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Un tótem de ida y vuelta: Alaska-Harvard-Alaska

La parte del curso online de la Universidad de Harvard que más me ha tocado la fibra sensible, ha sido una en la que el foco estaba puesto en las canasteras y cesteras indígenas. La actividad giraba alrededor del Museo Peabody de Arqueología y Etnología de Harvard. Las cestas de la foto me resultan especialmente atractivas por su diseño y color. Son obra de Clara Darden (1829 o 1830-1910) y están hechas de caña de río. Son las últimas que produjo y su tradición se perdió (los diseños de Darden eran particulares y respondían a símbolos ancestrales). Nacida en el sur de Luisiana, en los pantanales al oeste de Nueva Orleans, el padre de Clara Darden fue el último jefe de la tribu Chitimacha. Su nombre proviene del choctaw chuti masha “cogen recipientes”. En su territorio se fundó la ciudad de Nueva Orleans (y fueron desplazados). Cuando Darden falleció en 1910 el censo indicaba que solo quedaban 69. Hoy en día son unos 1.100.

Clara Darden

Me ha llamado mucho la atención una legislación del año 1990: The Native American Graves Protection and Repatriation Act (NAGPRA). Una digamos que especie de Ley de Memoria Histórica. Describía los derechos de los descendientes de los nativos norteamericanos, tanto de las tribus indias como de los nativos hawaianos. Hacía hincapié en el cuidado, repatriación y disposición de restos humanos, objetos funerarios y sagrados, así como de todo aquello susceptible de ser considerado parte del patrimonio cultural. Uno de los grandes objetivos de esta ley era obligar a realizar un inventario a las agencias federales y museos que recibían fondos del gobierno. Estas agencias y museos debían poner a disposición de las organizaciones de Indian Tribes y Native Hawaiian el documento con la relación de restos y patrimonio en su poder. Se trataba de llegar a un acuerdo para el destino final de lo inventariado, una vez hallados los descendientes legítimos y/o establecidos los vínculos culturales. El otro gran objetivo era proteger los cementerios indios (lugares sagrados). Bill Clinton era entonces el presidente de EEUU.

Y en estas estaba cuando nos enseñaron una historia maravillosa: la del tótem de ida y vuelta. En el video que cierra este post encontrarán la historia completa (subtítulos disponibles solo en inglés).

El relato resumido arranca con la expedición Harriman en 1899 cuando llega al Cabo Fox, en la coste sureste de Alaska. Edward Harriman era un magnate del ferrocarril que se rodeó de científicos, artistas, fotógrafos, escritores y naturalistas para explorar las costas de Alaska, mientras él se dedicaría a cazar osos. Encargó a Clinton Hart Merriam, futuro cofundador de la sociedad National Geographic, que seleccionase a los miembros del grupo. En las inmediaciones del cabo descubren un pueblo indio  abandonado, Gaash. Pertenecía a la tribu Tlingit. Pero el conjunto de sus tótems y objetos funerarios y otros artefactos permanecía en el poblado. Se lo llevaron casi todo por las razones que fuera. Una de ellas fue para preservar el legado de una población que creyeron desaparecida. Los objetos fueron a parar a manos de coleccionistas privados (como las de algunos miembros de la expedición) y museos. El tótem principal llegó al Museo Peabody de Harvard en 1900.

Resulta que el pueblo solo estaba abandonado temporalmente. Sus habitantes lo habían abandonado por una infección de viruela. Estuvo cinco años vacío. Cuando regresaron se encontraron que sus objetos sagrados y funerarios habían desaparecido. La desolación y congoja que sufrieron es fácil de imaginar. Estaban desnudos de sus creencias y tradiciones más intimas. Y no tenían ni idea de lo que había sucedido.

