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Elliot Roberts (1943-2019)

Trasher's Wheat 1985

Ayer me enteré del fallecimiento de Elliot Roberts, un gigante de la industria musical estadounidense. Sucedió el día 21 de junio. Tenía 76 años, cumplidos el pasado mes de febrero.

Nacido y criado en el Bronx neoyorkino acortó su apellido judío (Rabinowitz) y tras abandonar los estudios universitarios (dejó dos carreras) quiso ser actor. Empezó a trabajar en el departamento de envíos de la William Morris Agency de Nueva York. Ahí conoció a David Geffen, otro gigante. Aunque debería decir que Geffen es el gigante de la industria cultural de Estados Unidos. Esta relación devino en amistad y compartieron negocios y aventuras empresariales (Geffen-Roberts Company y Asylum Records en 1971).

Fueron Geffen y Roberts quienes convencieron a Bob Dylan para que abandonase su discográfica de siempre (Columbia Records/CBS) para unirse a la discográfica Asylum y a su oficina de representación (Geffen-Roberts Co.). Editó dos álbumes con ellos: “Planet Waves” y “Before The Flood“, un doble en directo con The Band. Posteriormente Dylan volvería a su casa de siempre.

En 1973 Geffen, Roberts, Elmer Valentine (dueño del Whisky a Go-Go) y Lou Adler abrieron el club The Roxy en el Sunset Strip de West Hollywood. Neil Young inauguró el local.

Roberts y Geffen dejaron de ser socios por culpa de terceros. Un joven agente, Irving Azoff, que trabajaba en la Geffen-Roberts Co. fue el causante principal del cisma: The Eagles cambiaron de pareja de baile, abandonaron a Geffen-Roberts y se fueron con Azoff, quien montaba su propia oficina. Geffen y Roberts, ambos impulsivos y apasionados, chocaron en su forma de afrontar la situación. Geffen fue frío y cerebral y Roberts diríamos que más hippy. El primero tomó una actitud profesional y siguió trabajando con Azoff (convenció a Warner Bros. para que le financiase un sello, Giant Records) y los Eagles (en Asylum y luego en Geffen Records, donde también tuvo a Don Henley), mientras que Roberts roto el amor fraternal juró odio eterno al traidor y al grupo. Y formó Lookout Management. Las malas lenguas dicen que la movida de Geffen con Azoff fue para quitárselo de en medio de MCA (donde presidía la cia.) y poder vender Geffen Records a los nuevos dueños de MCA.

El primer descubrimiento de Roberts fue la canadiense Joni Mitchell. La vio actuando en un club del Greenwich Village de Nueva York (Cafe Au Go Go) en 1966. Se mudaron juntos a Los Ángeles, a Laurel Canyon (centro artístico y bohemio). Les acompañaba el entonces novio de Mitchell, David Crosby. Al poco se les unió David Geffen. Ya situados en la costa oeste Joni Mitchell le habló de un compatriota suyo, Neil Young, que estaba en un grupo (Buffalo Springfield). Curiosamente fue Young quien provocó que la banda prescindiese de los servicios de Roberts. Cuando ellos se separaron, a los 18 meses de formarse, Neil Young llamó a Elliot Roberts para que fuese su manager. Quería empezar su carrera en solitario. Ha sido representante suyo hasta la fecha de su muerte. Son más de cincuenta años. Y “aguantar” a Neil Young no es fácil… Jimmy McDonough, autor de la biografía de Young, escribía al respecto de la relación Young/Roberts que “Ha habido otros equipos infames en el rock and roll –Dylan y Albert Grossman, Ray Charles y Joe Adams, Bruce Springsteen y Jon Landau– y, por supuesto Elvis y el Coronel Tom Parker. Elliot Roberts definitivamente vive en este salón de la infamia y es el único ser humano capaz de guiar la carrera de Neil Young.”

Con Joni MItchell rompió en 1985. La foto de Trasher’s Wheat en la que vemos a Young, Mitchell y Roberts es de ese 1985.

Roberts también fue manager (con o sin David Geffen) entre otros de Crosby, Stills & Nash, Crosby, Stills, Nash & Young (“el pegamento que nos mantenía unidos” ha declarado Graham Nash), Jackson Browne, America, Devo, Talking Heads, The Cars, Tom Petty, Tracy Chapman (su último descubrimiento de relieve) además de los ya mencionados anteriormente.

