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Otro clavo en el ataúd del periodismo: el satélite español

La desinformación sobre el satélite español ha sido otro clavo en el ataúd del periodismo español. 2020 está cargado de muescas que evidencian la incompetencia a la hora de informar adecuadamente y con rigor. En este caso concreto, se evidencian las carencias en algo tan básico como el funcionamiento de la puesta en órbita de un satélite. Se precisa el lanzamiento de un cohete para transportar el artefacto hasta el área prevista para su trayectoria. Para saber esto no hacen falta títulos universitarios. Y lo que falló fue el lanzamiento del cohete, no el satélite (que ni siquiera pudo entrar en funcionamiento). Este es el primer nivel de lectura, el más sencillo.

La segunda capa, que ya requiere hacer el trabajo de periodista, es averiguar el origen de los consorcios que intervienen en una operación tan compleja. Porque si leen el texto que Beatriz Alonso Aranzábal incluye en su Facebook verán que hay un matiz importante: “El satélite no era español. Lo iba a operar una entidad española”. Recomiendo leer el comentario completo de una ingeniera que formó parte del proyecto. ¿Algún periodista se molestó en averiguar estos puntos? ¿Preguntaron a responsables del satélite español?

Finalmente, el tercer nivel es el de los titulares. Este mal ya es endémico. No reflejan con rigor la noticia (aunque esta ya venga desvirtuada, como es el caso). Los titulares de esta noticia aparte de mal redactados daban a entender que era otro ejemplo de la chapuza nacional. Los medios golpistas hicieron sangre. ¿Por qué? Sencillo: por que el ministro de Ciencia del gobierno de coalición, Pedro Duque, fue astronauta. En su afán destructor de un gobierno surgido de las urnas tiraban a dar, por elevación, confundiendo los términos. Convertían un desafortunado incidente en responsabilidad del ejecutivo por asociación, en un claro ejemplo de demagogia.

No puedo pasar por alto a nuestros nuevos expertos aerospaciales. De repente surgieron en las redes sociales. Lo de Pepe Gotera y Otilio chapuzas a domicilio fue el lugar común. El daño colateral provocado por los falsos titulares había conseguido su objetivo. Porque leyendo lo que publicaban quienes recogieron la noticia quedaban claras dos cosas: se habían quedado en el titular y la autoflagelación patria daba paso a las criticas al gobierno. Los comentarios de quienes opinaban al respecto iban en la misma línea. Algunas voces señalaban la diferencia entre cohete y satélite. Con escaso éxito, a juzgar por los comentarios que seguían a continuación o la respuesta de los autores que reflejaron la información mediática (autores, porque eran todos del género masculino).

En fin…

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Puigdemont es periodista!!!

Carles_Puigdemont_2016

Ya lo he entendido todo: ¡Puigdemont es periodista! Lo leo en la Viquipèdia.

Carles Puigdemont i Casamajó (1962) inició estudios universitarios de Filología Catalana en la Universidad de Gerona. No queda claro si terminó o no. En cambio queda clarísimo que desde el principio comenzó a colaborar con la prensa independista aunque debutó como corresponsal en su comarca (La Selva) del diario Los Sitios ¡el órgano de la FET y de la JONS! En 1982 da el salto a El Punt, donde entró como corrector lingüístico y llegó a redactor jefe. También colaboró con el semanario en catalán Presència.

Se independiza y funda CAT Edicionsque va elaborar butlletins, pròlegs i discursos per a alcaldes, principalment de CiU.” Nada más peligroso que un periodista empresario dedicado a la comunicacion política (para ejercer y ganar dinero con lo que mejor sabe: manipular).

En 1994 publicó un libro “Cata… què?” (La Campana, 1994) donde analizaba la presencia pasada y presente del catalanismo en la prensa internacional y el peso que debía tener en el futuro.

Entre 1999 y 2002 va ser el primer director de la Agència Catalana de Notícies.  Asimismo va ser director general de la publicación Catalonia Today, un periódico catalán en inglés.

En 2006 junto al periodista Saül Gordillo funda la empresa Doble Utopia, promotores de la primera Catosfera (la blogoesfera catalana).

Es militante de Convergència Democràtica de Catalunya (la ce de CiU y hoy PDeCat) desde 1983. Ha sido parlamentario catalán y alcalde de Gerona. Actualmente es presidente de la Generalitat sin haber pasado por las urnas (la lista la encabezaba Arthur Más a quien sustituyó en la presidencia).

