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El Re-encuentro 2 (el 2º cocido de la 99,5)

2 de abril de 2009

Tras nuestra primera reunión hubo una moción para repetir en marzo del 2009. Lo del mes era porque se celebraba el aniversario de la apertura de la emisora. En realidad de su primera encarnación, la liderada por Alfonso Eduardo y Rafa García Loza (marzo de 1971), donde ya figuraba Julio Ruiz en la alineación titular con dos programas: “Disco Grande” que estos días ha cumplido 38 años en antena y “La música pop de p a p”. Ya en 1972 bajo el liderazgo de Gonzalo García Pelayo y José María Goñi se inició nuestra andadura.

 

Así que el pasado martes nos volvimos a ver alrededor del cocido de El Schotis. Hubo 3 bajas respecto de la primera vez: Chema Martínez, Javier García-Pelayo y Antonio Gómez. Y también hubo altas, que no pudieron venir en diciembre e hicieron todo lo posible por estar ahora: Mario de Castro, Moncho Alpuente, José María Goñi y Marino Goñi.

 

El video –que encabeza esta entrada- es un montaje de Jorge Muñoz. Y las fotos son de Manolo Fernández, menos la primera que es mía (y Álvaro Feito está tapado).

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De izquierda a derecha: Marino Goñi, Jorge Muñoz, Alfonso Eduardo, Moncho Alpuente, Manolo Fernández, Mario de Castro, Gonzalo García Pelayo, Julio Ruiz (quien tapa a Álvaro Feito), Cifu, José María Goñi y Montse Domenech.

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Álvaro Feito, Julio Ruiz, Mario de Castro, José María Goñi (quien tapa a Montse Domenech), Cifu, yo, Marino Goñi, Jorge Muñoz, Alfonso Eduardo y Moncho Alpuente.

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¡Hasta la próxima compañeros!

 

ENTRADAS RELACIONADAS:

 

Radio Popular FM en 1972 o la 99.5 como un viaje iniciático (por Antonio Gómez y Adrian Vogel)

 

El cocido de 99.5 (Radio Popular FM)

 

La prensa musical en España: el admirable trabajo de unos pioneros (por Antonio San José)

 

Ozono

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El cocido de 99.5 (Radio Popular FM)

3 de diciembre de 2008

Ha sido un día ajetreado socialmente. Marcado por la reunión que espontanemente surgió a raíz del post Radio Popular FM en 1972 o la 99.5 como un viaje iniciático (por Antonio Gómez y Adrian Vogel). Y a sabiendas que por la noche quería ir a ver a Zenet (y esto lo dejo para el sábado y la colaboración en Efe Eme).

 

A media mañana me llamó Javier. Estaba aburrido. Así que se vino para casa. Tras un repaso a su columna del próximo viernes y un “control de avituallamiento” nos fuimos para El Schotis. Para nuestra cita, que resultó memorable. El en moto y yo caminando. Llegué antes, pero algunos me habían ganado por la mano, porque ya estaban.

 

La gran sorpresa y tremenda alegría fue ver a Alfonso Eduardo Pérez Orozco. Porque si Gonzalo García Pelayo y José Maria Goñi fueron los padres del invento de la 99.5, Alfonso fue el abuelo (charlando con él descubrí que empezó en Radio Vida de Sevilla a finales de la década de los 50 en deportes; de la época del Sevilla de Arza, ni más ni menos). Cifu tuvo la genial idea de avisarle.

 

El youtube es de Jorge Muñoz (la letra del tema es de Miguel Ángel Iglesias). Ni me enteré que estaba filmando. A partir de aquí pongo las fotos. La primera es de Manolo y las siguientes las hizo Gonzalo (bueno, las dos colectivas son de José del Schotis, el Joaquín Díaz de los chistes).