Cuando llevé el marketing internacional de Geffen Records en NY tuve el inmenso honor de conocer a Elliot Roberts. (David Geffen tenía un contrato de distribución con Warner Bros. para EEUU y Canadá y otro con CBS para el resto del mundo; Warner eran socios de Geffen Records). Me tocó trabajar con él en tres proyectos: Neil Young (dos álbumes), Joni Mitchell y el debut en solitario de Ric Ocasek, el líder de The Cars.

Con Ocasek no hubo nada que hacer. Aparte de trabajar para que se editase en los principales mercados del mundo. El álbum era flojo. No funcionó en EEUU, ni en ventas ni tuvo el apoyo de la crítica musical. No había ninguna historia que contar. En cambio con Joni Mitchell fue otra cosa. Dada la vertiente pintora de la cantautora, y que la portada del álbum “Wild Things Run Fast” era obra suya, Roberts y Mitchell tuvieron la idea de organizar presentaciones del disco en galerías de arte (en conjunción con sus pinturas). En Estados Unidos solo consiguieron hacerlo en Los Ángeles. Por mi parte coordiné con las compañías de  Inglaterra, Italia, Australia y Japón para hacerlo en Londres, Milán, Sydney y Tokyo. Salí bien parado del asunto aunque ella echó de menos no haber estado en París. Aún recuerdo la mirada de Elliot Roberts a Joni Mitchell: la calló. Y rápidamente paso a agradecer lo que CBS Records International había logrado.

Lo mejor de nuestra relación sucedió en San Francisco, en el rancho de Neil Young (una hora al norte de la ciudad). Young debutaba en Geffen Records con un disco difícil “Trans“. Influenciado por Kraftwerk se alejaba drásticamente de lo que sus seguidores podían esperar. El trasfondo del disco eran los ejercicios vocales que practicaba con su hijo Ben, quien sufría parálisis cerebral infantil. (Pero eso no lo sabíamos entonces). Young había accedido a recibir periodistas musicales y críticos en su rancho, para pasar el día con él, hablar del disco, etc. Las delegaciones australianas y japonesas habían llegado directamente y ya estaban en el rancho cuando llegué desde NY con los ingleses, Antoine de Caunes y su equipo de TV de Francia, la corresponsal italiana de la RAI, un par de medios alemanes y uno holandés. Nos recibió Elliot Roberts en el aeropuerto de LA. El trayecto fue todo un muestrario de Roberts. Todo lo que me habían contado era cierto: despierto, buena persona, bromista, rápido, inteligente, encantador, etc. Recuerdo vívidamente dos temas: la historia de porque Neil Young y él se habían comprado esos terrenos. La idea era que, según estudios geológicos que hablan sufragado, cuando los movimientos de la Falla de San Andrés fuesen perceptibles, sus propiedades se convertirían islas del Pacífico. Cuándo le pregunté cuando ocurriría eso, me contestó entre risas que en unos miles de años. Y se encendió un porro (que ya llevaba liado). El segundo asunto fue cuando nos llevó por unas carreteras rurales, con pequeñas subidas que tomaba a gran velocidad (como si fuesen dunas) y el todo terreno literalmente volaba hasta caer sobre sobre suelo firme de nuevo. El vehículo que nos seguía, con el resto de la expedición, le pitaba (asumo que pidiéndole prudencia).

Al llegar a la casa de Neil Young, nos esperaba con su familia, músicos, amigos y los australianos y japoneses que habían llegado antes. El salón era lo que te esperabas. Rústico, lleno de guitarras, amplis, una enorme chimenea, muebles de madera, telas en las paredes, alfombras cubriendo todo el suelo. Y una peste a marihuana que ya te embriagaba. Improvisamos una pequeña rueda de prensa mientras preparaban la cena. Tras la parte profesional del asunto nos relajamos, comimos, bebimos y Young nos tocó un par de temas con sus amigos músicos. Tuve ocasión de charlar con él. Le felicité por el riesgo que asumía con “Trans“. No es fácil que un artista de renombre de un cambio estilístico tan acusado y se lance al barro de esta manera. Estaba especialmente interesado en la opinión de los alemanes (por lo de Kraftwerk). A Roberts (y a Young) le gustó lo que dije. Y creo que fue ahí cuando me gané la confianza del manager. Respecto a mi comentario sobre asumir riesgos soltó irónicamente que David (Geffen) no compartía mi punto de vista. Años después Geffen demandó a Young por no entregar obras acorde a su estatus, por los que la compañía le pagaba un millón de dólares de adelanto.

