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Milagro en Manchester

Jesús Álvarez Orihuela AS

De milagro podemos calificar lo vivido anoche en Manchester por el Real Madrid. El partido no pudo empezar peor: De Bruyne anotaba el 1-0 al minuto de juego en el primer despiste defensivo de la noche; a los 10 minutos en otro desbarajuste de nuestra defensa Gabriel Jesus hacía el 2-0 y dejaba retratado a Alaba. Era increíble lo que estábamos viviendo. No pasabamos de la divisoria de ambos campos. Nos presionaban por todo el campo. No ligábamos dos pases seguidos. El meneito que nos estaban metiendo era tremendo.

A medida que avanzaba el encuentro el 2-0 se quedaba corto. Hasta que Modric, poco antes de la media hora de juego, apareció y reactivó al moribundo. Benzema en el 32 acortó distancias (2-1). Modric robó un balón y abrió a la banda a Mendy. El lateral centró y Benzema se anticipó para rematar a gol con el interior desde la inmediación del punto de penalti. El balón entró pegado al palo.

Rodrygo pudo marcar tres minutos después.

El 2-1 al descanso era le mejor noticia para el Madrid. El cuarto de hora final de la primera mitad era poco bagaje para el aluvión de juego del Manchester City. Pero ese gol mantenía vivas nuestras esperanzas.

El arranque de la segunda mitad fue tan desastrosa como la de la primera. Nos arrollaron. Fallaron un gol incomprensible con dos oportunidades en la misma jugada. La primera la salvó el poste y la segunda Carvajal bajo palos. Mas Foden en el 52, solo, lograba el 3-1. Estábamos otra vez en la lona.

Y en estas apareció Vinicius. Corría el minuto 54 (dos min. tras su tercer gol) y un balón largo buscó al brasileño. En su campo, a un metro de la línea del centro de campo, de espaldas a Fernandinho, le amaga y se va. Deja clavado a su compatriota y se lanza veloz en carrera hacia la portería. ¡Tremenda carrera conduciendo la pelota! Encara al meta y desde el vértice del área chica supera a Ederson con un remate cruzado al palo largo. 3-2.

Cualquier otro rival se hubiese derrumbado. A ver, dominas el encuentro en todas las facetas, te pones 2-0 y 3-1 y antes de cumplirse la hora de juego solo vas ganando 3-2. El City demostró su carácter. No se vino abajo. El Madrid tampoco. Esta fue la característica del partido: dos equipos de una gran personalidad que saben afrontar adversidades.

La cosa no acabó aquí. En el 73 Bernardo Silva de un trallazo imponente ponía el 4-2 en el marcador. Fue otra jugada tonta del Madrid en defensa. Kroos hace falta en la frontal del área, merecedora de amarilla. Los nuestros se paran. El árbitro no pita. Silva se hace con la pelota y la mete por toda la escuadra.

Ocho minutos después Laporte devuelve el último regalo madridista. Salta con los brazos en cruz y la toca con la mano. Penalti. Benzema a lo Panenka hace el 4-3 que será definitivo.

Habrán observado que no me he detenido en variantes tácticas, cambios por lesiones (Stones y Alaba), etc. Ha sido un partido espectacular de goles, emociones y sensaciones. Ni siquiera las estadísticas explican lo sucedido.

Marca

¿Cómo explicar 4 goles de seis remates a puerta (City)? ¿Y tres de cinco (Real Madrid)? El City remató 16 veces y todas llevaron peligro. El Madrid 11 de las que solo cinco fueron ocasiones.

Esta ide a de semifinales de Champions ha sido una delicia para el espectador neutral. Y una agonía para los seguidores de ambos equipos. El City ha sido mejor pero no ha aniquilado al Madrid, que sale vivo y confiando en la magia del Bernabéu. ¿No estaremos tentando demasiado a la suerte?

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Un siglo de canciones 99: “I Am…I Said” (por Juan de Dios)

4 de abril de 2011

Hace unos días, en la ya famosa comida de Cogolludo, el autor de este blog me volvió a pedir que le enviara mi aportación a la sección “Un siglo de canciones”, esta vez acepté el envite aunque le advertí que tenía claro cual iba a ser.

El tristemente desaparecido Joaquín Luqui –el 28 de Marzo hizo seis años que nos dejó- estimaba que el top 3 de las mas grandes canciones de la soledad eran «Eleanor Rigby» de los Beatles, «Space Oddity» de David Bowie y «I Am…I Said« de Neil Diamond. Como no soy quien para discutirle a mi maestro y amigo asumo su decisión y quiero traer una de las obras cumbres del autor neoyorquino.

 ¿Quién no ha sentido dudas, no se ha sentido desarraigado, se ha encontrado solo en un mar de multitudes en algún momento, o ha vivido durante mucho tiempo en esa situación? Puedes estar en un lugar paradisíaco, incluso elegido, pero el vacío interior es tan inmenso que solo te acompaña la soledad, y en ese mundo en el que te encuentras nada te compensa y consuela. Y sientes que has perdido las raíces y tus orígenes…

Ese vacío te llena, la oscuridad te rodea y no hay nada que te acompañe… Gritas, clamas, lloras y es paradójico que, buscando consuelo en un ser inanimado, ni siquiera la silla te haga caso.

No te consuela recordar que la historia de la rana que quiso ser rey –y lo fue- que tú has protagonizado se haya hecho realidad. Como escribió Miguel Hernándezes tan fuerte el dolor que se agolpa en mi costado que por doler me duele hasta el aliento y sin consuelo voy de mi corazón a mis asuntos…”  El protagonista de «I Am…I Said» no puede ir a mas asuntos que su propia soledad.

Esta canción apareció por primera vez como single en 1971 y luego fue incluida en el álbum “Stones” con dos versiones, la primera comenzaba con un ligero toque de guitarra a la que se unía el piano para terminar con la sección de cuerda y rítmica que, con una voz rota del intérprete, terminaba en un crescendo impresionante, y la segunda rompía ese crescendo, a punto de culminarlo, con un simple arreglo de cuerda para volver a romper con la sección rítmica para terminar desvaneciendo.

Cuando 36 años después Diamond regresa a Nueva York -en 2008- y se encierra cuatro días en el Madison Square Garden, para reeditar para sus conciudadanos aquel memorable «Hot August Night» de 1972 en el Teatro Griego de Los Ángeles, ofrece una versión diferente. Durante la interpretación, a pesar de la “compañía” del auditorio, el se muestra incrédulo, y no transmite sentir esa compañía porque, a pesar del silencio y la entrega de la audiencia –no hay mas que ver a esa madre y su hija- manifiesta su total soledad con un arreglo que, con la guitarra primero y siguiendo con la fuerza de la banda, termina abajo, casi “a capella” en un alarde de dominio del escenario y ya consciente de la entrega de la audiencia.

Este momento es rescatado en Youtube y, a pesar de estar extraído del resto del concierto del que realizó una gran película Hamish Hamilton, a medida que van pasando los segundos su interpretación te va ganando y tú también llegas a sentir su soledad en ti.

Y la versión original a continuación:

Entradas anteriores en:

Un siglo de canciones (todos los posts)

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