Cuando la NAGPRA entró en vigor (1990), 91 años después de la expedición, los descendientes de aquel pueblo abandonado pudieron iniciar sus pesquisas. Y lograron encontrar gran parte de las piezas desaparecidas. Varios de los herederos de los expedicionarios devolvieron lo que estaba en su posesión. Entre las personas que restauraron lo obtenido se encontraba la bisnieta de Harriman. A Harvard le reclamaron el tótem el invierno del 2000, un siglo después de tenerlo. Tras el consabido proceso de verificación cumplieron y sufragaron los gastos de envío que se produjo el verano del 2001. Hubo una ceremonia para celebrar el regreso del ansiado tótem. En agradecimiento los Tlingit regalaron a Harvard un cedro. El Museo Peabody encargó al maestro tallador de los Tlingit un nuevo tótem, replica del original. Es el que actualmente se encuentra expuesto.

El video recoge parte de esto. Muy recomendable su visionado. No llega a los siete minutos.

 

 

 

 

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Nadler vs. Trump: una vieja rivalidad

Montaje Sarah Rogers:The Daily Beast : Fotos Getty:Reuters

Anyone who would loan Donald Trump money is taking a risk.” (Jerry Nadler)

Esta frase de Nadler de mediados de los 90 (“Cualquiera que le preste dinero a Donald Trump asume un riesgo) fue actualizada tras el triunfo de Trump: “fue elegido legalmente pero no es legitimo”. Son tan solo dos ejemplos de una vieja rivalidad.

Jerry Nadler, democrata, siempre se ha enfrentado a su conciudadano Donald Trump. Incluso cuando el actual presidente contribuía a las campañas de su partido y estaba afiliado al mismo. Representan a dos de los varios Nueva York: Nadler nacido en el seno de una modesta familia judía de Brooklyn y Trump hijo de un arribista (casero de infraviviendas) de Queens.

Actualmente uno preside el Comité de Justicia de la Cámara de Representantes (Nadler) y el otro es Jefe de Estado (Trump). El House Judiciary Committee, entre otras funciones, es el órgano que aprueba los procesos de destitución presidenciales (el famoso impeachment y del que solo habido tres precedentes, con resultados dispares: Andrew Johnson, Richard Nixon y Bill Clinton). Si el proceso de acusación prosigue su curso, el siguiente paso del recorrido se da en el Senado. En estos momentos el Partido Demócrata tiene mayoría en la Cámara de Representantes pero no en el Senado. Y se da la circunstancia que Nadler, uno de los pocos políticos electos opuestos a la guerra de Irak, fue contrario, como miembro entonces del Comité de Justicia, al impeachmente de Bush y Cheney. Alegó que era un moción perdedora dada la posición minoritaria de su partido. Algo parecido sucede hoy en día: muchos demócratas, a pesar de su mayoría en la Cámara de Representantes, consideran que su debilidad en la Cámara Alta les llevará a una derrota segura. Y sería un precio a pagar demasiado alto. Aparte de distraerles de lo que debe ser su principal objetivo: las primarias y encontrar una candidatura potente para hacer frente a Trump.

Nadler ha sido Representante desde 1992, siempre por Nueva York. De tres distritos: 17º (1992-1993), (1993-2013) y 10º (desde 2013). Las distintas remodelaciones del censo no han impedido que haya triunfado en los 12 procesos electorales que ha afrontado (y nunca bajando del 75% de los votos). Trump tomó posesión de la presidencia del país el 20 de enero de 2017. Es su primer cargo público. Perdió el voto popular pero ganó el que cuenta: el de los colegios electorales.

