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Un siglo de canciones 106: “Novocaine For The Soul”

Novocaine For The Soul” es una de las primeras canciones que Mark Everett (también conocido como E) compuso en colaboración con otros autores. En esta ocasión la escribió junto a Mark Goldenberg. Y también fue el primer sencillo de “Beatiful Freak” (1996), el álbum debut de su banda Eels.

Pero no era la primera grabación de Mark Oliver Everett. Anteriormente había grabado tres discos en solitario (usando el nombre artístico de E). La denominación de la banda (Anguilas sería su traducción) respondía a la necesidad de comenzar el nombre por la misma letra, la segunda vocal, con el objetivo de tener agrupada la discografía en las estanterías de las tiendas de discos (en esa época aún abundaban).

Estas dos últimas semanas han estado actuando por nuestro país. Y poco a poco se van dando a conocer entre nosotros. Porque Eels y el señor E siempre han sido minoritarios entre nosotros.

Everett, nacido en 1963, es hijo del físico Hugh Everett III (el primero en proponer la teoría de los universos paralelos en la física cuántica). Sus canciones tratan asuntos tan poco frecuentes como los de la salud mental. Y otros más habituales como los amores no correspondidos.

Everett IV tiene otra misión: reivindicar la figura de su padre. Fruto de la admiración que siente por él, y el escarnio que sufrió ante su hipótesis del multiverso. De hecho Everett padre dejó el mundo de la investigación para trabajar como  analista de Defensa y consultor (aplicó comercialmente sus desarrollos para el uso generalizado de los multiplicadores de LaGrange en investigación operativa).

Las tragedias familiares también han sido objeto de sus composiciones. Tiene un álbum “inspirado” por el suicidio de su hermana y la prematura muerte de su madre (cáncer). Como verán la soledad, base de sus mejores canciones, no se restringe solamente al mundo del amor imposible.

La novocaína, conocida en los círculos sanitarios como procaina, es un fármaco que bloquea la conducción nerviosa. Se usa como anestésico local -fue el primero sintético y data desde 1905- en combinación con otros medicamentos.

Novocaine For The Soul” obtuvo más éxito comercial en Gran Bretaña que en su país de origen (donde se convirtió en una canción de culto y llegó al nº 1 de las listas alternativas). Alcanzó el Top 10 de las listas británicas y le ayudó para convencer a la BBC para producir un documental sobre su progenitor. Además fue usado en una serie inglesa de TV (también se incluyó en American Gothic, una película estadounidense).

El tema sampleaLet the Four Winds Blow” (1961) de un clásico como es Fats Domino. El video, muy comentado en su momento, fue dirigido por Mark Romanek. El realizador comenta que se inspiró en Mary Poppins para colocar a los miembros de la banda suspendidos en el aire.

Si no conocen a Eels y a su fuerza motriz, Mark Everett, tienen una oportunidad inmejorable: “Novocaine For The Soul“.

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Fringe Freak (por Antonio Perea)

25 de agosto de 2010

“…I read the news today, oh boy! Four thousand holes in Blackburn, Lancashire…”

(The Beatles, “A Day In The Life”)

Con el título “Fringe Freak” (o “Friki Fringe” si así lo preferís) -sugerido por El Mundano, quede reconocida su autoría- aparte de no dejar dudas acerca de lo que voy a hablar, resumo la relación que desde hace más de un año vengo manteniendo con esta serie televisiva, uno de los últimos experimentos de la factoría J.J. Abrams  responsable de productos como “Perdidos”, entre otros. Un experimento, por cierto, de incierta trayectoria en el mercado USA, mercado que manda en esto de las series de TV por razones económicas inevitables.

Desde el propio nombre de la serie, su temática no deja dudas, como la de este post. Desde hace algunos años se ha venido internacionalmente calificando como “fringe” a aquellos sucesos que carecen de una explicación a partir de la ciencia conocida. Son esas ocurrencias que ocupan pequeños espacios en las páginas pares de los periódicos, esos agujeros misteriosos en los campos de Lancashire, esas desapariciones de personas, combustiones espontáneas, avistamientos de animales fantásticos, observaciones de objetos desplazándose inertes (sin inercia) por los cielos, visitas de seres de aspecto vaga o inmoderadamente inquietante, y así hasta lo incontable. De unas décadas para acá, este tipo de acontecimientos bizarros ha dado lugar a todo un género literario y periodístico. Si encendemos nuestro transistor cualquier fin de semana a altas horas de la noche, conectaremos con toda una comunidad de semejantes nuestros que expresan su afición al “fringe” siguiendo programas dedicados a ese mundo, unos más serios que otros, pero todos entregados a informar de lo inexplicable, resignados a plantear preguntas sin obtener respuesta. Permitidme, llegado a este punto, recomendar sin una sola duda entre todos ellos el programa de las madrugadas del fin de semana en Onda CeroLa rosa de los vientos”, que conduce mi admirado compañero Bruno Cardeñosa, y que incluye, junto con una amplio análisis de sucesos “fringe” de impecable tratamiento, temas tanto históricos como de actualidad de innegable interés, abordados desde ópticas enormemente originales y renovadoras.

