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Miguel Ríos con el Mariachi Imperial Azteca

Miguel Ríos revisita «Santa Lucía» con el Mariachi Imperial Azteca. Todo surgió a raíz de su participación en la película «Un retrato de familia» del cineasta mexicano Adrián Zurita (guionista, productor y director). Además Zurita es el director creativo de los conciertos de Maná desde hace 30 años. En la película aparece Miguel Rios cantando «Santa Lucía» en formato acústico, acompañado a la guitarra por  Sergio Vallín (el excelente guitarrista de Maná). A partir de esta colaboración surgió la idea del Mariachi. Zurita, amigo de Miguel y de Sergio, propuso grabar ambas versiones, la acústica de la película y una con Mariachi. Sergio Vallín produjo ambas grabaciones y se encargó de los arreglos para el Mariachi junto a Omar Loera, guitarrón y miembro fundador del Mariachi Imperial Azteca.

Entre las innumerables virtudes de Miguel Ríos está la de cuidar su repertorio y mantenerlo vivo. Desde un formato de banda de rock hasta acústicos (como su actual y exitosa gira), pasando por una big band o una orquesta sinfónica.  Ahora nos sorprende nuevamente con esta versión con el Mariachi Imperial Azteca. Añadan lo que siempre recalca Víctor Manuel: «todo lo que coge lo mejora». Amén. Este «Santa Lucía» es un ejemplo más.

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Dos noches inolvidables con Miguel Ríos celebrando los 40 años del «Rock & Ríos»

Ricardo Rubio Europa PressMiguel Ríos y sus aliados volvieron a hacerlo. Lo de Miguel, a sus espléndidos 77 años camino de los 78, entra dentro de lo sobrenatural. ¡Qué fuerza, qué derroche de energía! ¡Y la voz! Pleno de facultades cada vez canta mejor. Anoche repitió su excelente actuación del día anterior. Dos noches seguidas dándolo todo, empujado por su público, los aliados de la noche. Además de los otros aliados, los excelentes músicos que forman la banda de esta celebración de los 40 años del «Rock & Ríos» más los artistas invitados.

Los asistentes de ambas noches estuvimos entregados desde los primeros acordes. Los de ayer fuimos los mecenas, como nos definió Miguel desde el escenario. Porque agotamos las entradas del WiZink rápidamente, propiciando una segunda fecha (la del viernes). No se trata de establecer un concurso de fidelidad o de quiénes son más fans, mas los hechos son los hechos.

Comentaba después del concierto con Javier Vargas y Osvi Grecco (a quien hacía tanto tiempo que no veía que le deseé un feliz siglo), la excelente cosecha de guitarristas eléctricos del país. En el país de la guitarra ni más ni menos. Y lo acontecido con la española, clásica o flamenca sucede también con la eléctrica. Repasé de memoria una breve lista que incluía a los que han pasado por las bandas de Miguel Ríos, incluidos los de estos 40 años del «Rock & Ríos» que además de los fijos contaron con la presencia de dos fieras como el mencionado Vargas y Jorge Salán (excepcionales ambos las dos noches), Los Canarios, los de la música progresiva catalana, los tres de Loquillo (con mis queridos Igor Paskual y Josu García) o el gran Ray Gómez. Salvador Domínguez, el gran ausente (reemplazado por Salán), es otro nombre que además de sus proyectos ha militado en bandas de Miguel y en Canarios (aparte de Los Pekenikes). Antonio García de Diego miembro de la banda original del «Rock & Ríos» también estuvo en Canarios. Precisamente respecto a Antonio descubrí hace poco sus problemas con los dedos, algo tremendo para un guitarrista. Cuando me acerqué con Miguel a lo de Paco Gento me enteré del problema. El hijo mayor de la leyenda blanca le comentó a Miguel que lo de Antonio estaba camino de solucionarse. Anoche Antonio me contó el calvario que pasó. Afortunadamente superado. Todos los guitarras con los que hablé tras el concierto citaban a John Parsons. Y también alabamos la labor de José Nortes, apoyo fundamental de Miguel Ríos, cuya labor a la guitarra a veces se olvida. Al igual que Parsons siempre está ahí.