Su esposa también es periodista ¡y rumana! Las malas lenguas dicen que ha vuelto a su país natal con las dos hijas de la pareja…

 

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La crisis de los medios (charla con Juan de Dios)

El periodista, un profesional que por naturaleza debería ser crítico (incluso consigo mismo), en realidad suele ser rastrero, servil y, sobre todas las cosas, vanidoso. Admite muy mal las críticas a su trabajo (Javier Pérez de Albéniz)

La crisis de las empresas mediáticas se acentúa. Y la profesión de periodista está cada vez más en entredicho por el público. Porque aparte de lo señalado por Albéniz nos encontramos desde invenciones como la teoría de la conspiración hasta datos erróneos o directamente falsos.

En la necrológica de Robin Gibb publicada en El País el periolisto le atribuía los falsetes de los Bee Gees (estos eran de su hermano Barry). Y generó una cadena de errores: Francino, los telediarios de las cadenas de TV, etc. La escribió el mismo que nos contó que Amy Winehouse había resucitado el Soul. Cuando el Soul nunca ha estado muerto.

Las filias y fobias personales están cada vez más presentes en el trabajo de los periodistas. Y muchas veces dependen del trato de favor que reciban, las exclusivas que les ofrezcan, las entrevistas que les concedan (los artistas, músicos, actores, futbolistas, entrenadores, etc. que no entren por el aro encontrarán dificultades para desarrollar su profesión y obtener reconocimiento mediático). También nos encontramos a algunos que son matones de patio de colegio: como salida recurren al insulto (ver el tuit al final de esta entrada).

Hace tres años escribía:

[…} La capacidad de la especie humana para mirarse al ombligo no tiene límites. Y en el caso concreto del periodismo alcanza niveles insospechados. Podríamos afirmar sin miedo a equivocarnos que los periodistas practican el onanismo exhibicionista. ¿Cómo entender sino los continuos artículos y reportajes que realizan sobre sus problemas? Aprovechan las tribunas públicas para exponernos sus miserias. Bien por iniciativa propia o por encargo de sus empresas. Mientras otros sectores, también en crisis y dificultades, necesitan recurrir a gabinetes de prensa para hacer llegar sus voces. ¿Y a quién contratan de jefes de prensa? Lo han adivinado: a periodistas. Todo un círculo vicioso. […]Juan de Dios es un reputado y veterano profesional. Ligado a la SER hasta su jubilación hace dos años. Mantuve una breve charla con él sobre estos asuntos. Quizás tengamos que ampliar lo tratado con Juan, y hacerlo extensivo a otros.

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Otro (inevitable) artículo sobre el futuro de la prensa

10 de mayo de 2009

Santi Burgos

La capacidad de la especie humana para mirarse al ombligo no tiene límites. Y en el caso concreto del periodismo alcanza niveles insospechados. Podríamos afirmar sin miedo a equivocarnos que los periodistas practican el onanismo exhibicionista. ¿Cómo entender sino los continuos artículos y reportajes que realizan sobre sus problemas? Aprovechan las tribunas públicas para exponernos sus miserias. Bien por iniciativa propia o por encargo de sus empresas. Mientras otros sectores, también en crisis y dificultades, necesitan recurrir a gabinetes de prensa para hacer llegar sus voces. ¿Y a quién contratan de jefes de prensa? Lo han adivinado: a periodistas. Todo un círculo vicioso.

Me acosté y me desperté con un magnifico artículo en El País de John Carlin al respecto: “El momento crucial”. Trabajado, documentado y muy bien narrado. Carlin es un excelente escritor y aprovecho para recomendar su libro “El Factor Humano”, con Nelson Mandela y la final del Mundial de Rugby –Sudáfrica/Nueva Zelanda– como símbolos del fin del apartheid y la normalización de la joven democracia sudafricana. Los derechos para el cine fueron adquiridos por Morgan Freeman (suyo es el papel de Mandela) y le ofreció la dirección a Clint Eastwood, quien aceptó.

