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En la presentación del libro sobre Vicente Paniagua

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El viernes pasado llovía a mares, como si estuviéramos en Londres. Así que cogí el coche y me fui para la Biblioteca Eugenio Trías en El Retiro para la presentación de «Una apoteosis breve para un largo recuerdo«, el libro de Justo López Carreño sobre Vicente Paniagua. En el camino pensaba cómo haría Paniagua para simultanear la presentación con la locución del segundo partido del Real Madrid-Maccabi. Desconocía la hora del partido, aunque el lugar de la presentación y el WiZink están razonablemente cerca. Al arrancar el acto el biografiado explicó horarios y su desplazamiento a la Ciudad de la Imagen, desde donde transmiten/graban los partidos del Madrid de baloncesto. Eso suponía atravesar la ciudad de este a oeste y desplazarse a Pozuelo.

Al llegar a la sala los Vicentes, Paniagua y Ramos, me vieron y me señalaron que fuese para adelante. Literalmente me sentaron en la primera fila. Saludé a Cristóbal Rodríguez y a José Manuel Beirán, en segunda fila. Fernando Romay, apoyado contra una ventana en el lateral entre las dos primera filas, me recibió muy afectuosamente.

Primera fila

De izquierda a derecha: Jou (sobrino de Florentino Pérez), Pepu Hernández (el último en llegar), Santos Moraga (presidente de la Federación de Baloncesto de Madrid), un servidor y Vicente Ramos. Detrás entre Santos y yo asoma la cabeza de Beirán (a Crsitobal lo tapo por completo). Las notas encima de la mesa son las de Vicente Paniagua.

La gente del baloncesto son por lo general muy sana y de un excelente buen humor. Estar con ellos siempre es una gozada y un privilegio. Las anécdotas que relataron eran tronchantes. Y reflejaban el buen rollo del equipo de baloncesto del que formaron parte (y algunos también de la selección). Fueron una pandilla de jóvenes rebosantes de talento que disfrutaban con pasión de su deporte.

FInalizado el evento les reunimos para una foto colectiva. De las varias que disparé elijo esta en la que ya están todos.

Jugadores

De izquierda a derecha: Beirán, Ramos, Paniagua, Cristóbal, Francisco Amescua (hijo de quien fuera el delegado del equipo), Pepu Hernández, Romay y Llorente.

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Presentación del libro sobre Vicente Paniagua

Paniagua libro

Mañana se presenta el necesario libro sobre la figura de Vicente Paniagua, el ocho del Real Madrid de baloncesto. Tres Copas de Europa le contemplan (el club ha logrado 10).

Digo que es una biografía necesaria porque la figura de Don Vicente Paniagua abarca la vida de un jóven de su tiempo: cantante de una banda de rock & roll en su pueblo manchego natal (Alcázar de San Juan), deportista de élite en una especialidad emergente como el basket que le permitió viajar y conocer mundo. En un equipo, el Real Madrid, que rompió varios tabúes del franquismo abriendo fronteras como las de la URSS e Israel. Asumo que en el libro se contará la anécdota que al firmar por el Madrid le aconsejaron cortarse el pelo. Llevaba la melena Beatle.

A las tres Copas de Europa mencionadas (68, 74 y 78) hay que añadir 10 Ligas, un Mundial de Clubes y 20 internacionalidades con la selección española. También fue presidente de la Federación de Baloncesto de Castilla-La Mancha, concejal de deportes por UCD y director de la sucursal de Caja Castilla-La Mancha. Actualmente comenta los partidos del Madrid de baloncesto en Real Madrid TV.

La presentación del libro «Una apoteosis breve para un largo recuerdo» se celebrará mañana a partir de las 19:00 horas en la Biblioteca Municipal Eugenio Trías. Participarán el autor, Justo López Carreño, y el protagonista de la obra, Vicente Paniagua.

