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Paula Moscuzza: arte en los balcones

Plaza de la PajaAyer descubrí la exposición de la pintora Paula Moscuzza en los balcones de un edificio en la parte superior de la Plaza de la Paja. Parece que estuve lento en el descubrimiento, a escasos metros de mi casa. La verdad es que hace tiempo que no pasó por ahí. Creo que las últimas veces fueron en el Delic con Aránzazu Soler Garijo y luego con David El Indio de Vetusta Morla. El cambio de la propiedad del Delic ha debido influir en mi ausencia.

La artista argentina Paula Moscuzza, licenciada en Derecho y profesora de español como lengua extranjera, lleva 17 años en Madrid. Ante la dificultad de encontrar una galería para exponer tuvo la feliz idea de sacar su arte a los balcones. Al principio le daba vergüenza, como señala en la entrevista con Pablo Pampa Sainz en El Salto. Superada esta dificultad consultó con sus vecinos de Lavapiés y encontró una respuesta de lo más positiva. Así que Quería exponer, como denominó a esta iniciativa, se convirtió en una realidad desde los tres balcones de su casa en la calle Esgrima 5 hasta los de la vecina calle Espada. Se unieron cinco edificios en esta original iniciativa.

Este proyecto artístico arrancó en marzo de este año e inicialmente estaba prevista hasta el 21 de abril, Según leo en el Facebook de la artista bonaerense, de donde he tomado prestadas las fotos: “El pasado 21 de junio, la vecindad de Esgrima y Espada, en un acto solemne y amoroso, entregó en mano a la vecindad de la Plaza de la Paja las obras de Quería exponer“.  Quería exponer

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“Campos de Castilla” de Machado (Demipage Editorial)

Demipage Campos de Castilla

Fue una tarde completita: salimos a hacer unos recados y por el camino nos entretuvimos en la Plaza de la Paja. Visitamos la Capilla del Obispo y merendamos en la terraza del Delic. Tras estos placenteros intervalos reanudamos nuestra marcha para cumplimentar nuestras obligaciones. Finalizadas las cuales propuse acercarnos a la Plaza del Alamillo.

Según nos acercábamos, bajando por la calle Alfonso VI, vimos que la misteriosa librería Arranca Thelma estaba abierta. Todo un hito. Situada en el número 2 de la calle Morería solo abre unas pocas horas por las tardes: de 17:00 a 20:00 de lunes a viernes. Entramos. Era la primera vez que lo hacíamos desde que en 1988 nos mudamos al barrio. La película “Thelma & Louise” de Ridley Scott es de 1991, por lo que esta atípica librería es posterior. Nos sumergimos entre sus tesoros y al fondo, hablando por teléfono, estaba su propietario, Luis Lázaro Trueba

Lázaro Arranca THelma

Entre sus libros antiguos, carteles, discos, etc., descubrí una nueva edición del “Campos de Castilla” de Antonio Machado. El original de 1912 se publica ahora, en 2021, en una muy cuidada edición a cargo de la editorial Demipage. Un libro con dos portadas (que pueden ver en la imagen del encabezado), porque no hay contraportada. El diseño es de Jean Assémat. Lo ves y dan ganas de cogerlo, Su tamaño, la textura, es de lo más acogedor. Y una vez que tienes el libro entre tus manos no puedes soltarlo. Lo compré como un regalo para La Mundana.

Ya en casa La Mundana se dio cuenta del “Colección Arranca Thelma“. Y por eso supimos que esta librería, con más de dos décadas de existencia, también tenía una colección literaria. Iniciada en 2019. Entre sus títulos, además de estos “Campos de Castilla“, encontramos “Poeta en Nueva York” de Federico García Lorca. Demipage explicaba así en su día esta mueva aventura literaria: 

[…] Con “La Flor de Californía, del escritor malagueño José María Hinojosa, se inicia una colección que recupera figuras literarias perdidas, fruto de la colaboración de una editorial, Demipage, y de un librero, Luis Lázaro, de Librería Arranca Thelma. […]

Posteriormente averigüé que la última aparición publica de Ceesepe fue en Arranca Thelma, con motivo de la  presentación de un libro de Carlos García Alix. Fallecía pocos días después. 

