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El falso éxito internacional de Rosalía

AV LVdG Rosalia titular artEl domingo pasado La Voz de Galicia, a insistencia de Javier Becerra, me publicó un texto “El falso éxito internacional de Rosalía” (afortunado título a sugerencia del propio JB). Era un anexo a su artículo principal, “¿Lo de Rosalía es para tanto?“. A lo largo del día ambas piezas aparecieron en el diario hermano de La Voz de Asturias. Por el interés despertado paso a reproducir integra mi nota (que también pueden ver, así como el artículo de Javier Becerra, en los enlaces correspondientes). Tan solo he añadido un par de frases referidas a Jorge Drexler:

«Desde hace tiempo se conoce que la sobreexposición es perjudicial para el objetivo fijado y resulta contraproducente. Porque puede causar el efecto contrario al perseguido. Concretado al marketing musical esto se traduce en lo siguiente:

  • Antiguamente las radio formulas machacaban las canciones de éxito. Esto se podía traducir en ventas de sencillos. El mercado discográfico estaba dividido en sencillos y álbumes. Prevalecían criterios como el poder adquisitivo directamente relacionado con la edad del comprador, el tipo de música, la credibilidad del artista, etc. Se daba el caso que excelentes artistas de rock eran considerados horteras porque sus discos sonaban en Los 40 Principales y copaban las listas de éxitos. La Creedence Clearwater Revival es un claro ejemplo. Por el contrario, Led Zeppelin se negaban a editar singles para evitar esta situación. Y eso que los tenían estupendos.
  • Los álbumes eran para artistas de largo recorrido, para un publico más adulto, con criterio formado y de mayor poder adquisitivo. Para artistas con credibilidad. Nótese que uso poder adquisitivo y credibilidad por segunda vez. Son dos conceptos claves.
  • En la era digital quienes dictaminan, lo que es de buen gusto o hortera, se han multiplicado. Las/os fans de antaño son las/os influencers de hoy en día. Solo que las/os haters en nuestros días tienen más peso y repercusión que antes. Las redes sociales proporcionan unos cauces de los que carecían. En cambio, sean fans o influencers mantienen proporcionalmente el mismo peso especifico.
  • Antiguamente la fama (por ejemplo, ser portada del ¡Hola!) no vendía discos, pero proporcionaba galas. La fama digital ni vende discos ni hace que actúes todos los fines de semana del año. Como los tiempos han cambiado y hay nuevos negocios, hoy puedes facturar en conceptos como patrocinios, merchandising o festivales. Las preguntas son ¿cuánto durarán estos nuevos ingresos y que tiene que ver la música con ellos?
  • La sobreexposición siempre provocó que el producto en cuestión resultase estomagante. Esto en nuestros días se multiplica por los haters en las redes sociales. Quienes además influyen en la propagación del mensaje sin quererlo.

El caso de Rosalía corresponde claramente a estos parámetros. Y lleva ya un par de años de recorrido. No funcionó con su primer disco (vendió poco). Pero el interés se tradujo en un buen número de actuaciones. Su segundo álbum ha vendido más, objeto de una campaña masiva de marketing, pero bastante menos de lo esperado. Y no parece haberse traducido de momento en contrataciones (su gala más importante fue un playback gratuito en la Plaza de Colón en Madrid).

¿Qué ha logrado el marketing masivo –técnica tan antigua como negativa porque actúa como un bumerán­­– en el caso de Rosalía? Engañar a público y medios generalistas. Nos han vendido que es un fenómeno internacional. No lo es. Pero la gente y muchos periodistas y becarios mediáticos se lo han tragado. Fuera de España no ha aparecido en ninguna lista de éxitos. Ni en las de los más vendidos, ni en las de streaming, ni en las de las canciones más radiadas. También nos han engañado con los premios Grammy. Ha logrado dos Grammy latinos, no los de verdad. Los latinos tienen su aquel a la hora de concederlos (hay mucha “política”, por decir algo diplomático). Pero se habla de estos galardones obviando lo de “latino”. ¿Engaño o clasismo? Para completar la manipulación mediática hay que recordar que Jorge Drexler ganó ¡tres! Pero aquí resaltaron los dos de Rosalía.  Nos han vendido lo del anuncio en los luminosos de Times Square (de NY). Pero no nos han contado que son propiedad de Sony (la empresa matriz de su discográfica) y que el álbum no estaba disponible. Craso error (anunciar un producto que no está a la venta). Nos han relatado que a Kim Kardashian le gusta el disco. ¿Y? ¿Quién es? ¿Cuántos discos le gustan al día? ¿A la gente que nos gusta la música de verdad nos importa su opinión? Probablemente lo que piense nos va a alejar de Rosalía. La opinión de una hortera siempre será una horterada. ¿Los referentes mediáticos que han empleado para vendernos el producto Rosalía son relevantes? No. Son todos del siglo pasado. Nos intentan pasar por moderno algo usando clichés desfasados. Como Jools Holland o el sexagenario crítico del New York Times. ¿Ha funcionado Rosalía en Inglaterra o EEUU? No. Esa es la respuesta y la falta de influencia de estos no influencers.

