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50 años del mayo francés y otros eventos de 1968

Triunfo

Como era de prever la industria editorial y mediatica aprovecha que se cumplen 50 años del mayo francés y otros eventos que sucedieron en ese confuso 1968. En su día se reflejaron en la España franquista tanto en la única televisión que había y en el NO-DO (con los tintes que asumo ya supondrán) como en diarios sensacionalistas tipo Pueblo (dirigido por Emilio Romero) o los que existían en la época. Por supuesto los medios mundiales se hicieron eco de todos los acontecimientos que salpicaron un año especialmente violento a nivel planetario. Todo el mundo estaba al tanto. Salvo el sociólogo francés Bourdieu, residente en París, ciudad protagonista del mes de mayo, pero que no escribió al respecto Tampoco lo hizo sobre la cultura rock y la revolución que supuso en los 60. En fin…

En España, como era de esperar, la entrada de tanques soviéticos en Praga tuvo especial relevancia. Si el mayo francés sirvió al régimen para advertirnos de los peligros de los que nos salvaguardaban, empezando por la subversión estudiantil, lo de la invasión militar de las fuerzas del Pacto de Varsovia (salvo Rumania), comandadas por la URSS, servía de prueba fehaciente de las maldades del comunismo.

En El Mundano se ha tratado varias veces el año 1968. Y dada su actualidad a raíz del 50 aniversario quisiera rescatar algunas entradas al respecto (dos de ellas, la referida a “Street Fighting Man” y la referida a lo sucedido en nuestro país, escrita por Antonio Gómez, las incorporé (editadas y revisadas) a mi libro del año pasado “Bikinis, Fútbol y Rock & Roll“).

El editor José Luis Ibañez Salas me pidió que escribiese algo sobre los Rolling Stones para la revista Anatomía de la Historia. Elegí “Street Fighting Man” y titulé Street Fighting Man o la respuesta de los chicos malos al Revolution de los Beatles. Se publicó el 28 de mayo de 2014 (con videos). Al día siguiente formó parte de la serie Un siglo de canciones: la 138.

Antonio Gómez colaboró en El Mundano con dos magníficos posts referidos al año 1968. El primero que escribió fue ¿Existió un Mayo Español en 1968? y el segundo Raimon en Económicas: hoy se cumplen 40 años. Luego cuando abrió su blog Memoria músico-festiva de un jubilado tocapelotas los recordó aquí.

Ea les dejo con deberes. ¡Feliz y provechosa lectura!

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Me llamo Gus o la crónica de una frustración (por Gustavo Sierra)

17 de mayo de 2009

Garci sin Plomo

La película que se disponen a ver trata de la historia de una frustración: una idea que se fue forjando épica, pasó por el desencanto y acabó en la aceptación solidaria con los demás.

El autor eligió como modelo narrativo el de la serie estadounidense “My name is Earl”, porque es la historia de un perdedor: un tío bienintencionado que se empeña en hacer el bien, cosa que suele lograr algunas veces y otras le sale el tiro por la culata, pero acaba por aceptar la situación.

La historia cuenta con la aparición estelar de “El Hombre-Culebras”. Earl tiene un amigo que es un camarero al que llama “Hombre-Cangrejo”, porque trabaja en un bar que se llama “no-sé-qué del cangrejo” (hace tiempo que no la veo); si Gus quería ser Earl necesitaba a su hombre-cangrejo particular: y ahí entra el Hombre-Culebras (porque se apellida Culebras de segundo); cosa sorprendente, porque al igual que en la serie, el Hombre-Culebras le levantó la pretendida al autor (cosas de la vida).

También aparece estelarmente el gran Antonio Gómez, aunque bajo pseudónimo. En la entrada relacionada (ver abajo) dejo en el aire si la organización no habría vetado a todos los medios de comunicación, menos a RTVE y a alguno más (los pobres de TV3 andaban por el vestíbulo haciendo lo que podían): en realidad así era y yo lo sabía porque Antonio, que estaba tan desencantado o más que yo (seguramente más) me lo había dicho. De la misma manera, cuando Antonio trató la noticia en El Periódico poco días antes del evento, me hizo aparecer a mí soslayado como “el estudiante que ya ha protestado por la organización del evento”. Todos los detalles, aquí: Los de dentro y los de fuera: Raimon 1968-2008.

