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La República Bananera de Estados Unidos es el gran triunfo de Putin

La República Bananera de Estados Unidos es el gran triunfo de Putin. Dicen que la venganza es un plato que se sirve frío. El rotulo de tele Putin, «Entre la violencia y la confusión», define perfectamente la situación del día del asalto al Capitolio. Y ese era exactamente el objetivo buscado por el líder ruso desde el principio de su presidencia. De ahí su apuesta por la candidatura de Trump de cara a las elecciones de 2016 y 2020.

Me sorprende que pasados los días nadie haya comentado sobre la injerencia rusa. O la presencia de agentes rusos infiltrados entre la masa que irrumpió en el edificio del Congreso. Los rusos tenían ante si una oportunidad de oro para pillar, copiar y clonar documentos, tarjetas de identificación, pases, ordenadores, códigos, etc. ¿De verdad hay alguien que cree que esto no sucedió? Entiendo el silencio de la administración de EEUU. Duplicaría la sensación de rídículo que ya han hecho. Como si no tuvieran ya bastante con el estrepitoso fracaso de sus servicios de inteligencia y seguridad.

Se sabe que varios de los asaltantes se llevaron objetos de las dos Cámaras del Congreso y de las oficinas de diputados y senadores. El de la foto portaba orgulloso el atril de Nancy Pelosi. No sé si será cierto o es un bulo fabricado, pero he visto que posteriormente apareció en eBay. El concepto funciona mejor como broma.

Un artículo de Politico señalaba que se está contabilizando lo «perdido». Citan portátiles, documentos y material de oficina. Ruben Gallego, diputado Demócrata por Arizona, señala que habrá barridos para verificar y garantizar la seguridad de las comunicaciones y alerta de la posibilidad que rivales extranjeros pudieron haberse infiltrado con facilidad entre la muchedumbre («…possibility that foreign adversaries could have easily infiltrated the crowd that encircled the Capitol«).

Insisto: ¿de verdad hay alguien que crea que el hábil Putin no aprovechó la ocasión para colarse en las entrañas del parlamento estadounidense?

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Medios y racismo en la República Bananera de Estados Unidos

En el post de ayer comentaba temas que hoy han sido ejes centrales del debate sobre los sucesos ocurridos, el pasado 6 de enero, en la capital de la República Bananera de Estados Unidos. Me refiero a la destitución de Trump (mediante el impeachment o la vigésimoquinta enmienda de la Constitución) y a las responsabilidades de los políticos responsables, empezando por el propio Trump y siguiendo por sus colaboradores así como los diputados y senadores republicanos que le han bailado el agua. También escenificaba el obvio racismo (sobre lo que incidiré al final de esta entrada). Y me guardaba la baza de los medios de comunicación para hoy.

El rol de los medios no se puede ni debe pasar por alto. Su actitud ha dejado mucho que desear. Los no favorables a Trump empezaron riéndole las gracias y menospreciando su relevancia. Le consideraron un bufón. Mientras tanto, durante todos estos años, les fue colocando sus teorías conspirativas. Desde inventarse que Obama no había nacido en EEUU hasta los mundialmente famosos emails de Hillary Clinton. Más decenas de otras historias igual de absurdas (como la de la red de pederastia cuya sede estaba en inexistente sótano de una pizzería de Washington). Se burlaban de él pero no le desmontaban, aireando sus estupideces. ¿Por qué? Por las audiencias y su conversión en ingresos publicitarios Es decir, los intereses económicos de esos medios supuestamente críticos primaban sobre una información veraz y rigurosa. La que se espera de ellos. Al otro lado del espectro, los infames medios favorables a Trump eran implacables en el elogio y apoyo a Trump. Y demoledores con sus rivales (fuesen los de las primarias del Partido Republicano o los de las presidenciales). A la cabeza están los controlados por Rupert Murdoch. Recordemos que Aznar se sienta en el consejo de administración del holding de Murdoch.

Murdoch, australiano nacionalizado estadounidense para poder montar su imperio mediático, montó Fox News para el acosador Roger Ailes. Ailes y Fox News fueron básicos para el impulso de la carrera política de Trump. Apostaron por él cuando nadie lo hizo. Y lo llevaron en volandas a la presidencia. Las falsedades y bulos de ambos se retroalimentaban. Hoy en día aunque los medios de Murdoch (Fox News, The Wall Street Journal, The New York Post, etc.) intentan poner una prudente distancia con Trump, sus estrellas le siguen apoyando incondicionalmente. El último ejemplo es de la noche del día 6: el infumable Tucker Carlson lamentaba el fallecimiento de la seguidora de Trump, disparada por un policía en el interior del Capitolio. El contraste con su actitud respecto a los afroamericanos, muertos a disparos de la policía, era más que obvio. En un caso hubo empatía y en otro silencio. Aparte del sesgo ideológico está el flagrante racismo de las dos situaciones. Pero esto ya avisé que lo dejo para el final.

Retirarle la nacionalidad a Murdoch y volver a la ley anterior a 2017 (los extranjeros no podían controlar más del 25% de las empresas de medios) o no renovar la licencia de emisión a Fox News podrían ser medidas para oxigenar el ambiente.

