Archivo de la etiqueta: Roald Dahl

La rebelión de los niños (por Julio Valdeón Blanco)

27 de noviembre de 2009

Cuentan que James Cameron anda atacado con Avatar, su nuevo y lujosísimo capricho. No logra rematarlo y la fecha de estreno amenaza con cortarle el gaznate. Por otro lado A Christmas Carol, ese juguete digital firmado por el ortodoxo Robert Zemeckis, ha sido sustituido en las nieves de la taquilla con el pastelón vampírico New Moon y las intragables, apocalípticas gilipolleces de 2012. Lo cuento para situar mejor la última maravilla que he visto, para entender cómo es posible, en una salas gobernadas por el convencionalismo, que hacen degüello de la inteligencia, que aparezcan ejercicios de imaginación tan potentes y turbadores, y cómo, y esto quizá sea lo más importante, cómo se explica, sí, que sea el aparentemente simplón cine infantil el género que más y mejores frutos está ofreciendo este año. Me refiero, en fin, a The Fantastic Mr. Fox.

Dirigida por el inclasificable y en teoría naif Wes Anderson, con un plantel de actores encabezado por George Clooney y Meryl Streep, la versión del cuento de Roald Dahl llega tras haber intentado hace cinco años poner en pié junto a Henry Selick un estudio de películas de animación a la vieja usanza. Aquello no funcionó. Selick acabó dirigiendo la maravillosa Coraline, y Anderson acaba de entregar un trabajo revolucionario puesto a colgar junto a naderías tipo Astro Boy. Con unos trucos que creíamos desguazados y una imaginación feroz, cuenta la historia de un zorro guaperas, juguetón, brillante y algo jeta, enfrentado, por un lado, con el cansancio de la edad, con el ventanal al miedo que le provoca contemplarse en el espejo y comprobar que ya no es aquel audaz y juvenil canalla que asaltaba granjas (obligado por su esposa, ahora ejerce de columnista), y dispuesto a batirse a muerte, por el otro, con unos granjeros perversos. Lo que hay entre medias, la crónica épica de ese duelo final pero también la narración miniada de su relación amorosa o el análisis de su desempeño como padre, abre en canal cualquier noción previa sobre lo que conviene ver a los niños y lo que no, o mejor dicho, lo que presuponíamos era cine infantil y lo que no.

Claro que el pionero no ha sido Anderson. Antes que él, por remitirnos a los últimos meses, vinieron Ponyo de Hayao Miyazaki, la ya citada Coraline, Up de Pixar, o la también sensacional Donde Viven Los Monstruos de Spike Jonze. Todas ellas, al igual que los trabajos de Tim Burton (imprescindible visitar la exposición que le ha consagrado el MoMA), plantean un cine sin adulterar, enfrentado a los finales sobados y los tópicos facilones, en el que por cada beso hay una hostia, un cine de sabor y color agridulce, o sea, maduro, fiel reflejo de los toboganes y trampantojos de la vida adulta, subrayando la contradictoria tendencia a que sea el cine infantil el que muestre los recovecos, socavones y alturas de la realidad, su carnaval de días funestos y noches de vino y rosas, su reverso de mierda y sus vitrales de luz, mientras las películas supuestamente dirigidas a los padres abundan en carantoñas indignas, trufadas de personajes unidimensionales y mensajes epidérmicos, centrifugados en la lavadora de la corrección política, ahormadas, al cabo, por guiones de una indigencia intelectual tan palmaria que se dirían escritos con orto.

2 comentarios

Archivado bajo Cine, Cultura, Recomendaciones