Lo último que supe de Roberts fue la semana pasada. Unas declaraciones suyas respecto al incendio que afectó a muchos de las cintas originales propiedad de Universal (y los sellos que ha ido absorbiendo o creando). Decía: “Es un crimen que hayan desaparecido los masters originales de Billie Holiday o Buddy Holly o de todos esos artistas de los 40 0 50. Cuando la industria discográfica empezó a declinar hace unos 15 años, la gente (por los ejecutivos) fue reticente a hacer copias porque costaba dinero. Cuesta de 2.500$ a 3.000$ convertir un original analógico a una copia digital de audio en alta resolución. No quisieron gastarse el dinero… Es trágico.”

 

 

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60 años de “What’d I Say” de Ray Charles

Se cumplen 60 años de la edición del “What’d I Say” de Ray Charles, el tema que cambió la música popular de su época y creó un nuevo genero, el soul. Algo que ya había vislumbrado años antes con obras como “I Got A Woman” y “Mess Around“. Básicamente mezclaba, o más bien incorporaba, elementos de los espirituales al rhtym & blues. Juntaba lo sacro con lo profano en la misma canción. De los spirituals cogía el dialogo de preguntas y respuestas del reverendo con los feligreses. Y siendo el maestro de ceremonias sobre el escenario él lo mantenía con sus coristas. Las percusiones a base de palmas también estaban sacadas de las ceremonias religiosas. En “What’d I Say” los gemidos de Ray Charles y las chicas del coro eran claramente sexuales, así como la frase “Baby, shake that thing!“. Mucho amor terrenal y poco amor divino.

What’d I Say” se editó el 8 de junio de 1959. La composición había surgido de una improvisación en una actuación en diciembre de 1958. Había que rellenar minutos y cumplir con la exigencia del horario contratado. La gente enloqueció. La tocaron y perfeccionaron en los siguientes recitales. La reacción siempre era de lo más entusiasta. Se apresuraron a grabarla. Y fue el primer éxito pop en la carrera de Ray Charles (n.º 6) y por supuesto n.º 1 en la lista de rhythm & blues. Logró su primer Disco de Oro. Está considerada como la canción que definió lo que sería el soul. Aunque James Brown y Solomon Burke también tengan algo que decir al respecto.

En Un siglo de canciones hay una entrada sobre “What’d I Say“. Y en mi libro “Rock ‘n’ Roll: el ritmo que cambió el mundo” se habla mucho de Ray Charles. Como no podía ser de otra forma.

El video elegido corresponde a una actuación en Sao Paulo de 1963. Ese año estuvo también tocando en Madrid, en el Florida Park. Y ahí me llevaron mis padres (tenia 7 años). Puedo decir y digo que esa noche Ray Charles cambió mi vida.

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Pequeñeces: Alicia y Ray Charles

Dicen los expertos que los hechos relevantes de la infancia son los que te marcan. Y habrá que dilucidar cuáles son los más importantes. Vamos a ver: en mi caso no fui maltratado ni sufrí abusos sexuales. Así que por ese lado no guardo traumas (y tampoco soy artista como para inventármelos como herramienta de marketing). Tuve una infancia feliz, quizás tan solo trastornada por la aparición de dos hermanos (1962 y 1964) y una hermana (1966). Superados los celos iniciales del primer brother los dos restantes ya me llegaron entrenado y dispuesto a luchar por mis derechos y privilegios de hermano mayor. En realidad les abrí puertas (pero eso ya es otra película).

Los avatares políticos que sufrieron mis padres me eran desconocidos. Había nacido en 1956, salimos de Rumania en el 58 y llegamos a España en septiembre del 60. Me enteré después que llegamos de apátridas. El peor estatus posible. Un exiliado, refugiado, emigrante, etc. tiene un punto de referencia. Un lugar al que recurrir. Un apátrida es un indeseable sin patria, país o estado al que acogerse. Ha renunciado a sus derechos de nacimiento y no encuentra acogida en otro lugar. Pero vamos, estas elucubraciones son a posteriori. Ya adulto.

