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La muy grata sorpresa de Liam Gallagher

Why Me? Why Not.” es la muy grata sorpresa que nos ha deparado Liam Gallagher. Cuando uno (equivocadamente) pensaba que al excantante de Oasis le quedaba poco o nada por decir, el menor de los hermanos Gallagher se descuelga con este impresionante álbum. El segundo tras la ruptura de Oasis.

El título, “Why Me? Why Not.“, responde a dos dibujos de John Lennon. El primero “Why Me?” lo adquirió en una galería de Munich a finales de los 90. Y el segundo “Why Not” fue un regalo de Yoko Ono. La influencia de John (y de los Beatles) es patente a lo largo de las 14 canciones que configuran el disco (hay una versión reducida con solo 11 temas). Hay un par en las que las referencias son más que obvias y se deben entender como homenajes al “Across The Universe” (en “Once“) y el “Hey Bulldog” (calca la entrada de piano en “Halo“). El eco de su voz es otra señal significativa. La pasión de los Gallagher por Beatles es de sobra conocida (en estas grabaciones hay un par de toques de guitarra que nos remiten a George Harrison). Pero no por eso deja de ser relevante que Liam siga bebiendo de sus fuentes. Y mucho mejor aún si lo hace con la frescura y el talento que derrocha en esta producción.

Para la composición de los 14 temas ha contado con la colaboración de los coproductores del CD: Greg Kurstin, Andrew Wyatt y Simon Aldred. Con Kurstin, uno de los productores cotizados del momento, ya había colaborado en su anterior trabajo (el primero tras la separación de Oasis). Los trabajos de Kurstin van desde Adele (“25“) hasta Foo Fighters pasando por Kendrick Lamar, Sia, Paul McCartney, Beck, Pink, Kylie Minogue, Lily Allen o Ben Harper, ponen de relieve su versatilidad y la profundidad de su trabajo tanto de productor como de autor.

Why Me? Why Not.” es perfecto para conducir. Ayer lo subí a casa para escucharlo en mi equipo a todo volumen. Confirmé todo lo que pensaba. Y cierro esta reseña como la empecé, pero cambiando al protagonista porque paso de Liam Gallagher al rock (o al pop rock si así lo prefieren): cuando uno (equivocadamente) pensaba que al rock le quedaba poco o nada por decir, este “Why Me? Why Not.” te devuelve la fe. Además el álbum cuenta con “Shockwave“, uno de los mejores sencillos de rock de los últimos años. ¡Gracias Liam Gallagher!

LG

 

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Art Neville (1937-2019)

En Nueva Orleans no ganan para sustos: ayer supe del fallecimiento del gran Art Neville Poppa Funk a los 81 años de edad (cumpliría 82 en diciembre). Estaba tocado de la salud según el comunicado de la familia.

Teclista y cantante fundó dos agrupaciones básicas: The Meters (llamados originalmente Neville Sounds y posteriormente The Funky Meters) y los Neville Brothers. Con los primeros ayudó a definir el sonido r&b y funk de Nueva Orleans. Se convirtieron en la banda de otro grande, Allen Toussaint. Con los Meters le vimos en Barcelona en junio de 1976, antes de la primera actuación de los Rolling Stones en España. Además de Toussaint también colaboraron con Robert Palmer y Paul McCartney (entre otros) aparte de otras luminarias de la ciudad más importante de la música popular del siglo XX.

El álbum “Yellow Moon” fue el pelotazo mundial de los Neville Brothers. En el video cuentan con John Hiatt y Herbie Hancock.

En 1954, con 16 años, cantó “Mardi Gras Mambo” con The Hawketts y que se convirtió en el himno del Carnaval de la ciudad desde entonces. (Una prueba más del impacto del mambo en los 50). También la grabó con The Meters.

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50 años de la grabación de “Give Peace A Chance”

Hoy 1 de junio se cumplen 50 años de la grabación de “Give Peace A Chance” en Montreal. El sencillo, editado la primera semana de julio, venía firmado por la Plastic Ono Band. Supuso el primer disco de John Lennon fuera de los Beatles, a los que seguía perteneciendo (el fin del grupo se materializaría al año siguiente). Por eso originalmente la autoría se atribuyó a Lennon/McCartney. Posteriormente, tras la separación, ya figuraría John como único autor.