 

La verdad es que visto lo visto ¿cómo no se nos había ocurrido antes? Y la idea es repetir. Gonzalo ya venía con un par de objetivos claros. Montar un viaje a Cuba para homenajear a Carlos Tenapero con educación, respetando su opción” y la de asegurar más reuniones “si no nos enfadamos demasiado hoy”. No nos enfadamos nada, nos matamos de risa y descubrimos historias que o bien no conocíamos o no recordábamos, que para algo la edad no perdona… pero la llevamos estupendamente bien.

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Alfonso, Antonio, Álvaro, Chema, Cifu y Gonzalo estudiando mi cámara

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Manolo y Javier

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Javier y Alfonso

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Montse, Jorge y Adrian

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Montse, Jorge, Adrian, Julio, Manolo, Javier y Alfonso

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Alfonso, Antonio, Álvaro, Chema, Cifu y Montse

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Antonio y Álvaro

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Antonio, Álvaro, Chema y Cifu

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Chema y Cifu

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Cifu y Gonzalo (la única que hice yo)

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Javier, Alfonso, Antonio, Álvaro, Chema, Julio, Gonzalo, Manolo, Adrian, Jorge, Cifu y Montse

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Radio Popular FM en 1972 o la 99.5 como un viaje iniciático (por Antonio Gómez y Adrian Vogel)

1 de agosto de 2008

Al micro Gonzalo García Pelayo (de espaldas) y Carlos Tena. Y de izquierda a derecha: José María Goñi, Adrian Vogel, la cabeza de Iván García Pelayo (asomando detrás de Carlos), su hermana Vanessa abrazada a su madre, Tessy (compañera de Gonzalo).

Radio Popular FM en 1972 o la 99.5 como un viaje iniciático, al menos para mí y para Antonio Gómez. Porque este post es una “joint adventure” donde yo estaba bastante cercano a las dos palabras inglesas.

 

Escribía en los 25 años de Heavy Rock como pasé, gracias a Vicente “Mariskal” Romero, a entrar en contacto con José María Goñi y Gonzalo García Pelayo.

 

Corría el año 1972 y Vicente, consciente de mis inquietudes, me alertó de que se estaba montando una emisora rockera en la FM de Radio Popular. Así que me mandó para Juan Bravo 49 duplicado, que es donde estaba entonces la COPE, para entrevistarme con Gonzalo.

 

La FM de Radio Popular de Madrid había sido hasta la fecha un intento de Alfonso Eduardo, Goñi y Rafa García Loza de combinar buena música con la radio formula (los 40 Principales de Rafa Revert eran los que mandaban). Alfonso, un apasionado del soul y de la música americana se había asociado con “Ringo Gun” (Rafa García Loza), uno de los personajes de “Escala en Hi Fi, un delirante programa de TVE en el que diversos actores hacían playback sobre los éxitos del momento. Y José María Goñi era el técnico, experto en sonido y telecomunicaciones.

 

Con mis 16 años recién cumplidos y la recomendación del Mariscal fui acogido. Empecé con un programa los fines de semana (los que nadie quería hacer). Alcancé la graduación al pasar a hacer media hora diaria por las noches. Pentagrama se llamaba el programa y quizás inspiró a un famoso bar de Malasaña. Toni Martin me sustituyó los fines de semana, por mi recomendación y la de Julio Palacios. Y el doctorado fue cuando pasé a las mañanas (entre Julio Palacios y Alberto Azqueta si no recuerdo mal). Pasados los meses conocí a Luis Mario Quintana, “el Profe”, y lo incorporé al programa (que empezamos a hacer juntos).

 

Nos pagaban fatal, menos del salario mínimo (todavía vivía Franco) y recuerdo una anécdota económica: si conseguíamos publicidad o la realizábamos se suponía que llevábamos un porcentaje. Hubo una editorial que editó el primer libro de Juan CruzCrónica de la nada hecha pedazos” y estaban empeñados en anunciarse en Pentagrama, con una publicidad innovadora y arriesgada para la época. Se supone que tenia que hacer la locución y no vería un duro (5 pesetas, para los más jóvenes). La desgana y el desinterés con que anunciaba el libro del bueno de Juan Cruz eran evidentes. Hasta que una noche llamó el editor a quejarse. No sólo le atendí la llamada sino que le expliqué la situación y le remití a la dirección comercial de la emisora. Parece ser que se destapó el pastel: alguien se estaba embolsando los dineros que me correspondían. Una vez arreglada la situación puse todo mi entusiasmo en la publicidad del “Crónica de la nada…”. Y desde aquí quiero agradecer los buenos oficios de Manolo Lombao (que era el jefe de programas musicales de la COPE).

