Archivo de la etiqueta: Pedro García

Un siglo de canciones 127: “Love The One You’re With”

Hace casi un año que la sección Un siglo de canciones permanece en silencio. Salvo Pedro Garcia, nuestro hombre en el CSIC, nadie parece haber echado en falta más entradas. Precisamente él fue el autor del último post (“Madame George” de Van Morrison). He pensado que hoy podría ser un buen día para resucitar este apartado de El Mundano. A ver que tal se da.

StillsLa canción elegida ha sido “Love The One You’re With” de Stephen Stills. Pertenece a su primer álbum en solitario (1970). El título procede de un latiguillo de Billy Preston (el quinto Beatle): “If you can’t be with the one you love, love the one you’re with”. Stills la compuso y le pidió permiso a Preston para usar su frase.

El órgano del tema parece del propio BP aunque fuese SS quien lo toca. En realidad todos los instrumentos salvo el bajo y las congas corren a cargo del cantautor. En los coros, tan importantes en la grabación original, encontramos a luminarias como Rita Coolidge, Priscilla Jones, John Sebastian, David CrosbyGraham Nash.

Crosby, Stills, Nash & Young incorporaron “Love The One You’re With” a su repertorio. Y la incluyeron en su excelso doble en directo “4 Way Street” (1971). Aquí hay una versión rodada en el antiguo estadio de Wembley (septiembre de 1974). Fue el arranque de su actuación.

En el 71 hubo más versiones ademas de la de CSN&Y. Destacan dos: la de Aretha Franklin (está en su “Live At Fillmore West“) y la de los Isley Brothers, que fue un hit en las listas Soul. El “Twist & Shout” de los Isley fue interpretado por los Beatles al principio de su carrera. Se cierra así un circulo formado por Stephen Stills, Billy Preston, The Beatles, y The Isley Brothers.

Ese mismo año -1971- también la cantaron las Supremes (sin Diana Ross) y The Four Tops en su grabación conjunta, “Dynamite“.

También he encontrado está actuación de CS&N con James Taylor del 2009. Disfruten!!!

Entradas anteriores:

Un siglo de canciones (todos los posts)

8 comentarios

Archivado bajo Cultura, Música

Un siglo de canciones 126: “Madame George” (por Pedro García)

En un reciente comentario sobre el disco “Astral Weeks” de Van Morrison confesaba que no sería capaz de destacar ninguna canción entre las ocho que la componen porque lo que predomina en él es un sentido de unidad y ambiente hipnótico en las canciones que conforman este gran disco. Pero para hacer justicia a mis sensaciones y recuerdos tengo que reconocer que entre esas canciones había una que me impactó de lleno desde la primera escucha y que no ha dejado de maravillarme por más veces que la oiga. Se trata de “Madame George”.

Estoy seguro que las primeras veces que escuché algo de “Astral Weeks” fue en la FM madrileña. Eran los primeros años 70 (¡del pasado siglo!) y Van Morrison ya tenía una sólida carrera en solitario habiendo publicado algunos de sus mejores trabajos. “Astral Weeks” se había editado en 1968 pero en algunos programas especializados de entonces, sus presentadores no se limitaban a poner los singles de actualidad sino que informaban, completaban e instruían sobre la música del gusto de cada uno (¡cuánta añoranza de aquella radio y aquellos tiempos!). Como decía, “Astral Weeks” era un disco sin éxitos de single donde destacaba la intensidad de “Madame George”, una obra de arte de casi diez minutos que resume todo el espíritu del disco y donde la voz de Van Morrison va recorriendo todos los matices sonoros de que es capaz.

Una primera versión de esta canción estaba contenida en las sesiones de 1967 que grabó para el sello Bang, la compañía de discos de Bert Berns. Pero el tratamiento era muy distinto ya que predominaban los arreglos pop y festivos que le gustaban a Berns y de los que despotricó Morrison, a pesar de conseguir con él un gran éxito con “Brown Eyed Girl”. No obstante, estaba claro que Van Morrison quería otro tipo de arreglo y dio con la tecla adecuada con el ambiente conseguido por el productor Lewis Merenstein y el grupo de jazz acompañante. 