Ahora bien: este y el otro “artículo” fueron fruto de la ofuscación en parte, y en parte no: alargando la oreja cuando el “proletariado” universitario habla de los jefazos, uno se da cuenta que esto no era sólo porque fuera el Raimon, no: es que así actúan siempre, en círculos viciosos de comilonas. Pero, de todas formas, yo me quedo con la lectura final: seguramente otros también lo pensaron, y quizás también lo intentaron hasta donde pudieron… Y creo que todos nos quedamos fuera (?) ¡CON LO GUAPOS QUE SOMOS!

Sin más preámbulos, aquí tenéis la historia: con (sucedáneo de) violencia, con (sucedáneo de) sexo y con el auténtico protagonista de entonces, RAIMON, al que hoy, quizás, Berzosa (Rector de la UCM) no esté escuchando. Desabróchense los cinturones, preparen café, tómenselo, y hagan hamburguesas. Disfruten de la película…

Advertimos que (incomprensiblemente) algunos enlaces ya no funcionan

Permitidme contaros la historia a lo “Me llamo Earl” (estupenda serie norteamericana).

¿Han pensado alguna vez en el tío que un buen día decide intentar organizar un recital, pero descubre que el rectorado había tenido la misma idea, y al final se queda sin invitación y lo tiene que seguir desde fuera? Ese soy yo. Intenté organizar el recital de Raimon.

Me llamo Gus

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-¡Hola Gus!
-¡Hola Hombre-Culebras!

La historia que les voy contar comienza a finales de Septiembre de 2007. Aquel año había sido un año bastante satisfactorio: había conocido por Internet a varias personas interesantes, algunas de ellas personas a las que ya admiraba entonces. Así que la idea que por aquellos días se me ocurrió no era del todo descabellada. A finales de aquel verano y principios de aquel otoño, dejé por un momento de pensar en cómo sería mi vida si viviera en una isla desierta con la monumental Pilar Rubio y, por el contrario, comencé a reflexionar en que este año se cumplían exactamente 40 años del Mayo del 68.

Mayo del 68: los asesinatos de Luther King y Robert Kennedy, la Primavera de Praga, la guerra del Vietnam, los hippies… Y el recital de Raimon en la Facultad de Ciencias Económicas. Aquel recital supuso un antes y un después en la carrera del artista, de la oposición anti-franquista, y un hecho admirable para los jóvenes de hoy que escuchamos y admiramos al trovador de Xàtiva. Yo nunca había visto a Raimon y pensé que era una buena excusa. Así que me decidí:

TRAIGAMOS A RAIMON A LA COMPLUTENSE

Pero no parecía fácil, y mucho menos para un individuo que no pertenece a nada concreto. Pero conocía a gente de aquí y de allí que podían ayudarme. Pues, ¡manos a la obra!

Desde hacía tiempo participaba activamente en el foro de Hilario Camacho; allí escribía uno de los mejores tíos que he conocido en mi vida y que sí podía echarme una mano. Así que abrí un hilo en el foro que él recogió entusiasmado y prometió brindarme toda la ayuda que estuviera en su mano, que no fue ni es poca.

Como ya he dicho, no pertenezco a nada en concreto, pero sí conocía a alguien que pertenecía a algo y muy activamente. Mi buen amigo Mario, que había organizado unas estupendas jornadas en torno al filósofo Spinoza (a las que yo no asistí debido a mi natural fobia a las charlas). El caso es que se lo comenté y le encantó; y, aunque estaba horriblemente ocupado, prometió brindarme todo el apoyo de esta asociación de la Facultad de Filosofía.

Por otra parte pensé que si había alguien que en este tema debía de tener voz ese era el departamento de Filología Catalana (curiosamente coincidieron la Setmana de la Cultura Catalana con el recital, sin que se produjera ningún tipo de vinculación entre ambos acontecimientos). Pero no conocía al profesor de catalán, así que se lo dije al profesor de vasco para que se lo comentara.

Por otro lado, Toñi, una compañera de trabajo, me aconsejó proponérselo a la Sra. Decana de Geografía e Historia (aunque no recibiera beneficio económico alguno). Así pues, como se dice en el béisbol, ya tenía las bases cubiertas: debía ser ahora, porque contactar con el Rector no está al alcance de cualquier mortal.

