesto, gracias a Emmanuel y Angelo que lo hicieron posible.

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Robert Hunter (1941-2019)

Robert Hunter posed

Ayer cuando me enteré del fallecimiento de Robert Hunter, a los 78 años de edad, no pensé en escribir nada al respecto. Daba por supuesto que medios y redes sociales se harían eco de la triste noticia. Esta mañana he comprobado que no ha sido así.

Hunter, letrista habitual de Grateful Dead, rechazó la oferta de su amigo Jerry Garcia (de origenes gallegos por parte de padre) para unirse al grupo. Prefirió concentrarse en escribir sus textos. La amistad entre Hunter y el guitarrista fue inquebrantable y superó un mal comienzo: la novia de Garcia le dejó para casarse con Hunter (terminarían separándose).

La primera letra que Robert Hunter hizo para los Dead fue la de “Dark Star“, un tema instrumental que ya desde los inicios de la banda de San Francisco mostraba las querencias por los desarrollos e improvisaciones.

Si por su trabajo con los Grateful Dead ya ocupa un lugar en el panteón del rock, añadan a la lista a Elvis Costello, Bruce Hornsby,… y ¡Bob Dylan!

Qué mayor honor puede haber para un escritor de versos de canciones que colaborar con el maestro del oficio. La primera en la que colaboraron fue en “Silvio” del álbum “Down In The Groove” (1988). En ese mismo disco hay otra colaboración. 20 años después volvieron a escribir juntos. para el “Together Through Life“, editado en abril de 2009. Grabado en diciembre de 2008 era el trigésimo tercer álbum de Bob Dylan. Todas las canciones, menos una, eran de Dylan y Hunter.

En los últimos años su salud se resquebrajó. Y para poder cubrir los gastos médicos se embarcó en varias giras (la última fue en 2013), para apoyar las varias grabaciones en solitario que había editado.

Uncle John’s Band” (1970), una de mis favoritas de Grateful Dead, con esas voces tan Crosby, Stills & Nash, sirve para despedir a Robert Hunter.

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Algo más que los 50 años de Woodstock

Sender BFyR&R

Estos días los medios celebran profusamente el 50 aniversario del Festival de Woodstock. Como si fuese el festival de todos los festivales. El único. Lo achaco a las fechas en las que nos encontramos, con las redacciones bajo mínimos (la plaga de los becarios de los becarios). Menos mal que quedan algunas voces críticas en los medios que recuerdan el desastre organizativo que fue aquello y que no se produjo una autentica desgracia de milagro (o más bien, por la intervención de las autoridades).

Rock FM produjo el mes pasado un especial al respecto, bastante completo. Nuevamente agradezco a la emisora que contase conmigo.

El Festival de Woodstock no fue el primero en celebrarse. Y me atrevería a decir que ni siquiera fue el más importante. Sí fue el más documentado (películas, documentales, discos, etc.). Para nosotros, en Europa, los de la Isla de Wight son más relevantes. Especialmente su segunda edición, la de 1969 (50 aniversario por tanto), porque sacó de su retiro a Bob Dylan. El genio no quiso actuar en Woodstock, cerca de su domicilio, y en cambio eligió Wight para su retorno a los escenarios. La tercera edición de este festival, la de 1970, fue la que mas asistentes congregó (se habla de más de medio millón de personas, superando  a Woodstock).

Decía que Woodstock no fue el primer festival de rock al aire libre. En el libro “Bikinis, Fútbol y Rock & Roll” relato cuales fueron los primeros. Y conviene subrayar la relevancia del madrileño Ramón Sender en la producción del primer festival de tres días de duración (el pantallazo del encabezado refleja el texto al respecto).

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Joan Baez en España

JB TVE

Joan Baez se ha despedido de los escenarios con una gira que finalizó con varias fechas en España. La última de las cuales fue en Madrid: el pasado 28 de julio en el incomparable marco del Teatro Real. Cuando la conocí en los 70 me contó que había vivido en España, por el trabajo de su padre en la UNESCO.

Joan Baez (Nueva York, 1941) de padre mexicano y madre escocesa, ambos de ascendencia religiosa por parte de sus padres (los abuelos de Joan: el paterno dejó el catolicismo y México para mudarse a EEUU y convertirse en un pastor metodista mientras el materno era sacerdote anglicano).

