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Julio Ruiz Premio Nacional de Radio

Julio Ruiz ha obtenido un Premio Nacional de Radio. El galardón lo otorga la Academia Española de la Radio, y le nombran Mejor Presentador Musical por su programa Disco Grande, que en 2011 ha cumplido 40 años en antena. Son cuatro décadas del mejor Pop y Rock.

Julio, quien ha colaborado en El Mundano con crónicas de su Atleti en Champions, otros asuntos,  y también con certeros y puntuales comentarios, debutó Disco Grande -con 18 años-  un 27 de marzo de 1971 en Radio Popular FM, la 99.5. Hoy su programa es uno los puntales de la programación de Radio 3, desde 1991.

A los platos y al micro en 1979

En la Web de RTVE nos recuerda que en aquel primer programa sonaron Moody Blues y MC 5. Pero si algo le ha caracterizado ha sido su apuesta por la música nacional.  Viniese de donde viniese. Dando la oportunidad de ser escuchados a muchos artistas noveles, algunos de los cuales hoy están consagrados. Pienso que su concurso de maquetas ha sido fundamental en esta labor de difusión.

Unos breves apuntes biográficos que copio y pego de la mencionada Web de la emisora pública:

[…] Es periodista, de una de las primeras promociones de la Facultad de Ciencias de la Información.

También ha trabajado y colaborado en prensa escrita, (Marca, El Sol, La Información de Madrid, Gaceta Universitaria, 20 Minutos; y en publicaciones musicales como Discóbolo, Disco Express; El Musiquero, Espiral,..); y en televisión, como responsable del primer programa de clips de TVE: Disco Visto. […]

Y en Ozono amigos de RTVE.

Más vale tarde que nunca. Lo digo por compañeros de 99.5, como Cifu el año pasado (Premio Ondas) o Julio ahora, quienes finalmente reciben un reconocimiento por su labor de difusión. Todos, estemos en activo, retirados o dedicados a otros menesteres, sentimos este premio como algo nuestro. Y al menos a mi me llena de enorme satisfacción, porque el Sr. Ruiz además de gran profesional es MEJOR PERSONA.

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El cocido de 99.5 (Radio Popular FM)

El Re-encuentro 2 (el 2º cocido de la 99,5)

Aniversarios (Efe Eme)

La prensa musical en España: el admirable trabajo de unos pioneros (por Antonio San José)

Ozono

Al micro Gonzalo Garciapelayo y Álvaro Feito, durante las 24 Horas Beatles de 99.5. De pie, de izquierda a derecha: Julio Ruiz, Jesús Pardo, un servidor y José Luis Preciados. En el sofá ¿Jorge Pardo?

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Aniversarios (Efe Eme)

4 de abril de 2009

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Desde hace poco más de un mes vivo una época de aniversarios y celebraciones. Un re-encuentro con viejos amigos y compañeros de fatigas de la década de los 70 (y posteriores).

 

Los 30 años en antena del “Flor de Pasión” de Juan de Pablos fueron el pistoletazo de salida. Aunque el programa comenzó su andadura en la desaparecida Radio El País su aniversario coincide con los 30 años de Radio 3, donde ahora se emite su programa cada tarde a partir de las siete. Pero su andadura en los medios musicales es incluso anterior, como la de Julio Ruiz cuyo “Disco Grande” (también en R3, a partir de las nueve de la noche) cumplía 38 años la semana pasada. Tanto Juan como Julio (y quien escribe estas líneas) comenzaron sus aventuras radiofónicas en la 99.5, la desaparecida FM de Radio Popular de Madrid (semillero de lo que luego fue Onda 2 y parte de cuyo plantel formó parte de Radio 3).

 

Precisamente uno de los programas en la Popu de Juan de Pablos, “Ozono”, junto a Juan Romero y Chema Martínez, fue el nombre de la revista que lanzamos a los quioscos ese grupo de entusiastas de la música. Dábamos nuestros primeros pasos empresariales, bajo la dirección de Álvaro Feito (el único de nosotros que reunía los requisitos legales para encabezar semejante aventura).

 

Álvaro al igual que Julio (y otros como Antonio Gómez) se había iniciado en la revista “Discóbolo” (la “Caravana” de Ángel Álvarez también sirvió de punto de encuentro para quienes gustaban de “otras músicas” que no fuesen las horteradas del momento).

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Los 38 años de “Disco Grande” coinciden con los 38 de la primera 99.5, la de Alfonso Eduardo (otro pionero) y Rafa García Loza. Que un año después daría lugar a “la nuestra”, bajo el liderazgo de Gonzalo García Pelayo y José María Goñi. Y para celebrarlo nos reunimos –por segunda vez tras una primera y espontánea cita decembrina- alrededor de un cocido. Para contarnos batallitas. Y comentar la jugada (el estado actual de los medios, la música, el panorama en general). Han pasado los años, hemos perdido pelo y salud, ganado escepticismo en algunos casos o mantenido la ilusión y la pasión por la profesión en otros. Pero modestia aparte sólo puedo admirar lo que este grupo (más los ausentes) logramos en su momento. Nadábamos contracorriente en la España de los últimos años de la dictadura, pero cambiamos gustos, creamos tendencias, despertamos apetitos musicales desconocidos. En resumidas cuentas, desde Madrid, ayudamos al despertar de muchos. El desembarco posterior en Radio Nacional (el “Para Vosotros Jóvenes” de Carlos Tena y Radio 3 a partir del 1 de julio de 1979) ampliaron las perspectivas a nivel nacional. Algo que ya forma parte de la memoria colectiva, no sólo de la nuestra. Y no es nostalgia. Tampoco historias de abuelos.