Pero aquí vino el primer escollo. Al intentar hablar con la Sra. Decana me paró los pies una conserje bastante amable (con la que suelo fumar de vez en cuando). No me dejó ver a la Decana, pero en cambio me dieron un papel para solicitar el evento, el cual yo no dije en qué consistía. Pregunté a la secretaria si podía ser una asociación de filosofía, a lo que respondió algo así como: “Si los de Filosofía quieren organizar un acto, que usen su facultad”. La verdad es que, considerando que es en la facultad de Geografía e Historia, también llamado Edificio B de Filosofía y de Filología, en donde tenemos nuestra secretaría de alumnos, se podría decir que, en parte, es nuestra facultad. Esto tampoco me importaba: el edificio era por la cuestión sentimental del espacio, tampoco descartaba pedírselo a Filosofía. De todas maneras, comprendí que ese camino estaba cortado y pensé en atajar por otro lado.

La idea era llegar al rector, pero ¿cómo este miserable e indigno gusano mortal podría hablar con su señoría? Kafkiano, cuanto menos… Pero Mario, una vez más, tenía la solución: resultaba que una profesora amiga era además amiga del Decano: si alguien lo podía hacer ésa era ella. De manera que en cuanto tuve ocasión se lo comenté, ¡y le encantó! Prometió hablar con el Rector cuando tuviéramos la idea más definida. Eso alimentó mi esperanza. Por otro lado, me dijeron que el profesor de catalán se mostraba conforme, pero que no tenía ni pajolera idea (como servidor, que sólo tenía las ganas y la ilusión) de qué hacer.

Pero días después… Así lo conté en el foro:

Hola! Hoy traigo noticias desconcertantes sobre el tema.
Antes de ayer, mientras fumaba el cigarrito a la puerta de la facultad (¡dichosa ley!), me encontré a casi toda la plana mayor de la facultad fumando y tomando el sol (¡viva el funcionarazgo!) El caso es que estaban hablando, y en esto le oigo a alguno decir “El que va a venir es Raimon”. “¡Cómo!”, pienso yo. Se quedaron solos hablando del tema el gerente de la facultad de filosofía y una mujer; yo me acerco y les pregunto “Perdonen. ¿Dicen que va a venir?”, el gerente, un hombre que transpira simpatía por los poros de su piel (nótese la ironía) me dice “Sí”. Como tampoco parecían tener gran idea al respecto, paso del tema y me vuelvo pa dentro.
Pensé que quizás mi profe haya tenido algo que ver, así que intenté hablar con ella, pero no la encontré.

El caso es que esto complica las cosas: por un lado, si es verdad, pues yo ya no hago más na. ¿Para qué?; pero por otro, si es sólo un rumor -del que quizás sea yo la fuente- y no hago nada más, podrá quedarse esto en aguas de borrajas. ¡Qué dilema!

En fin, hablaré con mi profe y seguiremos informando. Si alguien se entera de algo, que me lo comunique.

(Mucho después, ese “sí” seco y agrio -al menos en apariencia- resonaría en mi memoria simbólicamente). Plómez me sacó de dudas: efectivamente la idea estaba ya en marcha desde hacía mucho tiempo, desde antes del verano (antes de que a mí se me ocurriera, para ser justo) y se iba a hacer. Por un lado, me sentía aliviado: podría descansar del tema y sentarme a esperar (también tenía/ tengo otras cosas de las que ocuparme); pero también un poco decepcionado: ¡me hubiera gustado tanto…! En fin, a diente regalado no le mires el caballo que los paquetes grandes aprietan en los calzoncillos… (?) Pero aún, quizás, podría hacer algo: siguiendo el consejo de Plómez intenté ponerme en contacto con el gabinete del rector, porque, como me dijo mi profesora “Si hay algo que les guste, eso son los voluntarios”; pero en este caso no querían voluntarios, y no recibí respuesta.

Pasó el tiempo, dejé de luchar, y me senté a esperar mientras intentaba leer a Marx para hacer un trabajo. Finalmente se anunció el evento y volví a intentar ponerme en contacto con el gabinete del rector. En esta ocasión me respondieron con un mensaje auto-generado (supongo). Tampoco quería parecer una especie de desquiciado, así que me contenté con la idea de ver a Raimon cantar, que nunca es poco. Pero pronto veríamos que la idea que yo tenía sobre la organización de un recital conmemorativo y la que tenía el rectorado coincidía, únicamente, en el recital sin más.

La idea era recoger las invitaciones en c/ Obispo Trejo nº 2 de 10 u 11 a 14’00, restringidas a dos invitaciones por persona desde el día 12 (lunes) hasta el 16 para la comunidad universitaria; y a partir del 19 hasta el 22 para la gente ajena a la universidad hasta completar los cerca de 810 asientos del auditorio. El recital me hacía una ilusión tremenda, pero aquel lunes uno tenía cosas que hacer.