La rivalidad Nadler/Trump se remonta a los 80. Nadler era parlamentario del estado de Nueva York y Trump solicitó autorización para construir un complejo de ocho rascacielos en su distrito del oeste de Manhattan (con 5.700 apartamentos además de oficinas y estudios de TV y cine). Una de las torres iba a ser el edificio más alto del planeta con 150 pisos de altura. Sería una ciudad dentro de una ciudad (Trump la iba a llamar Televisión City). Nader tenía otros planes y se opuso: pretendía construir viviendas asequibles en la zona (Upper West Side), que estaba viviendo la gentrificación a la que Nadler quería poner freno. El alcalde, Ed Koch, tampoco era favorable al megaproyecto. Ante las dificultades, tanto de la ciudad como del estado, Trump fue rebajando sus expectativas. Redujo la altura del principal rascacielos así como el número de apartamentos (de 5.700 pasaron a ser 4.000). A cambio modificó el nombre: de Television City pasó a denominarse Trump City (finalmente se quedó en Riverside South). El senador republicano John McCain apoyó a Nadler y a los sucesivos alcaldes de la ciudad. Este es también el origen de la enemistad de Trump hacia McCain, héroe de guerra a quien Trump (quien huyó de sus obligaciones militares) insultó e infravaloró sus méritos militares. Todas las negativas a Trump estaban asociadas a los beneficios fiscales y desgravaciones que el constructor pretendía y las autoridades le negaban.

Hoy en día sabemos que Nadler ha pedido la comparecencia de Mueller, autor del Informe Mueller, ante el Comité de Justicia. Su notoria ausencia en la rueda de prensa de presentación del informe que dio su jefe, el ministro de Justicia William Barr, fue muy comentada. También desde hace casi un mes Nadler ha requerido la presencia de otros protagonistas: al menos ha mandado 80 cartas pidiendo la comparecencia ante el Comité. Además de solicitar la publicación total del Informe Mueller. Al menos para los miembros del Comité, porque a nivel público podría ser complicado al haber asuntos pendientes de vistas judiciales y pertenecientes a secretos de varios sumarios.

Se avecinan tiempos que harán las delicias de los propietarios de los medios de comunicación.

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Los intereses creados de la Sanidad en USA (by John)

27 de agosto de 2009

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Me pide Adrian que cuente algo sobre el guirigay del debate sobre la Sanidad en USA. Por aquello del azar, la escritura de estas líneas coincide con la muerte de Edward Kennedy, presidente de la Comisión de Salud del Senado (Salud, Educación, Trabajo y Pensiones para ser exactos) y el gran impulsor de la reforma del sistema sanitario americano.

Para mí el meollo del asunto es bien simple: poder económico y política, en el peor sentido del término. Conviene resaltar que la industria de la salud es la primera industria de USA. Laboratorios farmacéuticos, Hospitales, Médicos, y sobre todo Seguros médicos, superan de largo a la industria petrolera o armamentista, por no mencionar a la difunta industria del automóvil. Supone entre un 13 y un 15% del PIB, según las estimaciones. Para la OCDE (OECD data) en el año 2001 ya suponía un 13,9% del PIB americano (frente al 8,4 de media en los países de la OCDE) y si sigue creciendo a este ritmo, se estima que pudiera llegar a un 20% a mediados de la década que viene.

Obviamente, el poderío económico de la industria no tiene parangón a la hora de hacer lobby en Washington. Por otra parte, las ansias de revancha del Partido Republicano, sumadas al apoyo económico de los lobbies, han calentado el debate. Es tradición que los políticos americanos aprovechen el receso parlamentario veraniego para visitar sus circunscripciones y tomar contacto con sus electores. Y es ahí donde, con un movimiento bien organizado y financiado por los grupos de presión de la Industria, han saltado “los nostálgicos del régimen” -los Republicanos blancos de la América profunda- a bramar barbaridades contra sus representantes (especialmente si son Demócratas) como parte de un supuesto movimiento de base, Grass Roots en ingles americano. Aunque resultó ser más bien como un Astroturf, en referencia al césped artificial de los estadios cubiertos, es decir, un movimiento artificial bien engrasado y financiado.