La gran diferencia entre ambos conciertos estuvo sobre el escenario y en parte fue técnica. Ayer músicos e invitados se escucharon mejor, algo que afecta especialmente a quienes cantan. Pero como me dijo Vargas cuando «pisas el escenario tienes que darlo todo incluso en las peores circunstancias. No valen las excusas». Esto Don Miguel lo sabe a la perfección y su entrega superó las dificultades del viernes. La otra gran diferencia fue que ayer estaban más rodados. Se notó mucho en algunos de los invitados que repitieron como Anni B Sweet o Rosendo. Ella no tiró del comodín del sonido y enarboló la bandera de la sinceridad: «No me había visto nunca frente a tanta gente. Estaba nerviosa y me olvidé del principio de la letra. Me quedé en blanco. Hoy ha sido distinto, los nervios quedaron superados». Rosendo por su parte volvió de su retiro de la música para participar en la fiesta de Miguel Ríos. El «Maneras de vivir» y su presencia entusiasmaron al respetable. Fue uno de los momentos cumbres de los conciertos. En el primero estuvo menos suelto que en el segundo. El primero fue «como un buen ensayo general» según me dijo Carlos Narea, a quien me encontré el sábado a primera hora de la tarde debajo de mi casa (venía a recoger a su hijo Pablo, uno de los dos bateristas, que está viviendo en el portal de al lado). Y recordamos que hace 40 años sucedió lo mismo. Los problemas del primer día quedaron superados el segundo. No puede haber más fidelidad cuatro décadas después.

Otras diferencias fueron en los invitados. Por ejemplo, Carlos Tarque estuvo el viernes pero no pudo ayer. La gran Rebeca Jiménez no pudo el primer día (tenía un bolo en Barcelona) y anoche nos cautivó, como siempre, en «Reina de la noche«. Eva Amaral también estuvo mejor el 12. Y se notó sobre el escenario cuando ella y Miguel se arrancaron a bailar durante «El río«, superadas las dificultades del 11. Se la notaba más suelta y disfrutando con el momento. Pasó lo mismo con Alejo Stivel, mejor ayer. En cambio su compañero Ariel Rot anoche tuvo problemas al principio porque no le sonaba la guitarra en el «Sábado a la noche» de Moris. Fueron apenas unos segundos.

Johnny Cifuentes de Burning también estuvo más cómodo ayer en su «Mueve tus caderas«. Lo mismo puede decirse de los Vetusta Morla, Pucho y Guille Galván, que lo bordaron en «Extraños en el Escaparate«. Y de los Topo en su emocionante «Mis amigos dónde estarán«. En cambio a mi parecer Mikel Izal estuvo mejor el viernes. Quien estuvo espléndida los dos día fue Lucía Ruibal.

La hija de Javier Ruibal, presente también los dos días, me impresionó. Suele suceder que cuando descubres algo por primera vez quedas deslumbrado por el impacto recibido. Lo difícil es que esas sensaciones iniciales se repitan una segunda vez. Pues con Lucía Ruibal me sucedió. Y así se lo dije, entregado a su arte. La fina estampa de la bailaora, su presencia, sus taconeados, sus movimientos de brazos y el juego final con el mantón volvieron a tocarme en lo más hondo.

Víctor Manuel, quien derrocha sabiduría y veteranía a raudales, estuvo enorme en los dos recitales. Su letra del «El blues del autobús» es todo un clásico de nuestra música popular.

Ovidi Tormo, cantante de los valencianos Los Zigarros, solo estuvo el sábado. Al igual que Javier Bardem.

Nuestro laureado actor voló desde Los Ángeles para el evento. Aterrizó el mismo sábado para arrancar el concierto con «Bienvenidos«. Un reto al que se sumó Lua, la hija de Miguel Ríos. La salida al escenario de Bardem actuando como el Miguel de hace 40 años fue recibida con una estruendosa ovación. La primera de las muchas que hubo a lo largo de la noche. Vicente Paniagua, mi aliado anoche, tomó esta instantánea desde nuestras localidades. Recoge el primer momento en que cantaron juntos.

