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Indignado con Paul Krugman

El País

Estoy indignado con Paul Krugman, el Nobel de Economía. Esta mañana me ha dado el desayuno. Suelo leer su columna dominical del suplemento de Negocios en El País (traducción de lo que escribe en The New York Times). Soy admirador y seguidor suyo (en asuntos económicos). Zapatero a tus zapatos es la frase que me viene a la cabeza, ya más sosegado tras la lectura del “Vacunas, un desastre muy europeo” de ayer (el enlace es a Yahoo, sin necesidad de registro o suscripción). Frase que se le puede aplicar tanto a él como a mi. Pero sus falsedades basadas en datos erróneos son palmarias. Como podrán comprobar en los siguientes párrafos, si tienen paciencia y ganas de seguir adelante.

Sigue sorprendiéndome que El País publique semejantes opiniones, sin verificar. Tampoco cuestionan al autor y dan por bueno lo que envían. Parece marca de la casa. Lo hemos visto en casos anteriores. Los más destacados, en mi opinión, son uno reciente, de Enric González desde Buenos Aires dando por buenos los datos falsos de Trump sobre la economía estadounidense (como si hubiese heredado un país en bancarrota, que es lo que recibió Obama y enderezó). Más antiguo es la campaña pro tabaco de Javier Marías, que le convirtió automáticamente en enemigo de la salud pública. Los malos humos de Marías pretendían arremeter contra la prohibición de fumar en el interior de lugares de trabajo y locales abiertos al público (tiendas, bares, restaurantes, oficinas, etc.). En medio, Diego Torres contra el Real Madrid (Torres fue el único represaliado de los tres, pero porque dio una noticia inventada que la realidad desmintió a las pocas horas).

La tesis de Krugman para arremeter contra la UE, en el asunto de las vacunas, se basa en premisas falsas. Lo cual viene a demostrar mala baba o ignorancia. O ambas cosas. Desde hace tiempo me quedó claro que su aproximación a la realidad europea surge, a partes iguales: de un excesivo patriotismo estadounidense y un paternalismo típico del aire de superioridad que se dan las elites de EEUU.

Krugman critica la prudencia de la UE respecto al tema de las vacunas. Algo que a mi entender es de agradecer. Se centra en el ejemplo de AstraZeneca. Y los dimes y diretes sobre su suspensión y posterior redistribución. ¡Pero no menciona en sus críticas que AstraZeneca no está aprobada en Estados Unidos! ¿Conoce o desconoce este dato fundamental? ¿Es ignorante o manipulador? ¿Cómo se atreve a criticar un proceso de la UE cuando en su país aún no se ha aprobado esta vacuna? Hoy, por ejemplo, se han dado a conocer los datos de la segunda ronda de pruebas de AstraZeneca (en Estados Unidos, Chile y Perú, con un79% de efectividad entre los 32.449 individuos que participaron en los test). En EEUU están aprobadas las de Pfizer/BioNTech; Moderna y la de Johnson & Johnson. La de AstraZeneca está pendiente de su autorización urgente en Estados Unidos: el laboratorio ni siquiera la ha pedido, pendiente de los resultados que se han dado a conocer hoy. ¿No será Mr. Krugman que el problema es del laboratorio y no de la UE? Los han tenido en producción, distribución, cumplimiento de entregas pactadas, han despertado dudas sobre su aplicación en mayores y sus efectos secundarios (estos llevaron a su suspensión temporal y ya han sido aclarados, aspecto este último que el Nobel parece despreciar y que acrecienta la sensación de seguridad que debemos tener los ciudadanos europeos respecto a nuestra vacunación).

Aclarado el asunto de la bienvenida prudencia y la ignorancia de Krugman respecto al estado de una de las vacunas, vamos con el otro aspecto discutible de su libelo. No es otro que el de la compra centralizada de vacunas. Que no deja de ser algo positivo. Una guerra comercial entre países europeos para comprar vacunas primero perjudicaría a los estados menos pudientes y con menor población. Ya lo experimentamos con la adquisición de material sanitario hace un año, al principio de la pandemia. Y segundo, solo beneficiaría a los laboratorios. ¿De qué lado estás Krugman? Otra ventaja de la compra centralizada es el poder de negociación. Y lo sabes estimado Nobel. Se estudia en todas las escuelas de negocios del mundo.