Tras darle muchas vueltas llegué a la conclusión que debía poner mi foco en aspectos que hubiesen podido marcar mi vida desde la preadolescencia. Se supone que el título de mi reciente libro, “Bikinis, Fútbol y Rock & Roll“, podría definir áreas de interés personal y profesional. Y creo que encontré dos claves: Ray Charles y Alicia en el país de las maravillas.

Ray Charles actuó en Madrid en 1963. Tenía por tanto siete años. Voy a reproducir un texto que eliminamos de Bikinis… pero que aparecerá en el siguiente libro “Rock ‘n’ Roll” (supongo que con algunos retoques):

[…] En 1963 ya con ABC Records el genio realizó su primera gira europea. En Madrid actuó en Florida Park. Un niño de siete años, llevado por sus padres, alucinó. Los movimientos de Ray Charles sentado al piano eléctrico –el primero en usarlo–, balanceándose de izquierda a derecha y de delante a atrás, meneos casi espasmódicos, con esas gafas negras, eclipsaban a los músicos de la orquesta y a las impresionantes coristas que apoyaban y respondían al indiscutible líder. Su manera de dirigir la banda me impresionó: miraba y cambiaban de ritmo o el señalado hacía un solo. Sabía que era ciego porque me lo habían contado mis padres, pero no lo parecía.

Sentados en una mesa privilegiada del local estábamos encima del genio, a la izquierda según se mira al escenario. Nos acompañaban jugadores de la primera plantilla del Real Madrid repartidos entre varias mesas con sus respectivas. Miguel Ríos se acercó a saludar. Ese fue el día que le conocí. Repasando los asistentes con Miguel para esta parte del libro me lo resumió: «estábamos todos, todo Madrid, no nos perdíamos una. Si no teníamos bolos claro». No faltaba el grupo de las «comadres»: Sara di Stéfano, Nora Santamaría, mi madre y Carmen Flores, hermana de Lola y casada con el lateral derecho jerezano Isidro55 –Quique Sánchez Flores es hijo de ambos y ahijado de Di Stéfano. La actuación de Ray Charles cambió mi vida – Beatles, Rolling  Stones, Dylan y Brincos también. Desde ese día la música sería mi objetivo vital, más que el fútbol.

55 Isidro Sánchez García-Figueras (Jerez de la Frontera, 1936-Sevilla, 2013) quedó ciego a los 38 años. Como jugador se retiró a los 35 en el Sabadell. Los estudios universitarios lo llevaron a Sevilla donde jugaba en las categorías inferiores del Betis. Debutó en categoría nacional con los verdiblancos. Estuvo en el Real Madrid desde 1961 hasta 1965. En esas cuatro temporadas ganó cuatro Ligas y una Copa. […]

La lectura de “Alice’s Adventures in Wonderland” dejó una profunda huella en mi. Tardé en darme cuenta. Pero ha sido un referente recurrente a lo largo de mi vida. Este cuento, cargado por el diablo, me introdujo en otros mundos. Me abrió la mente y me enseñó los vericuetos de las palabras (en inglés) y sus infinitas posibilidades. Era un juego fascinante. Y aún sigue siéndolo. Lógicamente las interpretaciones varían con la edad. Los significados adquieren otras dimensiones con la madurez. ¡Es un libro vivo!

El corazón me dio un vuelco cuando vi que Akal publicaba una edición de lujo con motivo de su 150 aniversario. Los textos de Lewis Carroll siglo y medio después seguían vigentes gracias a esta edicion de coleccionista de Martin Gardner ricamente ilustrada y ampliada de su “Alicia anotada“, que incluye también “A través del espejo“. Les recomiendo visitar la página de Akal para que puedan comprender mucho mejor la magnitud de este volumen. La trascendencia de la obra la doy por supuesta y sé que son conscientes de su importancia.

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Un siglo de canciones 52: “What’d I Say”

11 de enero de 2010

Con el post de hoy se cumple un año desde que comenzamos la serie de “Un siglo de canciones”, a sugerencia de Antonio Gómez (¡gran idea la suya!). Y quiero celebrarlo con uno de los más grandes: Ray Charles. El genio.

Si la semana pasada reparábamos un olvido, Chuck Berry, hoy también lo hacemos. Con otra pieza inmortal “What’d I Say”, el primer tema de Soul de la historia. Y el primer éxito Pop de su creador.

