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Nadler vs. Trump: una vieja rivalidad

Montaje Sarah Rogers:The Daily Beast : Fotos Getty:Reuters

Anyone who would loan Donald Trump money is taking a risk.” (Jerry Nadler)

Esta frase de Nadler de mediados de los 90 (“Cualquiera que le preste dinero a Donald Trump asume un riesgo) fue actualizada tras el triunfo de Trump: “fue elegido legalmente pero no es legitimo”. Son tan solo dos ejemplos de una vieja rivalidad.

Jerry Nadler, democrata, siempre se ha enfrentado a su conciudadano Donald Trump. Incluso cuando el actual presidente contribuía a las campañas de su partido y estaba afiliado al mismo. Representan a dos de los varios Nueva York: Nadler nacido en el seno de una modesta familia judía de Brooklyn y Trump hijo de un arribista (casero de infraviviendas) de Queens.

Actualmente uno preside el Comité de Justicia de la Cámara de Representantes (Nadler) y el otro es Jefe de Estado (Trump). El House Judiciary Committee, entre otras funciones, es el órgano que aprueba los procesos de destitución presidenciales (el famoso impeachment y del que solo habido tres precedentes, con resultados dispares: Andrew Johnson, Richard Nixon y Bill Clinton). Si el proceso de acusación prosigue su curso, el siguiente paso del recorrido se da en el Senado. En estos momentos el Partido Demócrata tiene mayoría en la Cámara de Representantes pero no en el Senado. Y se da la circunstancia que Nadler, uno de los pocos políticos electos opuestos a la guerra de Irak, fue contrario, como miembro entonces del Comité de Justicia, al impeachmente de Bush y Cheney. Alegó que era un moción perdedora dada la posición minoritaria de su partido. Algo parecido sucede hoy en día: muchos demócratas, a pesar de su mayoría en la Cámara de Representantes, consideran que su debilidad en la Cámara Alta les llevará a una derrota segura. Y sería un precio a pagar demasiado alto. Aparte de distraerles de lo que debe ser su principal objetivo: las primarias y encontrar una candidatura potente para hacer frente a Trump.

Nadler ha sido Representante desde 1992, siempre por Nueva York. De tres distritos: 17º (1992-1993), (1993-2013) y 10º (desde 2013). Las distintas remodelaciones del censo no han impedido que haya triunfado en los 12 procesos electorales que ha afrontado (y nunca bajando del 75% de los votos). Trump tomó posesión de la presidencia del país el 20 de enero de 2017. Es su primer cargo público. Perdió el voto popular pero ganó el que cuenta: el de los colegios electorales.

La rivalidad Nadler/Trump se remonta a los 80. Nadler era parlamentario del estado de Nueva York y Trump solicitó autorización para construir un complejo de ocho rascacielos en su distrito del oeste de Manhattan (con 5.700 apartamentos además de oficinas y estudios de TV y cine). Una de las torres iba a ser el edificio más alto del planeta con 150 pisos de altura. Sería una ciudad dentro de una ciudad (Trump la iba a llamar Televisión City). Nader tenía otros planes y se opuso: pretendía construir viviendas asequibles en la zona (Upper West Side), que estaba viviendo la gentrificación a la que Nadler quería poner freno. El alcalde, Ed Koch, tampoco era favorable al megaproyecto. Ante las dificultades, tanto de la ciudad como del estado, Trump fue rebajando sus expectativas. Redujo la altura del principal rascacielos así como el número de apartamentos (de 5.700 pasaron a ser 4.000). A cambio modificó el nombre: de Television City pasó a denominarse Trump City (finalmente se quedó en Riverside South). El senador republicano John McCain apoyó a Nadler y a los sucesivos alcaldes de la ciudad. Este es también el origen de la enemistad de Trump hacia McCain, héroe de guerra a quien Trump (quien huyó de sus obligaciones militares) insultó e infravaloró sus méritos militares. Todas las negativas a Trump estaban asociadas a los beneficios fiscales y desgravaciones que el constructor pretendía y las autoridades le negaban.

Hoy en día sabemos que Nadler ha pedido la comparecencia de Mueller, autor del Informe Mueller, ante el Comité de Justicia. Su notoria ausencia en la rueda de prensa de presentación del informe que dio su jefe, el ministro de Justicia William Barr, fue muy comentada. También desde hace casi un mes Nadler ha requerido la presencia de otros protagonistas: al menos ha mandado 80 cartas pidiendo la comparecencia ante el Comité. Además de solicitar la publicación total del Informe Mueller. Al menos para los miembros del Comité, porque a nivel público podría ser complicado al haber asuntos pendientes de vistas judiciales y pertenecientes a secretos de varios sumarios.

Se avecinan tiempos que harán las delicias de los propietarios de los medios de comunicación.

