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Annie Lennox presenta “Nostalgia”

annielennox-nostalgia-albumcover-pr-image-2015-billboard-650La veterana Annie Lennox (Aberdeen 1954) presenta “Nostalgia“, su sexto álbum en solitario (el tercero de versiones). En esta ocasión ha recurrido al cancionero americano (Jazz, Blues y Rythm & Blues) en su vertiente más negra (o afroamericana).

Les dejo con un par de interpretaciones: “I Put A Spell On You” de Screamin’ Jay Hawkins y “Strange Fruit“, inmortalizada por Billie Holiday.

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La nostalgia como negocio (Efe Eme)

2 de mayo de 2009

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Desde estas mismas páginas hemos dado cuenta de cómo los veteranos dominaron los festivales del verano pasado; cómo los mega contratos siempre tienen a los ilustres consagrados de protagonistas; y por supuesto el número cada vez mayor de artistas que vuelven de su retiro o el de grupos que se vuelven a reunir.

En nuestro país la fulgurante aparición de Kiss FM, todo oldies, consagró esta tendencia hace unos años. Se impuso a la formula de M 80, la cual llevaba funcionando desde hacía años, y supuso todo un terremoto en el panorama de las radio formulas. Cadenas como 40 Principales variaron su programación, de novedades, para dedicar cada vez más espacio a los éxitos del ayer. Y todo esto venía avalado por expertos norteamericanos, quienes hablaban de las bondades comerciales de la formula radiofónica que tenía a la nostalgia como eje principal de su programación: era una apuesta sobre seguro, sin lugar a la experimentación, buscando un perfil más adulto –menos juvenil- y más acorde con las demandas del cada vez más restringido mercado publicitario.

Hoy en día celebramos el 50 aniversario de sellos discográficos como Motown o Island, claros referentes de la cultura pop de los 60 y 70; se ruedan dos peliculas sobre Chess Records (y antes sobre Ray Charles, Janis Joplin, Charlie Parker, etc.); las continuas reediciones remasterizadas de las grabaciones históricas o las ediciones conmemorativas de los 50 años del “Kind of Blue” de Miles Davis, por ejemplo. Está claro que la nostalgia vende. Y en publicidad lo saben bien, siempre buscando esas canciones que toquen la fibra sensible del público objetivo que buscan para vender sus productos.

Siempre me sorprendió que España, a pesar de su tradición (teatro de revistas y variedades, zarzuela, cafés cantantes, etc.) no fuese un mercado propicio para los musicales. En cambio veía como los españoles acudían masivamente a Broadway (Nueva York) o a los espectáculos del West End (Londres). Hasta que alguien se atrevió (Luis Ramírez) basado en las observaciones anteriores e imagino que en el éxito obtenido por un “rara avis” del panorama de los musicales españoles, “Jesucristo Superstar”.

Dream Girls”, estrenada a finales de 1981, también supuso en su día un cambio para Broadway. Basada libremente en la carrera de las Supremes y la vida de Barry Gordy, el fundador de la Tamla Motown, pero también en otras figuras del soul, no sólo de Motown, miraba atrás con nostalgia. Unas calles más arriba el Hip Hop emergía con fuerza. 

Dando un repaso a la cartelera nacional, desde hace un par de años para acá, vemos que los musicales que han funcionado se basan en la misma formula: artistas y músicas que tuvieron éxito. Abba, Mecano, Dúo Dinámico, etc. son los primeros que me vienen a la mente. Y por supuesto están los clásicos, que se han adaptado de fuera (siempre una apuesta casi segura). En este apartado “El Hombre De La Mancha”, la primera producción de Ramírez, fue la que abrió el camino.

Esta misma semana leía aquí en EFE EME que se preparaba, para mayo, el estreno del musical de “Quadrophenia” de los Who. Desde luego The WhoRolling Stones aparte- son quienes mejor han exprimido sus logros pasados. Toda una lección de marketing. Y no lo digo en sentido peyorativo, sino con admiración. Porque hay que saber hacerlo, y además bien. No está al alcance de todo el mundo.

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Se graduaron con “Tommy”: el disco, la película y el musical, y sus respectivas bandas sonoras. Para doctorarse con “Quadrophenia”, primero el disco, luego la película –donde debutó Sting– y su BSO y ahora nos llegará el musical.  Sin olvidarme que hace tres años, en California, se estrenó una pieza teatral “Quad” basada en la historia narrada en la grabación original (los enfrentamientos entre rockers y mods en la Inglaterra de los sesenta).

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Quadrophenia”, el álbum,  se editó originalmente a finales de Octubre de 1973. Dicen que debido a una falta de suministro de vinilo (por esas fechas había un embargo petrolero de la OPEP) no pudo alcanzar el número 1 de las listas británicas. Se quedó en el 2. Era David Bowie quien ocupaba la cima. Curiosamente con “Pin Ups”, su disco de versiones… En Estados Unidos salió una semana después. No pudo destronar al “Goodbye Yellow Brick Road” de Elton John y también se plantó en el segundo puesto.

Pero el negocio no termina aquí. Tenemos efectos colaterales, derivados por ejemplo del mercado de coleccionistas. Así encontramos que en Noviembre del año pasado la Lambretta Li 150 serie 3 fue subastada por Bonhams Entertainment, alcanzando un precio de venta de 54.000 euros (36.000 libras esterlinas o casi diez millones de pesetas). Es la moto que aparecía en la película “Quadrophenia” y que ha venido cambiando de manos desde entonces.

Desde luego la nostalgia vende. Y el furor de los últimos tiempos ¿no estará quizás causado por la falta de nuevo talento?

