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Dylan cumple 80 años

Hoy 24 de mayo Bob Dylan cumple 80 años. Y qué mejor forma de celebrarlo que con este “Forever Young“. Aunque fuese compuesta con su primer hijo en mente, el título de la canción (“Siempre joven”) viene al pelo.

En el video, extraido de la película “The Last Waltz“, le acompañan de The Band. Que además grabaron la versión original incluida en “Planet Waves” (1974), su primer álbum tras abandonar CBS (Columbia Records), su compañía desde el principio de su carrera. David Geffen y Elliot Roberts le ficharon para Asylum. El siguiente “Before The Flood“, el doble en directo con The Band que fue su primer disco live, fue el último con Asylum y volvió a CBS. Donde aún sigue.

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Dylan ni tosco ni follonero

Bob Dylan portada

El nuevo álbum de Bob DylanRough & Rowdy Ways” no es ni tosco ni follonero, como da a entender su título. Es más bien todo lo contrario, sutil y reflexivo. Y a los dylanólogos les resultará paradisiaco por sus continuas citas y referencias, sobre las que podrán teorizar e interpretar. Lo mismo sirve para los haters.

Aquí les dejo una primera teoría, mía, que no he visto mencionada en las críticas y reseñas que he leído (tampoco me he pegado un empacho): el nombré del álbum es un homenaje al título de un yodel de 1929 del gran Jimmie Rodgers, de quien Dylan es fan absoluto. Se llaman prácticamente igual. Y es en la letra de esa canción del maestro que inventó el country, aunque entonces no se denominase así (lo llamaban hillbilly), donde hallamos una posible clave de este disco de Dylan. Rodgers nos cantaba sobre un cambio vital, de alguien que durante años “rambled, drank my wines and gambled” y que ahora, al conocer a la mujer perfecta, quiere construir una cabaña en su pueblo y reposar su estilo de vida. Pero no puede olvidar sus “good old rambling days”. Vamos, que la cabra tira al monte. Y Dylan a sus 79 años no es una excepción. ¿Está dejando una puerta abierta por si se arrepiente y esta grabación que suena a despedida resulta no serlo? Aquí, salvando las distancias, tenemos un ejemplo en Miguel Ríos: se ha retirado más veces que Antoñete. Este ejemplo ha pasado a ser el de dos figuras, cada una en lo suyo.

En una primera escucha lo que más me llamó la atención fue la producción a la española. Es decir, con la voz muy presente. Muy por encima de la música. Esta es una característica de la música popular española desde los 50 del siglo pasado (como poco). Los anglos son más de equilibrar en las mezclas las pistas de voces e instrumentos. Y si quien cantaba andaba cortita/o la/e medio escondían entre la música.

Héctor García Barnés, conocedor de mi querencia por Dylan y consciente de mi disgusto con sus ultimas producciones (el disco de villancicos y los del repertorio de Sinatra), estaba interesado en conocer mi opinión. Agradezco su amabilidad e interés. A mi me pasaba lo mismo con la suya. Su espléndida reseña para Ruta 66 explica muy bien el disco. Y es la única (insisto: no me he pegado ninguna empacho de leer críticas) que menciona a Hemingway al hablar de “Key West (Philosopher Pirate)“, uno de los temazos de este “Rough & Rowdy Ways“. ¿Es Key West, en Florida, la cabaña de Jimmie Rodgers cuando Dylan canta que es “the place to be”, si buscas la inmortalidad o encontrar la cabeza que perdiste? ¿Estamos ante el mismo anhelo de cambio vital? ¿Es otra despedida encubierta de Dylan?

No es mi intención entrar en un análisis pormenorizado de cada una de las canciones que componen este doble CD. Para eso les recomiendo el artículo de un veterano como Esteban Linés en La Vanguardia. En cambio sí quiero resaltar otro aspecto que me sorprendió: los ecos de Leonard Cohen que he encontrado. Conceptos como los de “Mother Of Muses” nos llevan al “Tower Of Song” de Cohen. Musicalmente el uso del vals (popular en el primer country al igual que la polka), cantar susurrando o la salmodia (nexo común para ambos por su tradición judía) son otros puntos en común. En una de las escuchas La Mundana me lo comentó: “A veces se parece a Leonard”.

Solo quiero decir que me ha gustado este “Rough & Rowdy Ways“. ¿Dónde lo sitúo? Hay que compararlo con los otros discos de Dylan. No es uno de los grandes, indiscutibles, como varios de los 60 o el “Blood On The Tracks“. Pero lo pongo al nivel de otros muy buenos como “John Wesley Harding“, “Nashville Skyline“, “New Morning“, “Planet Waves“, “Street Legal” o “Desire“. No está nada mal estar ahí arriba!!! Y más teniendo en cuenta que Bob Dylan acaba de cumplir 79 años.