Dejo para el final su análisis sociológico respecto a la actitud europea y estadounidense frente a la ciencia. Es aquí donde sus mencionados patriotismo y paternalismo quedan más en evidencia. Escribe: “La renuencia a recibir la vacuna contra la COVID-19, incluso si está disponible, no es desconocida aquí, pero el sentimiento antivacunas parece extenderse de manera alarmante en Europa, en particular en Francia“. Veamos lo que dicen los datos, que desmienten a Krugman, porque lo alarmante es lo de su país:

Recordemos que en 2019, por los antivacunas, resurgió el sarampión en Estados Unidos. Así que menos lobos Paul Krugman!!!

P.D.: es obvio que la UE ha cometido errores en este proceso, pero no los que señala Krugman y mucho menos comparados con EEUU. Sí es cierto que los tropiezos iniciales en la vacunación (Trump) han sido corregidos (Biden) y ahora marchan viento en popa.

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EEUU ataca a milicias iraníes en Siria

NYT

Esta pasada madrugada Estados Unidos ha lanzado en Siria un ataque aéreo, con siete bombas, contra las bases de dos milicias apoyadas por Irán. Situadas en la frontera con Irak, operaban básicamente en territorio iraquí. Es la primera operación militar de la nueva administración Biden y es la reacción al creciente hostigamiento de estas milicias. Concretamente al ataque del 15 de febrero en el que murieron varios ciudadanos estadounidenses. Si lo que pretendían los ayatolás era testar a Biden, ya conocen la respuesta.

No sé si el tratado nuclear de Obama con el régimen de Teherán era positivo o no, aunque trajo estabilidad a la zona. Desconozco si romper el acuerdo, como hizo Trump, fue una medida acertada o no. Sí sé que al fanatismo de las teocracias hay que pararle los pies.

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Medios y racismo en la República Bananera de Estados Unidos

En el post de ayer comentaba temas que hoy han sido ejes centrales del debate sobre los sucesos ocurridos, el pasado 6 de enero, en la capital de la República Bananera de Estados Unidos. Me refiero a la destitución de Trump (mediante el impeachment o la vigésimoquinta enmienda de la Constitución) y a las responsabilidades de los políticos responsables, empezando por el propio Trump y siguiendo por sus colaboradores así como los diputados y senadores republicanos que le han bailado el agua. También escenificaba el obvio racismo (sobre lo que incidiré al final de esta entrada). Y me guardaba la baza de los medios de comunicación para hoy.

El rol de los medios no se puede ni debe pasar por alto. Su actitud ha dejado mucho que desear. Los no favorables a Trump empezaron riéndole las gracias y menospreciando su relevancia. Le consideraron un bufón. Mientras tanto, durante todos estos años, les fue colocando sus teorías conspirativas. Desde inventarse que Obama no había nacido en EEUU hasta los mundialmente famosos emails de Hillary Clinton. Más decenas de otras historias igual de absurdas (como la de la red de pederastia cuya sede estaba en inexistente sótano de una pizzería de Washington). Se burlaban de él pero no le desmontaban, aireando sus estupideces. ¿Por qué? Por las audiencias y su conversión en ingresos publicitarios Es decir, los intereses económicos de esos medios supuestamente críticos primaban sobre una información veraz y rigurosa. La que se espera de ellos. Al otro lado del espectro, los infames medios favorables a Trump eran implacables en el elogio y apoyo a Trump. Y demoledores con sus rivales (fuesen los de las primarias del Partido Republicano o los de las presidenciales). A la cabeza están los controlados por Rupert Murdoch. Recordemos que Aznar se sienta en el consejo de administración del holding de Murdoch.

