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Dylan vende todo

La noticia musical de ayer fue la venta de todo el catalogo de canciones de Bob Dylan. Aclaro: Dylan lo ha vendido todo, tanto los derechos que le corresponden como autor como los derechos editoriales. Estos últimos los controlaba su propia editorial, Bob Dylan Music Company (BDMC). Esta nació de la agrupación de todas las editoriales que ha tenido el Nobel de Literatura a lo largo de su dilatada carrera (Dwarf Music, Big Sky Music, Ram’s Horn Music y Special Rider Music). Algunas surgieron por asuntos relacionados con divorcios. BDMC operaba directamente en Estados Unidos mientras Sony/ATV administraba los derechos en el resto del mundo. Asumo que una parte de la venta se canalizará a través de la empresa (por absorción) y otra a título personal.

Esta operación por la que Dylan se deshace de su pasado presenta varias particularidades. La primera que llamó mi atención fue la cuestión del derecho moral, inexistente en la legislación de la propiedad intelectual estadounidense y pilar básico de la europea (conocida como derecho continental). Este derecho moral surgió como protección de los autores para que no vendiesen todos los derechos de sus obras por cuatro perras. Algo más frecuente de lo deseado, por los problemas de adicción que todos pueden imaginar. Las sociedades anglosajonas, tan pro business, no aceptaron esta normativa. En el caso de Dylan no hay ningún abuso y como autor estadounidense se aplica la legislación de su país. La particularidad surge por la parte compradora: Universal Music Publishing Group es una editorial estadounidense, mas su propietaria es una multinacional francesa. De no estar registrada UMPG como empresa de EEUU habría creado problemas burocráticos. De fácil solución, pero costosa.

No se ha desvelado el precio de la adquisición. Algo que tendrá que hacerse al publicar las cuentas del trimestre y las anuales de 2020 de UMPG. Mientras, los medios especulan con una cantidad que rondaría los 300 millones de dólares. Cifra que me resulta irrisoria, aunque parezca que es mi comentario el que lo sea. Me explico: hace tan solo unos días, el 4 de diciembre, Primary Wave Music Publishing anunció que le había comprado a Stevie Nicks una gran parte de sus derechos (80%) por unos 100 millones de dólares. Es decir, por un tercio de lo que dicen que le han pagado a Dylan se llevan menos del 100% de los derechos de Nicks, que es lo que Dylan le ha vendido a UMPG. No me cuadra. No infravaloro a Stevie Nicks ni sobrevaloro a Bob Dylan. Pero las cosas como son: la carrera de uno arranca en 1962 y su catalogo son más de 600 canciones, muchas de ellas versionadas por los más grandes de todos los estilos y géneros (superan las 6.000 grabaciones). El mayor éxito de Nicks fue el “Rumours” de Fleetwood Mac, uno de los más vendidos de la historia. De las 11 canciones del álbum tres fueron compuestas por ella más uno con toda la banda. En el siguiente, “Tusk“, un doble, suyas son cinco de las 20 canciones. En solitario también tuvo éxito, pero sin llegar a la altura del “Rumours“. Primary Wave, que se ha hecho con los derechos editoriales de Nicks, inició sus actividades en 2006 con la compra del 50% del catalogo de canciones de Kurt Cobain.

Estas compras recientes (Dylan, Nicks) tienen algunos antecedentes de este mismo año: Calvin Harris (90 millones), Imagine Dragons (100 millones), The Killers, etc. A esta lista muy pronto se unirá David Crosby.

La pregunta clave es: ¿qué ha motivado a Bob Dylan para deshacerse de sus activos más preciados? Al 100%. Igual que en los casos mencionados anteriormente puede haber una motivación fiscal. El presidente electo Joe Biden anunció durante su campaña que subiría el impuesto de plusvalías de un 20% al 40% para las ganancias superiores a un millón de dólares. Esto quizás explique el frenesí de compras y ventas desde las elecciones del 3 de noviembre hasta la fecha. Pero sigue sin despejar la incógnita principal: ¿por qué vender el 100% de sus canciones? Evidentemente el precio será mayor cuanto más porcentaje venda. ¿Pero de ahí al total? Demuestra un desapego absoluto por sus creaciones. ¿O es justo todo lo contrario? Porque prefiere dejarlas en manos de profesionales (UPMG) que en quién sabe quién. Estoy hablando de sus herederos, sus parejas, y sus respectivos abogados, asesores financieros y demás buitres. Probablemente, desde el punto de vista fiscal, esta también pueda ser la mejor solución para los herederos. Aparte que los derechos de autor pasan a dominio público 70 años después del fallecimiento del autor. Es decir, vendiendo incluso puede estar beneficiando a los herederos de sus herederos (si los herederos directos no dilapidan la previsible fortuna que les va a quedar). Recuerden que Bob Dylan tiene 79 años.

