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Medios y racismo en la República Bananera de Estados Unidos

En el post de ayer comentaba temas que hoy han sido ejes centrales del debate sobre los sucesos ocurridos, el pasado 6 de enero, en la capital de la República Bananera de Estados Unidos. Me refiero a la destitución de Trump (mediante el impeachment o la vigésimoquinta enmienda de la Constitución) y a las responsabilidades de los políticos responsables, empezando por el propio Trump y siguiendo por sus colaboradores así como los diputados y senadores republicanos que le han bailado el agua. También escenificaba el obvio racismo (sobre lo que incidiré al final de esta entrada). Y me guardaba la baza de los medios de comunicación para hoy.

El rol de los medios no se puede ni debe pasar por alto. Su actitud ha dejado mucho que desear. Los no favorables a Trump empezaron riéndole las gracias y menospreciando su relevancia. Le consideraron un bufón. Mientras tanto, durante todos estos años, les fue colocando sus teorías conspirativas. Desde inventarse que Obama no había nacido en EEUU hasta los mundialmente famosos emails de Hillary Clinton. Más decenas de otras historias igual de absurdas (como la de la red de pederastia cuya sede estaba en inexistente sótano de una pizzería de Washington). Se burlaban de él pero no le desmontaban, aireando sus estupideces. ¿Por qué? Por las audiencias y su conversión en ingresos publicitarios Es decir, los intereses económicos de esos medios supuestamente críticos primaban sobre una información veraz y rigurosa. La que se espera de ellos. Al otro lado del espectro, los infames medios favorables a Trump eran implacables en el elogio y apoyo a Trump. Y demoledores con sus rivales (fuesen los de las primarias del Partido Republicano o los de las presidenciales). A la cabeza están los controlados por Rupert Murdoch. Recordemos que Aznar se sienta en el consejo de administración del holding de Murdoch.

Murdoch, australiano nacionalizado estadounidense para poder montar su imperio mediático, montó Fox News para el acosador Roger Ailes. Ailes y Fox News fueron básicos para el impulso de la carrera política de Trump. Apostaron por él cuando nadie lo hizo. Y lo llevaron en volandas a la presidencia. Las falsedades y bulos de ambos se retroalimentaban. Hoy en día aunque los medios de Murdoch (Fox News, The Wall Street Journal, The New York Post, etc.) intentan poner una prudente distancia con Trump, sus estrellas le siguen apoyando incondicionalmente. El último ejemplo es de la noche del día 6: el infumable Tucker Carlson lamentaba el fallecimiento de la seguidora de Trump, disparada por un policía en el interior del Capitolio. El contraste con su actitud respecto a los afroamericanos, muertos a disparos de la policía, era más que obvio. En un caso hubo empatía y en otro silencio. Aparte del sesgo ideológico está el flagrante racismo de las dos situaciones. Pero esto ya avisé que lo dejo para el final.

Retirarle la nacionalidad a Murdoch y volver a la ley anterior a 2017 (los extranjeros no podían controlar más del 25% de las empresas de medios) o no renovar la licencia de emisión a Fox News podrían ser medidas para oxigenar el ambiente.

He incidido en Fox News por su alcance y relevancia en términos de audiencia. Medios digitales, como Breibart News (donde brillaba Steve Bannon, exasesor de Trump y actualmente pendiente de juicio por estafa), también influyeron. La propagación por redes sociales de todo tipo de mentiras no deben pasar desapercibidas. En este coctel falta el ingrediente de la injerencia rusa. Una vez agitado y servido nos encontramos con la trama de las ultimas temporadas de la serie “Homeland“: campañas de intoxicación rusa, bots, elecciones presidenciales, extrema derecha en EEUU, medios alternativos, etc.

Como ya anuncié dejaba para el final el asunto del racismo, que ya formó parte del post de ayer. No estoy loco ni exageraba. Durante el transcurso del día de ayer muchas voces autorizadas se sumaron a este asunto. Y a los argumentos que presenté. Cuando escuché a Joe Biden afrontar el tema de cara, cogiendo el toro por los cuernos, pensé que se había avanzado una barbaridad. Biden venía a decir lo que escribí: “No me puedo quitar de la cabeza que la turba de Trump eran blancos, algunos con uniformes de camuflaje y chalecos antibalas… De ser afroamericanos, no hubiesen pasado del primer escalón de la escalera de acceso a la entrada principal del edificio. Y los hubiesen baleado sin contemplaciones (por bastante menos se han cargado a chavales negros)… recuerden como gasearon y golpearon a los del Black Live Matters para despejar la calle y que Trump la pudiese cruzar y hacerse una foto con la Biblia, en la iglesia enfrente de la Casa Blanca“.

Biden también uso el ejemplo del Black Lives Matters. Asumo que conocerán las imagenes del asalto al edificio del Congreso y la pasmosa falta de seguridad (así como el asombroso fallo de los servicios de inteligencia). Comparen con la foto de como se protegió el mismo edificio durante las protestas del Black Live Matters. Los de entonces eran manifestantes afroamericanos y los del día 6 eran blancos. No hay otra.

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Biden 306 Trump 232

Ha terminado el conteo de las elecciones presidenciales en EEUU. El presidente Trump solo ha obtenido 232 votos frente a Joe Biden, quien ha sumado 306 votos de los colegios electorales. Estos se formaran una vez se certifiquen los resultados durante las dos últimas semanas de noviembre. Este resultado es el vaticinado por El Mundano el pasado 6 de noviembre, cuando me atreví a afirmar que Biden ganaría cuatro de los cinco estados pendientes por contar.