Poco puedo añadir al impresionante “Campos de Castilla” de Machado. Tan solo recordar que fue la base del disco homenaje a Antonio Machado de Serrat (“Dedicado a Antonio Machado poeta“, 1969). El LP que colocó a Machado en las casas de casi toda España.

Esta semana cae fijo la edición que Demipage y Arranca Thelma han hecho del “Poeta en Nueva York“.

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Mi primer desayuno fuera de casa

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Hoy he desayunado por primera vez fuera de casa desde el 1 de marzo. Perdón, esa fue la penúltima vez. La última fue el 8 de marzo. En ambos casos fue en El Madroño, que hace esquina con Puerta Cerrada y la calle Nuncio.

Hoy, 1 de agosto, el local elegido ha sido el Delic de la Plaza de la Paja. Sitio al que le tengo especial cariño y devoción. Un espectacular zumo de naranja, pan tostado con aceite y dos cafés americanos ha sido lo que he tomado en su terraza, a la sombra entre arboles y con una leve brisa.

El coronavirus, que nos ha traído la peor primavera y el peor verano de nuestras vidas, ha modificado totalmente nuestros usos y costumbres. La tragedia nos ha asolado. Quienes no hemos enfermado o fallecido tenemos que considerarnos unos auténticos privilegiados. Y nos debemos a los demás. Llevar mascarillas y mantener el distanciamiento social requerido está en nuestras manos. Los rebrotes y la segunda ola están aquí. No nos engañemos. No somos inmunes a nada.

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No hagamos como la derechona: no inventemos bulos

Almeida Ayuso

No hagamos como la derechona: no inventemos bulos ni los propaguemos. No hay nada irregular en esta foto.

Si te sientas en una terraza es para consumir y no lo puedes hacer con la mascarilla tapándote la boca. Se ven platos. ¿Se puede comer con la mascarilla puesta? La norma exime del uso de mascarillas en terrazas. En Fase 2 se permiten reuniones de hasta 15 personas (en la foto hay cuatro). La distancia social no se aplica al público sentado en las mesas de las terrazas, solo es para el aforo de las mismas y la separación entre las mesas.

Lo de los “coches oficiales” del texto de la foto sobra. En todo caso será uno (o medio), la ranchera. ¿O los dos aparcados que vemos en la foto ocupan una plaza según está escrito? La señal para discapacitados que observamos es para un vehículo, una plaza. Lo sé porque esta terraza es al lado de casa, en la Plaza de la Paja. Es de un nuevo local andaluz, La Malaje (antes estaba El Estragón). Más: ¿desde cuándo se usa una ranchera como coche oficial? ¿Cómo sabemos que el auto, o los autos, está(n) asociado(s) a los comensales?

Otra cosa: de los dos políticos conocidos, uno es motero (el alcalde) y la presidenta probablemente llegó andando desde la cercana Puerta del Sol.

Este tipo de fakes nos colocan al nivel de la derecha cavernaria. Y es muy triste. También lo es ejercer de chivatos.

P.D.: Quizás lo adecuado sería averiguar quiénes son los que almuerzan con IDA y Martínez-Almeida. ¿Serán algunos de esos empresarios que susurran a la presidenta de la CAM?

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Mi calle

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Estas fotos de mi calle las hizo La Mundana a principios de abril. La idea de publicarlas se la he copiado a Bernardo Pérez Tovar. En su muro de Facebook vi una de su calle vacía, la de la Magdalena, y me dio envidia.

Otro maestro de la fotografía, Raúl Cancio, también andaba por el barrio, pero de paseo y tomando fotos de las calles, que comparte en su muro o en El País (donde trabaja Bernardo).

La primera de las fotos de La Mundana está tomada desde la Plaza de la Paja. La segunda desde el otro lado, donde está la torre.  Me encanta la moto estacionada al lado de la señal de prohibido aparcar.

En cualquier caso hoy se inicia la desescalada o desconfinamiento. Así que, aunque es una calle tranquila, la gente volverá a transitar por ella y los niños jugarán a la pelota de nuevo.

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Antoni Miralda en Manhattan: cuando la noche neoyorquina era española

Antoni Miralda (Tarrasa, 1942), Premio Velázquez de Artes Plásticas 2018, estuvo viviendo en Nueva York desde 1971, junto a su esposa la cocinera Montse Guillen (Melilla, 1946). Ambos, en los 80, fueron artífices junto a otros protagonistas de una explosión española en las noches de Manhattan. Protagonistas directos. También los hubo indirectos. Entre estos últimos destaca el club de rock The Ritz de la calle 11, meca durante la década de los 80 de los mejores conciertos y eventos de la ciudad.

