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Sin Benzema no hay gol

Jesús Álvarez AS

Guste o no guste, sin Benzema no hay gol. El Real Madrid sigue con la pólvora mojada. En una buena primera parte se crearon varias ocasiones, en jugadas o disparos desde fuera del área, dos remates de cabeza fueron al larguero (Mariano y Varane), pero al descanso se llegó 0-0. Por más vueltas que Zidane de a los jugadores disponibles, nos cuesta horrores marcar. Ayer Mariano fue titular en detrimento de Vinicius. Isco volvió a ser de la partida de inicio. Esta alineación dejaba la banda izquierda libre para Mendy. Pero el problema seguía siendo el mismo: no tenemos gol. Y jugadores como Marco Asensio o Mariano han perdido el olfato, la puntería.

La primera ocasión de la Real Sociedad fue en el 48. Courtois no atajó bien un balón llovido del cielo, despejado por Varane, y se le escapó. La chilena de Monreal se fue alta. En la primera parte solo dispusieron de una oportunidad que finalmente no fue tal, porque el Madrid se cerró muy rápido. Fue una contra de cuatro de ellos contra tres de los nuestros. La referida chilena del 48 suponía un cambio de tendencia respecto a la primera mitad. La Real se imponía y se jugaba en nuestro campo. Hasta que en el 54 Portu marcaba de cabeza el 0-1, a pase de Monreal. Tres minutos después pudo llegar el 0-2 en una falta de entendimiento entre Nacho y Courtois.

Este cambio de tendencia después del descanso retrata a Zidane. Ordenó a Casemiro incrustarse con los centrales para adelantar a los laterales como carrileros. En la jugada del 0-1 nos pillaron la espalda. Añadan la desidia de Asensio, de espectador de la jugada. 

Zidane rectificaba y efectuaba un triple cambio en el 60 para volver al 4-3-3: entraban Rodrygo, Vinicius y Hugo Duro por Asensio, Isco y Mariano. El reaparecido Rodrygo, tras dos meses lesionados, pareció darle otro aire a la banda derecha. El Madrid volvía a parecerse al de antes del descanso. Los donostiarras seguían a lo suyo. El tanto les había dado alas. Y no se achantaban. Ahora además taponaban bien a Kroos y Modric.

Casemiro pudo empatar en el 63. Su remate de cabeza se fue fuera. Estaba muy bien posicionado. Era el jugador blanco que más había rematado hasta ese momento. Lo cual no es buena señal y deja en evidencia a nuestros delanteros.

En el 75 entraba Fede Valverde, otro que reaparecía, por Modric. Se iban agotando los recursos.

Vinicius y Mendy le ponían chispa a la banda izquierda. Mas ellos cerraban bien atrás. Y el reloj corría en nuestra contra.

Entrabamos en los 10 minutos finales e Imanol con un doble cambio se reforzaba defensivamente: línea de cinco con tres centrales. Le acabaría pasando factura este movimiento: se le escapó el triunfo. 

Rodrygo pudo empatar en el 83 en una buena combinación con Valverde. Encontraron el camino entre los tres marcadores.

En el 88 se produjo el milagro: Vinicius marcó el tanto del empate. En su partido 100 con el Madrid. Fue tras una buena combinación entre Rodrygo y Valverde (taconazo incluido) lo culmina Lucas Vázquez con un centro al área. Hugo Duro falla en su intento de remate y la pelota le llega al brasileño, situado entre el punto de penalti y el área chica. Su remate lo desviaba Zubeldia y se iba a la red.

Los tres minutos de descuento fueron a la búsqueda del tanto de la victoria. Que no sucedió.

Este empate nos aleja del ansiado liderato, empatados a puntos con el Barça. Si la jornada anterior nos fue favorable esta nos ha sido desfavorable. Gol a gol parece complicado revalidar el título de Liga. A cinco puntos de la cabeza el derbi contra el Atleti es una final. Y no olviden que ellos tienen un partido menos.

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Salvajes de toda la vida: el fútbol argentino

En su día se dejó pasar por alto, se miró para otro lado y la escalada de violencia fue en aumento. Los salvajes de toda la vida se apoderaron del fútbol argentino. Hay unos cuantos nombres propios entre directivos, técnicos y jugadores además de quienes consintieron y alentaron a las barras bravas (los hooligans de ahí).