Cuentan que la canción surgió como una improvisación en un directo (diciembre de 1958). Algo inusual en la carrera de Ray Charles, quien no gustaba de probar temas nuevos antes de tenerlos terminados. La inmediata reacción del público le apresuró a acabar la composición y concertó la sesión de grabación con su productor, Jerry Wexler.

Firmado a Atlantic Records, el sello acababa de comprar un ocho pistas para su estudio. Tom Dowd, el ingeniero de sonido, todavía estaba familiarizándose con la nueva mesa de grabación. Y tanto él como Wexler como los Ertegun (los dueños de la compañía) tuvieron que enfrentarse a un problema adicional: la duración del tema. Sobrepasaba ampliamente los seis minutos, cuando lo habitual era que un single no pasase de los tres. Las radios no tocaban discos por encima de ese tiempo. A lo que había que añadir el contenido abiertamente sexual de la letra.

El problema inicial se resolvió editando la canción en dos partes: “What’d I Say Part 1” y “What’d I Say Part 2” Me atrevería a decir que fue el primer sencillo de estas características. Y en lo referido a la letra el propio éxito se sobrepuso a la estricta moralidad de la época.

Editado en el verano del 59 se encaramó al nº 1 de las listas de R&B y dio el salto a las de Pop. Era la primera vez que Ray Charles entraba en el Top 10 Pop (llegó al 6). Había conseguido con este tema lo que llevaba rondando desde hacía unos discos (sobre todo con su “I Got A Woman”). También fue su primer Disco de Oro.

La mezcla de Rhythm & Blues con melodías y armonías vocales propias del Gospel creó el Soul. Y desde entonces el Genio siempre terminaba sus recitales con nuestra canción de hoy.

Las primera actuaciones que vi en mi niñez fueron alguna matinal del Price –donde hoy está el Ministerio de Cultura- y el Florida Park de Madrid. Luis Aguilé y Palito Ortega fueron mis inicios (ambos eran amigos de los futbolistas sudamericanos del Real Madrid). A mediados de los 60 mis padres me llevaron a ver a Ray Charles. Palabras mayores. Debía tener unos 11 o 12 años. Aun recuerdo como sonaba su orquesta, las coristas y ese vaivén de la cabeza de un lado para otro mientras tocaba el piano y cantaba. De adelante a atrás, acercándose o alejándose del micro. Las piernas que nunca paraban quietas, llevando el compás. Y esa voz. Envolvente. Dominante. Poderosa en los temas rítmicos. Suave en las baladas y los blues.

Reconocí en la barra del Florida Park a Micky (el de los Tonys), a Teddy Bautista (cuyos Canarios despegaban) y a Miguel Ríos. Quien se acercó a nuestra mesa, a saludar a mis padres. Se conocían por los Santamaría, Di Stefano, Rial, Isidro (padre de Quique Sánchez Flores y casado con Carmen Flores, la hermana de Lola). Con algunos de ellos montó una fábrica de pan de molde.

Al igual que a Keith Richards fue “Johnny B. Goode” la obra que le decidió a hacerse guitarrista, a Paul McCartney le sucedió lo mismo con “What’d I Say”. Además los Beatles en Hamburgo la tocaban en todas sus actuaciones. Por su parte John Lennon comentó que la introducción de piano eléctrico -de Ray Charles- que él tocaba a la guitarra, fue la base de muchas canciones posteriores, cuyas estructuras estaban dominadas por riffs de guitarra.

Les dejo con esta actuación de 1963 en Sao Paulo. La formación es prácticamente la misma a la que vi en Madrid (me faltan un guitarrista y un organista, quien de vez en cuando echaba una mano al gran e inolvidable Ray Charles).

Entradas anteriores en:

Un siglo de canciones (todos los posts)

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Ray Charles y amigos

15 de agosto de 2008

Mientras decido si me acerco o no a ver a Jaime Urrutia en Las Vistillas, me deleito viendo este youtube, que he descubierto en Crooks & Liars.

 

Es una jam en el programa de David Letterman, con la banda del programa más Ray Charles, Ron Wood, Jerry Lee Lewis y Fats Domino. Al final del “Jambalaya” -de Hank Williams– aparece Carl Perkins saludando, pero no recuerdo haberle visto antes. Será que el programa continuaba… ¿Os imagináis asistir de público a un programa de TV y encontraros semejante pastel?

P.D.: Convendréis conmigo que ha sido un buen motivo para romper mi regla de un solo post al día. Y ya van dos días seguidos…

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