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Aquellos chicos que inventamos la FM en Madrid

FM Metropolí

Anoche al regresar del Bernabéu me encontré con una foto que me había enviado Víctor Alfaro, tomada del libro “Viva el Pop” de Jesús Ordovás. Era la portada del suplemento Metrópoli de El Mundo: conmemoraban los 20 años del nacimiento de las FM’s madrileñas. Titulaban el reportaje escrito por Gernot Dudda “Aquellos chicos que inventaron la F.M.”

Esta mañana he compartido la foto en Facebook… y ante la respuesta traigo el asunto al Blog. Muy interesantes las aportaciones y testimonios en los comentarios. Gonzalo García-Pelayo y José Miguel López recogieron el guante y compartieron. Mr. Discópolis añadió además imágenes de un libro que se editó sobre la historia de la radio musical española y una del grupo, formando FM, donde se ve mejor quienes acudimos a esa cita del otoño de 1991. Las pueden ver a continuación:

FM

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Radio Popular FM en 1972 o la 99.5 como un viaje iniciático (por Antonio Gómez y Adrian Vogel)

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A solas con Joan Baez en la habitación de un hotel: Un sucedido (por Antonio San José)

11 de noviembre de 2008

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Algún día, alguien debería escribir la historia de las grandes emisoras de FM (grandes en lo que supusieron, se entiende, no en su tamaño), que contribuyeron a que la banda sonora de nuestras vidas adolescentes, allá por los felices años setenta, estuviera compuesta por algunos de los mejores músicos del rock,  blues,  jazz,  folk y demás sonidos eclécticos, pero maravillosos, que tuvimos la suerte de conocer, escuchar y admirar mientras soñábamos con viajar a Londres, Nueva York, Los Ángeles o San Francisco (entonces se decía “Frisco” y cuando llegamos por fin allí nos enteramos de que era un término que entendían como despectivo y que, por tanto, no debíamos  usar para dárnoslas de enterados que nada sabían).

 

La más importante emisora en modulación de frecuencia fue, sin duda, Radio Popular FM, más conocida como 99.5. El genio creador de Gonzalo García Pelayo, acompañado por José María Goñi, bajo la aquiescencia de Adolfo Gross Bolín  y el sabio dejar hacer de Manuel Lombao Lombao; consiguió una radio imprescindible a la que muchos le debemos agradecimiento eterno porque fue nuestra conexión con un mundo lejano que nos traía modernidad, creatividad y enormes dosis de libertad, en un tiempo un tanto sombrío, oscuro y gris en la peculiar historia de este país. Burlando la censura y con un puñado de excelentes profesionales en su alineación, 99.5 fue una bocanada de aire fresco que nos hizo la vida un poco más agradable gracias a la pasión compartida por la música.

 

Por esos micrófonos de la vieja emisora de la calle Juan Bravo, 49 duplicado, desfilaban cada día notables como Antonio Gómez, Adrian Vogel, el propio Gonzalo García Pelayo, su hermano Javier García-Pelayo, Montserrat Doménech, Manolo Fernández, Julio Ruiz Llorente, Vicente Cagiao, Antonio Valdivia, Álvaro Feito, Paco Cuevas, Paco Montes y Juan Claudio Cifuentes.., y tantos más que resulta tan injusto olvidar como imposible de reseñar en un espacio limitado como este.

 

Una secuela de esa emisora fue Onda 2, la FM de la veterana Radio España de Madrid que en la calle de Manuel Silvela dio cobijo a alguno de los profesionales que emigraron a ella desde Juan Bravo y a otros nuevos como Gonzalo Garrido, Jesús Ordovás, Alberto Azqueta, Rafael Abitbol, y otros  profesionales que dieron rienda suelta a su creatividad bajo el paraguas protector del desaparecido Jorge de Antón.

