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Aquellos rebeldes: La versión española

13 de febrero de 2009

javier-garcia-pelayo

Hablando anoche con Javier García-Pelayo me cuenta del reportaje del Magazine de El Mundo del domingo pasado sobre los hippies. Era la segunda parte de “Aquellos Rebeldes”, artículo de Maribel González. Él aparecía en “la versión española” como hippy destacado. Lo podéis leer directamente en la Web del diario o a continuación (con links):

 
No fueron muchos los hippies españoles. Apenas un puñado de aventureros que, cuando la dictadura empezaba a languidecer, consagraron su juventud al peace and love y encontraron en las vírgenes Baleares el paraíso donde hacerlo.

 

La mayoría eran hijos de burgueses. Niños de buena educación que llegaban con un cheque y varios idiomas en el bolsillo a esas islas repletas de extranjeros donde imperaba el vive y deja vivir. Había tal buen rollo que no dudaron en dejarse llevar.

 

No niegan que lo hicieron de la mano del LSD o la marihuana; tampoco que abrazaron el hippismo movidos, a partes iguales, por un utópico entusiasmo de dar color a un mundo que veían gris y por un irrefrenable deseo de dar salida al torrente de hormonas que corrían desbocadas por su sangre juvenil. Y reconocen que un día la realidad los despertó de aquel psicodélico sueño y casi todos los que no habían caído en los excesos del sexo y las drogas acabaron volviendo al redil. Aún así, perjuran que, nunca como en aquellos ibicencos 70, fueron tan felices y tan libres, y que esos alocados años no fueron en vano.

 

Hoy la ropa que llevábamos está de moda y la gente paga por hacer yoga. Al final, el sistema convirtió nuestra forma de vida en algo rentable”, se lamenta Carlos Martorell, un licenciado en Derecho que iba para diplomático y que se quedó en el camino al descubrir Ibiza en el 68. Fundador de la mítica Pachá, Martorell espera que la Historia reconozca que “los hippies no fuimos una panda de vagos más o menos sucios, sino gente muy culta que defendíamos unos valores que hoy forman parte de nuestra democracia”. Aquellos hijos de Ibiza hoy bordean la edad de la jubilación y algunos, genios y figuras como los que hemos entrevistado, no han cambiado. Mientras los nietos de la isla recuerdan su infancia con una mezcla de orgullo y nostalgia.

 

FAMILIA SÁNCHEZ DRAGÓ | EL PRIMER HIPPY Y SUS CIGARRITOS MAGICOS

Con el mismo espíritu que Marco Polo, el escritor Fernando Sánchez Dragó (1936) inició en 1966 un viaje sin prisa hacia Tokio en el descubrió todos los encantos del exótico Oriente. Quedó prendado de India –al llegar una fuerza extraña le llevó a proclamar: “¡Esta es mi tierra!”–; del hachís que el Estado vendía en monopolio, y del hippismo, una forma de entender la vida que desde entonces ha marcado su manera de ser y de escribir. “Fui el primer español que en el 68 se perdió en Oriente y mientras en aquel mayo de París andaban revolucionados, yo montaba mi marimorena particular en un cuchitril infecto de Taiwán donde, tras una trompa, Caterina y yo concebimos a nuestra hija Ayanta“. Hoy, aquella niña es la directora del Teatro Lara (Madrid), una abstemia fundamentalista de todas las drogas. De su padre asegura que “fue un magnifico guía en el mundo del conocimiento, pero un pésimo organizador de mi niñez. Me dejaba no ir al colegio porque decía que allí se desaprendía lo aprendido en la vida, no me ponía hora de llegada por más que yo la pedía…”. A pesar de los pesares, Ayanta no cambiaría por nada del mundo esas noches en que “él se fumaba sus cigarritos mágicos y dejaba volar su imaginación mientras yo me acurrucaba a su lado”.

