Archivo de la etiqueta: Miguel Hernández

Patxi Andión (1947-2019)

Acabo de enterarme del fallecimiento de Patxi Andión, en accidente de coche camino Soria. Le conocí personalmente cuando coincidimos en Epic, a mi vuelta de Nueva York. Había editado “El balcón abierto“, que sería su ultimo álbum para la compañía. El sencillo elegido fue “Si yo fuera mujer“, una canción adelantada a su época y que hoy (desafortunadamente) sigue vigente. Era una versión de un tema italiano, “Se fossi una donna“, original de Andrea Mingardi (Mingardi también hizo una versión inglesa “If I Were A Woman“). Patxi Andión hizo la adaptación al español e hizo suya la canción. Recuerdo que no tuvo la acogida en las radio formulas que merecía. Era un temazo, tanto la original como la de Patxi Andión. Para la elección de la canción hay que recordar que el director de A&R nacional de Epic era Rafa Alvero y Manolo Díaz el director general de la compañía.

Profesionalmente conocía a Patxi Andión desde los inicios de su carrera, a finales de los 60 (Sonoplay/Movieplay). Aunque mi canción favorita es de 1973, “Una, dos y tres“, donde El Rastro se convertía en una metáfora social. La encontrarán al final de este post.

No voy a extenderme más respecto a su figura. Voy a copiar y pegar del borrador de un libro (inacabado y que permanecerá así). Lo escrito hasta entonces (y sin actualizar) sobre Patxi Andión:

[…] La influencia del rock ‘n’ roll tiene especial relevancia cuando hablamos de nuestros primeros cantautores. Dato tan sorprendente como poco divulgado. Y, una vez más, se demuestra que el rock ‘n’ roll fue un género que atravesó todas las capas sociales y cuyo denominador común era la juventud, la rebelión adolescente o juvenil (si así lo prefieren). Los siguientes nombres, fundamentales en su campo, provienen del rocanrol español y son pioneros de la canción de autor (algunos también lo fueron del rock & roll, por usar la denominación que agrupa al rock ‘n’ roll facturado fuera de Estados Unidos). Son: Luis Eduardo Aute, Manolo Díaz, Francesc Pi de la Serra, Raimon, Patxi Andión, Benito Lertxundi y Joan Manuel Serrat. ¡Casi nada! […]

[…] Patxi Andión y Benito Lertxundi, también dieron sus primeros pasos rocanroleros, antes de tomar otros derroteros. Nos detendremos más adelante en ambos. […]

[…] Antes de la creación en Madrid de Canción del Pueblo en 1967 (y su continuidad en La Tragala de 1969) algunos medios empezaron a denominar Nueva canción castellana a un heterogéneo grupo de artistas y autores como Massiel, Luis Eduardo Aute, Manolo Díaz y Patxi Andión (en 1973 grabó un disco en euskera con poemas de Joxe Maria Iparragirre). Aquello no cuajó, a pesar de los éxitos comerciales por separado de sus hipotéticos miembros, porque no había un cuerpo ideológico que lo sustentase. Es decir, unos planteamientos y objetivos comunes. Massiel, que no era cantautora, era un nexo entre Aute y Díaz, porque cantaba sus canciones. Y no había nada más. Porque los aires de renovación eran comunes entre todos los creadores jóvenes, como lo eran entre su publico. Como el rock & roll, los deseos de cambio abarcaban a todos los jóvenes. […]

[…] Patxi Andión, madrileño de orígenes vascos, sería la vertiente urbana de los anteriormente nombrados. Costumbrista también, pero de las calles de Madrid, de El Rastro, protagonista de su mayor éxito. Militante de la UPA, el brazo cultural del FRAP, tuvo que exiliarse en París. Sus inicios en la música también tuvieron que ver con el rock & roll: cantó en un par de grupos que versionaban los clásicos del género. Sociólogo y periodista actualmente ejerce de profesor en la Politécnica de la Universidad de Castilla La Mancha, tras haber dado sus pasos en el cine y el teatro. Su primer LP (Movieplay, 1969) contó con los arreglos de Carlos Montero y la producción de Carlos Guitart (quien también escribió el texto de contraportada). El porteño Montero (su nombre real era Juan Carlos Zamboni) llegó a España de la mano de Alberto Cortez, de quien era guitarrista (el argentino fue el primero en cantar a Miguel Hernández; Serrat en su disco dedicado al poeta incluyó «Nanas de la cebolla» musicado por Cortez). Guitart, militante del PCE, provenía del mundo del rock: integrante de Los Sonor (por donde también pasaron Luis Eduardo Aute y Manolo Díaz) y de Los Flecos (supergrupo nacido para hacer frente a Los Brincos), estuvo trabajando para Los Bravos antes de incorporarse a la dirección artística de Movieplay (fue uno de los fundadores de Sonoplay, embrión de la futura Movieplay, y posteriormente también de Dial Discos), desde donde impulsó la canción de texto y el folk (con cantautores y grupos). […]