Era un viejo teatro/salón de baile reconvertido en sala de conciertos siendo los primeros de NY en instalar pantallas gigantes de video. Ahí, por ejemplo, actuaron por primera vez en EEUU Culture Club, U2,  Depeche Mode, Duran Duran, Sepultura y la nueva banda de Johnny Rotten tras los Sex Pistols (Public Image Limited); MTV inauguró sus emisiones desde el Ritz (incluso crearon una serie de programas Live From The Ritz); Sting nos presentó ahí su primer álbum en solitario; Tina Turner relanzó su carrera con un showcase en el Ritz; se grabaron varios discos en directo y las ultimas actuaciones de  Talking Heads y Stevie Ray Vaughan ocurrieron allí. ¿Saben lo qué era The Ritz y quienes eran sus propietarios? ¡La casa de Galicia! Desde 1970. Los inmigrantes gallegos habían encontrado el local adecuado para que cupiesen las numerosas agrupaciones de gaiteros y se pudiese bailar la muñeira. Y luego alquilaron la sala. En 1989 el Ritz cambió de local y se mudó al que ocupaba Studio 54. Se llamaron The New Ritz pero ya no fue lo mismo. El sitio original de la calle 11 ahora es el Webster Hall, rememorando el nombre original de la sala de baile (y sede feminista y de numerosos grupos de izquierda durante las dos primeras décadas del siglo XX) antes de ser estudio de grabación de RCA o Casa Galicia y posteriormente The Ritz. Casa Galicia de Nueva York siguieron siendo los propietarios del edificio hasta 2017.

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A Antoni Miralda y Montse Guillen se les considera responsables de la introducción de las tapas en la ciudad que nunca duerme. Creadores del concepto Food Cultura tuvieron su bautismo en Nueva York con un evento cocinado por Guillen en 1981, en el restaurante Windows of the World, situado en el ultimo piso de una de las desaparecidas Torres Gemelas, donde introdujo las tapas a público y crítica. Craig Clairborne, el prestigioso crítico gastronómico del The New York Times, dedicó una doble página a Montse Guillen. En septiembre del 84 la pareja inauguró El Internacional Tapas Bar & Restaurant en Tribeca, el barrio que pocos años después desplazaría al Soho como punto de encuentro de la vanguardia y las elites artísticas y que en esos momentos empezaba a despuntar. Principalmente gracias a otro bar y restaurante, The Odeon. Precisamente estos dos locales compitieron por el mismo público y El Internacional empezó a acoger al publico habitual del Odeon, gracias a los revolucionarios conceptos artísticos y estéticos que Miralda desarrolló. ¿Quiénes eran estas personas que pusieron de moda El Internacional? Nombres como Andy Warhol, Jean-Michel Basquiat, Keith Haring, Pina Bausch, Robert Wilson, Robert de Niro, Michael Douglas, Diane Keaton, David Lynch, John Kennedy Jr., David Byrne, Frank Zappa, Deborah Harry, Umberto Eco, nuestros Antonio Gades y Sara Montiel y sobre todo Lorne Michaels, el creador y productor de Saturday Night Live (SNL), quien acudía con su cuadro de guionistas y actores. Este espacio televisivo fue clave en el desarrollo y popularización tanto del Odeon como de El Internacional.

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El restaurante, dos estrellas en la guía del New York Times y situado en el 217 de West Broadway, captó muy pronto la atención del puntero programa de humor de TV. Por sus tapas (el primero en ofrecerlas en la ciudad y dicen que en EEUU), su look rompedor gracias a las instalaciones y los detalles de Miralda, el aire de locura donde todo parecía posible (tan cercano al espíritu del show), su video carta donde explicaban las recetas de callos, gambas al ajillo, pulpo a la gallega y otras especialidades españolas, los cócteles de color turquesa, las fiestas del porrón (The Porron Olympics), etc. Un happening continuo. El salto definitivo al estrellato fue cuando una instalación de Miralda, la replica de la corona de la Estatua de la Libertad colocada sobre el edificio del local, apareció en la careta de entrada de SNL. Estuvo varias temporadas. En el pantallazo vemos la imagen completa que salía dos veces y se alternaba con un par más, detallando la corona y la ventana iluminada.

