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Leonard Cohen, Príncipe de Asturias de las Letras

1 de junio de 2011

Leonard Cohen, Príncipe de Asturias de las Letras 2011. Es curioso como hay premios y galardones ajenos que sientes como propios. Y piensas que un mínimo trozo de la cinta de la que cuelga la medalla te pertenece. O al menos que has ayudado a su logro. Supongo que habrá más gente que le suceda lo mismo. Desde Alberto Manzano hasta Manolo Díaz.

Las fotos que adornan esta nota fueron tomadas durante su primer viaje a Granada. Para rodar un clip de “Take This Waltz“, la adaptación que grabó del poema de LorcaPequeño vals vienés” para el álbum “Poetas En Nueva York“.

En la primera de ellas estamos en la Alcazaba Vieja; en la segunda nos asomamos por una ventana de la casa-museo del poeta, con su director Juan de Loxa; y en la tercera nos acompaña el periodista británico Howell Llewellyn, quien había viajado con nosotros.

Les dejo unos posts sobre el Maestro (el primero es una pincelada sobre nuestra relación y el último hace referencia a la grabación de la mencionada “Take This Waltz“).

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26 de marzo de 2009

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Sorprende lo lilas que pueden ser algunos entendidos. Rob Hallet, el hombre que ha devuelto a Leonard Cohen a los escenarios, contaba en una entrevista concedida a Rock´s Backpages como tuvo que convencer a sus socios de la promotora AEG Live. Tras quince años sin girar, pensaban que era un penitente sin casulla, un tigre desdentado, que olía a cadaverina y no interesaba más que a cuatro pelmas. Insistente, Hallet, que confiesa haber seguido a Cohen desde niño, logró su propósito.

 

Recuerden que el autor de “The Future” venía de perder en 2005 cinco millones de dólares, casi todo su capital destinado a la jubilación, a manos de Kelley Lynch, su mánager, una de esas contables enrevesadas que caen sobre tu grupa para chuparte el tuétano. Para flipe de todos, los tres primeros conciertos de la gira, celebrados en Toronto, agotaron el papel en día y medio. En Dublín despacharon 36.000 localidades para dos recitales en hora y media, añadiendo un tercero.

 

Su relevancia es tal que incluso los sositos de la Operación Triunfo británica, esos mediocres que confunden canto y culturismo vocal, interpretan sus canciones: uno de los sucesos más psicodélicos de los últimos tiempos tuvo lugar hace pocos meses; Jason Castro, la muchachita que lideraba la pasada edición del concurso, versioneó, claro, “Hallelujah”, descubriéndosela a las nuevas generaciones, tan idiotizadas que debieron pensar que era suya. Escandalizado, el sector cool de la audiencia patrocinó la adquisición en Itunes de la versión firmada por Jeff Buckley. A los pocos días ambas tonadas alcanzaban los números 1 y 2 de las listas.

 

Con las cuentas bancarias aseguradas, lo que importa, o sea, la música, esa música de noches fatigadas, esos versos radiantes, metálicos, que hablan de amor al raso y sexo melancólico, la música de diamante parida por el «pequeño judío que escribió la Biblia», sigue quemando. Sus asociados alucinan cuando repite, noche tras noche, conciertos de casi tres horas. Ninguna crítica ha bajado del sobresaliente. Su voz conserva el herraje candente, profundo. Suena poderosa y vibrante, sabia.

  

Para muestra, su nuevo disco, “Live in London”, grabado en el O2 de Londres el pasado julio y adelantado en exclusiva por npr music. “Dance Me To The End Of Love”, “Ain´t No Cure For Love”, “Bird On The Wire”, “In My Secret Life”, “Closing Time”, “Democracy”, “I´m Your Man”, “Take This Waltz” o “So Long, Marianne” suben por tu espinazo como mariposas borrachas, como un palpitante galope de cirios y estrellas, como una gloriosa cascada de tenues fogatas y lágrimas quebradizas, con la serenidad y el buen hacer de un fulano que conoce sus limitaciones y las transforma en azulete para calmar dolores.

 

Queremos que nuestros poetas vivan descorchando Borgoña y nos jode la idealización del bardo que camina descalzo y extrae néctar de las moscas, pero también que su arte continúe vivo, y ante la demostración de poderío ejercitada por Cohen podemos respirar muuuuy tranquilos; de hecho, en este tour de 2008/09 luce tan inspirado e inquieto que sólo resta orgasmar bajo la avalancha de rosas asimétricas, labios ensangrentados, palomas y cicatrices que regala. Bueno, y rezar para que el anunciado nuevo disco, con canciones inéditas, se haga realidad a finales de año.

                                      

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Las Diosas de Cohen y Waits (Efe Eme)

26 de julio de 2008

La amistad entre artistas y disqueros suele venir condicionada por una agenda de trabajo. Que coincide con calendarios de grabación, edición, giras de promoción y conciertos. Un cambio de discográfica, de cualquiera de las partes, enfría la más cordial de las relaciones. Aunque siempre hay excepciones.

 

Por eso cuando salí de Sony (antes CBS) en 1992, para montar Compadres, me sorprendió la llamada de Leonard Cohen. Tras la sorpresa inicial al oírle al otro lado del teléfono, me pudo la satisfacción y más teniendo en cuenta la naturaleza de la llamada. Pero antes de centrarme en el favor que me pidió, quiero dar otro salto atrás en el tiempo. A la década anterior, los 80.

