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Se cumplen 40 años del Concierto por Bangla Desh

Hoy se cumplen 40 años del Concierto por Bangla Desh. Fue el 1 de agosto de 1971 en el Madison Square Garden de Nueva York.

A una sugerencia de Ravi Shankar su amigo George Harrison se movilizó inmediatamente. Y se organizó el primer festival benéfico de la historia. El modelo a seguir años después por los Live Aid, las giras de Amnistía Internacional, etc. Nunca antes las superestrellas del Rock se habían congregado de forma altruista.

También sería la primera vez que un Beatle actuaria tras la separación del grupo. Y esa noche, hace 40 años, hubo dos sobre el escenario: Ringo Starr estuvo al lado de George, su excompañero y amigo.

Bob Dylan llevaba sin actuar desde agosto de 1969. Fue en el Festival de la Isla de Wight. Esta causa le sacó de su retiro. Salvo una aparición en el concierto de Nochevieja de The Band, ese mismo año (1971), no volvería a cantar en directo hasta 1974.

Harrison, Dylan y Russell en el MSG

Harrison le encargo la dirección musical a Leon Russell, quien en tiempo récord montó la banda base (su experiencia al frente de la gira de los Mad Dogs & Englishmen de Joe Cocker resultó decisiva, porque además casi no hubo tiempo para ensayar).

La siguiente pieza documental, con subtítulos en español, sitúa perfectamente el momento y la situación.

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Lynch, Seeger, la meditación y la trucha (by Julio Valdeón Blanco)

7 de mayo de 2009

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Hace un mes dimos (los medios, o sea, sus obreros) amplia noticia del concierto que reunía a Paul McCartney y Ringo Starr en el Radio City Music Hall. La chochona melódica y el baterista gracioso hicieron de la noche un alegato rocanrolero. Le robaron el escenario a David Lynch, empeñado en recaudar fondos para que los niños pobres accedan a los beneficios de la meditación. Toma castaña. A falta de antivirales, agua o comida, sobredosis Zen. Por acabado que muchos consideren a Marx, el filósofo con mariposas en las barbas delineó hasta la corva el sentido último del opio espiritual, así en los días de los infantes deshollinadores como en la era de la lechuga vegana y el trascendentalismo chic. Que Lynch está gagá resulta obvio. Como tantos artistas millonarios cree disponer de la fórmula mágica. Aliviará este valle de mierda porque su capacidad creativa le otorga poderes demiúrgicos. Es lo que tienen los premios, y la coca. A este paso el descrédito de los intelectuales será irreparable. Siguiendo la divisa antigua, con el habla trabucada por el ego, montan un caballo a la manera de Don Quijote y parten a la conquista de la dicha universal. Qué pesaditos.

Otro renombrado activista, sólo que menos marciano, ha sido, es, Pete Seeger. Cumplía noventa años. Un tremendo cartel de discípulos, amigos, socios y colaboradores tomó las tablas del Madison Square Garden para festejarlo. Al reclamo acudieron Bruce Springsteen, Tom Morello, John Mellencamp, Emmylou Harris, Kris Kristofferson, Dave Matthews, Arlo Guthrie, Joan Baez, Steve Earle, Bela Fleck, Michael Franti, Ben Harper, Tom Paxton, Richie Havens, Ani DiFranco, Patterson Hood, Eddie Vedder, Ladysmith Black Mambazo, Ramblin´ Jack Elliot, Roger Mcguinn o Taj Mahal. Faltaron Bob Dylan, de gira por Europa (y poco dado, intuyo, a cantar “This land is your land” en cascabelera comunión cósmica) y Silvio Rodríguez, al que las autoridades estadounidenses denegaron por lo fino el visado. Aclaro que el cubano me parece un compositor e instrumentista superdotado, y un dogmático insufrible cada vez que engancha el enésimo subidón guevarista, pero eché en falta que alguien le dedicara un capotazo, unas palabras de apoyo, un guiño, no sé, algo.

Como en el concierto del cincuenta cumpleaños de Dylan, callaron como putas. Entonces, porque no parecía conveniente poner de mala leche al público tocándole los nuncios al Santo Padre; el domingo, porque en tiempos de “Working on a dream” (qué desorientado y banal suena últimamente mi amado Bruce, con lo que ha sido, dios), estropear los coros y danzas recordando la evidente monstruosidad del bloqueo quedaba muy feo.

Sí, claro, odiamos al senador McCarthy, aquel borracho paranoico y cabrón. Oh, cielos, condenamos la Caza de Brujas, etc., sólo que mejor hacemos mutis y esperamos para soltar la lengua cincuenta o sesenta años. Mejor, quita, quita, demostramos la tenacidad de nuestras convicciones cuando el asunto sea pasto de gusanos, desayuno de historiadores, criadero de moho.

Al menos el gran Seeger hace tiempo que abandonó su musculada defensa del hombre socialista por la más prosaica aspiración de limpiar el Hudson. Mucho mejor, digo, sacarle brillo a las truchas, desatascar rápidos, depurar aguas, que la empanada del Sr. Lynch y sus mantras curriculares.

Y lo peor no es eso.

Lo más chungo es que cualquier día se pone flamenco y zas, nos castiga el páncreas con otra película, por ejemplo, mmm…, Inland Empire II.

Acojona, ¿eh?

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