La primera vez que visitó profesionalmente España –hasta donde yo sé– fue para promocionar su excelente álbum “Diamonds & Rust“. El LP fue un éxito en su época (1975) y marcaba un giro en la carrera de Joan Baez: era el disco que incluía más composiciones propias. Conocida como interprete, sus grabaciones aportaban otro color a canciones de autores conocidos o desconocidos (que ella ayudaba a popularizar). En este sentido “Diamonds & Rust” es su composición propia más lograda. Dos años después de editarse, Judas Priest hicieron una versión en su álbum “Sin After Sin” (1977). Ritchie Blackmore también la grabó –en los 90- junto a su compañera Candice Night. En su momento se rumoreó que Baez había compuesto esta canción basada en una llamada intempestiva de su ex, Bob Dylan. Y que era una especie de ajuste de cuentas sobre la relación que habían mantenido diez años antes. Años después el rumor quedó confirmado cuando lo dejó caer en un par de entrevistas y en  su autobiografía.

Antonio San José escribió aquí,  en noviembre de 2008, sobre su entrevista a Joan Baez en Madrid. Una anécdota deliciosa. Les recomiendo su lectura (y si se animan les sugiero que también lean los comentarios al post).

Por mi parte la conocí (como entrevistador también) en ese mismo viaje promocional y guardé muy buena impresión de ella.

Este álbum, “Diamonds & Rust“, era el siguiente al “Gracias a la vida” (1974), su disco en español, en el que recogía su herencia hispana y parte de sus inquietudes políticas. La edición en España pasó desapercibida. Me contaron que hubo problemas con la censura (aún vivía el dictador). Cuando entré en Epic (CBS), como jefe de producto de A&M Records en junio de 1977, los jefes de A&M me contaron del interés que Joan Baez tenía por recuperar esta grabación. Los problemas de la distribuidora anterior (Ariola) ya deberían haber pasado a la historia por el cambio político que se estaba produciendo en España (muerte de Franco, elecciones generales, etc.). Por mi experiencia en medios y la serie Gong era consciente del potencial comercial de “Gracias a la vida“. Me pareció muy acertada la sugerencia y pedí la colaboración de la artista. Estaba en Los Ángeles en una convención de A&M donde la gente de CBS Europa éramos los protagonistas (por el contrato de distribución recién firmado). Coordinaron una llamada telefónica y la expuse mi planteamiento: insistí que para la naciente democracia española su presencia en España con este álbum podría ser un espaldarazo. Ella estaba por la labor (la sugerencia de rescatar el disco fue suya) y no puso ninguna pega. Se comprometió a hacer televisión. Con lo que eso implicaba (tanto los artistas cool norteamericanos como los concienciados no hacían teles en esos días).

Al volver a Madrid el director de Epic se entusiasmó con la idea y enseguida sugirió hacer el programa de José María IñigoEsta noche fiesta” (se realizaba en el Florida Park del parque de El Retiro). Él sabía que Iñigo, con quien mantenía excelentes relaciones, admiraba a Joan Baez. Dado el carácter comercial, o como quieran llamarlo, del programa pedí una diferenciación. Otro marco escénico. Un telón negro de fondo. Y que la actuación fuese en directo, guitarra y voz (esto fue una petición de la artista). A Baez le pareció muy oportuno este cambio de look del programa para sus dos canciones. Iñigo, entusiasmado, aceptó nuestras pretensiones. Iba a ser la primera vez que Joan Baez actuaría en TV en España.

Cuando llegó a Madrid, para hacer promoción de “Gracias a la vida” y la aparición en TVE, me encontré a una Baez espléndida, encantada y feliz. En nuestra primera conversación telefónica ya la había recordado que nos conocíamos. Esta vez pasamos más tiempos juntos. Su curiosidad por todo lo que estaba sucediendo en España era tan grande como su conocimiento del país y su cultura. Años después, en los 80, descubriría hablando con John Hammond lo importante que la Guerra Civil española había sido para la izquierda estadounidense, sobre todo la neoyorquina (parte de estas conversaciones están reflejadas en mi dos últimos libros: “Bikinis, Fútbol y Rock & Roll” y “Rock ‘n’ Roll: el ritmo que cambió el mundo“).

Las canciones a interpretar en el programa de Iñigo las habíamos acordado en una ultima llamada telefónica, antes de llegar a España.

En nuestras charlas la legalización del PC, la vuelta de exiliados y las primeras elecciones generales, celebradas hacía unos meses, fueron los temas más comentados. Sugerí que un comentario suyo al respecto sería muy apropiado. Y un golpe de moral  para todos quienes ansiábamos la consolidación democrática (y estábamos temerosos de los ruidos de sables). Me aseguró que contase con ello. Entendió perfectamente que era una oportunidad que no podía desaprovecharse (solo había dos canales de TV entonces).