Al día siguiente, mi mesa de trabajo tembló bajo la palma de mi mano cuando al día siguiente vi en la Web de la Complutense que las entradas para el recital se habían agotado (ciertas fuentes datan el momento de agote dos horas después de ponerse a disposición del público). Pensé mal entonces, luego me relajé: no sería la primera vez que un número tan alto de localidades se acababa tan rápidamente; el recital se esperaba con gran expectación… Pero, por lo visto, mucha gente tenía ya su plaza reservada. Caí en una tremenda especie de depresión y de resentimiento: ¡qué usaran a Raimon para estos pactos! De cualquier manera, decidí no sentenciar hasta no ver las fotos: ahora que las he visto puedo sentenciar que, mientras había gente que, por justicia, por tomarse la molestia de ir hasta allá, merecían estar en el auditorio, había otros que no guardaron cola ni esperaron día.

No obstante, uno siempre intentaba pensar bien, hasta que algún profesor amigo que se quedó sin entradas te confiesa que tiene también la misma sospecha y que intuye que pretendían hacer del recital un acto lo más institucional posible (y más aún si uno de estos profesores se refiere a la organización como “panda de mamones”: obviamente, no daré nombres). Por fortuna accedieron a poner una pantalla para poder seguirlo, cosa que ya he contado en la entrada anterior.

Decidí ir, dejar mi orgullo de lado, y disfrutar como si lo hubiera organizado yo el recital. Al fin y al cabo, soy uno más: soy igual que aquellos que estuvieron ayer conmigo, jóvenes y viejos, dentro y fuera, que fueron a disfrutar de un recital porque les gusta y no porque al día siguiente saldrá en la foto (a menos que la prensa -a excepción de la Gran Prensa- hubiera tenido que seguir el recital desde fuera: eso explicaría la falta de imágenes en algunos medios). Muy posiblemente alguno de ellos, con mis mismos medios y posibilidades, incluso menos, pensó o intentó hacerlo. Entonces es mejor disfrutar, aunque mi madre se cabreara al oír a uno decir “No era lo que me esperaba”… “¡Joío cabrón”, me dijo ella refiriéndose al personaje, “¡Pues haber cedido tu sitio!” Claro, era uno de los de dentro. Pero, en fin, fue agradable: parecía que estuviera con nosotros, e incluso, tal vez incluso, pudo haber hecho un guiño a los manifestantes contra Bolonia cuando en medio de una canción recitó en lengua de Castilla:

“Si sólo los ricos estudian,/ sólo los ricos sabrán,/ nos engañarán con cualquier cosa:…”

¿Lo hizo a posta? Pues yo diría que sí, porque estos versos están en catalán (comprobadlo pinchando el título: No el coneixia de res) y él los recito en castellano. ¡Bendito seas, Raimon! ¡Bendito seas mil veces!

En fin, que esto era la explicación a por qué mi madre le contaba a una chica “Yo debería estar ahí dentro”, por qué Bernat Soria y los otros ministros estaban ocupando las plazas que a mí me correspondían, y por qué este regusto amargo y este desencanto, que fue aliviado al ver a toda aquella gente que estaba como yo. A todos ellos va dirigida esta historia de una frustración personal.

Y ahí estaba yo, disfrutando del recital a pesar de todo: total, me he hecho con los dos carteles que anunciaban el evento (con permiso de los señores conserjes). Y aunque decepcionado por la actitud de las altas instancias universitarias, encantado, aunque no haya podido conocerle en persona, de haber visto a Raimon, su enorme humanidad, su genial humildad, y este guiño rebelde a los jóvenes que intentan parar Bolonia. Tal como dijo:

Dentro de cuarenta años, yo no podré estar aquí. Pero dentro de cien, contad conmigo

Espero no tener que esperar tanto para volver a verlo.

BENDITO SEAS RAIMON
BENDITO SEAS MIL Y UNA VECES

Juro por mi honor… Juro por Pilar Rubio que todo lo aquí contado es verdad (excepto la parte de Pilar Rubio, también me lo imaginaba con Leonor Waitling). Aquí, en el foro de Hilario Camacho, podéis comprobarlo, ya que lo escribí a modo de diario (aunque es posible que tengáis que registraros):

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Raimon en Económicas: hoy se cumplen 40 años (por Antonio Gómez)

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Raimon en Económicas: hoy se cumplen 40 años (por Antonio Gómez)

18 de mayo de 2008

Tengo razones personales para recordar el 18 de mayo de 1968, aparte de por haber asistido al famoso recital de Raimon en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense de Madrid –cuyo 40 aniversario se cumple hoy y se que se conmemorará con un nuevo recital dentro de unos días–, e incluso por haber contribuido a su organización.