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Una de las barbaridades de más éxito ha sido la del llamado ‘panel de la muerte’ según la cual el Plan de Reforma Obama contempla paneles que decidirán si se desenchufa a la abuelita, comparándolo con el programa Aktion T4 de eutanasia de los nazis. Esta burrada se basaba en una propuesta copatrocinada por un Senador Republicano (para más INRI) que sugería que se aprovechara la reforma del Sistema para aconsejar a los pacientes terminales y sus familiares sobre sus opciones médicas. ¿Os suena familiar el asunto? (Leganés, Montes,…). Como no, una de las portavoces del disparate fue la inefable Sarah Palin, ante el desespero del Senador Republicano Johnny Isakson, miembro del Comité de Salud del Senado y co-patrocinador de la propuesta. Otro de los disparates que se han oído estos días es que si Stephen Hawking viviera en Europa estaría muerto. Tuvo que saltar a la palestra el propio Hawking para recordar que si llegó donde llegó fue gracias al NHS (el Servicio Nacional de Sanidad británico). En resumen, una burda y disparatada campaña de demagogia y desinformación. Si a eso se suma la ridícula obsesión de Obama por pactar la Reforma con quien no tiene voluntad alguna de pactar, llegamos a la situación actual.

Algún avispado periodista favorito de este blog, se refería a la caída de popularidad de Obama como consecuencia del entuerto. Merece la pena destacar que la popularidad de Obama sigue siendo increíblemente alta considerando la crisis que le ha tocado lidiar. Duplica a la del Republicano más destacado y supera de largo el 50%. Si Obama pierde popularidad lo hace por la izquierda. Hay mucha gente que no entiende que los bancos rescatados con dinero publico (175 mil millones de dólares) pretendan repartir bonos multimillonarios (32.600 millones). Tampoco entienden que Obama metiera al zorro (Geithner y sus muchachos del equipo económico) en el gallinero de la economía (ya se comentó en este blog). Ni que ahora, contando con mayoría en ambas cámaras, intente pactar con los Republicanos. En el sistema de equilibrios de poder americano se necesita una mayoría cualificada para pasar una Ley en el Senado. El Senado cuenta con 100 miembros y 41 pueden bloquear una ley. Obama cuenta con 60 Senadores, suficientes para pasar una ley sin más problemas, máxime cuando los Republicanos han anunciado alto y claro que no van a votar por la Reforma de Obama. Resultado final, un continuo descafeinamiento de la ley en un vano intento de lograr consenso. Un botón de muestra es La Banda de los Seis, un grupo de seis senadores que supuestamente discuten puntos de encuentro entre ambos partidos (digo supuestamente porque anunciaron que hicieron “grandes avances”: ¡habían mantenido una conferencia telefónica de una hora para discutir sus progresos!) y cuyos Estados (repito, los Estados, no los votantes de los senadores) representan apenas al 2,77% de la población del país. El Comité lo preside un Republicano ultra conservador, Chuck Grassley de Iowa, otro bocazas que pregonaba la maldad del plan de eutanasia aunque en su momento votó por la mencionada ley. Por cierto, la prensa ha revelado que entre los 6 habían recibido 11 millones de dólares de la industria sanitaria como apoyo para sus campañas electorales.

El asunto no es nuevo. Fue la voluntad de Hillary Clinton de transformar el sistema de salud  lo que subyacía en los escándalos políticos de la época de Bill Clinton, incluidos sus líos de faldas. Kennedy se acostaba (entre otras muchas) con la amante de un capo de la mafia, y no me refiero a Marilyn. Roosevelt con la secretaria de su esposa (Lucy Mercer), con su secretaria de prensa (Missy LeHand), con la Princesa Marta de Noruega -estos affaires están bien documentados- y hasta se rumorea que con la enfermera que empujaba su silla de ruedas. Para que no todo quede en el bando Demócrata, según un libro de cotilleos de Hollywood, Nancy Reagan era conocida por sus habilidades bucales (¡y no hubo demanda por libelo!). Y a Clinton le cayó la que le cayó por tontear con una becaria, una santa inocente que `porsiaca` se guardó un vestido impregnado de semen. Que me disculpen las lectoras si piensan que soy un borde machista, sólo narro hechos. Más datos, el Senador John Ensign, el Gobernador de Carolina del Sur Mark Sanford, y el Congresista por Mississippi  Chip Pickering, los tres sorprendidos recientemente en affaires extramaritales, votaron por el impeachment de Clinton, siendo Ensign y Sanford (quien merece un capítulo aparte por su sonada escapada a Argentina en pos de su amante) dos destacados vociferantes en pro de la dimisión del Presidente. También fue pillado en líos de faldas Henry Hide, uno de los 13 managers (una especie de fiscales) que nombró el Partido Republicano para perseguir el asunto en el Congreso. Por no hablar de Newt Gingrich, Speaker (Presidente) del Congreso e instigador de la persecución a Clinton por el affaire Lewinsky: durante la época del impeachment mantenía una relación extramarital con Callista Bisek, su actual mujer (la tercera). En otras palabras, los líos de faldas son moneda corriente en Washington y si se montó el pollo que se montó era porque el asunto era otro, ni más ni menos que la voluntad de los Clinton de modificar el sistema de Salud.