 

FAMILIA RIBA | EL VISIONARIO Y SU VIDA NATURAL

Pau Riba,1948, ya no luce melena: “Me la corté después del último homenaje que me hicieron porque fue una auténtica tomadura de pelo”. Por lo demás, sigue igual: “Aún creo que los valores que la movida hippy puso sobre la mesa forman parte de la moral universal”. Hijo de aristócratas catalanes fue educado en un ambiente culto y refinado. Pero Riba salió rana y se convirtió en uno de los primeros cantantes hippies nacionales. Inspirado por el LSD, con sus letras pretendía cargarse el sistema: “El ácido convirtió a los jóvenes en unos en visionarios que veíamos lo que otros ni vislumbraban. De ahí mi primer disco: Dioptría”. Con 23 años decidió ser consecuente con el ideal hippy de volver a la naturaleza y se marchó a vivir a una cueva en Formentera. “Allí traje al mundo a mis dos primeros hijos [tiene otros tres de distintas mujeres] y nunca los eduqué. Eso se hace con los perros. Yo los cuidé y los dejé ser libres”. Pauet, el primogénito, siguió los pasos de su padre y hoy triunfa junto a su hermano Caïm en el grupo Pastora. “De hippy sólo tengo las raíces: soy un urbanita y un tecnófilo. Pero reconozco que viví una infancia muy divertida, y agradezco que mis padres me enseñaran que aquel movimiento era mucho más que sexo y drogas”.

 

FAMILIA GARCÍA PELAYO | HIPPY CONVENCIDO…Y MUCHAS COSAS MÁS

“El mundo tal como es no me gusta”, leyó Javier García Pelayo (1951) en Calígula, de Albert Camus, y adoptó la cita. “Como no tenía cojones ni necesidad de meterme en el PCE, y un médico amigo me dijo que la marihuana no tenía contraindicaciones, me enamoré del concepto que el hippismo tenía del amor y con él me lancé a cambiar el sistema”. Nunca pudo ir a Ibiza, pero en su Sevilla adoptó la estética de la isla, se adornó de toda la parafernalia psicodélica y luchó para transformar su entorno inmediato: “La libertad de la que hoy disfrutan mis hijos demuestra que triunfamos, que no fue una lucha utópica y vacía de unos melenudos. El problema es que, a partir del 73, empezaron a matar a nuestros líderes musicales e intelectuales y banalizaron nuestra forma de pensar vendiendo en El Corte Inglés ropa hippy para pijos”. Javier, que fue manager de todo el rock andaluz de la época, tiene dos hijos, a los que nunca ha prohibido nada. Luis, que nació en 1980 cuando su padre ya no llevaba el pelo largo, valora la forma en que fue educado: “Me daban información sin tabúes, pero no me imponían o impedían nada. Hoy no soy hippy, pero sí creo, por ejemplo, en el amor libre. El problema es que ya casi ninguna mujer lo defiende…”.

 

FAMILIA ESCOHOTADO | EL DEFENSOR DE LAS DROGAS Y LA CULTURA

Más que hippy, fui freak: quería vivir en la naturaleza, hacer la revolución sexual e investigar con las drogas, pero sin creer en místicas ni vender escayolitas”, aclara el filósofo Antonio Escohotado (1941), un loco, como se autodefine, que en el 70 dejó un puestazo en el ICO para hacer la robinsonada de vivir 13 años en Ibiza. “Vivíamos en una choza sin luz ni agua y trabajaba haciendo traducciones o en lo que salía”. Sentimentalmente, confiesa, fue una época plena: “Primero tenías relaciones sexuales y luego personales. Nunca follamos tanto como entonces”. En el 83 despierta de la utopía para retomar la docencia y convertirse en presidente de honor de Memoralia, la empresa de comunicación que ha creado Jorge, el tercero de los siete hijos que ha tenido con diferentes mujeres: “Los descendientes de esa generación heredamos sus sueños románticos, pero los vivimos desde dentro del sistema…”. En su opinión, la forma de ser de Escohota, como llama a «su viejo», ha sido positiva para él: “En casa había mucha libertad, pero también mucha exigencia en el plano cultural y de responsabilidad personal. Mi padre nos ha dado la opción de probar cualquier droga, pero siempre que fuéramos responsables”.