Una cuestión nunca resuelta es la que atañe a la letra de esta canción y a la identidad de su protagonista, Madame George. Siempre hubo diversas interpretaciones al respecto y esa controversia se trasladó incluso a foros de Internet donde se pueden leer las más diversas interpretaciones: desde la que afirma que es el encuentro del protagonista de la historia con un travestido asustado por la policía, pasando por la hipótesis de una prostituta, de una “drag queen”, de un “camello” o incluso la que aventura que se refiere a Georgi Hyde Lees, la mujer y musa del poeta irlandés William Butler Yeats quien influyó claramente en algunas canciones de Van Morrison. La esposa y musa del poeta, se consideraba una medium e impulsaba la creatividad de Yeats mediante el trance y la escritura automatica (en la letra de la canción hay una clara referencia: when you fall into a trance a sitting on a sofa playing games of chance with your folded arms and history books you glance into the eyes of Madame George. Es curioso que el mismo autor no haya aclarado nunca esta cuestión y se ha limitado en alguna entrevista a negar todas las interpretaciones y conceder que en realidad la figura de Madame George estaba basada en seis o siete personajes diferentes. En cualquier caso, la escena sucede en las calles del barrio de su infancia en Belfast y más allá de especulaciones sobre la veracidad de la historia, lo cierto es que la voz de Van Morrison consigue transmitirnos progresivamente una sensación intensa de dolor y melancolía que se agudiza en la parte final de la canción donde los arreglos de cuerda y la voz desesperada van despidiendo a la protagonista de la historia.

Down on Cyprus avenue
with a childlike vision leaping into view clicking, clacking of the high heeled shoe
ford & fitzroy, Madame George
marching with the soldier boy behind
he’s much older with hat on drinking wine
and that smell of sweet perfume comes drifting through
the cool night air like shalimar
and outside they’re making all the stops
the kids out in the street collecting bottle-tops
gone for cigarettes and matches in the shops
happy taken Madame George
that’s when you fall
whoa, that’s when you fall
yeah, that’s when you fall
when you fall into a trance
a sitting on a sofa playing games of chance
with your folded arms and history books you glance
into the eyes of Madame George
and you think you found the bag
you’re getting weaker and your knees begin to sag
in the corner playing dominoes in drag
the one and only Madame George
and then from outside the frosty window raps
she jumps up and says lord have mercy i think it’s the cops
and immediately drops everything she gots
down into the street below
and you know you gotta go
on that train from Dublin up to Sandy row
throwing pennies at the bridges down below
and the rain, hail, sleet, and snow
say goodbye to Madame George
dry your eye for Madame George
wonder why for Madame George
and as you leave, the room is filled with music, laughing, music,
dancing, music all around the room
and all the little boys come around, walking away from it all
so cold
and as you’re about to leave
she jumps up and says hey love, you forgot your gloves
and the gloves to love to love the gloves…
to say goodbye to Madame George
dry your eye for Madame George
wonder why for Madame George
dry your eyes for Madame George
say goodbye in the wind and the rain on the back street
in the backstreet, in the back street
say goodbye to Madame George
in the backstreet, in the back street, in the back street
down home, down home in the back street
gotta go
say goodbye, goodbye, goodbye
dry your eye your eye your eye your eye your eye…
say goodbye to Madame George
and the loves to love to love the love
say goodbye
oooooo
mmmmmmm
say goodbye goodbye goodbye goodbye to Madame George
dry your eye for Madame George
wonder why for Madame George
the love’s to love the love’s to love the love’s to love…
say goodbye, goodbye
get on the train
get on the train, the train, the train…
this is the train, this is the train…
whoa, say goodbye, goodbye….
get on the train, get on the train…

Entradas anteriores:

Un siglo de canciones (todos los posts)

1 comentario

Archivado bajo Cultura, Música, Recomendaciones

Astral Weeks de Van Morrison (por Pedro García)

