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Bruce Springsteen y Pete Seeger

BS PS

Bruce Springsteen le dedicó un álbum en 2006 a la gigantesca figura del llorado Pete Seeger (We Shall Overcome: The Seeger Sessions). Además participó activamente en el concierto por el 90 cumpleaños del desaparecido héroe Folk.

Particularmente me emocionó mucho esta interpretación conjunta del “This Land Is Your Land” de Woody Guthrie, otro grande. Tuvo lugar en Washington durante los actos organizados alrededor del día de toma de posesión de Obama. La verdad es que lo tiene todo: el primer presidente negro de Estados Unidos (bueno, mulato), un tema de Guthrie, más Springsteen y Seeger.

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Un siglo de canciones 112: “The House Of The Rising Sun” (por Gustavo Sierra)

Cuando la voz ronca y potente de Eric Burdon y el vibrante órgano de Alan Price comenzaron a tocar unos acordes que no sólo se convertirían en históricos, sino que ya eran históricos, cuando hacia 1965 los Animals acompañaban en gira a Chuck Berry, quizás desconocieran que estaban devolviendo a su dimensión popular a una canción tan vieja, tal vez, como la ciudad de Nueva Orleans.

Artistas de todos los campos, desde dramaturgos y novelistas hasta bluesmen y blueswomen, anónimos o conocidos, entre el siglo XIX y el siglo XX, describieron la ciudad de Nueva Orleans (la ciudad colonial estadounidense por excelencia, en donde se mezcla el pasado francés, español y el anglosajón con la cultura afroamericana y el inmemorial legado indio: un auténtico crisol de culturas) como un lugar en el que la oportunidad se vuelve vicio y la gente que va a ella a vivir acaba atrapada en un destino de corrupción e inmoralidad sin salida: una ciudad en donde todo es posible, pero a qué precio. Ése es precisamente el origen de la canción folklórica más conocida del mundo: “The House Of The Rising Sun”. Los orígenes de la canción son imprecisos, ya que es tan versátil a través de sus versiones que no se puede decir si es la nieta de una antigua canción inglesa, como sostiene Alan Lomax –el gran folklorista estadounidense-, o si es un blues hecho por negros. Pero no sólo su música es así de versátil, sino también su letra: la canción nos habla en primera persona de alguien que, económica o moralmente, se ha arruinado en un antro conocido como La Casa del Sol Naciente, pero no hay una clara letra arquetípica, y el protagonista de la canción puede ser tanto un hombre como una mujer, en cuyo caso, la temática de la canción cambia considerablemente. Si es una mujer la que canta, “La Casa Del Sol Naciente” resulta ser un prostíbulo en donde ella ha vendido su ser y su vida y le resulta imposible salir de ahí; pero si es un hombre, y aún sin descartar la teoría del prostíbulo, viene a ser más bien una casa de juegos en donde el protagonista se ha arruinado y la única manera de salir de la miseria es volver a probar a suerte en el antro. O puede, poniéndonos metafísicos, que la Casa del Sol Naciente sea una metáfora sobre la ciudad de Nueva Orleans, o un arrabal suyo –o todos en conjunto-, tal y como se ha descrito. No obstante, en el enlace de arriba a la Wikipedia, se recogen algunos lugares, que ya no existen, que reclaman haber sido la famosa casa del amanecer (quizás llamada “del sol naciente” porque en ella te daban las del alba).

Como toda canción folklórica, sus orígenes no son claros, y mucho menos su autoría. Alan Lomax sostenía que la autoría de la canción pertenecía a dos estadounidenses de Kentucky, Georgia Turner (a la que produjo la canción) y Bert Martin (lo cual explicaría la ambigüedad del narrador) en base a una tradicional melodía inglesa:

La versión más antigua registrada pertenece a Clarence “Tom” Ashley, quien la aprendió de su abuelo, y Gwen Foster, en 1934:

En 1938 la grabaría el cantante country y directivo discográfico Roy Acuff: obviamente, la canción debió de empezar a volverse muy popular en Estados Unidos a causa de la Gran Depresión, que marcó las dos décadas siguientes tanto social como culturalmente:

Así, en los años 40 y 50, los jóvenes folkloristas y cantautores que surgieron en la posguerra la convirtieron en un estándar en sus recitales y grabaciones, dándole su identidad étnica dependiendo, a menudo, de la del cantante: Leadbelly, Woody Guthrie, Pete Seeger, Odetta… Hicieron sus versiones, como de las grandes canciones populares norteamericanas, quizás orientadas a la temática más social que folklórica en ocasiones.