Murdoch, australiano nacionalizado estadounidense para poder montar su imperio mediático, montó Fox News para el acosador Roger Ailes. Ailes y Fox News fueron básicos para el impulso de la carrera política de Trump. Apostaron por él cuando nadie lo hizo. Y lo llevaron en volandas a la presidencia. Las falsedades y bulos de ambos se retroalimentaban. Hoy en día aunque los medios de Murdoch (Fox News, The Wall Street Journal, The New York Post, etc.) intentan poner una prudente distancia con Trump, sus estrellas le siguen apoyando incondicionalmente. El último ejemplo es de la noche del día 6: el infumable Tucker Carlson lamentaba el fallecimiento de la seguidora de Trump, disparada por un policía en el interior del Capitolio. El contraste con su actitud respecto a los afroamericanos, muertos a disparos de la policía, era más que obvio. En un caso hubo empatía y en otro silencio. Aparte del sesgo ideológico está el flagrante racismo de las dos situaciones. Pero esto ya avisé que lo dejo para el final.

Retirarle la nacionalidad a Murdoch y volver a la ley anterior a 2017 (los extranjeros no podían controlar más del 25% de las empresas de medios) o no renovar la licencia de emisión a Fox News podrían ser medidas para oxigenar el ambiente.

He incidido en Fox News por su alcance y relevancia en términos de audiencia. Medios digitales, como Breibart News (donde brillaba Steve Bannon, exasesor de Trump y actualmente pendiente de juicio por estafa), también influyeron. La propagación por redes sociales de todo tipo de mentiras no deben pasar desapercibidas. En este coctel falta el ingrediente de la injerencia rusa. Una vez agitado y servido nos encontramos con la trama de las ultimas temporadas de la serie “Homeland“: campañas de intoxicación rusa, bots, elecciones presidenciales, extrema derecha en EEUU, medios alternativos, etc.

Como ya anuncié dejaba para el final el asunto del racismo, que ya formó parte del post de ayer. No estoy loco ni exageraba. Durante el transcurso del día de ayer muchas voces autorizadas se sumaron a este asunto. Y a los argumentos que presenté. Cuando escuché a Joe Biden afrontar el tema de cara, cogiendo el toro por los cuernos, pensé que se había avanzado una barbaridad. Biden venía a decir lo que escribí: “No me puedo quitar de la cabeza que la turba de Trump eran blancos, algunos con uniformes de camuflaje y chalecos antibalas… De ser afroamericanos, no hubiesen pasado del primer escalón de la escalera de acceso a la entrada principal del edificio. Y los hubiesen baleado sin contemplaciones (por bastante menos se han cargado a chavales negros)… recuerden como gasearon y golpearon a los del Black Live Matters para despejar la calle y que Trump la pudiese cruzar y hacerse una foto con la Biblia, en la iglesia enfrente de la Casa Blanca“.

Biden también uso el ejemplo del Black Lives Matters. Asumo que conocerán las imagenes del asalto al edificio del Congreso y la pasmosa falta de seguridad (así como el asombroso fallo de los servicios de inteligencia). Comparen con la foto de como se protegió el mismo edificio durante las protestas del Black Live Matters. Los de entonces eran manifestantes afroamericanos y los del día 6 eran blancos. No hay otra.

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Trump es el Pinocho de 2020

Donald Trump es el claro vencedor del trofeo Pinocho 2020, otorgado al mentiroso del año. The Washington Post ha contabilizado 26.548 mentiras en sus casi cuatro años de presidencia. Por mentiras se entienden las falsedades, exageraciones y manipulaciones de cifras y datos.

Por categorias el mayor número de mentiras han sido sobre el coronavirus y la pandemia. En segunda posición tenemos las referidas a las elecciones presidenciales. Es decir, hechos producidos en 2020 (la convocatoria electoral fue el 3 de noviembre). También encontramos en buena posición su falsa valoración sobre la gestión económica de su administración. No es la mejor de la historia ni siquiera de EEUU. Por encima quedan los mandatos de Eisenhower, Lyndon B. Johnson y Bill Clinton. Tampoco es cierta su afirmación que su rebaja fiscal ha sido la mayor. Al menos ha habido dos de Obama, su predecesor, que fueron superiores.

A sus 74 millones de votantes todo esto les da igual. Forman parte de una secta, la de Trump.

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Sleepy Joe Biden camino de dormir en la Casa Blanca

Sleepy Joe Biden va camino de dormir en la Casa Blanca a partir de enero. En una noche vertiginosa dos estados están a punto de protagonizar flips descomunales para Biden. Se trata de Georgia y Pensilvania. Este último era la gran baza de Biden. Sus 20 votos electorales aseguran matematicamente la presidencia (Biden cuenta con 253 votos y se precisan 270 para ser presidente).