A la grabación, realizada en la suite del hotel donde se alojaban John y Yoko (de luna de miel) asistieron periodistas y disc jockeys (como Murray the K y Roger Scott), Timothy Leary, un rabino, varios Hare Krishna, Petula Clark, Allen Ginsberg,  el activista afroestadounidense Dick Gregory. Tommy Smothers (de los Smothers Brothers) acompañó a  Lennon a la guitarra.

El sencillo fue n.º 1 en Holanda, n.º 2 en Austria, Bélgica y Gran Bretaña, n.º 4 en Alemania y Suiza, n.º 8 en Canadá.

En Estados Unidos no logró entrar en el Top 10: n.º 11 en Cashbox y n.º 14 en Billboard. En cambio, se convirtió en el himno pacifista por excelencia, presente en todas las manifestaciones contra la guerra en Vietnam.

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Billy Joel con John Fogerty

En los recitales de Billy Joel en el Madison Square Garden de Nueva York suelen aparecer invitados muy especiales. Hace unos días fue John Fogerty de la Creedence Clearwater Revival. Interpretaron dos clásicos de la banda: “Up Around The Bend” y “Fortunate Son“, el alegato anti pijo de la CCR.

Fogerty se une así a una larga lista que va desde Paul Simon hasta Brian Johnson de AC/DC pasando por Paul McCartney, Steve Miller, Tony Bennett o Miley Cyrus.

El próximo 9 de mayo Billy Joel cumplirá 70 años. Y ahí sigue, al pie del cañón. Estos conciertos del MSG forman parte de las celebraciones de sus siete décadas de vida.

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Fabulosa Rihanna con Kayne West y Paul McCartney

FourFiveSeconds” es el fabuloso nuevo single de Rihanna con Kayne West y Paul McCartney. Un temazo compuesto por West, McCartney, Kirby Lauryen, Mike Dean, Tyrone Griffin, Dave Longstreth, Dallas Austin, Elon Rutberg y Noah Goldstein. Es el anticipo del nuevo álbum de la de Barbados que promete más sorpresas.

El domingo estarán los tres en directo en la gala de los Grammy.

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Un siglo de canciones 91: “In My Life” (por Elena Gabriel)

25 de enero de 2011

There are places I’ll remember all my life

Though some have changed;

Some forever, not for better,

Some have gone and some remain…

Un trocito de arte”. Así definió John Lennon su canción  autobiográfica, al menos, hasta el día en que la compuso… Le gustaba, sí, y mucho. Tal vez su mejor canción. Para muchos, otra canción de los Beatles, otra nana pop para endulzar nuestros oídos. Pero una canción escrita desde la cima mirando hacia abajo, o hacia el cielo; un trozo de lucidez musical…

Lennon tenía 24 años cuando empezó a escribir esta canción. La letra original era diferente. Hacía hincapié en sitios de su infancia: Penny Lane, Church Road, the Abbey, St Columbus, the Dockers Umbrella…. el  recorrido del autobús que lo llevaba al colegio.

 La música fue una inspiración: “You Really Got A Hold On Me”, de los Temptations, sonaba en su cabeza. Lennon estaba muy Motownizado para entonces… La historia del disco en sí es breve: la grabaron en octubre,  en 1965, de un tirón. Cinco días más tarde, George Martin grabó el piano sonando a clavicordio. El toque mágico… Fue un track de “Rubber Soul” (salió a la venta en 1965).

Pero “In My Life” no se queda ahí…

¿En quién pensó Lennon cuando escribió esta letra? Porque la letra es suya (la música también).