Ya se ha convertido en una clásica costumbre lo de confeccionar listas con “los mejores” de cualquier manifestación artística de una época fija. Por supuesto los discos entran dentro de esa categoría, sea de una determinada década o estilo. Yo también he caído alguna vez en ese divertimento y suele ser entretenido rellenar una relación más o menos larga de nuestros gustos particulares a lo largo de la historia de la música. La cosa se complica cuando se trata de elegir sólo unos pocos o, directamente, el pódium de los tres mejores. Yo no voy a llegar a tanto pero sí me gustaría comentar uno de los discos que desde siempre me entusiasmaron y, lo que es más importante, ha resistido la prueba del algodón que para mí consiste en la frecuencia con que lo escucho. Y esta prueba de fuego la sigue pasando con nota sobresaliente el “Astral Weeks” de Van Morrison.

Para poner algunos datos en su contexto, hay que recordar que Van Morrison nació en Belfast en 1945 y su precocidad musical le llevó a tener su primer grupo propio a los 15 años para a continuación formar Them, con los que consiguió éxitos tan memorables como “Gloria” o “Baby Please Don’t Go”. En esos años, Morrison ya estaba influenciado por una variedad de estilos que iban a marcar toda su carrera, desde el Rock básico hasta el Rhythm & Blues siempre con toques Folk o Soul. Su característica y siempre reconocible voz destacaba en todos los temas, aunque en esa primera etapa la irresistible influencia de Mick Jagger hacía que a veces pareciera el mismísimo líder de los Rolling Stones el que cantaba. No duró mucho la vida musical del grupo Them porque su líder necesitaba volar por su cuenta y en 1967 iniciaba su carrera en solitario. De esa época data su gran éxito “Brown Eyed Girl” aunque se incluyó en un álbum que pasó sin pena ni gloria. En realidad su obra en solitario comienza cuando se libera de trabas contractuales que no le gustaban, ficha con Warner Bros. Records y se marca como fantástico debut el citado “Astral Weeks”. Antes de comentar un poco más a fondo este disco es necesario constatar que desde entonces la trayectoria musical del norirlandés ha continuado sin descanso hasta nuestros días con una productividad y calidad en sus grabaciones que muy pocos artistas han sido capaces de igualar. Como es lógico en tan dilatada carrera, no todos sus discos han merecido las mayores distinciones entre los críticos y público en general pero hay una opinión mayoritaria (y yo me incluyo también) en que sus mejores obras se centran en la serie casi ininterrumpida de discos que siguieron al “Astral Weeks”: “Moondance”, “His Band And The Street Choir”, “Tupelo Honey”, “Saint Dominic’s Preview”, “Veedon Fleece”, “Into The Music”.