La remontada en Pensilvania ha sido espectacular. Ha superado un deficit de más de 600.000 votos. La escalada arrancó en cuanto empezó el computo de los votos por correo y el de los votos presenciales adelantados. La ira del perdedor Trump también aumentó. El problema no radica en sus acusaciones, carentes de fundamento (como veremos luego en un ejemplo). La realidad es que el responsable de sus problemas ha sido él mismo, como bien señalaba The Washington Post:

[…] The reasons so many Biden-friendly mail ballots were counted so late in states like Michigan, Pennsylvania and Wisconsin are actually rather simple. One reason is that populous urban areas (which lean strongly blue) have more votes, which means it takes longer to count them. Another is that Trump spent months raising concerns about mail-in balloting, leading to an extraordinary partisan imbalance in which voters embraced them.

But the biggest reason for the lag is that Republicans allowed it to happen. Despite the urging of state election officials, the GOP-controlled legislatures in those three key states all declined to let mail ballots to be counted earlier — unlike the vast majority of states — despite knowing the number of mail ballots would dwarf any previous election. […]

Es decir, el Partido Republicano controla los Congresos de los tres estados, Michigan, Pensilvania y Wisconsin, que Trump ha perdido ahora y que en 2016 le llevaron a la presidencia. Lo que entonces fueron sus flips ahora son sus flops

Hay factores a considerar en la polarización provocada por Trump. La primera es que ha llevado a una participación electoral masiva. La segunda es que a grosso modo hay dos aspectos que materializan la previsible derrota de Trump, el autentico loser & sucker de estas elecciones. Se trata de la pandemia (ya apuntada en este blog ¡a principios de marzo!) y el racismo. Los analistas deberían fijarse en las grandes ciudades que han protagonizado los flips y flops: Milwaukee en Wisconsin, Detroit en Michigan, Atlanta en Georgia y Philadelphia en Pensilvania. En estas urbes el voto afroamericano ha sido decisivo. Un voto que apoyó a Obama, le dio más o menos la espalda a Hillary Clinton y que se ha levantado en masa para aupar a Biden. Desde las primarias del Partido Demócrata (en una campaña que Biden calcó a la de Obama).

Las mujeres afroamericanas han votado ampliamente a Biden. No tanto los hombres, porque Trump ha recibido un apoyo sobre el 12%. Aquí pueden entrar en juego asuntos como el de los millonarios raperos que públicamente expresaron su votos por Trump (50 Cent, por ejemplo, dijo que no quería convertirse en 20 Cent). Y luego está el tema del macho alfa, con el que tantos afroamericanos se identifican con el actual presidente. Para espanto de las mujeres y familias que lo sufren. Otro aspecto destacado del racismo latente en Estados Unidos son las instrucciones que las madres afroamericanas dan a sus hijos. Sobre como tienen que comportarse en una sociedad blanca y con esa policía que les acosa y culpabiliza por el color de su piel. Aquí no hay barreras sociales. Incluso diría que los pijos lo llevan peor, al carecer del street smart de los de extracción social más baja. Es una cuestión de racismo. Las oleadas de brutalidad policial de los últimos años y las movilizaciones del Black Lives Matters, así como las simpatías no disimuladas de Trump por los supremacistas blancos, han tenido un peso enorme. Tanto para Trump como para Biden. Porque no olvidemos el enorme apoyo del presidente saliente (cerca de 70 millones de votos) y que Biden es el candidato más votado de la historia de EEUU (sobre los 74 millones). 

Las falsas promesas (incumplidas todas) de crear puestos de trabajo y traer inversiones a los estados industriales también han tenido su peso. No olvido esto, porque fueron estas las razones que cambiaron el voto a Clinton por el de Trump. No se fiaron de ella y depositaron su confianza en un timador… Lo que entonces fueron flips para Trump ahora son flops. Salvo en Ohio e Indiana, feudos republicanos.