Se precisan 270 votos para alcanzar la presidencia. Biden ha logrado margen de sobra frente a Trump. Curiosamente este es el mismo resultado que Trump obtuvo frente a Hillary Clinton (306 vs. 232). Entonces, en 2016, Trump calificó su triunfo como una barrida, una victoria arrolladora (“massive landslide“). Por tanto, a la vista de los mismos resultados en 2020, también podemos describir el triunfo de Biden, usando las palabras de Trump, como un massive landslide. Mayor aún si cabe. Porque ahora la ventaja de Biden en las urnas (votos directos) ha sido mayor y eso que en 2016 Clinton le metió casi tres millones de votos populares de ventaja a Trump. Para su enorme fastidio. El entonces presidente electo declaró que hubo un fraude masivo de votos de inmigrantes legales. ¿Millones de ellos? Ordenó una investigación y no se encontró nada. ¿Les suena de algo? Ahora, que ha perdido, también habla de fraudes electorales. De momento, sus alegaciones y demandas, van cayendo una a una como un castillo de naipes. Incluso sus abogados han retirado un par de ellas, ante la falta de evidencias y para evitar el riesgo de ser demandados por denuncias falsas.

Decía que el triunfo de Biden es aún mayor, a pesar de la similitud en los votos electorales de las dos últimas presidenciales. Porque Biden le ha sacado 5,4 millones de votos populares a Trump (78.187.479 votos por los 72.767.368 de Trump).

En todo este asunto, sean estas presidenciales o las anteriores, queda claro que el lema “America First” era un eufemismo para no decir “Trump First“. A Trump lo único que le interesa es Trump. Y por eso la crisis de la pandemia (además de su racismo) se lo ha llevado por delante, a pesar de los 72,6 millones de personas que le hayan votado.

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Sleepy Joe Biden camino de dormir en la Casa Blanca

Sleepy Joe Biden va camino de dormir en la Casa Blanca a partir de enero. En una noche vertiginosa dos estados están a punto de protagonizar flips descomunales para Biden. Se trata de Georgia y Pensilvania. Este último era la gran baza de Biden. Sus 20 votos electorales aseguran matematicamente la presidencia (Biden cuenta con 253 votos y se precisan 270 para ser presidente).

La remontada en Pensilvania ha sido espectacular. Ha superado un deficit de más de 600.000 votos. La escalada arrancó en cuanto empezó el computo de los votos por correo y el de los votos presenciales adelantados. La ira del perdedor Trump también aumentó. El problema no radica en sus acusaciones, carentes de fundamento (como veremos luego en un ejemplo). La realidad es que el responsable de sus problemas ha sido él mismo, como bien señalaba The Washington Post:

[…] The reasons so many Biden-friendly mail ballots were counted so late in states like Michigan, Pennsylvania and Wisconsin are actually rather simple. One reason is that populous urban areas (which lean strongly blue) have more votes, which means it takes longer to count them. Another is that Trump spent months raising concerns about mail-in balloting, leading to an extraordinary partisan imbalance in which voters embraced them.

But the biggest reason for the lag is that Republicans allowed it to happen. Despite the urging of state election officials, the GOP-controlled legislatures in those three key states all declined to let mail ballots to be counted earlier — unlike the vast majority of states — despite knowing the number of mail ballots would dwarf any previous election. […]

Es decir, el Partido Republicano controla los Congresos de los tres estados, Michigan, Pensilvania y Wisconsin, que Trump ha perdido ahora y que en 2016 le llevaron a la presidencia. Lo que entonces fueron sus flips ahora son sus flops

Hay factores a considerar en la polarización provocada por Trump. La primera es que ha llevado a una participación electoral masiva. La segunda es que a grosso modo hay dos aspectos que materializan la previsible derrota de Trump, el autentico loser & sucker de estas elecciones. Se trata de la pandemia (ya apuntada en este blog ¡a principios de marzo!) y el racismo. Los analistas deberían fijarse en las grandes ciudades que han protagonizado los flips y flops: Milwaukee en Wisconsin, Detroit en Michigan, Atlanta en Georgia y Philadelphia en Pensilvania. En estas urbes el voto afroamericano ha sido decisivo. Un voto que apoyó a Obama, le dio más o menos la espalda a Hillary Clinton y que se ha levantado en masa para aupar a Biden. Desde las primarias del Partido Demócrata (en una campaña que Biden calcó a la de Obama).

Las mujeres afroamericanas han votado ampliamente a Biden. No tanto los hombres, porque Trump ha recibido un apoyo sobre el 12%. Aquí pueden entrar en juego asuntos como el de los millonarios raperos que públicamente expresaron su votos por Trump (50 Cent, por ejemplo, dijo que no quería convertirse en 20 Cent). Y luego está el tema del macho alfa, con el que tantos afroamericanos se identifican con el actual presidente. Para espanto de las mujeres y familias que lo sufren. Otro aspecto destacado del racismo latente en Estados Unidos son las instrucciones que las madres afroamericanas dan a sus hijos. Sobre como tienen que comportarse en una sociedad blanca y con esa policía que les acosa y culpabiliza por el color de su piel. Aquí no hay barreras sociales. Incluso diría que los pijos lo llevan peor, al carecer del street smart de los de extracción social más baja. Es una cuestión de racismo. Las oleadas de brutalidad policial de los últimos años y las movilizaciones del Black Lives Matters, así como las simpatías no disimuladas de Trump por los supremacistas blancos, han tenido un peso enorme. Tanto para Trump como para Biden. Porque no olvidemos el enorme apoyo del presidente saliente (cerca de 70 millones de votos) y que Biden es el candidato más votado de la historia de EEUU (sobre los 74 millones). 