Pero volvamos al objeto principal del comentario: Van Morrison no quería seguir por la senda exclusivamente pop de sus últimas grabaciones y ante sus nuevos mánagers pidió “un ambiente de jazz” para su nuevo trabajo. Los jefes reclutan entonces a algunos de los mejores instrumentistas de la escena Jazz de Nueva York y “Astral Weeks” se graba en dos intensas sesiones en el otoño de 1968 con Van Morrison cantando y tocando la guitarra acústica, acompañado de Jay Berliner a la guitarra, Richard Davis al contrabajo, Connie Kay a la batería, John Payne a la flauta y al saxo y Warren Smith a la percusión y el vibráfono. Está claro que los músicos no conocían a Morrison pero es que éste no quiso interaccionar demasiado con ellos ni ensayar los temas como una grabación al uso y se limitó a mostrarles los acordes un poco antes de la grabación pidiéndoles que improvisaran sobre esas bases. Posteriormente se añadieron los arreglos de cuerda y el toque final lo puso el productor Lewis Merinstein, un veterano profesional de los ambientes jazzísticos que había trabajado, entre otros, con Thelonius Monk. Lo cierto es que a pesar de lo atípico de la grabación, el acoplamiento instrumental y vocal resultó perfecto y el resultado final rezuma ese sonido peculiar que llena todo el álbum y que lo convierte en algo único y rompedor con todo tipo de música que se había experimentado hasta entonces. Una característica esencial de este disco es que carece de singles editados y que, inicialmente, no dejó excesiva huella en los grandes éxitos de Van Morrison. Aun más, en sus ocho canciones no hay prácticamente ningún estribillo fácil de tararear o recordar. La razón es que lo que predomina es un ambiente instrumental envolvente y denso, siempre liderado por el potente contrabajo de Richard Davis, creándose una cadencia de ritmo medio donde se cuela esa voz poderosa, desgarradora, llena de sentimiento y capaz de subir los tonos más trágicos y convertirlos en aullidos hasta bajar el diapasón y transformarlo en sensuales susurros. Además, su peculiar vocalización, machacando las palabras, jugando con ellas, repitiéndolas o recortándolas como si fuera un mantra, descomponiendo el lenguaje y variando a capricho su entonación le dan al conjunto un auténtico vuelo de poesía mística que le diferencia de todo lo que se hubiera grabado con anterioridad. Por todo ello no es de extrañar que este gran disco se deba escuchar como una obra conceptual, de un tirón, hipnótica y sin altibajos entre canciones brillantes y rellenos descarados. De manera que cuando Van Morrison entona “Si me aventurara en el torbellino entre los viaductos de tu sueño…” de la canción inicial que da título al disco, uno se queda atrapado poco a poco en los 7 minutos que marcan la tónica de lo que van a ser los 46 minutos de todo el trabajo. Así, sin pausas para recuperarse de este comienzo siguen otras piezas densas, elaboradas, a ratos falsamente repetitivas y siempre con esos zarpazos, casi gritos, de la voz del león de Belfast. Por los motivos antes explicados, es difícil decantarse por alguna canción concreta y mi admiración siempre será por la obra completa que se debe escuchar de principio a fin, “sin anestesia” y con una predisposición especial para saborear esas 8 canciones. Con esto quiero decir que este disco no será nunca para escucharlo como música de fondo, mientras uno hace cualquier otra actividad que requiera concentración. Hay que ponerse el vinilo, o CD, y disfrutarlo tranquilamente. Al menos, este es mi consejo para los que les gusta Van Morrison pero no han tenido la oportunidad de escuchar entero “Astral Weeks”. Aun así, es fácil adivinar que la primera audición raramente entusiasmará pero esa apreciación dejará paso a un “enganche” creciente cada vez que se vuelva a poner íntegro el disco y se descubra algún elemento diferente o un nuevo giro vocal.

Resulta asombroso pensar que Van Morrison fuera capaz de dar forma a esta obra maestra de la música con tan solo 23 años y que su calidad y trascendencia haya pervivido intacta 44 años después. De alguna manera esta sensación la ha debido compartir el autor porque es curioso que en sus actuaciones en directo apenas haya tocado alguna canción de este disco pero accedió a interpretar el “Astral Weeks” en su totalidad en dos conciertos celebrados en el Hollywood Bowl de Los Ángeles en noviembre de 2008. Exactamente 40 años después de su grabación original.

3 comentarios

Archivado bajo Cultura, Música, Recomendaciones

Natalie Merchant (por Pedro García)

12 de enero de 2011

Quería centrar mi nueva colaboración en El Mundano en la carrera de una artista. Se trata de la norteamericana Natalie Merchant que algunos conocerán quizás como la que fue cantante del grupo 10.000 Maniacs. Efectivamente, ella lideró aquel grupo desde 1981 hasta 1993 para luego continuar su carrera en solitario hasta nuestros días.

N. Merchant nació en 1963 en Jamestown (cuna también de otra grande como Lucille Ball), pueblo maderero del estado de Nueva York, y con los 10.000 Maniacs grabó 8 discos que se cerraron con ese gran concierto en acústico (“Unplugged”) que incluía muchos de sus éxitos y una maravillosa y emocionante versión de “Because The Night”.