 

Siempre he sostenido que cambiamos el lenguaje de la radio. Que entonces era rígido. Demasiado formal. Gracias a nuestra aportación maestros como Joaquín Prat se soltaron. Prat se liberó del corsé de la Onda Media.

 Antonio Gómez en las 24 Horas Beatles con los dos Joaquines, Prat y Luqui. Al fondo Montse Domenech y Andrés Montoya.

 

¿Viaje iniciático? Si, porque el flujo de todo tipo de músicas era inmenso. La mayoría sin editar en España (en mi programa sonaban desde los del rock alemán hasta Lou Reed, David Bowie, Allman Brothers, Leon Russell o una noche ¡sólo el “Superstition” de Stevie Wonder!). Y descubrí gracias a Gonzalo que el flamenco ni era Manolo Escobar ni franquista. Que la clásica se podía escuchar. El jazz gracias a Paco y Cifu (Paco Montes y Juan Claudio Cifuentes). Los sudamericanos con los Ernesto Sandino (Antonio Gómez, Álvaro Feito y Tina Blanco). Conocía, por mi familia paulista, la música brasileña, pero desconocía a los cantautores de habla hispana. Todavía recuerdo la conmoción que me produjo escuchar la versión del uruguayo Daniel Viglietti de “La Construcción” de Chico Buarque. ¡Mejor que la original! Y uno de mis programas favoritos era el “Música Pesada” del sevillano Javier Sánchez.

 

También existía un programa para ir haciendo cantera “Micro Abierto” que conducía Javier García Pelayo. Y de ahí salieron Gonzalo Garrido, Jorge Muñoz y tantos otros. Al control de sonido estaba Julio Ruiz, que ya hacía “Disco Grande” por aquel entonces.

 

El rock sinfónico estaba representado por “Ciclos” de Antonio Valdivia y Vicente Cagiao.

 

Y las peleas ideológicas por qué tipo de música era mejor estaban al orden del día. Con pasión y vehemencia, algo que la audiencia agradecía. Y fuimos los primeros en organizar un maratón de 24 horas. Fueron las 24 horas Beatles.

Gonzalo y la frente de Antonio dominan la foto de “la hora punta” de las 24 Horas Beatles. Al fondo a la izquierda se distingue a Jorge Muñoz y un par de cabezas a su derecha está Gonzalo Garrido. Si alguien se reconoce o distingue a algún conocido suyo, por favor dejarlo dicho en los comentarios. Gracias.

 

Le paso el testigo a Don Antonio:

Caricatura de Antonio por Carlos Tena

Perdimos, perdimos, perdimos otra vez.

 

Coincido totalmente con Adrián en su valoración de la antigua Radio Popular FM como una especie de universidad de la música popular (o master, si queremos ser más modernos y modestos) en la que unos cuantos aprendimos una lección básica: que la música no se divide por géneros (por mucho que cada uno tengamos nuestros gustos específicos), sino por artistas, buenos o malos, que practican cada uno de ellos. También aprendimos a descubrir en músicas que antes desconocíamos o despreciábamos valores que nos llevaron a apreciarlos. Y eso salimos ganando.