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El pasado 2 de abril me acerqué a Prado del Rey para darle un abrazo en directo a José Miguel López por sus 7.000 programas de “Discópolis”. Fui con la cámara (y junté a los dos Julio Ruiz de la música para una foto, Julio Vinilo y Julio Ruiz Llorente de “Disco Grande”).

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Casualmente el día antes había cumplido 32 años de relación laboral con RNE. “Discópolis” llegó después de 10 años en otros programas de Radio 3 como “Perfil del Ruedo”, “Los directos de Radio 3”, “Disidentres”, “Ruta-3”, u otros en Radio 1 y Radio Exterior de España.
chin-chin

Unos días antes José Miguel escribía en el blog:

 

[…] Tengo que agradecer nuevamente a Rodri y a Fernando Argenta que en su momento un lunes 5 de abril de 1987 a las cinco en punto de la tarde tuvieran a bien apoyar este proyecto. Recuerdo muy bien que Fernando me dijo: “ya está bien de ir a la contra con ese Disiden-3 que haces ahora los fines de semana” (se emitió entre 1985 y 1986 los sábados y domingos de 21 a 24 horas). Y siguió: “prepara algo que sea positivo, con esas músicas africanas que tanto te gustan…pero no olvides lo celta ¿eh?”. Desde entonces han pasado 22 años, tres meses y dos días. Los cambios horarios son de record Guinness, pero contra lo previsto ha facilitado que la audiencia haya sido variadísima. El día uno de abril además hago otro cumpleaños: 32 años de contrato fijo en RNE. […]


José Miguel López ingresó en RNE cuando Radio 3 no existía y compartió su primer destino en REE junto a Fernando Delgado, Pedro Piqueras, Consuelo León, Pilar García Padilla, Beatriz Pecker, Ana Martínez o Sabas Martín. Al convertirse Radio 3 en octubre de 1981 en emisora con 24 horas de programación  se sumó al proyecto.

 

Se cruzan los caminos y en este caso confluyeron en Radio 3. Otro día habrá que rendir homenaje a la Radio Vida sevillana de Alfonso Eduardo (cuyo traslado a Madrid fue crucial). Y al Disco Expres y su “mudanza” de Pamplona a Barcelona… y por supuesto a la siempre pujante escena layetana…

 

Publicado en Efe Eme

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El Re-encuentro 2 (el 2º cocido de la 99,5)

2 de abril de 2009

Tras nuestra primera reunión hubo una moción para repetir en marzo del 2009. Lo del mes era porque se celebraba el aniversario de la apertura de la emisora. En realidad de su primera encarnación, la liderada por Alfonso Eduardo y Rafa García Loza (marzo de 1971), donde ya figuraba Julio Ruiz en la alineación titular con dos programas: “Disco Grande” que estos días ha cumplido 38 años en antena y “La música pop de p a p”. Ya en 1972 bajo el liderazgo de Gonzalo García Pelayo y José María Goñi se inició nuestra andadura.

 

Así que el pasado martes nos volvimos a ver alrededor del cocido de El Schotis. Hubo 3 bajas respecto de la primera vez: Chema Martínez, Javier García-Pelayo y Antonio Gómez. Y también hubo altas, que no pudieron venir en diciembre e hicieron todo lo posible por estar ahora: Mario de Castro, Moncho Alpuente, José María Goñi y Marino Goñi.

 

El video –que encabeza esta entrada- es un montaje de Jorge Muñoz. Y las fotos son de Manolo Fernández, menos la primera que es mía (y Álvaro Feito está tapado).

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De izquierda a derecha: Marino Goñi, Jorge Muñoz, Alfonso Eduardo, Moncho Alpuente, Manolo Fernández, Mario de Castro, Gonzalo García Pelayo, Julio Ruiz (quien tapa a Álvaro Feito), Cifu, José María Goñi y Montse Domenech.

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Álvaro Feito, Julio Ruiz, Mario de Castro, José María Goñi (quien tapa a Montse Domenech), Cifu, yo, Marino Goñi, Jorge Muñoz, Alfonso Eduardo y Moncho Alpuente.

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¡Hasta la próxima compañeros!

 

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Radio Popular FM en 1972 o la 99.5 como un viaje iniciático (por Antonio Gómez y Adrian Vogel)

 

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Ozono

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El cocido de 99.5 (Radio Popular FM)

3 de diciembre de 2008

Ha sido un día ajetreado socialmente. Marcado por la reunión que espontanemente surgió a raíz del post Radio Popular FM en 1972 o la 99.5 como un viaje iniciático (por Antonio Gómez y Adrian Vogel). Y a sabiendas que por la noche quería ir a ver a Zenet (y esto lo dejo para el sábado y la colaboración en Efe Eme).