Desde luego la carrera de los Maniacs estuvo marcada siempre por su personal y vibrante voz,  pero también por un sonido compacto y bien conjuntado de un grupo que unía las esencias folkies al pop-rock más tradicional. A esto hay que añadir el compromiso y valentía de sus letras, mayoritariamente de Natalie, tocando muchos de los temas que le han preocupado siempre como los abusos a niños, el analfabetismo, el patriotismo mal entendido, el racismo, etc.

Si tengo que escoger entre los 8 discos de su primera etapa, me quedaría sin duda con el disco “In My Tribe”, lanzado en 1987, una verdadera joya desde el principio hasta el final (por cierto, producido por el mítico Peter Asher). También era un gran disco “Our Time In Eden”, que vio la luz en 1992, y por supuesto el antes citado “Unplugged”. Tuve la gran suerte de verla en Madrid, en su única actuación en la sala El Sol, justamente después de abandonar a los Maniacs. Éramos muy poquitos los que estábamos viendo ese mini-concierto que me confirmó lo que ya se intuía por sus discos: estaba ante una de las grandes cantautoras de la música popular que destilaba sensibilidad e intensidad en cada una de sus canciones. Aunque fue breve, siempre recordaré aquél como uno de los mejores conciertos de mi vida y que me dejó expectante por los discos en solitario que pudiera hacer de ahí en adelante.

Lo cierto es que esas expectativas se han cumplido sobradamente pues Merchant ha sacado ya cinco CDs en solitario y el nivel de calidad sigue siendo muy alto en todos esos trabajos. En cualquier caso, también aquí quisiera recomendar sobre todo dos de ellos: su debut como solista, el espléndido “Tigerlily” y el tercero titulado “Motherland”, ambos repletos de grandes canciones y a los que hay que escuchar atentamente. Con esto quiero decir que toda su música no es precisamente para pasar el rato despreocupadamente, es necesario degustarla con atención, canción a canción, sintiendo ese ambiente magnético que sólo ella sabe imprimir a sus composiciones. Tampoco podría dejar sin comentar su último disco del pasado 2010, titulado “Leave Your Sleep”, un proyecto sobre la infancia, y una apuesta arriesgada que le ha llevado cinco años y en la que ha puesto música a poemas de distintos autores británicos y norteamericanos conformando unas canciones con ritmos variados pero siempre muy personales. Desde luego destacan algunos temas entre la larga lista de 16 canciones (“Nursery Rhyme Of Innocence And Experience”, “The Man In The Wilderness”, “If No One Ever Marries Me” entre otras), pero la sensación final es que vuelve a acertar y consigue engancharte con su personal voz y unos arreglos centrados sobre todo en instrumentos de cuerda.

Dejando aparte su faceta musical es curioso destacar que está casada con el fotógrafo español Daniel de la Calle, con quien tuvo a su hija Lucía en 2003. Por entonces estuvieron viviendo un tiempo en un pueblo cerca de Málaga, pero creo que no hubo actuaciones suyas por estos lares. Esperemos que haya alguien interesado en programar alguna actuación suya y la podamos ver alguna otra vez por España para poder disfrutar de sus conciertos únicos.

Para terminar, quisiera ilustrar el retrato musical de N. Merchant con un vídeo de la canción “Like The Weather”, incluida en su disco probablemente más memorable, el citado “In My Tribe”. A todos los que os guste el tema y no la conozcáis demasiado, o incluso la descubráis ahora, os recomiendo que empecéis por escuchar los discos que os he comentado anteriormente. Para ello, ya sabéis algunas fórmulas legales que afortunadamente existen hoy en día, como Spotify y alguna otra.     

6 comentarios

Archivado bajo Cultura, Música, Recomendaciones

Astoria, un interesante grupo español de pop-rock (por Pedro García)

18 de noviembre de 2010

Me permito sugeriros que escuchéis el primer disco del grupo Astoria titulado “1.979“. Es pop-rock en español con reconocibles influencias como Los Secretos, Revólver o Héroes del Silencio. Lo podeis comprobar desde su página Web o a través de iTunes o Spotify.