Y así, de los viejos folksingers pasó a los jóvenes cantautores de Folk y Country que se arremolinaban en torno a los cafés del bohemio Greenwich Village neoyorquino: uno de ellos fue Dave Van Ronk, quien, al parecer, le dio a la canción un toque personal muy original con sus arreglos, y se la enseñó a otro joven folksinger llegado de las tierras de Minnesota:

Así pues, cuando en 1962 apareció el primer disco de Bob Dylan, de título homónimo, Van Ronk se disgustó mucho con él porque en los créditos del disco su versión de “The House Of The Rising Sun” no aparecía como acreditado de los arreglos, aunque tampoco venía ninguna otra indicación:

Sin embargo, ni Van Ronk ni Dylan fueron los únicos en grabar su versión de la canción, ya en 1960 lo había hecho Joan Baez en un estilo más próximo al blues, probablemente aprendida de Seeger:

Ésta es la letra más tradicional que he encontrado -según el enlace– con protagonista femenina:

The House Of The Rising sun

There is a house in New Orleans They call the Rising Sun.
It’s been the ruin of many a poor girl, and me, O God, for one.

If I had listened what Mamma said, I’d ‘a’ been at home today.
Being so young and foolish, poor boy, let a rambler lead me astray.

Go tell my baby sister never do like I have done.
To shun that house in New Orleans they call the Rising Sun.

My mother she’s a tailor; she sold those new blue jeans.
My sweetheart, he’s a drunkard, Lord, Lord, drinks down in New Orleans.

The only thing a drunkard needs is a suitcase and a trunk.
The only time he’s satisfied is when he’s on a drunk.

Fills his glasses to the brim, passes them around.
Only pleasure he gets out of life is hoboin’ from town to town.

One foot is on the platform and the other one on the train.
I’m going back to New Orleans to wear that ball and chain.

Going back to New Orleans, my race is almost run.
Going back to spend the rest of my days beneath that Rising Sun.

La Casa Del Sol Naciente

Hay una casa en Nueva Orleans. La llaman El Sol Naciente./ Ha sido la ruina de muchas pobre chicas, y yo, Oh Dios, para una.// Si hubiera escuchado lo que mi mamá me dijo, estaría hoy en casa./ Siendo tan joven y tonto, pobre muchacho, dejé que un vagabundo me descarriara.// Dile a mi hermana pequeña que nunca haga lo que yo he hecho./ Que rehúya de esa casa de Nueva Orleans que la llaman El Sol Naciente.// Mi madre es costurera; vendió esos vaqueros nuevos./ Mi novio es un borracho, Señor, Señor, bebe en Nueva Orleans.// Lo único que un borracho necesita es una maleta y un baúl./ El único momento en el que está satisfecho es cuando está bebido.// Llena sus vasos hasta el borde, los pasa a su alrededor./ El único placer que obtiene de la vida es vagar de pueblo en pueblo.// Un pie está sobre el andén y el otro en el tren./ Vuelvo a Nueva Orleans para llevar esa bola con cadena.// Vuelvo a Nueva Orleans, mi carrera está casi acabada./ Vuelvo a pasar el resto de mis días bajo ese Sol Naciente.

La versión de Dylan cruzó el charco, y llegó a uno de los jóvenes grupos de blues y rythm’n’blues británicos: The Animals, grupo que –en mi opinión- interpretaron de una manera más profesional la música tradicional afroamericana; y así, el grupo encabezado por Eric Burdon y Alan Price, puso en las listas de éxitos una de las canciones más conmovedoras del imaginario tradicional estadounidense, no sé si cambiando la letra, o apoyándose en alguna de las innumerables versiones existentes.