Tras este inciso retomo el asunto principal de esta nota: el futuro de la prensa contado por ellos mismos. La conclusión a la que siempre he llegado es que no tienen ni idea. Pero en “El Momento crucial” es la primera vez que recuerdo al autor llegando a este mismo punto. También es una novedad el paralelismo con el mundo de la música. Llevo años diciéndolo, pero no soy periodista y tampoco recuerdo haberlo hecho expresamente aquí, salvo tangencialmente en Agravios comparativos (Efe Eme). Si bien es cierto que me centré, en un afán por ser novedoso, en el sector automovilístico (en su continuación, Agravios comparativos 2 (Efe Eme)). En mi caso utilizaba a los medios impresos y su IVA reducido como escarnio frente a la industria musical -soporta el tipo máximo de IVA- y afirmaba que La Música no es Cultura (Efe Eme).

En su exposición John Carlin menciona Internet como factor de cambio y la falta de previsión que han soportado las discográficas y las empresas periodísticas. Desde el punto de vista del negocio musical es cierto que no las hemos olido. Ni nosotros ni nadie. Especialmente los periodistas. Y sobre todo esos listos que se encargaban de vociferar en columnas, artículos, blogs, etc. nuestro certificado de defunción. Durante años. Eso si, sin aportar ninguna solución o idea viable de nuevo modelo de negocio. Y en la mayoría de los casos sin ni siquiera conocer las interioridades sobre las que pontificaban. Tan preocupados estaban viendo pelar las barbas del vecino que no pusieron las suya a remojar. Escribía Diego A. ManriqueEl futuro será primitivo”, en su columna de los lunes de El País, y comenzaba: “Qué cansinos son los profetas. Pienso en los que proclaman la extinción de las discográficas, el fin del copyright, el eclipse del CD. Entiendo que son frases rotundas, que tienen garantizado el titular y que llenan de orgullo bíblico a sus autores. Los apocalípticos se deleitan extendiendo el certificado de defunción al CD, pensando que eso supone un golpe mortal a las odiadas disqueras. Ignoran que ése es el sueño húmedo de los ejecutivos más despiadados. Para ellos, la desaparición del soporte físico significaría prescindir de fábricas, almacenes, transportistas, vendedores y tiendas. Recortan gastos, adelgazan plantillas; nada de lidiar con proletarios gruñones o regatear con minoristas.” Para continuar más adelante “Leo una crónica del Digital Music Forum East, conferencia neoyorquina de profesionales donde se presentan datos y se intenta retratar al mercado. El reportero se muestra boquiabierto. Creía que la gran mayoría de los estadounidenses era como él: la música le llega vía iPods, móviles, ordenadores. Resulta que dos terceras partes de los consumidores de música en EE.UU. sólo escuchan CD y radio. Ignoran las descargas legales o ilegales, pasan del streaming. De hecho, la industria musical todavía depende de los compradores de CD, mucho más numerosos que los que pagan por descargas, compran entradas para conciertos o adquieren objetos de merchandising (las otras fuentes principales de ingresos). Parece que periodistas y disqueros hablamos de boquilla: tenemos poca información sólida sobre los modos en que el público consigue, usa, conserva la música.

Como bien acredita el reportaje de John Carlin de hoy en El País, tampoco los medios impresos han sabido reaccionar a lo que se les venia encima. Desde hace un tiempo han convertido sus páginas en muros de lamentaciones, buscando la solidaridad y complicidad de los lectores. Algunos de los cuales ya estamos hartos de leer constantemente sobre lo mismo. Por no mencionar el cada vez más amplio deterioro de la calidad de los productos periodísticos. Sea por luchas intestinas, recortes de gastos, afinidades y complicidades gubernamentales (autonómicas o estatales) o por lo contrario, etc. La teoría expuesta en El Mundano por Antonio Gómez es buena, muy buena.

Lo que no menciona Carlin es como la aparición de la prensa gratuita ha bajado el nivel de la prensa en general. Y olvida un precedente a la actual crisis: los dominicales de los diarios erosionaron las ventas de las revistas semanales. Y lo que era un paraíso de opciones se ha quedado reducido a unas pocas que sobreviven (testimonialmente) a duras penas. A mi me dolió especialmente la desaparición de Triunfo. Tampoco se refiere a las subvenciones estatales que reciben por papel, al IVA reducido y a la inmensa ayuda que ahora solicitan al gobierno para afrontar su crisis sectorial. Algo que desde luego no ocurre en el sector musical. Y es aquí donde radican las mayores diferencias. Claro, que tampoco los de la música nos hemos dedicado a airear el futuro negro que se les avecinaba a ellos… Con soportar sus demandas publicitarias -y de las otras también- teníamos bastante.