Entre las canciones más destacadas están “Malabares”, “Las Agujas Del Reloj” o “Grita En Silencio“. También está un instrumental titulado “Himno A Mi Generación” que podría encajar como sintonía en muchos programas. Una de las peculiaridades de Astoria, y por lo que yo les llegué a conocer, es que su guitarrista y principal compositor es Gonzalo Durante, un colega mío microbiólogo -terminó la tesis en biología molecular- y entre otras muchas actividades todavía tiene tiempo de componer y tocar la guitarra. Ahora están embarcados en la fase de promoción y actuaciones en directo, asuntos nada fáciles tal y como está el panorama audiovisual del país. ¡Espero que os guste!

3 comentarios

Archivado bajo Cultura, Música, Recomendaciones

Ciencia y cocina según ZP (por Pedro García)

3 de febrero de 2010

La segunda legislatura de ZP arrancó marcada por la tardanza en asumir la gravedad de la crisis, por mucho que ésta fuera mundial y pillara a todos los “expertos” con el paso cambiado. No obstante, no tardó mucho nuestro presidente en repetir como un mantra que el propósito fundamental de su gobierno era cambiar el modelo productivo reinante en los últimos años en España. En dos palabras, menos ladrillo y más investigación e innovación. Lo repitió tantas veces que algunos le creímos… hasta que surgieron, en el verano pasado, los primeros rumores de cómo se iban a repartir los dineros de cada ministerio en los Presupuestos Generales del Estado, que es la prueba del algodón de las promesas de cualquier gobernante.  

La reacción de incredulidad de la comunidad científica ante la magnitud de los recortes previstos fue subiendo de tono hasta el punto de que la COSCE (Confederación de Sociedades Científicas de España) publicó una carta en los periódicos, el 17 de septiembre, con el significativo título de ¿Hundir la ciencia por el precio de seis “ronaldos”? En la misma línea, Joan Guinovart, presidente de COSCE, alertaba al gobierno por las mismas fechas de la barbaridad que iban a cometer: “Si creen que la investigación y la educación son caras, prueben con la ignorancia y la mediocridad”. Y mientras tanto, nuestra ministra Cristina Garmendia se descolgaba con una entrevista en Telva donde textualmente decía: “Me quita más el sueño que mis hijos traigan un suspenso a que me reduzcan el presupuesto del ministerio”.

Lo cierto es que el malestar generalizado del mundo de la ciencia consiguió, al menos, que los iniciales recortes se quedaran en cifras menores de las inicialmente previstas, pero recortes al fin y al cabo. Eso sí, en el mercadeo final en que se convierte la aprobación de las diferentes enmiendas a los presupuestos, una parte muy importante de los aumentos de última hora para el Ministerio de Ciencia e Innovación (MICINN) fueron para el País Vasco… Curiosamente el PNV aportó los votos imprescindibles para que dichos presupuestos fueran aprobados, pero naturalmente eso fue sólo una casualidad.

Y así, dentro del capítulo de subvenciones del MICINN resulta muy significativo enterarse de las prioridades de la política científica  del ministerio en una época de crisis y  austeridad: siete millones de euros se han destinado al “Basque Culinary Center Fundazioa” (¡escrito así, con tres palabras en inglés y una en vasco!). El real decreto correspondiente no tiene desperdicio y recomiendo su atenta lectura: se argumenta, con razonamientos muy sesudos, sobre “el interés público, social y económico de la concesión de esta subvención”. Por supuesto que al todavía por entonces secretario de Estado del MICINN, Carlos Martínez, le faltó tiempo, un mes antes de ser destituido, para ir a San Sebastián y hacerse la foto correspondiente con Arguiñano, Arzak y compañía (supongo que también aprovecharía el tiempo para comer convenientemente y comprobar la buena inversión de esos siete millones).