Por una ironía del destino UPMG va controlar todas las canciones de Dylan. Leeds Music Publishing le firmó su primer contrato editorial (un adelanto de 100 dólares) para las dos canciones propias incluidas en su álbum de debut (1962), más los arreglos de los cuatro temas tradicionales que adaptó. Leeds Music fue vendida a MCA que a su vez posteriormente fue comprada por Universal.

En la editorial de Dylan, Bob Dylan Music Company, además de sus temas encontramos una joya no compuesta por él: “The Weight” de Robbie Robertson (The Band).

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El peso de Aretha Franklin

El peso de Aretha Franklin ha dejado un legado inmortal en muchas áreas y géneros musicales. La web Hip Hop DX ha publicado un listado con los 15 mejores temas de rap que han sampleado su música. Otra muestra de su peso es que nadie ha cantado a los Beatles como ella. Salvo ellos, claro está. Aunque no esté tan claro cuando hablamos de sus versiones de otras canciones. Se las apropiaba y las hacía suyas. Como “Respect” de Otis Redding. Quizás el ejemplo más claro de como le dio la vuelta a un tema.

Otro caso paradigmatico es el “The Weight” de The Band. Que es al peso al que me refería en el titular (en un intento de hacer un juego de palabras con su influencia y el título de la canción de Robbie Robertson, quien reconocía la influencia de Luis Buñuel en la letra). Un temazo cuya mejor versión es la de Aretha Franklin, superando a la original (en mi opinión). Los arreglos de Arif Mardin y la producción de Jerry Wexler y Tom Dowd obran maravillas. Y un dato clave: la slide guitar de Duane Allman. Aretha quería que hubiese ese sonido y pidió que trajesen a ese “white cat“. Los componente del triángulo mágico de Atlantic Records de esos días (Dowd, Mardin y Wexler) sabian perfectamente a quien se refería Lady Soul. A Duane “Skydog” Allman (el mote de Skydog se lo puso Wilson Pickett).

Cuando algún listo habitual de los medios intenta desmerecer (y ensuciar) la labor de Jerry Wexler como productor (o director de grabaciones) convendría que escribiese conociendo algunas de las reglas básicas del arte de grabar discos. Las resumo en dos principios innegociables:

  1. Potenciar el talento creativo de autores, artistas, arreglistas, músicos e interpretes. Crear y conseguir las mejores condiciones posibles.
  2. A veces para cumplir la primera premisa lo mejor es quitarse de en medio y dejar hacer. No interferir. Observar como todo fluye.

Una de las mayores aportaciones de Wexler, en los discos de Aretha para Atlantic sobre los de John Hammond (su descubridor) en Columbia Records, fue un sencillo truco (además de la selección de repertorio): alejar a la Franklin de la cabina individual destinada a grabar cantantes. La colocó al piano y grababa su voz desde ahí, mientras tocaba y cantaba arropada por los músicos (y no aislada de ellos). En “The Weight” concretamente desplazó al pianista al órgano. En fin…

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Levon Helm (1940-2012)

Esta foto fue tomada, el verano pasado, en la que probablemente fue su última actuación en Europa: el Solid Sound Festival británico (tocó con Wilco).

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Un siglo de canciones 89: “The Weight” (por Gustavo Sierra y Adrian Vogel)

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Un siglo de canciones 89: “The Weight” (por Gustavo Sierra y Adrian Vogel)

7 de enero de 2011

El pasado día 1 de enero Gustavo publicó en su blog un post sobreThe Weight“, nuestra canción de hoy. Inmediatamente le propuse hacer algo conjunto sobre esta gran olvidada en “Un siglo de canciones“.

