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Alejandro Sanz y Rosalía nominados a los Grammy (los pata negra)

Grammy

Alejandro Sanz y Rosalía han sido nominados para tres Premios Grammy (los pata negra). Esta 62ª edición de los Grammy tendrá lugar el 26 de enero de 2020 en el Staples Center de Los Angeles. Alicia Keys repetirá como anfitriona de la gala de entrega. La lista completa de aspirantes la pueden ver aquí.

Alejandro Sanz está nominado a Mejor álbum de pop latino por “#ELDISCO“. Compite con “Vida” de Luis Fonsi, “11:11” de Maluma, “Montaner” de Ricardo Montaner y “Fantasía” de Sebastian Yatra. Es difícil pronosticar y el factor nacional de quienes votan puede decidir el Grammy en un sentido u otro. Consideraciones aparte, creo que Alejandro Sanz cuenta con bastantes probabilidades de ganar.

Rosalía está nominada a dos: Mejor nueva artista y Mejor disco latino de rock, urbano o alternativo por el “El mal querer“.  A Rosalía la ha favorecido la ampliación en la categoría de Mejor nuevo artista a ocho candidaturas (en vez de las cinco habituales). La nominación está muy bien, ganarlo ya es otra cosa. Compite con revelaciones de la industria estadounidense, avaladas por ventas, como Lizzo (8), Billie Eilish (6) y Lil Nas X (6). Estos tres son los más nominados (entre paréntesis tenían el n.º de categorías a las que optan). Veo más factible que Rosalía triunfe con el Grammy a Mejor disco latino de rock, urbano o alternativo. Rivaliza con “X 100pre” de Bad Bunny, “Oasis” de Bad Bunny y J Balvin, “Indestructible” de Flor de Toloache y “Almadura” de iLe. En cualquier caso los designios de quienes votan son inescrutables. Lo importante es haber logrado estas dos nominaciones.

En referencia a Rosalía no sé si ya se percibe un cierto cansancio en nuestros medios. Estas dos nominaciones a los Grammy son realmente importantes. De mucho más valor que, por ejemplo, haber ganado unos Grammy Latinos. A estos se les ha dado una bola tremenda. Como a los premios de MTV, que no representan nada. Por otra parte, hace unas semanas fue portada del dominical del New York Times. ¡Un pelotazo! Pasó desapercibido. Una vez más el criterio mediático respecto a Rosalía dejó mucho que desear. Dan relevancia a asuntos que no son para tanto y no se vuelcan cuando llega lo que realmente cuenta (como ese suplemento del NYT).

P.D.: Rolling Stone denuncia que se está arrinconando a la música latina en los Grammy 2020. Y destacan que Rosalía es la única artista cantando en español que figura en una categoría general (Mejor artista nuevo), mientras que el resto de artistas de habla hispana compiten en categorías latinas. Esto representa un retroceso respecto a ediciones anteriores (claro que “Despacito” tuvo mucho que ver en la relevancia del pasado). ¿Y sus fans en las redes? Por lo que he visto no ha sido trending topic

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Trump pasó del Make America great again al Make Russia great again

Del debate de los 12 candidatos presidenciales para la nominación del Partido Demócrata, de la madrugada de ayer (hora española), me llamó poderosamente la atención la Senadora por Minnesota Amy Klobuchar. Fue ella quien dijo que Trump había pasado del Make America great again al Make Russia great again. Una frase sencilla y directa, que define la situación perfectamente y en pocas palabras. Pero no fue el único directo al mentón que propinó. Por ejemplo, a sus rivales (salvo a Biden, que fue VP con Obama) cuando el debate se enfangó sobre el tema de la sanidad publica (aspiran a tener lo que tenemos aquí y los Republicanos se niegan). Fue rotunda y clara: “yo defiendo el Obamacare. Hay que recuperarlo tras los boicots de la administración Trump y mejorarlo”. O su ataque a la industria farmacéutica (responsable de la crisis de los opiáceos).