En fin, ésta es la situación de la ciencia española en 2010. Gráficamente se puede decir que en los últimos años se dieron dos pasos adelante hacia el nivel medio europeo de inversión en I+D, pero ahora se están dando tres pasos atrás con el agravante de que la recuperación será mucho más difícil. Y lo peor de todo es el descrédito que este gobierno ha sembrado para el futuro en los más jóvenes que todavía tienen (o tenían) ilusiones puestas en dedicarse a la ciencia. Definitivamente nunca seremos un país donde los científicos podamos tener la misma consideración y respeto de las que gozan en Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y demás países con los que nos queremos comparar. Aquí preferimos cultivar y alabar a intelectuales tipo Belén Esteban… y así nos va.

8 comentarios

Archivado bajo Ciencia, Política

Un siglo de canciones 54: “Late For The Sky” (por Pedro García)

25 de enero de 2010

Mi segunda colaboración para esta sección está dedicada a Jackson Browne, uno de los grandes cantautores de las últimas décadas que sigue en activo manteniendo viva la llama del compromiso por muchos temas actuales y arropados por una música plena de sentimiento. Es verdad que, como pasa con la mayoría de los artistas, su mejor inspiración musical hay que buscarla en sus primeros años, allá por los primeros setenta del pasado siglo desde su California adoptiva. Verdaderamente los primeros cinco o seis LPs fueron magistrales y resisten muy bien el paso del tiempo, que es la prueba del algodón para cualquier trabajo musical (y de cualquier tipo). A la hora de elegir una canción podría votar por muchas posibles, pero reduciendo al máximo las opciones me quedo con la que da título a su LP de 1974: “Late For The Sky”. Como pasaba en aquella época, yo escuchaba en la FM madrileña los temas de J. Browne y otras maravillas del pop-rock, pero a la hora de comprar sus álbumes no todos estaban disponibles por aquí; en concreto el citado “Late For The Sky” se publicó con años de retraso. Tenía sólo 8 canciones, pero qué canciones!! Quiero también comentar la gran paradoja y mala suerte de J. Browne en España: el único tema que llegó a “pegar” fuerte fue prácticamente la única canción de su extenso repertorio que no compuso él. Se trataba de “Stay” la guinda final del tema “The Load Out” que cerraba otro magnífico trabajo (“Running On Empty”). “Stay” fue compuesta por Maurice Williams y fue muy popular por servir de apoyo de un anuncio televisivo de un bronceador (algún día habrá que recopilar las canciones de anuncios que han “descubierto” tardíamente a grandes artistas y grupos!).

Como también ha ocurrido con muchos otros grandes músicos, y si no me equivoco, Jackson Browne tardó demasiado tiempo en actuar por aquí. Creo que fue en 1986 cuando vino a Madrid, aunque yo sólo le vi unos años después. Desde entonces, he tenido la fortuna de verle en todos los formatos: con banda completa o en acústico con su inseparable David Lindley. Y en ambos casos su clase y su entrega dan siempre más de lo que un aficionado exigente podría pedir.

Por último, os pongo como es norma obligada en estos posts una grabación de “Late For The Sky” de un concierto para TV en Alemania de 1986. Además os copio la letra en español de este magnífico tema que demuestra  bien a las claras la calidad del señor Browne también como escritor de pequeñas/grandes historias.

Tarde Para El Cielo

Ya lo habíamos dicho todo

Y sin embargo aún no nos sentíamos bien

Pero así seguimos toda la noche

Rastreando nuestros pasos desde el principio

Hasta que se desvanecían en el aire

Tratando de entender por qué la vida nos había llevado hasta allí

Mirándote fijamente a los ojos

No te conocía

Qué sorpresa tan vacía

Sentirse tan solo

Ahora algunas palabras me resultan fáciles

Aunque sé que no significan demasiado

Comparado con lo que se dicen los amantes cuando se tocan

Tú nunca supiste lo que me gustaba de ti

Yo tampoco sé lo que te gustaba de mí

Quizá la imagen de alguien que esperabas que yo fuera

Otra vez despierto, no puedo fingir

Sé que estoy solo

Y cerca del fin

Del sentimiento que conocimos

¿Cuánto tiempo he estado durmiendo?

¿Cuánto tiempo he vagado solo en la noche?