The House Of The Rising Sun

There is a house in New Orleans
They call the Rising Sun
And it’s been the ruin of many a poor boy/ girl
And God I know I’m one

My mother was a tailor
She sewed my new bluejeans
My father was a gamblin’ man
Down in New Orleans

Now the only thing a gambler needs
Is a suitcase and trunk
And the only time he’s satisfied
Is when he’s on a drunk

Oh mother tell your children
Not to do what I have done
Spend your lives in sin and misery
In the House of the Rising Sun

Well, I got one foot on the platform
The other foot on the train
I’m goin’ back to New Orleans
To wear that ball and chain

Well, there is a house in New Orleans
They call the Rising Sun
And it’s been the ruin of many a poor boy
And God I know I’m one

La Casa Del Sol Naciente

Hay una casa en Nueva Orleans/ que la llaman El Sol Naciente/ y ha sido la ruina de muchos pobres chicos-chicas/ y Dios sabe que soy uno de ellos.// Mi madre fue costurera,/ cosió mis vaqueros nuevos,/ mi padre fue un jugador/ en Nueva Orleans.// Lo único que necesita un tahúr/ es una maleta y un baúl,/ y el único momento en que está satisfecho/ es cuando está bebido.// Oh madre, dile a tus hijos/ que no hagan lo que yo he hecho,/ pasar vuestras vidas en el pecado y en la miseria/ en la Casa del Sol Naciente…

La interpretación de los Animals fue versionada por un grupo de pop catalán llamado Els Dracs (los dragones) como “La Casa Del Sol Neixent”:

Más versiones indispensables. Comenzando con los cantautores de la posguerra. Woody Guthrie interpretándola como balada country:

Pete Seeger, por su parte, prefiere una interpretación más cercana al blues:

La impresionante Odetta:

Y, siguiendo con las damas negras de la canción, la gran Nina Simone:

La sudafricana Miriam Makeba:

De las versiones de los nuevos cantautores estadounidenses de los 60, me gustaría resaltar la de Tim Hardin –uno de mis favoritos-, que parece basarse mucho en los arreglos Van Ronk-Dylan. Escúchala.

Y es que, ni siquiera un bluesman progresivo como era el señor Jimi Hendrix pudo resistirse a la fuerza de esta canción y hacer su propia versión, aunque instrumental:

Vamos acabando, dando un salto en el tiempo, con la  hermosa versión de la cantautora irlandesa Sinéad O’Connor:

Y, finalmente, como le vi hace unos días en televisión, Mr. Eric Burdon, gozando de buena salud:

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Nunca conocí a Pete Seeger (por Antonio Gómez)

7 de mayo de 2009

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Saco un momento la cabeza del agua para respirar en esta inmersión post-prejubilación en la que ando metido y compruebo una vez más que soy un desastre. Adrian me había comunicado hace más de un mes que se iba a celebrar el concierto homenaje a Pete Seeger, que ya tenía una cosa comprometida (la que ha publicado hoy de Julio), y que si yo podía escribir algo sobre el tema. Le dije que sí, claro, faltaría más. Ha llegado el día y aquí ando, sin haber cumplido el encargo, así que improvisaré ahora, resumiendo, lo que no he sido capaz de escribir a tiempo.

Siendo Seeger uno de los cantautores que mayor respeto me merecen y cuya obra más admiro, no he llegado a conocerle nunca, pese a que no faltaron ocasiones. La primera vez que él vino a España en 1971, yo estaba en el trullo (Elisa Serna fue a contarme luego la reunión que habían tenido Adolfo Celdrán y ella). La última, cuando hace 16 años se celebró en Barcelona el 30 aniversario de “Al vent”, la canción de Raimon, pude pasar después del concierto detrás del escenario y saludarle, pero no lo hice. Me hubiera gustado tener una larga conversación con él, claro, pero darle la mano y decirle “Mr. Seeger, le admiro mucho, déme dos besos que no me voy a lavar la mejilla en un año”, me parecía una chorrada mitómana. Y si algo no soy –creo- es mitómano.

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Foto de Enrique Meneses

Pete Seeger cantaba dos canciones en uno de los tres primeros discos que compré de una tacada en mi vida. Debió ser en 1965. Los otros dos fueron “Bird” de Charlie Parker y “Cuadros de una exposición” de Mussorgsky. El otro era un colectivo de folk estadounidense en el que, aparte de Seeger, estaban, que recuerde ahora, Dylan y P.F. Sloan. Dos o tres años después, Joaquín Díaz facilitó la publicación de los primeros discos de Seeger en España, en el sello Movieplay, y casi al mismo tiempo hice amistad con Fernando Santos Fontela, que vivía en USA y que publicó, con el seudónimo de Ramón Padilla, el libro “Canciones de protesta del pueblo norteamericano”. Y me trajo un montón de discos que incluían joyas como grabaciones de Peter Lafarge, Malvina Reynolds, Sonny Terry, Tom Paxton, Phil Ochs, Judy Collins, Richard y Mimi Fariña, Julius Lester… En fin, que me puso en casa.

