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El Rastro como centro de agitación cultural: años 60, los orígenes (por Julio Ruiz)

25 de junio de 2008

Años 60, años oscuros para los jóvenes de este país. Mientras en el resto del mundo occidental el fenómeno del R&R discurría por el sendero que marcaban las bandas pop inglesas, aquí apenas se editaban y las reuniones de gente no gustaban al régimen franquista (“disuélvanse” era el grito de guerra de los “grises”, la policía de la época).

 

Con el cuarto y revalida de bachiller en el bolsillo, me encontré como premio por no destrozar zapatos de forma continúa -intentando jugar al fútbol en la Plaza de Tirso de Molina- y dedicar mi tiempo al estudio, un flamante tocadiscos de maleta, que por aquel entonces me hacía perder el sueño mas que los tobillos de las chicas.

 

Me salieron los dientes en El Rastro ya que vivía a escasos 100 metros de ese peculiar lugar, y este era el sitio perfecto para aquellos de escasos recursos que necesitaban saciar su hambre musical en forma de discos. Mi primer single, The Beatles – “Paperback Writer” / “Rain” – del sello Parlophone, sin carpeta, me costó la friolera de 15 pesetas (0,09 €) en el puesto del padre de Salvador, actualmente heredado por su hijo (Salvador). Mi primer LP Canned HeatBoogie with (mono que era mas barato, y un penoso prensado de Hispavox con licencia Liberty), comprado en el puesto de El Alimaña (José Manuel) y su socio Pepe el Taxista (más tarde conocido como El Metralleta), situado en la Plaza del Campillo Mundo Nuevo, y que de forma inconsciente fue un poco el precursor de ese mercado dominguero. Nuestra amistad continúa.

 

Y allí comienza mi historia de coleccionista. En ese lugar cada domingo ocurría algo fascinante. Algunos coleccionistas, al principio pocos, coincidíamos domingo tras domingo. Unos portaban bajo el brazo un ejemplar del Melody Maker, aunque como en mi caso no supiéramos palabra de inglés. Otros llevaban lo último recibido desde Inglaterra o Estados Unidos (actitudes ambas de prestigio entre  collectors).

 

Con el paso del tiempo el mercado creció con interesantes incorporaciones: Tony Martin (Antonio Martín) ubicado a escasos metros de El Alimaña, con su famoso lema 20% descuento, El Rubio (sin nombre conocido) con material exclusivamente made in usa y que se colocaba en la Ribera de Curtidores. También era frecuente el trueque entre coleccionistas, algunos llegaban a instalarse con un puñado de discos y muchas esperanzas de irse sin ellos o con otros distintos. De entre los coleccionistas conocí algunos que llegaron a ser altos ejecutivos de discográficas multinacionales. Sobre todos destacaba por su singularidad física, alto, rubio, ojos azules, nada parecido a la media hispana de la época, mi querido amigo, y entonces casi un niño, Adrián Vogel.

 

Con la llegada de los 80 aquella maraña dominguera llegó a convertirse en un autentico foro del mercado discográfico. Todos competíamos abiertamente por llevar, hablar o tener las novedades que los mercados nacional e internacional editaban semana a semana. Hasta allí llegaron nuevos vendedores Escridiscos (Pepe Escribano) que fue quizás el que más discos vendió de la nueva ola, Vinilo (yo mismo) que alternaba lo que en la época eran géneros alternativos: jazz y bandas sonoras, con novedades importadas de pop y los que producía con mi discográfica MR (la M de Martín, Paco y la R de Ruiz, Julio). Pistones y  Danza Invisible fueron algunos de ellos. Y Discos Barsa (Miquel Barsa) o Pata Romano (con tienda, Bangladesh) y un sin fin de pequeños vendedores que con mejor o peor suerte terminaron con tiendas de discos usados.

 

Algunos radiofónicos también crecieron con El Rastro. Rafa Abitbol (conocido allí como El Chalequillo por llevar muy a menudo un largo chaleco de punto muy de moda en la época) poseedor por cierto de una de las mejores colecciones que conozco con material de todas épocas y generalmente originales, 1as ediciones. Vicente Cagiao, Santiago Alcanda, y otros de los que no recuerdo el nombre. También pasó por allí algún aspirante a artista como Paquito Clavel, de los pocos que compraban discos. Por cierto, nunca he sabido porqué los Artistas no compran discos. No puedo olvidarme de El Sardinita que con su fanzine La pluma Eléctrica nos deleitaba con entrevistas y críticas de los artistas locales. No faltaba a ningún concierto en Rock-Ola, El Sol, La Morasol, etc. etc.

 

Y por supuesto El Rastro como embrión de lo que se conoció como La Movida (Almodóvar, Alaska, Carlos Berlanga, etc.)

 

A principio de los noventa ya teníamos tiendas importantes en Madrid (Madrid Rock –su dueño Pepe Arnedo también empezó vendiendo en un puesto del Rastro-. FNAC, El Corte Inglés). Los coleccionistas nos fuimos atomizando. Poco a poco ese maravilloso centro de reunión y mercado fue desapareciendo, de la misma forma espontánea y silenciosa como había nacido.

 

Si tenéis algún recuerdo de esa época en El Rastro me gustaría que los compartieseis.

 

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