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Roma 2 Real Madrid 2

Antonio Villalba RM

Me escribieron Esteban Hernández y Humberto Ríos, dos buenos amigos, tras la victoria frente al Salzburgo (0-1). Ambos coincidían en que el Real Madrid seguía sin carburar porque el medio campo no funcionaba y el entramado defensivo tampoco (“nos llegaban por todos lados”). No pude ver el partido (estaba en Francia). Decir que, hasta el momento, no estaba siendo una buena pretemporada era pecar de elegante. Por eso el encuentro frente a la Roma podría despejar incógnitas o incrementar las dudas (la victoria en la ciudad natal de Mozart no sirvió para despejarlas).

Zidane volvió a alinear a tres centrales como ante el Salzburgo. Los elegidos fueron Militao, Varane y Nacho. Tengo la impresión que Carvajal no acaba de encajar en este esquema. Y Marcelo continua siendo un peligro. Para su equipo y para el rival (el 0-1 fue un gran disparo suyo ¡con la derecha! recogiendo un excelente centro en profundidad de Modric y el 1-2 de Casemiro –de cabeza– fue a pase suyo). Cuando Hazard sea Hazard esa banda izquierda con el belga y Marcelo puede depararnos muchas alegrías. De momento es un coladero. Da igual que se juegue con tres centrales o con una linea de cuatro. La falta de compromiso defensivo de Hazard es comparable a la del carioca. La mejor prueba fue el gol del empate a uno. Se originó en nuestra banda izquierda. Ahí no estaban ninguno de los dos. Un taconazo en la medular romana desborda a Casemiro y el balón le llega a Zaniolo. El italiano en velocidad se va de Nacho, nuestro central de guardia por la izquierda, a la altura de la divisoria del campo. Su carrera por la banda culmina con una certera asistencia al otro palo donde Perotti chuta a la red. Otro fallo defensivo posicional provocó el empate a dos de los locales. Ünder filtraba un pase por el centro de la defensa que remataba el desmarcado Dzeko.

Con 2-2 se llegó al descanso.

Vinicius y Jovic (pudo haber marcado en el 65 pero falló y también en el 76) salieron tras el descanso por Fede Valverde y Nacho. Se volvía a la defensa de cuatro. Y el brasileño se colocaba a la derecha. Su primera internada fue una gran cesión a Benzema, quien falló en una posición inmejorable para marcar. Benzema estuvo más activo en los minutos que jugó en esta segunda mitad que en toda la primera parte. A la hora de juego comenzó el carrusel de cambios y el francés se retiró del campo (entró Bale).

En el 74 le vimos la goma de la careta a Vinicius. En una contra que condujo prefirió un pase largo a Odriozola, quien subía por la derecha (llegó asfixiado para controlar la pelota), antes que dársela a Bale a su izquierda. Que era lo fácil a la vez que lo más sensato y práctico. Eligió mal. ¿Por egoísmo? Si Bale se queda en el equipo será una mala noticia para el brasileño. Estoy convencido que esta rivalidad pasó por su cabeza… Y si no fue así, demostró falta de calidad para jugar en el primer equipo del Madrid.

El partido terminó empatado a dos. El trofeo lo ganó la Roma a los penaltis. Con 5-4, a favor de los locales, el lanzamiento de Marcelo se estrelló en el larguero.

La noticia positiva para el Madrid es que en la segunda mitad el mejor jugador local fue su portero, Pau López. Señal que atacamos y terminábamos las jugadas. Las malas son la debilidad defensiva y la nula presencia de Hazard. Y me quedó con una sensación ¿preocupante?: Bale a medio gas es mucho más jugador que Vinicius.

El próximo fin de semana arranca la Liga. Este pasado fin de semana nuestro campeón humilló al subcampeón italiano (Nápoles 0 Barcelona 4), el subcampeón de LaLiga, el Atlético de Madrid, derrotó 2-1 a la Juventus, su campeón. Los terceros en discordia (aunque la Roma quedó sexta) empataron a dos. Dice muy poco en favor de mi equipo… que en estos siete partidos de pretemporada ha encajado más goles de los que ha marcado.

