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Dos series: “Fargo” (T4) y “El pájaro carpintero”

Hay dos series estadounidenses que me han enganchado recientemente: la cuarta temporada de “Fargo” y “El pájaro carpintero“. Durante el confinamiento y después las series nacionales, italianas, francesas e inglesas se habían impuesto entre mis preferencias audiovisuales.

Tanto “Fargo” como “El pájaro carpintero” tienen al racismo como elemento común. En “Fargo” está en el trasfondo de la trama y se abarca en un sentido más amplio. En “El pájaro carpintero” está directamente representado en la historia y se ciñe a un solo aspecto. Por contradictorias que resulten estas afirmaciones. Si tienen la paciencia de seguir leyendo lo entenderán mejor.

Fargo” en su nueva temporada da dos giros que la alejan de los planteamientos de las tres anteriores. El primero es la localización: se cambian los escenarios norteños del medio oeste, alrededor de Fargo (la ciudad más poblada del estado de Dakota del Norte), por Kansas City (Missouri). Del norte del medio oeste bajan a su sur. El otro cambio es la linea temporal. Los tres primeros “Fargo” más o menos sucedían en nuestros tiempos. El nuevo “Fargo” viaja al Kansas City de 1950. Y al igual que las tres ediciones anteriores está basada en hechos reales.

El trasfondo racista está en la lucha por el poder de las bandas criminales por hacerse con el control de la ciudad y sus bajos fondos. En el origen de las disputas están los inmigrantes irlandeses y judíos. En la Kansas City de 1950 el conflicto es entre los italianos y los negros, que llegaron del sur del país huyendo de la segregación racial. Queda claro también el aspecto social: inmigrantes que buscan seguridad frente a la sociedad dominante formando clanes y ganan poder económico delinquiendo.

El gran Chris Rock encarna al líder de la banda negra.

El pájaro carpintero” también está basado en hechos reales. En las acciones del abolicionista blanco John Brown (1800-1859), interpretado por Ethan Hawke. Estamos en la época anterior a la Guerra Civil de EEUU. El presidente era Buchanan, el anterior a Abraham Lincoln.

John Brown era blanco y montó una guerrilla para liberar esclavos, realizando incursiones por el sur del país. Pusieron precio a su cabeza. El líder negro de entonces, Frederik Douglass, le retiró su apoyo en vísperas de un ataque a una armería. También aparece Harriet TubmanLa generala” (1822-1913), la activista nacida esclava. Se escapó y viajó al norte. Desde ahí organizó 13 expediciones para liberar a unos 70 esclavos. Usaron el llamado Underground Railway, una red de abolicionistas que proporcionaban desplazamientos y casas seguras. Durante la Guerra Civil sirvió en las filas de la Union. Al terminar la guerra su lucha se centró en conseguir el voto para las mujeres. Tras la renuncia de Douglass el continuado apoyo de Tubman mantuvo viva la lucha de John Brown. Se estima que Brown ayudó a más de 5.000 esclavos, bien ofreciendo su casa al Underground Railway o liberándolos.

Brown tras la incursión a la armería de Harper’s Ferry (Virginia) fue capturado, juzgado y ahorcado.

En “El pájaro carpintero” el racismo (la esclavitud) está en primer plano. Y hay un trasfondo religioso. Tanto en las comunidades negras como en las blancas. Además, Brown era un devoto lector de la Biblia. En la serie cita continuamente pasajes bíblicos. Le sirven de guía para sus discursos y proclamas.

En estos tiempos donde el racismo ha tenido un rol tan importante en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, estas dos series son muy buenos referentes para entender lo que significó y aún significa en EEUU.

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El último debate Trump vs. Biden

El tercer y último debate entre Donald Trump y Joe Biden tuvo lugar en Nashville, en la Universidad de Belmont (institución privada y cristiana que estuvo vinculada a los Bautistas). En realidad fue el segundo porque el anterior se suspendió. Es decir, de los tres debates previstos solo se han celebrado dos.

Este enfrentamiento presentaba un par de características especiales. La primera fueron las medidas para evitar las interrupciones de Trump en las exposiciones, que marcaron el primer debate, pero sin desvirtuar los intercambios propios de una discusión. La solución: cerrar el micro del oponente solamente durante la exposición de dos minutos del rival, cuando responde a la pregunta de la moderadora. No evita la molestia para quien sufre los cortes, mas alivia al telespectador. Se deja abierto para todo lo demás. La segunda, y para mi trascendental, es que se llegaba con 47 millones que ya han votado. En unas presidenciales en EEUU votan entre 120 y 125 millones. De ahí la importancia de estos 47 millones de votos por correo (más los que quedan). Y como ya he repetido en varias ocasiones dudo que haya muchos indecisos. Porque el planteamiento de estas elecciones se acerca mucho al de un referéndum sobre Trump. Es el problema al que se enfrenta el presidente. Se lo ha buscado el mismo, por su narcisismo y afán de protagonismo.