        

Aquel día había reunión de la célula del PC en la que militaba, y yo me la salté para ir a escuchar a Raimon. Mi libertinaje político-musical no sentó nada bien a mis camaradas, ante los que tuve que hacer en la siguiente reunión la correspondiente autocrítica. Debí decir algo así como que reconocía que había faltado a mí deber de comunista por preferir la música a la disciplina partidaria, pero era mentira y, además, yo tenía razón. Era mentira porque no me arrepentía en absoluto, y la razón estaba de mi parte porque el acto de económicas era mucho más importante “políticamente” que la reunión con mis camaradas, en la que seguramente se debió discutir algo así como cual debía ser el contenido del mural que habría que colgar en las escaleras de la escuela el día siguiente, o sí había llegado el momento de hablar de una vez con Luis Mendo a ver si se conseguía captarlo, que el futuro guitarrista y compositor era “simpatizante”, pero no “militante”.

          

Pero es que hace 40 años las cosas eran así, por mucho que cueste creerlo a quienes no lo vivieron, y ya se sabe que la autocrítica era para los comunistas como la confesión para los católicos: una forma de exorcizar los pecados, religiosos o revolucionarios, y de reafirmar la fe en Cristo o en Lenin, según del lado del que te viniera el dogma.

        

Anécdotas aparte, como ya se ha dicho en otra parte de este blog que tan amablemente nos cede el niño Vogel, 1968 fue un año de cuidado. En el mundo, en Europa, en España, en Madrid, y en su universidad, que es donde transcurre esta historia.

 

NOTA PARA EL LECTOR: Sé que escribo largo, y que eso se contradice con la lectura en la pantalla y con los nuevos modos de comunicación. Soy consciente, pero no es casual. Creo en el valor de la palabra escrita, sin despreciar los de la imagen o la oralidad, y por eso te recomiendo que si te interesa el tema, y la cosa se te hace dura en la pantalla, simplemente lo imprimas, que el papel también te acompaña en los viajes en metro.

 

Desde el 66 se habían ido creando en las universidades de toda España el Sindicato Democrático de Estudiantes, que en el 68 ya era un movimiento fuerte, con presencia en todo el estado. Siguiendo el modelo que tanto éxito había dado (y tantos detenidos le había costado) a Comisiones Obreras –que venían existiendo desde las huelgas asturianas de 1962 (sobre la que Jorge Martínez Reverte acaba de publicar un libro: “La furia y el silencio”)–, el movimiento universitario, al igual que el que estaba naciendo en los barrios, combinaba las formas de lucha ilegales (panfletos, sentadas, manifestaciones, asambleas…) con las legales (participación en las elecciones a delegados de curso o facultad, organización de actos culturales…). Con ello se rompía la tradición organizativa que hasta entonces había mantenido las organizaciones antifranquistas, como sucedía en la universidad con la FUDE (Federación Universitaria Democrática Española), centradas en la clandestinidad y la militancia estricta, pero permitió que el SDEU fuera una organización numerosa (entonces se hubiera dicho “de masas”), abierta y apartidista, aunque el peso lo llevaran los partidos clandestinos, a la que cualquier podía pertenecer más o menos sin tapujos.

        

Para conseguir que esa táctica de lucha abierta resultara un éxito eran necesarios actos públicos, multitudinarios y legales, a ser posible, que dieran visibilidad a la lucha, afianzaran la confianza de la gente y demostraran la fuerza del sindicato. En ese contexto (joder, me está saliendo esto como un antiguo análisis para la célula), se pensó en organizar en Madrid un recital de Raimon, sin duda el más representativo de los cantautores del momento y el que mayor cantidad de gente podía reunir.