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Dos noches inolvidables con Miguel Ríos celebrando los 40 años del «Rock & Ríos»

Ricardo Rubio Europa PressMiguel Ríos y sus aliados volvieron a hacerlo. Lo de Miguel, a sus espléndidos 77 años camino de los 78, entra dentro de lo sobrenatural. ¡Qué fuerza, qué derroche de energía! ¡Y la voz! Pleno de facultades cada vez canta mejor. Anoche repitió su excelente actuación del día anterior. Dos noches seguidas dándolo todo, empujado por su público, los aliados de la noche. Además de los otros aliados, los excelentes músicos que forman la banda de esta celebración de los 40 años del «Rock & Ríos» más los artistas invitados.

Los asistentes de ambas noches estuvimos entregados desde los primeros acordes. Los de ayer fuimos los mecenas, como nos definió Miguel desde el escenario. Porque agotamos las entradas del WiZink rápidamente, propiciando una segunda fecha (la del viernes). No se trata de establecer un concurso de fidelidad o de quiénes son más fans, mas los hechos son los hechos.

Comentaba después del concierto con Javier Vargas y Osvi Grecco (a quien hacía tanto tiempo que no veía que le deseé un feliz siglo), la excelente cosecha de guitarristas eléctricos del país. En el país de la guitarra ni más ni menos. Y lo acontecido con la española, clásica o flamenca sucede también con la eléctrica. Repasé de memoria una breve lista que incluía a los que han pasado por las bandas de Miguel Ríos, incluidos los de estos 40 años del «Rock & Ríos» que además de los fijos contaron con la presencia de dos fieras como el mencionado Vargas y Jorge Salán (excepcionales ambos las dos noches), Los Canarios, los de la música progresiva catalana, los tres de Loquillo (con mis queridos Igor Paskual y Josu García) o el gran Ray Gómez. Salvador Domínguez, el gran ausente (reemplazado por Salán), es otro nombre que además de sus proyectos ha militado en bandas de Miguel y en Canarios (aparte de Los Pekenikes). Antonio García de Diego miembro de la banda original del «Rock & Ríos» también estuvo en Canarios. Precisamente respecto a Antonio descubrí hace poco sus problemas con los dedos, algo tremendo para un guitarrista. Cuando me acerqué con Miguel a lo de Paco Gento me enteré del problema. El hijo mayor de la leyenda blanca le comentó a Miguel que lo de Antonio estaba camino de solucionarse. Anoche Antonio me contó el calvario que pasó. Afortunadamente superado. Todos los guitarras con los que hablé tras el concierto citaban a John Parsons. Y también alabamos la labor de José Nortes, apoyo fundamental de Miguel Ríos, cuya labor a la guitarra a veces se olvida. Al igual que Parsons siempre está ahí.

La gran diferencia entre ambos conciertos estuvo sobre el escenario y en parte fue técnica. Ayer músicos e invitados se escucharon mejor, algo que afecta especialmente a quienes cantan. Pero como me dijo Vargas cuando «pisas el escenario tienes que darlo todo incluso en las peores circunstancias. No valen las excusas». Esto Don Miguel lo sabe a la perfección y su entrega superó las dificultades del viernes. La otra gran diferencia fue que ayer estaban más rodados. Se notó mucho en algunos de los invitados que repitieron como Anni B Sweet o Rosendo. Ella no tiró del comodín del sonido y enarboló la bandera de la sinceridad: «No me había visto nunca frente a tanta gente. Estaba nerviosa y me olvidé del principio de la letra. Me quedé en blanco. Hoy ha sido distinto, los nervios quedaron superados». Rosendo por su parte volvió de su retiro de la música para participar en la fiesta de Miguel Ríos. El «Maneras de vivir» y su presencia entusiasmaron al respetable. Fue uno de los momentos cumbres de los conciertos. En el primero estuvo menos suelto que en el segundo. El primero fue «como un buen ensayo general» según me dijo Carlos Narea, a quien me encontré el sábado a primera hora de la tarde debajo de mi casa (venía a recoger a su hijo Pablo, uno de los dos bateristas, que está viviendo en el portal de al lado). Y recordamos que hace 40 años sucedió lo mismo. Los problemas del primer día quedaron superados el segundo. No puede haber más fidelidad cuatro décadas después.