Klobucher, en su día una de las pocas personalidades de los Demócratas que se opuso a la intervención de Irak, ha sido quien más legislaciones ha tramitado en el Senado durante su último mandato. Sus victorias electorales en su estado natal, al frente del Minnesota Democratic-Farmer-Labor Party,  han sido siempre por amplios márgenes. En la entrevista con Bill Maher de hace unos días decía que llevaba ganando elecciones “desde el colegio”. La de Maher fue su primera aparición en un canal nacional. A pesar de haber contado con el apoyo de medios como el New Yorker y el New York Times (que no parecen acordes a la imagen tan down to earth que ella proyecta).

Un dato de estas primarias, en las que se mantienen una docena de aspirantes tras  siete abandonos, es la afluencia de candidatas. Nunca ha habido tantas. Antes del debate Elizabeth Warren dominaba las encuestas. Kamala Harris parece haberse ido desinflando. La hawaiana Tulsi Gabbard (a pesar de su experiencia en la Cámara de Representantes) y la escritora de autoayuda Marianne Williamson no parecen encontrar su momento. Amy Klobuchar podría ser la sorpresa, el dark horse, de esta carrera electoral por la nominación del Partido Democrata. Veremos…

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Putin podría aburrirse de tanto ganar

Russia President Putin on official visit to Saudi Arabia

Un artículo de James Hohmann, en el Washington Post de ayer, afirmaba en su subtitulo que “Vladimir Putin ha ganado tanto en estos últimos tres años que podría aburrirse de tanto ganar” (“Vladimir Putin has won so much these past three years that he may get tired of winning).

El titular del texto “Trump le otorga otro triunfo a Putin con la retirada de Siria” (“Trump hands Putin another win with Syria pullout“) no deja espacio para la imaginación. Hohmann, corresponsal nacional del diario, arranca su texto recordando el informe de la inteligencia estadounidense sobre el interés ruso en el triunfo de Trump y las proféticas palabras, antes de las elecciones EEUU, del ultranacionalista Zhirinovskiy (pidió comparar su ADN con el de Trump para verificar si eran parientes): “brindaré con champán por el triunfo de Trump anticipando la solidificación de las posiciones rusas en Siria y Ucrania“. Como efectivamente ha sucedido. A continuación el periodista repasa los greatest hits de Trump en política internacional.

La retirada de las tropas estadounidenses del norte de Siria ha dejado en precario a los kurdos, aliados hasta ahora de EEUU en su lucha contra el ISIS. Los kurdos, con una población similar a la de España (más de 40 millones), siempre han temido a los turcos. Ante la posibilidad de una nueva masacre a manos del ejercito de Turquía (que lanzó inmediatamente ataques ante la retirada del ejercito de EEUU), las milicias kurdas se han apresurado a pactar con Moscú y el dictador sirio Ásad (hijo de otro tirano). Esto apuntala el control del país por parte del debilitado Ásad, reforzando la posición rusa (protectora de Ásad hijo como la URSS lo fue de Ásad padre). Un portavoz kurdo señalaba que son conscientes que les pueden engañar con estos nuevos pactos pero lo prefieren a una nueva masacre de su pueblo por parte turca.

Mientras tanto, Putin se pasea triunfal en su primer viaje a Arabia Saudita.

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Guerreras: las flores kurdas

Trump es el primer presidente estadounidense que abandona a unos aliados. La retirada de las tropas de EEUU del norte de Siria deja desamparada a la población kurda. Las milicias kurdas, entre las que se encuentran las flores kurdas, han sido un bastión contra el estado islámico de ISIS. El avance, consentido, del ejercito turco sobre los kurdos no vaticina nada bueno. No sé, pero me da que Putin debe estar muy contento con la medida de Trump…

El Mundano

Hace cinco años, enero del 2014, tres kurdas fueron asesinadas en París. La noticia pasó desapercibida para la mayoría de los medios españoles (lo cual define claramente sus tendencias). Sucedió en la sede de la Federación de Asociaciones Kurdas en Francia.

Según leo en la revista digital Pikara, “Las mujeres asesinadas eran tres piedras incómodas en los zapatos del gobierno turco. Sakine Cansiz, de 54 años, fue cofundadora del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) junto con Abdullah Ocalan, presidente del partido y condenado a cadena perpetua en Turquía. También fue fundadora del movimiento de liberación del Kurdistán y la Unión de Mujeres Libres, lo que la llevó a ser prisionera en Turquía hasta que recibió asilo político en Francia. Fridan Dognan, con 31 años, era directora del Centro de Información del Kurdistán, representante del Congreso Nacional del…

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octubre 10, 2019 · 00:01

YouTube legitima la compra de visualizaciones

youtube trueview ads

Un artículo del Rolling Stone digital estadounidense me ha abierto los ojos en dos sentidos: el de YouTube legitimando la compra de visualizaciones y como la industria discográfica anglo prefiere invertir en Spotify mientras la latina se centra en YouTube.