 

A media mañana me llamó Javier. Estaba aburrido. Así que se vino para casa. Tras un repaso a su columna del próximo viernes y un “control de avituallamiento” nos fuimos para El Schotis. Para nuestra cita, que resultó memorable. El en moto y yo caminando. Llegué antes, pero algunos me habían ganado por la mano, porque ya estaban.

 

La gran sorpresa y tremenda alegría fue ver a Alfonso Eduardo Pérez Orozco. Porque si Gonzalo García Pelayo y José Maria Goñi fueron los padres del invento de la 99.5, Alfonso fue el abuelo (charlando con él descubrí que empezó en Radio Vida de Sevilla a finales de la década de los 50 en deportes; de la época del Sevilla de Arza, ni más ni menos). Cifu tuvo la genial idea de avisarle.

 

El youtube es de Jorge Muñoz (la letra del tema es de Miguel Ángel Iglesias). Ni me enteré que estaba filmando. A partir de aquí pongo las fotos. La primera es de Manolo y las siguientes las hizo Gonzalo (bueno, las dos colectivas son de José del Schotis, el Joaquín Díaz de los chistes).

 

La verdad es que visto lo visto ¿cómo no se nos había ocurrido antes? Y la idea es repetir. Gonzalo ya venía con un par de objetivos claros. Montar un viaje a Cuba para homenajear a Carlos Tenapero con educación, respetando su opción” y la de asegurar más reuniones “si no nos enfadamos demasiado hoy”. No nos enfadamos nada, nos matamos de risa y descubrimos historias que o bien no conocíamos o no recordábamos, que para algo la edad no perdona… pero la llevamos estupendamente bien.

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Alfonso, Antonio, Álvaro, Chema, Cifu y Gonzalo estudiando mi cámara

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Manolo y Javier

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Javier y Alfonso

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Montse, Jorge y Adrian

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Montse, Jorge, Adrian, Julio, Manolo, Javier y Alfonso

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Alfonso, Antonio, Álvaro, Chema, Cifu y Montse

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Antonio y Álvaro

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Antonio, Álvaro, Chema y Cifu

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Chema y Cifu

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Cifu y Gonzalo (la única que hice yo)

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Javier, Alfonso, Antonio, Álvaro, Chema, Julio, Gonzalo, Manolo, Adrian, Jorge, Cifu y Montse

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A solas con Joan Baez en la habitación de un hotel: Un sucedido (por Antonio San José)

11 de noviembre de 2008

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Algún día, alguien debería escribir la historia de las grandes emisoras de FM (grandes en lo que supusieron, se entiende, no en su tamaño), que contribuyeron a que la banda sonora de nuestras vidas adolescentes, allá por los felices años setenta, estuviera compuesta por algunos de los mejores músicos del rock,  blues,  jazz,  folk y demás sonidos eclécticos, pero maravillosos, que tuvimos la suerte de conocer, escuchar y admirar mientras soñábamos con viajar a Londres, Nueva York, Los Ángeles o San Francisco (entonces se decía “Frisco” y cuando llegamos por fin allí nos enteramos de que era un término que entendían como despectivo y que, por tanto, no debíamos  usar para dárnoslas de enterados que nada sabían).

 

La más importante emisora en modulación de frecuencia fue, sin duda, Radio Popular FM, más conocida como 99.5. El genio creador de Gonzalo García Pelayo, acompañado por José María Goñi, bajo la aquiescencia de Adolfo Gross Bolín  y el sabio dejar hacer de Manuel Lombao Lombao; consiguió una radio imprescindible a la que muchos le debemos agradecimiento eterno porque fue nuestra conexión con un mundo lejano que nos traía modernidad, creatividad y enormes dosis de libertad, en un tiempo un tanto sombrío, oscuro y gris en la peculiar historia de este país. Burlando la censura y con un puñado de excelentes profesionales en su alineación, 99.5 fue una bocanada de aire fresco que nos hizo la vida un poco más agradable gracias a la pasión compartida por la música.

 

Por esos micrófonos de la vieja emisora de la calle Juan Bravo, 49 duplicado, desfilaban cada día notables como Antonio Gómez, Adrian Vogel, el propio Gonzalo García Pelayo, su hermano Javier García-Pelayo, Montserrat Doménech, Manolo Fernández, Julio Ruiz Llorente, Vicente Cagiao, Antonio Valdivia, Álvaro Feito, Paco Cuevas, Paco Montes y Juan Claudio Cifuentes.., y tantos más que resulta tan injusto olvidar como imposible de reseñar en un espacio limitado como este.

 

Una secuela de esa emisora fue Onda 2, la FM de la veterana Radio España de Madrid que en la calle de Manuel Silvela dio cobijo a alguno de los profesionales que emigraron a ella desde Juan Bravo y a otros nuevos como Gonzalo Garrido, Jesús Ordovás, Alberto Azqueta, Rafael Abitbol, y otros  profesionales que dieron rienda suelta a su creatividad bajo el paraguas protector del desaparecido Jorge de Antón.