Otras diferencias fueron en los invitados. Por ejemplo, Carlos Tarque estuvo el viernes pero no pudo ayer. La gran Rebeca Jiménez no pudo el primer día (tenía un bolo en Barcelona) y anoche nos cautivó, como siempre, en «Reina de la noche«. Eva Amaral también estuvo mejor el 12. Y se notó sobre el escenario cuando ella y Miguel se arrancaron a bailar durante «El río«, superadas las dificultades del 11. Se la notaba más suelta y disfrutando con el momento. Pasó lo mismo con Alejo Stivel, mejor ayer. En cambio su compañero Ariel Rot anoche tuvo problemas al principio porque no le sonaba la guitarra en el «Sábado a la noche» de Moris. Fueron apenas unos segundos.

Johnny Cifuentes de Burning también estuvo más cómodo ayer en su «Mueve tus caderas«. Lo mismo puede decirse de los Vetusta Morla, Pucho y Guille Galván, que lo bordaron en «Extraños en el Escaparate«. Y de los Topo en su emocionante «Mis amigos dónde estarán«. En cambio a mi parecer Mikel Izal estuvo mejor el viernes. Quien estuvo espléndida los dos día fue Lucía Ruibal.

La hija de Javier Ruibal, presente también los dos días, me impresionó. Suele suceder que cuando descubres algo por primera vez quedas deslumbrado por el impacto recibido. Lo difícil es que esas sensaciones iniciales se repitan una segunda vez. Pues con Lucía Ruibal me sucedió. Y así se lo dije, entregado a su arte. La fina estampa de la bailaora, su presencia, sus taconeados, sus movimientos de brazos y el juego final con el mantón volvieron a tocarme en lo más hondo.

Víctor Manuel, quien derrocha sabiduría y veteranía a raudales, estuvo enorme en los dos recitales. Su letra del «El blues del autobús» es todo un clásico de nuestra música popular.

Ovidi Tormo, cantante de los valencianos Los Zigarros, solo estuvo el sábado. Al igual que Javier Bardem.

Nuestro laureado actor voló desde Los Ángeles para el evento. Aterrizó el mismo sábado para arrancar el concierto con «Bienvenidos«. Un reto al que se sumó Lua, la hija de Miguel Ríos. La salida al escenario de Bardem actuando como el Miguel de hace 40 años fue recibida con una estruendosa ovación. La primera de las muchas que hubo a lo largo de la noche. Vicente Paniagua, mi aliado anoche, tomó esta instantánea desde nuestras localidades. Recoge el primer momento en que cantaron juntos.

Paniagua

Cantar con Miguel Ríos es un reto para cualquier cantante. Porque el maestro granadino es el mejor. Así que imaginen lo que debió de pasar Bardem, sobre todo en un himno como «Bienvenidos«. Salió airoso del trance en la opinión mayoritaria del respetable. La alegría de verle superó sus limitaciones. La foto de Juan Barbosa publicada en El País es el documento gráfico profesional del momento.

Juan Barbosa El País

Asumo que se habrán percatado que toda esta ristra de elogios tienen un artífice, que no es otro que Miguel Ríos. Grande entre los grandes, su esfuerzo, sus ganas, han sido esenciales para poner en marcha esta fiesta del rock español, celebrando los 40 años del «Rock & Ríos«. Igual que hace cuatro décadas con los conciertos originales. Indudablemente hay un equipo detrás, a los que el propio Miguel agradeció, pero es él quien lidera la operación. Su público, nosotros, se lo hemos agradecido llevándolo en volandas dos noches seguidas. Agradeciéndole con pasíon la suya, la que despliega en todos sus emprendimientos. Hemos estado con él de principio a fin al igual que él con nosotros. Abriendo caminos.