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El Underground en España 1: Manifiesto de lo Borde. Estética e ideología (por Antonio Gómez)

1 de octubre de 2008

He abierto el almario y he sacado la memoria a pasear. La he puesto en ese vértice de la historia que supuso el final de los 60 y el inicio de los 70 y le ha encargado buscar caras y gestos casi olvidados, nombres prácticamente desconocidos hoy en día, pero que en aquel momento protagonizaron una de las aventuras más estimulantes de la música popular española de todos los tiempos: aquello que se llamó underground. Ha sido difícil, porque casi 40 años después, todo el asunto andaba tan undergrún que ni con lámparas de carbunco era posible penetrar en su oscuridad. Pero poco a poco han ido apareciendo entre la niebla la cara de judío converso de Julio Matito o la de turista inglés de Cachas. Antoñito Smash tirado en el suelo, engañando a todos con su silencio. El gesto revoltoso de Jordi Batiste. La seriedad nórdica de Henrik y las idas y venidas de Gualberto, siempre en viaje hacia alguna parte. La excentricidad daliniana de Pau. Las gafas de círculos concéntricos y el pelo encrespado de Jaume. Y en medio, como un equilibrista, Gonzalo García Pelayo, haciendo juegos malabares con los conceptos y los números.

 

Estamos hablando del movimiento musical que acabó bautizado como música progresiva, que en esos años no sólo consiguió un éxito y una repercusión evidente, sino que dio a la luz algunas de las obras de la canción popular más destacadas y con mayor influencia en los artistas posteriores (y cuando escribo “artistas”, ¡por dios, no seáis cabrones!, no los confundáis con los inventos musicales a la carta). O al menos de una parte de él, porque dentro de ese progresivo, tan amplio que hay quien ha llegado a catalogar centenares de grupos y solistas en él, habría que hacer distinciones. Personalmente creo que hay dos grandes tendencias claramente diferenciadas, en el fondo y en la forma de su trabajo, aunque no impliquen una valoración de sus cualidades artísticas específicas (que, como siempre, no son grupales, sino de individuos).

 

Por un lado, estaría, los que adoptaron el modelo de la música progresiva que entonces se hacía por el mundo, lo reprodujeron y en algunos casos le dieron un toque personal, todo ello dentro de cánones básicamente estéticos. Por otro andarían aquellos que, además de las influencias musicales, también recibieron de los grupos y cantantes estadounidenses la parte de contenido crítico, provocador y alternativo que tenía sus obras y actitudes, los que hicieron del estilo una forma de enfrentarse a la música como arte y al mundo como conflicto colectivo. En España yo concretaría esa actitud en el núcleo duro de lo que se definió como “underground español”, fenómeno de corta duración, pero que dejaría su huella en músicos coetáneos y posteriores. (Sobre este tema recomiendo el articulo que Manuel Vázquez Montalbán escribió sobre el tema, con el seudónimo de Luis Dávida, en Triunfo el seis de febrero de 1971, en el que analizaba el fenómeno a raíz de unas actuaciones de la mayor parte de los grupos en Barcelona)

 

Si el tiempo, el interés de los lectores y la complacencia del jefe lo permiten, me gustaría ir desgranando algunas anécdotas y quizás algún sobre los grupos Música Dispersa, Smash y Màquina! y el cantautor Pau Riba, que me parecen lo más representativo del movimiento. También podría hablar de Sisa, pero, aparte de que ya se tratará de él al referirnos a Música Dispersa, es un auténtico caso aparte, imposible de clasificar.

 

Además de por la unidad que encuentro en ellos en función de su actitud ante la música, el centrarme en estos nombres, lo que no evitará que se hable de otros (por ejemplo, ese genio sevillano que fue Silvio), haya otros motivos por hacerlo. Por ejemplo, a esos cuatro (que uno a uno eran más) los traté personalmente con más o menos intensidad, y eso da tela para hablar. También los une que todos ellos grabaron sus discos iniciales en sellos alternativos, entre otras cosas más.