Había notado su admiración por La Pasionaria. Su alocución (dedicándola un tema) no me sorprendió tanto como a Iñigo (quien palideció a pesar de la legalización del PC y la condición de diputada de la histórica dirigente comunista). Elegir cantar “No nos moverán” era un clara declaración de intenciones (por el paralelismo con el “No pasarán”).

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Elliot Roberts (1943-2019)

Trasher's Wheat 1985

Ayer me enteré del fallecimiento de Elliot Roberts, un gigante de la industria musical estadounidense. Sucedió el día 21 de junio. Tenía 76 años, cumplidos el pasado mes de febrero.

Nacido y criado en el Bronx neoyorkino acortó su apellido judío (Rabinowitz) y tras abandonar los estudios universitarios (dejó dos carreras) quiso ser actor. Empezó a trabajar en el departamento de envíos de la William Morris Agency de Nueva York. Ahí conoció a David Geffen, otro gigante. Aunque debería decir que Geffen es el gigante de la industria cultural de Estados Unidos. Esta relación devino en amistad y compartieron negocios y aventuras empresariales (Geffen-Roberts Company y Asylum Records en 1971).

Fueron Geffen y Roberts quienes convencieron a Bob Dylan para que abandonase su discográfica de siempre (Columbia Records/CBS) para unirse a la discográfica Asylum y a su oficina de representación (Geffen-Roberts Co.). Editó dos álbumes con ellos: “Planet Waves” y “Before The Flood“, un doble en directo con The Band. Posteriormente Dylan volvería a su casa de siempre.

En 1973 Geffen, Roberts, Elmer Valentine (dueño del Whisky a Go-Go) y Lou Adler abrieron el club The Roxy en el Sunset Strip de West Hollywood. Neil Young inauguró el local.

Roberts y Geffen dejaron de ser socios por culpa de terceros. Un joven agente, Irving Azoff, que trabajaba en la Geffen-Roberts Co. fue el causante principal del cisma: The Eagles cambiaron de pareja de baile, abandonaron a Geffen-Roberts y se fueron con Azoff, quien montaba su propia oficina. Geffen y Roberts, ambos impulsivos y apasionados, chocaron en su forma de afrontar la situación. Geffen fue frío y cerebral y Roberts diríamos que más hippy. El primero tomó una actitud profesional y siguió trabajando con Azoff (convenció a Warner Bros. para que le financiase un sello, Giant Records) y los Eagles (en Asylum y luego en Geffen Records, donde también tuvo a Don Henley), mientras que Roberts roto el amor fraternal juró odio eterno al traidor y al grupo. Y formó Lookout Management. Las malas lenguas dicen que la movida de Geffen con Azoff fue para quitárselo de en medio de MCA (donde presidía la cia.) y poder vender Geffen Records a los nuevos dueños de MCA.

El primer descubrimiento de Roberts fue la canadiense Joni Mitchell. La vio actuando en un club del Greenwich Village de Nueva York (Cafe Au Go Go) en 1966. Se mudaron juntos a Los Ángeles, a Laurel Canyon (centro artístico y bohemio). Les acompañaba el entonces novio de Mitchell, David Crosby. Al poco se les unió David Geffen. Ya situados en la costa oeste Joni Mitchell le habló de un compatriota suyo, Neil Young, que estaba en un grupo (Buffalo Springfield). Curiosamente fue Young quien provocó que la banda prescindiese de los servicios de Roberts. Cuando ellos se separaron, a los 18 meses de formarse, Neil Young llamó a Elliot Roberts para que fuese su manager. Quería empezar su carrera en solitario. Ha sido representante suyo hasta la fecha de su muerte. Son más de cincuenta años. Y “aguantar” a Neil Young no es fácil… Jimmy McDonough, autor de la biografía de Young, escribía al respecto de la relación Young/Roberts que “Ha habido otros equipos infames en el rock and roll –Dylan y Albert Grossman, Ray Charles y Joe Adams, Bruce Springsteen y Jon Landau– y, por supuesto Elvis y el Coronel Tom Parker. Elliot Roberts definitivamente vive en este salón de la infamia y es el único ser humano capaz de guiar la carrera de Neil Young.”

Con Joni MItchell rompió en 1985. La foto de Trasher’s Wheat en la que vemos a Young, Mitchell y Roberts es de ese 1985.