Habrán podido comprobar que no he seguido el orden del repertorio interpretado. Me he dejado llevar por las emociones y los recuerdos. Esta parte emocional es el denominador común de ambos conciertos, tanto por parte de músicos como de público. Por esto mismo he dejado para el final el «Himno a la alegría«, cuyo mensaje es tan necesario desde hace siglos. En los dos conciertos encendimos el WiZink durante esta canción. Y representa una metáfora perfecta del paso del tiempo. Hace 40 años eran mecheros y ahora son móviles los que iluminan nuestras emociones.

P.D.: la foto del encabezado, de Ricardo Rubio de Europa Press, es del concierto del viernes 11 de marzo.

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A dos días del Rock & Ríos 2022

Ricardo Rubio La voz de Galicia

Estamos a dos días de los conciertos que conmemoran los 40 años del «Rock & Ríos» (en el WiZink Center los días 11 y 12). Josemi Valle, autor del espléndido libro sobre el «Rock & Ríos» original recordaba en Efe Eme que los 40 años de los conciertos se cumplieron el pasado 5 y 6 de marzo y se celebraron en el desaparecido Pabellón de Deportes del Real Madrid.

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Miguel Ríos tenía entonces 37 años y celebraba sus 20 años de carrera. Era un veterano y toda una leyenda viva de nuestra música popular. Cuatro décadas después su leyenda se ha agrandado.. Y va a más dada su reciente actividad (con el álbum «Un largo tiempo» y su correspondiente gira más estos dos conciertos que prometen ser otro hito).

A lo largo de las últimas semanas hemos ido conociendo la lista completa de artistas invitados para celebrar este 40 aniversario, el merchandising creado para la ocasión y un video de los ensayos (que tiene una pinta estupenda). Asistiré a los dos conciertos!!! El primer día con La Mundana y el segundo con Vicente Paniagua.

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En la capilla ardiente de Don Paco Gento

Telemadrid

Miguel Ríos me preguntó ayer, a raíz de la entrada en El Mundano sobre el fallecimiento de Don Paco Gento, si sabía algo sobre la capilla ardiente. Fue telepático porque me estaba preguntando lo mismo. Contesté que imaginaba que sería en el Bernabéu, al igual que con Don Alfredo di Stéfano. Y que me enteraría y le diriá. Contacté con Vicente Paniagua quien me respondió rápido. Efectivamente se instalaba en la zona del Palco de Honor del estadio.

Miguel y yo convenimos que sería mejor ir hoy, a última hora de la mañana. Así que le recogí en su casa y a las 12:00 estábamos aparcando, a escasos metros del recinto. De banda sonora el «From Elvis In Memphis«. Cuando Miguel subió al coche no pude evitar hacer el chiste fácil, jugando con el título de la canción que abre su último disco: uno de Memphis sonando y otro de Granada sentado a mi lado.

Nos pusimos a la cola, recordando historias futboleras. Miguel me estaba relatando la última vez que vio al gran Héctor Rial: fueron juntos a ver la final de Copa Real Madrid-Castilla. Justo entonces divisé a Ricardo Gallego que jugó ese partido con el filial, el año que debutó en el primer equipo. Y se lo señalé a Miguel. Llegamos enfrente del féretro y Emilio Butragueño nos divisó. Me hizo una señal preguntando si era Miguel Ríos (cerró el puño igual que si estuviese sujetando un micro). Asentí con la cabeza. Rápidamente se acercó una azafata y al instante el propio Butragueño para acompañarnos al digamos backstage.

Saludamos a la familia Gento Llorente y aprendí que Miguel había compartido gimnasio con Joe Llorente y su hermano (a Joe, sobrino de Don Paco, lo veo en los partidos de baloncesto del Madrid en el WiZink).