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La “coronación” del local, emplazado entre dos edificios de mediana altura, tuvo lugar el 15 de julio de 1985. Y como es obvio hubo una gran fiesta. Todo Nueva York se dio cita. Un año después la pareja abandonaba El Internacional e iniciaba el proyecto Honeymoon (1986-1992), la boda entre la Estatua de la Libertad y la del Cristóbal Colón de la Ciudad Condal.

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De jefa de sala estaba Elena Guereta (hija del galerista Fernando Guereta, maestro de Soledad Lorenzo). Al cierre de El Internacional regresó a Madrid y abrió Delic, en la céntrica Plaza de la Paja (aún sigue funcionando a tope). Recuerdo una noche gloriosa en el local, gracias a los buenos oficios de Elena. Habíamos montado un desplazamiento de medios ingleses, franceses y holandeses para ver a Lone Justice (Geffen) en el Madison Square Garden, Eran teloneros de U2. Nos habíamos puesto de acuerdo con Island (en Londres) y Atlantic (en Nueva York) para compartir gastos. Su primer álbum había sido producido por Jimmy Iovine, tenian una buena cantante en Maria McKee y Steve Vanz Zandt y Tom Petty compusieron un par de temas para el disco (Van Zandt y dos Heartbreakers tocaron en el álbum). Bono estaba teniendo una de esas noches cargantes. Me estaba incomodando. Y de repente tras una larga parrafada se arrancan con “We Are The World“. No pude más. Me levanté para irme. Me excusé con el director general de Epic en Inglaterra alegando que tenía que supervisar el local donde íbamos a cenar. “Te acompaño. Yo tampoco aguanto esto” me contestó. Nos siguió toda la prensa británica desplazada. El director de la compañía inglesa comentó entre carcajadas que a alguien de Island se le iba a caer el pelo. Tras arreglar varios taxis llegamos a El Internacional. La noche fue delirante. Era Fools Day, el día de los Santos Inocentes en EEUU. Y tuvo como colofón un cuarteto de violinistas tocando el himno británico. Muy monas las cuatro, vestidas de etiqueta. Al llegar a casa le comenté a La Mundana que me echaban. “Pues con el pedo que llevas al menos te lo has pasado en grande” me dijo. A la mañana siguiente, con la resaca puesta, iba camino del matadero. “We Are The World” era de CBS, nuestra canción estrella del momento, un proyecto de la máxima estrella de la casa, Michael Jackson. Y para rematarlo era un disco benéfico. Y mi gesto fue público y notorio. Según iba por el pasillo de la planta 14, del edificio de CBS, para ir a mi despacho mi secre me avisó que la jefa me estaba buscando. Que había preguntado por mi un par de veces y se la notaba ansiosa. Confirmado: mis temores se iban a convertir en realidad. Cuando asomé por la puerta recibí una estruendosa ovación. Mi jefa estaba con los de la compañía inglesa, el presidente de la misma que no había ido al concierto pero sí a la cena y el presidente de la división internacional (en la que curraba). La lluvia de elogios fue tremenda. Que si la mejor cena, que nunca se habían divertido tanto, que vaya pedazo de local, como se notaba que tenía ascendente en el sitio, que bien nos había tratado la maître (Elena), que los medios ingleses estaban encantados, que lo del himno fue apoteósico y que por favor que cada vez que viniesen o mandasen a alguien a NY que me encargase personalmente…

Los orígenes del local que albergó El Internacional (y que Antoni Miralda reformó de arriba abajo, empezando por esa fachada tan de dálmatas, que le daba un aire de lo más pop) son igual de fascinantes. Comenzó siendo un restaurante alemán, Teddy’s (por su dueño Teddy Bartel). En 1945 Bartel lo vendió a Sal Cucinotta quien lo transformó en un restaurante italiano de lujo. Y empezó a atraer a estrellas del cine como Elizabeth Taylor, Groucho Marx, Sophia Loren, Kirk Douglas, Anthony Quinn o Jane Fonda. También a la Mafia. A los capos les gustaba rodearse y frecuentar a las estrellas del celuloide. Pero como siempre sucede la presencia de los mafiosos acaba trayendo malas noticias y el Teddy’s inició su decadencia a finales de los 60. Estuvo cerrado durante algún tiempo hasta que aparecieron Miralda y Guillen.

