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Aún no están todos los dispensadores de gel en el Metro

Según informa El Plural aún no se han instalado todos los dispensadores de gel hidroalcohólico previstos en las 50 estaciones del Metro de Madrid. Han pasado dos semanas desde la inauguración de los primeros, en la parada de Avenida de América, y solo se han colocado en 37 estaciones.

Y luego tenemos la anécdota de la rotura de uno de los de Avenida de América (ahora cuenta con tres, uno más que el día de la inauguración). Juan Carlos Mohr lo denunciaba en su twitter. Se montó el consabido revuelo viral y en poco menos de dos horas Metro de Madrid le contestaba: hablaban de un acto vandálico y prometían acción inmediata.

Hasta aquí todo bien, independientemente de las causas del desperfecto. En cambio, surgen varias dudas: 

  • ¿Quedó reparado ayer por la tarde como prometieron?
  • ¿Cuándo se terminará la instalación de los dispensadores de las 13 estaciones de Metro que faltan?
  • ¿Qué pasa con las demás paradas? ¿Y con las marginadas, como MetroSur, la Línea 12? ¿No tienen derecho a tener medidas sanitarias eficaces?

A la espera de respuestas…

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Por fin habrá dispensadores de gel hidroalcohólico en el Metro de Madrid

Aguado Garrido gel

Por fin habrá dispensadores de gel hidroalcohólico en el Metro de Madrid. Ayer el vicepresidente de la CAM, Aguado, y el consejero de Transportes y presidente de Metro, Garrido, quien además fue presidente de la CAM, «inauguraron» la instalación del primero. Fue en la estación de Avenida de América.

Como todo lo del gobierno del PP y Cs en la Comunidad de Madrid está medida llega tarde y mal. Pero al menos llega. Recordemos el dicho atribuido a Diógenes «más vale tarde que nunca». A lo que se podría contestar con el «no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy». Lo cual me lleva a lo de llegar mal, además de tarde.

El pasado 17 de agosto preguntaba ¿Por qué no hay dispensadores de gel hidroalcohólico en el transporte público de Madrid? El agravio comparativo con tiendas (comercio en general), bares y restaurantes era obvio. A unos se les obligaba a tener gel mientras el transporte publico estaba exento. ¿Por qué? Poco más de un mes después de ese post se ha empezado a rectificar. Pero mal. Porque van a tardar dos semanas en instalar 200 dispensadores en tan solo el 16,55% de las estaciones de la red del Metro. Se trata de las 50 más transitadas. ¡Dos semanas para 50 de las 302 estaciones! ¿De verdad? Esto supone de tres a cuatro terminales por día. No se puede ser más ineficaz e inútil. ¿Y en los vagones no se instalan?

Eso sí, da para hacerse una foto e intentar vender motos para tapar sus deficiencias. También da para meter la pata. Aguado declaró en su comparecencia que «la posibilidad de contagiarse en el transporte público con el uso de mascarilla es inferior al 1 por ciento». Estas declaraciones fueron rebatidas inmediatamente por destacadas voces de la comunidad científica: Isabel Sola, Pedro Gallón y Margarita del Val. Y convendría recordar que la CAM fue la última autonomía de España en declarar obligatorio el uso de mascarilla.

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Arrimadas lastrada por Aguado

El nuevo rumbo del Ciudadanos de Inés Arrimadas está lastrado por Ignacio Aguado, vicepresidente de la CAM.

Aguado ha elegido a Belén Esteban como referente. Cada cual es libre de elegir a quien quiera. Pero Aguado ha quedado retratado en su demagogia. Ella, reconocida experta mundial en virus e infecciones contagiosas, puede opinar lo que quiera. Aunque su relato no se ajuste a la realidad científica y oculte desde donde viaja (Tenerife). La realidad es que por el aeropuerto de Barajas solo ha habido ocho casos importados frente a los miles de contagiados. El asunto se agrava por quienes amplifican su opinión: los medios, cuya irresponsabilidad en esta pandemia, debería ser judicializada, y además va Aguado y entra al trapo. ¿Por qué? Sencillo: para tapar la mala gestión de dos áreas que dependen de su partido. La de las residencias y la de transportes. Porque el Metro depende de la Comunidad de Madrid y lo que estamos viendo es insostenible.

Ángel Gabilondo, el mudito cómplice del gobierno madrileño de IDA, sigue sin decir nada. Las redes sociales son algo ajeno a su concepción decimonónica de la política. Menos mal que nos queda Mónica García de Más Madrid.

Poco más se puede añadir, salvo que la explicación sea la inesperada masiva afluencia de turistas a los barrios citados, que son los que más contagios están sufriendo. Otro tuit abunda en otra posible razón: los trabajadores van a sus curros en avión.