Respecto a lo primero, que es además el tema central de esta entrada, aclarar que ya conocíamos varias manipulaciones en las estadísticas del canal de videos por excelencia. Desde los clubes de fans de hoy en día hinchando las cifras a base de clics continuos (antaño llamaban a las emisoras de radio pidiendo las canciones de sus ídolos) hasta las empresas de marketing digital (las contratas para que desde sus “granjas” te monten campañas de likes, acciones virales y, por supuesto, mejoren tu trafico de visitas en YouTube y de escuchas en las plataformas de streaming. Lo que Rolling Stone desvela sobre el servicio de TrueView ha supuesto toda una novedad para mi.

TrueView es una aplicación publicitaria que ofrece Google, la empresa propietaria de YouTube. Son los anuncios que se colocan antes de los videos. Si se pincha en el anuncio o se ven cinco segundos como mínimo (es justo el tiempo que tienes que ver el anuncio antes de poder saltártelo), cuenta como una visualización del video que se publicita. Rolling Stone cita, acorde a varias fuentes, que la división latina de Universal y los distintos sellos latinos de Sony son los más agresivos a la hora invertir en el lanzamiento de nuevos videos. También son las dos compañías que parten la pana en los mercados de habla hispana.

El cálculo es que se invierten de 20.000 a 60.000 dólares en las primeras 24 horas (pudiendo llegar en casos excepcionales a los 100.000). Este dinero da como resultado un incremento adicional de 12 millones de visualizaciones para un video nuevo. Y estos resultados luego se promocionan como sinónimo de éxito (tipo “10 millones de visitas el primer día” o “20…”, etc.).

Una de las ventajas para las discográficas latinas es que pueden segmentar sus inversiones por países. Por ejemplo, la publicidad en Chile o Argentina es más barata que en EEUU. Para el mercado latino de EEUU el coste de esta inversión publicitaria se quintuplica (puede incluso a ser 10 veces más).

La idea es garantizar un buen arranque (el marketing de los productos culturales está enfocado al primer día, los primeros días o el primer fin de semana). En este caso además está el factor de llamar la atención del algoritmo de YouTube. Algo fundamental para viralizar el impacto. Te va a garantizar presencia en la barra lateral de recomendados.

Dado lo poco que YouTube paga por los videos Rolling Stone hace un cálculo de la rentabilidad de estas inversiones. Parten de la base de un coste de producción del video de 50 mil dólares y una inversion en TrueView de 30 mil. Para generar unos ingresos de 80 mil dólares (equivalentes a los gastado) se necesitan 110 millones de visualizaciones. Algo solo al alcance de las estrellas musicales o del pelotazo puntual.

 

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Elliot Roberts (1943-2019)

Trasher's Wheat 1985

Ayer me enteré del fallecimiento de Elliot Roberts, un gigante de la industria musical estadounidense. Sucedió el día 21 de junio. Tenía 76 años, cumplidos el pasado mes de febrero.

Nacido y criado en el Bronx neoyorkino acortó su apellido judío (Rabinowitz) y tras abandonar los estudios universitarios (dejó dos carreras) quiso ser actor. Empezó a trabajar en el departamento de envíos de la William Morris Agency de Nueva York. Ahí conoció a David Geffen, otro gigante. Aunque debería decir que Geffen es el gigante de la industria cultural de Estados Unidos. Esta relación devino en amistad y compartieron negocios y aventuras empresariales (Geffen-Roberts Company y Asylum Records en 1971).

Fueron Geffen y Roberts quienes convencieron a Bob Dylan para que abandonase su discográfica de siempre (Columbia Records/CBS) para unirse a la discográfica Asylum y a su oficina de representación (Geffen-Roberts Co.). Editó dos álbumes con ellos: “Planet Waves” y “Before The Flood“, un doble en directo con The Band. Posteriormente Dylan volvería a su casa de siempre.