 

Deja un comentario

Archivado bajo Cultura, Música

El otro Alberto Cortez, el argentino

El Alberto Cortez autentico era peruano. Se llamaba Darío Alberto Cortez Olaya. El otro Alberto Cortez, el argentino, nació como José Alberto García Gallo. Y es quien murió la semana pasada y suplantó el nombre artístico del peruano. Esta delirante historia la conocía de pequeño: la escuché contada por Los 3 Sudamericanos en una velada en casa de los Di Stéfano. Había ido con mis padres y con los Santamaría y su prole (amigos míos de infancia como los hijos de Don Alfredo y Doña Sara). La contaban divertidos. Ellos estaban en esos momentos (1965) en la cresta de la ola. Una composición de Alberto Cortez, el argentino, les había propulsado a las listas de éxitos: “Me lo dijo Pérez“. Karina y Mochi la habían grabado anteriormente.

Solo he leido a Enric González relatar esta estrambótica historia. Como escribe mejor que yo, y aporta informacion legal adicional, copio y pego los párrafos de su artículo al respecto en El País:

[…] En Bélgica gozaba de cierto renombre el cantante peruano Alberto Cortez (Darío Alberto Cortez Olaya en la partida de nacimiento), y García Gallo adoptó el mismo nombre y la misma identidad. Haciéndose pasar por el peruano y adoptando su mismo repertorio de boleros y cha-cha-chas empezó a actuar en Alemania y Bélgica, donde se casó en 1964 con Renée Govaert, “la que está en todas mis canciones, la musa que me llevó a todo esto”, según explicó el músico años después. Ese mismo año, Alberto Cortez (el peruano) tuvo una oferta para grabar un disco en Madrid, pero quien se presentó en el estudio fue el otro Alberto Cortez, el argentino. Así lanzó su primer éxito, Sucu-sucu.

El Alberto Cortez peruano demandó en Amberes al Alberto Cortez argentino y logró que los tribunales belgas le cedieran la exclusiva del nombre artístico por 20 años. En 1966, el Alberto Cortez argentino, ya famoso, fue detenido en Barcelona por usar ilegalmente el nombre, pero la discográfica Hispavox pagó su fianza y el asunto quedó empantanado en los tribunales españoles. El Alberto Cortez peruano, que en adelante se hizo llamar El original, acabó desistiendo tras un áspero enfrentamiento con el argentino a través de la prensa. Los detalles de la historia se conocen por la autobiografía del peruano, Yo sí soy Alberto Cortez. El otro Alberto Cortez, el que logró mucha más fama y acaba de fallecer ahora, prefería no hablar del tema. […]

¿De Argentina a Bélgica? ¿Cómo y por qué? Alberto Cortez, que aún no había suplantado el nombre artístico del cantante original peruano, se había embarcado en una gira, bajo el liderazgo de Hugo Díaz, donde figuraban su esposa Victoria, varios bailarines, Waldo de los Ríos y Carlos Montero.

Hugo Díaz-Changos

En esta foto de Hugo Díaz y Los Changos (extraída de Cantemos con todos) vemos de pie, de izquierda a derecha a Carlos Montero y Hugo Díaz. Sentados, de izquierda a derecha: Alberto Cortez, Victoria Díaz y el bailarín Ferreira.

La presencia de Waldo de los Ríos primero en Bélgica y después en Madrid (en Hispavox) ata varios cabos sueltos de esta historia y le sitúa como complice necesario del enredo. Comprenderán que considere a todo este episodio como una argentinada de tomo y lomo.

La fama y reputación del argentino se cimentó en nuestro país como cantautor. Pero sus primeros hits no fueron de su autoría: “Mr. Sucu sucu“, era la versión de un éxito boliviano, y “Las palmeras“. Su primera composición de relieve fue “Me lo dijo Pérez” compuesta para competir en el Festival de Palma de Mallorca. Karina y Mochi defendieron la canción en el Festival.

Las dos mayores aportaciones de Alberto Cortez, el argentino, a la Música Popular Española (MPE) fueron principalmente dos:

  1. Fue el primero en poner música a los versos de Miguel Hernández. También hizo lo mismo con Antonio Machado. El gran Serrat reconoció esta labor en sus dos álbumes dedicados a ambos poetas, donde grabó varias adaptaciones de Cortez.
  2. Lo que nadie ha mencionado en las notas de despedida ha sido este segundo aspecto: se trajo a Madrid desde Bélgica a un gigante: el bonaerense Carlos Montero.