Si El Internacional se convirtió en el punto de referencia del cool downtown de Manhattan, el Gas Station fue el lugar alternativo que rompió en el East Village, concretamente en Alphabet City. En la esquina noroeste de la Avenida B con la calle 2, debe su nombre a que ocupó una gasolinera abandonada. También era conocido como 2B por la dirección. Un lugar post apocalíptico que surgió de los restos de la caseta, los surtidores, algunos asientos de coches y el edificio contiguo, donde los abundantes yonquis del barrio pasaban el rato. Un chutadero por llamarlo de alguna forma. El médico y pintor hispano-argentino Osvaldo Gomariz y su socio Xavier Domingo, oncólogo español, llegaron a Nueva York. Osvaldo en 1983 con una beca Guggenheim desde Madrid y Xavier a trabajar en lo suyo. Y comenzaron a desescombrar la vieja gasolinera con la ayuda del caribeño Rubén García. No solo recibieron el aplauso de los del barrio. También les ayudaron en la ingente tarea. Mantuvieron en pie las estructuras abandonadas, que le daban un aire fantasmagórico al lugar. Repararon las farolas, asearon los asientos e incorporaron mesas y sillas que iban encontrando o comprando en ventas de trasteros y tiendas de segunda mano. La caseta fue el bar donde servían zumo de sandía “con o sin gas” (con o sin vodka). Operaban en una situación de semi clandestinidad: no disponían de licencias de licores, pero sí de apertura porque eran un centro cultural. Organizaban exposiciones, al aire libre, de esculturas y pinturas. Y funcionaban como taller y estudio. Las esculturas y piezas creadas en el lugar permanecieron ahí, lo cual fue creando por acumulación ese ambiente Mad Max. Como el Lower East Side era refugio de artistas underground que habían salido del Soho, por su gentrificación, encontraron una veta y siempre había muestras y creadores en acción.

Ginsberg, Ory, Gomariz GS 1987

La conexión e inclinación artística del lugar venía de los escultores que trajo Rubén y de la mano de Osvaldo (amigo de Rafael Alberti, Gloria Fuertes, Carlos Edmundo de Ory –amistad casi quebrada por la publicación de un libro de poemas de Ory editado por Gas Station–, Mercedes Sosa y Allen Ginsberg), quien además de pintor era un excelente cocinero de paellas (doy fe: las paellas que cocinaba en casa –la suya o la nuestra–– eran un evento en la comunidad musical de NY). En la foto Ginsberg, Ory y Osvaldo en el Gas Station.

Spanish Poetry in NY Fundacion CEdO

La presencia de artistas emergentes como Haring y Basquiat (más de una noche ejerció de dj) disparó la popularidad de Gas Station y sus exposiciones entre la comunidad alternativa. Otro factor importante fue que en la acera de enfrente estaba Save The Robots, el afterhours más underground de NY. Sus clientes a la entrada o salida paraban en Gas Station. Las horas punta eran entre las cuatro de la madrugada y las ocho de la mañana. En Save The Robots el único alcohol que servían era vodka (pronto establecieron una política conjunta de compra). Este golpe del destino hizo que Gas Station fuese la comidilla de la vanguardia de la ciudad.

Un embargo en 1995 puso fin a la aventura de Gas Station, cuando hacía tiempo que ninguno de los tres fundadores estaba ya al frente. Ese mismo año falleció Osvaldo Gomariz en su Argentina natal. Hoy en día el lugar que ocupaba Gas Station/2B es un Duane Read (la cadena de supermercados farmacéuticos).