En 1973 Geffen, Roberts, Elmer Valentine (dueño del Whisky a Go-Go) y Lou Adler abrieron el club The Roxy en el Sunset Strip de West Hollywood. Neil Young inauguró el local.

Roberts y Geffen dejaron de ser socios por culpa de terceros. Un joven agente, Irving Azoff, que trabajaba en la Geffen-Roberts Co. fue el causante principal del cisma: The Eagles cambiaron de pareja de baile, abandonaron a Geffen-Roberts y se fueron con Azoff, quien montaba su propia oficina. Geffen y Roberts, ambos impulsivos y apasionados, chocaron en su forma de afrontar la situación. Geffen fue frío y cerebral y Roberts diríamos que más hippy. El primero tomó una actitud profesional y siguió trabajando con Azoff (convenció a Warner Bros. para que le financiase un sello, Giant Records) y los Eagles (en Asylum y luego en Geffen Records, donde también tuvo a Don Henley), mientras que Roberts roto el amor fraternal juró odio eterno al traidor y al grupo. Y formó Lookout Management. Las malas lenguas dicen que la movida de Geffen con Azoff fue para quitárselo de en medio de MCA (donde presidía la cia.) y poder vender Geffen Records a los nuevos dueños de MCA.

El primer descubrimiento de Roberts fue la canadiense Joni Mitchell. La vio actuando en un club del Greenwich Village de Nueva York (Cafe Au Go Go) en 1966. Se mudaron juntos a Los Ángeles, a Laurel Canyon (centro artístico y bohemio). Les acompañaba el entonces novio de Mitchell, David Crosby. Al poco se les unió David Geffen. Ya situados en la costa oeste Joni Mitchell le habló de un compatriota suyo, Neil Young, que estaba en un grupo (Buffalo Springfield). Curiosamente fue Young quien provocó que la banda prescindiese de los servicios de Roberts. Cuando ellos se separaron, a los 18 meses de formarse, Neil Young llamó a Elliot Roberts para que fuese su manager. Quería empezar su carrera en solitario. Ha sido representante suyo hasta la fecha de su muerte. Son más de cincuenta años. Y “aguantar” a Neil Young no es fácil… Jimmy McDonough, autor de la biografía de Young, escribía al respecto de la relación Young/Roberts que “Ha habido otros equipos infames en el rock and roll –Dylan y Albert Grossman, Ray Charles y Joe Adams, Bruce Springsteen y Jon Landau– y, por supuesto Elvis y el Coronel Tom Parker. Elliot Roberts definitivamente vive en este salón de la infamia y es el único ser humano capaz de guiar la carrera de Neil Young.”

Con Joni MItchell rompió en 1985. La foto de Trasher’s Wheat en la que vemos a Young, Mitchell y Roberts es de ese 1985.

Roberts también fue manager (con o sin David Geffen) entre otros de Crosby, Stills & Nash, Crosby, Stills, Nash & Young (“el pegamento que nos mantenía unidos” ha declarado Graham Nash), Jackson Browne, America, Devo, Talking Heads, The Cars, Tom Petty, Tracy Chapman (su último descubrimiento de relieve) además de los ya mencionados anteriormente.

Cuando llevé el marketing internacional de Geffen Records en NY tuve el inmenso honor de conocer a Elliot Roberts. (David Geffen tenía un contrato de distribución con Warner Bros. para EEUU y Canadá y otro con CBS para el resto del mundo; Warner eran socios de Geffen Records). Me tocó trabajar con él en tres proyectos: Neil Young (dos álbumes), Joni Mitchell y el debut en solitario de Ric Ocasek, el líder de The Cars.

Con Ocasek no hubo nada que hacer. Aparte de trabajar para que se editase en los principales mercados del mundo. El álbum era flojo. No funcionó en EEUU, ni en ventas ni tuvo el apoyo de la crítica musical. No había ninguna historia que contar. En cambio con Joni Mitchell fue otra cosa. Dada la vertiente pintora de la cantautora, y que la portada del álbum “Wild Things Run Fast” era obra suya, Roberts y Mitchell tuvieron la idea de organizar presentaciones del disco en galerías de arte (en conjunción con sus pinturas). En Estados Unidos solo consiguieron hacerlo en Los Ángeles. Por mi parte coordiné con las compañías de  Inglaterra, Italia, Australia y Japón para hacerlo en Londres, Milán, Sydney y Tokyo. Salí bien parado del asunto aunque ella echó de menos no haber estado en París. Aún recuerdo la mirada de Elliot Roberts a Joni Mitchell: la calló. Y rápidamente paso a agradecer lo que CBS Records International había logrado.