Carlos Montero dejó huella en nuestro país como músico, arreglista y renovó con sus discos propios nuestro gusto por el tango. Fueron 7 discos dedicados al tango. Alternaba composiciones propias con las de Homero Expósito, Eladia Blázquez o Héctor Negro.

Montero, tristemente desaparecido en 2016, trabajó para Luis Eduardo Aute, Patxi Andión, Nuestro Pequeño Mundo, Mari Trini, Carlos Cano, Mestisay, Los Sabandeños

Tan solo por estas dos aportaciones de Alberto Cortez debemos estarle eternamente agradecidos.

3 comentarios

Archivado bajo Cultura, General, Música

Miguel Poveda canta “Para La Libertad”

Poveda

Miguel Poveda celebró sus 25 años en la música con un concierto el pasado junio en Las Ventas. Eligió comenzar su recital con “Para La Libertad” los versos de Miguel Hernández a los que Serrat puso música en su álbum dedicado al poeta. Ahora podemos verlo. Merece la pena.

1 comentario

Archivado bajo Cultura, Música

Un siglo de canciones 48: “Nanas De La Cebolla” (por Rodri)

14 de diciembre de 2009

En 2009, el año de estos versos y el mío, se me ha escapado de fecha, como del rayo, un poema de Miguel Hernández a quien tanto quiero.

En 1972 aparece el álbum “Miguel Hernández” de Joan Manuel Serrat. Tres años antes había lanzado “Dedicado a Antonio Machado. Poeta”. En este hay diez poemas del poeta de Orihuela musicados por Joan Manuel; bueno, nueve. Uno de ellos lleva la música de Alberto Cortez. Esa canción es “Nanas De La Cebolla”.

Miguel Hernández se había casado civilmente en Orihuela con Josefina Manresa el 9 de marzo de 1937. Ese verano escribe “Canción del esposo soldado”. El 19 de diciembre nace su primer hijo al que llamarán Manuel Ramón. No llega a cumplir el año, muere en octubre del 38. Su segundo hijo Manuel Miguel nace el 4 de enero de 1939.

La derrota de la República va sumiendo a los que la habían defendido en el sentido de la tragedia que supone una desbandada generalizada, represalias, persecuciones. Miguel pretende acogerse en la Embajada de Chile, invocando el nombre de su amigo y antiguo cónsul Pablo Neruda pero no lo consigue. Sale de España por la frontera portuguesa donde impera el régimen fascista de Salazar. La policía lusa le entrega a la Guardia Civil de Rosal de la Frontera. Está en prisión en Huelva, en Sevilla, en Madrid.

Placa de la de Torrijos en Madrid, donde está la Fundación de Doña Fausta Alorz. Es la manzana que da a Conde de Peñalver, Juan Bravo, General Díaz Porlier y Padilla. Allí recibe noticias de Josefina, su mujer. No tiene leche para dar el pecho a su hijo. Y la base de su alimentación es la cebolla.

El 12 de septiembre del 39, cinco días antes de que le pongan en libertad, Miguel escribe esta carta a su mujer:

Mi querida Josefina:

Esta semana, como las anteriores, llega martes y no ha llegado tu carta. También empiezo a escribir ésta para que me dé tiempo a echarla después, cuando el correo me traiga la tuya, que no creo que falte hoy. Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí, y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles, te mando esas coplillas que le he hecho, ya que aquí no hay para mí otro quehacer que escribiros a vosotros y desesperarme.

Manuel Miguel tiene ocho meses. “Al octavo mes ríes con cinco azahares. Con cinco diminutas ferocidades…

En vez de escapar, de huir, cuando sale de Torrijos, vuelve a Orihuela y doce días más tarde es detenido  de nuevo. Y esta vez con acusaciones concretas por su obra. Está en prisión en el Seminario de Orihuela y, dos meses más tarde, en la de Conde de Toreno en Madrid. Allí es juzgado y condenado a muerte en enero de 1940. Se conmuta la pena por treinta años de prisión. En la Prisión de Toreno coincide con Buero Vallejo, también condenado a muerte. El dramaturgo hace un dibujo a carboncillo que es el más popular de los “retratos” de Miguel Hernández.

Pasa a la de Yeserías. Y es trasladado a Palencia y al Penal de Ocaña hasta que en junio del 41 va al Reformatorio de Adultos de Alicante, más cerca de su familia. Neumonía, bronquitis, tifus, tisis…Tres años de cárceles hacen que muera en la madrugada del 28 de marzo de 1942.

