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Mini martes

Michigan

Ayer se celebró en EEUU el Mini martes (o Súper martes 2) del proceso de primarias del Partido Demócrata. Votaban en seis estados. Michigan era el más importante con sus 120 delegados. Washington State con 89 y Missouri con 68 eran también buenas plazas. Los otros tres repartían 14, 20 y 36 (North Dakota, Idaho y Mississippi respectivamente). En total estaban en juego 347 delegados.

Lo más sorprendente ocurrió al filo de la medianoche (hora española): la administración del Estado de Michigan anunció que probablemente no se conocerían los resultados hasta bien entrado el miércoles. Una vez más quedaba demostrada la eficacia de nuestros procesos electorales y las carencias del país líder en tecnología punta. Incomprensible.

Una jornada que podría disparar a Joe Biden hacía la nominación o afianzar la posición de Bernie Sanders. Biden encabezaba la carrera de los delegados (tras su gran noche del Súper martes, impulsado por su triunfo previo en Carolina del Sur). Y también algo que podría ser decisivo entre los votantes del Partido Demócrata: los candidatos que han abandonado las primarias han manifestado su apoyo a Biden. Todos menos Elizabeth Warren. Ella supone la gran incógnita. Llegados a este punto conviene recordar tres puntos:

  1. Sanders no es miembro del partido. Se presenta a las primarias como independiente. Factor que puede ser decisivo de cara a los superdelegados en la convención del partido.
  2. Por muchas importancia que Warren se de, su peso e influencia no es tan relevante. Se ha demostrado en las urnas de estas primarias.
  3. A Warren le pesa su pasado como militante del Partido Republicano. Y su personalidad de profesora regañona. Dos patinazos en estas primarias la descabalgaron y dejaron sin opciones: no tener un plan economico para su proyecto sanitario (fue patético ver como en el primer debate intentaba escabullirse de las preguntas de sus rivales) y su enfrentamiento público con Sanders al terminar un debate (se acercó a su posición y le regañó; esto acabó reforzando a Sanders).

Sobre la una de la madrugada CNN proyectaba el triunfo de Biden en Mississippi. Quedaba por saber el reparto de los 36 delegados del estado. Dada la configuración etnica de los votantes (64% afroamericanos) podemos suponer que se llevará una gran parte de los 36. Confirmando que al voto negro no le gusta Sanders. Y si no afianza el voto joven –perdió muchos el Súper martes– sus posibilidades se estrechan.

El New York Times confirmaba el triunfo de Biden en Mississippi y añadía Missouri (68 delegados). Washington Post decía lo mismo que el NYT. Me sorprendió el silencio de CNN respecto a Missouri. Hasta la 01:38 no dieron a Biden ganador en Missouri. Un triunfo claro y significativo: Sanders perdió Missouri en 2016 por los pelos contra Hilary Clinton y en 2020 se ha desplomado frente a Biden. A esta hora ya se conocían los primeros resultados de Michigan (la foto del encabezado): con un 21% escrutado Biden iba ganando por 28.990 votos.

Seguía sin entender el aviso del gobierno de Michigan sobre la demora en dar los resultados finales. Ya teníamos el 21%. Y minutos después conocíamos los datos al 31% y Biden aumentaba su ventaja. Y a las dos estábamos en el 44%. Biden mantenía posiciones. Otra curiosidad: a esas dos de la madrugada española cerraban los colegios electorales de Michigan. Es decir, teníamos casi la mitad de los resultados con la votación aún en marcha. Y nos habían avisado que los resultados definitivos no se conocerían hasta bien entrado el miércoles (en su uso horario). Alguna explicación tiene que haber. A mi se me escapa.

Al 53% la diferencia entre Biden y Sanders aumentaba. Y a las 02:10 CNN proyectaba a Biden como ganador de Michigan, el premio gordo de la noche. En un estado en que Sanders le había ganado a Clinton en 2016. En el siguiente cuadro del NYT vemos los datos conocidos hasta las 02:15. Ojo que el recuento de delegados del 10 de marzo es parcial, solo han repartido 55 de los 347 en disputa.

NYT

 

Si la tendencia de Michigan se mantiene y acaba ganando Biden, según el pronóstico, podríamos decir que el Mini martes fue The Night They Drove Old Bernie Down.