Leia hace unos meses un informe del The Wall Street Journal donde se afirmaba que el mayor problema de las discográficas estadounidenses era que no se anunciaban en The New York Times, The Washington Post, etc. Es decir, en los medios que crean opinión. En cambio resaltaba como Apple, Microsoft, IBM, Bell y demás operadoras de telefonía, proveedores de acceso a Internet, empresas de nuevas tecnologías, etc. si lo hacían. Y era ese el factor que inclinaba la balanza editorial hacia su lado. En España tenemos un ejemplo claro: hace unos meses hubo una huelga de trabajadores de Telefónica ante el recorte de derechos adquiridos, conseguidos a través de duras negociaciones a lo largo de muchos años. No tuvo ninguna repercusión mediática. ¿Saben por qué? Piensen. Les ayudo con una pista: ¿Quién es uno de los mayores anunciantes del país?

Comiendo el viernes pasado con Antonio Cambronero charlábamos amigable y apasionadamente sobre estas cosas. Lógicamente discrepábamos en muchos aspectos relacionados con el copyright. Y sinceramente creo que –aparte de las lógicas diferencias que pueda haber entre un informático y un disquero- el problema radica en la mala información que se dispone de nuestro mundo. Empezando por la confusión de términos entre Artistas, Autores y Músicos. En gran medida está provocada por los medios y los gabinetes de prensa de las telecos. ¿Y quiénes forman estas oficinas? Volvemos al inicio y la respuesta es la misma: los periodistas.

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Mi primer día de becaria (por Ana Boyero)

14 de mayo de 2008

El título me encanta, parece una redacción que me han mandado para el cole.

 

El lunes fue mi primer día como becaria en La Sexta Noticias (para la Web, no para la tele), estaba un poco nerviosa y por si las moscas llegué media hora antes. Decidí tomarme un café por aquello de calmar los nervios aunque cuando empecé a tener taquicardia recordé que la cafeína no es el mejor relajante del mundo. Era tarde y además había pagado 2,40 por una tacita de café y no me daba la gana dejar la mitad y pedirme una tila que serían otros 2 euros y encima me revuelve el estómago, así que apuré el café y me fui. Me presenté en la redacción 5 minutos antes de la hora para que vean que soy puntual, pero que tampoco vengo con iniciativa de que me exploten. Me enseñaron los ordenadores y me asignaron uno. Que toqueteara para ir viendo los programas. Guay: a navegar por Internet. Estuve una hora sudando y pensando que tenía que hacerlo y por fin me atreví: metí gmail.com. Página vetada. Mierda.

 

Mis compañeros son agradables, me caen bien y no se molestan cuando pregunto tres veces las cosas o cuando intento demostrar que me he enterado de lo que me han explicado y luego resulta que no, que en realidad no me había enterado.

 

También he conocido “las cafeterías”. Cuando escuché a la gente hablar de ellas me imaginaba algún complejo súper limpio y minimalista con camareros como el mayordomo de Tenn (el joven) y con zumo de naranja recién exprimido 24 horas al día… Así que en cuanto tuve ocasión bajé a comprobar con mis cuatro ojos cómo era aquella vanguardia en la que diseño y gastronomía se daban la mano con banda sonora de Vangelis… Nada más lejos de la realidad, “las cafeterías” son dos máquinas con chocolatinas, sándwiches fríos y bolsas de patatas, una máquina de café y otras dos de refrescos. También hay dos microondas y una mesita. No está mal, pero… me había creado otras expectativas.

 

Mi primer día de trabajo consistía por el momento en memorizar nombres de la gente (y apuntarlos en mi moleskine) e intentar recordar cómo funcionaba el gestor de noticias y el iNews. Leí teletipos y todo: EFE, Reuters (vaya, no se escribe “roiters”)… Y nada, ya me sentía con confianza así que me puse a mirar mi blog, a leer los comentarios de mis fieles lectores y a intentar timar a los de La Sexta, procurando que se me abriera el correo electrónico con Firefox en lugar de con el Explorer (pero tampoco). El caso es que me las prometía muy felices pasando la tarde leyendo El País y El Mundo digitales y a esto que llega El Jefe y me suelta: “Ana, te encargas de lo de Telma”. Y yo tragué saliva y puse cara de “hombreeee, sin problema. ¿Lo de Telma y qué más?”.