Lo dicho: Aguado lastra a Arrimadas.

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¿Por qué no hay dispensadores de gel hidroalcohólico en el transporte público de Madrid?

Zaragoza El Periódico

Una pregunta sencilla: ¿Por qué no hay dispensadores de gel hidroalcohólico en el transporte público de Madrid? Me refiero concretamente a las paradas de autobus y las estaciones de metro. Y también en el interior de los autobuses y vagones. En el caso de paradas y estaciones es probable que «desaparezcan». En cambio, en autobuses y vagones resultan imprescindibles. Si el contagio se produce por contacto estamos exponiendo a los usuarios que se agarran a las barras o a las asas.

No estoy inventando nada ni sugiriendo imposibles. Estas medidas ya funcionan en otros sitios. Incluso de España. En la foto vemos el ejemplo de Zaragoza. Fueron los primeros en instalarlos en autobuses y tranvías. Con un coste para el ayuntamiento de 400.000€. La foto es de mediados de mayo (con el alcalde y la concejala responsable del área de transportes). Y hoy en día existen modelos de dispensadores sin necesidad de pulsar. Se activan por aproximación.

Dado el escaso conocimiento del ordenamiento administrativo de nuestro país recuerdo que en Madrid el Metro depende de la Comunidad de Madrid y los autobuses de la Empresa Municipal de Transportes. En ambos casos quien gobierna es la coalición del PP con Ciudadanos, apoyados por los votos de Vox. Así que ya saben, la culpa será del gobierno social-comunista bolivariano.

A mediados de mayo escribí sobre la necesidad de instalar maquinas expendedoras de mascarillas, guantes, geles, etc. Entonces al igual que ahora ponía ejemplos de otro sitios. Finalmente se empezaron a colocar en distintas estaciones de Madrid. No digo que aquel post produjese el resultado. Los agentes comerciales de las empresas de vending y el ejemplo de otros lugares fueron los que lograron implementar el plan. Espero que ahora suceda lo mismo con los dispensadores de gel hidroalcohólico en autobuses y vagones.

Si a las empresas privadas (comercios y tiendas, supermercados, hostelería, etc.) se les exigió tomar medidas de precaución y prevención, entre las que figuraba el gel hidroalcohólico, me pregunto si no sería de obligado cumplimiento por parte de la CAM y del Ayuntamiento de Madrid seguir las mismas normas. Aunque solo fuese por dar ejemplo y preocuparse un poquito por la gente de Madrid.

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Atenas, el paso del tiempo: el metro

Inicio una serie de posts sobre como se aprecia el paso del tiempo en Atenas. Son fotos que iré publicando sin ningún orden cronológico, tan solo temático. En algunas de las imágenes se observarán los contrastes de ese transcurrir de épocas. Tan solo quiero añadir que lo que más me sorprendió de Atenas fueron sus grafitis. Me atrevería a decir que es la capital europea más significada en este aspecto. Se pueden citar barrios de Berlín, París o Londres pero en Atenas están presentes en todos los lugares que visitamos. Incluso a nivel digamos «institucional» (como irán apreciando).

Comienzo con fotos del metro. Las dos que encabezan esta entrada son de La Mundana (y no son vagones del metro de NY, son de Atenas). En la de la estación no se aprecian bien los grafitis de la parte superior, encima del anden.

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El tarifazo del Metro de Madrid es un lujo

¿Quién dijo aquello de «la imaginación al poder»? Fue en París, el mayo del 68. Ayer se vivió un momento reivindicativo muy creativo en el Metro de Madrid: la conga de los ricos. Un puntazo. Y lo de «queremos canapés» es insuperable…

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Marketing viral: un ejemplo 10

17 de octubre de 2010

Un 10 en marketing viral y da igual que sea de los iPhone de Apple o del Artista, Atomic Tom.

Lo del robo de los instrumentos no está confirmando.

Sólo dos datos: el rodaje en el metro de Nueva York también se hizo con iPhones y la canción originalmente se editó hace 6 meses. Y no pasó nada… hasta ahora.

Eso sí, en el mix final podían haberse molestado  en arreglar algunos desafinados…

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La balada del Metro (por Antonio Gómez)

26 de noviembre de 2008

dibujo-pedro

La cartera leía en el metro un libro de urbanidad y buenas costumbres. El libro era nuevo, pero, como los antiguos, explicaba la forma correcta de redactar una carta, la manera adecuada de saludar a un superior jerárquico o el orden conveniente de situar a los comensales en una cena de gala. La chica era joven, pero, como las viejas, soña­ba con que alguna vez sentaría en el comedor del chalet que compartiría con su marido, que para entonces ya sería director general de Correos, a un presidente de gobierno, un escritor de moda y un bailarín mariquita que arrebataría con sus chistes subidos de tono a las señoras de los otros invitados.