 

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Elliot Roberts (1943-2019)

Trasher's Wheat 1985

Ayer me enteré del fallecimiento de Elliot Roberts, un gigante de la industria musical estadounidense. Sucedió el día 21 de junio. Tenía 76 años, cumplidos el pasado mes de febrero.

Nacido y criado en el Bronx neoyorkino acortó su apellido judío (Rabinowitz) y tras abandonar los estudios universitarios (dejó dos carreras) quiso ser actor. Empezó a trabajar en el departamento de envíos de la William Morris Agency de Nueva York. Ahí conoció a David Geffen, otro gigante. Aunque debería decir que Geffen es el gigante de la industria cultural de Estados Unidos. Esta relación devino en amistad y compartieron negocios y aventuras empresariales (Geffen-Roberts Company y Asylum Records en 1971).

Fueron Geffen y Roberts quienes convencieron a Bob Dylan para que abandonase su discográfica de siempre (Columbia Records/CBS) para unirse a la discográfica Asylum y a su oficina de representación (Geffen-Roberts Co.). Editó dos álbumes con ellos: “Planet Waves” y “Before The Flood“, un doble en directo con The Band. Posteriormente Dylan volvería a su casa de siempre.

En 1973 Geffen, Roberts, Elmer Valentine (dueño del Whisky a Go-Go) y Lou Adler abrieron el club The Roxy en el Sunset Strip de West Hollywood. Neil Young inauguró el local.

Roberts y Geffen dejaron de ser socios por culpa de terceros. Un joven agente, Irving Azoff, que trabajaba en la Geffen-Roberts Co. fue el causante principal del cisma: The Eagles cambiaron de pareja de baile, abandonaron a Geffen-Roberts y se fueron con Azoff, quien montaba su propia oficina. Geffen y Roberts, ambos impulsivos y apasionados, chocaron en su forma de afrontar la situación. Geffen fue frío y cerebral y Roberts diríamos que más hippy. El primero tomó una actitud profesional y siguió trabajando con Azoff (convenció a Warner Bros. para que le financiase un sello, Giant Records) y los Eagles (en Asylum y luego en Geffen Records, donde también tuvo a Don Henley), mientras que Roberts roto el amor fraternal juró odio eterno al traidor y al grupo. Y formó Lookout Management. Las malas lenguas dicen que la movida de Geffen con Azoff fue para quitárselo de en medio de MCA (donde presidía la cia.) y poder vender Geffen Records a los nuevos dueños de MCA.

El primer descubrimiento de Roberts fue la canadiense Joni Mitchell. La vio actuando en un club del Greenwich Village de Nueva York (Cafe Au Go Go) en 1966. Se mudaron juntos a Los Ángeles, a Laurel Canyon (centro artístico y bohemio). Les acompañaba el entonces novio de Mitchell, David Crosby. Al poco se les unió David Geffen. Ya situados en la costa oeste Joni Mitchell le habló de un compatriota suyo, Neil Young, que estaba en un grupo (Buffalo Springfield). Curiosamente fue Young quien provocó que la banda prescindiese de los servicios de Roberts. Cuando ellos se separaron, a los 18 meses de formarse, Neil Young llamó a Elliot Roberts para que fuese su manager. Quería empezar su carrera en solitario. Ha sido representante suyo hasta la fecha de su muerte. Son más de cincuenta años. Y “aguantar” a Neil Young no es fácil… Jimmy McDonough, autor de la biografía de Young, escribía al respecto de la relación Young/Roberts que “Ha habido otros equipos infames en el rock and roll –Dylan y Albert Grossman, Ray Charles y Joe Adams, Bruce Springsteen y Jon Landau– y, por supuesto Elvis y el Coronel Tom Parker. Elliot Roberts definitivamente vive en este salón de la infamia y es el único ser humano capaz de guiar la carrera de Neil Young.”

Con Joni MItchell rompió en 1985. La foto de Trasher’s Wheat en la que vemos a Young, Mitchell y Roberts es de ese 1985.

Roberts también fue manager (con o sin David Geffen) entre otros de Crosby, Stills & Nash, Crosby, Stills, Nash & Young (“el pegamento que nos mantenía unidos” ha declarado Graham Nash), Jackson Browne, America, Devo, Talking Heads, The Cars, Tom Petty, Tracy Chapman (su último descubrimiento de relieve) además de los ya mencionados anteriormente.

