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Esperando el milagro: Bruce Springsteen y la caja del “Darkness On The Edge Of Town” 2 (por Julio Valdeón Blanco)

17 de agosto de 2010

La decisión respecto a qué saldrá corresponde a Springsteen y Landau. Imagino que, lejos de los austeros lanzamientos de antaño, Columbia apoya una box-set monumental, o al menos una serie de productos que vayan de lo esencial a lo goloso. Más aún cuando a finales de los noventa Bruce rubricó un contrato multimillonario… cuya amortización depende en buena medida de cómo aprovechen el archivo. Centenares de audios y vídeos de conciertos más un número indeterminado de canciones inéditas descansan en una sala acondicionada a tal uso. Para que se hagan una idea de lo que resta por explorar: “Tracks“, la caja de outakes del 98, ocupaba 4 cds, cuando los planes iniciales fueron de 10 y más adelante 8, y aún así no exprimía la totalidad del tesoro. Dicho de otra forma, de las 300 canciones que Toby Scott, su archivista, le envió para considerar, sólo usaron 66.

Respecto al “Darkness…“, hablamos del periplo artístico y humano que cimentó al Springsteen que conocemos. Minutaje ajustado, abandono de las querencias por el jazz, de la verborrea dylanita y la huella de Van Morrison en favor de las Ronettes y Jerry Lee Lewis, influencia de Terrence Malick, Scorsese o Ford, ecos de Hank Williams y Woody Guthrie, el descubrimiento de la clase obrera y sus sueños y/o fracasos como veta de la que extraer materiales candentes. Todo ello figurará en el documental The promise: the making of darkness on the edge of town. Según deducimos de las declaraciones hechas por Van Zandt y otros en los últimos meses, iría acompañado de un disco con descartes. Tienen para elegir: al menos 43 sin contar los que figuran en “Tracks” y las canciones que regaló a Patti Smith (“Because The Night“), Pointer Sisters (“Fire“), Southside Johnny (“Hearts Of Stone“), etc. “The Promise“, “The Way“, “Preacher’s Daugther“, “Spanish Eyes“, “Janey Needs A Shooter“, etc., figuran entre lo mejor de su repertorio. Otras, como “Castaway“, “Crazy Rocker“, “I’m Going Back“, “What’s The Matter Little Darling” o “Get That Feeling” figurarían en cualquiera de sus discos sin menoscabo. Lo dejó claro el propio Landau durante la entrevista telefónica que mantuvimos mientras servidor tecleaba American Madness: «Nos levantábamos a medio día e íbamos al estudio. Tocábamos hasta las cuatro o las cinco de la mañana y vuelta a empezar». Trabajaron como galeotes, desde principios de junio del 77 a marzo del 78.

Respecto a los conciertos…

Sabemos que existen grabaciones en vídeo del Vets Memorial Coliseum en Arizona (la peor elección por cuanto el repertorio se queda corto en minutaje y canciones) y de Largo, Maryland, con estupendas versiones del “Summetime Blues” y “Factory“. Se dice que del Madison Square Garden fueron filmadas las noches segunda y tercera de una serie de tres, fantásticas. Después queda Houston, mi favorito, de diciembre, que en la actualidad circula en cinta de audio de baja calidad. En blanco y negro, Teatro Capitol, Passaic, Nueva Jersey, brutal, épico, pero que difícilmente cuenta por, bueno, por ser en b/n. Del pandemónium del Winterland, 15 de diciembre del 78, también creemos que existe vídeo, más los derechos pertenecen a la empresa que compró el material de Bill Graham; dudoso que gasten cientos de miles de dólares en ello. Tampoco lloraríamos, aunque sea del inicio de la gira, si apuestan por el Roxy, ciento cuarenta y seis minutos ante quinientos elegidos en los que estrenó “Independence Day” y “Point Blank“.

Elijan lo que quieran.

Pero elijan, please.

Por decirlo usando el email que me escribió Anthony Fischetti, testigo del concierto del 22 de agosto en el MSG, «Nadie puede ser tan energético, tan emocional y puro, y mantenerlo durante casi siete meses. Pero cuando miras hacia atrás eran como luchadores trabajándose su camino, luchando con cualquiera en cualquier parte, buscando una oportunidad para hacerse con el título. En aquella gira tocaron en clubes, teatros y pabellones. Tenían algo que demostrar, y tocaban como si sus vidas dependieran de ello. Nos beneficiamos al ser testigos de aquella catarsis. Podías vivir tu vida en un concierto del Darkness y no perderte prácticamente nada del espectro emocional. Era así de bueno. Cualquiera que piense que una caja del treinta aniversario de Darkness no reúne tantos méritos para existir como la de Born To Run es que no estuvo allí. Intento explicarle a la gente como fue… Si crees que Springsteen es ahora una fuerza de la naturaleza (…) deberías de haber visto un concierto de Darkness. Es como intentar explicarle a alguien que no lo haya escuchado que es el rock and roll».

Si hablamos de grabaciones en vivo, de directos, los conciertos del 78 figuran en el podio de lo esencial, junto al del Harlem Square Club de Sam Cooke, el live del 66 de Dylan, los dos primeros del Apollo de James Brown… y poco más. A Springsteen y cía. les corresponde ahora que, aparte los coleccionistas de bootlegs, el mundo entero lo sepa.

¿Live in Hyde Park decían?

No me hagan reír.

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