Las falsas promesas (incumplidas todas) de crear puestos de trabajo y traer inversiones a los estados industriales también han tenido su peso. No olvido esto, porque fueron estas las razones que cambiaron el voto a Clinton por el de Trump. No se fiaron de ella y depositaron su confianza en un timador… Lo que entonces fueron flips para Trump ahora son flops. Salvo en Ohio e Indiana, feudos republicanos.

Georgia es el ejemplo más claro de las falacias de Trump. El estado tiene un gobernador republicano. Las dos cámaras de su Congreso están controladas por el Partido Republicano. ¿Y Trump nos cuenta que ha habido fraude electoral? ¿De verdad? El flip de Biden y el flop de Trump en Georgia ha sido historico: es la primera vez, en casi 30 años, que un candidato Demócrata gana en Georgia, el estado del melocotón. ¿En serio ha habido fraude electoral? ¿En un estado republicano? ¿Tan torpes son? No es creíble. Como recordaba hoy Javier Zurro está táctica nos retrotrae a la obra maestra de Orson Wells, “Ciudadano Kane“, y esa portada del Fraud At Polls para justificar el fracaso electoral de Kane, el dueño del periodico.

¿Y del fraude postal Trump no tiene nada que decir? Han sido continuas las zancadillas perpetradas contra el voto por correo. Con un responsable claro: el ejecutivo que él eligió para presidir el servicio de correos y que, casualidad, es uno de sus mayores donantes. Esto del voto por correo, me recuerda a unas elecciones del Real Madrid: acusaron al vencedor, Ramón Calderón, de haber falsificado los votos por correo. El asunto acabó en los tribunales y se descubrió que ¡los acusadores eran los que habían intentado amañar el voto por correo! 

En estas presidenciales se votaban otras cosas: las dos cámaras del Congreso de EEUU (Senado y Casa de los Representantes), legislaciones locales (como la legalización del uso recreativo de la marihuana en Nueva Jersey, el salario mínimo en Florida, etc.). ¿El fraude de las papeletas solo ha afectado a Trump y no a lo demás que iba incluido en las mismas? El Partido Republicano tuvo una buena noche electoral en el Congreso. Aumentaron su numero de diputados en la Casa (con los Demócratas perdiendo cinco actas) y no sufrieron la debacle anunciada en el Senado. Las encuestas daban mayoría a los Demócratas. No ha sido así. aunque aún se desconoce el resultado final y en Georgia habrá que volver a votar los dos puestos de senadores el próximo enero. 

Ya avisé sobre las encuestas, a nivel presidencial: no hagan caso a las nacionales, porque no reflejan la realidad del voto electoral que es estatal. Solo son fiables las encuestas estatales. Y estas no se han equivocado. Ambas predecían la victoria de Biden, pero las locales han estado más cerca de las diferencias. En cualquier caso, de momento y adjudicando a Biden los cuatro de los cinco estados que faltan por completar, supera ampliamente los 270 votos electorales necesarios. Con estos cálculos lograría 306 (Trump en 2016 también ganó con 306).

Ya lo decían los Allman Brothers Band: “Eat A Peach“. Trump cómete un melocotón…

 

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Los flips y flops que llevarán a Biden a la Casa Blanca

Unas breves líneas sobre los flips y flops que pueden llevar a Joe Biden a la Casa Blanca. Por flips y flops se entienden todos aquellos estados que han cambiado su voto de las presidenciales de 2016 a las de 2020. Los que ganas son un flip y los que pierdes un flop.

La estrategia obvia es evitar flops y acumular flips. Para la campaña de Biden igualar los resultados de Hillary Clinton no era suficiente, necesitaba flips. A estas horas parece haberlo conseguido. Biden está a 17 votos electorales de ser el nuevo presidente de Estados Unidos. Los 6 de Nevada y los 11 de Arizona son claves. Provisionalmente lidera en ambos estados.

De los estados todavía sin adjudicar triunfador solo Nevada podría ser un flop para Biden. Son seis votos electorales los que están en disputa. Biden tiene una ventaja de seis décimas. Clinton ganó con más holgura. Nevada se lo está tomando con mucha calma a la hora de contar. Primero, interrumpieron el conteo la noche electoral. Se fueron a dormir (en Arizona hicieron lo mismo). Ayer lunes también dieron por finalizada su labor a primera hora de la tarde. Han contabilizado el 86% de los votos emitidos.

Antes de seguir adelante dos consideraciones. La primera: es infumable que la primera potencia occidental tarde tanto con el computo de votos. Pongamos por ejemplo Las Vegas (Nevada), perteneciente al Condado de Clark. La ciudad son 644 mil habitantes y el condado, el más poblado de Nevada, suma casi dos millones. Hasta mañana no conoceremos sus datos completos (tanto los del estado como los del condado y la ciudad). No han sido capaces de hacerlo. Las Vegas y su condado son un enclave afín al Partido Demócrata. Algo parecido sucedió en Michigan, con Detroit y su condado. Ahí al menos supimos anoche el resultado: ganó Biden. Un flop para Trump y un flip para Biden. Michigan fue uno de los estados que le costaron la presidencia a Clinton. Wisconsin fue otro, que ayer también fue un flip para Biden (y un flop para Trump).