Lo mejor de nuestra relación sucedió en San Francisco, en el rancho de Neil Young (una hora al norte de la ciudad). Young debutaba en Geffen Records con un disco difícil “Trans“. Influenciado por Kraftwerk se alejaba drásticamente de lo que sus seguidores podían esperar. El trasfondo del disco eran los ejercicios vocales que practicaba con su hijo Ben, quien sufría parálisis cerebral infantil. (Pero eso no lo sabíamos entonces). Young había accedido a recibir periodistas musicales y críticos en su rancho, para pasar el día con él, hablar del disco, etc. Las delegaciones australianas y japonesas habían llegado directamente y ya estaban en el rancho cuando llegué desde NY con los ingleses, Antoine de Caunes y su equipo de TV de Francia, la corresponsal italiana de la RAI, un par de medios alemanes y uno holandés. Nos recibió Elliot Roberts en el aeropuerto de LA. El trayecto fue todo un muestrario de Roberts. Todo lo que me habían contado era cierto: despierto, buena persona, bromista, rápido, inteligente, encantador, etc. Recuerdo vívidamente dos temas: la historia de porque Neil Young y él se habían comprado esos terrenos. La idea era que, según estudios geológicos que hablan sufragado, cuando los movimientos de la Falla de San Andrés fuesen perceptibles, sus propiedades se convertirían islas del Pacífico. Cuándo le pregunté cuando ocurriría eso, me contestó entre risas que en unos miles de años. Y se encendió un porro (que ya llevaba liado). El segundo asunto fue cuando nos llevó por unas carreteras rurales, con pequeñas subidas que tomaba a gran velocidad (como si fuesen dunas) y el todo terreno literalmente volaba hasta caer sobre sobre suelo firme de nuevo. El vehículo que nos seguía, con el resto de la expedición, le pitaba (asumo que pidiéndole prudencia).

Al llegar a la casa de Neil Young, nos esperaba con su familia, músicos, amigos y los australianos y japoneses que habían llegado antes. El salón era lo que te esperabas. Rústico, lleno de guitarras, amplis, una enorme chimenea, muebles de madera, telas en las paredes, alfombras cubriendo todo el suelo. Y una peste a marihuana que ya te embriagaba. Improvisamos una pequeña rueda de prensa mientras preparaban la cena. Tras la parte profesional del asunto nos relajamos, comimos, bebimos y Young nos tocó un par de temas con sus amigos músicos. Tuve ocasión de charlar con él. Le felicité por el riesgo que asumía con “Trans“. No es fácil que un artista de renombre de un cambio estilístico tan acusado y se lance al barro de esta manera. Estaba especialmente interesado en la opinión de los alemanes (por lo de Kraftwerk). A Roberts (y a Young) le gustó lo que dije. Y creo que fue ahí cuando me gané la confianza del manager. Respecto a mi comentario sobre asumir riesgos soltó irónicamente que David (Geffen) no compartía mi punto de vista. Años después Geffen demandó a Young por no entregar obras acorde a su estatus, por los que la compañía le pagaba un millón de dólares de adelanto.

Lo último que supe de Roberts fue la semana pasada. Unas declaraciones suyas respecto al incendio que afectó a muchos de las cintas originales propiedad de Universal (y los sellos que ha ido absorbiendo o creando). Decía: “Es un crimen que hayan desaparecido los masters originales de Billie Holiday o Buddy Holly o de todos esos artistas de los 40 0 50. Cuando la industria discográfica empezó a declinar hace unos 15 años, la gente (por los ejecutivos) fue reticente a hacer copias porque costaba dinero. Cuesta de 2.500$ a 3.000$ convertir un original analógico a una copia digital de audio en alta resolución. No quisieron gastarse el dinero… Es trágico.”

 

 

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