        

Para 1968, Raimon, que había comenzado a cantar en 1961 y había grabado sus primeras cuatro canciones (“Al vent” incluida) en 1963, era el cantante de mayor reconocimiento, no sólo en Catalunya, sino en el conjunto del estado y en el extranjero. Ya había protagonizado recitales multitudinarios de gran repercusión, como el del Instituto Químico de Sarría en 1966 o el del Palau de la Música Catalana en 1967. Además, había actuado ya en Francia, entre otros sitios en el Olimpia (1966), Alemania, Bélgica, Cuba, Estados Unidos, México, Suiza y otros países, en alguno de los cuales se habían publicado sus discos. En el terreno compositivo, aparte de sus canciones iniciales, que se habían convertido en auténticos himnos generacionales, había publicado ya sus “Cançons de la roda del temps” (1966), sobre poemas de Salvador Espriu, una obra cumbre, a mi entender, de la música popular, con la que queda desmentida su imagen posterior de cantante “panfletario”, que sólo un indocumentado puede sostener, en la que rompía la estructura habitual de las canciones y experimentaba sonidos hasta entonces inéditos, que luego serían calificados como “mediterráneos”.

 

Entra la tranquil.la tarda/ pel fosc camí de la mirada./ Enllà del mar ben treballat /pels bous del sol, endins del blat, quan més perfecta mor la flor/ a l’aire lleu, pel gran dolor / d’aquest camí de la mirada,/ se’n va la tranquil.la tarda.

 

(Entra la tranquila tarde / por el oscuro camino de la mirada. // Más allá del mar bien labrado / por los bueyes del sol, dentro del trigo, /  cuando más perfecta muere la flor / al aire leve, por el gran dolor / de este camino de la mirada /se va la tranquila tarde.)

 

El recital de Económicas se encargó de organizarlo el comité de los delegados de actividades culturales del SDEUM, del que yo formaba parte como delegado de la Escuela de Ingenieros Técnicos, es decir, de peritos, industriales (ahí es nada). No obstante, quien realmente se ocupó del tema fue Arturo Mora, delegado de Ingenieros Industriales, que fue quien viajó a Barcelona a contactar con Raimon y convencerle y quien más activamente participó en la organización. Arturo era del PCE, con el que rompió durante su posterior estancia en la cárcel, de la que salió para morir pocos años después en un accidente de coche. No recuerdo exactamente a quienes estaban en aquel comité, aunque parece que por allí andaba el posteriormente profesor y dirigente de la Liga Comunista Revolucionaria Jaime Pastor, y otros cuyos nombres tampoco nos dirían nada hoy en día.

        

El recital fue extrañamente autorizado por el rector correspondiente, que o bien pensaba que sería un mero acto cultural o simplemente quiso dar una muestra de aperturismo. Pero el tiro les salió por la culata.

        

Raimon contaba recientemente en El País cómo viajó hasta Madrid con su mujer, Annalisa, en un 600 y cómo se hospedaron en un pequeño hotel del centro de Madrid. Era el Hotel Madrid, de la calle Carretas, que también utilizaba Paco Ibáñez en sus viajes a Madrid. Recuerdo que allí se reunió Raimon el día anterior con los integrantes del grupo madrileño de cantautores “Canción del pueblo” (Hilario Camacho, Elisa Serna y Adolfo Celdrán, entre otros), pero, en cambio, tengo muy confuso el recital del día siguiente. Raimón, por ejemplo, aseguraba en La Sexta que al final se había previsto cantar la Internacional, pero que no se pudo porque nadie se la sabía. Estoy seguro que nadie se la sabía, pero en cambio no tengo yo recuerdo de esa previsión de cantarla. Sí que me acuerdo perfectamente, en cambio, de que se repartieron unas hojas ciclostiladas con las letras de las canciones en versión catalana y castellana, unos papeles que, por cierto, nos sirvieron para ocultar la cara, ante cualquier flash que estallaba, a los que estábamos sentados alrededor del cantante en las escaleras, junto a Annalisa, que nunca se sabía qué policía podía estar detrás de la cámara.

        

Lo que sí recuerdo perfectamente es la sensación que me provocó el acto, que fue mucho más que un recital. Posteriormente he vuelto a visitar la facultad de Económicas, y con los años su entrada siempre me ha parecido pequeñísima, pero aquel 18 de mayo, absolutamente abarrotada de estudiantes, con pancartas con las más diversas consignas que colgaban de las barandillas, como recuerdan las fotos, resultaba realmente enorme y reconfortante. Cuentan las crónicas que acudieron 6.000 personas, quizás una miseria ahora, pero una barbaridad para aquellos años, aunque podían haber sido más o menos y el efecto sobre cada uno de los que lo vivimos  hubiera sido similar. Es curioso que el mejor retrato de aquel acto lo realizara el propio Raimon en su “18 de maig, a la villa”, que, por otra parte, refleja perfectamente mis propias sensaciones de aquella ocasión, o, al menos, lo que yo recuerdo de aquellas sensaciones:

 