  • En Stu Stucliffe, su amigo de Liverpool, bajista de los Beatles que tocaban en Hamburgo en los últimos 50/primeros 60… fallecido en 1962 de un derrame cerebral.  El misterioso rocker que decidió quedarse en Hamburgo con su amor, tras haber enamorado a la fotógrafa Astrid Kirchherr (a la sazón novia de Klaus Voorman, quien más tarde y ya en Londres, sería amigo e ilustrador de los Beatles y bajista de Manfred Mann).
  • En Pete Shotton, su amigo de la infancia, compañero de clase y de correrías,  amigo de los medios y de los músicos…
  • En su madre, fallecida casi diez años atrás; o en su tía Mimi, su madre putativa; en sus novias, en su jardín,  en sus dibujos de clase, en la grasa del pelo, en sus sueños de rockero…
  • ¿Era una visión futurista de su break-up con los Beatles?
  • En Paul McCartney, su entonces amigo íntimo… que lo traicionaría años más tarde anunciando la separación de la banda.
  • En una Yoko Ono desconocida aún…
  • En Brian Epstein, su amigo y descubridor…
  • En Cynthia Powell, su esposa y madre de su hijo…

There are places I’ll remember all my life though some have changed
Some forever not for better
Some have gone and some remain
All these places had their moments
With lovers and friends I still can recall
Some are dead and some are living
In my life I’ve loved them all
 

But of all these friends and lovers
There is no one compares with you
And these memories lose their meaning
When I think of love as something new
Though I know I’ll never lose affection
For people and things that went before
I know I’ll often stop and think about them
In my life I love you more

Though I know I’ll never lose affection
For people and things that went before
I know I’ll often stop and think about them
In my life I love you more
In my life I love you more 

Hay sitios que recordaré toda mi vida aunque algunos cambiaron /Algunos para siempre, no a mejor /Algunos se fueron y otros permanecen /Todos esos sitios tuvieron su momento /Con amantes y amigos que aún recuerdo /Algunos se han ido y otros viven /En mi vida los he querido a todos

Pero entre todos esos amigos y amantes /Nadie es comparable a ti /Y esos recuerdos pierden su sentido /Cuando pienso en el amor como algo nuevo /Aunque sé que nunca perderé el cariño /Hacia la gente y las cosas que hubo antes /Sé que a menudo me detendré y pensaré en ellos /En mi vida te quiero más.

Aunque sé que nunca perderé el cariño /Hacia la gente y las cosas que hubo antes /Sé que a menudo me detendré y pensaré en ellos /En mi vida te quiero más /En mi vida te quiero más.

Decía que Lennon tenía 24 años cuando empezó a escribir esta canción.

Un año después, sus sentimientos habían cambiado: la gente subió peldaños en su estima, los sitios no eran tan importantes. De “Help”  a “Rubber Soul” había un sutil pero largo peldaño. Del grito pasábamos a la introspección… del pop rabioso subíamos a la melodía comprometida. Y de la simplicidad del  -genial, por cierto-  yeah yeah yeah yeah  ascendíamos al la mirada nostálgica y barroca.

Era la puerta del futuro. Un LP más tarde, “Revolver”, empezaría tímidamente la psicodelia; una bisagra para un mundo nuevo de colorines que se impondría abiertamente con “Sgt. Pepper’s”. El blanco y negro del elegante Richard Lester (hizo tres películas con Lennon y fue su mejor cronista visual en esos años) daba lugar a una bruma deliciosa, matizada por la nostalgia y la harmonía.

In My Life” fue la canción sorpresa que esperaba el sector Lennoniano. “Yesterday” ya representaba la otra evolución, para lo que hoy llamamos mainstream.

De modo que la dejó estar.  

Un año más tarde retomó esa letra que ya había pasado de moda en su top ten personal.  Su vida había cambiado en ese año y la canción ya tenía poso… La  terminó en su casa, en Kenwood. Y pensó en su vida pasada, pero ya implicándose en el afecto, atreviéndose a romper la barrera humana… declarándose a su gente. No es una canción de amor a una chica… las frases finales no explican a quien van dedicadas… “I love you MORE...”… ahí queda el final abierto a tantas interpretaciones…

In My Life” es la canción que muchos quisieron en su funeral (Kurt Cobain, por ejemplo)

Es la melodía lirica que te arranca un quejido, que te pellizca el bajo pulmón, ahí dónde guardamos los recuerdos que tiñen nuestra objetividad de subjetividad.

