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El último debate Trump vs. Biden

El tercer y último debate entre Donald Trump y Joe Biden tuvo lugar en Nashville, en la Universidad de Belmont (institución privada y cristiana que estuvo vinculada a los Bautistas). En realidad fue el segundo porque el anterior se suspendió. Es decir, de los tres debates previstos solo se han celebrado dos.

Este enfrentamiento presentaba un par de características especiales. La primera fueron las medidas para evitar las interrupciones de Trump en las exposiciones, que marcaron el primer debate, pero sin desvirtuar los intercambios propios de una discusión. La solución: cerrar el micro del oponente solamente durante la exposición de dos minutos del rival, cuando responde a la pregunta de la moderadora. No evita la molestia para quien sufre los cortes, mas alivia al telespectador. Se deja abierto para todo lo demás. La segunda, y para mi trascendental, es que se llegaba con 47 millones que ya han votado. En unas presidenciales en EEUU votan entre 120 y 125 millones. De ahí la importancia de estos 47 millones de votos por correo (más los que quedan). Y como ya he repetido en varias ocasiones dudo que haya muchos indecisos. Porque el planteamiento de estas elecciones se acerca mucho al de un referéndum sobre Trump. Es el problema al que se enfrenta el presidente. Se lo ha buscado el mismo, por su narcisismo y afán de protagonismo.

Me van a permitir que use similes boxísticos. Trump es el campeón que defiende el título. Biden es el aspirante y favorito en las apuestas (las encuestas).

La estrategia del campeón está siendo un calco de la que le llevó al título en 2016. Parece haber olvidado que entones ganó en un combate entre dos aspirantes. Su candidatura era la del outsider. Ahora, en 2020, el outsider ya no lo es y se trata de un combate diferente, entre un campeón y un aspirante.

El primer asalto fue sobre el coronavirus. El aspirante golpeó con contundencia. Atacó los muchos puntos débiles del campeón. Le bailó. Trump no perdió los nervios, en el asunto que puede costarle la presidencia. Tampoco interrumpió, aunque estuvo a punto finalizando el asalto.

En el siguiente round sobre las interferencias de potencias extranjeras en las elecciones de EEUU, Biden muy hábilmente deslizó el asunto de Putin. Trump contraatacó con presuntas acusaciones sobre ganancias de Biden en Rusia. El aspirante le crujió con un directo al hígado y otro a la mandíbula. El primero fue sobre pagar impuestos en China y no en EEUU. El segundo se refirió a la ocultación de las declaraciones fiscales de Trump. Las (falsas) acusaciones de Trump a Biden sobre sus negocios en China, Ucrania y Rusia fueron desmentidas. Ya se habían confirmado las falsedades por las agencias estadounidenses encargadas de investigar (se ha cerrado una investigación por falta de pruebas y se ha demostrado que el servicio de inteligencia ruso pasó información falsa sobre Biden a Rudy Giuliani, abogado personal de Trump). Este asalto dependió de los simpatizantes de cada uno de los contendientes. Porque los seguidores de Trump son fieles a su palabra y no atienden a razones.

El siguiente asalto, sobre Corea del Norte, fue un empate. Mientras que el del Obamacare y el (inexistente) plan sanitario de Trump, que lleva anunciando desde 2016 y que aún no se vislumbra, fue para Biden. El aspirante no solo resaltó lo obvio, cuatro años anunciando un plan que no existe, también marcó las pautas de su proyecto. Biden además recalcó que tener un plan de salud público es un derecho. Lo mismo sucedió en los siguientes temas (empleo, salario mínimo y nuevos planes económicos de rescate).

Trump empezaba a estar grogui. Y como los boxeadores aturdidos y tambaleantes buscaba el golpe de suerte que noquease a su rival. Lo intentó con el escándalo de los niños separados de sus padres. Pretendió culpar a Obama y Biden de la situación. No coló. Tampoco logró el puñetazo definitivo en el asunto racial. Trump se atrevió a decir que ha sido el mejor presidente de EEUU para la comunidad negra desde Abraham Lincoln. ¡Toma ya! Es literal, no mi interpretación. De hecho he reflejado su matización, porque de primeras dijo que había sido el mejor quizás con la excepción de Lincoln. El revolcón que le dio Biden fue notorio. Y eso que no mencionó a Roosevelt, Eisenhower o Lyndon B. Johnson (la ley de los derechos civiles). Sobre el cambio climático más de lo mismo. La ametralladora Trump de falsedades y realidades paralelas funcionaba a tope pero no lograba el KO. Y empezó a interrumpir. Estábamos llegando al final del debate.

En la alocución final Trump elevó su apuesta y auguró un futuro apocalíptico si ganaba Biden. Olvidó mencionar Venezuela. No es broma. Lo ha hecho con anterioridad. Biden en su turno estuvo en su linea, comedido. Y con un punto de optimismo, confiado por las encuestas que le avalan.