Cuando llevé el marketing internacional de Geffen Records en NY tuve el inmenso honor de conocer a Elliot Roberts. (David Geffen tenía un contrato de distribución con Warner Bros. para EEUU y Canadá y otro con CBS para el resto del mundo; Warner eran socios de Geffen Records). Me tocó trabajar con él en tres proyectos: Neil Young (dos álbumes), Joni Mitchell y el debut en solitario de Ric Ocasek, el líder de The Cars.

Con Ocasek no hubo nada que hacer. Aparte de trabajar para que se editase en los principales mercados del mundo. El álbum era flojo. No funcionó en EEUU, ni en ventas ni tuvo el apoyo de la crítica musical. No había ninguna historia que contar. En cambio con Joni Mitchell fue otra cosa. Dada la vertiente pintora de la cantautora, y que la portada del álbum “Wild Things Run Fast” era obra suya, Roberts y Mitchell tuvieron la idea de organizar presentaciones del disco en galerías de arte (en conjunción con sus pinturas). En Estados Unidos solo consiguieron hacerlo en Los Ángeles. Por mi parte coordiné con las compañías de  Inglaterra, Italia, Australia y Japón para hacerlo en Londres, Milán, Sydney y Tokyo. Salí bien parado del asunto aunque ella echó de menos no haber estado en París. Aún recuerdo la mirada de Elliot Roberts a Joni Mitchell: la calló. Y rápidamente paso a agradecer lo que CBS Records International había logrado.

Lo mejor de nuestra relación sucedió en San Francisco, en el rancho de Neil Young (una hora al norte de la ciudad). Young debutaba en Geffen Records con un disco difícil “Trans“. Influenciado por Kraftwerk se alejaba drásticamente de lo que sus seguidores podían esperar. El trasfondo del disco eran los ejercicios vocales que practicaba con su hijo Ben, quien sufría parálisis cerebral infantil. (Pero eso no lo sabíamos entonces). Young había accedido a recibir periodistas musicales y críticos en su rancho, para pasar el día con él, hablar del disco, etc. Las delegaciones australianas y japonesas habían llegado directamente y ya estaban en el rancho cuando llegué desde NY con los ingleses, Antoine de Caunes y su equipo de TV de Francia, la corresponsal italiana de la RAI, un par de medios alemanes y uno holandés. Nos recibió Elliot Roberts en el aeropuerto de LA. El trayecto fue todo un muestrario de Roberts. Todo lo que me habían contado era cierto: despierto, buena persona, bromista, rápido, inteligente, encantador, etc. Recuerdo vívidamente dos temas: la historia de porque Neil Young y él se habían comprado esos terrenos. La idea era que, según estudios geológicos que hablan sufragado, cuando los movimientos de la Falla de San Andrés fuesen perceptibles, sus propiedades se convertirían islas del Pacífico. Cuándo le pregunté cuando ocurriría eso, me contestó entre risas que en unos miles de años. Y se encendió un porro (que ya llevaba liado). El segundo asunto fue cuando nos llevó por unas carreteras rurales, con pequeñas subidas que tomaba a gran velocidad (como si fuesen dunas) y el todo terreno literalmente volaba hasta caer sobre sobre suelo firme de nuevo. El vehículo que nos seguía, con el resto de la expedición, le pitaba (asumo que pidiéndole prudencia).

Al llegar a la casa de Neil Young, nos esperaba con su familia, músicos, amigos y los australianos y japoneses que habían llegado antes. El salón era lo que te esperabas. Rústico, lleno de guitarras, amplis, una enorme chimenea, muebles de madera, telas en las paredes, alfombras cubriendo todo el suelo. Y una peste a marihuana que ya te embriagaba. Improvisamos una pequeña rueda de prensa mientras preparaban la cena. Tras la parte profesional del asunto nos relajamos, comimos, bebimos y Young nos tocó un par de temas con sus amigos músicos. Tuve ocasión de charlar con él. Le felicité por el riesgo que asumía con “Trans“. No es fácil que un artista de renombre de un cambio estilístico tan acusado y se lance al barro de esta manera. Estaba especialmente interesado en la opinión de los alemanes (por lo de Kraftwerk). A Roberts (y a Young) le gustó lo que dije. Y creo que fue ahí cuando me gané la confianza del manager. Respecto a mi comentario sobre asumir riesgos soltó irónicamente que David (Geffen) no compartía mi punto de vista. Años después Geffen demandó a Young por no entregar obras acorde a su estatus, por los que la compañía le pagaba un millón de dólares de adelanto.