Al presidente, Florentino Pérez, le saludamos al entrar y al salir. En la despedida estaba con Nacho y Luka Modric. Me impresionó ver a Modric. Está hecho un chaval. Lo parece viéndole jugar, pero de cerca es mucho más notorio. A Miguel le pasó lo mismo con el croata. De Nacho me llamó la atención su porte y su buen rollo.

De los distintos jugadores veteranos, personalidades y periodistas, con quien más tiempo pasé fue con Tomás Roncero. Le felicité por lo de Pirri de ayer en el AS y ese titular «Paco era nuestro hermano mayor«. Porque es exactamente lo mismo que digo yo de Miguel Ríos.

Me encantó ver a Iribar. El Chopo nos contó que Don Paco y él se tenían gran simpatía. Otro aparición sonada fue la del exlíder de UGTCándido Méndez. Su abrazo con Miguel fue de los que hacen época. Aprovecho para resaltar, y contrastar nuevamente, el cariño y aprecio que despierta Miguel Ríos entre todo el mundo. En todas partes.

A la una salimos y nos acercamos a tomar una cervecita al José Luis de al lado del estadio, el de toda la vida (lo que era el Gloria bendita, lugar frecuentado por Di Stéfano, Rial, Luis, Puskas, etc., acabó absorbido por el José Luis y hoy estaba cerrado). Ahí nos encontramos a Ricardo Gallego y un amigo. Acabamos hablando de música (con la mascarilla puesta y quitándonosla para beber o pillar alguna aceituna).

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Miedos y prevenciones

Enjaulado

Ayer tras mi primera intervención en el MIMES de la Carlos III de Madrid (curso 2021/22), dedicada a Atlantic Records, me fui a tomar algo con Nacho Gallego, codirector del máster. No nos veíamos desde antes del verano y quería conocer de primera mano la experiencia de su veraniego viaje italiano. Ambos, y nuestras respectivas (curiosamente se llaman igual), somos viajeros. Nacho y yo nos recomendamos sitios. Gracias a él conocí a la Orquesta Típica Fernández Fierro y su club de conciertos en Buenos Aires, el Club Atlético Fernández Fierro (CAFF). O la que probablemente es la tienda de discos más bonita del mundo, en Florencia. Al menos es la que tiene las mejores vistas, a la catedral de Florencia. 

Venecia les deslumbró como a nosotros. Salieron súper satisfechos del restaurante que les recomendamos (al que nosotros nunca hemos conseguido ir) y de los bares de tapas venecianos que les aconsejamos. Por otra parte tanto Nacho como yo (y La Mundana) echamos de menos Buenos Aires. Y ahí le comenté sobre mis miedos y prevenciones. 

No me resulta cómodo pensar en un viaje en avión. Y mucho menos en uno con tantas horas de vuelo. En nuestra agenda fija de viajes hemos anulado nuestra tradicional visita navideña a Nueva York (el año pasado y este), y en este 2021 han quedado suspendidos nuestros viajes anuales a Venecia y a la misa cantada del día de Reyes en Florencia.

De hecho en este 2021 solo he salido de Madrid ciudad en tres ocasiones. A Quintanar de la Orden (Toledo), a la Fundación Amelia Moreno con motivo de los 10 años del fallecimiento de Amelia. Fue en septiembre (este verano no fuimos a ningún sitio y el año pasado nos escapamos una semana a Cantabria, con Santillana como base de operaciones). La segunda salida fue ayer, a Getafe (Universidad Carlos III). Y la tercera ha sucedido esta mañana, a la Ciudad de la Imagen en Pozuelo de Alarcón, para pasar la ITV del coche.

Le comentaba a Nacho que mis miedos y prevenciones no solo son los viajes en avión. Se extienden a los interiores de bares y restaurantes. Ayer estuvimos en una terraza. Aunque esté vacunado (la tercera dosis me la pusieron el jueves pasado).