 

Nos conocimos cuando la CBS estadounidense rechazó editar “Various Positions”. Lo cual eran muy malas noticias para la división internacional, donde trabajaba, y más concretamente para las compañías europeas. Mi jefa en Nueva York, Bunny Freidus (vicepresidenta de operaciones creativas), se movilizó rápidamente y montó una reunión para escuchar el repertorio disponible. La química fue muy buena. Posteriormente Cohen y yo tuvimos varias reuniones más para perfilar detalles (mezclas, mastering, diseño, partes de producción, información de etiqueta, calendarios, etc.). En una de esas citas, en un bar, sellamos ¡en una servilleta! las bases de su contrato con CBS Records International (que excluía a Canadá y USA). Así que resulta que Florentino Pérez no inventó nada, pero tanto al abogado de la cia. como a su manager (jefe de la entonces fiel y eficiente Kelley Lynch) no les hizo demasiada gracia la movida.

 

El álbum se editó en 1984. Habían pasado cinco años desde el anterior “Recent Songs”. Muchos meses después “Various Positions” también fue lanzado en su país natal y en Estados Unidos.

 

En 1986 ya de vuelta en España, mi jefe Manolo Diaz (presidente de la cia. española) puso en marcha “Poetas en Nueva York”, un disco colectivo de cantautores basado en el libro de Federico Garcia Lorca, con portada de Úrculo. Manolo, que fue cantautor pionero y autor de éxitos pop en los 60, conocía el potencial musical de la obra del genial poeta. Con Aguaviva (también triunfó en Italia). Asimismo sabia de mi afinidad con Cohen. Y me pidió que gestionase su colaboración para el disco, que sería la guinda del proyecto. Cuando le conté que no creía que hubiese problemas porque la hija de Leonard se llamaba Lorca, sonrió con satisfacción. A fecha de hoy no sé si porque veía realizable su sueño de contar con el maestro canadiense o porque conocía el dato. O por ambas cosas.

 

El caso es que Leonard Cohen eligió un poema fácil de musicar “Pequeño vals vienes” pero difícil de traducir. Le trajo de cabeza. Fueron dos meses de intenso trabajo (empleó unas 150 horas para adaptar el texto al ingles). Lo cual, por problemas de agenda, nos hizo cambiar el lugar de grabación de Nueva York a Paris (estudios Montmarte). “Take This Waltz” fue el resultado que después retocaría para incluirla en su siguiente álbum “I’m Your Man” (1988).

 

En octubre del 86 vino a Madrid para la presentación del “Poetas en Nueva York” y para rodar un video clip en Granada.

  

Presentándole a Jesus Ordovás en la presentación de “Poetas en Nueva York (la foto es de la Web de Ordovás)

Así que cuando llamó para pedirme un favor, no me podía negar. Dos buenas amigas suyas venían a Madrid y quería que las atendiese. Eran Kathleen Brennan, la esposa de Tom Waits, y su novia, la actriz Rebecca de Mornay, con la que estaba a punto de romper (si no lo había hecho ya).

La Brennan me pareció una mujer fascinante. De tremenda cabeza. Entendí perfectamente como había encauzado no sólo la vida de Tom Waits sino también su talento.

Rebecca de Mornay era un bellezón y tenia ganas de marcha. Así que después de la cena nos fuimos los tres de copas.

Durante la cena hablamos de lo humano y lo divino. Y de la casualidad y del destino (todavía no conocía a Paul Auster). Me quedé prendado de la historia de como se conocieron. Fue en 1980, durante el rodaje de una película maldita de Francis Ford CoppolaOne from the heart”.

Tom Waits estaba componiendo la banda sonora de la película, para que la cantase Cristal Gayle. La Brennan trabajaba como supervisora de guiones para la productora de Coppola, American Zoetrope. Y Rebecca era una de las actrices del reparto. Ellas se hicieron amigas y unas sugerencias a Waits sobre el texto de algunos temas produjeron el flechazo.

 

Me sorprendía como Kathleen hablaba de su marido, de sus hijos, de una vida absolutamente normal y burguesa, ¿Había domesticado a la fiera? ¿O simplemente había encauzado su talento de forma productiva? Creo que más bien fue esto último. Y el malditismo ha sido su mejor marketing y el que les permite llevar una vida apacible, alejada de los focos del estrellato. Aunque sean los críticos más críticos con los asuntos del marketing quienes rinden culto y pleitesía a Tom Waits. Al que sinceramente creo que sobrevaloran. Lo cual no implica que me disguste o no sepa apreciarlo. En realidad quizás sea yo quien esté sobrevalorando a su Diosa, Kathleen Brennan.

 

Estos días Tom Waits ha actuado en España por primera vez y Leonard Cohen ha vuelto a los escenarios ¡después de quince años! Muy atrás quedan su gira anterior, la de 1993, los cinco años en un monasterio budista o el desfalco de cinco millones de dólares que descubrió en 2005. Finalmente le ganó el juicio a Kelley Lynch, quien no resultó ni tan dulce ni tan fiable como nos pensábamos. Hay Diosas y Diosas…

 

Publicado en Efe Eme

 

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