Lo último que supe de Roberts fue la semana pasada. Unas declaraciones suyas respecto al incendio que afectó a muchos de las cintas originales propiedad de Universal (y los sellos que ha ido absorbiendo o creando). Decía: “Es un crimen que hayan desaparecido los masters originales de Billie Holiday o Buddy Holly o de todos esos artistas de los 40 0 50. Cuando la industria discográfica empezó a declinar hace unos 15 años, la gente (por los ejecutivos) fue reticente a hacer copias porque costaba dinero. Cuesta de 2.500$ a 3.000$ convertir un original analógico a una copia digital de audio en alta resolución. No quisieron gastarse el dinero… Es trágico.”

 

 

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El peso de Aretha Franklin

El peso de Aretha Franklin ha dejado un legado inmortal en muchas áreas y géneros musicales. La web Hip Hop DX ha publicado un listado con los 15 mejores temas de rap que han sampleado su música. Otra muestra de su peso es que nadie ha cantado a los Beatles como ella. Salvo ellos, claro está. Aunque no esté tan claro cuando hablamos de sus versiones de otras canciones. Se las apropiaba y las hacía suyas. Como “Respect” de Otis Redding. Quizás el ejemplo más claro de como le dio la vuelta a un tema.

Otro caso paradigmatico es el “The Weight” de The Band. Que es al peso al que me refería en el titular (en un intento de hacer un juego de palabras con su influencia y el título de la canción de Robbie Robertson, quien reconocía la influencia de Luis Buñuel en la letra). Un temazo cuya mejor versión es la de Aretha Franklin, superando a la original (en mi opinión). Los arreglos de Arif Mardin y la producción de Jerry Wexler y Tom Dowd obran maravillas. Y un dato clave: la slide guitar de Duane Allman. Aretha quería que hubiese ese sonido y pidió que trajesen a ese “white cat“. Los componente del triángulo mágico de Atlantic Records de esos días (Dowd, Mardin y Wexler) sabian perfectamente a quien se refería Lady Soul. A Duane “Skydog” Allman (el mote de Skydog se lo puso Wilson Pickett).

Cuando algún listo habitual de los medios intenta desmerecer (y ensuciar) la labor de Jerry Wexler como productor (o director de grabaciones) convendría que escribiese conociendo algunas de las reglas básicas del arte de grabar discos. Las resumo en dos principios innegociables:

  1. Potenciar el talento creativo de autores, artistas, arreglistas, músicos e interpretes. Crear y conseguir las mejores condiciones posibles.
  2. A veces para cumplir la primera premisa lo mejor es quitarse de en medio y dejar hacer. No interferir. Observar como todo fluye.

Una de las mayores aportaciones de Wexler, en los discos de Aretha para Atlantic sobre los de John Hammond (su descubridor) en Columbia Records, fue un sencillo truco (además de la selección de repertorio): alejar a la Franklin de la cabina individual destinada a grabar cantantes. La colocó al piano y grababa su voz desde ahí, mientras tocaba y cantaba arropada por los músicos (y no aislada de ellos). En “The Weight” concretamente desplazó al pianista al órgano. En fin…

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Levon Helm (1940-2012)

Esta foto fue tomada, el verano pasado, en la que probablemente fue su última actuación en Europa: el Solid Sound Festival británico (tocó con Wilco).

Entrada relacionada:

Un siglo de canciones 89: “The Weight” (por Gustavo Sierra y Adrian Vogel)

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Barry Feinstein (1931-2011)

Ha fallecido Barry Feinstein a la edad de 80 años. Conocido como el fotógrafo del Rock comenzó su carrera en el Hollywood de la década de los 50. Y por su cámara pasaron estrellas del cine, acontecimientos, políticos, músicos, etc. Aquí repasaremos algunas de sus fotos más relevantes, incluyendo aquellas que fueron portadas para los grandes iconos del Rock, y también la que no lo fue: la foto para la portada original del “Beggars Banquet” de los Rolling Stones.

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Un siglo de canciones 89: “The Weight” (por Gustavo Sierra y Adrian Vogel)

7 de enero de 2011

El pasado día 1 de enero Gustavo publicó en su blog un post sobreThe Weight“, nuestra canción de hoy. Inmediatamente le propuse hacer algo conjunto sobre esta gran olvidada en “Un siglo de canciones“.