Georgia es el ejemplo más claro de las falacias de Trump. El estado tiene un gobernador republicano. Las dos cámaras de su Congreso están controladas por el Partido Republicano. ¿Y Trump nos cuenta que ha habido fraude electoral? ¿De verdad? El flip de Biden y el flop de Trump en Georgia ha sido historico: es la primera vez, en casi 30 años, que un candidato Demócrata gana en Georgia, el estado del melocotón. ¿En serio ha habido fraude electoral? ¿En un estado republicano? ¿Tan torpes son? No es creíble. Como recordaba hoy Javier Zurro está táctica nos retrotrae a la obra maestra de Orson Wells, “Ciudadano Kane“, y esa portada del Fraud At Polls para justificar el fracaso electoral de Kane, el dueño del periodico.

¿Y del fraude postal Trump no tiene nada que decir? Han sido continuas las zancadillas perpetradas contra el voto por correo. Con un responsable claro: el ejecutivo que él eligió para presidir el servicio de correos y que, casualidad, es uno de sus mayores donantes. Esto del voto por correo, me recuerda a unas elecciones del Real Madrid: acusaron al vencedor, Ramón Calderón, de haber falsificado los votos por correo. El asunto acabó en los tribunales y se descubrió que ¡los acusadores eran los que habían intentado amañar el voto por correo! 

En estas presidenciales se votaban otras cosas: las dos cámaras del Congreso de EEUU (Senado y Casa de los Representantes), legislaciones locales (como la legalización del uso recreativo de la marihuana en Nueva Jersey, el salario mínimo en Florida, etc.). ¿El fraude de las papeletas solo ha afectado a Trump y no a lo demás que iba incluido en las mismas? El Partido Republicano tuvo una buena noche electoral en el Congreso. Aumentaron su numero de diputados en la Casa (con los Demócratas perdiendo cinco actas) y no sufrieron la debacle anunciada en el Senado. Las encuestas daban mayoría a los Demócratas. No ha sido así. aunque aún se desconoce el resultado final y en Georgia habrá que volver a votar los dos puestos de senadores el próximo enero. 

Ya avisé sobre las encuestas, a nivel presidencial: no hagan caso a las nacionales, porque no reflejan la realidad del voto electoral que es estatal. Solo son fiables las encuestas estatales. Y estas no se han equivocado. Ambas predecían la victoria de Biden, pero las locales han estado más cerca de las diferencias. En cualquier caso, de momento y adjudicando a Biden los cuatro de los cinco estados que faltan por completar, supera ampliamente los 270 votos electorales necesarios. Con estos cálculos lograría 306 (Trump en 2016 también ganó con 306).

Ya lo decían los Allman Brothers Band: “Eat A Peach“. Trump cómete un melocotón…

 

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will.i.am vuelve a hacerlo

will.i.am ha vuelto a hacerlo. En su día, de cara a las elecciones que ganó Obama, compuso un tema sobre un discurso del futuro presidente. Ese “Yes We Can” fue un elemento clave en la triunfal campaña electoral. Y parecía que la música seguía estando en primera linea de los cambios políticos y sociales. Hace 12 años de aquello.

Ahora will.i.am repite faena con un discurso de Joe Biden de este verano en Milwaukee (Wisconsin). Y lo llama “The Love“. Es como si fuese la continuación del “Where Is The Love” de los Black Eyed Peas, que tenía toda la pinta de ser un himno internacional de lucha.

La Mundana me alertó de este nuevo video de will.i.am. Aunque en realidad son los Black Eyed Peas con Jennifer Hudson. El blanco y negro añade fuerza dramática al mensaje.

The Love” lleva una semana en las redes, con más de 28 millones de visualizaciones en YouTube. La cita electoral es la semana que viene, el próximo martes 3 de noviembre. Aunque tanto el voto por correo como el anticipado están batiendo récords de participación. La cuenta atrás para la reelección de Trump o su desalojo ya está en marcha.

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El último debate Trump vs. Biden

El tercer y último debate entre Donald Trump y Joe Biden tuvo lugar en Nashville, en la Universidad de Belmont (institución privada y cristiana que estuvo vinculada a los Bautistas). En realidad fue el segundo porque el anterior se suspendió. Es decir, de los tres debates previstos solo se han celebrado dos.