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Elliot Roberts (1943-2019)

Trasher's Wheat 1985

Ayer me enteré del fallecimiento de Elliot Roberts, un gigante de la industria musical estadounidense. Sucedió el día 21 de junio. Tenía 76 años, cumplidos el pasado mes de febrero.

Nacido y criado en el Bronx neoyorkino acortó su apellido judío (Rabinowitz) y tras abandonar los estudios universitarios (dejó dos carreras) quiso ser actor. Empezó a trabajar en el departamento de envíos de la William Morris Agency de Nueva York. Ahí conoció a David Geffen, otro gigante. Aunque debería decir que Geffen es el gigante de la industria cultural de Estados Unidos. Esta relación devino en amistad y compartieron negocios y aventuras empresariales (Geffen-Roberts Company y Asylum Records en 1971).

Fueron Geffen y Roberts quienes convencieron a Bob Dylan para que abandonase su discográfica de siempre (Columbia Records/CBS) para unirse a la discográfica Asylum y a su oficina de representación (Geffen-Roberts Co.). Editó dos álbumes con ellos: “Planet Waves” y “Before The Flood“, un doble en directo con The Band. Posteriormente Dylan volvería a su casa de siempre.

En 1973 Geffen, Roberts, Elmer Valentine (dueño del Whisky a Go-Go) y Lou Adler abrieron el club The Roxy en el Sunset Strip de West Hollywood. Neil Young inauguró el local.

Roberts y Geffen dejaron de ser socios por culpa de terceros. Un joven agente, Irving Azoff, que trabajaba en la Geffen-Roberts Co. fue el causante principal del cisma: The Eagles cambiaron de pareja de baile, abandonaron a Geffen-Roberts y se fueron con Azoff, quien montaba su propia oficina. Geffen y Roberts, ambos impulsivos y apasionados, chocaron en su forma de afrontar la situación. Geffen fue frío y cerebral y Roberts diríamos que más hippy. El primero tomó una actitud profesional y siguió trabajando con Azoff (convenció a Warner Bros. para que le financiase un sello, Giant Records) y los Eagles (en Asylum y luego en Geffen Records, donde también tuvo a Don Henley), mientras que Roberts roto el amor fraternal juró odio eterno al traidor y al grupo. Y formó Lookout Management. Las malas lenguas dicen que la movida de Geffen con Azoff fue para quitárselo de en medio de MCA (donde presidía la cia.) y poder vender Geffen Records a los nuevos dueños de MCA.

El primer descubrimiento de Roberts fue la canadiense Joni Mitchell. La vio actuando en un club del Greenwich Village de Nueva York (Cafe Au Go Go) en 1966. Se mudaron juntos a Los Ángeles, a Laurel Canyon (centro artístico y bohemio). Les acompañaba el entonces novio de Mitchell, David Crosby. Al poco se les unió David Geffen. Ya situados en la costa oeste Joni Mitchell le habló de un compatriota suyo, Neil Young, que estaba en un grupo (Buffalo Springfield). Curiosamente fue Young quien provocó que la banda prescindiese de los servicios de Roberts. Cuando ellos se separaron, a los 18 meses de formarse, Neil Young llamó a Elliot Roberts para que fuese su manager. Quería empezar su carrera en solitario. Ha sido representante suyo hasta la fecha de su muerte. Son más de cincuenta años. Y “aguantar” a Neil Young no es fácil… Jimmy McDonough, autor de la biografía de Young, escribía al respecto de la relación Young/Roberts que “Ha habido otros equipos infames en el rock and roll –Dylan y Albert Grossman, Ray Charles y Joe Adams, Bruce Springsteen y Jon Landau– y, por supuesto Elvis y el Coronel Tom Parker. Elliot Roberts definitivamente vive en este salón de la infamia y es el único ser humano capaz de guiar la carrera de Neil Young.”

Con Joni MItchell rompió en 1985. La foto de Trasher’s Wheat en la que vemos a Young, Mitchell y Roberts es de ese 1985.

Roberts también fue manager (con o sin David Geffen) entre otros de Crosby, Stills & Nash, Crosby, Stills, Nash & Young (“el pegamento que nos mantenía unidos” ha declarado Graham Nash), Jackson Browne, America, Devo, Talking Heads, The Cars, Tom Petty, Tracy Chapman (su último descubrimiento de relieve) además de los ya mencionados anteriormente.

Cuando llevé el marketing internacional de Geffen Records en NY tuve el inmenso honor de conocer a Elliot Roberts. (David Geffen tenía un contrato de distribución con Warner Bros. para EEUU y Canadá y otro con CBS para el resto del mundo; Warner eran socios de Geffen Records). Me tocó trabajar con él en tres proyectos: Neil Young (dos álbumes), Joni Mitchell y el debut en solitario de Ric Ocasek, el líder de The Cars.