Repasando me di cuenta que solo he estado dos veces dentro un restaurante: en El cisne azul con Carlos Galán y Cristóbal Hueto (solo estábamos dos mesas, cada una a un extremo del local), y en el Julián de Tolosa con Carlos Galán, rodeados de tres mesas de un familión mexicano. Un diablillo este Carlos, como el del logo de su Subterfuge. En cuanto a bares solo he entrado en un par, con Esteban Hernández. Fuimos a ver un partido de baloncesto del Real Madrid de Euroliga. Me había invitado Vicente Paniagua y me llevé a Esteban, gran aficionado al deporte de la canasta. Después del encuentro nos fuimos a tomar algo e intercambiar impresiones de la realidad sociopolítica y cultural. Vi cosas que no me gustaron. Como la carencia de un concepto fundamental, el de la ventilación. Esos bares de tubo son las cuevas del bicho. En uno de ellos nos asomamos y salimos pitando. Esteban asumo que por el reguetón que atronaba. Y yo porque no concibo que en épocas de distanciamiento social el perreo colectivo sea lo más adecuado. Otra cosa que no me gustó fue el ambiente de fiesta, fuesen pandillas de amigos (como en el sitio que evitamos) o de compañeros de oficina. El aspecto positivo es que estuvimos en un local con limitación de aforo, donde se respetaba el distanciamiento. Pero tras esa noche no he vuelto a salir….

Comprendo que mis paranoias son como el DNI, propias e intransferibles. Mas siendo de varios grupos de riesgo mis miedos y prevenciones son mi única defensa. Las vacunas también, por supuesto.

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La nave de Izal vuela muy alto

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Anoche tuve la fortuna de ver a Izal y comprobar en vivo el altísimo nivel que han alcanzado. También fui testigo de la comunión total de la banda con su público. Corearon y cantaron las canciones más conocidas de su repertorio (y algunas, por la longitud de los textos, no son fáciles).

Era su primera noche en el WiZink, de las dos programadas. Con aforo reducido, se colgó el cartel de entradas agotadas para el concierto de esta noche y añadieron la fecha de ayer. Me acompañó VIcente Paniagua, quien no pudo resistirse a hacerse la foto sentado a la batería de atrezzo colocada a la entrada de los palcos.

El recital fue sencillamente espectacular. En todos sus aspectos. El sonido impecable. El juego de luces en su medida justa, realzando y no restando protagonismo a la banda. Ellos, Izal, impecables. Grandes músicos. El audiovisual, elaborado por Ángela y Manu Notario, me impresionó. El concepto del show era de una nave espacial que pierde el rumbo y es rescatada por una civilización de un planeta desconocido. El escenario reflejaba en su fondo el equipamiento de la nave y en la pantalla central, además del grueso del montaje audiovisual y planos de los cinco Izal, idearon un recurso ingenioso para presentar a los artistas invitados. La sincronización fue perfecta y pudimos disfrutar de la banda cantando con Rozalén, Sidonie, Mäbu, Zahara, Miguel Ríos y Bunbury. Gran trabajo de sincronización entre el directo y la grabación de video. También aparecieron, entre otros, como parte del relato Santi Millán, Jorge Garbajosa o Amaya Valdemoro (Pani se encontró con ella mientras entrabamos al recinto con anécdota incluida: le confundió con Siro López porque los veteranos de pelo blanco enmascarados son todos iguales y ella estuvo genial desfaciendo el entuerto).

El arranque del concierto, tan arriesgado como atrevido, me convirtió inmediatamente al izalismo. Comenzar una actuación con un tema acústico, en el que predominan las voces tipo Crosby, Stills, Nash & Young, es insólito. Lo normal es empezar con un tema marchoso. Este hecho supuso mi primera ovación de la noche. La foto del final de este post es al terminar este tema.

Comentaba en el primer párrafo sobre la longitud de las letras de las canciones. Añado su complejidad y su profundidad poética. Algo que se aleja del canon del pop rock habitual y se acerca más al mundo de los cantautores. Es decir, están en este sentido más cerca de Bob Dylan que de los Rolling Stones. O de Serrat que de Los Brincos.