 

En la parte que me toca, yo acababa de pasar 16 meses haciéndome hombre en el servicio a la Patria (siempre con mayúscula), de donde salí a principios de 1972. Al poco me llamó Gonzalo, a quien había tratado en los tiempos de Smash y con quien había congeniado, para ofrecerme participar en lo que me pareció una aventura apasionante: realizar totalmente la programación musical de una emisora. Creo que fue aquella misma tarde cuando me reuní con él y con Goñi para decidir qué hacer. Corría prisa, porque la cosa empezaba en pocos días. No sé si a aquella reunión fueron ya Tina Blanco y Álvaro Feito, con los que venía colaborando desde que coincidimos en 1968 en la revista Discóbolo, pero el caso es que decidimos hacer juntos el trabajo, y para que no quedará duda de qué pretendíamos y de dónde veníamos nos bautizamos con un nombre colectivo que no dejaba lugar a dudas: Equipo Ernesto Sandino. ¡Toma ya discreción!

 

Al micro Gonzalo y Álvaro Feito, durante las 24 Horas Beatles. De pie, de izquierda a derecha: Julio Ruiz, Jesús Pardo, Adrian y Jose Luis Preciados. En el sofá: ¿Jorge Pardo? y las cabezas tapadas de Tessy y Vanessa.

 

Sea como sea, hicimos dos programas, centrados en la música folk y la canción de autor, aunque yo diría que considerada de una manera muy abierta, dada, además, la diversidad de gustos de los tres pájaros del grupo (o los dos pájaros y la pájara). Por la mañana hacíamos “Canto a mi América”, con música sudamericana muy variada, canción protesta, que se llamaba entonces, por supuesto, pero también boleros, tangos, folklore, cumbias, salsa o bossa nova. Por la noche llegaba “Más o menos folk”, que abarcaba desde los cantautores y el folklore españoles hasta los estadounidenses, franceses, italianos, griegos y la leche frita. La cosa podía ir de Agapito Marazuela, por ejemplo, a los Byrds o Dylan, pasando por Brassens, Theodorakis, Raimon o Pablo Milanés. Y los que íbamos descubriendo cada día.

 

Adrían ha dado ya un repaso a los distintos colaboradores y estilos musicales que trataba cada uno, así que no insistiré en ello, aunque debo destacar como una auténtica revelación la emisión paralela y comparada que Gonzalo hacía de temas de blues y de flamenco, que para mí fue esencial en posteriores vueltas al coco sobre la música popular. Igualmente me gustaría dejar constancia de algún nombre que colaboró muy al principio de la radio, aunque luego la dejaran. Allí estuvieron, y alguno siguió, Aurelio González, Manuel Domínguez y Juan de Pablos, que venían de ser los jovencitos progres de la revista de El Gran Musical, y por allí pasó también Moncho Alpuente con su cargamento de discos italianos y franceses, y que a mí me permitió profundizar en artistas de la talla de Fabrizio D’Andre o Boris Vian. Y Carlos Tena, que nunca hizo ningún programa, pero que siempre estaba, el más viejo y el más gamberro, dispuesto a una de sus genialidades.

 

En este grupo de gente había de todo, ideológica y estéticamente hablando, pero creo que por encima de cualquier diferencia existían algunas coincidencias básicas que dieron al grupo y a la emisora un carácter globalizador de la música y de las ideas que se expresaban. Pienso que en todos nosotros había, en primer lugar, un cansancio por el tipo de música de éxito del momento y una cierta necesidad de caminos nuevos, que siendo estéticos, no dejaban de ser ideológicos. También compartíamos una cierta curiosidad intelectual, al menos ante la música, y una rebeldía y espíritu crítico más o menos desarrollados. Pero quizás lo principal es que nos expresábamos a través de las canciones que emitíamos, que no eran sólo productos comerciales sino también, y fundamentalmente, una forma de ver la vida y expresarla con la que nos identificábamos.

 

Y el caso es que aquello funcionó. Aunque sólo se oía en Madrid, tuvo una buena respuesta de oyentes, que no sé si eran muchos, aunque sí eran muy fieles, que, por desgracia, no se concretó en un éxito similar de ingresos (yo también me acuerdo de la novela de Juan y lo he hablado con él varias veces). De esa repercusión salieron iniciativas de acciones externas a la propia emisora, como charlas y “discoforums” en la universidad (incluso recuerdo haber ido a Granada a dar una), o la edición de la revista AU (Apuntes Universitarios), que pudimos editar gracias a los amigos que llevaban la parte cultural del colegio mayor Chaminade (Domingo Jaumandreu, Carmelo, etc…), que se editó mensualmente casi durante un año (dar un vistazo hoy en día a la colección es una gozada).