Otro aspecto no tan conocido de la noche neoyorquina fue la explosión en ventas del cava Cordón Negro de Freixenet. Fui testigo de cómo y donde sucedió. En la fiesta prenupcial de un compañero de trabajo y su novia, ex de la Factory de Warhol y vicepresidenta de prensa y publicidad de Epic Records (entonces en la cresta de la ola con “Thriller” de Michael Jackson). La fiesta era en el apartamento de ella (le abrí la puerta a un demacrado James Taylor, vecino del piso de arriba; venía acompañado de Carly Simon, quien se había empeñado en que su ex fuese buen vecino y bajase a felicitar a la pareja). Los sospechosos habituales de la jet artística y empresarial de NY estaban presentes (Warhol, Basquiat, Morrisey –el director de cine–, los dueños de Studio 54, Area y The Odeon, etc.). La única bebida disponible era Cordón Negro. Abrías la nevera y estaba hasta arriba de Freixenet (los frigoríficos estadounidenses son grandes). Las bañeras de los dos baños llenas de agua, hielo y botellas de cava. El producto gustó y al enterarse del (bajo) precio entusiasmó. Ese fin de semana se agotaron las existencias en la ciudad. Y fue uno de los espumosos más vendidos de esas Navidades. Desde Nueva York saltó al resto del país.

En este recorrido hemos pasado del éxito de Miralda –y Guillen introduciendo las tapas– al underground del Gas Station pasando por Freixenet y The Ritz. Añadan las actuaciones de flamenco (siempre llenas y con dos cimas: el bailaor Mario Maya en el Public Theater de Joseph Papp y Paco de Lucía en el Carnegie Hall), la entonces emergente figura de Almodóvar, los nuevos diseñadores españoles y el siempre pujante arte español (el importantísimo galerista Leo Castelli fichó a Barceló, Sicilia expuso por primera vez en Manhattan en la primera galería de grandes dimensiones que abrió en el Soho y en el 85 se presentó la exposición colectiva 5 Spanish Artists, etc.). Es fácil comprobar que en el Nueva York de los 80 lo español estaba en boga.

P.D.: he pasado por alto el restaurante El Quijote del Chelsea Hotel (donde paraban los afamados clientes del hotel). Abierto en 1930 cerró sus puertas este año.

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El 25-N en la Plaza de la Paja

26 de noviembre de 2010

Bravo por alumnos y profesores.

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Un rodaje transforma la Plaza de la Paja en el Madrid de 1939

14 de abril de 2009

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Aunque Almagro es el escenario principal donde se ruedan los exteriores de “Pájaros de papel”, el debut cinematográfico de Emilio Aragón como director, el rodaje se trasladó ayer al centro histórico de Madrid. La Plaza de la Paja y las calles vecinas han sido transformadas en un escenario propio de 1939. La película escrita por el propio Emilio Aragón junto a Fernando Castets (guionista de “El hijo de la novia” y “Luna de Avellanada”) cuenta con Imanol Arias, Carmen Machi y Lluis Homar como protagonistas. La ganadora del Goya 2009 a la Mejor Actriz Revelación, Nerea Camacho, también forma parte del reparto.

 

Pájaros de papel” narra la historia de una familia de artistas de vodevil encabezada por un cómico, un ventrílocuo y un niño de 10 años, a quienes acompañan una cupletista y una joven bailarina. Este grupo de artistas sobrevivirá –entre números musicales e intrigas— al hambre de pan y a la sed de triunfar, así como a los avatares de la vida cotidiana.

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Los rodajes en el barrio -para cine, TV y publicidad- son constantes. En el blog he tratado el tema anteriormente:

 

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Los rodajes amplían su campo de acción

 

El reposo de las guerreras

 

El Yo, Periodista de El País se hizo eco en su día. Actualizo para comentar que hoy también lo reflejan. Se puede ver pinchando aquí.

 

La gente de este rodaje era de lo más amable y educada. Como suele suceder con la gente del cine, y por regla general con los de la publicidad. Los malos modos, la prepotencia, suele venir de la mano de los equipos de producción de la tele. Especialmente los de las públicas (Telemadrid y TVE se llevan la palma).

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En la foto dos integrantes del equipo de producción de “Pájaros de papel”, uno de ellos, el de mangas rojas, tenía la “ingrata” misión de no permitir el paso a los viandantes. Y lo hizo con mucho arte y mejor talante.

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La verdad es que los decorados resultaban de lo más aparente. Parecía un “ficticio” viaje en el tiempo. Algunos de los locales de la plaza habían cambiado de aspecto. La cartelería y el atrezzo ayudaban a completar el efecto. Hice unas fotos al mediodía de ayer.

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cajas

carteles

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Mientras desmontaban descubrí este anacronismo:

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