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Cierre de temporada con el Réquiem de Brahms

Programa

La Orquesta y Coro Nacionales de España cerró su temporada en el Auditorio Nacional por todo lo alto: la obra elegida fue «Un réquiem alemán» de Johannes Brahms.

Se notaba que instrumentistas y cantantes llegaban a la matinal del domingo plenamente rodados tras los conciertos del viernes y sábado. La majestuosidad de la obra, su intensidad y complejidad, estaban bajo control.

Era la primera vez que nos enfrentábamos a este Réquiem, tan atípico según los entendidos, y no pudimos salir más satisfechos. Tuve un par de momentos cercanos al Stendhalazo. Especialmente en el dialogo entre dos partes del coro del sexto movimiento.

Para quienes estén interesados en tan magna obra les recomiendo ver el video de Sofia Martínez Villar que, como siempre, lo explica de maravilla.

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Matinal, avituallamiento y Bernabéu

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La jornada dominical en el exterior arranca a las 12:00 con una matinal en el Auditorio Nacional. En este segundo concierto del Ciclo Descubre…Conozcamos los nombres, la musicóloga Sofía Martínez Villar presenta y explica cada obra. Estuvimos en el primer concierto del ciclo y lo hizo de cine.

Al salir, nuestro aperitivo habitual, ración de calamares en La Quinta, será un poco más amplio porque aprovecharé para comer algo. La razón es el partido del Real Madrid en el Bernabéu a las 16:15. Un horario que detesto. Llegas con la comida sin reposar. En este caso la ventaja es la cercanía del estadio desde el Auditorio. Y gano tiempo.

Esta jornada de ocio superará las ocho horas de las laborales.

P.D.: si brunch surge de breakfast (desayuno) y lunch (comida) tendré que inventar algo para esta mezcla de appetizers (aperitivo) y lunch. Apunch no me convence. Tapear tampoco.

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El año que descubrí a Mendelssohn

2021 es el año que descubrí a Mendelssohn. Nunca lo tuve en mi radar y ha quedado claro que infravaloré al más clásico de los clásicos del romanticismo.

El primer atisbo de su grandeza lo tuve leyendo el libro sobre 1853 de Hugh Macdonald. Ahí me contaron que fue Mendelssohn quien impuso la batuta entre los directores de orquesta. Antes se usaban los brazos o el arco del violín. Bien, reconocí su mérito como director mas seguí negando sus capacidades como compositor.

El segundo indicio, ya referido a su creatividad, lo tuve en un concierto de la RTVE dirigida por Pablo Heras-Casado en el Monumental. Descubrí su «Concierto para violín» y aprendí que es una obra clave para todos los violinistas del mundo. Fue una doble revelación. Porque a la de la obra en cuestión se añadió la de la concertino Leticia Moreno. Al finalizar el concierto tuvimos ocasión de saludarla y felicitarla. En el video, tras una entrevista con Moreno, a partir del minuto 10:50 arranca el concierto de Mendelssohn al que sigue la «Sinfonía N.º 4» de Beethoven.

Ayer se produjo mi inmersión en la obra de Mendelssohn. Ya estoy bautizado en su religión. Su «Sinfonía núm, 3» («Escocesa«) me entusiasmó. De un nivel medio muy alto tienes pasajes que son auténticas obras maestras y me pusieron los pelos de punta. La explicación previa de Sofía Martínez Villar clarificó las cosas. Y sobre todo analizó el contexto que ha infravalorado a Mendelssohn a lo largo de los tiempos. Perteneció a una época de gigantes. No sufrió enfermedades terribles ni padeció tragedias como algunos de sus más ilustres contemporáneos. Tampoco pasó penalidades económicas. Su familia estaba acomodada, de posibles. Es curioso cómo el malditismo funciona desde hace tiempo. Y crea perjuicios que perduran a lo largo de los siglos. Y alcanzan a ignorantes como un servidor. Desconocía estos aspectos hasta ayer. Pero es obvio que debieron afectarme, sin ser consciente, en mi frívola valoración de Mendelssohn.

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Matinal en el Auditorio, aperitivo, saludos y felicitaciones

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Excelente mañana de domingo: concierto matinal en al Auditorio Nacional, aperitivo en La Quinta de Suero de Quiñones 24, saludos a Javier Carne Cruda Gallego y felicitaciones a diferentes músicos de la Orquesta Nacional de España.

A las once de la mañana salíamos de casa rumbo al Auditorio. En el coche sonaba «Elvis In Memphis«. El programa prometía: Brahms y Mendelssohn. Y presentaba una novedad. Se trataba de un concierto con explicaciones previas (y sin descanso). Las presentaciones a las obras corrieron a cargo de Sofía Martínez Villar. Excelentes, salvo en una desafortunada mención despectiva al reguetón. No venía a cuento y fue reveladora de una aproximación elitista a la cultura. En su día hubiera dicho lo mismo de copla. boleros o rock. Por lo demás son de agradecer estas introducciones, que además fueron ilustradas musicalmente por la Orquesta Nacional de España interpretando los fragmentos a los que hacía referencia Martínez Villar. Este aspecto lo destacamos en la conversación con los padres de Javier Gallego. quienes también habían asistido al concierto. Me acerqué a su mesa a saludar. Nos habíamos conocido en el Clamores, cuando Alberto Manzano y Bolo García organizaron un homenaje a Leonard Cohen.

Sentados en la terraza de La Quinta, justo en la esquina de la calle Suero de Quiñones con García Luna, estaba en una situación privilegiada para ver la salida de los músicos. Algunos de los cuales también encaminaron sus pasos hacia El Foque. A mi me permitió mostrarles mi entusiasmo por la magnifica sesión que nos habían ofrecido.

Mi primer bravo anónimo fue de acera a acera para la concertino invitada, la coreana Barennie Moon. Se sobresaltó y dio un bote. La Mundana me recriminó. Repuesta del susto noté un leve rubor en sus mejillas (igual era maquillaje). Y muy contenta agradeció con varias reverencias. Su actuación fue espléndida, sobre todo en la sinfonía de Mendelssohn. Bailaba interpretando con su violín. Estaba entregada. Enfrente, al otro lado del director, una compañera la daba réplica.

Tomàs Grau. el director, tampoco escapó a mis felicitaciones. Me vino de frente. No pude contener mi entusiasmo. Sus dos acompañantes, un hombre y una mujer, sonrieron. Él se mostró sinceramente agradecido.

Al irnos vimos a cuatro componentes de la orquesta en el tramo de la terraza en Suero de Quiñones. Más felicitaciones. Ellas encantadas, ellos azorados.

De vuelta al coche nos esperaba Elvis

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