 

 Antonio y Carmelo en el Chaminade

Unas palabras antes de concluir sobre ese maratón 24 horas Beatles del que habla Adrián, pone fotos, pero que explica poco. Debió ser en 1973, y era la primera vez que una emisora dedicaba 24 horas seguidas de su programación a la obra de un grupo musical. Durante ese tiempo se emitió toda la discografía conocida, piratas incluidos, de los Beatles, añadiéndole las numerosísimas versiones que de sus canciones habían grabado los más distintos artistas de los más diversos estilos.

En primer plano Gonzalo. Detrás, de izquierda a derecha: Jesús Pardo, Adrian, Carlos Tena, Jose Luis Preciados, José Luis Rubio y José María Goñi.

 

En la distancia del tiempo, creo que todo aquello fue posible gracias a la coincidencia de tres factores. Por una parte, había una nueva música, muy variada y diversa, que estaba naciendo y que representaba una determinada manera de ver el mundo. Por otra, estaba la gente que vivía esa misma evolución en sus vidas, personales y sociales, y que exigía un tipo de arte con el que identificarse y que expresara sus sentimientos e ideas. En medio, estábamos un grupo de gente, aficionados a la música, con cierta vocación periodística o didáctica, que nos identificábamos con una y con otros, y que tuvimos la ocasión de poder hacerlo a través de Popular FM.

 

En otros sitios de España, en radio o en prensa, había otros como nosotros, excelentes amigos que participaban en la misma pelea, pero es verdad que aquella emisora fue una experiencia única. Duró poco, apenas dos años, y acabó de mala manera, poniéndonos en la calle. Luego, el futuro orientó los pasos de cada uno por su camino correspondiente y de todo ha habido en la viña del señor. Valorada desde hoy no puede considerarse aquella experiencia sino como una derrota, por muy dulce que fuera. De aquel intento de considerar la música como una expresión cultural, variada y compleja, no queda otra cosa que el recuerdo. Triunfó, precisamente, aquello contra lo que luchábamos: la música como comercio, la radiofórmula. Pero hay derrotas que se asumen con orgullo y aventuras en las que participar es un privilegio.

 

Eso sí, no ligué un pijo con todo aquello, y si no llega a ser por una camarada del PC, hubiera salido de aquel periodo tan virgen como entré. (Ay, se me olvidaba. También me casé. ¿En qué estaría yo pensando?). Salud.

Nota Mundana: cena de la Convención de la COPE. No me había fijado hasta ahora pero a Gonzalo y a mi nos “desterraron” al corner. Fue en estas reuniones donde Antonio conoció, una noche de copas en el desaparecido Bocaccio madrileño, a su futura esposa y madre de su hija. 

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Extorsión y Payola 2 (Efe Eme)

5 de julio de 2008

Con un propósito mercantil, las emisiones de Los 40 Principales servían para fijar una lista de éxitos musicales, de modo que la emisora pudiese sacar partido de la industria del disco.”

 

Así se expresaba José María Íñigo en su libro “Orígenes de la radio musical española”. ¿Queda claro o todavía hay dudas?

 

Lo pregunto porque después del articulo de la semana pasada, donde repasaba “el cuerpo teórico” surgían preguntas sobre el rol que desempeñaban medios y periodistas en este espinoso asunto (donde hasta ahora los malos de la película siempre han sido las discográficas).

 

Y sucedía a pesar de las citas a Emilio Romero -“maestro de periodistas”- o las multas a empresas de ambos sectores (un inciso para Clear Channel, sancionada hace unos pocos años en USA y hoy presente en España, a través de los chirimbolos y vallas publicitarias en “dudosas” adjudicaciones en varios ayuntamientos, incluido el de Madrid).