 

Estas dos emisoras en frecuencia modulada estuvieron acompañadas por una tercera, de la que ahora hablaré, y por la transformación, poco después, del Tercer Programa de Radio Nacional de España al convertirse en Radio 3. Era lo que podía escucharse junto al imprescindible “Musicolandia” que oficiaba en la medianoche Vicente Romero desde Radio Centro y los programas del legendario Ángel Álvarez (“Caravana”, “Vuelo 605”) en Radio Peninsular y en RNE. Poco más…

 

La tercera vía a la que hacía referencia fue Radio Juventud, que emitía en el 89.7 del dial. Después de haber sido emisora central de la CAR (Cadena Azul de Radiodifusión) y al tiempo que se fusionaba con la REM (Red de Emisoras del Movimiento) y con la CES (Cadena de Emisoras Sindicales) para dar paso años después a Radiocadena Española; aquella vetusta emisora de la calle Diego de León número 47, se convirtió en una radio de vanguardia para escándalo de alguno de sus antiguos empleados que, amamantados radiofónicamente a los pechos de Aníbal Arias, aún llevaban tatuados el yugo y las flechas en lo más profundo de su piel.

 

Aquella fue una radio alternativa que combinó música con programas de carácter cultural y social actuando como una excelente cantera de profesionales. Allí velaba armas radiofónicas con tan sólo 17 añitos un servidor, y allí me encontré con gente tan capaz como Antonio Fernández, Paco Pérez Bryant, Ramón Colom, Rafael Fuentes, Juan Ramón Lucas, Javier Pérez, Pedro Fusté, Pedro García, Federico Volpini o Carlos Garrido; todos bajo la dirección de un hombre providencial, Ernesto Pérez de Lama, que viniendo del franquismo supo adaptarse a los nuevos tiempos impulsando una radio joven, viva y en libertad. Hace poco, los veteranos de Radio Juventud, tuvimos la oportunidad de agradecerle a Ernesto aquel ejercicio de valentía con un homenaje y una placa conmemorativa por todo lo que nos ayudó.

 

¿Y el sucedido?…  Ahorita  lo cuento:

 

Trabajaba yo, como ha quedado expresado, en aquella emisora y vino a Madrid Joan Baez para promocionar su álbum “Diamonds and Rust” que editaba en España la discográfica Ariola. Por medio del desaparecido, y recordado,  Carlos Juan Casado, jefe de A&R de la compañía, concerté una entrevista con la cantante que entonces era una leyenda viva de la música folk internacional. Carlos Juan me facilitó el día, la hora de mi encuentro con la Baez y (algo insólito hoy en día) el número de la habitación de su hotel en la que me esperaba. Cosa inimaginable en la actualidad, el encuentro se celebraría sin ninguna persona de la compañía ni del equipo de la cantante que vino a Madrid más sola que la una. Ni manager, ni asistentes, ni jefes de promoción, ni nada de nada…

 

Desde la radio, me dirigí al hotel de la calle Bretón de los Herreros en el que se hospedaba la artista, pertrechado por un viejo magnetófono Uher de bobina abierta con más años que la discografía completa de Ray Conniff. Llegué al lugar, subí a la habitación, llamé a la puerta y ¡oh, asombro! me abrió la puerta la mismísima Joan Baez, encantada de recibir visita a esas horas de la tarde. Balbuceé un saludo de admiración y me dispuse a preparar la grabadora sobre una mesa de la habitación. El aparato era duro como el solo y costaba mover la palanca que accionaba el motor. La Baez sonreía amablemente y a mí empezaba a caerme el sudor al comprobar que la cinta no giraba.

 

Don´t worry – me decía la cantante divertida.

 

Yo seguía toqueteando y dando golpes desaforadamente a todos los botones, palancas y potenciómetros del vetusto magnetófono que seguía como si nada. Viendo mi rubor por la azarosa situación, exclamó:

 

Just a moment please

 

Y cogió ella misma el aparato con interés de arqueóloga. Cambió un par de clavijas de lugar, le dio a la dura palanca y aquello se puso en funcionamiento al tiempo que se agrandaba mi bochorno y desconcierto.

 

Son cosas que pasan – me decía, dándome palmaditas en el antebrazo.

 

Grabamos la entrevista, quedó muy bien y me despedí de ella con dos besos y mi agradecimiento eterno por sus conocimientos técnicos.

 

Afortunadamente la tierra no me tragó aquella tarde, como yo hubiera deseado, y hoy puedo contarlo con una sonrisa pasado ya el sofoco de aquel sucedido de juventud cuando trabajaba en Radio ídem.

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Paseando a Nico por Madrid: Toda una experiencia Pop (por Antonio San José)

29 de octubre de 2008

Kevin Ayers, Nico, John Cale y Brian Eno

La vida regala, en ocasiones, evocaciones de feliz pasado envueltas en coincidencias y casualidades que nos sitúan en la realidad más presente. Es, sin duda, uno de los alicientes del fascinante oficio de apurar cada día sin saber exactamente las cartas que nos repartirá el azar que no controlamos.

 

Viene esto a cuento porque la pasada primavera me encontré con un impagable disco que recopilaba 39 canciones que fueron implacable y absurdamente censuradas por aquellos señores tan serios de bigotito afilado encargados de velar por nuestra salvación eterna sin que, por cierto, ninguno de los interesados se lo hubiera pedido. Ese disco, “Una historia de la censura musical en la radio española”, había sido realizado por un profesional tan solvente como José Manuel Rodríguez, “Rodri”, que se encargó de la selección musical y de los textos que acompañan al doble CD primorosamente editado, e inexplicablemente no promocionado, por el sello RTVE Música.