Con Ocasek no hubo nada que hacer. Aparte de trabajar para que se editase en los principales mercados del mundo. El álbum era flojo. No funcionó en EEUU, ni en ventas ni tuvo el apoyo de la crítica musical. No había ninguna historia que contar. En cambio con Joni Mitchell fue otra cosa. Dada la vertiente pintora de la cantautora, y que la portada del álbum “Wild Things Run Fast” era obra suya, Roberts y Mitchell tuvieron la idea de organizar presentaciones del disco en galerías de arte (en conjunción con sus pinturas). En Estados Unidos solo consiguieron hacerlo en Los Ángeles. Por mi parte coordiné con las compañías de  Inglaterra, Italia, Australia y Japón para hacerlo en Londres, Milán, Sydney y Tokyo. Salí bien parado del asunto aunque ella echó de menos no haber estado en París. Aún recuerdo la mirada de Elliot Roberts a Joni Mitchell: la calló. Y rápidamente paso a agradecer lo que CBS Records International había logrado.

Lo mejor de nuestra relación sucedió en San Francisco, en el rancho de Neil Young (una hora al norte de la ciudad). Young debutaba en Geffen Records con un disco difícil “Trans“. Influenciado por Kraftwerk se alejaba drásticamente de lo que sus seguidores podían esperar. El trasfondo del disco eran los ejercicios vocales que practicaba con su hijo Ben, quien sufría parálisis cerebral infantil. (Pero eso no lo sabíamos entonces). Young había accedido a recibir periodistas musicales y críticos en su rancho, para pasar el día con él, hablar del disco, etc. Las delegaciones australianas y japonesas habían llegado directamente y ya estaban en el rancho cuando llegué desde NY con los ingleses, Antoine de Caunes y su equipo de TV de Francia, la corresponsal italiana de la RAI, un par de medios alemanes y uno holandés. Nos recibió Elliot Roberts en el aeropuerto de LA. El trayecto fue todo un muestrario de Roberts. Todo lo que me habían contado era cierto: despierto, buena persona, bromista, rápido, inteligente, encantador, etc. Recuerdo vívidamente dos temas: la historia de porque Neil Young y él se habían comprado esos terrenos. La idea era que, según estudios geológicos que hablan sufragado, cuando los movimientos de la Falla de San Andrés fuesen perceptibles, sus propiedades se convertirían islas del Pacífico. Cuándo le pregunté cuando ocurriría eso, me contestó entre risas que en unos miles de años. Y se encendió un porro (que ya llevaba liado). El segundo asunto fue cuando nos llevó por unas carreteras rurales, con pequeñas subidas que tomaba a gran velocidad (como si fuesen dunas) y el todo terreno literalmente volaba hasta caer sobre sobre suelo firme de nuevo. El vehículo que nos seguía, con el resto de la expedición, le pitaba (asumo que pidiéndole prudencia).

Al llegar a la casa de Neil Young, nos esperaba con su familia, músicos, amigos y los australianos y japoneses que habían llegado antes. El salón era lo que te esperabas. Rústico, lleno de guitarras, amplis, una enorme chimenea, muebles de madera, telas en las paredes, alfombras cubriendo todo el suelo. Y una peste a marihuana que ya te embriagaba. Improvisamos una pequeña rueda de prensa mientras preparaban la cena. Tras la parte profesional del asunto nos relajamos, comimos, bebimos y Young nos tocó un par de temas con sus amigos músicos. Tuve ocasión de charlar con él. Le felicité por el riesgo que asumía con “Trans“. No es fácil que un artista de renombre de un cambio estilístico tan acusado y se lance al barro de esta manera. Estaba especialmente interesado en la opinión de los alemanes (por lo de Kraftwerk). A Roberts (y a Young) le gustó lo que dije. Y creo que fue ahí cuando me gané la confianza del manager. Respecto a mi comentario sobre asumir riesgos soltó irónicamente que David (Geffen) no compartía mi punto de vista. Años después Geffen demandó a Young por no entregar obras acorde a su estatus, por los que la compañía le pagaba un millón de dólares de adelanto.

Lo último que supe de Roberts fue la semana pasada. Unas declaraciones suyas respecto al incendio que afectó a muchos de las cintas originales propiedad de Universal (y los sellos que ha ido absorbiendo o creando). Decía: “Es un crimen que hayan desaparecido los masters originales de Billie Holiday o Buddy Holly o de todos esos artistas de los 40 0 50. Cuando la industria discográfica empezó a declinar hace unos 15 años, la gente (por los ejecutivos) fue reticente a hacer copias porque costaba dinero. Cuesta de 2.500$ a 3.000$ convertir un original analógico a una copia digital de audio en alta resolución. No quisieron gastarse el dinero… Es trágico.”

 

 

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