I la ciutat era jove,/ aquell 18 de maig./ Sí, la ciutat era jove, /aquel 18 de maig/ que no oblidare mai.// Per unes cuantes hores/ ens varen sentir lliures,/ i qui ha sentit la llibertat/ té més forces per viure.// De ben lluny, de ben lluny,/ arribaven totes les esperances,/ i semblaven noves,/ acabades d’estrenar:/ de ben lluny les portàvem.// Per unes quantes hores/ ens vàrem sentir lliures,/ i qui ha sentit la llibertat/ té mes forces per viure.// Una vella esperanza/ trobava la veu/ en el cos de miles de joves/ que cantaven i que lluiten.// No l’oblidaré mai,/ no l’oblidaré mai,/ aquel 18 de maig,/ no l’oblidaré mai,/ aquell 18 de maig/ a Madrid.

 

(Y la ciudad era joven/ aquel 18 de mayo/ Sí, la ciudad era joven,/ aquel 18 de mayor/ que no olvidaré nunca.// Por unas cuantas horas/ nos sentimos libres,/ y el que ha sentido la libertad/ tiene más fuerzas para vivir.// De muy lejos, de muy lejos,/ llegaban todas las esperanzas,/ y parecían nuevas,/ recién estrenadas:/ de muy lejos las traíamos.// Por unas cuantos horas/ nos sentimos libres,/ y el que ha sentido la libertad/ tiene más fuerzas para vivir.// Una vieja esperanza/ encontraba la voz/ en el cuerpo de miles de jóvenes/ que cantaban y que luchan.// No lo olvidaré nunca,/ no lo olvidaré nunca,/ aquel 18 de mayor/ en Madrid.)

Ese sentirse libre durante unas horas que canta Raimon es la sensación fundamental que yo tengo en mi memoria del recital. Sentirse libre y, además, acompañado en esa libertad por miles de personas de las que sabes que, excepto los policías infiltrados que hubiera, que os puedo asegurar que serían unos cuantos, piensan y sienten como uno mismo. Y todo ello alrededor de un cantante y unas canciones que podían gustarte más o menos (a mí personalmente me parecían y en muchos casos me siguen pareciendo excelentes), pero que, en cualquier caso, reflejaban las mismas ansias, las mismas esperanzas, los mismos deseos y aspiraciones que uno mismo podía tener. Una sensación así no es la simple identificación con un músico al que admiras o la emoción ante unas canciones que te gustan. Fue, ante todo, algo que nos dio “más fuerzas para vivir”. Y una cosa así, os lo aseguro, se vive pocas veces en la vida.

 

Salud.

Video de 1993 en el festival de conmemoración de los 30 años de la grabación de “Al vent”. En el coro se reconoce, entre otros, a gente como Pete Seeger, Daniel Viglietti, Joan Manuel Serrat, Luis Cilia o Paco Ibáñez.

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¿Existió un Mayo Español en 1968? (por Antonio Gómez)

9 de mayo de 2008

Hubo un tiempo, cuando los socialistas llegaron al poder y descubrieron la cocina de diseño y los diseños de Armani, en que llegué a pensar que en mayo de 1968 todos los españoles, al menos los que contaban algo, habían estado en París en aquellas históricas fechas, porque todos hablaban de la playa debajo de los adoquines pero ninguno hacía referencia a lo que en aquel año pasó en España. Ahora, cuando revistas, periódicos, radios y televisiones celebran con reportajes y especiales aquellos acontecimientos descubro que no es algunos no es que anduvieran por París, es que estaban, sencillamente, en Marte.

        

Tengo delante una edición especial de El dominical, la revista que semanalmente editan juntos los grupos Zeta y Prisa y que se reparte con la edición del domingo de El Periódico de Catalunya y otros diarios de ambas empresas. En él se hace un recorrido por todos los mayos de aquel año, que fueron muchos y a lo largo de los doce meses. Hubo un mayo en París y otro en Praga, hubo un año de protestas memorables en EEUU, incluida la foto impresionante de los atletas negros que ganaron medallas en los Juegos Olímpicos de México y al recogerlas levantaron el puño enfundado en un guante igualmente negro, símbolo de la liberación racial. Naturalmente, también sucedieron los asesinatos de la Plaza de las Tres Culturas en México, y las rebeliones estudiantiles en Italia o Inglaterra. De todo ello se habla en el suplemento, incluso hay un artículo dedicado a España. ¿Pero qué se cuenta en él?

