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Los patos de la Plaza de Oriente

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Hace unos días les contaba sobre el All Star Team del siglo XVII (Velázquez, Galileo,…) y como afrontaron en equipo la escultura ecuestre de Felipe IV. Un reto imposible que supieron resolver en una colaboración que se desarrolló entre Madrid y Florencia, las ciudades punteras de la Europa de esos tiempos. Terminaba mencionando su ubicación actual “en la madrileña Plaza de Oriente, como parte de un conjunto escultórico ordenado por Isabel II“.

En la base de este conjunto hay dos fuentes, una de cara al Teatro Real y la otra mirando al Palacio. Los patos de los vecinos Jardines de Sabatini y del Campo del Moro han aprovechado la coyuntura y se han acercado a las fuentes del monumento presidido por la escultura “en corveta” del caballo de Felipe IV.

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Los pavos reales de Sabatini también campan a sus anchas en uno de los laterales del Palacio. El otro día tuve la fortuna de ver a dos en un baile de cortejo, desplegando sus plumajes.

De los pocos paseos que me he atrevido a dar, aprovechando las horas en las que me toca, la Plaza de Oriente ha sido el destino elegido (a un 1 km. de casa). Y aproveché para hacer fotos a la estatua (las del post del All Star) y a los patos. Los pavos estaban demasiado lejos para la cámara de mi teléfono.

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El All Star Team del siglo XVII

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Felipe IV presidió el All Star Team del siglo XVII. Un capricho real pasó de ser un encargo a una exigencia. E involucró a las dos ciudades punteras del momento: Madrid, capital del Imperio, y Florencia, cuna del Renacimiento.

Felipe IV era rey de España, Portugal, Nápoles, Sicilia, Cerdeña y Países Bajos, duque de Milán Borgoña, y conde de Flandes. Quería una escultura ecuestre que superará a la de su padre Felipe III. Esta, que podemos ver en el centro de la Plaza Mayor de Madrid, fue un regalo del primer Gran Duque de Florencia, Cosme I de Médicis, al monarca español. La obra la inició Giovanni da Bologna (Giambolognay la terminó Pietro Tacca.

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El caballo de Felipe III tenía una pata elevada. Felipe IV quería el suyo con las dos patas delanteras izadas. Así que tanto el monarca como su valido, el conde-duque de Olivares, encargaron a Velázquez, entonces pintor del rey, que se pusiese al frente del proyecto (en esa corte un tal Góngora era el capellán real). El genial pintor sevillano argumentó la imposibilidad de tal emprendimiento. No era factible que la escultura aguantase todo el peso sobre solo las dos patas traseras. El rey no atendió a razones. Quería lo que quería. Y el proceso se puso en marcha. Velázquez dibujó el diseño. Se lo envió a Pierto Tacca a Florencia. Con una nota avisando de la obstinación real y urgiéndole a encontrar una solución. Tacca había finalizado la escultura de Felipe III y ahora se enfrentaba a la de su hijo, Felipe IV.

Tacca sabia que Galileo Galilei estaba bajo arresto domiciliario en Florencia. La Inquisición le había condenado por afirmar que la Tierra giraba alrededor del Sol. Tacca fue a verle y le expuso el problema. Galileo acabó encontrando la solución. O más bien, las soluciones. La primera era una condición indispensable: la escultura debía estar hueca en su interior, salvo en la parte trasera. Nalgas y patas debían estar rellenas del mismo material de la escultura. Una innovación pionera en el mundo del arte. Impuso un nuevo modelo que estuvo vigente durante el siglo XVII y el siguiente. Pero aún había otro aspecto: la cola del caballo es excesivamente larga y ancha en su extremo final. El objetivo era que llegase a tocar el suelo del pedestal y convertirse así en un tercer punto de apoyo (junto a las dos patas).

Aún había otro aspecto a resolver. Tacca no conocía a Felipe IV y tampoco tenía ningún retrato suyo. Velázquez resolvió el asunto encargando al escultor Juan Martínez Montañés un busto del monarca. Una vez terminado se envió a Florencia. Y Tacca pudo terminar este proyecto global e innovador, nacido de un capricho real y que reunió a un plantel de primeras figuras de la época. Hoy podemos admirarlo en la madrileña Plaza de Oriente, como parte de un conjunto escultórico ordenado por Isabel II.

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Fra Angelico en el Prado

Fra Angelico MdPTeníamos pendiente ver la exposición Fra Angelico y los inicios del Renacimiento en Florencia del Museo del Prado. Se agotaba el tiempo (termina a mediados de este mes). Y sobre todo queríamos admirar la restauración de esa obra maestra que es “La Anunciación“. Tampoco habíamos visto la de Velázquez, Rembrandt, Vermeer. Miradas afines. Así que ayer por fin fuimos al Prado. Seguimos el consejo horario que Aurora Ciriza y Cristino de Vera le dieron a La Mundana. Acierto pleno. Sin aglomeraciones y con tiempo para disfrutar de las obras. Y comentarlas.

Desde el 9 de mayo que leí un espléndido artículo de Ángeles García en El País, donde detallaba todo el proceso de restauración de “La Anunciación“, he estado con ganas de ir a admirarla. Por unas causas u otras el momento se ha ido postergando. Y como dice el refrán “nunca es tarde si la dicha es buena”.

