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Un siglo de canciones 75: “Una Canción (Pueblo De España Ponte A Cantar)” (por Gustavo Sierra)

1 de julio de 2010

La palabra hecha canto,

el grito estrangulado.

Vengan todos a verlo:

¡el pueblo está gritando!

A. Gómez

Corrían los años 50. Habían pasado ya 11 años desde el final de la guerra civil española y sólo apenas 5 desde la derrota de los fascismos beligerantes: a cambio, se instauró la Guerra Fría, una especie de “pásate un pelo y te meto” que ambos mandos mantenían como si fueran chulos de discoteca sin demasiado valor.

Por un motivo que era, a la vez, tanto ideológico como estético, varios intelectuales extranjeros posaron, entre la década de los 50 y la de los 60, su mirada sobre las manifestaciones artísticas, populares y cultas, de aquello que se dio en llamar cultura de la resistencia de la población y la intelectualidad española: Alan Lomax recorrió de norte a sur España recogiendo diversas manifestaciones folklóricas, yendo más allá del nacional-folklorismo y de los pseudo-gitanos para turistas; Ian Gibson también vendría para estudiar la figura, su arte y su vida, del gran Federico García Lorca (al que aún seguimos buscando), con la excusa –no sé si inventada- de un abuelo ultra-católico (es cierto que un pequeño, pero significativo número de católicos irlandeses vino en ayuda de la “perseguida iglesia española”) que vino a luchar con Franco. Y no menos importante fue la labor de dos periodistas italianos.

Sergio Liberovici y Michele Straniero eran dos periodistas influenciados por las tesis acerca del arte y la sociedad del gran Antonio Gramsci (otra víctima del fascismo por el mero hecho de usar el coco y de dar con la raíz del problema). Ambos estaban intensamente interesados por esa especie de folklore oculto que la población oprimida de un país elabora y vinieron a España con el permiso de su editorial, la Casa Einaudi, en el año 61. La situación no era demasiado buena para estos experimentos, y, casi como si fueran agentes de Moscú, los dos periodistas tuvieron que mantenerse en la más pura clandestinidad para evitar problemas, incluso dejar de verse con ciertos contactos que de repente se habían hecho del partido único.

El libro, editado en 1963, acompañado por tres discos (de los que no tengo noticia, a menos que uno de ellos sea el de Chicho Sánchez Ferlosio). se convirtió en una pequeña joya para todo interesado en folklore social, y, ni qué decir, en un importante documento antifranquista, hasta el extremo que el ministro de Información y Turismo (un tal Fraga, no sé si os suena) hizo una declaración pública contra este “libelo”. La editorial Einaudi tuvo que defenderse, no sólo de las embestidas del ministro de turno, sino además de los ataques de grupos neofascistas a sus oficinas y librerías.

En su estancia por todo el país, Liberovici y Straniero recopilaron canciones tan prohibidas y subversivas como la Canción de Bourg Madame,Los Hijos De Don León”, “Els Contrabandistas”, etc., la mayoría de ellas transformaciones de temas populares, tanto tradicionales como temas de moda (como “O Cangaceiro” o “Se Va El Caimán”)… Pero el libro contenía una pequeña trampa: una trampa afortunada que muchos seguimos agradeciendo. No todo eran canciones populares, propiamente dichas, sino que mezcladas con éstas se encontraban también textos a la usanza tradicional cuyos padres, en el anonimato, eran poetas que despuntaban o que ya lo habían hecho, como José Hierro y Jesús López Pacheco. Entre éstas estaban una historia versificada de un cura vasco que tiene la oportunidad de cargarse al caudillo mediante una hostia envenenada, y otra, “una canción” cuyo texto era tan sencillo como ardiente a la vez: “Una Canción” o “Pueblo De España Ponte A Cantar” era un canto de alabanza a la clase obrera del gran López Pacheco.

Pasó algo así como una década. A finales de los 60, el movimiento de la canción de autor, que despegó inmediatamente desde Cataluña a principios de los 60, no sólo estaba despuntando como música popular “seria” (sobre todo con el bombazo Raimon y los más inventivos de los Setze Jutges), sino que estaba en uno de sus momentos más álgidos (hasta el punto de la aparición de canciones reaccionarias protesta). Por toda España –y fuera- aparecían colectivos, agrupaciones y personajes individuales, y prácticamente todos ellos tenían como libro de cabecera este libro, también llamado Cancionero de Einaudi (algunos llegan a interpretar las canciones originales de las que éstas habían tomado la forma). Uno de estos grupos fue aquel que tenía su centro en Madrid, Canción del Pueblo (Nota Bene: la inclusión de este enlace no es ni por vanidad ni por autobombo, sino porque Adolfo Celdrán lo incluye en su página, cosa que me llena de orgullo y satisfacción borbónico), en cuyas filas estaban, entre otros, nuestro amigo Antonio Gómez (en calidad de ideólogo y de poseedor de gran material discográfico), la volcánica Elisa Serna, el beatnik hispano que era Hilario Camacho, y Adolfo Celdrán, que es de quien vamos a hablar.