He incidido en Fox News por su alcance y relevancia en términos de audiencia. Medios digitales, como Breibart News (donde brillaba Steve Bannon, exasesor de Trump y actualmente pendiente de juicio por estafa), también influyeron. La propagación por redes sociales de todo tipo de mentiras no deben pasar desapercibidas. En este coctel falta el ingrediente de la injerencia rusa. Una vez agitado y servido nos encontramos con la trama de las ultimas temporadas de la serie «Homeland«: campañas de intoxicación rusa, bots, elecciones presidenciales, extrema derecha en EEUU, medios alternativos, etc.

Como ya anuncié dejaba para el final el asunto del racismo, que ya formó parte del post de ayer. No estoy loco ni exageraba. Durante el transcurso del día de ayer muchas voces autorizadas se sumaron a este asunto. Y a los argumentos que presenté. Cuando escuché a Joe Biden afrontar el tema de cara, cogiendo el toro por los cuernos, pensé que se había avanzado una barbaridad. Biden venía a decir lo que escribí: «No me puedo quitar de la cabeza que la turba de Trump eran blancos, algunos con uniformes de camuflaje y chalecos antibalas… De ser afroamericanos, no hubiesen pasado del primer escalón de la escalera de acceso a la entrada principal del edificio. Y los hubiesen baleado sin contemplaciones (por bastante menos se han cargado a chavales negros)… recuerden como gasearon y golpearon a los del Black Live Matters para despejar la calle y que Trump la pudiese cruzar y hacerse una foto con la Biblia, en la iglesia enfrente de la Casa Blanca«.

Biden también uso el ejemplo del Black Lives Matters. Asumo que conocerán las imagenes del asalto al edificio del Congreso y la pasmosa falta de seguridad (así como el asombroso fallo de los servicios de inteligencia). Comparen con la foto de como se protegió el mismo edificio durante las protestas del Black Live Matters. Los de entonces eran manifestantes afroamericanos y los del día 6 eran blancos. No hay otra.

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La República Bananera de Estados Unidos

Ayer se confirmó la deriva del país presidido por Donald Trump: oficialmente ya son la República Bananera de Estados Unidos. Las imágenes que vimos de la toma del Capitolio, el edificio que alberga las dos cámaras del Congreso, son propias de un país tercermundista o de uno camino de una dictadura. Lo sucedido es un golpe de estado en toda regla. ¿O cómo se puede calificar la no aceptación de un resultado electoral y la suspensión forzada, por los seguidores de Trump, de la sesión conjunta de las cámaras del Congreso para certificar el triunfo de Joe Biden?

Unas horas antes del asalto al Capitolio, Trump había arengado a las masas que él mismo había convocado en la capital del país.

No me puedo quitar de la cabeza que la turba de Trump eran blancos, algunos con uniformes de camuflaje y chalecos antibalas. (De las banderas confederadas y las pancartas alusivas a Jesucristo ya hablamos otro día). De ser afroamericanos, no hubiesen pasado del primer escalón de la escalera de acceso a la entrada principal del edificio. Y los hubiesen baleado sin contemplaciones (por bastante menos se han cargado a chavales negros). Cualquier turista que haya visitado Washington y se haya interesado por conocer el Capitolio es consciente de las medidas de seguridad. ¿Dónde estaban esas medidas ayer? Los manifestantes se saltaron todos los controles, entraron con mochilas y se colaron por todas partes. No se puede alegar que lo acontecido fuese una sorpresa. Estaban convocados por el estafador en jefe para mostrar su rechazo a la nominación de BidenLa alcaldesa pidió ayuda a la Guardia Nacional en previsión de lo que podría suceder (y sucedió). No la hicieron caso. ¿Por ser mujer afroamericana? Visto lo visto no lo descarto… recuerden como gasearon y golpearon a los del Black Live Matters para despejar la calle y que Trump la pudiese cruzar y hacerse una foto con la Biblia, en la iglesia enfrente de la Casa Blanca.

Al de la barba canosa, en el centro de la imagen, le vimos en TV rompiendo unas ventanas para entrar al Capitolio, junto a los que le acompañan en la foto. Estaban preparados para hacerlo y contaban con las herramientas apropiadas.

Asumo que la certificación pendiente de los votos de los colegios electorales se reanudará una vez restablecido el orden.

¿Se purgaran responsabilidades? ¿Intentarán echar a Trump de la Casa Blanca? Tienen dos vías: otro impeachment, de carácter urgente, o declararle incompetente para ocupar el cargo (previsto en la 25ª enmienda de su Constitución). En ambos casos, ya que están deberían aprovechar la sesión conjunta.

También tenemos la situación de los diputados y senadores adictos a Trump, cuyas tretas para dilatar el proceso de confirmación de Biden, han propiciado el caldo de cultivo para los sucesos de ayer. Su complicidad es manifiesta. Y la policía los defendió a punta de pistola y los evacuó del edificio como hizo con los congresistas democráticos que sí respetan las leyes de su país.

Estos diputados y senadores son tan impresentables como su jefe de filas: no respetan resultados electorales si pierden, tampoco acatan las sentencias de más de 60 tribunales que han echado por tierra sus fantasías, mentiras y especulaciones (algunos de los jueces fueron nombrados por el propio Trump y dos de los estados que reclaman, como Arizona y Georgia, están gobernados por su partido, el Republicano).

¡Bienvenidos a la República Bananera de Estados Unidos!

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