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Por la Memoria, contra la Nostalgia (por Antonio Gómez)

30 de junio de 2008

Por simples razones cronológicas, o quizás por algún otro oscuro motivo que prefiero no imaginar, me he convertido en algo así como el abuelo Cebolleta del blog, papel que asumo incluso con orgullo, porque me apasiona la memoria en sus más diversos significados. Pero igual que amo el recuerdo, odio la nostalgia, dos conceptos totalmente distintos y contrapuestos, al menos para mí, sobre los que me gustaría escribir unas cuantas líneas.

 

Debe venirme de niño, una etapa de mi vida que desarrollé envuelto en las historias que contaban mi padre y mi madre sobre los tiempos de su infancia, sobre la vida en sus pueblos respetivos, y en el caso de mi padre, con singular insistencia, sobre sus años de guerra y de cárcel. Algunas de aquellas historias reales (aceptando el necesario punto de la invención que siempre aportan los años a los recuerdos) fueron para mí auténticos cuentos morales que me fueron ayudando, y aún lo hacen, a elegir los caminos por los que ha ido discurriendo mi vida posterior. Por ejemplo, aquella en que mi madre contaba cómo, estando de criada en Cuenca en una casa de bien, el cura al que le había confesado (bajo riguroso secreto, ya se sabe) una pequeña sisa corrió inmediatamente a chivárselo a la patrona, que la puso en la calle. O la otra en la que el viejo explicaba la vez en que, siendo Comisario de su batallón, ascendió con un tanque un muy inclinado cerro para demostrar a quienes no habían sido capaces de subir con el mismo vehículo otro mucho más suave que lo suyo era simple cobardía. Una vez tuve la petulancia de decirle a alguien mucho más sabio y viejo que yo tenía memoria de antes de haber nacido. Era una chorrada, pero creo que es verdad, porque aquellas historias que alimentaron mi infancia me hicieron entender un tiempo y unas gentes que no están reflejados en los libros de historia, dándome pautas de comportamiento con las que he ido desarrollando mi actitud ante la vida y el mundo.

 

Porque lo mío, sin desdeñar La Historia, con mayúsculas, desentrañada en legajos, archivos y documentos por los historiadores, que también me interesa, es la memoria pequeña de las personas, especialmente de la gente más corriente, de la que no figura en los relatos oficiales sobre los grandes acontecimientos. El conocimiento del pasado, a través de sus ojos sin pretensiones es para mí una permanente fuente de aprendizaje sobre la vida de los seres humanos, sobre sus reacciones ante determinados acontecimientos, personales o colectivos, y sobre su valoración íntima y personal de los hechos históricos que les tocó vivir. Quizás también por eso me guste hablar de otros tiempos, con la esperanza de encontrar en ellos luz para los actuales.

 

Pues bien, de igual manera que me apasiona la memoria, odio la nostalgia, que es el lado conformista del recuerdo, ese que te lleva a considerar que cualquier tiempo pasado fue mejor, a añorar su desaparición y a intentar seguir instalado en ese pasado que tan grato pensamos que nos fue, desdeñando el futuro, de cuyas incertidumbres huimos, para encerrarnos con nuestros miedos en el confortable refugio de lo ya conocido. La nostalgia es esa versión edulcorada, falsificada, acrítica y evocadora del pasado que con tanta frecuencia aparece en ciertos programas televisivos y en el resto de los medios de comunicación. Mercadotecnia alienante de las multinacionales.

 

Si la memoria es dinámica, como yo creo, la nostalgia es estática; si el recuerdo es fuente creadora, la añoranza es páramo estéril. La memoria, es decir, la articulación y relación ordenada de los recuerdos, es una indagación sobre lo vivido, individual o colectivamente, y una reflexión sobre el por qué de las experiencias personales y la historia, de la que debería surgir una enseñanza para el presente, abierta al futuro. Por el contrario, la nostalgia, que podríamos definir como la añoranza por un pasado supuestamente feliz, no es sino la falsificación y manipulación del recuerdo, su idealización, que nos lleva a desear volver a él, como defensa ante los ataques de la realidad. No seré yo quien reniegue los paraísos artificiales, psicológicos o químicos, que nos permiten huir de las agresiones de un entorno triste y gris, pero buscar en el pasado refugio para el presente tiene el peligro de acabar enmierdado en alguna teoría política reaccionaria, y entonces, para de contar.

 

En esa línea espero que estén las cosas que voy escribiendo sobre otros tiempos. Por eso, si me refiero a la histórica vietnamita es para preguntarme cómo se puede articular hoy un movimiento de resistencia similar a los que se aglutinaron alrededor de tantos de arcaicos aparatos; si recuerdo a Rosario Dinamitera es para plantearla como un modelo vital de no conformismo y resistencia y si cuelgo una vieja película de Segundo de Chomón (aunque no la haya visto nadie) es porque creo que en ella está ya el germen de todo el arte ciber contemporáneo.

 

De ahí ese por la memoria, contra la nostalgia que encabeza estas líneas.

 

Puestos a encontrar un ejemplo artístico, reproducible aquí, de lo que considero que es un buen tratamiento actual de la memoria, con el que me identifico, creo que este que he encontrado vale. Se trata de Quico Pi de la Serra, cantautor catalán, excelente guitarrista, músico como la copa del pino al que hace referencia su nombre, que en su último disco (del que me gustaría hablar alguna vez, porque es una casi obra maestra cuya publicación ha pasado de perfil para los posibles compradores) hace esta versión, aquí en directo, de “La Internacional”. Él, que fue esforzado y valiente militante comunista cuando serlo era todavía un peligro y un orgullo, ha revisitado el viejo himno revolucionario sin ninguna nostalgia y, desde luego, con mucha ironía.

 

 

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