 

A duras penas leí teletipos para enterarme de las respuestas que habían dado los medios demandados por la hermana de la princesa Letizia e hice un resumen. Con esa chorrada estuve toda la tarde, buscando sinónimos en la RAE y comprobando la ortografía y el ritmo eran apropiados. Acojonada a cada momento pensando que iban a gritarme: “¿Aún no está? Eres la peor becaria del mundo”. Me imaginaba tapándome los ojos con las manos y sollozando: ¡Lo sé!, ¡lo sé! No hace falta que me paguéis los 300 euros si no queréis”. Pero no, nadie me gritó.

 

El jefe se fue y yo me quedé más tranquila intentando encontrar un titular como el que nos han enseñado en clase: que responda al qué. Bien, ya lo tenía: “Los medios califican de inconstitucional la petición de Telma Ortiz”. Vale, pues mi compañera, amablemente, me dice que eso es súper largo y que lo acorte: 4 palabras. Joder, ¿4 palabras? Si Telma Ortiz ya me come 2. Así que nada, me metí en la Web para hurgar y ver qué tipo de titulares se ponían por ahí: Llamativos y muy cortos, básicamente. A duras penas conseguí poner un “Telma pide que la ignoren” y cuando lo subí te juro que se me cerró el estómago, pensando que iba a aparecer cualquier profesor de la universidad diciendo que en qué estaba pensando con un titular así, que en la Carlos III no me habían enseñado ese tipo de cosas…

 

Pero no, allí no vino nadie a regañarme y ahí se quedó la noticia con su titular cutre. Mola. Siempre recordaré a Telma (ya hay confianza para llamarla así) como mi primera noticia en un medio de verdad (la revista de la uni no cuenta).

 

Y ya no hice nada más. Sonreía en plan tímida pero simpática cuando la gente se iba a su casa y pasaba a mi lado, para que vieran que no soy una rancia… y de verdad, poco más. Ah, bueno, otra cosa. Que yo me presenté en plan “monilla” con zapatitos y gloss en los labios y el pelo suelto y he visto que ahí la gente va súper normal, así que a partir de ahora a trabajar con coleta y zapatillas converse estilo universitaria-de-biblioteca, que para eso soy la becaria y si alguien puede ir cómoda esa soy yo.

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LA MUERTE DEL PERIODISMO (por Antonio Gómez)

27 de abril de 2008

 

Hace un momento la compañera del ordenador de enfrente ha hecho una reflexión en voz alta que me ha dejado patidifuso, tronchipartido y mandisencajado. “Hace unos días le comenté a un amigo: el periodismo comenzó a morir cuando los periodistas os decidisteis a ayudar a vuestras mujeres en las labores caseras”, ha dicho, y a mí se me ha caído encima del teclado la dentadura postiza y he escrito Bayadolhid con hache intercalada.

        

Le he pedido explicaciones, porque no es precisamente una talibana seguidora de las enseñanzas religioso-sanitarias de doña Esperanza, y me lo ha explicado. Según la susodicha, desde ese fatídico momento histórico en que los periodistas machos se pusieron a echar una mano en casa, comenzaron a levantarse a las ocho para llevar el niño al colegio, y luego, como no tienen que hacer van a la redacción, vuelven a medio día a fregar los platos y llevan luego al tierno infante a la clase de judo, por lo que su posibilidad de patear las calles en busca de la noticia se reducen de manera directamente proporcional al aumento de la prole.

        

No es mala teoría, que sin duda algún día se tendrá en cuenta cuando en esta o aquella universidad de verano, algún director “independiente”, de uno cualquiera de esos periódicos que a diario manipulan la realidad, ofrezca una documentada conferencia con el título de “Causas, motivos y circunstancias ortodóncicas de la crisis consuetudinaria del periodismo tradicional en el primer decenio del siglo XX”. Yo, sin embargo, me he permitido matizársela según mi estilo personal.

        

Con paciencia le he explicado que, desde mi criterio absolutamente arbitrario, hay al menos otras tres causas de esa crisis ya evidente: los gabinetes de prensa, el “esto vende” y los teléfonos móviles. Como sé que podéis tronchipartiros de risa si me quedo en esta simple enunciación, intentaré argumentarlo con datos convincentes.