Para grabar el álbum de “Miguel Hernández”, Serrat cambió a su arreglista y director musical de los anteriores elepés Ricardo Miralles por uno de sus músicos de los comienzos. Francesc Burrull estuvo con él en “Canço De Matinada” y cinco años después se encargó de hacer unas “Nanas De La Cebolla” que fueran aumentando de estrofa en estrofa musical el acompañamiento. De la simplicidad de un piano y un bajo, “La cebolla es escarcha cerrada y pobre” a un final instrumental pleno.

Nanas De Las Cebollas” era una de las canciones preferidas, leíamos los versos a dos voces, de un compañero, Ángel Rodríguez Leal, el administrativo que, junto a los abogados laboralistas, fue asesinado el 24 de enero de 1977 en la calle Atocha de Madrid.

Vayan estas “Nanas” por él, compañero del alma, compañero.

 

Entradas anteriores en:

Un siglo de canciones (todos los posts)

11 comentarios

Archivado bajo Cultura, Música, Recomendaciones

Rosario Dinamitera: la muerte es una fiera cruel que nos devora (por Antonio Gómez)

18 de abril de 2008

Ayer murió Rosario Sánchez. No sé por qué tengo esta vieja costumbre a leer las necrológicas de los periódicos, que es vieja, porque cada vez más a menudo tropiezo en ellas con noticias que me duelen. Antes, cuando era joven, encontraba en ellas las vidas de gentes que podía admirar, y leer de su muerte no tenía apenas otro impacto emocional del que da la racionalidad de saber que tan novelista no volverá a escribir o que cual cineasta no hará más películas. Ahora, en cambio, cada vez me encuentro en ellas gestes a las que he conocida y, como a los otros, he admirado. La diferencia es que en de viejo, además de admirar a esos muertos los he querido y respetado. Hace bastantes años que van cayendo personas conocidas, no digo ya amigos, a mi alrededor, pero creo que esta sensación nueva me viene desde un fatídico 16 de agosto de hace dos años.

 

Conocí levemente a Rosario Sánchez de mayor, cuando ella era ya una anciana jubilada de su puesto de venta de tabaco en la Puerta del Sol de Madrid, con el que se había ganado la vida desde hacía mucho. Lo primero que me saltó a la vista es que le faltaba una mano. Había nacido en Villarejo de Salvanés, un pueblo cercano a Madrid hace 89 años y su vida había sido la de tanta gente que no ha pasado a la historia y ha dejado memoria de su heroísmo cotidiano sólo en el recuerdo de quienes la conocieron. La diferencia estaba en esa inexistente mano de Rosario, que le hacía imposible coger un vaso o acariciar a un niño. Había luchado como miliciana en la Guerra Civil, había pasado por la cárcel, había vivido la clandestinidad mientras sobrevivía vendiendo cigarrillos sueltos, y a mí me la presentaron en el transcurso de una manifestación del primero de mayo. Era una anciana orgullosa, valiente, rebelde, comprensiva y le faltaba una mano.

 

Al comienzo de la guerra, cuando las tropas sublevadas intentaban tomar Madrid desde el norte, la brigada del Quinto Regimiento que comandaba Valentín González, El Campesino, subió a Somosierra para defender la capital. En aquella confusión de la batalla, un cartucho de dinamita estalló entre las manos de una joven miliciana, que debió se operada a vida o muerte. Se le salvó la vida, pero perdió la mano. Dada de alta, volvió a la división de El Campesino como enlace. Se llamaba Rosario Sánchez, y Miguel Hernández la inmortalizó en uno de sus romances de “Vientos del Pueblo” dándole el sobrenombre con el que pasará a la historia: Rosario Dinamitera.

 

“ROSARIO, DINAMITERA”

 

Rosario, dinamitera,

sobre tu mano bonita

celaba la dinamita

sus atributos de fiera.

Nadie al mirarla creyera

que había en su corazón

una desesperación,

de cristales, de metralla

ansiosa de una batalla,

sedienta de una explosión.

 

Era tu mano derecha,

capaz de fundir leones,

la flor de las municiones

y el anhelo de la mecha.

Rosario, buena cosecha,

alta como un campanario

sembrabas al adversario

de dinamita furiosa

y era tu mano una rosa

enfurecida, Rosario.

 

Buitrago ha sido testigo

de la condición de rayo

de las hazañas que callo

y de la mano que digo.

¡Bien conoció el enemigo

la mano de esta doncella,

que hoy no es mano porque de ella,

que ni un solo dedo agita,

se prendó la dinamita

y la convirtió en estrella!

 

Rosario, dinamitera,

puedes ser varón y eres

la nata de las mujeres,

la espuma de la trinchera.

Digna como una bandera

de triunfos y resplandores,

dinamiteros pastores,

vedla agitando su aliento

y dad las bombas al viento

del alma de los traidores.

La tricolor despide a un mito de la lucha miliciana

4 comentarios

Archivado bajo Cultura, General, Política, Recomendaciones