Por más que a la productora de la serie “Fringe” le guste adjudicarle como antecedente su anterior éxito televisivo “Perdidos”, lo cierto es que todo en aquélla remite inevitablemente a “Expediente X” –actualmente en emisión desde su primera temporada en el nuevo canal Nitro, todo un viaje en el tiempo-, desde su careta llena de referencias a sucesos inexplicables hasta el tenebrismo postmoderno de su fotografía, sin olvidar la tensión sexual no resuelta –al menos hasta ahora- entre su pareja protagonista. La diferencia fundamental entre ambas, sin embargo, constituye la mayor innovación y atractivo de “Fringe”. Mientras que en “Expediente X” el hilo conector de los sucesos narrados consistía precisamente en eso, en la inexplicabilidad que les hacía acreedores a la calificación que constituía el título de la serie y a ser archivados en la oficina especial del FBI correspondiente, en “Fringe” la técnica narrativa va un paso más allá. Así, “Fringe” va desde el primer capítulo facilitando un paciente esquema de pistas que configuran como piezas de un puzzle un eje explicativo para todas o la mayoría de ellas  que en la serie se denomina “el patrón”. Y ese patrón va descubriendo la dualidad del título “Fringe”, pues remite a la sutil cortina o límite –traducción literal de “fringe”- entre dos realidades.

¿Y en qué consiste ese patrón? Hacia 1960 el reputado físico teórico y matemático Hugh Everett -padre de Mr. E, lider de los Eels– propuso una teoría según la cual los principios de la física cuántica determinarían que las sucesivas interacciones cotidianas con nuestro entorno desdoblan inevitablemente una y otra vez lo que llamamos “la realidad” creando en conjunto infinitas “realidades” paralelas, hasta el punto de que el universo debería ya ser llamado “Multiverso”. Puede que lo que digo resulte un poco friki, pero gente nada sospechosa de frikismo como Stephen Hawking ha manifestado compartir a grandes rasgos ese pensamiento. Y si uno lee cuidadosamente lo que la wiki dice acerca de los universos paralelos comprobará que los razonamientos que lo descartan, rudimentariamente descritos por este humilde profano, se basan en las siguientes actitudes: 

a) No hay que tenerlo en cuenta porque toda la física funciona razonablemente bien tal cual está. 

b) Existe algo parecido y lo vamos a llamar “conciencia”, y así no nos entorpecerá para seguir trabajando. Es en otro terreno, lo mismo que en el periodismo aquello de la realidad contrapuesta a un buen titular.

c) Por el contrario la alternativa sería la que aceptan Everett, Hawking y otros, es decir, considerarlo y trabajar sobre ello o, al menos, tenerlo en cuenta. Si a la teoría de los “Multiversos” le añadimos la conexión entre ellos a través de puentes de Einstein-Rosen, más conocidos como “agujeros de gusano”, ya tenemos “el patrón” explicativo perfecto para los sucesos “fringe”. Perfecto porque los explica, y perfecto porque se basa en sólidas hipótesis de física teórica que, aunque avaladas por científicos de primera fila internacional y valía incuestionable, son sin embargo de momento, y quizá para siempre, irreproducibles en un laboratorio y completamente indemostrables en la vida real. No cabe mayor paraíso, pues, para la ciencia-ficción.

Aviso para quienes no hayan visto los dos capítulos finales de la 2ª temporada: en el siguiente párrafo se desvela su desenlace.

De momento, tras la finalización de la segunda temporada, hemos dejado a la heroína de la serie, la agente especial del FBI Olivia Dunham -eficazmente encarnada en la atractiva actriz Anna Torv– prisionera en una celda de seguridad de un Nueva York alternativo situado en un universo contiguo al nuestro, un Nueva York en el que el Empire State sigue cumpliendo su función original de boya de amarre para unos zeppelines que pueblan todo su cielo y en cuyo horizonte lucen, devenidas en nada improbable catedral, las torres del proyectado y –en nuestro universo- nunca realizado Grand Hotel de Antonio Gaudí; un Nueva York, en fin, en el que perviven las torres gemelas del World Trade Center. Mientras tanto, una Olivia Dunham alternativa procedente del otro universo ha logrado penetrar en el nuestro, usurpando la vida de la original y con intenciones más que previsibles de provocar una acción cósmica de destrucción para nuestro mundo. En septiembre se podrán seguir en USA sus peripecias en la inminente tercera temporada, que desde aquí deseo comercialmente exitosas. No en vano depende de ello que numerosos Fringe-frikis del resto del mundo disfrutemos con delectación sus nuevas aventuras.

“… Where have you gone, Joe DiMaggio? A nation turns its lonely eyes to you…”

(Simon & Garfunkel, “Mrs. Robinson”)

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