(Nota al Margen: no entiendo el éxito de los Dan Brown de este mundo. Ensign, Sanford, Pickering y Grassley pertenecen a una congregación de ultraderecha denominada The Family, o La Hermandad, fundada por un pastor protestante de origen nórdico de nombre Vereide y tendencias fascistoides. La Hermandad tiene una especie de colegio mayor en Washington donde se refugian los políticos Republicanos cuando por líos de faldas tienen jaleo en casa, aunque en teoría vayan a hacer algo así como un retiro espiritual. En vez de tanto cuento merovingio, tanta familia de Jesús y tanto Opus exótico, recomiendo la lectura del libro de Jeff SharletThe Family: Secret Fundamentalism at the Heart of American Power”, religión, poder, sexo, dinero y además real como la vida misma).

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Pero analicemos el sistema en si. En su conjunto es el más caro del mundo tanto en términos absolutos como ‘per capita’. Las deudas por motivo de salud son la principal causa de bancarrota entre los americanos. La OMS clasificaba el sistema americano en un estudio del 2000 como el 72 entre 191 países, con la tasa de mortalidad infantil más alta de los países desarrollados. En el mejor de los casos, sube al puesto 37. Un 84.7% de los ciudadanos cuenta con alguna cobertura, bien sean seguros pagados por sus empresas o las de sus familiares directos (59.3%), bien pagados por ellos mismos (8.9%) o suministrados por los programas gubernamentales. No hay cobertura universal y todos los programas gubernamentales tienen restricciones y en el 2007 se estimaba un 15.3% de la población sin cobertura. Básicamente el sistema de salud americano tiene tres componentes: el sistema público, los 47 millones de personas sin cobertura y la sanidad privada.

El sistema publico, tiene tres patas, Medicare (que cubre a los mayores de 65 años), Medicaid (básicamente para indigentes, niños sin ingresos, embarazadas sin cobertura y discapacitados) con un programa adicional para niños y los servicios públicos de salud para veteranos, militares, y algunos funcionarios incluyendo Congresistas y Senadores.

La gran vergüenza son los más de 47 millones de personas sin cobertura sanitaria -el 15% de la población- en el país más rico del planeta.

El sistema privado funciona fundamentalmente a través de seguros médicos. La mayoría son suministrados por las empresas. El coste se ha disparado en los últimos años y fue uno de los caballos de batalla para el rescate de las empresas automovilísticas. Eso no significa que el sistema sea gratuito, la inmensa mayoría de los usuarios tenemos que afrontar deducibles (cantidades mínimas que hay que pagar en determinados servicios como asistencia hospitalaria)  y/o co-pagos en las visitas a los prestadores de servicios. El coste para un particular que tenga que pagar un seguro oscila alrededor de los 12.000 dólares/familia al año, dependiendo de edades, estado de salud, Estado de residencia y otros múltiples factores. Pero ojo, el pagar no significa obtener el seguro, pues a la mínima te rechazan (fumadores y enfermos crónicos, etc.).