La segunda consideración tiene que ver con las particularidades de la votación. Estas presidenciales han sido las de más participación en la historia de EEUU (desde 1900). Votaron más de 160 millones  (un 66,9% del electorado). De los cuales 102 lo hicieron por correo o votaron presencialmente por adelantado. Esto podría justificar cierto retraso a la hora de conocer los resultados. Pero todo lo que supere las 24 horas es sencillamente una chapuza. Demuestra ineficacia. Por mucho que los estados afectados por la demora lo sean por imposición legal. Impuesta por Trump: logró que el voto por correo se contabilizase al final. En algunos estados, porque en otros no pudo (rechazado por los tribunales federales). Para a continuación intentar limitar el periodo de aceptación del voto por correo y acortar los periodos de conteo. Los tribunales impidieron a Trump esto último. El presidente tenía claro que el voto por correo le sería desfavorable (como se está demostrando). De ahí sus estratagemas legales para eliminar votos (lo del servicio postal es para echarle de comer aparte).

Como ya se ha comentado con los 17 votos electorales de Arizona (11) y Nevada (6) Biden sería el nuevo presidente, logrando los 270 necesarios. Sleepy Joe, como le llama despectivamente Trump, dormiría en la Casa Blanca a partir de enero del 2021.

Respecto a Arizona comentar que muchos medios se lo han adjudicado a Biden. Por eso en algunos sitios verán que Biden cuenta con 264 votos. Aquí, como CNN, uso la cifra de 253. Porque con 515 mil papeletas aún por contar en Arizona y con una ventaja de Biden de unos 79 mil votos me parece prematuro asignar el estado. Aunque, como en el caso de Las Vegas o Detroit, falte Phoenix, la zona más poblada y proclive a los Demócratas. Y también está el factor McCain: el héroe del estado insultado gravemente por Trump. Su viuda se ha pronunciado a favor de Biden.

Los otros estados que faltan son Carolina del Norte, Georgia y Pensilvania. En los tres va por delante Trump y ya los ganó en 2016. Pero las distancias en Georgia y Pensilvania se han ido acortando dramáticamente (en el estado sureño ahora les separan apenas ocho décimas). Respecto a Pensilvania Biden se mostró optimista al respecto en su primera aparición de la noche electoral (nuestra madrugada). Y cantó lo de Wisconsin y Michigan (acertó). Ayer, tras confirmarse los triunfos de Michigan y Wisconsin, volvió a insistir en lo de Pensilvania.

Nuevamente, el voto por correo y la demora en los resultados de las grandes urbes marca los cambios en los resultados. Aunque si Biden gana Arizona y Nevada lo que pase en estos tres estados dará igual. Si además Biden gana uno o dos de ellos ya ni les cuento. Añadiría uno o dos flips más a su marcador.

Otro dato, espectacular en este caso: sea o no sea el nuevo presidente, Joe Biden será el candidato más votado de la historia de su país. De momento le han votado 71.366.828 de sus compatriotas. En 2016 Hillary Clinton ganó el voto popular mas perdió el que cuenta, el de los colegios electorales. Ahora Biden repite con el voto popular, mientras lidera con 253 votos electorales por los 214 de Trump.

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El último debate Trump vs. Biden

El tercer y último debate entre Donald Trump y Joe Biden tuvo lugar en Nashville, en la Universidad de Belmont (institución privada y cristiana que estuvo vinculada a los Bautistas). En realidad fue el segundo porque el anterior se suspendió. Es decir, de los tres debates previstos solo se han celebrado dos.

Este enfrentamiento presentaba un par de características especiales. La primera fueron las medidas para evitar las interrupciones de Trump en las exposiciones, que marcaron el primer debate, pero sin desvirtuar los intercambios propios de una discusión. La solución: cerrar el micro del oponente solamente durante la exposición de dos minutos del rival, cuando responde a la pregunta de la moderadora. No evita la molestia para quien sufre los cortes, mas alivia al telespectador. Se deja abierto para todo lo demás. La segunda, y para mi trascendental, es que se llegaba con 47 millones que ya han votado. En unas presidenciales en EEUU votan entre 120 y 125 millones. De ahí la importancia de estos 47 millones de votos por correo (más los que quedan). Y como ya he repetido en varias ocasiones dudo que haya muchos indecisos. Porque el planteamiento de estas elecciones se acerca mucho al de un referéndum sobre Trump. Es el problema al que se enfrenta el presidente. Se lo ha buscado el mismo, por su narcisismo y afán de protagonismo.

Me van a permitir que use similes boxísticos. Trump es el campeón que defiende el título. Biden es el aspirante y favorito en las apuestas (las encuestas).

La estrategia del campeón está siendo un calco de la que le llevó al título en 2016. Parece haber olvidado que entones ganó en un combate entre dos aspirantes. Su candidatura era la del outsider. Ahora, en 2020, el outsider ya no lo es y se trata de un combate diferente, entre un campeón y un aspirante.

El primer asalto fue sobre el coronavirus. El aspirante golpeó con contundencia. Atacó los muchos puntos débiles del campeón. Le bailó. Trump no perdió los nervios, en el asunto que puede costarle la presidencia. Tampoco interrumpió, aunque estuvo a punto finalizando el asalto.