 

Fascinado por la idea llamé a Rodri y le invité a participar en el programa “Cara a Cara” que realizo cada día en CNN+. Como suponía, la entrevista quedó amena e interesante por la cantidad de jugosas anécdotas, algunas surrealistas y exponentes claras del despropósito, que desgranó en el espacio mi admirado ex compañero de Radio Nacional de España. Fuera de cámaras y micrófonos, hablamos de amigos comunes y salió el nombre de Adrian Vogel, con quien yo había coincidido en los legendarios tiempos de la F.M. 99.5 y los programas musicales de la COPE (entonces paradigma de progresía) en las viejas instalaciones de la emisora en la calle Juan Bravo de Madrid. Rodri me informó de la actividad de Adrián en “El Mundano” y así descubrí el blog, del que soy visitante asiduo, y recuperé a su inspirador vía telefónica y a través de e-mails.

 

Por fin, el pasado viernes nos encontramos personalmente, tantos años después, y compartimos unas deliciosas horas de conversación sobre la música, la política y la vida, en el edificio de Sogecable en Tres Cantos, donde trabajo. Ese reencuentro lo ha contado Adrian, de manera generosa y excesiva conmigo, en el post del pasado lunes. Por eso le debo agradecimiento eterno y la narración de una anécdota que le conté en mi despacho y que él, como buen director de blog, quiso que escribiera allí mismo, sobre la marcha. Le pedí una tregua y me comprometí a enviársela lo antes posible. Aquí está…

 

Situémonos: Madrid, hacia 1974. Los únicos conciertos internacionales que podíamos ver en la capital tenían lugar en tres sitios muy concretos. El primero fue el Alcalá Palace (King Crimson, Golden Earring, Johnny Rivers, Hatfield and the North, Blue Oyster Cult…) El segundo, el mítico Teatro Monumental (Santana, Canned Heat, Rory Gallagher, Flying Burrito Brothers, John McLaughlin…) Y, “last but not least”, el tercero era la discoteca M&M, ubicada en el número 9 de la calle Béjar, junto al metro de Diego de León. En aquella sala, pequeña pero llena de encanto, con todos los aditamentos de la época (globos de luces, cabina del disc-jockey elevada, juegos de líquidos de colores proyectados…) tuvieron lugar actuaciones memorables como las de Soft Machine, Sandy Denny, Geordie, Beggars Opera, Greenslade, Wild Turkey, Mick´s Abrahams Band  y… Nico. Sí, la musa etérea de Andy Warhol, John Cale, Bob Dylan, Brian Eno, Kevin Ayers y demás artistas a los que admirábamos todo el tiempo. Nico en concierto. La cosa no pintaba mal…

 

Christa Päffgen, que así se llamaba en realidad esta cantante alemana, nacida en Colonia, que murió en Ibiza a los 49 años,  en 1988, fue la primera supermodelo del mundo. Su carisma personal hechizó a Jim Morrison, Jackson Browne, Lou Reed, Brian Jones y tantos más que contribuyeron a cimentar una carrera artística que, poco a poco, festoneó álbumes como “Chelsea Girl”, “The Marble Index”, “Dessertshore” y “The End”, que era, justamente, el disco que acababa de grabar antes de su actuación madrileña.

 

En la entrada de M&M coincidí con Antonio Valdivia, compañero de Radio Popular que realizaba en 99.5 el programa “Ciclos” en compañía de Vicente Cagiao. Mi tocayo trabajaba en un banco y, en consecuencia, tenía más posibles que alguno de nosotros, estudiantes, como era mi caso, de primer curso de Periodismo. Acorde con su vida laboral estable, Valdivia disponía de coche, y eso era mucho en aquel tiempo. Hablando en los minutos previos al concierto, se nos acercó el promotor imprescindible de aquel templo laico del pop, Vicente “Mariskal” Romero, que cada noche realizaba en la desaparecida Radio Centro el mítico “Musicolandia”, auténtica avanzadilla del rock progresivo en aquella España cerrada y oscura como el régimen franquista que todo controlaba y cuyas autoridades policiales debían de autorizar cualquier tipo de actuación, concierto o manifestación pública de carácter artístico. ¡Vaya tiempo!

 

Vicente Romero nos cuenta nervioso que Nico aún no había aparecido en la discoteca, quedaba un cuarto de hora y no se sabía nada de ella ni era posible localizarla telefónicamente en el hotel (entonces no había móviles). La persona encargada de recogerla no estaba disponible,  así que nos pide, por favor, que fuéramos a buscarla nosotros y la llevásemos con rapidez a M&M.

 

No me negaréis que un punto surrealista si que tiene esta historia…

 

Salimos de la discoteca, a poco de la hora prevista para el concierto, que eran las ocho de la tarde, y en el coche del bueno de Valdivia (creo que era un Citroen 2CV), enfilamos la calle Doctor Esquerdo hasta llegar al Hotel Colón, en el barrio de La Estrella. La distancia no era mucha y, además, se trataba de un trayecto en línea recta. Llegamos al hotel, Antonio aparcó en la puerta sin bajarse del coche, y servidor se acercó a la recepción y preguntó por la artista. La llamaron, o subieron a buscarla, y a los pocos minutos tenía ante mí a Nico en persona. Increíble, pero cierto.