Me van a permitir que use similes boxísticos. Trump es el campeón que defiende el título. Biden es el aspirante y favorito en las apuestas (las encuestas).

La estrategia del campeón está siendo un calco de la que le llevó al título en 2016. Parece haber olvidado que entones ganó en un combate entre dos aspirantes. Su candidatura era la del outsider. Ahora, en 2020, el outsider ya no lo es y se trata de un combate diferente, entre un campeón y un aspirante.

El primer asalto fue sobre el coronavirus. El aspirante golpeó con contundencia. Atacó los muchos puntos débiles del campeón. Le bailó. Trump no perdió los nervios, en el asunto que puede costarle la presidencia. Tampoco interrumpió, aunque estuvo a punto finalizando el asalto.

En el siguiente round sobre las interferencias de potencias extranjeras en las elecciones de EEUU, Biden muy hábilmente deslizó el asunto de Putin. Trump contraatacó con presuntas acusaciones sobre ganancias de Biden en Rusia. El aspirante le crujió con un directo al hígado y otro a la mandíbula. El primero fue sobre pagar impuestos en China y no en EEUU. El segundo se refirió a la ocultación de las declaraciones fiscales de Trump. Las (falsas) acusaciones de Trump a Biden sobre sus negocios en China, Ucrania y Rusia fueron desmentidas. Ya se habían confirmado las falsedades por las agencias estadounidenses encargadas de investigar (se ha cerrado una investigación por falta de pruebas y se ha demostrado que el servicio de inteligencia ruso pasó información falsa sobre Biden a Rudy Giuliani, abogado personal de Trump). Este asalto dependió de los simpatizantes de cada uno de los contendientes. Porque los seguidores de Trump son fieles a su palabra y no atienden a razones.

El siguiente asalto, sobre Corea del Norte, fue un empate. Mientras que el del Obamacare y el (inexistente) plan sanitario de Trump, que lleva anunciando desde 2016 y que aún no se vislumbra, fue para Biden. El aspirante no solo resaltó lo obvio, cuatro años anunciando un plan que no existe, también marcó las pautas de su proyecto. Biden además recalcó que tener un plan de salud público es un derecho. Lo mismo sucedió en los siguientes temas (empleo, salario mínimo y nuevos planes económicos de rescate).

Trump empezaba a estar grogui. Y como los boxeadores aturdidos y tambaleantes buscaba el golpe de suerte que noquease a su rival. Lo intentó con el escándalo de los niños separados de sus padres. Pretendió culpar a Obama y Biden de la situación. No coló. Tampoco logró el puñetazo definitivo en el asunto racial. Trump se atrevió a decir que ha sido el mejor presidente de EEUU para la comunidad negra desde Abraham Lincoln. ¡Toma ya! Es literal, no mi interpretación. De hecho he reflejado su matización, porque de primeras dijo que había sido el mejor quizás con la excepción de Lincoln. El revolcón que le dio Biden fue notorio. Y eso que no mencionó a Roosevelt, Eisenhower o Lyndon B. Johnson (la ley de los derechos civiles). Sobre el cambio climático más de lo mismo. La ametralladora Trump de falsedades y realidades paralelas funcionaba a tope pero no lograba el KO. Y empezó a interrumpir. Estábamos llegando al final del debate.

En la alocución final Trump elevó su apuesta y auguró un futuro apocalíptico si ganaba Biden. Olvidó mencionar Venezuela. No es broma. Lo ha hecho con anterioridad. Biden en su turno estuvo en su linea, comedido. Y con un punto de optimismo, confiado por las encuestas que le avalan.

Trump mejoró ostensiblemente respecto al primer debate. Parece que aprendió de sus errores y controló sus impulsos. Era una actuación destinada a recuperar a los votantes moderados que parece haber perdido. ¿Lo consiguió? Lo sabremos el 3 de noviembre, salvo que algunos ya hayan votado y formen parte de los 47 millones mencionados al principio.

Biden, por su parte, no metió la pata. En mi opinión ganó, pero eso da igual (como mi comentario al respecto), porque Hillary Clinton ganó sus debates y Trump la presidencia. Para Biden no hacerlo mal y salir airoso es un triunfo. Y le sirve para seguir comandando las encuestas. Recuerden: no hagan caso de elaboradas a nivel nacional, no reflejan la realidad que importa, la de los colegios electorales que es donde se deciden las elecciones. Las encuestas fiables son las estatales, estado a estado, que sí responden a la verdad de los posibles resultados.

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