En el siguiente round sobre las interferencias de potencias extranjeras en las elecciones de EEUU, Biden muy hábilmente deslizó el asunto de Putin. Trump contraatacó con presuntas acusaciones sobre ganancias de Biden en Rusia. El aspirante le crujió con un directo al hígado y otro a la mandíbula. El primero fue sobre pagar impuestos en China y no en EEUU. El segundo se refirió a la ocultación de las declaraciones fiscales de Trump. Las (falsas) acusaciones de Trump a Biden sobre sus negocios en China, Ucrania y Rusia fueron desmentidas. Ya se habían confirmado las falsedades por las agencias estadounidenses encargadas de investigar (se ha cerrado una investigación por falta de pruebas y se ha demostrado que el servicio de inteligencia ruso pasó información falsa sobre Biden a Rudy Giuliani, abogado personal de Trump). Este asalto dependió de los simpatizantes de cada uno de los contendientes. Porque los seguidores de Trump son fieles a su palabra y no atienden a razones.

El siguiente asalto, sobre Corea del Norte, fue un empate. Mientras que el del Obamacare y el (inexistente) plan sanitario de Trump, que lleva anunciando desde 2016 y que aún no se vislumbra, fue para Biden. El aspirante no solo resaltó lo obvio, cuatro años anunciando un plan que no existe, también marcó las pautas de su proyecto. Biden además recalcó que tener un plan de salud público es un derecho. Lo mismo sucedió en los siguientes temas (empleo, salario mínimo y nuevos planes económicos de rescate).

Trump empezaba a estar grogui. Y como los boxeadores aturdidos y tambaleantes buscaba el golpe de suerte que noquease a su rival. Lo intentó con el escándalo de los niños separados de sus padres. Pretendió culpar a Obama y Biden de la situación. No coló. Tampoco logró el puñetazo definitivo en el asunto racial. Trump se atrevió a decir que ha sido el mejor presidente de EEUU para la comunidad negra desde Abraham Lincoln. ¡Toma ya! Es literal, no mi interpretación. De hecho he reflejado su matización, porque de primeras dijo que había sido el mejor quizás con la excepción de Lincoln. El revolcón que le dio Biden fue notorio. Y eso que no mencionó a Roosevelt, Eisenhower o Lyndon B. Johnson (la ley de los derechos civiles). Sobre el cambio climático más de lo mismo. La ametralladora Trump de falsedades y realidades paralelas funcionaba a tope pero no lograba el KO. Y empezó a interrumpir. Estábamos llegando al final del debate.

En la alocución final Trump elevó su apuesta y auguró un futuro apocalíptico si ganaba Biden. Olvidó mencionar Venezuela. No es broma. Lo ha hecho con anterioridad. Biden en su turno estuvo en su linea, comedido. Y con un punto de optimismo, confiado por las encuestas que le avalan.

Trump mejoró ostensiblemente respecto al primer debate. Parece que aprendió de sus errores y controló sus impulsos. Era una actuación destinada a recuperar a los votantes moderados que parece haber perdido. ¿Lo consiguió? Lo sabremos el 3 de noviembre, salvo que algunos ya hayan votado y formen parte de los 47 millones mencionados al principio.

Biden, por su parte, no metió la pata. En mi opinión ganó, pero eso da igual (como mi comentario al respecto), porque Hillary Clinton ganó sus debates y Trump la presidencia. Para Biden no hacerlo mal y salir airoso es un triunfo. Y le sirve para seguir comandando las encuestas. Recuerden: no hagan caso de elaboradas a nivel nacional, no reflejan la realidad que importa, la de los colegios electorales que es donde se deciden las elecciones. Las encuestas fiables son las estatales, estado a estado, que sí responden a la verdad de los posibles resultados.

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La audiencia de TV da la espalda a Trump

Ratings

La audiencia de TV dio la espalda a Donald Trump, en la ultima noche de la convención del Partido Republicano.

Los discursos de aceptación de los candidatos se producen en la cuarta jornada, la de clausura. Normalmente son las más vistas. Pero tanto Joe Biden como Trump no superaron los registros de hace cuatro años. Aunque los ratings de Biden superaron a los de Trump. En este duelo directo quien fuera vicepresidente con Obama superó al actual presidente en 2,1 millones.  Esto provocó el troleo inmediato de los responsables de la campaña del Partido Demócrata. Atacaron al presidente-candidato donde más le duele: su escaso impacto televisivo.

En la imagen podemos ver como ambas convenciones bajaron respecto a las de 2016. Los Republicanos perdieron 11 millones de telespectadores, mientras que los Demócratas descendieron 6,3 millones. Trump competía consigo mismo mientras Biden lo hacía con Hillary Clinton. La novedad en ambos casos, en 2016, es un factor a tener en cuenta. El hastío que produce Trump, tras cuatro años, podría ser otro. Aunque la palabra final la tienen los votantes en noviembre. 

P.D.: los canales de cable superaron a las grandes cadenas de TV. En el caso del Partido Demócrata MSNBC fue la más vista, seguida a corta distancia por CNN. Y Fox News fue de largo la más seguida la ultima noche de la convención Republicana. 