Compuesta por Robbie Robertson, guitarrista de la banda, Levon Helm siempre le disputó la autoría. Basado en el increíble peso que su batería tiene en la canción y en que los personajes que van apareciendo en la historia eran amigos y conocidos suyos.

Robertson por su parte sostiene que su mayor inspiración proviene de las películas de Buñuel: “Rodó varias películas sobre la imposibilidad de alcanzar la santidad. Gente tratando de ser buena en “Viridiana” y “Nazarín”, gente intentando ser ellos mismos. Pasa lo mismo con “The Weight”. Buñuel hacía películas con connotaciones religiosas pero no necesariamente religiosas… Y el Nazareth –Pensilvania– de la canción es donde está la fábrica de guitarras Martin“.

Grabada para el primer álbum de The BandMusic From Big Pink” (la casa rosa en las cercanías de Woodstock donde trabajaron con Bob Dylan), editado en 1968, la formación de la sesión fue:

Rick Danko: bajo, coros, cantante en la cuarta estrofa

Levon Helm: batería, voz solista

Garth Hudson: piano

Richard Manuel: órgano Hammond, coros

Robbie Robertson: guitarra acústica

Aquí ya encontramos una de las características principales del grupo: la posibilidad de contar con varios cantantes (RR era habitualmente la voz principal). Además de tener dos teclistas, y la versatilidad de distintos miembros con varios instrumentos.

En sus orígenes, los cuatro canadienses más el único estadounidense (Helm), ejercían como músicos profesionales. Entre 1958 y 1963 cada uno de ellos pasó por The Hawks, la banda de acompañamiento de Ronnie Hawkins. Allí se conocieron todos. Y cuando se independizaron pasaron a llamarse Levon and The Hawks. Posteriormente, acompañaron a Bob Dylan al principio de la segunda mitad de los 60, en el paso del poeta del Folk a poeta del Rock, y tocaron en las grabaciones que éste realizó durante su retiro forzado en 1967 (las sesiones en la casa rosa -Big Pink- fueron conocidas como “The Basement Tapes). Su caso es peculiar, ya que de grupo sólido de músicos acompañantes de grandes estrellas pasaron a ser, probablemente animados por Bob Dylan, uno de los grupos más influyentes del Rock, Country-Rock y Rythm’n’Blues, aunque también siguieron acompañando a Dylan en sus giras. Y con motivo del 60 cumpleaños de Ronnie Hawkins se reunieron para su concierto homenaje y no faltó este clásico.

The Weight” tuvo un gran impacto entre los músicos negros de su época. Por las connotaciones religiosas mencionadas por su autor -Robbie Robertson- y esa batería que arrastra todo el peso de la canción (haciendo honor a su titulo). De lo primero enseguida se dieron cuenta los del Gospel y de lo segundo, los del Soul. Desde Staple Singers hasta Aretha Franklin sin olvidar la que grabaron en 1969 Diana Ross & The Supremes con The Temptations. Un año antes, coincidiendo con la edición de la versión original, la grabó Jackie de Shannon… Años después cuando Martin Scorsese rodó “The Last Waltz“, su concierto de despedida, la interpretaron junto a los Staple Singers.

The Weight” parte desde el Folk, donde es habitual encontrar la figura del viajero. En esta ocasión llega al pueblo de Nazareth, donde se va encontrando a diferentes personajes (incluyendo al diablo). La canción narra las “buñuelescas” historias de estos encuentros.

Fue uno de los grandes hitos de la contracultura, como lo demuestra su inclusión en la película “Easy Rider (Dennis Hopper, 1969), en la que dos hippies, encarnados por Peter Fonda y por el propio Hopper, y con una de las primeras actuaciones memorables de un, por entonces, principiante Jack Nicholson, recorren los Estados Unidos rumbo al carnaval de Nueva Orleans, encontrándose con curiosos personajes, pero también con reaccionarios ultraderechistas ansiosos de linchar a cualquier melenudo que irrumpa en su paz. No desvelaremos lo que pasa al final: sólo que cuando llegan a Nueva Orleans descubren que no hay nada de lo que buscaban…

Entradas anteriores en:

Un siglo de canciones (todos los posts)

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