        

Tras haberle dado una ojeada a la mujer, el hombre que viajaba a su lado miró el libro por encima del hombro de la cartera y sintió un irreprimible deseo de asaltarla allí mismo. Pero se contuvo, porque era bien educado y más bien timorato y no quería destruir con un gesto inoportu­no el sabio principio que cuando era niño le había inculcado su padre, melancólico y misógino desde que su santa esposa le abandonara por un vendedor de biblias evan­gelistas, dejándole padre y madre de un niño de tres años: «hijo mío, a las mujeres ni tocarlas, que dan calambre«.

        

Al verla, pero sobre todo al olerla, porque la cartera olía a rosas, a mares abiertos y a cumbres pirenaicas, el hombre pensó en lo que podrían hacer juntos si se atreviera a dirigirle la palabra. Detrás de la muralla del libro de urbanidad que la mujer leía presintió el viajero turbulentas insatisfacciones de pasiones ocultas, oscuros sueños de lujurias desorbitadas, tiernas ausencias de cari­ños compartidos. Y pensó, deslumbrado por la carnalidad de los muslos enfundados en negra seda que dejaba entrever la replegada falda del uniforme azul, que el destino le había elegido para abrir a aquella mujer los caminos de la imaginación y desbrozarle las selvas del éxtasis supremo.

        

Ella ni se dio cuenta. O aparentó no darse cuenta, porque por el rabillo del ojo, por encima de la fórmula ideal para doblar con corrección las servilletas en los banquetes de alcurnia, vislumbró en la cara enjuta y barbada del vecino de asiento un ramalazo de animalidad necesaria que nunca antes había entrevisto en hombre alguno. Pero también se contuvo. Observó el mojado dobladillo de los pantalones del viajero, el barro que bordeaba sus manchados zapatos y se sumergió de nuevo en la lectura para ahuyentar de su espíritu la reprobable tentación.

        

Entonces el vagón se vació de viajeros. Salieron todos: el mendigo que tocaba el acordeón, el coro de quin­ceañeras que volvía del colegio de monjas, el ofici­nista de cara demacrada que leía las páginas deportivas del ABC, las señoras de compras con los brazos cargados de bolsas del Corte Inglés y hasta el heroinómano que dor­mitaba en un rincón aletargado por el último pincha­zo.

        

Todos salieron. Sólo el hombre y la mujer quedaron frente a frente, o mejor aún, codo contra codo.

        

Ninguno de los dos se atrevió a moverse, aunque la cartera sintió un temblor en el brazo del hombre y este pudo observar con la mirada gacha cómo las piernas de la mujer se apretaban contra el carrito de la correspon­dencia aparcado a su diestra.

        

Fue un momento inol­vidable para ambos. No suce­dió nada, pero pudo haber sucedido. Hombre y mujer lo supieron en el mismo momento en que un rayo de atrac­ción mutua les atravesó candente y violento.

        

Nada había en ellos que les hiciera compatibles, ni su aspecto ni sus vidas, pero allí, en aquel momento único en que confluían la soledad del vagón, la oscuridad del túnel y el monótono repiqueteo de las ruedas sobre las junturas de los raíles, los dos se dieron cuenta de que todo era posible, de que nada les estaba vedado: romper las convenciones, abrir la puerta del fondo y tirar el libro de urbanidad para que el tren rodante lo redujera a pulpa imposible de reciclar, olvidarse del padre misógino y su filosofía de la vida, comprar un helado y comérselo boca a boca entre los dos, tenderse en el suelo del vagón y acariciarse hasta conocer monte a monte y valle a valle sus respectivas geografías. Vivir, en fin, la aventura de su vida.

        

El metro llegó a la estación de Pueblo Nuevo. Se abrieron las puertas. Entró un titiritero portugués que en su media lengua les pidió una limosna para socorrer a sus cuatro hijos huérfanos de madre y a una suegra anciana con los que vivía debajo de un puente.  Todos los sueños se rompieron de golpe contra el cartel de antes de entrar dejen salir. El hombre retiró el codo para hurgar en el bolsillo y socorrer al mendigo trans­terrado. La mujer se sumergió en la fórmula que la ayu­daría a escribir una carta al director de una multinacional discográfica para solicitarle un puesto de secretaria en la empresa. No se miraron más.

boceto-pedro

Dibujo y boceto de Pedro Arjona (del colectivo El Cubri)

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