Las nuevas y jóvenes discográficas interesadas en el fenómeno de canción de autor, permitieron a estos cantantes salir un poco del circuito de recitales en parroquias, colegios mayores y otros recintos pequeños y seguros, para encerrarse en un estudio y grabar un primer EP. Adolfo lo hace en Movieplay/ Fonomusic en 1969 con tres canciones (“General”, un fragmento del poema “Catón de guerra alemán” de Bertolt Brecht; “Bella Ciao”, el canto de batalla de los partigiani italianos; y “Cajitas”, la versión de la famosa canción de la estadounidense Mavina ReynoldsLittle Boxes”) que es prohibido casi de inmediato (serán incluidas en la reedición del LP en 2004). Y en 1971, Adolfo graba Silencio, su primer LP, producido por Carlos Guitart y con los arreglos y dirección orquestal del gran tanguero (¿o es tanguista?) Carlos Montero: textos de Brecht, de Carlos Álvarez, León Felipe, Nicolás Guillén, suyos (“A La Voz De Un Pueblo”, v. g.)… y López Pacheco. La portada es de Juan Genovés.

Para ese año, probablemente, había desaparecido ya bastante el peligro, pues en los créditos ya figura Jesús López Pacheco como autor de la letra y de la música al estilo castellano, pero no así la carga subversiva de la canción. Una primera versión fue rechazada debido a los versos:

Todas las manos/ se van a alzar,/ un solo puño/ las unirá…

La primera versión, aparecida en el LP resulta castrada, sin que por ello pierda su significado esencial. La versión íntegra será grabada en un LP del año 77 que, bajo el nombre “Denegado“, reunía aquellas canciones que la gobernación civil le había prohibido, ya fuera su grabación, su radiodifusión o su interpretación, ya su castración, como en este caso:

Pueblo De España Ponte A Cantar
(Una Canción)

Una canción,
una canción,
llena las calles
de la ciudad.

Canta el martillo,
canta el motor,
ya canta el brazo
trabajador.

Las herramientas
tienen cantar.
Lo canta el hombre
al trabajar.

Todas las manos
se van a alzar,
un solo puño
las unirá.

¡Pueblo de España
ponte a cantar!
¡Pueblo que canta
no morirá!

Pueblo que canta
no morirá.

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Un siglo de canciones (todos los posts)

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Nunca conocí a Pete Seeger (por Antonio Gómez)

7 de mayo de 2009

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Saco un momento la cabeza del agua para respirar en esta inmersión post-prejubilación en la que ando metido y compruebo una vez más que soy un desastre. Adrian me había comunicado hace más de un mes que se iba a celebrar el concierto homenaje a Pete Seeger, que ya tenía una cosa comprometida (la que ha publicado hoy de Julio), y que si yo podía escribir algo sobre el tema. Le dije que sí, claro, faltaría más. Ha llegado el día y aquí ando, sin haber cumplido el encargo, así que improvisaré ahora, resumiendo, lo que no he sido capaz de escribir a tiempo.

Siendo Seeger uno de los cantautores que mayor respeto me merecen y cuya obra más admiro, no he llegado a conocerle nunca, pese a que no faltaron ocasiones. La primera vez que él vino a España en 1971, yo estaba en el trullo (Elisa Serna fue a contarme luego la reunión que habían tenido Adolfo Celdrán y ella). La última, cuando hace 16 años se celebró en Barcelona el 30 aniversario de “Al vent”, la canción de Raimon, pude pasar después del concierto detrás del escenario y saludarle, pero no lo hice. Me hubiera gustado tener una larga conversación con él, claro, pero darle la mano y decirle “Mr. Seeger, le admiro mucho, déme dos besos que no me voy a lavar la mejilla en un año”, me parecía una chorrada mitómana. Y si algo no soy –creo- es mitómano.

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Foto de Enrique Meneses

Pete Seeger cantaba dos canciones en uno de los tres primeros discos que compré de una tacada en mi vida. Debió ser en 1965. Los otros dos fueron “Bird” de Charlie Parker y “Cuadros de una exposición” de Mussorgsky. El otro era un colectivo de folk estadounidense en el que, aparte de Seeger, estaban, que recuerde ahora, Dylan y P.F. Sloan. Dos o tres años después, Joaquín Díaz facilitó la publicación de los primeros discos de Seeger en España, en el sello Movieplay, y casi al mismo tiempo hice amistad con Fernando Santos Fontela, que vivía en USA y que publicó, con el seudónimo de Ramón Padilla, el libro “Canciones de protesta del pueblo norteamericano”. Y me trajo un montón de discos que incluían joyas como grabaciones de Peter Lafarge, Malvina Reynolds, Sonny Terry, Tom Paxton, Phil Ochs, Judy Collins, Richard y Mimi Fariña, Julius Lester… En fin, que me puso en casa.