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Otra característica de Mikel Izal y su grupo es la construcción de temas que tienen el potencial de convertirse en himnos. Y lo consiguen en media docena de canciones, las más coreadas por su público fiel y entregado.

Las espléndidas fotos del recital son de Raquel López. Y no quiero terminar sin agradecer a D. Manuel Notario, de Hook, por haberme brindado la oportunidad de observar como la nave de Izal vuela alto, muy alto.

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El 10 de mayo es uno de mis días favoritos

El 10 de mayo es uno de mis días favoritos. Está entre los tres primeros.

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El 10 de mayo de 2017 presentaba «Bikinis, Fútbol y Rock & Roll» en el FNAC de Callao. Me acompañaron El Gran Wyoming, autor del prólogo, y Jesús Espino, mi editor (Foca/Akal). El video del reportaje de Leticia Larraz que encabeza este post es un buen reflejo de lo acontecido. Lo que no aparece es la profunda emoción que me produjo este acto, el primero de vida como protagonista. Tampoco se refleja todo lo que vino después, que fue mucho y bueno. Al final de la entrada incluyo otro video con una entrevista que me hicieron un año después para La 2 Noticias con motivo del 40 aniversario de nuestra Constitución y usaron «Bikinis, Fútbol y Rock & Roll» para aportar el punto de vista del libro para hablar del tema.

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El 10 de mayo de 2018, justo un años después, presentaba mi último libro «Rock ‘n’ Roll: el ritmo que cambió el mundo» en el espacio Ámbito Cultural de El Corte Inglés. Me acompañaron Miguel Ríos, autor del prólogo, Marta Vázquez, de Rock FM, Igor Paskual, guitarrista de Loquillo y autor del preludio, y el editor Jesús Espino. La foto de la mesa la hizo Javier San Vicente.

Igor Paskual-Vicente Paniagua-Miguel Ríos

El que dos 10 de mayo consecutivos fuesen los días elegidos para ambas presentaciones fue pura casualidad. Quien se dio cuenta fue Vicente Paniagua (en la foto está con Igor y Miguel). Cuando me lo comentó me di cuenta de la magia del asunto.

Seguro que han entendido porque el 10 de mayo es uno de mis tres días favoritos.

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Fotos de la presentación: mesa de «oradores»

Javier San Vicente mesa

Casualidades de la vida: Vicente Paniagua me recordaba ayer por la manaña que la presentación de «Bikinis, Fútbol y Rock & Roll» en FNAC fue el 10 de mayo de 2017. Y ayer, 10 de mayo de 2018, presentábamos el nuevo libro «Rock ‘n’ Roll: el ritmo que cambió el mundo» enfrente, en El Corte Inglés de Callao en el espació Ámbito Cultural. ¡Se cumplía por tanto un año justo!

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Javier San Vicente me ha mandado estas dos fotos de la mesa con, de izquierda a derecha: Miguel Ríos, un servidor, Marta Vázquez, Igor Paskual y Jesús Espino. Reflejan a la perfección el buen rollito reinante.

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El rey del glam por Loquillo con Igor Paskual

Loquillo editará el triple CD “Rock and Roll actitud” con lo mejor de sus 40 años de carrera. Estará a la venta dentro de un mes, el próximo 13 de abril. El tema elegido para tirar del carro es su versión de «El rey del glam» de Dinarama + Alaska, perteneciente al primer álbum de Dinarama «Canciones profanas«. La canción es una composición de Carlos Berlanga y Nacho Canut.

El video está protagonizado por el gran Igor Paskual (uno de los tres guitarristas de la banda del Loco). Alaska y Loquillo aparecen hacia el final.

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La foto es del verano pasado en Quintanar de la Orden: Igor Paskual, un servidor, Loquillo y Vicente Paniagua.

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