La última ha sido la actuación en los devaluados premios Goya. Haciendo una pretenciosa versión de un clásico de Los Chunguitos. Con un coro catalán, del templo de la burguesía de esos lares (y de su corrupción). Por si teníamos dudas de a quien no representaba Rosalía, el otro día nos lo dejó claro. Tomó una canción callejera, de arrabal, y pretendió elevarla al gusto de las mentes bien pensantes de toda la vida. ¡Un mojón! Pero, eso sí, una vez más consiguieron engañar a los ignorantes. Esos mismos que en sus notas de prensa escribieron que “recibió el aplauso incluso de sus autores originales”.  Dos autores que están muertos. Ambos. ¿Confunden autores con artistas? Si es así, no hay mejor prueba de la ignorancia de quienes escriben alabando a Rosalía.

Mal marketing. Porque el marketing se marca unos objetivos. Si el objetivo era crear un falso clima de éxito lo han logrado. Pero el buen marketing busca la rentabilidad. Y el humo es deficitario. A corto y largo plazo. El tiempo dictaminará sentencia. Mientras tanto recordemos los avisos para nuestra salud de los paquetes de cigarrillos, esos productos que también producen humo…»

 

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Programa de puntos de Rubalcaba

La campaña de Rubalcaba ha establecido un programa de puntos, a canjear por los productos que ven en la foto.

Quizás tendría que haber llamado a esta entrada Rubalcaba es de traca 2. O Rubalcaba y el supermercado de la política. El caso es que el candidato socialista, perdón se dice socialisto, y sus “brillantes” asesores han diseñado una promoción: compran las menciones en las redes sociales. ¿Hay otra forma de entender esta acción? Porque ustedes ganan puntos si en Twitter o Facebook se refieren a Alfredo Pérez Rubalcaba.

En su Web podemos leer:

Cómo ganar puntos

Una vez que te has inscrito, es necesario identificarte en la web rubalcaba.es (poniendo tu usuario y contraseña); puedes hacerlo en este enlace: ACCESO. Cuando estás identificado podrás ir a los diferentes apartados que tiene la web, allí donde veas el símbolo del programa de puntos, podrás compartir la información tanto en Facebook como en Twitter. Por este sistema puedes compartir en una sola ocasión cada información. Los puntos se van acumulando según tu actividad en la TARJETA VIRTUAL.

El baremo de puntos es el siguiente:

Por inscribirte en la web 5 puntos
Por compartir en Twitter o Facebook 2 puntos
Por compartir los destacados en Twitter o Facebook 4 puntos
Si te inscribes como Voluntari@ de la campaña 20 puntos

El PSOE está de rebajas. Esta oferta es la mejor prueba (y no he entrado en la cuestión ética y moral de comprar voluntades…).

Entrada relacionada:

Rubalcaba es de traca

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Apple son los Reyes del Marketing

30 de junio de 2009

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El departamento de marketing de Apple es un ejemplo a seguir. Son los Reyes. Religiones aparte no hay nadie más fiel que un “maquero” (si teclean “mac follower” en Google aparecen más de cuatro millones de resultados). Son incluso más leales que un seguidor de un club de fútbol. El caso más extremo que conozco es el de los del Bétis que se pasan al Sevilla (Lopera nunca encontraría trabajo en Apple). Y volviendo la vista a la excepción que citaba al principio, el de las religiones, hay personas que cambian o reniegan (aunque en algunas creencias monoteístas esto esté castigado con la pena de muerte).