Este enfrentamiento presentaba un par de características especiales. La primera fueron las medidas para evitar las interrupciones de Trump en las exposiciones, que marcaron el primer debate, pero sin desvirtuar los intercambios propios de una discusión. La solución: cerrar el micro del oponente solamente durante la exposición de dos minutos del rival, cuando responde a la pregunta de la moderadora. No evita la molestia para quien sufre los cortes, mas alivia al telespectador. Se deja abierto para todo lo demás. La segunda, y para mi trascendental, es que se llegaba con 47 millones que ya han votado. En unas presidenciales en EEUU votan entre 120 y 125 millones. De ahí la importancia de estos 47 millones de votos por correo (más los que quedan). Y como ya he repetido en varias ocasiones dudo que haya muchos indecisos. Porque el planteamiento de estas elecciones se acerca mucho al de un referéndum sobre Trump. Es el problema al que se enfrenta el presidente. Se lo ha buscado el mismo, por su narcisismo y afán de protagonismo.

Me van a permitir que use similes boxísticos. Trump es el campeón que defiende el título. Biden es el aspirante y favorito en las apuestas (las encuestas).

La estrategia del campeón está siendo un calco de la que le llevó al título en 2016. Parece haber olvidado que entones ganó en un combate entre dos aspirantes. Su candidatura era la del outsider. Ahora, en 2020, el outsider ya no lo es y se trata de un combate diferente, entre un campeón y un aspirante.

El primer asalto fue sobre el coronavirus. El aspirante golpeó con contundencia. Atacó los muchos puntos débiles del campeón. Le bailó. Trump no perdió los nervios, en el asunto que puede costarle la presidencia. Tampoco interrumpió, aunque estuvo a punto finalizando el asalto.

En el siguiente round sobre las interferencias de potencias extranjeras en las elecciones de EEUU, Biden muy hábilmente deslizó el asunto de Putin. Trump contraatacó con presuntas acusaciones sobre ganancias de Biden en Rusia. El aspirante le crujió con un directo al hígado y otro a la mandíbula. El primero fue sobre pagar impuestos en China y no en EEUU. El segundo se refirió a la ocultación de las declaraciones fiscales de Trump. Las (falsas) acusaciones de Trump a Biden sobre sus negocios en China, Ucrania y Rusia fueron desmentidas. Ya se habían confirmado las falsedades por las agencias estadounidenses encargadas de investigar (se ha cerrado una investigación por falta de pruebas y se ha demostrado que el servicio de inteligencia ruso pasó información falsa sobre Biden a Rudy Giuliani, abogado personal de Trump). Este asalto dependió de los simpatizantes de cada uno de los contendientes. Porque los seguidores de Trump son fieles a su palabra y no atienden a razones.

El siguiente asalto, sobre Corea del Norte, fue un empate. Mientras que el del Obamacare y el (inexistente) plan sanitario de Trump, que lleva anunciando desde 2016 y que aún no se vislumbra, fue para Biden. El aspirante no solo resaltó lo obvio, cuatro años anunciando un plan que no existe, también marcó las pautas de su proyecto. Biden además recalcó que tener un plan de salud público es un derecho. Lo mismo sucedió en los siguientes temas (empleo, salario mínimo y nuevos planes económicos de rescate).

Trump empezaba a estar grogui. Y como los boxeadores aturdidos y tambaleantes buscaba el golpe de suerte que noquease a su rival. Lo intentó con el escándalo de los niños separados de sus padres. Pretendió culpar a Obama y Biden de la situación. No coló. Tampoco logró el puñetazo definitivo en el asunto racial. Trump se atrevió a decir que ha sido el mejor presidente de EEUU para la comunidad negra desde Abraham Lincoln. ¡Toma ya! Es literal, no mi interpretación. De hecho he reflejado su matización, porque de primeras dijo que había sido el mejor quizás con la excepción de Lincoln. El revolcón que le dio Biden fue notorio. Y eso que no mencionó a Roosevelt, Eisenhower o Lyndon B. Johnson (la ley de los derechos civiles). Sobre el cambio climático más de lo mismo. La ametralladora Trump de falsedades y realidades paralelas funcionaba a tope pero no lograba el KO. Y empezó a interrumpir. Estábamos llegando al final del debate.

