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Depedro y su “Érase una vez”

Por varias razones (fiestas y viajes) se me han traspapelado cuatro discazos. Básicamente porque he tardado en conseguirlos. Se trata del “Érase una vez” de Depedro, “Universo por estrenar” de Anni B Sweet, “La pasión según Igor Paskual” de Igor Paskual y “Africa Speaks” de Santana (con Concha Buika). En los próximos días los reseñaré siguiendo mi orden cronológico, que no es el de su edición. Es decir, de cuando me hice con ellos fisicamente. Comienzo con “Érase una vez“, el primero que tuve.

Érase una vez“, título del último álbum de Depedro (Jairo Zavala) es a su vez el de un poema de José Agustín Goytisolo musicado por Paco Ibáñez. Me parece un acierto hacer una versión de este tema. El resto de las canciones están compuestas por Depedro.

Hace meses, cuando se editó “Érase una vez“, leí un comentario de Paco Martín rendido ante el talento de Zavala. Venía a decir que Depedro era el gran talento que la mayoría del público español aún tenía por descubrir. Viniendo de Paco, un peso pesado de la música española, esto son palabras mayores.

2019 fue un gran año para Depedro. Culminó la gira de “Todo va a salir bien“, su anterior álbum”, con llenos consecutivos en La Riviera. Meses después editaba este “Érase una vez” precedido por el sencillo “Quiero descansar“, un temazo.

Érase una vez” es prácticamente un álbum conceptual, dedicado a la infancia. Los niños son los grandes protagonistas. Y el disco rebosa sensibilidad, sutileza y una enorme delicadeza por los cuatro costados. Los arreglos son sencillamente magistrales. Arropan las canciones, dan profundidad, realzan las emociones que surgen de los textos y de la interpretación.

Además de autor y músico quisiera destacara que Depedro es un gran cantante. Probablemente sea una obviedad decir esto y ya lo sepan. Pero nunca está de más recalcarlo.

Es complicado destacar alguna canción sobre otras. Es especialmente difícil elegir una para cerrar este post. He seleccionado “Dragón alado“. Otra pequeña joya de este discazo de Depedro.

 

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Recuerdos colegiales: Miss Lola

yo fui al británico

Estos días ando con el remember a cuestas y hay una idea que continuamente me ronda la cabeza: la fundación de mi colegio madrileño, con la ayuda del servicio secreto británico. El padre e impulsor de la idea se rebeló contra la proliferación de colegios alemanas e italianos tras la Guerra Civil. En esta historia, que incluye la embajada británica a un lado de la Castellana y el Embassy al otro, se produjeron ciertas paradojas como la educación mixta (chicas y chicos en la misma clase), un colegio laico en la España del nacional-catolicismo y las que expondré a continuación. Es un texto que escribí para un libro del British Council celebrando su aniversario. Y rinde tributo a una profesora que me marcó, Miss Lola.

Miss Lola

Hablar del Instituto Británico me trae diversos y variados recuerdos de la década de los 60 del siglo pasado. El colegio de la calle Martínez Campos, los sótanos del edificio principal, los equipos de St. Andrew, David, George y Patrick, los partidos de baloncesto o fútbol de los recreos, algunas peleas y sobre todo una figura, la de Miss Lola.

Gracias a ella aprendí a amar la Cultura con ce mayúscula. La de antes y la contemporánea. La poesía española del 27 y la de después de la Guerra Civil la conocimos en sus clases. ¡En el “bachillerato” inglés! Porque en el español nunca se llegaba… En vez de hacernos leer o recitar los versos nos ponía discos de los cantautores españoles que musicaban poemas. Miss Lola usaba una herramienta pop, el disco, para enseñar. Y este simbólico gesto pedagógico sirvió de gancho. Al menos para mí. Que pronto me inicié en el mundo de la música (medios y discográficas).

Paco Ibáñez no es el mejor cantante del mundo pero su voz aún resuena como un trueno en mi memoria con el “A Galopar” de Alberti. Me impresionó cuando Miss Lola la puso en clase por primera vez. Y esa impresión perdura más de 50 años después.

Excepcional fue su labor con el Latín, una lengua muerta pero activadora de conexiones neuronales. Mis matrículas de Honor en 3º y 4º de Bachillerato se las debo a Miss Lola. Y las de Matemáticas en ambos cursos a Mr. Buñuel. Interesante paralelismo entre ambas asignaturas. Aparentemente tan distantes pero con más puntos en común de lo que parece.

Bastantes años después el ilustre Javier Marías escribía, en uno de sus artículos semanales en El País, que Mr. White su profesor favorito se jubilaba. Incidía en lo extraordinarias que eran sus clases por atípicas y creativas. Y me descubría que estaba casado con Miss Lola. Realmente el mundo es pequeño… y me siento orgulloso de formar parte de el a través del cordón umbilical que representaron el Británico y Miss Lola.

Adrian Vogel

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