 

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@DanWals83975326 el gran propagador de bulos

Illustration Emily Haasch; Photos Getty Images

Leia en un artículo de  en The New York Times, sobre el cambio de la estrategia rusa en la propagación de bulos. Antes (como en la campaña presidencial 2016, la pantomima de los emails de Hillary Clinton, el pizzagate, etc.) producían los bulos y los distribuían vía las plataformas de las redes sociales. Hoy en día ya no necesitan producir nada. Hay una legión de siervos que se encargan de lanzar teorias de lo más disparatadas. Al sindrome del tertuliano se une el del sindrome del periodista facha de investigación. Así que a los de Putin les dan el trabajo hecho. Su labor ahora se limita a propagar y distribuir los bulos a través de las redes sociales.

Este artículo me recordaba algunas conversaciones con Esteban Hernández. Insistía en el origen estadounidense de las plataformas que propagaban los bulos. Sostenía que la desinformación era imputable a empresas de EEUU. Mi punto de vista era que una cosa es la producción y otra la distribución. Esteban tenía razón en lo de la distribución y yo en que la producción era rusa. A la vista del texto de Periroth este intercambio de opiniones queda obsoleto y prevalece la tesis de Esteban Hernández.

Entre aquellos dimes y diretes y lo de Periroth han sucedido un par de hechos relevantes: Twitter ha tomado medidas respecto a los bulos (incluso han verificado los tuits de Trump, lo que ha enfurecido al presidente) mientras Facebook se niega a actuar al respecto. El mandamás de FB queda muy retratado en todo este asunto.

Nicole Periroth traza el actual mecanismo de desinformación. Su pieza arranca con el punto de inflexión de la nueva campaña de desintoxicación:

“The night of the Iowa caucuses in February, Robby Mook, Hillary Clinton’s 2016 campaign manager, logged into Twitter to find the hashtag #RobbyMookCaucusApp trending across the country. Pundits on both sides of the aisle accused him of developing a mobile app to rig the Democratic primary against Senator Bernie Sanders.”

Es decir: acusaban a Robby Mook, jefe de campaña de Hillary Clinton en 2016, de haber desarrollado una app, de cara a las votaciones del caucus de Iowa del proceso de primarias 2020, para perjudicar a Bernie Sanders. Mook no tenía nada que ver, pero eso daba igual. No dejes que la realidad te estropee un buen bulo.

[…] But he had never even heard of the app, which was developed by a company called Shadow Inc. This mattered little to the thousands of Twitter users attacking him online. Four months later, Mr. Mook said with a sigh, “There are still people out there who believe I developed that app” […]

Un exagente del FBI declaraba “The Kremlin doesn’t need to make fake news anymore. It’s all American made”. Traducción: El Kremlin ya no necesita producir bulos. Están todos hechos en América. En esta historia aparece un nombre: Chelsea Goodell, una diseñadora de Webs de Arizona. Fue quien originó el bulo. Aunque se necesitaba algo más.

[…] Ann Louise La Clair, a self-described Los Angeles filmmaker with a Russian Twitter following. Her tweets praising RT advertisements and protesting American airstrikes in Syria — a key Russian ally — had previously been picked up by RT, the Kremlin-owned news outlet […]

RT (Russia Today) es la agencia de noticias rusa (su canal de TV se puede ver en España, en Movistar).

@DanWals83975326 y su red se puso en marcha rápidamente tras el retuit de La Clair. Actualmente, para no llamar demasiado la atención, los perfiles falsos no acumulan miles de seguidores. Pero estos usuarios, inexistentes en la vida real, siguen siendo legión y cumplen su función de agentes de distribución. La Clair era solo una de las 10 fuentes localizadas de las que se alimentaba @DanWals83975326.

La cuenta de @DanWals83975326 está en el inicio de todas las cadenas de propagación. Una vez detectado desapareció durante unos meses. El cambio horario jugó en su contra. Eran demasiados mensajes y todos conceptualmente similares. El inglés no era bueno y muchos estaban en ruso. En cualquier caso cumplían su función: poner en marcha el sistema. Y RT recogía la falsa información en sus informativos. La familia Trump, tan afecta a teorías conspirativas, también se hacía eco de estos bulos.

@DanWals83975326 tras un tiempo de silencio y de haber borrado de Twitter su cuenta original, ha reaparecido como @DanRadov. La publicación del artículo del NYT provocó que Twitter le cancelase la cuenta.

 

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El pacto Hitler-Stalin: la primera pinza de la historia

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En 15 días se cumplen 80 años del pacto Hitler-Stalin. La primera pinza de la historia. Dicen que los extremos se tocan. En la historia reciente este es un ejemplo clarísimo. Precedente de lo que por aquí denominamos en su día la pinza, referido a lo de Anguita y Aznar. Parecería que los comunistas tienen tendencia a pactar con extremistas de la derecha o directamente con el fascismo (o pasarse a militar en el PP y hay varios ejemplos al respecto tanto desde el PC como del PT). Lo de Pablo Iglesias podría perfectamente entrar en este concepto de “pinza”. El neocomunista Iglesias con las dos investiduras fallidas de Pedro Sánchez, de las que fue directamente responsable, facilitó en la primera el afianzamiento de Rajoy y en esta segunda… de momento seguimos con los presupuestos prorrogados del PP de Rajoy y Montoro. Y ya veremos por dónde sale el sol. De entrada, no tener nuevos presupuestos no parece una medida muy progresista. Aunque a Podemos le haya servido para despedir gente con esa reforma laboral del PP, que afirman detestar. La de los 20 días por año trabajado. Por ahí fuera también tenemos ejemplos recientes como en Francia: Melenchon no apoyando a Macron frente a Le Pen. (En EEUU los simpatizantes de Bernie Sanders le dieron la espalda a Hillary Clinton frente a Donald Trump).