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La pista de baile del club Sugar Hill

EF GIoncarlo Valentino NYT

La pista de baile del club Sugar Hill de Brooklyn se ha convertido en un emblema del barrio de Bedford-Stuyvesant. Desde 1979, año de su inauguración, ha vivido y protagonizado todas las mutaciones musicales y sociales ocurridas desde entonces: desde el disco hasta el techno en un barrio que ha pasado de ser totalmente negro a hipster.

El fundador del club, Eddie Freeman (en la foto de Gioncarlo Valentino del New York Times), lo nombró así por una calle de su Kinston natal. Este pueblo, entonces segregado, de Carolina del Norte alojaba en una acera negocios de propietarios blancos y en la de enfrente la población afroestadounidense regentaba tiendas de alimentación, restaurantes y clubes nocturnos.

Freeman llegó en autobús a Nueva York en 1957. Con 40$ y una caja con pollo frito. Encontró varios trabajos en la zona de Bedford-Stuyvesant y ahí se instaló para vivir. Hasta que, con sus ahorros, compró un local en la Avenida DeKalb y abrió el club Sugar Hill.

Cuento todo esto para no confundir el club Sugar Hill con Sugar Hill Records y The Sugarhill Gang, los del “Rapper’s Delight“. Más o menos coinciden en el tiempo pero no están relacionados. Sugar Hill Records, propiedad de Sylvia Robinson (y su marido Joe), con financiación entre otros del mafioso Morris Levy (de quien pueden obtener bastante info. en mi libro “Rock ‘n’ Roll: el ritmo que cambió el mundo“) también se fundó en 1979. Pero en Englewood, Nueva Jersey. El nombre de la discográfica responde al barrio Sugar Hill de Harlem (Manhattan). Su área se extiende en el oeste desde la calle 145 hasta la 155, en una zona comprendida entre las avenidas Amsterdam y Edgecombe. En la década de los años 20 del siglo pasado, durante el Harlem Renaissance, se convirtió en el lugar de residencia de los afroestadounidenses con dinero.

The Sugarhill Gang cuya primera formación, un trio, fue montada por Sylvia Robinson, también son de Englewood (NJ).

Volviendo al club de Brooklyn, su peso en la comunidad a lo largo de los años es palpable como centro de reuniones sociales y políticas. El reverendo activista Jesse Jackson presentó en el local su Coalición del Arco Iris (entre otras muchas apariciones). Hillary Clinton, tanto en su carrera electoral al Senado o a la presidencia como en las primarias de su partido, también organizó actos en el Sugar Hill.

El club, que evolucionó a ofrecer música en directo y abrió un restaurante esta ahora regentado por los hijos de Freeman (78 años): Akesha y Aaron.

Recortes G Valentino NYT

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Por las calles de Nueva York

CaféHoy último día del 2018 coincide con el último post de fotos del viaje a Nueva York de la semana pasada. Pondré las que tomé paseando y que se quedaron descolgadas de las temáticas de las entradas anteriores (aunque un par ya se vieron en Facebook y/o Twitter).

A la vuelta de la esquina del hotel donde nos alojamos estaba el FIT (Fashion Institute of Technology). Los alumnos habían decorado las paredes con sus grafitis. El único que realmente me gustó fue este. La Mundana hizo esta foto al heredero.

FIT

También había una exposición en el FIT dedicada al Pink (el rosa).

El día que bajamos al Memorial y museo del 11 S aprovechamos que estábamos en el distrito financiero y nos acercamos a Wall Street y Broad Street, las mecas del capitalismo.

Simbólicamente hay tres edificios de una enorme carga y no recuerdo que hayan sido relacionados. Cuando la nueva nación se independizó, de Gran Bretaña, la ciudad de  Nueva York fue la capital durante algún tiempo. El Federal Hall fue la sede del primer parlamento. Ahí juró su cargo George Washington como primer presidente (su estatua preside la entrada). Federal Hall está situado en Wall Street en la desembocadura de Broad Street (calle que sustituyó a un canal que se quedó pequeño, y que primero sirvió de embarcadero a los nativos de la isla y después a comerciantes y viajeros que llegaban desde Brooklyn –desde los tiempos en que la ciudad era New Amsterdam).

Federal Hall

Delante, en las dos esquinas de Wall St. con Broad St., se encuentran la que fue mansión de J. P. Morgan (el financiero que sufragó la Guerra de la Independencia y proveyó de fondos a la nueva república), posteriormente ampliada para ser la sede de la Banca Morgan, y en la acera de enfrente está la Bolsa de Nueva York (el NY Stock Exchange), un edificio neoclásico en la onda del Federal Hall y que ocupa toda una manzana (desde el 1 de Wall St con Broadway).

Al pie del árbol de Navidad del NYSE encontramos otro símbolo: las siete velas del Kwanzaa, la fiesta seglar de la cultura afroestadounidense que se celebra entre el 26 de diciembre y 1 de enero. Las siete velas del candelabro corresponden a cada uno de los días de la semana que dura la festividad.