Paniagua

Cantar con Miguel Ríos es un reto para cualquier cantante. Porque el maestro granadino es el mejor. Así que imaginen lo que debió de pasar Bardem, sobre todo en un himno como «Bienvenidos«. Salió airoso del trance en la opinión mayoritaria del respetable. La alegría de verle superó sus limitaciones. La foto de Juan Barbosa publicada en El País es el documento gráfico profesional del momento.

Juan Barbosa El País

Asumo que se habrán percatado que toda esta ristra de elogios tienen un artífice, que no es otro que Miguel Ríos. Grande entre los grandes, su esfuerzo, sus ganas, han sido esenciales para poner en marcha esta fiesta del rock español, celebrando los 40 años del «Rock & Ríos«. Igual que hace cuatro décadas con los conciertos originales. Indudablemente hay un equipo detrás, a los que el propio Miguel agradeció, pero es él quien lidera la operación. Su público, nosotros, se lo hemos agradecido llevándolo en volandas dos noches seguidas. Agradeciéndole con pasíon la suya, la que despliega en todos sus emprendimientos. Hemos estado con él de principio a fin al igual que él con nosotros. Abriendo caminos.

Habrán podido comprobar que no he seguido el orden del repertorio interpretado. Me he dejado llevar por las emociones y los recuerdos. Esta parte emocional es el denominador común de ambos conciertos, tanto por parte de músicos como de público. Por esto mismo he dejado para el final el «Himno a la alegría«, cuyo mensaje es tan necesario desde hace siglos. En los dos conciertos encendimos el WiZink durante esta canción. Y representa una metáfora perfecta del paso del tiempo. Hace 40 años eran mecheros y ahora son móviles los que iluminan nuestras emociones.

P.D.: la foto del encabezado, de Ricardo Rubio de Europa Press, es del concierto del viernes 11 de marzo.

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Miguel Ríos pletórico en la Galileo

77

Un Miguel Ríos pletórico desgranó las canciones de su nuevo álbum «Un largo tiempo» desde el escenario de la sala Galileo, con motivo de su 77 cumpleaños. Onomástica que celebró haciendo lo que más le gusta, cantar. Y vaya si cantó. Está en plena forma.

Por la mañana presentó a los medios su nuevo trabajo e interpretó tres temas. Entre ellos uno nuevo, «Hola Ríos, Hello«, que es una revisión del «Bye Bye Ríos«. Como si fuese la respuesta a su canción de despedida y que ahora se convierte en el himno de su regreso. Precisamente con esta novedad arrancó su sesión en la noche de ayer. El ingenio de la letra hizo las delicias de los afortunados que tuvimos el honor de asistir a este recital en formato acústico. A Miguel le acompañaban los ya clásicos The Black Betty Trio, que eran cuatro. El maestro Ríos lanzó una afortunada comparación: «Como los tres mosqueteros, que también eran cuatro». Para escuchar la canción pinchen en este enlace de Rock FM, que incluye la letra y la filmación del directo para los medios.

A partir de ese brillante y sorpresivo arranque todo fue un torrente de emociones. Un enorme Miguel Ríos dominaba el escenario, sentado en un taburete y a veces de pie. Siempre ha transmitido lo que antaño se llamaban buenas vibraciones y ahora es buen rollo o buena vibra.

Que me aflorasen las lágrimas con algunas de sus canciones inmortales tiene su lógica. La edad, la mía, y la nostalgia son factores determinantes a la hora de escuchar «El río«, «Santa Lucía» o «Bienvenidos«. De esta última destacar la fuerza del arreglo en su versión acústica, donde el violín (Manu Clavijo) me llamó poderosamente la atención. Lo que ya es más raro es que los temas del nuevo disco «Un largo tiempo» también me pusieron los pelos de punta. Venía a confirmar mi primera impresión sobre la extraordinaria calidad de esta grabación. En su día comenté que estábamos ante uno de los grandes álbumes de Miguel Ríos. Y en algún momento establecí una comparación entre «Un largo tiempo» y el último de Springsteen. El Jefe y el Boss. Pues bien, nuestro Jefe a sus 77 años recién cumplidos aún tiene cosas que decir. El Boss no, desafortunadamente. Uno, el nuestro, se ha rebelado contra la(s) desgracia(s) que nos ha tocado sufrir y el otro se ha secado. ¡La talla creativa de Miguel Ríos y su compromiso no conoce límites! Y nunca podremos agradecérselo lo suficiente.