En la alocución final Trump elevó su apuesta y auguró un futuro apocalíptico si ganaba Biden. Olvidó mencionar Venezuela. No es broma. Lo ha hecho con anterioridad. Biden en su turno estuvo en su linea, comedido. Y con un punto de optimismo, confiado por las encuestas que le avalan.

Trump mejoró ostensiblemente respecto al primer debate. Parece que aprendió de sus errores y controló sus impulsos. Era una actuación destinada a recuperar a los votantes moderados que parece haber perdido. ¿Lo consiguió? Lo sabremos el 3 de noviembre, salvo que algunos ya hayan votado y formen parte de los 47 millones mencionados al principio.

Biden, por su parte, no metió la pata. En mi opinión ganó, pero eso da igual (como mi comentario al respecto), porque Hillary Clinton ganó sus debates y Trump la presidencia. Para Biden no hacerlo mal y salir airoso es un triunfo. Y le sirve para seguir comandando las encuestas. Recuerden: no hagan caso de elaboradas a nivel nacional, no reflejan la realidad que importa, la de los colegios electorales que es donde se deciden las elecciones. Las encuestas fiables son las estatales, estado a estado, que sí responden a la verdad de los posibles resultados.

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¿A quién debe dinero Trump?

NYT Trump copia

A raiz de la exclusiva del New York Times de ayer, sobre la situación financiera del presidente de los Estados Unidos hasta 2017, surge una inquietante pregunta: ¿A quién debe dinero Trump?

El rotativo apuntaba a un montante de 400 millones de dólares en deudas. En esta cifra se incluye la presunta sanción de 100 millones del fisco estadounidense. Que solo podrá hacerse realidad cuando pierda su inmunidad presidencial. ¿A qué les suena esto de algo?

Fuentes solventes, conocedoras del asunto, cifran las deudas de Trump en mil millones. En cualquier cosa y ciñéndonos a las cifras del NYT hay dos aclaraciones:

  • Estas deudas corresponden a créditos cuyos plazos vencen en los próximos años. Y todos cuentan con el aval personal de Trump. ¿Que podemos sacar en claro? Lo primero: sus bienes no forman parte del aval porque ya están hipotecados. Lo segundo: tras distintos fallidos en créditos anteriores muchas instituciones bancarias de EEUU le cerraron las puertas. Y acudió a otras vías. ¿Cuáles? De ahí la pregunta del anunciado.
  • Se derrumba el falso mito del empresario de éxito. Surge la imagen real, la del emprendedor quebrado que va dejando cadáveres y deudas por doquier. El NYT hace dos años dio el golpe revelando la herencia recibida de su padre. Esa investigación que recibió el Pulitzer derrumbó la imagen del empresario hecho a si mismo. El padre de Trump logró su fortuna creando un imperio inmobiliario en los barrios bajos de Brooklyn y Queens.

Esta madrugada es el primer debate entre Biden y Trump. El presidente ayer, en dos comparecencias públicas, no respondió a preguntas de los medios. Veremos que sucede esta noche. Si hasta el momento ha insultado a Biden esta noche puede ser antológica. Esta acorralado y su respuesta será la agresividad verbal. Le funcionó en 2016. Pero entonces era el aspirante y ahora es el presidente.

CNN preparó una información con los pagos al fisco del primer año de los últimos presidentes. Destaca la ínfima cantidad pagada por Trump, 750 dólares, y los 1,8 millones de Obama (producto de las ventas de su libro).

CNN

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Trump siempre supo del peligro del coronavirus

Rage

Trump siempre supo del peligro del coronavirus. Así lo revela el nuevo libro de Bob Woodward, uno de los dos periodistas del The Washington Post que desvelaron el caso Watergate (que terminó con la dimisión del presidente Nixon). “Rage” recoge reconstrucciones de diversas situaciones además de entrevistas grabadas con varios de los protagonistas. Y, por supuesto, hay unas cuantas entrevistas con el presidente Trump. 