 

En cualquier caso, con lo primero que ha tropezado mi memoria en su viaje por el tiempo ha sido con un documento inaugural y excepcional, que marca la ideología y los principios que definieron a esos músicos. Hay quien dice que lo escribió Julio Matito de Smash, aunque yo siempre he pensado que fue Gonzalo García Pelayo quien lo hizo. Lo dieron a conocer en nombre de Smash en 1968 o 1969 con el título de “MANIFIESTO DE LO BORDE” y sólo hace falta darle un vistazo para comprobar su ligazón con las corrientes de lo que se llamó nueva izquierda, nacida en los campus de Berkeley o Nanterre, antiautoritaria, libertaria y heterodoxa, que estaba llegando a España por aquellos años y de la que la música underground fue una de sus señas de identidad. Yo siempre he creído que el Manifiesto lo leí por primera vez en la revista Triunfo, aunque mirando ahora en su edición digital no he logrado localizarlo. Es igual: aquí está y merece la pena:

 

 

MANIFIESTO DE LO BORDE

 

Cosmogonía de la estética de lo borde:

 

• Hombres de las praderas (Dylan, Hendrix, Jagger…)

• Hombres de las montañas (Manson, Hitler…)

• Hombres de las cuevas lúgubres (funcionarios)

• Hombres de las cuevas suntuosas (presidentes de consejos de administración, grandes mercaderes)

 

– Los hombres de las praderas son los únicos que están en el rollo y que han salido del huevo. Sus carnets de identidad son sus caritas.

– Los hombres de las montañas se enrollan por el palo de la violencia y la marcha física.

– Los hombres de las cuevas lúgubres se enrollan por el palo del dogma y te suelen dar la vara chunga.

– Los hombres de las cuevas suntuosas se enrollan por el palo del dinero y del roneo.

– No se puede hacer música en las cuevas del infortunio; hay que abrirse hacia las praderas.

– Las relaciones hombre de las praderas-mercader de las cuevas suntuosas son siempre de sado-masoquismo.

– Sólo se puede vivir tortilleando.

 

I. No se trata de hacer “flamenco-pop” ni “blues aflamencado”, sino de corromperse por derecho.

II. Sólo puede uno corromperse por el palo de la belleza.

III. Imagínate a Bob Dylan en un cuarto, con una botella de Tío Pepe, Diego el del Gastor, a la guitarra, y la Fernanda y la Bernarda de Utrera haciendo el compás, y dile: canta ahora tus canciones. ¿Qué le entraría a Dylan por ese cuerpecito? Pues lo mismo que a Manuel [Molina] cuando empieza a cantar por bulerías con sonido eléctrico:

 

“Aunque digan lo contrario,

yo sé bien que esto es la guerra,

puñalaítas de muerte

me darían si pudieran”.

 

 

He buscado como loco por Internet algo que sin ser una canción de alguno de los citados pudiera ilustrar musicalmente el tema, y finalmente he encontrado este fragmento del programa sobre la música rock española realizó en TVE Miguel Ríos, siempre querido. Es un breve reportaje sobre el nacimiento del progresivo en el que se incluyen fragmentos de canciones de distintos tipos. Obsérvense las diferencias entre los primeros (Los Buenos, Henry y los Seven, Evolution y Los Grim) y los dos últimos (Smash y Pau Riba), creo que son sumamente reveladoras:

 

 

ENTRADAS RELACIONADAS:

 

Madrid 1970, eje de la Música Progresiva

 

Radio Popular FM en 1972 o la 99.5 como un viaje iniciático (por Antonio Gómez y Adrian Vogel)

 

Burning y los años que empezamos a vivir peligrosamente

Viaje madrileño 1 (por Javier García-Pelayo)

 

El viaje madrileño 2 (por Javier García-Pelayo) 

Nota del Editor: Como los enlaces a Triunfo a veces funcionan y otras no, hago como en el post de “Madrid 1970…” e incluyo las imágenes del articulo original de Vázquez Montalbán.

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