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Entre aquellos discos los había, naturalmente de Pete Seeger y de Woody Guthrie (juntos en la foto), dos nombres que para mi están íntimamente relacionados como principales figuras de ese momento fecundo de la música de cualquier país que es el del paso del folklore tradicional a la canción contemporánea a partir de la evolución del lenguaje de la música popular. Ambos, desde diferentes funciones, marcaron ese momento de la música estadounidense. Si Guthrie fue, indudablemente, el gran creador del movimiento, Seeger fue, indiscutiblemente, el gran difusor. Los dos se compenetraron para dar luz (no en solitario, pero sí en cabeza del pelotón) una nueva música que ha llegado hasta hoy, cambiada, pero no irreconocible.

Pese a haber grabado más de cien discos en solitario, Seeger siempre ha sostenido la idea (y quien escuche sus discos en directo comprobará que no miente) de que lo importante no era que el artista cantara encima de un escenario, sino que lo decisivo era que transmitiendo sus canciones animara a la gente a cantar y, lo que es más importante, a escribir sus propias canciones. Es, desde luego una idea que proviene de la vieja tradición folklórica del boca oído y la creación colectiva, y empeñarse en que no muriera deja de ser un anacronismo, pero tiene la grandeza de las causas perdidas, a las que Seeger ha estado unido toda su vida, con una coherencia (y a veces con un cierto dogmatismo, todo hay que decirlo: recordemos el follón con Dylan en Newport) que denota la firmeza de sus ideas y su calidad humana.

Esa coherencia musical (que no quiere decir estancamiento, y ahí está su discografía para probarlo) también la ha mantenido en el ámbito ideológico. Militante comunista en su momento, una militancia de la que nunca ha renegado, aunque como tal la haya abandonado hace tiempo, siempre estuvo metido en todos los fregaos, poniendo su canto al servicio de los obreros que luchaban por sindicarse; de los antifascistas que primero se solidarizaron con la España republicana, luego se enfrentaron a los nazis (con aquella tremenda contradicción que supuso el pacto Stalin-Hitler) y aún debieron comparecer ante McCarthy; de los negros que peleaban por no ir en la parte trasera del autobús; o de los jóvenes que rechazaban la guerra de Vietnam. Es verdad, como explica Julio, que desde hace tiempo su principal compromiso es con la ecología, y, en concreto, primero fue con la recuperación del río Hudson y luego con su mantenimiento. Es, probablemente, la única batalla que Seeger ha ganado en su vida. En cualquier caso, el ecologismo no ha supuesto que no haya colaborado, y lo siga haciendo, con otras causas progresistas de todo el mundo. Desde la solidaridad hace años con la Nicaragua sandinista a su lucha contra la política de Bush y, especialmente, la guerra de Irak (durante todo ese periodo su página Web se abría con una nota en la que se pedía el enjuiciamiento de Bush como criminal de guerra).

El viejo Seeger que sus discípulos –porque discípulos son, incluido el huidizo Dylan– han homenajeado es distinto al que comenzó su carrera recorriendo los caminos y las vías férreas de Estados Unidos con Woody Guthrie cantando en tabernas y pintando carteles para sobrevivir, qué duda cabe, pero también es el mismo. De los años 40 acá, su trayectoria personal y artística es un hilo conductor en el que varían las formas, pero no las esencias. Y quizás sea esa fidelidad y coherencia lo que se ha querido homenajear, aparte de esos longevos 90 años.

Mientras escribo, ando escuchando “Where Have All the Flowers Gone. The Songs of Pete Seeger”, el doble CD en su homenaje que en 1998 grabaron en estudio un grupo de cantantes en el que figuran casi los mismos que ahora han recordado su 90 cumpleaños y algunos más: Jackson Browne, Bonnie Raitt (que bonita es la versión que ambos hacen de “Kisses Sweeter Than wine”), Tish Hinojosa, Billy Bragg, Peter, Paul & Mary, The Weavers (ya viejecitos, con una Ronnie Gilbert que canta como nunca), Tim Robbins (sí, el director de cine, que canta con un coro de niños una hermosísima “All My Children Of The Sun”), Donovan y Holly Near entre otros. Es un disco que merece la pena, lo recomiendo. Como lo será el que sin duda saldrá de este último concierto. Tal vez sea el último de una larga carrera. Lo guardaré como oro en paño, como los demás suyos.

NOTA: Por cierto, pinchando en esta dirección puede encontrase una estupenda y larga entrevista (traducida al castellano) con Pete Seeger.

A la hora de buscar canciones suyas en youtube, interpretadas en directo, es difícil encontrar actuaciones de joven, debido al boicot televisivo que sufrió. Las únicas son las del programa que hizo para la TV pública de Nueva York en 1962: “Raimbow Quest” (está en DVD), en el que cantó con un sinfín de compañeros demostrando como hacer un espacio atractivo con nada, sólo música y talento.

1962. Con June Carter y Jonnhy Cash en el programa “Raimbow Quest”:

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