Siguiendo un orden cronológico nos situamos a finales de enero, el día 28, en el despacho oval. Se celebra una reunión de los servicios de inteligencia. Y el responsable de la seguridad nacional avisa al presidente y le dice que “está será la mayor amenaza para la seguridad nacional bajo su presidencia” (“This will be the biggest national security threat you face in your presidency“). Días después, el 7 de febrero, en conversación con Woodward, Trump le confiesa que la situación es bastante más grave de la que está diciendo en público. Y comenta sobre la propagación aérea del virus y su alto indice de mortalidad, cinco veces mayor que el de la gripe. El 19 de marzo, en otra conversación con Woodward, reconoce que sigue rebajando el impacto real del coronavirus para que no cunda el pánico entre la gente. Estas conversaciones las pueden escuchar pinchando en el enlace al artículo del Washington Post. Al final de esta entrada hay un video con 31 intervenciones de Trump, durante los tres primeros meses de la pandemia, desacreditando el impacto del coronavirus, burlándose del virus o afirmando que desaparecería (por arte de magia).

El revuelo ayer en Estados Unidos fue inmediato. Estamos hablando de un presidente que desacreditó a sus servicios de inteligencia, ha arremetido contra el estamento militar, los caídos en combate y ahora se ha demostrado que ha engañado al público estadounidense en la mayor tragedia sufrida por el país este siglo (en términos de vidas humanas). Mientras el número de víctimas mortales crecía y crecía él subestimaba públicamente el problema, sabiendo que mentía. Invariablemente sus falsedades provocaban comportamientos poco adecuados entre la población, principalmente sus votantes, para afrontar la pandemia. Ahora ya han fallecido más de 190.000 compatriotas suyos.  

Este asunto plantea ahora mismo un interrogante y una certeza.

La pregunta es: ¿Cuántas vidas se habrían salvado de haber actuado cuando Trump supo del tema? Bien en la reunión del 28 de enero en su despacho o cuando el presidente chino se lo confirmó en conversación telefónica del 6 de febrero (se lo comenta a Woodward al día siguiente). El candidato Biden, del Partido Demócrata, lo ha cuantificado: entre 30 mil y 50 mil personas de haber actuado la primera semana o la segunda. También se deriva otra pregunta: ¿Con el conocimiento que Trump demuestra haber tenido por qué no se tomaron medidas en ese momento? Me refiero a respiradores, mascarillas, etc.

La certeza es la percepción que a Trump lo único que le preocupaba es la campaña electoral. Su reelección. De ahí su obsesión por abrir la economía, no cerrarla. Su resistencia al confinamiento fue notoria. También se entiende mejor la presión ejercida a los gobernadores para que no cerrasen sus estados. Solo siguieron su directriz los del Partido Republicano. Más difícil de entender es su resistencia a las mascarillas y su continua burla a quienes lo usan. Porque al menos desde el 7 de febrero conocía que la infección podría contagiarse por aire.

La campaña presidencial de EEUU está on fire. Y Woodward se ha llevado a Trump al huerto. El presidente ha quedado como el tonto del pueblo. Él que presume de su inteligencia y llama tontos a los demás (sean Biden, Obama, Kamala Harris, antiguos colaboradores, etc.).

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La audiencia de TV da la espalda a Trump

Ratings

La audiencia de TV dio la espalda a Donald Trump, en la ultima noche de la convención del Partido Republicano.

Los discursos de aceptación de los candidatos se producen en la cuarta jornada, la de clausura. Normalmente son las más vistas. Pero tanto Joe Biden como Trump no superaron los registros de hace cuatro años. Aunque los ratings de Biden superaron a los de Trump. En este duelo directo quien fuera vicepresidente con Obama superó al actual presidente en 2,1 millones.  Esto provocó el troleo inmediato de los responsables de la campaña del Partido Demócrata. Atacaron al presidente-candidato donde más le duele: su escaso impacto televisivo.

En la imagen podemos ver como ambas convenciones bajaron respecto a las de 2016. Los Republicanos perdieron 11 millones de telespectadores, mientras que los Demócratas descendieron 6,3 millones. Trump competía consigo mismo mientras Biden lo hacía con Hillary Clinton. La novedad en ambos casos, en 2016, es un factor a tener en cuenta. El hastío que produce Trump, tras cuatro años, podría ser otro. Aunque la palabra final la tienen los votantes en noviembre. 

P.D.: los canales de cable superaron a las grandes cadenas de TV. En el caso del Partido Demócrata MSNBC fue la más vista, seguida a corta distancia por CNN. Y Fox News fue de largo la más seguida la ultima noche de la convención Republicana. 

 

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