El debate sobre la Reforma se centra en el derecho a la Sanidad (o sea los 47 millones de personas sin cobertura), el acceso a la misma, la equidad del sistema y su eficacia, coste y calidad. En principio parece que nadie objetaría objetivos tan altruistas, pero cuando estos se plasman en políticas para llevarlos a cabo es cuando se destapa el infierno. El equipo de Obama pensaba (en pasado, no está claro que en este momento sigan defendiendo el punto) que es necesario un servicio público, complementario al privado, que ofrezca seguros razonables a quienes por uno u otro motivo carezca de ellos. La existencia de una alternativa pública se presupone que empujaría a una racionalización de los costes del sistema en cosas tan elementales como que existan bases comunes de información médica (es decir que si tu médico de cabecera te acaba de mandar análisis y posteriormente te envía a un especialista, éste pueda acceder a los análisis para no tener que volver a incurrir en el coste). Varias de las soluciones propuestas ya existen en algunos de los sistemas manejados por algunos Estados o ciudades, pero para los Republicanos el término ‘sistema público’ es un anatema e inmediatamente genera acusaciones de totalitarismo, socialismo, nazismo y demás. Con lo cual se abre la caja de Pandora y a río revuelto… ventaja de quienes quieren que nada cambie. Hoy se comentaba si la ausencia de Kennedy en el debate (enfermo desde Mayo del 2008) no habría sido una de las causas de dislates como el de la Banda de los Seis.

Puedo garantizar que el sistema deja mucho que desear. Un ejemplo. Yo curro en una multi con muy buen seguro. Aún dentro de una misma empresa y con un mismo proveedor, los seguros no son iguales, normalmente puedes elegir entre varios formatos. Yo pago el caro. El 5 de Agosto pedí cita a un otorrino, me la dieron para ayer (20 días, casi 3 semanas, no esta mal…). No era primera visita, pedí cita con este facultativo porque me había visto antes, tenia mi historial médico y en teoría eso hace que todo sea más rápido. La cita era a las 4,30 de la tarde. Llegué a la 4,20 y salí a las 7,15. Entretanto me vieron 4 auxiliares distintas para cumplimentar trámites burocráticos varios (entre ellos el pago de 20 pavos de co-pago por la visita) además de una enfermera para hacerme una audiometría que duró unos 10 minutos. El doctor me vio 10 minutos para decirme básicamente que estoy perdiendo oído (que listo el jodío, le voy a ver por guapo) y para solicitar a una enfermera que me diese una nueva cita para una evaluación. No quiero aburriros con más detalles pero os garantizo que la Seguridad Social española no funciona peor (con lo de las Autonomías ya no sé si la SS sigue existiendo como tal). En mi experiencia personal el sistema americano es peor e infinitamente más caro. Y lo digo por experiencia. Creo que alguna vez tuve Sanitas en España, pero no recuerdo durante mis últimos años en España haber ido a un médico que no fuera de la Seguridad Social; mis 3 hijos sólo conocieron doctores del sistema público.

Cuidado con los cantos de sirena de la privatización.  El sistema que nos quieren poner como modelo es una mierda y una sangría económica. No hay procedimiento serio que no sea capaz de efectuar la Sanidad Publica española. Si acaso algún procedimiento experimental ultra-avanzado que no es significativo dentro del panorama global, pero en las cosas normales o incluso en las avanzadas (¿hablamos de transplantes?) no hay nada que envidiarles. Los tiempos de mitos como la Clínica Mayo o Houston son historias del pasado. Los datos hablan por si solos, coste, mortalidad infantil, mortalidad por desasistencia, expectativa de vida, etc. etc. etc. Recientemente la radio pública americana NPR efectuó una serie de reportajes de cara al debate en el que repasaban distintos modelos de varios países: el británico (el mítico NHS que fundió la Thatcher), el suizo, etc. En el análisis del español, el reportero (un americanito) decía que era el séptimo mundial a nivel de calidad. Dentro del reportaje efectuaba una visita a la vetusta Paz y decía que no gozaba de grandes comodidades pero que daba asistencia de alta calidad médica a cualquier ciudadano a coste cero. Y como no, en el reportaje aparecía la típica gracia de una señora que teniendo un seguro privado, a la hora de enfrentarse a una operación seria acude al sistema público.

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