Compuesta por Robbie Robertson, guitarrista de la banda, Levon Helm siempre le disputó la autoría. Basado en el increíble peso que su batería tiene en la canción y en que los personajes que van apareciendo en la historia eran amigos y conocidos suyos.

Robertson por su parte sostiene que su mayor inspiración proviene de las películas de Buñuel: “Rodó varias películas sobre la imposibilidad de alcanzar la santidad. Gente tratando de ser buena en “Viridiana” y “Nazarín”, gente intentando ser ellos mismos. Pasa lo mismo con “The Weight”. Buñuel hacía películas con connotaciones religiosas pero no necesariamente religiosas… Y el Nazareth –Pensilvania– de la canción es donde está la fábrica de guitarras Martin“.

Grabada para el primer álbum de The BandMusic From Big Pink” (la casa rosa en las cercanías de Woodstock donde trabajaron con Bob Dylan), editado en 1968, la formación de la sesión fue:

Rick Danko: bajo, coros, cantante en la cuarta estrofa

Levon Helm: batería, voz solista

Garth Hudson: piano

Richard Manuel: órgano Hammond, coros

Robbie Robertson: guitarra acústica

Aquí ya encontramos una de las características principales del grupo: la posibilidad de contar con varios cantantes (RR era habitualmente la voz principal). Además de tener dos teclistas, y la versatilidad de distintos miembros con varios instrumentos.

En sus orígenes, los cuatro canadienses más el único estadounidense (Helm), ejercían como músicos profesionales. Entre 1958 y 1963 cada uno de ellos pasó por The Hawks, la banda de acompañamiento de Ronnie Hawkins. Allí se conocieron todos. Y cuando se independizaron pasaron a llamarse Levon and The Hawks. Posteriormente, acompañaron a Bob Dylan al principio de la segunda mitad de los 60, en el paso del poeta del Folk a poeta del Rock, y tocaron en las grabaciones que éste realizó durante su retiro forzado en 1967 (las sesiones en la casa rosa -Big Pink- fueron conocidas como “The Basement Tapes). Su caso es peculiar, ya que de grupo sólido de músicos acompañantes de grandes estrellas pasaron a ser, probablemente animados por Bob Dylan, uno de los grupos más influyentes del Rock, Country-Rock y Rythm’n’Blues, aunque también siguieron acompañando a Dylan en sus giras. Y con motivo del 60 cumpleaños de Ronnie Hawkins se reunieron para su concierto homenaje y no faltó este clásico.

The Weight” tuvo un gran impacto entre los músicos negros de su época. Por las connotaciones religiosas mencionadas por su autor -Robbie Robertson- y esa batería que arrastra todo el peso de la canción (haciendo honor a su titulo). De lo primero enseguida se dieron cuenta los del Gospel y de lo segundo, los del Soul. Desde Staple Singers hasta Aretha Franklin sin olvidar la que grabaron en 1969 Diana Ross & The Supremes con The Temptations. Un año antes, coincidiendo con la edición de la versión original, la grabó Jackie de Shannon… Años después cuando Martin Scorsese rodó “The Last Waltz“, su concierto de despedida, la interpretaron junto a los Staple Singers.

The Weight” parte desde el Folk, donde es habitual encontrar la figura del viajero. En esta ocasión llega al pueblo de Nazareth, donde se va encontrando a diferentes personajes (incluyendo al diablo). La canción narra las “buñuelescas” historias de estos encuentros.

Fue uno de los grandes hitos de la contracultura, como lo demuestra su inclusión en la película “Easy Rider (Dennis Hopper, 1969), en la que dos hippies, encarnados por Peter Fonda y por el propio Hopper, y con una de las primeras actuaciones memorables de un, por entonces, principiante Jack Nicholson, recorren los Estados Unidos rumbo al carnaval de Nueva Orleans, encontrándose con curiosos personajes, pero también con reaccionarios ultraderechistas ansiosos de linchar a cualquier melenudo que irrumpa en su paz. No desvelaremos lo que pasa al final: sólo que cuando llegan a Nueva Orleans descubren que no hay nada de lo que buscaban…

Entradas anteriores en:

Un siglo de canciones (todos los posts)

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