 

Le expliqué que veníamos a buscarla en nombre de la organización para llevarla hasta el lugar de la actuación y la acomodamos en la parte trasera de aquel modesto vehículo que distaba muchos metros de ser una limusina o un coche de representación a los que debía estar acostumbrada.

 

Con Nico a bordo, salimos a toda pastilla  vencida ya la hora de inicio del show. Calle Doctor Esquerdo, esta vez hacía arriba, llegamos a Francisco Silvela y torcimos hasta Béjar en cuyo número 9, Valdivia paró el coche en seco mientras yo ayudaba a salir a la artista y se la entregaba, literalmente, a Vicente Romero que respiró aliviado y la condujo, a su vez, hasta el escenario donde la esperaba un público impaciente y pelín mosqueado.

 

Volcada en su teclado, con el largo pelo sobre la cara, Nico entonó, como una salmodia monocorde:

 

This is the end, beautiful friend,
  This is the end, my only friend.
  The end, it hurts to set you free,
  But you’ll never follow me.
  The end of laughter and soft lies,
  The end of nights we tried to die,
  This is the end
”.

 

El concierto, aunque tarde, se había salvado.

 

En la barra, junto a Valdivia que había logrado aparcar correctamente su coche salvador, me tomé esa noche mi primer cubata. Creo que me lo había merecido. 

 

 

 

 

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Nico (Efe Eme)    

 

Cara a Cara con Antonio San José

 

Radio Popular FM en 1972 o la 99.5 como un viaje iniciático (por Antonio Gómez y Adrian Vogel)

 

Cara a Cara de Antonio San José con Rodri

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Radio Popular FM en 1972 o la 99.5 como un viaje iniciático (por Antonio Gómez y Adrian Vogel)

1 de agosto de 2008

Al micro Gonzalo García Pelayo (de espaldas) y Carlos Tena. Y de izquierda a derecha: José María Goñi, Adrian Vogel, la cabeza de Iván García Pelayo (asomando detrás de Carlos), su hermana Vanessa abrazada a su madre, Tessy (compañera de Gonzalo).

Radio Popular FM en 1972 o la 99.5 como un viaje iniciático, al menos para mí y para Antonio Gómez. Porque este post es una “joint adventure” donde yo estaba bastante cercano a las dos palabras inglesas.

 

Escribía en los 25 años de Heavy Rock como pasé, gracias a Vicente “Mariskal” Romero, a entrar en contacto con José María Goñi y Gonzalo García Pelayo.

 

Corría el año 1972 y Vicente, consciente de mis inquietudes, me alertó de que se estaba montando una emisora rockera en la FM de Radio Popular. Así que me mandó para Juan Bravo 49 duplicado, que es donde estaba entonces la COPE, para entrevistarme con Gonzalo.

 

La FM de Radio Popular de Madrid había sido hasta la fecha un intento de Alfonso Eduardo, Goñi y Rafa García Loza de combinar buena música con la radio formula (los 40 Principales de Rafa Revert eran los que mandaban). Alfonso, un apasionado del soul y de la música americana se había asociado con “Ringo Gun” (Rafa García Loza), uno de los personajes de “Escala en Hi Fi, un delirante programa de TVE en el que diversos actores hacían playback sobre los éxitos del momento. Y José María Goñi era el técnico, experto en sonido y telecomunicaciones.

 

Con mis 16 años recién cumplidos y la recomendación del Mariscal fui acogido. Empecé con un programa los fines de semana (los que nadie quería hacer). Alcancé la graduación al pasar a hacer media hora diaria por las noches. Pentagrama se llamaba el programa y quizás inspiró a un famoso bar de Malasaña. Toni Martin me sustituyó los fines de semana, por mi recomendación y la de Julio Palacios. Y el doctorado fue cuando pasé a las mañanas (entre Julio Palacios y Alberto Azqueta si no recuerdo mal). Pasados los meses conocí a Luis Mario Quintana, “el Profe”, y lo incorporé al programa (que empezamos a hacer juntos).

 

Nos pagaban fatal, menos del salario mínimo (todavía vivía Franco) y recuerdo una anécdota económica: si conseguíamos publicidad o la realizábamos se suponía que llevábamos un porcentaje. Hubo una editorial que editó el primer libro de Juan CruzCrónica de la nada hecha pedazos” y estaban empeñados en anunciarse en Pentagrama, con una publicidad innovadora y arriesgada para la época. Se supone que tenia que hacer la locución y no vería un duro (5 pesetas, para los más jóvenes). La desgana y el desinterés con que anunciaba el libro del bueno de Juan Cruz eran evidentes. Hasta que una noche llamó el editor a quejarse. No sólo le atendí la llamada sino que le expliqué la situación y le remití a la dirección comercial de la emisora. Parece ser que se destapó el pastel: alguien se estaba embolsando los dineros que me correspondían. Una vez arreglada la situación puse todo mi entusiasmo en la publicidad del “Crónica de la nada…”. Y desde aquí quiero agradecer los buenos oficios de Manolo Lombao (que era el jefe de programas musicales de la COPE).