 

El autor es el afamado periodista Miguel Ángel Bastenier, insigne firma de El País y experto en temas internacionales, al que se le supone conocimientos y capacidad de análisis. Pues bien, el título de su artículo ya es significativo: “El Mayo que no fue. Los sueños frenaron en los Pirineos”. La tesis que defiende a lo largo de siete páginas profusamente ilustradas, que se convierten en 10 si se suman las tres de publicidad que hay entre ellas, es que España fue un oasis de paz, en la que imperaba el desarrollismo, la gente se interesaba por el Seat 600 y las vacaciones en Benidorm y Dalí hacía extravagancias con su bigote. La única referencia a otra realidad es una foto (de las ocho que incluye el artículo) en la que se ven dos grises a caballo frente a un grupo de unos 20 estudiantes, y un párrafo que textualmente reza: “José Villar Palasí, nombrado ministro de Educación el 18 de abril de ese año, producto del Opus, no tuvo verdaderos motivos de preocupación por aquel mayo del 68.

        

¿Dónde estaba el señor Bastenier en 1968, fuera en mayo, enero o diciembre? ¿Acaso en París levantando adoquines o en Praga poniendo su pecho descubierto frente a un tanque soviético? ¿Tal vez en Marte? La verdad es que ni siquiera eso. Personalmente creo que donde realmente estaba es en su casa viendo la televisión, española, por supuesto.

        

No es por llevarle la contraria, ni por contrastar mis recuerdos, siempre tan frágiles y engañosos, con los suyos, pues entonces podría contestarle que en aquel félíz mayo español yo estaba participando como miembro del Sindicato Democrático de Estudiantes de Madrid en la organización de una clandestina reunión de todas las universidades españolas. Sí, de esas que se acudía a la cita con un ejemplar de Pueblo del día anterior abierto por la página 17 para que te reconociera el compañero que ibas a buscar. O le podría contar los entresijos de la organización del recital de Raimon en la facultad de Económicas de Madrid, que acabó como el rosario de la aurora, saliendo por las ventanas y a pedrada limpia con los grises.

        

Pero tampoco se trata de recordar nada personal. Basta simplemente con dar algunos datos que demuestran que España no sólo es que tuvo un mayo del 68, sino que durante todo el año fue el país del mundo con más conflictos de tipo social, político o sindical del mundo, y que los represaliados y encarcelados sumaron más que en cualquier otra parte (con todo el respeto por los muertos en Tlatelolco).

 

Sirvan algunos simples datos (una mínima selección) de lo ocurrido en España aquel año de 1968:

 

Enero

Cerradas las facultades de Filosofía y Políticas y Económicas de Madrid. Se expedienta a 137 estudiantes de Barcelona.

 

Febrero

Cierre de las universidades de Madrid y Valencia por tiempo indefinido. El gobierno crea la Policía Universitaria. En la facultad de Derecho de Madrid se inaugura la práctica de las sentadas (que no tuvieron mucho éxito, todo sea dicho, porque al final siempre se acababa corriendo cantando el “No nos moverán”, paradoja de las paradojas).

 

Marzo

Cierre de la Universidad de Sevilla. Primera asamblea del metal de CCOO: 100 detenidos.

 

Abril

Juicio de Marcelino Camacho en el TOP (Tribunal de Orden Público) Jornadas de lucha de CCOO en todo el país.

 

Mayo

Asamblea multitudinaria en la Universidad de Madrid. Luchas en todos los distritos universitarios. Cierre por dos meses del diario Madrid.

 

Junio

Primera víctima de ETA: el guardia Civil José Pardines y primer muerto etarra: Txabi Echevarrieta. Encierro de sacerdotes en el Obispado de Bilbao.

 

Julio

Tercera reunión general de CCOO. La Conferencia Episcopal a favor del derecho de huelga y la libre sindicación.

 

¿Es necesario seguir? En cualquier caso, el año se cerró en diciembre, como suele suceder, con violentos enfrentamientos entre policías y estudiantes en Madrid, una huelga de hambre de los presos políticos, la deportación de varios políticos vascos, el estado de excepción en Guipuzcoa, la detención de 50 socialistas o una importante huelga en la minería asturiana.

 

Al artículo de marras se le podría dedicar el inspirado verso escrito por un poeta famoso (no sé si Neruda, Lorca o Machado, pero uno de esos que estaban de moda en el 68 debió ser) que decía:

 

¿Dónde estabas periodista

en aquel mayo lejano?

Igual andabas tocándote

las gónadas con la mano.

 

Salud

 

 

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