¿Cuánto tiempo he estado soñando que podía lograrlo

Si cerraba los ojos y trataba con todas mis fuerzas de ser quien tú querías?

Otra vez despierto, no puedo fingir

Sé que estoy solo

Y cerca del fin

Del sentimiento que conocimos

¿Cuánto tiempo he estado durmiendo?

¿Cuánto tiempo he vagado solo en la noche?

¿Cuánto tiempo llevo persiguiendo ese vuelo matinal

A través de las promesas susurradas y la luz cambiante de nuestra cama?

Tarde para el cielo

Entradas anteriores en:

Un siglo de canciones (todos los posts)

2 comentarios

Archivado bajo Cultura, Música, Recomendaciones

Un siglo de canciones 40: “Going Down To Laurel” (por Pedro García)

19 de octubre de 2009

alive on arrival

A la hora de elegir una canción que me haya dejado huella en mi vida, me decido por   “Going Down To Laurel” de Steve Forbert. Por supuesto que habría muchas candidatas pero ésta la asocio con la época dorada de la radio donde podía descubrir todos los días maravillosas canciones por obra y gracia de los expertos de la FM madrileña de los años 70. Por entonces, eran muchos los vinilos que no se editaban en España o lo hacían con una tardanza insoportable. Y fue a finales de esa década prodigiosa cuando escuché por primera vez la voz característicamente rasposa, original y nueva de un cantautor americano que me enganchó totalmente. Los discos de S. Forbert, cómo no, tardaron en editarse aquí, pero dio la casualidad de que en el verano de 1980 me fui, junto con unos amigos, a Inglaterra y Escocia de mochilero y con la tarjeta del Britrail para tres semanas. Lo cierto es que al llegar a York a los pocos días, y a pesar de que me había propuesto hacer las compras sólo al final del viaje, no me pude contener y me compré su primer LP titulado “Alive On Arrival“. Como era de esperar, entre algunos diluvios por tierras escocesas y otros avatares en la tienda de campaña, el cartón de la portada terminó arrugadísimo y mi temor fue que no pudiera escucharlo de lo deteriorado que parecía, pero resultó que sonaba maravillosamente. Hasta el día de hoy que todavía lo disfruto en un tocadiscos ya con mucha solera.

Volviendo al principio, el disco es completísimo y repleto de grandes canciones. Y además se abre con esta canción, concretamente con unas notas de armónica casi hipnóticas, que dan paso a cinco minutos de interpretación intensa, llena de sentimiento y garra, para terminar con todos los instrumentos a tope. Y de nuevo con la armónica en primer plano. No sé por qué, pero a mí siempre me han gustado los tipos que tienen este instrumento como acompañamiento fundamental a la guitarra, bajo y batería de toda la vida del pop-rock, con Bob Dylan y Neil Young a la cabeza. Pues bien, tampoco debe ser casualidad que algunas de las canciones que más me gustan de Forbert también tengan unos pasajes de armónica que van más allá de simples acompañamientos. Y si no, lo podéis comprobar en otra maravillosa balada que también estaba en este disco, la impresionante “It Isn’t Gonna Be That Way“.

Después de este debut deslumbrante, Steve Forbert se marcó un segundo trabajo, titulado “Jackrabbit Slim“, quizás incluso mejor que el anterior, que además contenía su único gran éxito en las listas, “Romeo’s Tune“. Luego ha seguido tocando y publicando CDs (ya casi no se llevan los vinilos), pero en mi opinión su cumbre creativa la constituyen esos dos primeros discos insuperables. La desgracia es que, si no estoy equivocado, nunca ha tocado en España y me temo que hay pocas posibilidades de que alguna vez lo haga. Pero quede aquí mi tributo a uno de los grandes cantautores americanos a través de, justamente, la primera canción de su primer álbum. Toda una premonición de lo que iba a constituir una carrera más que meritoria, aunque bastante poco reconocida por las ventas de sus discos.

Entradas anteriores en:

Un siglo de canciones (todos los posts)

2 comentarios

Archivado bajo Cultura, Música, Recomendaciones