 

Siempre he sostenido que cambiamos el lenguaje de la radio. Que entonces era rígido. Demasiado formal. Gracias a nuestra aportación maestros como Joaquín Prat se soltaron. Prat se liberó del corsé de la Onda Media.

 Antonio Gómez en las 24 Horas Beatles con los dos Joaquines, Prat y Luqui. Al fondo Montse Domenech y Andrés Montoya.

 

¿Viaje iniciático? Si, porque el flujo de todo tipo de músicas era inmenso. La mayoría sin editar en España (en mi programa sonaban desde los del rock alemán hasta Lou Reed, David Bowie, Allman Brothers, Leon Russell o una noche ¡sólo el “Superstition” de Stevie Wonder!). Y descubrí gracias a Gonzalo que el flamenco ni era Manolo Escobar ni franquista. Que la clásica se podía escuchar. El jazz gracias a Paco y Cifu (Paco Montes y Juan Claudio Cifuentes). Los sudamericanos con los Ernesto Sandino (Antonio Gómez, Álvaro Feito y Tina Blanco). Conocía, por mi familia paulista, la música brasileña, pero desconocía a los cantautores de habla hispana. Todavía recuerdo la conmoción que me produjo escuchar la versión del uruguayo Daniel Viglietti de “La Construcción” de Chico Buarque. ¡Mejor que la original! Y uno de mis programas favoritos era el “Música Pesada” del sevillano Javier Sánchez.

 

También existía un programa para ir haciendo cantera “Micro Abierto” que conducía Javier García Pelayo. Y de ahí salieron Gonzalo Garrido, Jorge Muñoz y tantos otros. Al control de sonido estaba Julio Ruiz, que ya hacía “Disco Grande” por aquel entonces.

 

El rock sinfónico estaba representado por “Ciclos” de Antonio Valdivia y Vicente Cagiao.

 

Y las peleas ideológicas por qué tipo de música era mejor estaban al orden del día. Con pasión y vehemencia, algo que la audiencia agradecía. Y fuimos los primeros en organizar un maratón de 24 horas. Fueron las 24 horas Beatles.

Gonzalo y la frente de Antonio dominan la foto de “la hora punta” de las 24 Horas Beatles. Al fondo a la izquierda se distingue a Jorge Muñoz y un par de cabezas a su derecha está Gonzalo Garrido. Si alguien se reconoce o distingue a algún conocido suyo, por favor dejarlo dicho en los comentarios. Gracias.

 

Le paso el testigo a Don Antonio:

Caricatura de Antonio por Carlos Tena

Perdimos, perdimos, perdimos otra vez.

 

Coincido totalmente con Adrián en su valoración de la antigua Radio Popular FM como una especie de universidad de la música popular (o master, si queremos ser más modernos y modestos) en la que unos cuantos aprendimos una lección básica: que la música no se divide por géneros (por mucho que cada uno tengamos nuestros gustos específicos), sino por artistas, buenos o malos, que practican cada uno de ellos. También aprendimos a descubrir en músicas que antes desconocíamos o despreciábamos valores que nos llevaron a apreciarlos. Y eso salimos ganando.

 

En la parte que me toca, yo acababa de pasar 16 meses haciéndome hombre en el servicio a la Patria (siempre con mayúscula), de donde salí a principios de 1972. Al poco me llamó Gonzalo, a quien había tratado en los tiempos de Smash y con quien había congeniado, para ofrecerme participar en lo que me pareció una aventura apasionante: realizar totalmente la programación musical de una emisora. Creo que fue aquella misma tarde cuando me reuní con él y con Goñi para decidir qué hacer. Corría prisa, porque la cosa empezaba en pocos días. No sé si a aquella reunión fueron ya Tina Blanco y Álvaro Feito, con los que venía colaborando desde que coincidimos en 1968 en la revista Discóbolo, pero el caso es que decidimos hacer juntos el trabajo, y para que no quedará duda de qué pretendíamos y de dónde veníamos nos bautizamos con un nombre colectivo que no dejaba lugar a dudas: Equipo Ernesto Sandino. ¡Toma ya discreción!

 

Al micro Gonzalo y Álvaro Feito, durante las 24 Horas Beatles. De pie, de izquierda a derecha: Julio Ruiz, Jesús Pardo, Adrian y Jose Luis Preciados. En el sofá: ¿Jorge Pardo? y las cabezas tapadas de Tessy y Vanessa.

 

Sea como sea, hicimos dos programas, centrados en la música folk y la canción de autor, aunque yo diría que considerada de una manera muy abierta, dada, además, la diversidad de gustos de los tres pájaros del grupo (o los dos pájaros y la pájara). Por la mañana hacíamos “Canto a mi América”, con música sudamericana muy variada, canción protesta, que se llamaba entonces, por supuesto, pero también boleros, tangos, folklore, cumbias, salsa o bossa nova. Por la noche llegaba “Más o menos folk”, que abarcaba desde los cantautores y el folklore españoles hasta los estadounidenses, franceses, italianos, griegos y la leche frita. La cosa podía ir de Agapito Marazuela, por ejemplo, a los Byrds o Dylan, pasando por Brassens, Theodorakis, Raimon o Pablo Milanés. Y los que íbamos descubriendo cada día.