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Entre aquellos discos los había, naturalmente de Pete Seeger y de Woody Guthrie (juntos en la foto), dos nombres que para mi están íntimamente relacionados como principales figuras de ese momento fecundo de la música de cualquier país que es el del paso del folklore tradicional a la canción contemporánea a partir de la evolución del lenguaje de la música popular. Ambos, desde diferentes funciones, marcaron ese momento de la música estadounidense. Si Guthrie fue, indudablemente, el gran creador del movimiento, Seeger fue, indiscutiblemente, el gran difusor. Los dos se compenetraron para dar luz (no en solitario, pero sí en cabeza del pelotón) una nueva música que ha llegado hasta hoy, cambiada, pero no irreconocible.

Pese a haber grabado más de cien discos en solitario, Seeger siempre ha sostenido la idea (y quien escuche sus discos en directo comprobará que no miente) de que lo importante no era que el artista cantara encima de un escenario, sino que lo decisivo era que transmitiendo sus canciones animara a la gente a cantar y, lo que es más importante, a escribir sus propias canciones. Es, desde luego una idea que proviene de la vieja tradición folklórica del boca oído y la creación colectiva, y empeñarse en que no muriera deja de ser un anacronismo, pero tiene la grandeza de las causas perdidas, a las que Seeger ha estado unido toda su vida, con una coherencia (y a veces con un cierto dogmatismo, todo hay que decirlo: recordemos el follón con Dylan en Newport) que denota la firmeza de sus ideas y su calidad humana.

Esa coherencia musical (que no quiere decir estancamiento, y ahí está su discografía para probarlo) también la ha mantenido en el ámbito ideológico. Militante comunista en su momento, una militancia de la que nunca ha renegado, aunque como tal la haya abandonado hace tiempo, siempre estuvo metido en todos los fregaos, poniendo su canto al servicio de los obreros que luchaban por sindicarse; de los antifascistas que primero se solidarizaron con la España republicana, luego se enfrentaron a los nazis (con aquella tremenda contradicción que supuso el pacto Stalin-Hitler) y aún debieron comparecer ante McCarthy; de los negros que peleaban por no ir en la parte trasera del autobús; o de los jóvenes que rechazaban la guerra de Vietnam. Es verdad, como explica Julio, que desde hace tiempo su principal compromiso es con la ecología, y, en concreto, primero fue con la recuperación del río Hudson y luego con su mantenimiento. Es, probablemente, la única batalla que Seeger ha ganado en su vida. En cualquier caso, el ecologismo no ha supuesto que no haya colaborado, y lo siga haciendo, con otras causas progresistas de todo el mundo. Desde la solidaridad hace años con la Nicaragua sandinista a su lucha contra la política de Bush y, especialmente, la guerra de Irak (durante todo ese periodo su página Web se abría con una nota en la que se pedía el enjuiciamiento de Bush como criminal de guerra).

El viejo Seeger que sus discípulos –porque discípulos son, incluido el huidizo Dylan– han homenajeado es distinto al que comenzó su carrera recorriendo los caminos y las vías férreas de Estados Unidos con Woody Guthrie cantando en tabernas y pintando carteles para sobrevivir, qué duda cabe, pero también es el mismo. De los años 40 acá, su trayectoria personal y artística es un hilo conductor en el que varían las formas, pero no las esencias. Y quizás sea esa fidelidad y coherencia lo que se ha querido homenajear, aparte de esos longevos 90 años.

Mientras escribo, ando escuchando “Where Have All the Flowers Gone. The Songs of Pete Seeger”, el doble CD en su homenaje que en 1998 grabaron en estudio un grupo de cantantes en el que figuran casi los mismos que ahora han recordado su 90 cumpleaños y algunos más: Jackson Browne, Bonnie Raitt (que bonita es la versión que ambos hacen de “Kisses Sweeter Than wine”), Tish Hinojosa, Billy Bragg, Peter, Paul & Mary, The Weavers (ya viejecitos, con una Ronnie Gilbert que canta como nunca), Tim Robbins (sí, el director de cine, que canta con un coro de niños una hermosísima “All My Children Of The Sun”), Donovan y Holly Near entre otros. Es un disco que merece la pena, lo recomiendo. Como lo será el que sin duda saldrá de este último concierto. Tal vez sea el último de una larga carrera. Lo guardaré como oro en paño, como los demás suyos.

NOTA: Por cierto, pinchando en esta dirección puede encontrase una estupenda y larga entrevista (traducida al castellano) con Pete Seeger.