Tras el concierto Miguel y los músicos bajaron del escenario. Fue el momento de encuentros y conocimientos (como Edu Galán). Pude saludar a Carmen Peire, Manuel Notario, a Lua la hija de Miguel (quien sacó la tarta de cumple al escenario), Luis Prado (el Señor Mostaza, cuya labor al piano es tan importante en The Black Betty Trio), Carlos Rioyo. Me quedé con ganas de conocer a Manu Clavijo, a Jose Nortes, indispensable colaborador en esta etapa de Miguel Ríos, y a Gaby Pérez el multiinstrumentista (varios tipos de guitarras, banjo, etc.), quien nos mostró su tatuaje de Robert Johnson. Al entrar a la sala coincidimos con el gran Antonio García de Diego. Nos deseamos feliz siglo, porque no nos veíamos desde el siglo pasado. Y ya dentro confirmé que quien en la calle me había parecido ser Víctor Manuel efectivamente lo era. También hacía tiempo que no nos veíamos.

Por supuesto, Los Mundano nos hicimos la foto de rigor con el gran Miguel Ríos. ¡Todos enmascarados!

Los Mundano y Miguel Ríos 070621

P.D.: la foto de la tarta es de Ángel Díaz Briñas (Diario de Ávila) y la de los tres de unos amables jóvenes que se ofrecieron a disparar la foto, vistas nuestras dificultades para hacernos el selfie.

P.D. bis: el corazón me dio un vuelco cuando Miguel me mencionó al presentar el «Que salgan los clowns«.

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Algunas consideraciones (Efe Eme)

7 de marzo de 2009

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Mi instinto es seguir con los disqueros. Tienen que vender tus discos o las descargas, o lo que vaya a ser. Para eso, lo primero es que les tiene que gustar la música y la tienen que entender, y ahora mismo en este frente no conozco ninguna empresa que pueda competir con las discográficas” declaraba The Edge al The New York Times, el domingo pasado. Bono era más rotundo: “Me interesa el comercio. Las canciones si son buenas exigen ser escuchadas.

 

Cory Doctorow, co editor del sitio Boing Boing, es un ferviente defensor de Creative Commons, del copyleft y el software libre. Por eso me sorprendió y mucho leer su artículo “Alabando a la red de ventas: las cosas que un editor hace por un autor y que Internet no puede reemplazar” publicado en la revista Locus y en su Web:

 

Es raro el día en el que no recibo un e-mail de alguien dispuesto a reinventar el mundo editorial con la ayuda de Internet, y las ideas suelen ser buenas, pero les falta un elemento clave: la red de ventas. Son un pequeño ejército de vendedores motivados, comprometidos y preparados que tutean a todos los libreros del país, gastan las suelas de sus zapatos de tienda en tienda, portando una maleta repleta de catálogos, portadas y copias previas de lectura. Cuando trabajé en librerías conocí a excelentes representantes. Sabían exactamente a quien debían entregarle una copia previa para asegurarse un buen pedido y una informada recomendación para sus clientes… Esto cuenta. Es esta maestría -especializada, profunda y cara- la que coloca los libros en las estanterías, en las mesas de recomendados de la entrada…

 

No hay mucha diferencia entre la venta de libros y de discos. Obviando el precio fijo, el IVA y la existencia de una amplia red de librerías (cada vez quedan menos tiendas de discos). Por su parte los editores y autores literarios pueden argüir que los de la música tienen canales de promoción de los que ellos carecen: cadenas y programas de radio musical, actuaciones tanto en directo como en TV, video clips, etc. Pero el toque humano es el mismo y las habilidades y técnicas que se precisan son similares.