Un “Appleadicto” lo será siempre. Cautivado por la belleza de los diseños de sus productos y una (supuesta) superioridad tecnológica, siempre encontrará argumentos para justificar los (innumerables) fallos de sus lanzamientos.

He de confesar que desconfio de ellos desde el principio: una empresa que plagia el nombre de la que crearon The Beatles no puede merecer ninguna confianza. ¿No fueron capaces de encontrar otra denominación? ¿O estaban estableciendo un principio? El de plagiar. O “copiar y pegar” por ceñirnos más al asunto informático. Tampoco me gustaba ese empeño de la incompatibilidad. Pensaba lo mismo de Microsoft, quienes acabaron ganado esa guerra comercial (¿desafortunadamente?).

He tenido la ocasión de probar algunos de sus hitos audiovisuales como Quick Time, Final Cut y Final Cut Pro. Así como su potentísimo G4 (las dos primeras versiones). Y es ahí cuando empecé a reflexionar. El G4 volaba si sólo lo dedicabas a sus tareas específicas: las audiovisuales. Como le cargases de trabajo adicional, de oficina o personal, su rendimiento se ralentizaba y dejaba bastante que desear. Lo cual era un incordio, teniendo en cuenta su coste (elevadísimo para su época).

Pero la cosa no queda ahí. Este año editando los ocho episodios de “Rodri y la becaria”, el encargado del estudio de edición en Ondas Formación nos insistió en usar lo de Apple. Le comenté a Antonio Durán que era una perdida de tiempo. Me miró extrañado. Como ya me conozco la historia no dije nada y dejé que los hechos hablaran por si mismos. Tras varios intentos, donde surgieron varios problemas con la sincronización de imagen y sonido, sugerí usar Microsoft. ¡Anatema! El caso es que no hubo ningún problema y todo funcionó a la perfección. A pesar de la prueba (y éramos Antonio y yo quienes dábamos fe de ello) el técnico/profesor del estudio se negaba a reconocer la evidencia.

Otro ejemplo son los iPods. El interruptor de On/Off, de los primeros modelos, que se lanzaron en España, no funcionaba. Si no puedes encender o apagar un aparato que te acabas de comprar… Y a pesar de ello conozco usuarios que tardan más de cuarenta minutos de conversación en reconocer este hecho, y eso que lo han sufrido.

John me cuenta que en su casa, en USA, sus hijos usan los iPods a todo trapo. Pero se estropean y los reemplazan a la velocidad del rayo. Lo cual es el paraíso para cualquier vendedor, pero no necesariamente para el consumidor. Y los averiados quedan arrinconados por toda la casa.

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Desde hace dos años se conoce que los portátiles de Mac presentaban grietas en su carcasa. Se supone que los avances incorporados al Mac Book blanco habían superado estos inconvenientes. Pues no. Apple ha tenido que aceptar estos problemas. Y también hay que mencionar incidentes con sus baterías.

El lanzamiento del iPhone produjo unas situaciones curiosas o más bien chapuceras. ¿Cómo se puede explicar que tengan problemas de saturación de líneas? Se tomaron prepedidos. Es decir controlaban el número de teléfonos a fabricar porque los tenían vendidos de antemano. Por tanto también debieron calcular los de reposición, porque a la vista de las órdenes confirmadas de compra conocían el previsible boom de ventas. ¿Y no calcularon que la gente compraba los iPhones para, por ejemplo, hablar por teléfono? ¿Qué esperaban? ¿Cualquiera otra actividad alejada de la función básica del aparato? Sencillamente ridículo.

Y hay un asunto novedoso. Tiene que ver con las carcasas de nuevo. En este caso con las del nuevo modelo del iPhone, el 3GS: es una tostadora. No deja de ser una función novedosa. Aunque no estuviese prevista: se calienta más que mi Toshiba. Y no lo digo yo. Lo dice Wired, la Biblia.

Pero no les cuenten nada de esto a un “maquero”. Serán percibidos enseguida como agentes del imperio del mal. Y les miraran de soslayo con superioridad y desprecio.

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