Trump mejoró ostensiblemente respecto al primer debate. Parece que aprendió de sus errores y controló sus impulsos. Era una actuación destinada a recuperar a los votantes moderados que parece haber perdido. ¿Lo consiguió? Lo sabremos el 3 de noviembre, salvo que algunos ya hayan votado y formen parte de los 47 millones mencionados al principio.

Biden, por su parte, no metió la pata. En mi opinión ganó, pero eso da igual (como mi comentario al respecto), porque Hillary Clinton ganó sus debates y Trump la presidencia. Para Biden no hacerlo mal y salir airoso es un triunfo. Y le sirve para seguir comandando las encuestas. Recuerden: no hagan caso de elaboradas a nivel nacional, no reflejan la realidad que importa, la de los colegios electorales que es donde se deciden las elecciones. Las encuestas fiables son las estatales, estado a estado, que sí responden a la verdad de los posibles resultados.

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¿Será Ivanka Trump la primera presidenta de EEUU?

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¿Será Ivanka Trump la primera mujer en alcanzar la presidencia de Estados Unidos? Ante todo mucha calma, no me ha dado ningún siroco. Pero conociendo al personaje, 45 como llaman en Nueva York a Donald Trump, todo es posible. Su megalomanía, su deseo de perdurar (su legado presidencial ahora está manchado por el proceso de destitución, el impeachment, que ayer llegó al Senado, donde será juzgado), hacen que este escenario sea posible.

Veamos: si no es destituido (dada la configuración del Senado donde hay predominio de su partido, el Republicano) se presentará a la reelección que probablemente ganará. Por ahora no se vislumbra un candidato Demócrata de nivel (en un par de semanas inician sus primarias y dos de los favoritos, Sanders y Warren, ya se están peleando por nimiedades). Si Trump vence y es reelegido no podrá presentarse a las siguientes presidenciales. Tras los cuatro mandatos de Roosevelt se dictaminó que los presidentes solo podrían estar dos mandatos al frente del país. Es decir, 45 no podría presentarse a una nueva reelección. Y es en ese momento cuando su hija Ivanka entraría en escena. En 2025 cumpliría 43 años.

Montar una dinastía es muy tentador, sobre todo para un narcisista de libro.

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La represión del Bonus Army en 1932 (por Antonio Perea)

17 de marzo de 2010

Como diría el alcalde de Villar del Río en “Bienvenido, Mr. Marshall”, desde mi post sobre “Nobody Knows You When You’re Down And Out” os debo una explicación acerca de los incidentes relacionados con el Bonus Army, y os la voy a pagar.

Las naciones tienen sus secretos en el armario, como las familias. Sé en España de algunos ejemplos curiosos, de los que me duele personalmente que tuvieran lugar durante la Segunda República, como la represión de los mineros de la comuna asturiana por un brazo de artillería comandado por el joven general Francisco Franco. O la sangrienta carga de la Guardia Civil, por orden del gobierno de Azaña, contra los braceros del latifundio gaditano de Casasviejas, municipio que -quizá para conjurar ante las generaciones posteriores los fantasmas de aquél ominoso episodio- fue rebautizado años después como Benalup de Sidonia.

 Es aproximadamente en esos años, qué coincidencia, cuando se produce en Estados Unidos la represión conocida como el conflicto del Bonus Army.

¿Qué era el Bonus Army?

El ejército de los bonos. Así fue denominado por la prensa y la opinión pública un cuerpo de veteranos de la Primera Guerra Mundial que, junto con sus familias y enseres, instalaron en 1932 sus chabolas e improvisados chamizos cerca del Capitolio en Washington. Desempleados y arruinados por la depresión de 1929, solicitaban a la Administración del presidente Herbert Hoover que les anticipara el vencimiento de sus “bonos de veteranos”. Eran éstos unos títulos del Tesoro que fueron adjudicados a los soldados americanos que lucharon en la gran guerra. A cada soldado se le asignó un bono por valor de 1 dólar por día de servicio en Estados Unidos durante la contienda, que en caso de servicio en el  extranjero pasaba a ser de 1,25 dólares por cada día. El capital de los bonos se constituyó en 1924 mediante la aprobación de la ley correspondiente, con la intención de que en 1945, transcurridos veinte años completos desde la ley, los veteranos percibieran del Estado aquellos fondos con los intereses correspondientes.