Roberts también fue manager (con o sin David Geffen) entre otros de Crosby, Stills & Nash, Crosby, Stills, Nash & Young (“el pegamento que nos mantenía unidos” ha declarado Graham Nash), Jackson Browne, America, Devo, Talking Heads, The Cars, Tom Petty, Tracy Chapman (su último descubrimiento de relieve) además de los ya mencionados anteriormente.

Cuando llevé el marketing internacional de Geffen Records en NY tuve el inmenso honor de conocer a Elliot Roberts. (David Geffen tenía un contrato de distribución con Warner Bros. para EEUU y Canadá y otro con CBS para el resto del mundo; Warner eran socios de Geffen Records). Me tocó trabajar con él en tres proyectos: Neil Young (dos álbumes), Joni Mitchell y el debut en solitario de Ric Ocasek, el líder de The Cars.

Con Ocasek no hubo nada que hacer. Aparte de trabajar para que se editase en los principales mercados del mundo. El álbum era flojo. No funcionó en EEUU, ni en ventas ni tuvo el apoyo de la crítica musical. No había ninguna historia que contar. En cambio con Joni Mitchell fue otra cosa. Dada la vertiente pintora de la cantautora, y que la portada del álbum “Wild Things Run Fast” era obra suya, Roberts y Mitchell tuvieron la idea de organizar presentaciones del disco en galerías de arte (en conjunción con sus pinturas). En Estados Unidos solo consiguieron hacerlo en Los Ángeles. Por mi parte coordiné con las compañías de  Inglaterra, Italia, Australia y Japón para hacerlo en Londres, Milán, Sydney y Tokyo. Salí bien parado del asunto aunque ella echó de menos no haber estado en París. Aún recuerdo la mirada de Elliot Roberts a Joni Mitchell: la calló. Y rápidamente paso a agradecer lo que CBS Records International había logrado.

Lo mejor de nuestra relación sucedió en San Francisco, en el rancho de Neil Young (una hora al norte de la ciudad). Young debutaba en Geffen Records con un disco difícil “Trans“. Influenciado por Kraftwerk se alejaba drásticamente de lo que sus seguidores podían esperar. El trasfondo del disco eran los ejercicios vocales que practicaba con su hijo Ben, quien sufría parálisis cerebral infantil. (Pero eso no lo sabíamos entonces). Young había accedido a recibir periodistas musicales y críticos en su rancho, para pasar el día con él, hablar del disco, etc. Las delegaciones australianas y japonesas habían llegado directamente y ya estaban en el rancho cuando llegué desde NY con los ingleses, Antoine de Caunes y su equipo de TV de Francia, la corresponsal italiana de la RAI, un par de medios alemanes y uno holandés. Nos recibió Elliot Roberts en el aeropuerto de LA. El trayecto fue todo un muestrario de Roberts. Todo lo que me habían contado era cierto: despierto, buena persona, bromista, rápido, inteligente, encantador, etc. Recuerdo vívidamente dos temas: la historia de porque Neil Young y él se habían comprado esos terrenos. La idea era que, según estudios geológicos que hablan sufragado, cuando los movimientos de la Falla de San Andrés fuesen perceptibles, sus propiedades se convertirían islas del Pacífico. Cuándo le pregunté cuando ocurriría eso, me contestó entre risas que en unos miles de años. Y se encendió un porro (que ya llevaba liado). El segundo asunto fue cuando nos llevó por unas carreteras rurales, con pequeñas subidas que tomaba a gran velocidad (como si fuesen dunas) y el todo terreno literalmente volaba hasta caer sobre sobre suelo firme de nuevo. El vehículo que nos seguía, con el resto de la expedición, le pitaba (asumo que pidiéndole prudencia).

Al llegar a la casa de Neil Young, nos esperaba con su familia, músicos, amigos y los australianos y japoneses que habían llegado antes. El salón era lo que te esperabas. Rústico, lleno de guitarras, amplis, una enorme chimenea, muebles de madera, telas en las paredes, alfombras cubriendo todo el suelo. Y una peste a marihuana que ya te embriagaba. Improvisamos una pequeña rueda de prensa mientras preparaban la cena. Tras la parte profesional del asunto nos relajamos, comimos, bebimos y Young nos tocó un par de temas con sus amigos músicos. Tuve ocasión de charlar con él. Le felicité por el riesgo que asumía con “Trans“. No es fácil que un artista de renombre de un cambio estilístico tan acusado y se lance al barro de esta manera. Estaba especialmente interesado en la opinión de los alemanes (por lo de Kraftwerk). A Roberts (y a Young) le gustó lo que dije. Y creo que fue ahí cuando me gané la confianza del manager. Respecto a mi comentario sobre asumir riesgos soltó irónicamente que David (Geffen) no compartía mi punto de vista. Años después Geffen demandó a Young por no entregar obras acorde a su estatus, por los que la compañía le pagaba un millón de dólares de adelanto.