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Zukerman en Madrid: publicidad engañosa

OCNEAyer fuimos a ver al violinista Pinchas Zukerman con la Orquesta Nacional (OCNE). El maestro de 70 años estuvo inmenso. Pero su actuación fue breve. De ahí lo de la publicidad engañosa. En la primera parte, cuatro obras de Joaquín Rodrigo, Mozart, Tchaikovsky y Beethoven, tan solo intervino en las tres últimas. A eso se limitó su presencia. Lo que no figuraba ni en el anuncio ni en el programa. Algunos medios titularon deliberadamente como “Ramón Tebar y Pinchas Zukerkman, mano a mano con la Orquesta Nacional de España“. En la segunda parte, la Sinfonía n.º 2 de Rachmaninov, no hizo acto de presencia, ni siquiera en el bellísimo Adagio del tercer movimiento, donde el primer violín tiene preponderancia y lleva el peso de la melodía.

No hubo bises (una forma lógica de compensar la brevedad de su aparición en el escenario del Auditorio Nacional).

Es decir, sus actuaciones en Madrid de hoy y mañana no excederán de los 40 minutos (tomando como base lo visto ayer).

P.D.: la foto del cartel tampoco se corresponde con la de su edad actual. Este detalle da que pensar…

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Mozart comiendo anchoas en Central Park (by Julio Valdeón Blanco)

17 de julio de 2009

central-park

Verde ciruelo festoneando el escenario, “pies de galleta” (Francisco Umbral) sobre las toallas, baterías luminiscentes de los vendedores ambulantes, ensaladas césar, anchoas, vino, y música. De 8 a diez, Central Park fue oda al verano, corriente salvaje en la que decenas de miles de neoyorquinos brindaron con las Pléyades, chuecos mientras ardía la “Sinfonía n˚41 en do mayor, KV 551”, de Wolfgang Amadeus Mozart. Puliendo tu visión de América, apuntalando la majestad de Manhattan, saboreabas la fruta comestible del atardecer en la Gran Babilonia, donde quienes hacemos garitas recibíamos la bendición laica de un ángel “con desbordada y exagerada fijación anal, combinada con una retórica de lo excrementicio, que lo lleva a componer desvergonzados cánones (Defecar en la boca es el título de uno de ellos) y a utilizar un lenguaje procaz y barriobajero”, según definiera Rafael Argullol al de Salzburgo, en un texto tan erudito como, a ratos, casposo.

Llegamos tarde. Veníamos de atravesar hospitales y currar en ese Upper East Side que el Henry Roth niño, poco antes de la Prohibición, contemplaba asombrado, cuando le tocaba bajar, con cestas de regalos para los ricos de Madison Avenue, desde el almacén de la 126 y Lenox, a un paso del Mount Morris Park (hoy Marcus Garvey). Entrando por la 84, esquina con el Metropolitan, tardas tres minutos en alcanzar el Great Lawn, brutal rejería de árboles y césped donde cada tarde los niños organizan partidos de béisbol, protegidos de las vetas de dureza de Nueva York gracias al voluntarismo de unos padres obsesionados con las agendas de sus pequeños, a los que organizan quedadas como si fueran Lores. Al fin, atravesando una fascinante marea, encontrabas tu esquina de cielo, plantabas la manta y, con suerte, escuchabas a la Filarmónica, pelín ahogada por el pacato volumen de los ingenieros al cargo.

Tras la pausa, Beethoven, la “Séptima Sinfonía”. Y más vino en vaso corto (no vaya a mosquearse la pasma), más sobredosis de fiesta apacible, mecidos por el rotor de los violines, asombrados, al terminar, del civismo de una peña capaz de tomar los parques sin arrasarlos, mientras certificas tu romance con una ciudad tan puta y tan hermosa que debes aplicártela con tiento sobre la herida porque embota los sentidos, preguntándote qué coño harás, donde podrás esconderte, cuando caduque la visa, fuck, y toque regresar a España. Una de dos, os nos vamos a la Patagonia o nos atrincheramos en un Deli. Lo que sea antes de cubrir ruedas de prensa en el Foro.

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