In My Life” fue una canción premonitoria. Poco sabía Lennon que sus 40 años iban a encontrar un resumen tan poético como éste. Ni “Imagine” ni “Across The Universe” ni otras canciones más lennonianas pueden competir con “In My Life”… considerada como una de las mejores canciones de la historia del pop. Rolling Stone la puso en el puesto 23. Mojo, entre las 100 primeras.

Sí, hubo controversia… McCartney dijo que él también participó. Lennon lo niega. “In My Life” sigue siendo un caramelito y la guinda del pastel.

 

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Un siglo de canciones 78: “Blackbird” (por Antonio Perea)

23 de julio de 2010

Cuando hace un par de meses supe que acababa de fallecer la gran pianista francesa  Yvonne Loriod (1924-2010), viuda del músico francés Olivier Messiaen (1908-1992), se me vino enseguida a la cabeza, luego explicaré por qué, esta canción de los Beatles. Se trata de una de esas canciones pequeñas que a mí me gustan tanto. Recuerdo que cuando aún no había tenido la oportunidad de hacerme con el  “Álbum Blanco” en el que venía incluida, leí una reseña en una de las revistas que por entonces acostumbraba a comprar. Creo que era “Mundo Joven”, y creo que el firmante era un tal José María Íñigo, a la sazón uno de los disc-jockeys de la Cadena SER. Aunque podría ser otra revista y otro autor, porque hablo de memoria. El artículo afirmaba que “Blackbird” y “Mother Nature’s Son” habían sido grabadas por Paul McCartney durante una madrugada, y que lo hizo a solas en el estudio. No sé si el término “a solas” incluía que él mismo se hubiera abierto la puerta, encendido la luz y puesto en marcha los magnetofones. Que lo cantó en solitario es evidente, y más que verosímil que las armonías vocales y la parca instrumentación de ambas canciones se las despachara él solo a base de regrabaciones.

Blackbird” es simplemente la voz de Paul, su guitarra y un obstinado golpeo rítmico que siempre habíamos atribuido a un metrónomo, pero que luego leí que era el zapato del artista llevando el compás contra el suelo. A media canción aparece un segundo participante: un mirlo (en inglés, blackbird), el poeta de las tinieblas de la noche en el mundo de las aves, junto con el ruiseñor. Su complejo trinar se convierte en contrapunto casi armónico a la melodía y se prolonga fugazmente en solitario al final de la canción con un canto que luego he reconocido mil veces en los jardines próximos a mis sucesivas viviendas. De hecho ya lo había escuchado desde niño en mis excursiones por la sierra –‘así es que se trataba de mirlos’, reflexionaba yo desde entonces-. Los mirlos, como los ruiseñores, cantan sus mejores trinos durante lo más profundo de la noche (“in the dead of night”). Quizá eso es lo que despertó e inspiró a McCartney para aquellas sesiones, igual que décadas antes había sido inspiración para Olivier Messiaen. McCartney es un personaje archiconocido para todos nosotros. Messiaen lo es mucho menos. Permitidme que dedique unos párrafos a desentrañarlo mínimamente. 