En su momento Ajax y Bayern se negaron a enfrentarse a Independiente de Avellaneda en la Intercontinental. No hubo solidaridad y tanto Juventus como Atlético de Madrid fueron los clubes subcampeones europeos que ejercieron de esquiroles. La Juve perdió y el Atleti ganó.

Creo que esos dos títulos de 1973 y 1974 y esa época de los 70 marcaron el punto de no retorno. Unos pocos años antes el Estudiantes de La Plata (donde entre otros carniceros jugaba el nefasto Bilardo) ya había hecho de las suyas: los jugadores llevaban alfileres, cuchillas, clavos y vaya usted a saber qué otros elementos punzantes de pequeño tamaño para pinchar a los rivales. Fue el inicio de la escalada hacia el abismo.

Zubeldía era el entrenador de Estudiantes. Los condujo a tres Libertadores seguidas (68, 69 y 70) y a una Intercontinental (68). En 1968 triunfaron frente al Manchester United de Bobby Charlton, George Best y Denis Law. El partido de vuelta en Old Trafford fue de tal violencia que algunos titulares del día siguiente de la prensa británica los calificaron de Animals! Las dos siguientes Intercontinentales las perdieron frente al Feyenoord y el Milan. La leyenda negra de Estudiantes tuvo un punto álgido acorde a sus méritos. En 1969 se enfrentaron en la final al Milan de Rivera, Balón de Oro de ese año. En la ida ganó el equipo italiano con comodidad (3-0), pero la vuelta, jugada en Buenos Aires, fue una carnicería (1-2). El partido fue televisado y pudo verse en todo el mundo. Tan feroz fue la actuación de los localesque al día siguiente el dictador argentino, el general Juan Carlos Onganía, ordenó la detención y encarcelamiento de tres jugadores, Manera, Poletti y Aguirre Suárez. Fueron enviados a la prisión de Bariloche y hasta allí viajó Bilardo: se instaló en la puerta y se declaró en huelga de hambre en solidaridad con sus compañeros. A Aguirre lo suspendieron de por vida en Argentina (había pateado en el suelo a un jugador milanista). Aguirre acabó en el Granada, donde formó con Pedro Fernández y Montero Castillo padre un trío defensivo de lo más peligroso. A Amancio casi lo retiraron del fútbol en 1974. Al paraguayo Fernández (pivote defensivo) le cayeron 15 partidos de suspensión.

Este mismo Bilardo de Estudiantes, ya como entrenador, fue campeón del mundo con la Argentina de 1986 y subcampeón en 1990 donde drogó a Branco de Brasil en octavos de final. Le pasaron en un momento del partido al brasileño un agua que llevaba un sedante. Años después recaló como técnico en el Sevilla, donde se hizo famoso por regañar a su masajista por atender a un rival. “¡Písalo, písalo!” fue su consigna a voces desde el banquillo.

Óscar Ruggeri jugó sus mejores años en Boca, River y Real Madrid (al equipo banco llegó después de un año en el Logroñes). También jugó en el Calcio de Italia. Ganó Ligas con Boca, River y Madrid además del Clausura con el San Lorenzo de Almagro; una Libertadores y dos Intercontinentales con River y la CONCACAF con el América de México. Con Argentina fueron dos Copas de América y un Mundial. Oyendo sus declaraciones, las del video, uno no deja de sorprenderse. Por lo que cuenta y sobre todo por la poca importancia que da a las barbaridades que está relatando. Son las batallitas del abuelo, entre risas, como quien cuenta alguna que otra gamberrada. Y lo que describe es muy grave: le quemaron la casa, con un familiar dentro, los de Boca cuando fichó por River; los de la plantilla del equipo iban armados; buscaba lesionar al rival. En fin, luego nos extrañamos… y así pasa lo que pasa.

El River-Boca de ayer tampoco se ha jugado hoy. El martes decidirán cuando se disputará la vuelta de la final de la Libertadores.

Insisto en una sanción ejemplar al fútbol argentino: cinco años fuera de las competiciones internacionales. De clubes y selecciones. Y nuestro Ser Superior debería empezar dando ejemplo: el Madrid no debe ir al Mundialito si participan los argentinos. Como hicieron en su día Ajax y Bayern.

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