En su texto Ángeles García escribía “Como en una novela policíaca, el más mínimo detalle puede ser el desencadenante de la solución al problema. En el arte, rigen las mismas reglas. Hace poco más de un año que una de las tablas más imponentes realizadas por Fra Angelico, La Anunciación (hacia mediados de la década de 1420), fue trasladada al prestigioso taller de restauración del Museo del Prado. Considerada una de las joyas indiscutibles de la colección, ingresó en la pinacoteca en 1861 procedente del Monasterio de las Descalzas Reales. No sufría daños importantes, salvo la inevitable capa de polución que aporta el paso del tiempo y repintes inadecuados que habían suprimido la luz mística original y los deslumbrantes lapislázuli, rojos y verdes de los elementos originales que ahora han retornado a la tabla tal cual los pintó su autor.” A continuación contaba que la polución era mayor de la pensada inicialmente. Pero lo que más nos impactó fue lo referido a la partícula de oro que devolvió la luz al retablo: ” Y, de repente, apareció el hallazgo que daría las claves sobre la extraña composición de las alas del arcángel Gabriel: una partícula de oro perdida en la espalda como único resto de las alas doradas originales.”.

Viendo la tabla dos detalles nos llamaron poderosamente la atención: el suelo de mármol del pórtico, pintado muy siglo XX, y el jardín del Edén en otro hito adelantado a su tiempo. Respecto a esto último bromeé sobre Adán y Eva como el mito fundacional del heteropatriarcado judeocristiano. Al no lograr el efecto deseado tuve que repetir la gracieta varias veces hasta lograr la irritación buscada.

Samuel Sánchez El País

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Mi padre en el AS (1975)

Papá federativos

Ayer había quedado a comer con un titán de las discográficas independientes, Carlos Galán de Subterfuge Records (fundada en 1989). Y me sorprendió con un AS de 1975 en el que mi padre, Alejandro Vogel, tenía bastante relevancia. Un vecino de Carlos había vaciado un desván y hurgando entre sus cosas encontró este ejemplar.

El 17 de abril de 1975 España y Rumania se enfrentaron en el Bernabéu. Era un partido de clasificación para la Eurocopa de 1976, celebrada en Yugoslavia (la del famoso gol de penalti de Panenka en la que los checoslovacos derrotaron a Alemania en la final).

El partido contra Rumania terminó 1-1 (Velázquez, min.6, y Crisan, min. 70). Kubala, el seleccionador, presentó el siguiente once: Iribar, Camacho (¡lateral derecho!), Pirri, Benito, Capón, Del Bosque, Velázquez (Irureta), Rojo, Rexach, Santillana y Gárate.

Mi padre acompañó a la delegación rumana. Fue el anfitrión designado por la Federación Española de Fútbol y ejerció de interprete. De la foto, de Javier Galvéz del encabezado de esta entrada, me hace mucha gracia ver como los federativos le escuchan embobados y la sensación de dominio de la situación que transmite (el estar más elevado contribuye a ello).

En Bucarest también empatamos (2-2). Ellos remontaron en el último cuarto de hora el 0-2 (Villar y Santillana). Se clasificó España para cuartos donde caímos 2-0 ante Alemania. Esa fue la primera vez que mi padre volvió a su ciudad natal tras salir de ella en 1958.

De la mini entrevista que le hace Miguel Vidal en el AS me gustaría destacar esta frase: “Particularmente me satisface la llamada a Del Bosque, que, para mi, es el mejor futbolista actual.”.

AV Del Bosque AS

 

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Penoso Real Madrid

Ángel Martínez Real MadridUn penoso Real Madrid ganó 1-0 a un flojo Rayo Vallecano. Que estuvo a punto de empatar al final del encuentro, en el descuento. Courtois salvó un remate de chilena de Alegría y el correspondiente rechace que Velázquez estrelló en el cuerpo del belga. El balón salió despedido hacia dentro pero Carvajal salvó en la misma linea de gol.

El primer remate del Madrid fue gol. Tuvieron que pasar 12 minutos. La jugada la inició Benzema: cambió la dirección del juego de banda a banda. La pelota le llegó a Lucas Vázquez en la banda derecha (el gallego estuvo colosal en la primera mitad: dominó todas las zonas del campo y cuando se quedó sin gasolina el equipo cayó ostensiblemente). Avanzó y le filtró el pase al francés, quien siguió la jugada, controló y marcó.

Con el marcador a favor el Rayo se achicó y el Madrid ofreció sus mejores momentos. Un buen cuarto de hora con Kroos, Modric y Marcos Llorente dominando el centro de campo más la movilidad de Lucas Vázquez y Benzema.

A Sergio Ramos le anularon (bien) un gol de cabeza por fuera de juego, en falta botada por Kroos. El alemán estrelló un trallazo en el poste. Y poco más.

El desaguisado blanco tiene nombres y apellidos: Marco Asensio y Solari. El jugador falló tres goles. En la segunda ocasión, a puerta vacía, el balón le encontró a él. No atacó la pelota. Estaba a otra cosa. Las otras dos fueron dos mano a mano. Con haber marcado una de las tres ese 2-0 ya suponía otro partido. Y los rivales no hubiesen entrado en el mismo, probablemente habría caído otro gol de nuestro lado y seguro que nos habríamos evitado los sustos de ultima hora. Es inconcebible que el Madrid acabe pidiendo la hora en sus dos últimos partidos de Liga (en Huesca ante el colista y ayer en casa).

Con respecto a Solari dio la impresión que no entendió el partido ni conocía al Rayo. Y la mejor prueba fue el cambio de Marco Asensio por Ceballos. El cambio del mallorquín estaba cantado. ¡Pero por Ceballos! Si Ceballos va a jugar donde Isco ¿no será mejor el original? Además Isco es más futbolista que Ceballos. Ceballos trotó, no ligó jugadas, no se atrevió a rematar y cuando tuvo que demostrar calidad técnica individual no supo controlar el esférico (desaprovechando una buena ocasión).

En una tarde de sábado y con buen horario la entrada fue floja. ¿Te enteras Florentino? Eres el máximo responsable del desaguisado deportivo de esta temporada y de la creciente desafección de los aficionados con su equipo. El Florentinato está de capa caída.

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