El campamento

Pero la depresión llegó antes de eso con toda su crudeza: las familias lo habían perdido todo excepto los bonos, que allí estaban a su nombre y depositados en el Tesoro. Así, unas 30.000 personas constituidas por los aproximadamente 11.000 veteranos y sus familias, bebés incluidos -supone casi la población de Teruel (34.000 h.)-, se instalaron en un gran campamento compuesto por tiendas y chabolas en las cercanías del río y no lejos del Congreso. Todas las fuentes consultadas destacan el funcionamiento perfecto, en cierto modo militar, con el que se garantizaba el orden, la limpieza y la ausencia de molestias para la población. Los que habían sido oficiales en la guerra mantenían jerarquía y responsabilidad sobre el funcionamiento de aquel “regimiento”, lo que facilitaba que cualquier conato de escándalo se resolviera internamente. La mayoría de los investigadores históricos afirman que la incorporación de nuevos miembros al campamento sólo se producía tras ser confirmada, por un comité de los propios concentrados, la veracidad de los documentos que acreditaban al recién llegado como veterano y adjudicatario de bonos de guerra. Esto contradice las sospechas de que el campamento fuera un refugio ocasional de revolucionarios oportunistas, insidia que por entonces pretendieron difundir los congresistas más reaccionarios 

La carga de la caballería

La proposición de anticipo de los bonos resultó derrotada en el Capitolio el 17 junio de 1932, con los veteranos agolpados, expectantes y en silencio, frente al edificio. Al término de la sesión los entristecidos líderes del Bonus Army ordenaron la retirada a los manifestantes con la fórmula “canten el himno y regresen a los cuarteles”, entendiendo como tales las chabolas en las que estaban instalados y, quizá, dando por finalizada la acción. Sin embargo, al no tener lugar alguno dónde ir, su estancia en aquéllas se prolongó, aderezada con marchas silenciosas al Capitolio para manifestar su disgusto con la decisión de la cámara de representantes y proclamando lo desesperado de su situación. Aunque la disciplina interna casi militar de los improvisados campamentos continuaba atajando cualquier atisbo de violencia, a William D. Mitchell, el Attorney General (el equivalente a nuestro Ministro de Justicia) le preocupaba la posible evolución de la situación hacia un conflicto de orden público. También le preocupaba el afloramiento estable en la misma puerta de la Casa Blanca de una concentración más de cabañas de “sin techos” como las que habían proliferado por toda la Unión desde que se produjo el crack, y para las cuales prosperó entre los políticos y la ciudadanía la ominosa denominación de “Hooverciudades” (Hoovervilles), algo que avergonzaba al Presidente.

Así, el 28 de julio Mitchell dio orden a la policía metropolitana para que evacuara a los manifestantes y sus cabañas del espacio público que ocupaban. La policía lo hizo, pero tropezó con una resistencia (no detallada en las fuentes consultadas) que terminó con la fuerza pública abriendo fuego contra los manifestantes y causando dos muertos. La noticia multiplicó la preocupación del presidente Hoover, que encargó al ejército a través de su general en jefe Douglas MacArthur completar la expulsión y sofocar cualquier resistencia. Balas, bayonetas y gases venenosos fueron utilizados por la caballería al mando del entonces Mayor George Patton (el de la peli de Schaffner), sembrando el caos y la muerte entre los veteranos y sus familias. Eisenhower, que al igual que Patton operaba a las órdenes de MacArthur, coordinaba la acción de la policía con el ejército. Se dice que una vez acorralados los manifestantes en la orilla del río, Hoover ordenó la retirada de las tropas, pero que MacArthur deliberadamente ignoró la orden terminando de arrasar la moral de los veteranos. Fuera verdad o no, aquello acabó definitivamente con el campamento del Bonus Army.

MacArthur y Eisenhower

Epílogo

Un par de años después, ya durante el mandato de Roosevelt, que tampoco quiso anticipar los bonos, su mujer Eleanor propició un acuerdo con aquellos mismos veteranos para que, mientras llegaba el vencimiento de sus títulos, trabajaran en la construcción de la nueva autopista que habría de unir los cayos de Florida con tierra firme, para la cual se necesitaba mano de obra. Los veteranos aceptaron agradecidos los ansiados ingresos que ello les pudiera proporcionar, sin saber que de este modo una nueva tragedia iba a sumarse a modo de epílogo a su recurrente desgracia. El dos de septiembre de 1935 se produjo en Florida el recordado como “Huracán del día del trabajo”, el más destructivo de cuantos se han producido en tierra firme estadounidense (más, por ejemplo, que el recordado “Katrina” de Nueva Orleáns). En EE.UU. el día del trabajo, Labor Day, se celebra el primer lunes de Septiembre. El huracán segó entre otras vidas las de 258 de estos veteranos a los que sorprendió trabajando en la autopista. Presionado por el movimiento de solidaridad que esta circunstancia produjo, el presidente Roosevelt se vio obligado a liberar los bonos y los afectados pudieron al fin hacerlos efectivos en 1936, nueve años antes de su vencimiento.   

Nota del Editor:  para los interesados recomiendo ver el siguiente documental dividido en tres segmentos:

1ª parte

2ª parte

3ª parte

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