 

Estas dos emisoras en frecuencia modulada estuvieron acompañadas por una tercera, de la que ahora hablaré, y por la transformación, poco después, del Tercer Programa de Radio Nacional de España al convertirse en Radio 3. Era lo que podía escucharse junto al imprescindible “Musicolandia” que oficiaba en la medianoche Vicente Romero desde Radio Centro y los programas del legendario Ángel Álvarez (“Caravana”, “Vuelo 605”) en Radio Peninsular y en RNE. Poco más…

 

La tercera vía a la que hacía referencia fue Radio Juventud, que emitía en el 89.7 del dial. Después de haber sido emisora central de la CAR (Cadena Azul de Radiodifusión) y al tiempo que se fusionaba con la REM (Red de Emisoras del Movimiento) y con la CES (Cadena de Emisoras Sindicales) para dar paso años después a Radiocadena Española; aquella vetusta emisora de la calle Diego de León número 47, se convirtió en una radio de vanguardia para escándalo de alguno de sus antiguos empleados que, amamantados radiofónicamente a los pechos de Aníbal Arias, aún llevaban tatuados el yugo y las flechas en lo más profundo de su piel.

 

Aquella fue una radio alternativa que combinó música con programas de carácter cultural y social actuando como una excelente cantera de profesionales. Allí velaba armas radiofónicas con tan sólo 17 añitos un servidor, y allí me encontré con gente tan capaz como Antonio Fernández, Paco Pérez Bryant, Ramón Colom, Rafael Fuentes, Juan Ramón Lucas, Javier Pérez, Pedro Fusté, Pedro García, Federico Volpini o Carlos Garrido; todos bajo la dirección de un hombre providencial, Ernesto Pérez de Lama, que viniendo del franquismo supo adaptarse a los nuevos tiempos impulsando una radio joven, viva y en libertad. Hace poco, los veteranos de Radio Juventud, tuvimos la oportunidad de agradecerle a Ernesto aquel ejercicio de valentía con un homenaje y una placa conmemorativa por todo lo que nos ayudó.

 

¿Y el sucedido?…  Ahorita  lo cuento:

 

Trabajaba yo, como ha quedado expresado, en aquella emisora y vino a Madrid Joan Baez para promocionar su álbum “Diamonds and Rust” que editaba en España la discográfica Ariola. Por medio del desaparecido, y recordado,  Carlos Juan Casado, jefe de A&R de la compañía, concerté una entrevista con la cantante que entonces era una leyenda viva de la música folk internacional. Carlos Juan me facilitó el día, la hora de mi encuentro con la Baez y (algo insólito hoy en día) el número de la habitación de su hotel en la que me esperaba. Cosa inimaginable en la actualidad, el encuentro se celebraría sin ninguna persona de la compañía ni del equipo de la cantante que vino a Madrid más sola que la una. Ni manager, ni asistentes, ni jefes de promoción, ni nada de nada…

 

Desde la radio, me dirigí al hotel de la calle Bretón de los Herreros en el que se hospedaba la artista, pertrechado por un viejo magnetófono Uher de bobina abierta con más años que la discografía completa de Ray Conniff. Llegué al lugar, subí a la habitación, llamé a la puerta y ¡oh, asombro! me abrió la puerta la mismísima Joan Baez, encantada de recibir visita a esas horas de la tarde. Balbuceé un saludo de admiración y me dispuse a preparar la grabadora sobre una mesa de la habitación. El aparato era duro como el solo y costaba mover la palanca que accionaba el motor. La Baez sonreía amablemente y a mí empezaba a caerme el sudor al comprobar que la cinta no giraba.

 

Don´t worry – me decía la cantante divertida.

 

Yo seguía toqueteando y dando golpes desaforadamente a todos los botones, palancas y potenciómetros del vetusto magnetófono que seguía como si nada. Viendo mi rubor por la azarosa situación, exclamó:

 

Just a moment please

 

Y cogió ella misma el aparato con interés de arqueóloga. Cambió un par de clavijas de lugar, le dio a la dura palanca y aquello se puso en funcionamiento al tiempo que se agrandaba mi bochorno y desconcierto.

 

Son cosas que pasan – me decía, dándome palmaditas en el antebrazo.

 

Grabamos la entrevista, quedó muy bien y me despedí de ella con dos besos y mi agradecimiento eterno por sus conocimientos técnicos.

 

Afortunadamente la tierra no me tragó aquella tarde, como yo hubiera deseado, y hoy puedo contarlo con una sonrisa pasado ya el sofoco de aquel sucedido de juventud cuando trabajaba en Radio ídem.

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