A la hora de buscar canciones suyas en youtube, interpretadas en directo, es difícil encontrar actuaciones de joven, debido al boicot televisivo que sufrió. Las únicas son las del programa que hizo para la TV pública de Nueva York en 1962: “Raimbow Quest” (está en DVD), en el que cantó con un sinfín de compañeros demostrando como hacer un espacio atractivo con nada, sólo música y talento.

1962. Con June Carter y Jonnhy Cash en el programa “Raimbow Quest”:

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Lynch, Seeger, la meditación y la trucha (by Julio Valdeón Blanco)

7 de mayo de 2009

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Hace un mes dimos (los medios, o sea, sus obreros) amplia noticia del concierto que reunía a Paul McCartney y Ringo Starr en el Radio City Music Hall. La chochona melódica y el baterista gracioso hicieron de la noche un alegato rocanrolero. Le robaron el escenario a David Lynch, empeñado en recaudar fondos para que los niños pobres accedan a los beneficios de la meditación. Toma castaña. A falta de antivirales, agua o comida, sobredosis Zen. Por acabado que muchos consideren a Marx, el filósofo con mariposas en las barbas delineó hasta la corva el sentido último del opio espiritual, así en los días de los infantes deshollinadores como en la era de la lechuga vegana y el trascendentalismo chic. Que Lynch está gagá resulta obvio. Como tantos artistas millonarios cree disponer de la fórmula mágica. Aliviará este valle de mierda porque su capacidad creativa le otorga poderes demiúrgicos. Es lo que tienen los premios, y la coca. A este paso el descrédito de los intelectuales será irreparable. Siguiendo la divisa antigua, con el habla trabucada por el ego, montan un caballo a la manera de Don Quijote y parten a la conquista de la dicha universal. Qué pesaditos.

Otro renombrado activista, sólo que menos marciano, ha sido, es, Pete Seeger. Cumplía noventa años. Un tremendo cartel de discípulos, amigos, socios y colaboradores tomó las tablas del Madison Square Garden para festejarlo. Al reclamo acudieron Bruce Springsteen, Tom Morello, John Mellencamp, Emmylou Harris, Kris Kristofferson, Dave Matthews, Arlo Guthrie, Joan Baez, Steve Earle, Bela Fleck, Michael Franti, Ben Harper, Tom Paxton, Richie Havens, Ani DiFranco, Patterson Hood, Eddie Vedder, Ladysmith Black Mambazo, Ramblin´ Jack Elliot, Roger Mcguinn o Taj Mahal. Faltaron Bob Dylan, de gira por Europa (y poco dado, intuyo, a cantar “This land is your land” en cascabelera comunión cósmica) y Silvio Rodríguez, al que las autoridades estadounidenses denegaron por lo fino el visado. Aclaro que el cubano me parece un compositor e instrumentista superdotado, y un dogmático insufrible cada vez que engancha el enésimo subidón guevarista, pero eché en falta que alguien le dedicara un capotazo, unas palabras de apoyo, un guiño, no sé, algo.

Como en el concierto del cincuenta cumpleaños de Dylan, callaron como putas. Entonces, porque no parecía conveniente poner de mala leche al público tocándole los nuncios al Santo Padre; el domingo, porque en tiempos de “Working on a dream” (qué desorientado y banal suena últimamente mi amado Bruce, con lo que ha sido, dios), estropear los coros y danzas recordando la evidente monstruosidad del bloqueo quedaba muy feo.

Sí, claro, odiamos al senador McCarthy, aquel borracho paranoico y cabrón. Oh, cielos, condenamos la Caza de Brujas, etc., sólo que mejor hacemos mutis y esperamos para soltar la lengua cincuenta o sesenta años. Mejor, quita, quita, demostramos la tenacidad de nuestras convicciones cuando el asunto sea pasto de gusanos, desayuno de historiadores, criadero de moho.

Al menos el gran Seeger hace tiempo que abandonó su musculada defensa del hombre socialista por la más prosaica aspiración de limpiar el Hudson. Mucho mejor, digo, sacarle brillo a las truchas, desatascar rápidos, depurar aguas, que la empanada del Sr. Lynch y sus mantras curriculares.

Y lo peor no es eso.

Lo más chungo es que cualquier día se pone flamenco y zas, nos castiga el páncreas con otra película, por ejemplo, mmm…, Inland Empire II.

Acojona, ¿eh?

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