El 23 de agosto de 1939 los ministros de exteriores nazi y soviético, Ribbentrop y Mólotov, firmaron en Moscú el Tratado de No Agresión entre Alemania y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Nueve días después comenzaba la II Guerra Mundial. En 1941 los nazis iniciaron la (fracasada) invasión de la URSS.

El Tratado contenía cláusulas de no agresión mutua (que saltaron por los aires dos años después). Pero había algo más: un Protocolo adicional secreto por el que ambos países se repartían Europa del Este. Como primera consecuencia de este pacto oculto el III Reich alemán invadió Polonia y la URSS hizo lo propio con las repúblicas bálticas de Estonia y Letonia (posteriormente también Lituania) y Finlandia, a las que pronto se añadió el Reino de Rumania a la par que los nazis ganaban la batalla de Francia y se lanzaban a por el Reino de Yugoslavia y Grecia.

Este Protocolo secreto marca el primer hito de la propaganda soviética. Lo negaron hasta la saciedad. El objetivo era ocultar que el Protocolo estaba en el origen de la II Guerra Mundial. Hasta que en ¡1989! un historiador de la RDA (la Alemania comunista) no solo reconocía su existencia, es que además justificaba su firma. Hay que decir que los documentos oficiales fueron encontrados por los británicos al finalizar la guerra. La URSS negó la oficialidad de los papeles aduciendo que eran una falsificación. Se cree el ladrón que todos son de su condición. Pero en ese 1989, 50 aniversario del pacto Hitler-Stalin, la URSS tras una investigación, auspiciada por el gobierno de Gorbachov, reconoció finalmente la existencia del acuerdo secreto. La Nochebuena de ese año 1989, el Congreso Soviético condenó la firma del Protocolo adicional secreto del Tratado, así como la de otros documentos secretos firmados entre la URSS y la Alemania nazi.

En esos 50 años transcurridos, entre la firma del Tratado y el reconocimiento del Protocolo, la propaganda comunista fue afinando sus redes hasta alcanzar cotas inimaginables. Al principio los partidos comunistas, bajo la directa influencia de la URRS, justificaron el pacto. Siguieron a rajatabla las órdenes estalinistas de cesar la propaganda contra el fascismo para atacar a las democracias occidentales, enemigas de la Alemania nazi. (Lo de arremeter contra las democracias es una constante comunista; recuerden eso del Régimen del 78 aquí en España). Un ejemplo, los militantes del Partido Comunista Francés rehusaron prestar el servicio militar cuando Francia entró en guerra contra el Reich (septiembre de 1939). Acusaban al gobierno francés de lanzar una “guerra imperialista” (¿les suena, verdad?), saboteando loa esfuerzos bélicos de su país. Hubo conductas parecidas en el partido comunista británico y en los de otros países. Los intelectuales también pusieron mucho de su parte en la desinformación. Y a los que se apartaron del influjo comunista los machacaron, mientras la maquinaria encumbraba a los fieles.

Todo se repite…

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Vox vuelve a arremeter contra Macron

LC

Ya es la segunda vez que Vox arremete contra Macron, el jefe de Estado francés. Sí, el presidente de la República Francesa. A los dirigentes políticos se les debe exigir un respeto hacia los mandatarios y las instituciones de otros países. Y en este caso concreto, hacía nuestro vecino del norte. Esto de Vox me parece tan grave como la ridícula y gratuita ofensa de Zapatero no levantándose ante la bandera de EEUU (algo que le acabó pasando factura y a nuestro país también).

Como les supongo conocedores de ambas meteduras de pata de Abascal y los suyos, paso a centrarme en el tema de Macron. Y las palabras de Leonard Cohen me vienen al pelo. Porque encuentro que coinciden las posiciones tanto de la derecha extrema como las de la izquierda radical. Ambas ofrecen valoraciones negativas sobre quien fuera asesor económico del presidente Hollande (del partido socialista) y luego ministro de Economía en el segundo gobierno del entonces socialista Valls (con Hollande de presidente). A la presidencia de la República llegó liderando su propia formación (En Marche! cuyas iniciales, EM, coinciden con las de su nombre y apellido).

No tengo una opinión formada sobre Macron. Ni puedo opinar sobre su gestión. No sé si es buena, mala o regular. Y eso que conozco el país (he vivido en París y lo visito todos los años al menos una vez). Debo ser un español raro al no tener un criterio sobre algo y reconocer mi desconocimiento sobre algún asunto. Quizás se deba a que no soy periodista ni político. Porque estos saben de todo. Aunque no hayan salido de su terruño. La alegría con la que algunos de ellos afrontan la realidad de países que desconocen, a los que no han ido ni siquiera de turistas (haber vivido en ellos ya sería de nota) es aterradora. La facilidad con la que emiten sentencias y verdades absolutas son más propias de tertulia de bar que de medios o tribunas políticas. En las que debería primar un sentido de la responsabilidad.

Ya antes de ganar Macron las presidenciales de su país (en segunda vuelta frente a Marine Le Pen), otro huido del Partido Socialista francés (esta vez por la izquierda), Mélenchon, pretendió hacerle la pinza con Le Pen. Que los (muchos) partidarios de la derecha extrema francesa la apoyasen tiene su lógica. Pero no la tiene con Mélenchon y su Francia Insumisa.