Olivier Messiaen gustaba tanto de autodefinirse como músico cuanto como ornitólogo. Desde su primera juventud identificaba a los pájaros por su canto, y en cuanto podía, anotaba en un pentagrama aquello que había oído, supliendo así la carencia entonces de una tecnología transportable más adecuada. Su obra en ocho movimientos “Quatuor Pour La Fin Du Temps”, a la que Alex Ross en su libro “El ruido eterno atribuye a nada menos que el inicio de las vanguardias -abriendo el camino que habrían de recorrer después los Boulez, Stockhausen o Cage, tan queridos por nosotros los rockeros-, se inicia con un primer movimiento al que Messiaen llamó “L’Abime Des Oiseaux” (El abismo de los pájaros) que compuso cuando cayó prisionero de los nazis en 1940. “Las voces del mirlo y el ruiseñor llevan el peso del movimiento para clarinete solo”, describe Ross. Deportado después en un campo de prisioneros de Görlitz, localidad de Silesia limítrofe con Polonia, Messiaen promovió allí en 1941 la primera interpretación de la obra con la ayuda de otros músicos presos y ante un auditorio mixto de reclusos y carceleros. No es necesario explicar qué oscuros y explícitos presentimientos le llevaron a llamar a su obra “Cuarteto Para El Final Del Tiempo”. Terminada la guerra, Messiaen siguió acumulando una ingente cantidad de pentagramas con cantos de pájaros, más otro buen volumen de trinos almacenados en rudimentarias grabaciones de campo. Una buena parte de ellos los vuelca en su gigantesca obra para piano “Catalogue Des Oiseaux” (1956-1959), donde vuelve a aparecer con protagonismo el canto del mirlo.

La primera mujer de Messiaen, Claire, compositora también y notable violinista, falleció en 1959 tras una cruel enfermedad mental que la mantuvo recluida en un sanatorio durante muchos años. Entre los discípulos de Messiaen en aquellos días se contaban nombres luego ilustres, como los arriba citados Boulez y Stockhausen, y también Yvonne Loriod, cuyo fallecimiento el pasado mayo es, junto con el “Blackbird” de Los Beatles, el punto de partida de estas líneas. La formidable capacidad técnica de Loriod para leer a primera vista las complejísimas creaciones de su maestro -ni siquiera él era capaz- debió de ser un elemento fundamental en el “flechazo” que condujo a Messiaen primero al amor y luego, corriendo el año 1961, a unirse a ella en matrimonio.

 Yvonne Loriod no sólo dejó huella en la música como “mujer de Messiaen”, por más que la sombra del maestro, ‘su’ maestro, se proyectara inevitable sobre la carrera de la pianista. En su etapa de estudiante demostró estar inusualmente dotada para la música, con un oído absoluto sobre el que edificaba un dominio total de la técnica musical. Recibió la friolera de siete veces el premio de interpretación pianística del Conservatorio de París, en el que impartió clases de piano durante veinticinco años. Su actividad divulgativa y sus interpretaciones y grabaciones de las obras de los vanguardistas, entre ellos el propio Messiaen, es crucial para que el mundo haya conocido en condiciones dignas la literatura pianística de toda aquella generación de músicos.

A raíz de su unión, Loriod participa con Messiaen en la captura de más sonidos de pájaros –la insólita habilidad de Loriod para escribir en una partitura cualquier cosa que oía debió de resultar fundamental en el empeño-, algo a lo que la pareja dedicó gran parte de sus vidas viajando por todo el mundo siempre que las obligaciones de ella en el Conservatorio y las de Messiaen como organista de La Trinité se lo permitían.  El resultado de aquellos más de cuarenta años de recopilación quedó recogido en la obra de 1970 “Tratado De Ritmo, Color Y Ornitología”, titánica edición de más de 4.000 páginas en siete tomos que sin la aportación de Loriod quizá nunca hubiera visto la luz. También aquel archivo de campo constituye la base para la obra que Alex Ross considera la cumbre creativa de Messiaen: “Des Canyons Aux Etoiles…” (De los cañones a las estrellas…) compuesta en 1972 por encargo de la mecenas neoyorkina Alice Tully, que deseaba una obra conmemorativa del bicentenario de los Estados Unidos, y para la que el maestro buscó inspiración en un viaje en compañía de Yvonne Loriod por los cañones de Utah.

La caleidoscópica personalidad de Messiaen, enriquecida y puesta en valor por el trabajo infatigable a su lado de Yvonne Loriod, ha dado de sí para docenas de tratados cuyo resumen haría interminable el presente texto. Sirva como final de éste y como retorno a la inspiración de “Blackbird” la siguiente frase extraída de un cuaderno de campo de Messiaen:

Los pájaros son músicos. Escuchan las gotas de agua y el silbar del viento, y luego lo cantan.”

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