Adri, NYSE, árbol

Enfrente de la bolsa y pegado al edificio de Morgan hay una tienda de Hermès. Me hizo gracia este detalle de una de las ventanas de sus escaparates.

Hermes

No podía falta la foto con el toro, otro símbolo en este caso del mercado bursátil en alza. Está situado en Broadway a un par de manzanas de Wall St.

Bull market

En los casi cinco años que vivimos en Nueva York entre las discotecas que se pusieron de moda estuvo el Limelight, instalada en el interior de una antigua iglesia. No era un local que frecuentásemos (solo estuvimos un par de veces). Teníamos otros sitios de preferencia. Ahora es un gimnasio. Un cruel destino para un espacio que nunca fue vanguardia a pesar de su apariencia de ruptura por ocupar una iglesia.

Los vehículos pesados que se ven por la ciudad son una pasada (incluidos los de los bomberos). Ya pudieron ver en la entrada dedicada a los transportes el camión de la mudanza de Rent-A-Wreck. La Mundana captó estos dos de NYC Brownstone, una empresa de reformas y rehabilitaciones.

NYC Brownstone

Para despedir este post y el año que mejor que un brindis. Está vez es con un margarita en una taquería del Chelsea Market. La foto es del mediodía del 24 de diciembre. Hace justo una semana, pero no duden que me volvería a tomar otro. Estaba excelente (como los tacos). Atención a mi careto, entre Echanove y el emérito. Es el poder e influjo de los Juanes

En Los Tacos:Los Mariscos

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El “Award Tour” por Q-Rip y Kanye West en Brooklyn

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Vaqueros y leñadores, en Brooklyn (by Julio Valdeón Blanco)

24 de julio de 2009

McKay

No te fíes cuando te digan que la música en directo es la única que cuenta. Grandes discos no eran reproducibles sobre las tablas. Algunos, cuando enfrentan el miura del respetable, tiemblan como naipes volteados por la galerna. En realidad, la escolástica del directo siempre me pareció reaccionaria, propia de críticos bribones, seguidores fanatizados, o intérpretes que enjuagaban con buen rollo lo que no alcanzan en el estudio. Eso sí, cuando alguien sabe tomar el escenario, cuando encuentra la manija del laberinto que conduce al frontón donde moran los gusanos de luz azulada del duende, ese carnívoro hijoputa, es el acabose.

Viene a cuento porque estuve en el Rodeo Bar viendo a Mark McKay, un tipo hirsuto, con camiseta y camisa de cuadros, jeans desgastados, barba rubia y zapatillas a lo Neil Young. No diré que la experiencia fuera comparable a un concierto de Dylan en Manchester, allá por el 66, ni que descorche la sensualidad de un Sam Cooke, ni tampoco que sea Camarón en las noches en que fornifollaba con las musas, o que se aproxime al Van Morrison de “Moondance”, a los grasientos, lascivos, peligrosos, embriagadores Stones de principios de los setenta, pero oye, sabe lo que toca, y lo hace de cojones. Sus canciones, que él mismo, o sus voceros, comparan con las de Alejandro Escovedo y, uh, el Bruce del “Nebraska” (y no: carecen de la terrorífica sensación de asfixia, de los labios rociados con cadaverina, de esa joya en rojo y negro), sus temas, decía, pasean por la vereda abierta hace siglos por tipos como Fogerty, el movimiento Outlaw del country, los ecos de “Harvest” y “Harvest Moon”, los Drive by Truckers o, en efecto, la ola eléctrica que sacude el cancionero de Escovedo.

Salió McKay al escenario arropado por Timmy Bracken, batería pelirrojo, eficaz, que miraba a su jefe con ojitos de arrobo y se pasó el concierto partiéndose el eje. A su derecha tenía a Eric «Roscoe» Ambel, productor de sus últimos discos y extraordinario guitarrista, habitual de la banda que acompaña a Steve Earle. Cuando Ambel se enchufaba, cuando no se entretenía dándole sorbos a su cerveza y prestaba atención, entretejía con McKay paisajes en claroscuro, de textura y soledad mineral, rociados con gasolina y habitados por alacranes y crótalos. Recordaban, quizá, las embrujadas sonoridades de unos Calexico minimalistas o un Tom Waits minutos antes de emborrachar el piano. Puro desierto, puro peregrinaje por el Monument Valley fordiano o el Organ Pipe fronterizo con Méjico, que sujetaba tu corazón con la soga caliente de una música tonificante y benéfica.

Antes de que la mala memoria lo sepulte tengo que hacerme con algún disco suyo, tal vez “Shimmer”, el penúltimo, producido por Ambel en Brooklyn, ese territorio donde, mira tú, florecen el bluegrass y el alt-country alternativo, simientes rurales que conservan la magia incluso entre el cemento (aunque, añado, McKay vive con su familia en Maryland, en el bosque, en una cabaña, o al menos eso asegura).

Shimmer

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