Mélenchon, exministro del gobierno Jospin (bajo la presidencia de Chirac), fue criticado por su indefinición sobre a quién apoyar en la segunda vuelta. Francia Insumisa organizó una consulta pública de cara al duelo final. “No se trataba de dar una consigna de voto, pero sí reflejar la opinión de los insumisos sobre su opción en la segunda vuelta”, señaló Mélenchon en un comunicado de Francia Insumisa. (En la primera vuelta obtuvieron siete millones de votos, casi el 20 % de los sufragios).

Los participantes se inclinaron en favor del voto blanco o nulo en la segunda vuelta. De los 243.128 votantes el 36,12 % eligieron votar en blanco o el voto nulo, mientras un 34,83 % se mostraron favorables a Macron y el 29,05 % por la abstención. En realidad deberíamos sumar esta última opción a la del voto en blanco o nulo. Esta ambigüedad de Mélenchon respecto a Macron frente a Le Pen guarda paralelismo con lo de Hilary Clinton y Trump. La Clinton será todo la mala que quieran, mucho más mala aún gracias a la propaganda negativa que tuvo desde la maquinaria del Partido Republicano (más la incansable labor de su enemigo Putin), pero era y es mejor que Trump. De quien la prensa afin a Podemos (que obviamente apoyaba a Mélenchon y odiaba a Macron con la misma intensidad que a Hilary Clinton) siempre olvida sus bombardeos, incluyendo el lanzamiento de la mayor bomba no nuclear (sobre Afganistán). Es la misma izquierda endogámica que se atribuye la exclusividad de ser la autentica izquierda (aunque ahora anden enfrentados Iñigo Errejón, el Gallardón de esta izquierda, y los Ceaucescu de Galapagar). Y cuya inquina al PSOE (a quienes ahora mendigan grupo propio en el Senado y ministerios en el gobierno) es comparable a las mencionadas sobre Macron o la Clinton.

Esta misma izquierda neocomunista española es la que continuamente nos lanza nuevas figuras mundiales, en un afán internacionalista sin sentido ni conocimiento, cuya reputación y prestigio duran tres asaltos (Chávez/Maduro, Lula, los Kirchner, Evo Morales, López Obrador, Mélenchon, los griegos, Corbyn, Sanders, los sandinistas, etc.). Y en muchos de sus planteamientos coinciden con las nuevas derechas extremas, los neofascistas o con charlatanes como Steve Bannon (a quien en su ignorancia otorgan una relevancia que no tiene) o los antivacunas, los okupas, etc.

¡Cuánta sabiduría encuentro siempre en las palabras de Leonard Cohen!

 

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La pista de baile del club Sugar Hill

EF GIoncarlo Valentino NYT

La pista de baile del club Sugar Hill de Brooklyn se ha convertido en un emblema del barrio de Bedford-Stuyvesant. Desde 1979, año de su inauguración, ha vivido y protagonizado todas las mutaciones musicales y sociales ocurridas desde entonces: desde el disco hasta el techno en un barrio que ha pasado de ser totalmente negro a hipster.

El fundador del club, Eddie Freeman (en la foto de Gioncarlo Valentino del New York Times), lo nombró así por una calle de su Kinston natal. Este pueblo, entonces segregado, de Carolina del Norte alojaba en una acera negocios de propietarios blancos y en la de enfrente la población afroestadounidense regentaba tiendas de alimentación, restaurantes y clubes nocturnos.

Freeman llegó en autobús a Nueva York en 1957. Con 40$ y una caja con pollo frito. Encontró varios trabajos en la zona de Bedford-Stuyvesant y ahí se instaló para vivir. Hasta que, con sus ahorros, compró un local en la Avenida DeKalb y abrió el club Sugar Hill.

Cuento todo esto para no confundir el club Sugar Hill con Sugar Hill Records y The Sugarhill Gang, los del “Rapper’s Delight“. Más o menos coinciden en el tiempo pero no están relacionados. Sugar Hill Records, propiedad de Sylvia Robinson (y su marido Joe), con financiación entre otros del mafioso Morris Levy (de quien pueden obtener bastante info. en mi libro “Rock ‘n’ Roll: el ritmo que cambió el mundo“) también se fundó en 1979. Pero en Englewood, Nueva Jersey. El nombre de la discográfica responde al barrio Sugar Hill de Harlem (Manhattan). Su área se extiende en el oeste desde la calle 145 hasta la 155, en una zona comprendida entre las avenidas Amsterdam y Edgecombe. En la década de los años 20 del siglo pasado, durante el Harlem Renaissance, se convirtió en el lugar de residencia de los afroestadounidenses con dinero.

The Sugarhill Gang cuya primera formación, un trio, fue montada por Sylvia Robinson, también son de Englewood (NJ).

Volviendo al club de Brooklyn, su peso en la comunidad a lo largo de los años es palpable como centro de reuniones sociales y políticas. El reverendo activista Jesse Jackson presentó en el local su Coalición del Arco Iris (entre otras muchas apariciones). Hillary Clinton, tanto en su carrera electoral al Senado o a la presidencia como en las primarias de su partido, también organizó actos en el Sugar Hill.

El club, que evolucionó a ofrecer música en directo y abrió un restaurante esta ahora regentado por los hijos de Freeman (78 años): Akesha y Aaron.

Recortes G Valentino NYT

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