 

Adrían ha dado ya un repaso a los distintos colaboradores y estilos musicales que trataba cada uno, así que no insistiré en ello, aunque debo destacar como una auténtica revelación la emisión paralela y comparada que Gonzalo hacía de temas de blues y de flamenco, que para mí fue esencial en posteriores vueltas al coco sobre la música popular. Igualmente me gustaría dejar constancia de algún nombre que colaboró muy al principio de la radio, aunque luego la dejaran. Allí estuvieron, y alguno siguió, Aurelio González, Manuel Domínguez y Juan de Pablos, que venían de ser los jovencitos progres de la revista de El Gran Musical, y por allí pasó también Moncho Alpuente con su cargamento de discos italianos y franceses, y que a mí me permitió profundizar en artistas de la talla de Fabrizio D’Andre o Boris Vian. Y Carlos Tena, que nunca hizo ningún programa, pero que siempre estaba, el más viejo y el más gamberro, dispuesto a una de sus genialidades.

 

En este grupo de gente había de todo, ideológica y estéticamente hablando, pero creo que por encima de cualquier diferencia existían algunas coincidencias básicas que dieron al grupo y a la emisora un carácter globalizador de la música y de las ideas que se expresaban. Pienso que en todos nosotros había, en primer lugar, un cansancio por el tipo de música de éxito del momento y una cierta necesidad de caminos nuevos, que siendo estéticos, no dejaban de ser ideológicos. También compartíamos una cierta curiosidad intelectual, al menos ante la música, y una rebeldía y espíritu crítico más o menos desarrollados. Pero quizás lo principal es que nos expresábamos a través de las canciones que emitíamos, que no eran sólo productos comerciales sino también, y fundamentalmente, una forma de ver la vida y expresarla con la que nos identificábamos.

 

Y el caso es que aquello funcionó. Aunque sólo se oía en Madrid, tuvo una buena respuesta de oyentes, que no sé si eran muchos, aunque sí eran muy fieles, que, por desgracia, no se concretó en un éxito similar de ingresos (yo también me acuerdo de la novela de Juan y lo he hablado con él varias veces). De esa repercusión salieron iniciativas de acciones externas a la propia emisora, como charlas y “discoforums” en la universidad (incluso recuerdo haber ido a Granada a dar una), o la edición de la revista AU (Apuntes Universitarios), que pudimos editar gracias a los amigos que llevaban la parte cultural del colegio mayor Chaminade (Domingo Jaumandreu, Carmelo, etc…), que se editó mensualmente casi durante un año (dar un vistazo hoy en día a la colección es una gozada).

 

 Antonio y Carmelo en el Chaminade

Unas palabras antes de concluir sobre ese maratón 24 horas Beatles del que habla Adrián, pone fotos, pero que explica poco. Debió ser en 1973, y era la primera vez que una emisora dedicaba 24 horas seguidas de su programación a la obra de un grupo musical. Durante ese tiempo se emitió toda la discografía conocida, piratas incluidos, de los Beatles, añadiéndole las numerosísimas versiones que de sus canciones habían grabado los más distintos artistas de los más diversos estilos.

En primer plano Gonzalo. Detrás, de izquierda a derecha: Jesús Pardo, Adrian, Carlos Tena, Jose Luis Preciados, José Luis Rubio y José María Goñi.

 

En la distancia del tiempo, creo que todo aquello fue posible gracias a la coincidencia de tres factores. Por una parte, había una nueva música, muy variada y diversa, que estaba naciendo y que representaba una determinada manera de ver el mundo. Por otra, estaba la gente que vivía esa misma evolución en sus vidas, personales y sociales, y que exigía un tipo de arte con el que identificarse y que expresara sus sentimientos e ideas. En medio, estábamos un grupo de gente, aficionados a la música, con cierta vocación periodística o didáctica, que nos identificábamos con una y con otros, y que tuvimos la ocasión de poder hacerlo a través de Popular FM.

 

En otros sitios de España, en radio o en prensa, había otros como nosotros, excelentes amigos que participaban en la misma pelea, pero es verdad que aquella emisora fue una experiencia única. Duró poco, apenas dos años, y acabó de mala manera, poniéndonos en la calle. Luego, el futuro orientó los pasos de cada uno por su camino correspondiente y de todo ha habido en la viña del señor. Valorada desde hoy no puede considerarse aquella experiencia sino como una derrota, por muy dulce que fuera. De aquel intento de considerar la música como una expresión cultural, variada y compleja, no queda otra cosa que el recuerdo. Triunfó, precisamente, aquello contra lo que luchábamos: la música como comercio, la radiofórmula. Pero hay derrotas que se asumen con orgullo y aventuras en las que participar es un privilegio.

 

Eso sí, no ligué un pijo con todo aquello, y si no llega a ser por una camarada del PC, hubiera salido de aquel periodo tan virgen como entré. (Ay, se me olvidaba. También me casé. ¿En qué estaría yo pensando?). Salud.

Nota Mundana: cena de la Convención de la COPE. No me había fijado hasta ahora pero a Gonzalo y a mi nos “desterraron” al corner. Fue en estas reuniones donde Antonio conoció, una noche de copas en el desaparecido Bocaccio madrileño, a su futura esposa y madre de su hija. 

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