        

Los gabinetes de prensa -en los que trabajan chavales excelentes, amigos muchos de ellos, personas como tú y como yo que comen todo los días, sueñan, follan y defecan (bueno, lo de follar igual no lo hacen todos los días)- nacieron con la promesa de facilitar el trabajo periodístico a los profesionales, ejerciendo de intermediarios entre la noticia que genera la empresa que gabinetean y el informador interesado en su publicación. En realidad son un filtro dictatorial, que impide al periodista acceder a lo que considera debe darse a la luz y vende de manera impositiva todo aquello que interesa promocionar a la compañía de marras.

        

El “esto vende” es una teoría que en los últimos años se ha convertido en la palabra sagrada de las empresas periodísticas y en el criterio supremo para la publicación de noticias (si es que ciertas cosas que “venden” pueden llamarse así). Esa máxima supone, en realidad, la desaparición de la valoración de las noticias por su importancia intrínseca y por la necesidad de que el lector las conozca, sustituidas por la adoración al dios Mercado Libre. Lo ha dicho con todas sus palabras Paolo Vasile, consejero delegado de Tele 5, que no suele morderse la lengua: “Nuestra única ideología es la cuenta de resultados”.

        

Y llegamos al teléfono móvil. Oh, el teléfono móvil, maravilla de la técnica moderna que cuando apareció parecía que iba a permitir realizar el viejo sueño periodístico de tener a la fuente permanentemente localizada. Te llamo y me cuentas. Las Fuentes, que en muchos casos no son de agua, sino de hiel, tienen anotado en su lista el número de los informadores y cuando reciben su llamada dejan sonar el aparato hasta que sale eso de “este es el contestador automático del 000000000. Si no lo cojo, te jodes”. Y mientras suena, la Fuente piensa: “que llame al gabinete de prensa”.

 

Sé que la cosa es más seria y profunda, pero es que si no me cachondeo me deprimo. A veces siento que soy como un viejo dinosaurio, uno de los últimos ejemplares de una generación de periodistas que intentamos hacer de nuestro trabajo un ejercicio civil responsable y crítico. No digo independiente, ni objetivo, porque la independencia y la objetividad son como Carla Bruni para Wyoming, sencillamente no existen. Se las ha inventado Sarkozy y para lo único que nos sirven a los demás es para ejercitar la manipulación genética. 

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¿Qué pasa Sr. Moreno?

21 de marzo de 2008

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Mientras recopilo material y preparo Las Costumbres Españolas 3: Las Procesiones, la actualidad me asalta. ¡Y ya es primavera! 

La portada de El País de hoy me ha sobresaltado: Es la imagen que encabeza esta entrada. Y me sorprende porque Javier Moreno me parece un tío estupendo. Profesionalmente hablando -independientemente de que La Mundana conozca a algunos amigos suyos.

Alabo hasta la saciedad la reconversión que hizo en su día del dominical de El País y las 2 recientes y magnificas entrevistas a Rajoy y Zapatero. Me parecen hitos (como lector de El País que soy desde su primer número) 

Ahora bien, no me parecen de recibo las informaciones de Alandete y Mancebo 

De Alandete, los lectores habituales ya conocen la postura de El Mundano –y más concretamente la de John. Que además implican a Larraya, que responde al rimbombante e ineficaz titulo de Defensor del Lector -y fue incapaz de dar respuesta a las dos cartas de John 

Sobre Mancebo, el que se vean obligados a incluir una rectificación en portada, dice mucho del “periodista” y/o de quien le manda y paga. A lo que sólo me queda por añadir que desde hace semanas circula, por Internet, una Carta al Director de Miguel Barroso que El País se negó a publicar –si el bulo de la Red fuese falso, no se explicaría la mención de hoy en portada, por sentencia judicial del Juzgado de Primera Instancia nº 3 de Madrid. 

Si Mancebo y Alandete –experto en traducir noticias desde Washington, lo que todos podemos hacer leyendo los mismos medios que son sus fuentes-  siguen colaborando en El País, sólo me queda por preguntar:

¿Sr. Moreno que distingue su dirección de El País de las de El Mundo, ABC o La Razón?

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