 

Formé parte de la primera generación de disc-jockeys de la radio española, reproduciendo un esquema  ya afianzado en las emisoras estadounidenses” escribía Íñigo en el ya mencionado libro. Obviando que importaron “lo malo”, en 1965. Alan Freed ya había sido condenado (1960) y como consecuencia la payola fue incluida como delito en la legislación americana (como documentábamos la semana pasada).

 

Hoy todo es un negocio. Estar en las listas de éxitos cuesta su dinero. Todo está comercializado. Se paga por poner los discos en la radio. Se paga por todo. Salvo Radio Nacional de España, casi todo el resto está comercializado.” declaraba el año pasado, olvidando su pasado –y el de su hermano- como director y presentador de programas de TVE, cuando ésta era la única cadena. Lo que le situaba en una posición “dominante” a la hora de negociar, no desde una organización privada y comercial sino desde una pública (aunque su revista fuese un negocio privado).

 

Hay que hablar también de la competencia desleal que se produce, respecto a los editores y productores, cuando grandes grupos mediáticos forman editoriales y discográficas. Con la teoría de las sinergias de grupo como excusa. Así el hoy director de Propiedad Intelectual de uno de estos grupos era el encargado de perseguir a artistas, autores, discográficas, editores o managers para coeditar con la empresa que aun le emplea. Y si no se compartían los Derechos de Autor con ellos simplemente no sonabas. ¿Compartían ellos los ingresos por publicidad? Y cuando vendieron la editorial basada en los copyrights logrados de la manera descrita ¿repartieron los ingresos? ¿Y qué decir de su discográfica? Donde eligieron como personal a lo peor del sector y luego se echaron las manos a la cabeza. ¿El que seleccionó y asesoró sigue en la casa? Seguro que si.

 

Aunque lo realmente preocupante es cuando algunos de los “habituales” se convierten en protagonistas o popes de programas informativos, deportivos. etc., y pretenden darnos moralinas al respecto de la vida político-social. O cuando los gurús de músicas (presuntamente) alternativas como el Heavy o la New Age están pringados hasta las cejas. Su sofisticación para sacarle los cuartos a una industria complaciente -¿pueden hacer algo al respecto?- llega a inventarse asesorías, agencias o supuestas campañas publicitarias, para justificar los pagos a cambio de tocadas y apoyo.

 

Tuve que sufrir, cuando trabajaba en CBS, el boicot de uno de estos “lideres de opinión” por negarnos a entrar al trapo. Por ello, todo lo que oliese a esa multi era boicoteado sistemáticamente en los medios en los que colaboraba el periodista en cuestión. Asunto que para una líder de mercado, como era la CBS entonces, podría tener bastante menos trascendencia que para una independiente, que también sufrió su “acoso”. Ni corto ni perezoso escribió una carta al dueño de ECM despotricando de su distribuidor en España ¡y recomendando la empresa donde estaba su esposa!

 

No hay que rasgarse las vestiduras, como hacen las voces críticas a la industria discográfica (que en muchos casos manejan una agenda oculta ligada a intereses económicos) sino de empezar a intentar poner las cosas en su sitio. Y valorarlas en su justa medida. Se trata de defender una ética y unos valores, basados en la credibilidad y la honestidad. Al igual que hay delitos y faltas, o pecados mortales y veniales si así se prefiere, no debemos medir por el mismo rasero a quien acepta dádivas por su posición con quien abusando de esa posición, impone sus condiciones (y tarifas) a cambio de apoyar o no a determinados artistas. Diego A. Manrique en su El rey de la envidia esbozaba algunos de estos aspectos hace unas semanas en El País.

 

Observemos el ejemplo que, una vez más, nos viene de USA: la radio musical ha perdido peso e influencia, por la falta de credibilidad derivada de la deshonestidad. Incluso la hasta hace bien poco poderosa MTV (la eme es de music) ya casi no programa música

 

Publicado en Efe Eme

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