Lo último que supe de Roberts fue la semana pasada. Unas declaraciones suyas respecto al incendio que afectó a muchos de las cintas originales propiedad de Universal (y los sellos que ha ido absorbiendo o creando). Decía: “Es un crimen que hayan desaparecido los masters originales de Billie Holiday o Buddy Holly o de todos esos artistas de los 40 0 50. Cuando la industria discográfica empezó a declinar hace unos 15 años, la gente (por los ejecutivos) fue reticente a hacer copias porque costaba dinero. Cuesta de 2.500$ a 3.000$ convertir un original analógico a una copia digital de audio en alta resolución. No quisieron gastarse el dinero… Es trágico.”

 

 

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El País acierta con el precio de “Lucha de gigantes”

Lucha de gigantesEsta vez sí: El País acierta con el precio del CD “Lucha de gigantes“. 9,95€ por un álbum de grabaciones nuevas es un buen precio. Competitivo. Lo cual viene a darme la razón cuando manifestaba mi rechazo a este mismo precio pero para grabaciones antiguas de Bob Dylan y de Ella Fitzgerald & Louis Armstrong (y toda la colección Verve), cuando además se podían encontrar más baratas en los comercios habituales tipo FNAC o Amazon. El libreto no es aceptable como excusa. Bromeaba al respecto con Fernando Navarro en Facebook diciéndole que él cobraba más que Dylan.

Lucha de gigantes” es el tercer homenaje que se realiza a Antonio Vega. Y además va asociado a una buena causa: la lucha contra el hambre. Producido por Carlos Narea el disco contiene 13 grabaciones de canciones de Antonio Vega interpretadas por Rozalén, Ara Malikian, Coque Malla, Alba Molina, Juanes, Lamari & Emilio Aragón, Antonio Zambujo, Alejandro Sanz, Amaral, Ivan Ferreiro, Clara Montes, Arcángel y Lamari & Antonio Vega.

Si desde las paginas de este mismo periódico (y de otros medios) se bramaba contra la industria discográfica por los precios de grabaciones amortizadas (el precio lo fijan las tiendas), no es de recibo que ahora vayan y hagan lo mismo que criticaban. Me refiero a los mencionados casos de Dylan y la colección del sello Verve. Por eso valoro y aplaudo este precio para “Lucha de gigantes“, porque son nuevos registros sonoros (con el coste que suponen).

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¡Qué grande es Fernando Aramburu!

¡Qué grande es Fernando Aramburu! Sus artículos del domingo en El Mundo son espectaculares. El de hoy, ETA y su narrativa,  sobre la presunta petición de perdón por parte de la banda terrorista es sencillamente magistral. No se puede decir más alto ni más claro. Los de domingos anteriores, igual de lucidos y brillantes, alternan fina ironía y buen costumbrismo, mientras reflejan una bonhomía que con el paso del tiempo será legendaria.

Si quieren hacerse un favor no se pierdan sus entrevistas semanales en El Cultural (también de El Mundo). Son una delicia. La revista solo cuesta un euro y es la mejor inversión cultural que puedan hacer.

Aramburu se desnuda (artísticamente) y hace lo propio con sus invitados, primeras figuras de las artes (con preferencia para quienes escriben, cosa lógica al compartir oficio).

Este jueves pasado se publicó la conversación con Manuel Vilas (su “Ordesa” está arrasando). Está en la portada de El Cultural (no pongo el enlace porque no la han subido). Y claro, en cuanto se refieren a la música me entusiasmo. En esta ocasión Don Fernando, haciendo referencia a la magnifica entrevista que Fran G. Matute le hizo a Rodrigo Fresán en Jot Down, pregunta a Vilas si a él le pesa su amor por Lou Reed a la hora de escribir, como le sucede a Fresán con Dylan. El que estos novelistas de relieve y prestigio (entre otros), tengan referentes rock no solo refrenda la importancia de nuestra música, es que agranda más aún la literatura de estos enormes escritores.

¿Se nota que soy fan de Fernando Aramburu?

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