 

Si abandonamos el solar anglosajón y nos centramos en el patrio, encuentro en el blog de Víctor Alfaro un fragmento de una entrevista con Víctor Manuel (el sorprendente colaborador de Raphael) para La Voz de Asturias:

 

[…] Hay una generación entera que ha interiorizado que de esto no se vive, y la que va a sufrir es la música. No soy partidario de echarle la culpa al consumidor, la gente se baja las canciones porque puede, pero ahí a quien están matando es a quien vive de la música. Y a mí no me van a tocar un pelo, pero el que empiece ahora no tiene ninguna posibilidad… Es que la culpa no es del consumidor, es de Telefónica, de Vodafone… que son los que ha hecho el negocio de su vida. Me da risa cuando ahora sale el Ministerio de Cultura y dicen que van a ponerle una solución, pero ya está perdido, se ha ido a tomar por el culo. Sí, un chaval hace una canción, la cuelga en myspace y la escuchan 20.000 personas. Pero eso no es nada, no se vive de eso. O cuando dicen que se toca más en directo, por los cojones. Toco yo, pero al chaval que empieza le piden 300 euros por tocar en un local… ¿Cuando una generación se ha acostumbrado a que esto sea gratis, cómo vas a dar marcha atrás? Las descargas legales son 2.000 y las ilegales 4 millones, esa es la relación que hay. Dicen que la música es cara, supongo que las zapatillas deportivas se las regalarán… Yo ya pertenezco al reino de los dinosaurios, el que inventó el vinilo y va a ver el fin del soporte físico. La música no se acabará, habrá gente componiendo y con talento y estudios, pero en su tiempo libre. […]

 

Hablando a mediados de esta semana con un clásico como Alfonso Eduardo sobre la X edición de los premios “Flamenco Hoy”, que él organiza, me confirmaba que El Pele se había llevado el galardón al mejor disco del año. Y que un grande entre los grandes –y probable y merecidísimo ganador del próximo Príncipe de Asturias de la música-  mostraba su extrañeza al no haber ganado. “Le expliqué que había miembros del jurado que ni siquiera tenían su grabación” me decía Alfonso. “¿Qué discográfica es?” pregunté. “La suya” fue la respuesta que me temía. Porque es preciso volver a lo apuntado por Doctorow en su artículo. Se necesitan profesionales que sepan manejar las creaciones de los artistas. A quien enviarle la muestra promocional y a quien no. Tener listas actualizadas. Y cosas más prosaicas pero igual de fundamentales: hacer paquetes, ir a Correos, levantarse temprano por la mañana para asegurarse que los envíos lleguen puntualmente, etc.

Esta semana escribía Diego A. ManriqueEl futuro será primitivo”, en su columna de los lunes de El País, y comenzaba: “Qué cansinos son los profetas. Pienso en los que proclaman la extinción de las discográficas, el fin del copyright, el eclipse del CD. Entiendo que son frases rotundas, que tienen garantizado el titular y que llenan de orgullo bíblico a sus autores. Los apocalípticos se deleitan extendiendo el certificado de defunción al CD, pensando que eso supone un golpe mortal a las odiadas disqueras. Ignoran que ése es el sueño húmedo de los ejecutivos más despiadados. Para ellos, la desaparición del soporte físico significaría prescindir de fábricas, almacenes, transportistas, vendedores y tiendas. Recortan gastos, adelgazan plantillas; nada de lidiar con proletarios gruñones o regatear con minoristas.” Para continuar más adelante “Leo una crónica del Digital Music Forum East, conferencia neoyorquina de profesionales donde se presentan datos y se intenta retratar al mercado. El reportero se muestra boquiabierto. Creía que la gran mayoría de los estadounidenses era como él: la música le llega vía iPods, móviles, ordenadores. Resulta que dos terceras partes de los consumidores de música en EE.UU. sólo escuchan CD y radio. Ignoran las descargas legales o ilegales, pasan del streaming. De hecho, la industria musical todavía depende de los compradores de CD, mucho más numerosos que los que pagan por descargas, compran entradas para conciertos o adquieren objetos de merchandising (las otras fuentes principales de ingresos). Parece que periodistas y disqueros hablamos de boquilla: tenemos poca información sólida sobre los modos en que el público consigue, usa, conserva la música.

 

En estas estamos. O están. O estáis…

 

Publicado en Efe Eme

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